ID de la obra: 359

Salto a la locura

Het
PG-13
En progreso
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 104 páginas, 35.989 palabras, 9 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 6

Ajustes de texto
— ¿Durante cuánto tiempo más estará aquí? El médico negaba con la cabeza, sus manos estaban en sus bolsillos y contemplaba, como él, al otro lado de la ventana. Su barbilla tenia un color verduzco en esos momentos. Se había preocupado de que Alice se lastimara su cabeza por la fuerza con la que se golpeaba, estirándose a un cielo apacible y sin estrellas. Tuvo que mantenerla tan fuerte entre sus brazos hasta que llegó la ambulancia. Fue un milagro que no le rompiera las costillas por la presión. No había cosa más dolorosa que ver a su pequeña estar en ese lugar increíblemente quieta con las cintas sujetando su frágil y delgado cuerpo. El sedante que le habían administrado la había dejado en ese estado tranquilo aunque él podía notar el ceño fruncido, las arrugas que se quedaron plasmadas en su frente por las pesadillas que tenía incluso estando dormida. Tenía unas marcas de rasguños en su mejilla y las uñas de sus dedos estaban rotas. En la ventana de enfrente se veía las marcas de los arañazos que hizo. Apretó los dientes y coloco una mano en la pequeña ventana en medio de la puerta que los separaba, como si tratara de consolarla desde la distancia. El lugar era tanto una contención como una separación. ¿Si hubiera sabido que su pequeña colapsaría tan solo por haberlo visitado, él se habría abstenido de no volver a contactarla? Su acto egoísta paternal lo empujo a mantenerla cerca de él incluso con las consecuencias. Tres jodidos años lejos de su pequeña le magullaron su corazón. Creyó que mantenerla lejos de él, lejos del recuerdo de Adeline, haría que Alice dejara todo atrás y escalara por si misma lo que tanto esfuerzo le costó construir. No sabía que tan mal estaba Alice. Porque su pequeña siempre fue así. Era como una caja musical; mantenía la melodía dentro de ella solo para que quien abriera la tapa se concentrara únicamente en la armonía pero cuando cerraban la caja musical, la pequeña bailarina regresaba a la oscuridad, obligada a soportar la soledad de un silencio infinito. Había sido difícil perdonar a Adeline por su infidelidad, lo que no perdonaría jamás era que abandonara a su propia hija desde que comenzó a presentar esos episodios de su imaginación desmedida. Durante un tiempo, creyeron que era la etapa normal de amigos imaginarios, pero conforme pasaba el tiempo, entendió con temor creciente que su pequeña no estaba bien de la cabeza. Adeline empezó a mirar cada vez más con indiferencia a su pequeña. Habían tenido largas discusiones sobre el trato que merecía Alice, y la respuesta de Adeline era la misma: internarla. Nunca creyó que su mujer, su esposa, se convirtiera lentamente en una mujer despiadada y fría, que considerara a su hija como un error, incluso cuando su propia hija cubrió su infidelidad, la siguió viendo como una mancha en su perfecta familia. Debió suponer que su hija cargaría una culpa tan grande. No estuvo allí para protegerla. Si tan solo hubiera permitido que ese día, Alice no fuera a ver a su madre ¿tal vez seria distinto esto? Tal vez no habría colapsado de esa forma. Inevitablemente, una parte de él, sabía que solo se hubiera postergado su condición. — Debe de haber alguna manera de evitar que… ella debe de mejorar. Debe existir una forma – dijo Robert al médico que estaba a su lado. Se negaba rotundamente a verla romperse — Las terapias de electroshock… — No. — … Hay una medicina experimental. La están desarrolladas en EU pero los resultados varían de acuerdo a la dosificación y el organismo del paciente. Alice puede ser la primera en abrir el camino. Robert hizo un esfuerzo considerable en no golpear al médico, después de todo, fue el quien le pidió más opciones. No le agradaba que su hija se convirtiera en conejillo de indias. Pero a veces, los padres debían de tomar decisiones difíciles para salvar la vida de sus hijos. Haría lo que fuera para evitar perder a su hija. Viviría para ver a su hija encerrada en su mente, pero no para nunca más verla. — Cuando despierte, se lo diremos. Estoy seguro de que aceptará. Su hija era igual de obstinada que él. Lucharía hasta al final hasta que ya no hubiera más opción. — Incluso desde ahora, le advierto que los efectos pueden ser inciertos. Bien puede mejorar o puede perderse para siempre en su mente. Lo único seguro es que su hija no será la misma de antes. La voz de una enfermera llamando al médico interrumpió lo que Robert iba a decir, le dio un seco gracias y el médico se fue atender otra emergencia. Fue hasta la máquina expendedora, compró un refresco y se sentó en las sillas de espera con la mirada perdida. — Los reportes del avistamiento del prófugo criminal Sirius Black han incrementado en estos días. Le pedimos a la población que no caigan en pánico y llamen solo si la información es correcta. Nuevamente les repetimos el número de emergencia…. Alguien cambió la estación en ese momento y sonó en el ambiente una música de jazz bajo. Hacía mucho tiempo que la paz había abandonado su cuerpo. Cada músculo pesaba más. Si pudiera cambiar de roles con su hija, lo haría. Tomaría todo el dolor que ella tenía en su frágil cuerpo con los brazos abiertos. Deseaba más que nadie en el mundo, la felicidad de su pequeña. Pasaron horas, y el no se movió de su lugar hasta que escucho los gritos de su hija, a los enfermeros correr a la habitación y el con la pesadez de todo, fue hasta ella, observándola luchar con garras y dientes contra dos enfermeros, un tercero ya preparaba la inyección. La mirada salvaje de su hija se centra en él. Sus ojos de color avellana antes con ese brillo travieso que cambio a uno más opaco con los años, eran ahora febriles, desquiciados y vacíos. Su hija le enseño los dientes y estiro su mano a él. El quiso sostener su mano, pero una enfermera se lo impidió evitando que le arrancara un puñado de cabellos canosos. Fue sacado de la habitación a través de empujones y el solo pudo ver a su hija convertida en una salvaje que aullaba con rabia y dolor, de sus labios brotaba un chorro de sangre y un chillido casi inhumano. No tenía opción Incluso si su hija quedaba como vegetal era mejor que ver como se dañaba nuevamente a sí misma. Verla convertida en una versión monstruosa sin control. ❦ ¿En qué momento había comenzado el vórtice lleno de nudos, desgarros y grietas que era su mente a empezar a deshilarse lentamente? Seguramente empezó cuando su padre llevó sus cosas del departamento de Londres a Little Whingning. Había actuado como un zombie, metafóricamente, después de salir del hospital. Solo se quedó sentada observando el jardín con aire ausente, desde el interior de la seguridad de la casa de su padre. Su padre le había tomado las manos, mientras explicaba suave y lentamente, que la editorial The Sunscreen llamó a su teléfono celular para comunicarle que lamentaban su situación y que ellos esperarían a que su estado se recuperará. Por su puesto que su padre suavizó sus palabras un montón para informarle que la habían despedido sin siquiera haber comenzado a trabajar. Miró los ojos grises de su padre, tan oscuros por las sombras, y vio su reflejo inalterado en ellos. No dijo nada, solo se quedó quieta como una estatua. Paso una temporada sin trabajo y comenzó a vivir con su padre nuevamente. Fue patético que a sus 27 años todavía viviera bajo el techo de su padre. Más patético aún era que su padre vendiera algunas cosas para los medicamentos psicóticos experimentales que debía tomar. Algunas veces su padre se sentaba a su lado y le tomaba la mano. Escuchaban las noticias en esa vieja radio que sobrevivió todos estos años con él. Edward fue la única persona que la visitó después, cada día que podía. Hablaba con ella y la mantenía al tanto de los chismes en el trabajo, aunque ella no le respondiera absolutamente nada y se quedara viendo un punto fijo de la pared detrás de él. Un día mucho después, Edward traía consigo una bonita caja con flores dentro y una tarjeta que decía "¡Feliz San Valentín!" . Alice levantó la mano y tocó la caja sin expresión alguna. Trato de hacer cuentas de la cantidad de meses que se perdió pero simplemente se rindió cuando no lo logró. Un periódico cayó al suelo cuando Edward se levantó para irse. Alice clavo la vista en el titular. La foto de un hombre con cabello largo, mirada febril y agresiva, aspecto descuidado y en los huesos le devolvía la mirada. No pude evitar sentir que se parecía demasiado. El nombre en mayúsculas y en negras eran como un foco gigante para su vista. SIRIUS BLACK Era un nombre extraño, peculiar y único para una persona. Le recordaba a una estrella. En la clase de astronomía, habían visto las constelaciones. Ella llevo un telescopio de papel que su padre le ayudó a hacer…¿o fue su madre? El recuerdo era inexacto, le hizo doler la cabeza. Volvió la cabeza a la pecera donde flotaban varios peces de colores. El movimiento le ayudaba a calmar los zumbidos. SIRIUS BLACK ¿Era un nombre apropiado para una persona? Sonaba exactamente al nombre que le pondría a una mascota para que sonara duro. SIRIUS BLACK Ese nombre… había algo en el que trataba de recordar. — ….. Sirius estaba conmigo así que tuve que esperar. ¿Quién tenia que esperar? ¿ella? ¿Conocía a Sirius Black? No. No lo conocía, pero había escuchado ese nombre… ¿Dónde? ¿en qué momento? Un destello de algo se formó en sus recuerdos. Sombras. Cuatro sombras…no, eran tres sombras… — Señor Walker, Alice esta… Edward se había levantado y retrocedía buscando a su padre que estaba en la cocina. Alice camino con dificultad con el pie cojeando y se detuvo en el librero que estaba en la sala. Manufacturing Consent Manufacturing Consent Su mano se detuvo a unos centímetros de ese libro. Otro tirón más en su cerebro, agudo y doloroso. Cerro los ojos para disipar el dolor. Tres sombras… una cuarta también. pequeña y después grande, amorfa y humana — Alice. La voz de su padre sonó a sus espaldas, tenia algo en la punta de la lengua. Algo importante, de vida o muerte ¿Muerte de alguien? ¿muerte? No, era de peligro. — Se cuál es la ubicación de los Potter. Ah Sintió que una nebulosa nube se despejaba lentamente. Por unos breves segundos, no hubo neblina Luego una punta aguda se esparció por su cerebro. Primero fría luego caliente, insoportable. Azoto su cabeza en el estante. Una vez y luego otra. Su padre, el aparto de allí con cierta brusquedad, porque ella se aferro a la madera del librero. Debía decir algo. La urgencia de decir lo que su cerebro quería borrar hacia que se mordiera la lengua para decir las palabras. Jamás había sentido la lengua tan pesada, pero debía decirles a los hombres que trataban de alejarla del librero. Sintió su cuerpo tan ligero ser llevado hacia atrás, su pierna buena choco contra el periódico. Alice señaló el periódico, trato de tomarlo pero estaba perdiendo la lucha, abrió la boca. — Pe-Pe…der…. – se mordió nuevamente la lengua e intento otra vez – Peeee teer . Edward frunció el ceño, siguió con la mirada donde ella señalaba. Aparto el periódico con una patada mientras su padre le daba órdenes de buscar la jeringa. Sintió terror. La aguja en su brazo la hacia dormir muuucho tiempo. ¡¡NO QUERIA DORMIR.!! El costado de su oreja se sentía caliente, algo resbalaba por su barbilla. Debía de decirles. —RATA. RATA. RATA ….. HOMBRE RATA – grito Alice La aguja de la jeringa se detuvo unos segundos en su brazo y su cuerpo comenzó a convulsionar. Sus ojos se fueron al interior de sus cuencas, la negra la absorbió nuevamente. ❦ Una mañana, simplemente despertó de su ensoñación, del entumecimiento mental. Fue igual que aspirar aire por primera vez después de estar bajo el agua mucho tiempo. Ring. Ring. El sonido del teléfono de casa era estridente, demasiado fuerte. ¿No podía alguien desconectar el teléfono? Frunció el ceño, parpadeando con pesadez los vestigios del sueño. Silencio absoluto. Ring Ring Rechino los dientes con frustración, se incorporo de la cama y camino a oscuras por la habitación, guiándose con su mano por la pared hasta llegar a la mesa donde estaba el teléfono. Descolgó en el quinto sonido. — ¿Hola? – su voz salió arenosa — ¡Hola! ¿Puedes escucharme? – grito una voz masculina al otro lado de la línea. Alice apartó ligeramente el teléfono de la oreja. Al otro lado de la línea, el interlocutor seguía hablando con fuerza. – ... del banco . Está es la última notificación antes del desalojo. ¿Entiende al señor Walker? — ¿Desalojo? ¿Qué desalojo? – pregunto Alice una vez que pudo entender las palabras. Hubo un silencio en la línea unos segundos hasta que la voz masculina volvió a hablar. — ¿Se encuentra al señor Walker en casa? —No, creo que no. — ¿Puede decirme con quién tengo el gusto? — Alicie. Me llamo Alice Walker. ¿Quién es usted? — ¿Alice Walker? ¿Es hija del señor Walker? Me comunico del banco de la ciudad. Le hemos mandado dos avisos sobre la prórroga hipotecaria y la falta de pago del préstamo. Señorita Walker, debe avisarle a su padre cuánto antes, que la fecha límite está cerca y si para el día 20 no se realiza en su totalidad, procederemos con el desalojo y embargo. La mente de Alice, antes adormecida, despertó ante la mención de desalojo. No habló durante varios segundos, todo le daba vueltas. Se aferró al borde de la mesa. — ¿Puede decirme de cuánto es la deuda? La cifra le puso los pelos de punta. Después de colgar el teléfono y quedarse quieta, procesando la información, fue hasta la cocina, busco alrededor hasta encontrar el calendario en la pared. No tenía idea de que fecha era así que fue directamente al televisor y la prendió, cambió de canales hasta encontrar el canal del clima. En la esquina superior de la pantalla estaba la fecha y la hora. 13/05/1994 14:07 horas Se recostó en la silla, llevo su cabeza entre sus manos mientras dejaba salir un gemido lastimero. Miró sus pies descalzos, las uñas estaban cortas y limpias, el pantalón corto estaba igual de limpio. Olió su cabello que le llegaba por las rodillas, debido a que estaba sentada, desprendía un olor a manzanas dulces, limpio pero totalmente enredado. Se recargó en el respaldo de la silla, mirando el techo y con las voces del presentador del clima de fondo. En su mente había espacios en blanco sobre el tiempo antes de despertar del día de hoy. Intentó recordar cuáles eran sus últimos recuerdos, pero era igual que quitar telarañas. Dado que era un caso perdido, se concentró en el problema actual. La hipoteca. ¿Qué había sucedido como para que su padre, un hombre responsable, intachable, que trabajo durante mucho tiempo para un banco y conoció todas las trampas financieras, accediera a hipotecar su casa? Solo había una respuesta: ella Examino alrededor. Faltaban muchas cosas, aunque su padre fuera práctico, se notaba la ausencia de muchas de ellas. Lo único que permanecía intacto era el pequeño librero de segunda mano, que ella compro cuando vivía en Birmingham, con todos sus libros acomodados. El televisor era diferente, nada comparado con el último modelo que había visto en su visita. Este por el contrario se notaba más viejo. El equipo de música que su padre también había comprado no estaba en el lugar habitual, muchas cosas de su padre no estaban. Trato de apagar el televisor con el mando a distancia pero no funcionaba así que solo dejo el sonido de fondo mientras inspeccionaba con detalle el lugar. El refrigerador era de cuarta mano: funcional pero ruidoso La lavadora. La maquina de podar Tantas cosas faltaban o fueron reemplazadas por unas más baratas. Alice ya tenía el nudo en su garganta presionando con fuerza. La habitación de su padre estaba en la segunda planta pero parecía ser que él también mudó su habitación al cuarto de lavado solo para estar cerca de ella. Miro las escaleras, debía de comprobar con sus propios ojos que el tesoro que mayor apreciaba su padre estaba en su habitación original. Se apoyo en el barandal de las escaleras y subió a paso lento. Camino hasta la habitación de su padre y abrió la puerta. Ya no estaba la cama de tamaño King size en la que dormía, solo estaban las cortinas bajadas y una comoda. Nada más. Entró al cuarto, busco en el ropero –solo estaban abrigos y zapatos- e intento ponerse de puntillas para mirar en el segundo cajón y no estaba. Alice empezó a llorar. Su padre había vendido también esos tocadiscos de vinilo hermosamente tallados de madera, que el padre de su padre le había heredado. Recordaba que su padre siempre cuido de esos tocadiscos que a veces solía sacar para llenar su antigua casa con música en los discos de vinilo. Sollozo más fuerte porque eso significaba que también había vendido la amplia colección de discos de vinilo de su grupo favorito de los 72´s. Se dejo caer en el suelo, su pierna protesto pero ella ignoro el dolor y lloro a rienda suelta. Unos minutos después su padre la encontró con una expresión de incredulidad, asombro y alivio. Alice se disculpo muchas veces mientras su padre la bajaba entre sus brazos a la sala y le daba una manta para cubrir sus piernas y le preparaba una taza de té con una cucharada de miel. Su padre intento consolarla, minimizando los avisos del banco pero ella conocía demasiado bien la preocupación escondida en el rostro cansado de su padre. — Tomaremos del dinero de la herencia que me dejo la tía bisabuela para pagar la deuda, papá. Su padre se negó en rotundo al instante. Era terco, obstinado y orgulloso como ella. Así que por ese día dejaron de hablar del tema pero Alice no volvería a permitir que su padre se quedara sin su casa. Era suficiente. Los días posteriores, Alice se entero que su padre había contratado a una enfermera para que cuidara de ella mientras el trabajaba en una construcción aledaña – su padre jubilado del banco, seguía trabajando – y el día en que Alice despertó de su estado zombie, la enfermera había intentado comunicarse con él a la casa. Fueron las primeras dos llamadas las que hicieron que Alice despertara y había sido una casualidad que la tercera llamada fuera del banco. Por eso su padre salió de su trabajo tan temprano para estar al pendiente de ella. Dos días antes de la fecha límite, Alice ya había recuperado parte del equilibrio para mantenerse sobre sus dos pies sin recargarse por las paredes o los muebles. La enfermera la había acompañado en esos días, haciendo preguntas y ayudándola, con mucha vergüenza, a bañarse. Sabía que ella era quien la cambiaba y la mantenía limpia antes de que recuperara por completa la conciencia, así que el pudor aunque mínimo, todavía existía en ella. Tardo mucho en convencer a la enfermera de que la dejara cepillarse por su cuenta, ella estaba reticente así que bromeo un poco. — No me mutilare ni intentare apuñalarme a mi misma con el cepillo, así que por favor, deja que lo haga sola. La mirada sombría que le dio la enfermera le basto para saber que ella ya lo había intentado. Tragó saliva y miro a otro lado, tenía que preguntar. — ¿Mi padre se entero? — El estaba presente, sucedió antes de que me contratara. Creyó que empezabas a regresar a la normalidad, se descuido un segundo y bueno… es la cicatriz que tienes en el brazo derecho. Automáticamente bajo las mangas de su blusa para cubrir sus brazos. Había notado las cicatrices pero creyó que se las había hecho en el hospital. — No lo volveré hacer, lo prometo. La enfermera la miro por minutos, le tendió el cepillo con cerdas suaves. — Tu padre te trata como una muñeca frágil pero creo que es momento que dejes de serlo. Solo por eso estoy siendo franca contigo. Alice asintió y comenzó a cepillar el pelo enredado, le llevo bastante tiempo hasta lograr que se alisara aunque le quedó igual que una melena de león. Le pidió entonces que le dijera que tan mal estaba la situación y Meredith, la enfermera, fue brutalmente honesta con ella. — Tienes que ayudarme, Meredith, por favor. — ¿Tu padre sufrirá con el favor? – había acero en su voz. Ya lo había notado antes, la forma casi protectora con la que Meredith se refería a su padre, como si… no le dio vueltas al asunto .Necesitaba a Meredith a su lado para el plan que tenía en mente. —Se enojara y mucho, con ambas, tal vez. Tal vez grite o haga la ley del hielo pero es necesario. —Bien, cuenta conmigo. – dijo Meredith con un brillo en sus ojos azules. — ¿Estás segura? Es posible que peligre tu empleo o… — Escucha Alice, él es tu padre y hará cualquier cosa para mantenerte “segura” incluso si significa mentirte y fingir que nada pasa. No lo apruebo. Ya no eres una niña y tu padre necesita entender que no se hará su voluntad y eso significa que el deje de esclavizarse por ti ¿Entiendes? Alice estaba boquiabierta. La mirada de Meredith era dura y firme. Y le agradaba. Que hubiera alguien que se preocupara por su padre, la tranquilizaba. - — Bien. Entonces ayúdame a evitar que pierda su casa, por favor.
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