Llamaradas

Slash
NC-21
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 72 páginas, 29.471 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

La calma tras la tormenta

Ajustes
Cuando Bennett entra a la cocina de la posada, algunos clientes lo miran de malos modos, pero hay tres personas que lo esperan. Tan pronto como lo ven, Venti se levanta de su lugar de un salto y grita su nombre con emoción, como si no lo hubiera visto en años. Xiao y Zhongli, tan ecuánimes y serios, solo asienten en dirección a Bennett; el hombre está sonriendo sutilmente, mientras que Xiao permanece impasible a pesar de la hostilidad abierta que los clientes muestran hacia el recién llegado. Bennett los comprende muy bien. No solo iba por ahí soltando su propio aroma sin darse cuenta, sino que atrajo a toda una horda de Fatui, encabezados por un tipo loco que no había hecho más que dañar al dueño de la posada y agujerar una pared. El muchacho, por alguna razón, se siente responsable. Se sienta en la mesa redonda, detrás de un ostentoso biombo, flanqueado por Venti y por Zhongli y con Xiao sentado delante de él. —Ese es un buen atuendo —elogia el Adeptus, con los brazos cruzados y la espalda muy recta. Parece que no está acostumbrado a relajarse—. Veo tu mochila muy vacía. ¿Seguro que tomaste lo que necesitabas? —Tomé más que suficiente, de verdad —Bennett se pone rojo. Está sintiendo mucha vergüenza porque cree que solo debería ir desnudo por ahí. —¿Por qué no comemos? —pregunta Zhongli, otro que está de brazos cruzados y con la espalda recta—. Ya ordené a Yangxiao algunos de sus mejores platillos, además de guarniciones y bebidas. Bennett, ¿cierto? Espero que comas hasta llenarte. Tan pronto como lo hagas, Xiao te escoltará a la frontera con Sumeru. Comprenderás que no podemos tenerte más tiempo aquí. Bennett siente un nudo en la garganta. No solo ha sido expulsado de la nación donde creció, sino que ahora no puede estar en Liyue por culpa de ese maldito alfa que lo persigue. Pero no se amilana: aspira el aire para inflar el pecho y asiente. Yangxiao se acerca con una bandeja repleta de comida. Se ve vacilante hasta que está frente a la mesa y entonces sonríe con amplitud. —¡Oh! Pudiste resolver tu pequeño problema, chico. Es bueno que no vayas por ahí despidiendo tu aroma, quién sabe qué otras cosas podrían pasar. Bennett frunce el ceño al escuchar esto. Su vista se dirige de inmediato hacia sus tres acompañantes. Xiao solo asiente en silencio, mientras que Venti hace una mueca a medio camino entre una sonrisa y una cara de lástima. —La exposición prolongada a las feromonas de tu alfa enlazado puede ayudar a regular la secreción de aroma —explica. Bennett no entiende lo que Venti quiere decir. De nuevo se siente como un imbécil. Nadie nunca le enseñó nada acerca de su condición como omega, o de lo que puede hacer un alfa. Más allá de la forma en que su padre solía dominarlo para meterle el rabo y de que se puede embarazar (si es que no lo está ya), Bennett no sabe nada más. Es un mundo desconocido para él. Sin embargo, decide no preguntar en profundidad. Una vez que esté en Fontaine, seguro y lo más lejos posible de Tartaglia, supone que puede acercarse a alguien de confianza y comenzar a averiguar qué se supone que es él. Mientras tanto, solo debería comer lo suficiente y viajar lo más lejos posible del maldito hombre que lo puso en ese aprieto. La velada pasa entre tensiones y suspiros. Aunque Venti intenta mantener una conversación jovial, al final se rinde porque Xiao y Zhongli no son muy dados a la plática. Además, Bennett desconoce muchas cosas; entre ellas, cómo llevar a cabo una situación social. Aunque la cena es maravillosa y Yangxiao se acerca con una sonrisa de oreja a oreja todo el tiempo, los cuatro están tan serios al final que ni siquiera consideran tener una sobremesa. Xiao solo se levanta mucho antes de que Yangxiao se acerque con una tetera y cuatro tazas e insta a Bennett a hacer lo mismo. —¿Está lista la bolsa de viaje que pedí? —pregunta Xiao, dirigiéndose al cocinero. Al hombre se le apaga un poco la sonrisa, y Bennett supone que a lo mejor siente como un desaire que su propio huésped más valioso se levante de la mesa mucho antes de que él termine de servir todo lo que preparó. No obstante, Bennett también necesita alejarse cuanto antes de ahí, antes de que Tartaglia decida que vale la pena agujerar todas las paredes. —Claro que sí, Xiao, si pasa por la recepción se la darán. ¡Que tenga un viaje seguro! Bennett siente que la gente también suspira a su alrededor, pero de alivio. Aun así, Venti y Zhongli se paran de sus asientos por unos segundos para despedirse de ambos y luego se enfrascan en una conversación plácida y ligera, donde ni siquiera necesitan olerse feromonas o aromas para saber que están coqueteando. En la recepción hay, en efecto, una bolsa de viaje, y es gigantesca. Tiene una bolsa de dormir, comida, una cantimplora llena de agua, dinero y un mapa nuevo. —Cárgala —ordena Xiao—. ¿Te parece pesada o grande? Bennett niega con la cabeza, pero la regresa a Xiao con la cara enrojecida. —No puedo. —¿No puedes qué? Sé que es un poco grande, pero no sabemos cuánto tiempo vas a dormir a la intemperie. —No es eso… no puedo aceptarla. No tengo dinero. Xiao rueda los ojos. —Comienzas a fastidiarme —le dice a las claras—. Si no tomas la mochila no irás a ninguna parte. Es la amabilidad de Zhongli y no voy a permitir que la rechaces. Todo desde la estancia, la comida, la ropa y esta mochila son regalos de Venti y de Zhongli. Si no aceptas nada de esto, podemos irnos preparando para recibir otro ataque de los Fatui. Bennett aprieta los puños y solo asiente. Se acomoda la mochila, aspira el aire, lo expira y vuelve a asentir. —No quiero verlo nunca más —pide. —En eso no puedo intervenir, pero al menos puedo alejarte lo suficiente por unos días. Mientras la luna va deslizándose sobre el cielo, Bennett y Xiao caminan por lugares poco transitados. Bennett intenta reconocer los alrededores mientras da vueltas al mapa nuevo que tiene entre manos. Luego de unas horas, Xiao parece fastidiado de que el muchacho no pueda mantener el mapa en una sola posición, porque le dice: —Todos los mapas tienen una orientación específica. Hay una Rosa de los Vientos que dice N, S, E y Oeste. O sea, Norte, Sur, Este y Oeste. El Norte siempre debe apuntar hacia arriba. Nosotros estamos aquí, en el Desfiladero Jueyun, y vamos a una dirección entre el Norte y el Oeste: el noroeste, hacia la Cima Chingyun. Vamos a parar en alguno de los quioscos que encontremos en el camino y cuando hayamos descansado un poco vamos a movernos más hacia el Norte, aquí, a la Montaña Aozang. Ahí nos podrá proteger una compañera. —¡Oh, entiendo! Pero, esa no es la dirección a Sumeru… —Sí. Tenemos que cruzar el Bosque de Piedra Huaguang y la Montaña Hulao, luego una gran extensión de lugares llanos antes de llegar a la Arboleda Moutiyima para contactar con los aranaras, pero ir por debajo de las montañas es muy peligroso en tu condición. Hay lawachurls y crías de dragartos por todas partes. Es mucho mejor descansar en Aozang por unos días, al menos hasta que estemos seguros de que los Fatui no andan cerca. Entonces, si no hay más dudas, haz el favor de guardar ese mapa y apurar el paso. Bennett sonríe, avergonzado, y medio mete el mapa entre las cosas de la bolsa antes de comenzar a caminar más rápido. No sabe qué hora era, pero seguro que ya están cerca de tocar la medianoche. Sea como fuere, Bennett se siente muy seguro andando con Xiao a su lado. Luego de una media hora más, subiendo un camino escarpado en silencio, Bennett y Xiao encuentran el anhelado quiosco junto al camino y se sientan al mismo tiempo con un suspiro conjunto. Bennett vuelve a sonreír, porque hasta ese momento había pensado que Xiao era capaz de no cansarse. —Sé que puede ser un poco grosero, pero, ¿quieres dormir junto a mí? —ofrece Bennett—. A lo mejor estamos un poco apretados… —No importa —descarta Xiao—. Soy un Adeptus, puedo vivir mil años sin dormir. Además, necesito estar alerta. —¿Alerta? ¿Crees que ese cretino…? —Está lejos, muy lejos —lo tranquiliza Xiao—. Sabe hacia dónde nos dirigimos y nos puede alcanzar en cualquier momento, pero no cometeré el mismo error ahora que sé que es un alfa dominante. Duerme, Bennett. Yo soy el Cuidador de Caminos. No sería merecedor de ese título si no acudiera a los viajeros en problemas en cuanto pronuncian mi nombre. Bennett se queda boquiabierto por un momento. Xiao es definitivamente la persona más genial que ha conocido nunca. Sin embargo, decide hacerle caso. Se siente un poco torpe, impertinente y tonto mientras acomoda la bolsa de dormir y se enfunda en ella. Mientras mira la negra noche, las estrellas, el follaje de los árboles y a Xiao vigilando a la distancia, se siente también un poco nervioso. Unos minutos después, cae en un profundo sueño. Una enorme y esponjosa nube se abalanza contra Bennett. Él se ríe. La nube también. Cuando Bennett abraza a la nube y experimenta un sentimiento cálido y hermoso, abre los ojos y se da cuenta de que un par de pajaritos lo miran desde su nido. El viaje hacia Aozang es muy difícil. Aun así, aunque hay muchos obstáculos y poco tiempo, Bennett intenta disfrutar de los paisajes y de su tiempo como viajero junto a uno de los liyuenses más antiguos. A veces se les cruzan hordas de hilichurls e incluso grupos de Ladrones de Tesoros. Sin embargo, Xiao ayuda a Bennett a evitar los ojos de los Fatui. Saben que es imperativo estar tan lejos de ellos como se pueda. Ninguno ha de verlos, de presentirlos siquiera. Después de todo, parece que Tartaglia no puede seguirlos por esos lugares sin ser detenido o desviado, pues todo alrededor es territorio de los Adeptus. —Los Adeptus detestamos la presencia de los Fatui y de los Ladrones de Tesoros. Procuramos alejarlos lo suficiente para no tener que verles un pelo. Claro, no es como si funcionara al 100% siempre. Bennett hace un puchero y encoge los hombros. Tanto los Fatui como los ladrones son humanos, y la verdad es que no es posible ponerse a dilucidar cuál será el siguiente paso de alguien que posee libre albedrío. Como Bennett, por ejemplo, que no comprende del todo las acciones de Xiao. Es un hombre misterioso al que no le gusta dar explicaciones. Casi a las cinco de la tarde, con la nuca enrojecida por el sol y la ropa empapada de sudor y tierra, Bennett observa el pacífico lago que se encuentra detrás de la pequeña formación rocosa que tuvo que escalar para llegar hasta la punta de la Montaña Aozang. —No te acerques mucho hacia allá —señala Xiao hacia un lugar que parece un mar de nubes. Bennett recuerda brevemente su extraño sueño—. Hay un Ojo de la Tormenta que es capaz de perseguirte hasta el fin del mundo; solo no dejes que te vea. Bennett da diez pasos en la dirección contraria, poniendo más distancia entre él y el monstruo. —¿Crees que estaremos seguros aquí? Si tú y yo pudimos subir, entonces cualquiera puede. —Ya te lo dije, no nos gusta ver gente non grata cerca de nuestras moradas. Y, en especial, la dueña de este lugar, odia ver a invitados indeseables en su patio. Bennett recibe con gusto la noticia. No más hilichurls, ladrones ni Fatui por un tiempo. Ojalá pudiera quedarse ahí para siempre, pero sabe que no puede hacerlo. La subida es difícil, no hay fuentes de comida alrededor y además hay un Ojo de la Tormenta listo para atacarlo si se acerca. Mejor reúne las energías suficientes y luego… ¿Y luego qué? Mientras Xiao lo ayuda a disponer un pequeño campamento, Bennett vuelve a pensar en la nube risueña que lo abrazó en sueños.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección