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Edward la visitaba cada fin de semana, bromeaba con ligereza sobre el comportamiento errático que había tenido en su etapa de zombie y su padre le lanzara miradas mordaces pero sabía que le agradaba. Despues de todo, como le dijo Edward, habían sido camaradas de guerra contra “Alice la zombie”. En tres meses, Alice había recuperado parcialmente su peso perdido – de pesar 43 kg a 48 kg- aunque por los medicamentos que seguía tomando le alteraban el apetito, parecía que se había estancado en los 47 kg. Era flacucha, mucha de su ropa, tuvo que coserla para que le quedara bien y con cierta mortificación , se había dirigido a la sección de niños para encontrar abrigos. Encontró que era mejor tener el cabello corto, así no prestaba demasiado atención a la cantidad de cabello que perdía y según Edward, le daba un aire de mujer sofisticada. Durante ese tiempo, logro que la contrataran en una biblioteca local. La paga era suficiente para apoyar con los gastos de la comida y la gasolina, ahora que , después de presentar algunos exámenes para tener su licencia de conducir en la que realmente le costo que se la aprobaran, conducía su confiable Ford Cortina . Por las tardes, después de su horario laboral , se ponía a realizar unas figuras de cerámica con temática de Halloween y unos tejidos que podría vender en Navidad , todo para generar más ingresos . Meredith la había ayudado a apelar en su favor el que consiguiera empleo y de paso, le enseño a realizar manualidades – de las que descubrió se le daba bien hacer – su padre fue tolerante en varios aspectos pero descubrió con cierta maravilla que Meredith lo anclaba y servía de apoyo. Aunque ya no necesitaba la asistencia de Meredith en su totalidad, de vez en cuando ella estaba en la casa para ayudarle a preparar la cena o estar con ella, platicando. Fue en una de esas conversaciones que se entero que había estado casada pero su esposo e hijo murieron por el extraño virus que generaba el paro cardiorrespiratorio. La famosa enfermedad que asolo en los años 1978 y 1980 , donde varias personas murieron por causadas desconocidas. Meredith había salido a visitar a una amiga una tarde del verano de 1978. Cuando regreso a su casa en la madrugada, encontró las puertas abiertas y su pequeño hijo aferrado a su padre , los dos estaban sin vida. Las expresiones de ambos eran de miedo. Fue difícil para el servicio forense, separarlos, era como si su esposo se negara a dejar desprotegido a su hijo. No hubo pruebas de que se tratara de un asalto o robo, ni una pertenencia estaba fuera de lugar. Fue archivado como uno de los desafortunados casos del virus. Meredith, motivada por este virus tan sospechoso, se metió de lleno a estudiar medicina para evitar que más madres, padres e hijos fueran enterrados. Al igual que ellos, Meredith cargaba una cicatriz, admiraba la templanza que ella tenía y el nuevo propósito que le dio a su vida después de tan dolorosas perdidas. El 24 de septiembre de 1994, Alice tenía las manos llenas del material que empleaba para las figurillas de cerámica con formas de calabaza, murciélagos y arañas mutantes mientras su padre le ayudaba a pintarlas. Meredith estaba en la sala, ordenando en cajas los objetos ya terminados. Después de unos minutos, alguien toco el timbre, su padre se levanto y abrió la puerta. Unos instantes después, entro acompañado de Edward quien le lanzo una mirada significativa para hablar a solas. Ella lo encamino al patio trasero, no sin que antes, su padre le diera una mirada de advertencia a Edward. — Te necesito – dijo de pronto Edward — Oh, vaya, que directo . – parpadeó Alice sorprendida Edward puso los ojos en blanco y soltó un suspiro . — Eres sexy, no lo niego pero no eres mi tipo, lo siento cariño – bromeo Edward . Alice solto un bufido, chasqueo la lengua, apoyo su espalda en la pared exterior de la casa y se estiró perezosamente aunque procuro no dejar todo su peso en la pierna mala. — Lo sé, tendría que medir 1.95 metros , tener espalda ancha, cabello negro y tener un … bueno , ya sabes . Tenia muy poco que Edward le había confesado sus preferencias. Alice estaba sorprendida pero no le molestaba en absoluto. Si el pudo lidiar con su locura, Alice haría lo mismo. Edward era Edward , su amigo de verdad. Aunque su padre no sabía de esto , y por petición de Edward que le pidió mantenerlo en secreto, a él le gustaba bromear con ella solo para la mortificación de su padre. Una vez , incluso, llego con un ramo de flores y una caja que encajaba a la perfección con un anillo de matrimonio. Su padre se había puesto pálido y tuvo que recargarse en la mesa para evitar desmayarse, Meredith había soltado una risita nerviosa y Alice casi había fulminado con la mirada a Edward por su broma pesada. Esa noche, Edward explico, con aire juguetón y bromista, que la caja contenía las llaves de su coche recién salido de la agencia y las flores eran para la adorable Meredith que cumplía años. Nunca había visto a su padre con cara de querer arrojar a una persona a los tiburones durante toda la cena. Su padre respetaba a Edward por haberse mantenido a su lado, pero incluso personas como él, tenían cierta tolerancia y no quería perder a Edward por culpa de los prejuicios de su padre, así que fingirian que Edward era un hombre cien por ciento heterosexual hasta la muerte de ser necesario. — ¿Y? ¿Se puede saber en que me necesitas? – pregunto Alice limpiando una mancha de su pantalón — Revisa este borrador por favor. Es mi pase de salida de Tersia y no conozco a nadie más que sea igual de buena que tú. — Creí que te marchabas en diciembre. — Eso mismo pensé, pero ¡sorpresa, sorpresa! El director cara de ogro se casa con la perra de Judith a fin de mes y no quiero estar allí para que me haga la vida de cuadritos. Todavía tiene el descaro de invitar a su ex esposa. – Edward saco un cigarrillo y le tendió uno. Alice negó con la cabeza y se alejo sutilmente para que el olor no se impregnara demasiado en su ropa – Como sea, esto es solo como adelantarme un poco pero requiero de un buen articulo, aunque el bastardo del director me dio una nota periodística local pienso convertirla en la más impactante noticia ocurrida en Little Hangleton. — ¿Qué fue lo que ocurrió? – preguntó Alice, sintiendo una punzada en su pecho porque Edward se iría lejos cuando The Sunscreen lo contratara. —Hay un veterano de guerra desaparecido desde el 23 de agosto– Edward dio una calada a su cigarro y dejo que el humo saliera en ondas circulares – Nadie le da mucha importancia pero llego a mí un rumor interesante … algo que sucedió hace cincuenta años en ese mismo pueblo y cuyo sospechoso es el mismo veterano. Hay algo allí que no cuadra ¿sabes? Y podría ser Little Hangleton el inicio de algo importante. — ¿Que sería? – volvió a preguntar Alice echando un vistazo a los papeles — El virus de los 70´s. Sus primeras víctimas registradas por los medios fueron de allí ¿extraño verdad? – Edward tenía ese aire de detective. Se acomodo el cabello con una sonrisa picara de ser un conspiranoíco — Entonces – Alice entrecerró los ojos con cierto aire de celos y frustración - ¿reviso que entregues una nota bien hecha y ya? — No. Me acompañaras a Little Hangleton mañana , buscaremos pistas y encontraremos la verdad. No me llevare el crédito, no soy tan basura como Clara. ¿Has estado mejor estos meses ,no? The Sunscreen podría estar interesado en ti, si ve tu nombre en este “caso” y volverías a retomar tu carrera. Alice no había vuelto a pensar en la posibilidad de enfocarse nuevamente en el periodismo pero admitía que si volvía a ganar dinero como antes, recuperaría las cosas que su padre vendió , sobre todo, ese tocadiscos de vinilo. Lo recuperaría , era un hecho. — Yo conduzco. Es mejor que mi padre crea que estoy en mi trabajo en vez de visitar el último lugar de un desaparecido – Alice se señalo la cabeza con un dedo , explicando a secas el motivo. — Por dios, Alice . ¡Cumples 28 años! ¿y debes pedir permiso a Robert? — ¿Sabes que sus niveles de colesterol subieron drásticamente? Perdóname si no quiero matar a mi padre – Alice se cruzo de brazos e hizo una mueca de molestia. — Lo siento, no quería sonar así- dijo Edward mientras apagaba el cigarrillo a medio terminar y le acariciaba la mejilla – Es solo que extraño que vayamos a beber juntos y todo eso. — Lo sé, me exalte, perdona también. – dijo Alice devolviendo los papeles — Entonces .... ¿Nos vemos a las afueras de Tersia a las 6 de la mañana? Alice hizo una mueca interna. No le gustaba madrugar, pero después de estar tanto tiempo "dormida" la idea de estar en movimiento en un área del que tenía conocimiento, le agradaba y emocionaba. — En serio que tienes suerte. Me dieron un día libre extra mañana. – Alice sonrió divertida por las casualidades de la vida. En ese momento, su padre asomo la cabeza y les pidió que entrarán a la casa. Edward se quedó a la cena después de que Meredith fuera firme en que había espacio para uno más cuándo su padre se mostró insistente en que Edward ya debía irse Ambos intercambiaron una mirada cuando Meredith le puso una mano en el hombro de su padre y este suspirara pesadamente y se mantuviera en silencio el resto de la noche, de vez en cuando murmuraba palabras como "mujeres" y "voluntad". Little Hangleton era una aldea pequeña, como su nombre indicaba, ubicada al norte de Inglaterra. Rodeada de colinas empinadas y un valle, tenía como colindante a Gran Hangleton. La vista es agradable a excepción del cementerio local que aún con luz solar, las figuras en las lapidas son tan intimidantes y aterradoras que no quiere imaginarse como luciran en la noche. Ya pasaban más de las ocho de la mañana cuando llegaron al lugar, buscaron una cafetería que pareció estancarse en la década de los 80´s pero que al menos servían buen café y unos huevos con beicon. Edward rápidamente se gano a la mesera – una mujer de cuarenta años – quien aprovecho que no había más clientes más que ellos dos, y empezó a narrarles lo que su madre y vecinos del lugar rumoreaban. Alice tomaba notas de algunas cosas triviales, más que nada porque le incomodaba los intentos de coqueteo que Edward le hacia a la mesera ,que por estar realmente interesada en chismes locales. Tuvo que salir unos momentos cuando la mujer, sonrojada hasta las orejas, batía sus pestañas cómicamente y Alice no quería arruinar el momento de Edward. Dado que el sol por las mañanas calmaban el dolor de su rodilla y pierna y le permitían cierta movilidad, Alice se sentó en la banca fuera del local y contemplo el paisaje. Su mirada se centró en una colina mucho más grande que las que rodeaban al pueblo, sobre ella estaba una mansión que posiblemente algunos ayeres, podría haber sido majestuosa. Se levanto de la banca y camino al costado de la cafetería para tener una mejor vista panorámica. La casona tenía tablas que cubrían las ventanas, algunos tejados estaban rotos y caídos y crecía mucha hierba desde donde ella lograba ver. El lugar no había sido ocupado por muchos años. Edward se unió a ella en ese momento, tenía una sonrisa de suficiencia en su cara y Alice puso los ojos en blanco. El siguiente lugar que visitaron fue una casa modesta en las cercanías. Nuevamente una mujer de entre 70 u 80 años pero que resplandeció como colegiala cuando Edward halago su dentadura, les dio más información . Las historias que fueron obteniendo sobre Frank Bryce, el veterano de guerra desaparecido, les daba a entender que no era muy querido ni agradable con sus vecinos. Descrito continuamente como un asociable y viejo loco gruñón, Frank Bryce no tenía amigos ni familia. Cuando llegaron a la vieja casa donde vivía Frank Bryce, eran más de las 12 de la tarde y el sol estaba en lo alto. El auto no podía ingresar a la finca de los Ridde; familia que habitaba en la mansión ahora abandonada, así que caminaron un buen tramo por un sendero de pasto que marcaba un camino distinguible por entre la hierba, seguramente obra de Frank que era jardinero de los antiguos propietarios de la mansión y tanto Edward como Alice ya había sudado la gota gorda. Tomaron un descanso de diez minutos antes de tocar la puerta de Frank y como supieron desde el inicio, nadie les abrió. Alice se asomó a través de la ventana, lo poco que logro ver era que el lugar estaba igual que cuando una persona hacia sus cosas cotidianamente, nada que indicara una salida planeada. En el fregadero, estaba un vaso de vidrio de leche ya cuajada y un bol de sopa echado a perder. Era como si Frank solo hubiera salido unos momentos afuera. Edward miraba concentrado la casa de los Riddle, fumando su cigarrillo con intensidad y murmuraba entre dientes. Alice soltó una risita, imaginando a Edward como Sherlock Holmes. Cuando le compartió su pensamiento ambos se rieron y bajaron hasta su coche para emprender el regreso a Little Whinging. Pasaron por una cabaña casi derrumbada por el paso de los años, aminoro la marcha del coche porque le pareció ver a un hombre ya anciano de barba blanca larga dentro de la casa con aire inquisitivo, pero al segundo siguiente ya no estaba, pero si unas palomas que volaron por un hueco del techo. Alice sintió un escalofrío al ver pasearse por entre la hierba a unas pequeñas serpientes. Como Edward estaba inconforme con la investigación de la desaparición de Frank Bryce, enfoco toda su atención en investigar las muertes sospechosas de los Riddle porque creía y estaba completamente seguro, que esa familia serían los pacientes ceros del virus mortal de los 70´s. Lo que significó que tuvo que aguantarse un tiempo en Tersia. Alice descubrió que su cumpleaños no estuvo tan mal como temía; rodeado de sus seres queridos, sin estar dopada ni encerrada y poco a poco recuperándose de la difícil situación financiera. Nunca creyó que se sentiría tan feliz y plena como en esos momentos. Meredith había ayudado muchísimo a su padre quien sonreía más seguido. Y ella misma se sintió feliz de ver a su padre coquetear con Meredith a su manera así que para festividades de diciembre, ni Edward ni Alice se vieron sorprendidos cuando anunciaron su relación. Fue todo lo contrario, Edward bromeo toda la noche con su padre sobre su juventud madura y su padre, feliz y enamorado, permitió unas cuantas antes de devolverle las mismas bromas a Edward sobre volverse detective de noche y periodista de día. Paso la estación de invierno y entraba la primavera y Alice continúa en su mismo trabajo en la biblioteca, innovando manualidades para cada festividad mientras Edward seguía con su labor de detective. De vez en cuando le pedía ayuda para que buscara acontecimientos similares en la historia de Inglaterra y Alice descubrió que había muchos eventos aislados que concordaban con la misma causa de muerte, aunque por la época muchos de esos registros eran meras especulaciones y estaban también, las condiciones de vida que llevaban las víctimas. Incluso en el siglo XX, a mediados de los años 1939 y 1947, hubo menciones de muertes en masa por un paro cardíaco pero dado que eran tiempos de la primera y segunda guerra mundial, fueron adjudicados al estrés y desgaste que vivían las personas. No logré encontrar mucho después de eso hasta los años 1965 y 1981 donde a partir de ese año, misteriosamente el caso de personas fallecidas que gozaban de buena salud o desapariciones, pararon abruptamente. El caso de Frank Bryce bien podría ser el de un viejo loco que simplemente salió de su casa y ya no volvió pero Edward estaba empeñado en que Little Hangleton era la aguja en el pajar. Incluso habían discutido cuando a mediados de mayo, llego con copias de archivos de todas las muertes sucedidas allí, con los registros fúnebres de decenas de familias y con una cantidad extravagante de café molido para aguantar la noche. Alice se molestó demasiado con él, porque veía como se estaba obsesionando demasiado, en especial con los Riddle pero tampoco lo dejo a su suerte. Pasaron cuatro días enteros rebuscando en cada testimonio, certificado y declaraciones algo que encajara con la idea conspirativa de Edward. Tuvieron un resultado el último día: era la declaración de Frank Bryce sobre el fatídico día que encontraron a los Riddle: padres e hijo, muertos en la sala de su mansión sin ningún rasguño. El sospechoso había sido Frank Bryce, especularon que tal vez los había envenenado para el quedarse con la fortuna o porque los horrores de la guerra hicieron mella en su cabeza y cometio tres homicidios perfectamente bien ejecutados. Frank Bryce fue absuelto de los cargos después de mostrar su inocencia, pero ni el policía a cargo de su testimonio ni lo que su expediente relataba lograron que el pueblo dejara en paz al veterano, aunque tampoco prestaron atención al minúsculo detalle que proporcióno Frank: hubo un segundo sospechoso horas antes de las muertes de los Riddle. El testimonio de Frank sobre el avistamiento de un adolescente, que nadie más vio, de piel clara y cabello oscuro que estuvo merodeando cerca de la mansión fue suficiente para que le empezara a doler la cabeza con otra incógnita. Ahora ya no parecía un caso de algún virus que salió de esa aldea sino más como eventos desafortunados o trastornos postraumáticos de Frank. Edward, sin embargo, frunció el ceño y repasó la pila de notas que llevaba. — Ocurrió en los años de 1944 ¿no es así? Fueron los primeros en morir repentinamente, pero… ¿has notado que tienen en común estos de acá? – Edward le desplazo los recortes que Alice le trajo donde aparecieron algunas fotografías de personas sin vida en lugares y circunstancias aleatorias. — ¿Qué están muertos? – dijo Alice con desgana, frotándose las sienes — Mira sus expresiones – continuo Edward ignorando su tono sarcástico – todos ellos parecieran que murieron presa del terror o de confusión. Alice echo un vistazo. Ya lo había notado, pero era normal que cuando estabas a punto de morir, sintieras miedo ¿no? — No me vengas con que es predecible. Mira bien. ¿Por qué toda esta familia a excepción de los hijos cambia su expresión? En algunos son de terror, otros son de protección y otros pareciera que simplemente fueron sorprendidos… y este último, mira el reporte médico: “terminaciones nerviosas atrofiadas producto de electrochoques continuos” es bastante extraño. — ¿No querrás que investiguemos todos sus antecedentes médicos? ¿O sí? – Alice pregunto con cautela pero al ver la expresión de Edward soltó un gemido – Debes de estar bromeando, Ed. Llevará mucho más tiempo y más recursos y francamente esto... — No. Tampoco he perdido la cabeza. Pero ¿Crees que este virus sea viral y se mantiene latente hasta que algún evento sea el detonante? — Le pregunté lo mismo a Meredith pero no lo ve posible – ante la ceja alzada de Edward le explicó en resumen las motivaciones de Meredith de estudiar medicina – Incluso aunque sea así ¿No crees que el gobierno ya hubiera hecho algo al respecto de este virus latente? ¿Que hay de las desapariciones? — Tal vez fueron llevados en las sombras para analizarlos en laboratorios. Escucha, son solo teorías, no me mires de esa manera. – respondió Edward a la defensiva — Incluso si fuera cierto ¿Quieres correr el riesgo de que te suceda algo? Si comprobamos que hay un virus y todos somos portadores, pondría de cabeza a todo el mundo pero si no es así... Aparte de ser el hazme reír, tu perderás credibilidad y yo... bueno, ya sabes dónde acabaría. ¿Por qué te empeñas en esto? – esta vez Alice ya no encontraba gracioso esto Edward guardo silencio, se levantó y prendió un cigarrillo y miró a la nada unos cinco minutos. — No quiero creer en algo más allá de la ciencia pero... Empiezo a cuestionarme si debo verlo desde otro enfoque. — Cuidado por dónde te diriges, Ed. Mírame. No quieres ver como todo se desmorona solo por ver cosas fantasiosas. — Lo sé. Uno de los dos debe ser el cuerdo. Me voy antes de que Robert me corra de tu casa para siempre. Edward tomó sus cosas y se fue. Alice guardó los documentos en las cajas, negándose a pensar en las palabras de Edward. Él no le volvió a llamar hasta inicios de julio para que fuera nuevamente a Little Hangleton y entrarán a la mansión Riddle. Alice acudió más para tratar de disuadirlo que porque realmente querer ir. Al llegar a la aldea, se sorprendió de ver a Edward en tan mal estado. Tenía unas ojeras impresionantes, su ropa estaba desaliñada y su sonrisa pícara y traviesa fue reemplazada por una mueca amarga y un paquete de cigarrillos a medio terminar en su mano. Alice estaba realmente preocupada. Edward lucía completamente diferente. — ¿No has dormido, Ed? – dijo Alice caminando a él con su bastón de apoyo. Le tocó el rostro y el cabello demasiado largo para su actitud narcisista. Edward le tomo la mano y le dió un beso en los nudillos. Alice sintió una especie de terror invadirla, era como si este simple gesto no se volviera a repetir nunca más. Uno de los dos terminaría completamente loco y el otro perdido para siempre. Fueron juntos a la casa de Frank Bryce, Edward con un juego de llaves que debió conseguir con algún soborno, abrió la puerta y entró. El lugar olía a podredumbre y humedad. Alice tenía arcadas, pero no podía abrir las ventanas para disipar el olor así que ambos fueron a la planta de arriba para escapar momentáneamente del hedor. Edward se puso a buscar algo en la habitación de Frank casi con desesperación hasta que salió después de una hora, con una copia tosca de las llaves de la mansión Riddle. Para este punto Alice ya estaba más que nerviosa, a sus ojos, solo veía a su amigo más obsesionado con esta investigación, se sentía culpable de que Edward realmente se hubiera tomado en serio la burla de ser detective. — ¿Entraremos ahora? – pregunto Alice mirando por la ventana del pasillo que el cielo todavía estaba demasiado claro y podrían ser descubiertos. — Cuando oscurezca más. – Edward la miró como si de repente reparara en ella por primera vez. – ¿No tenías algo mucho más discreto que lo que estás usando? Alice miró su ropa: un pantalón holgado de algodón beige, una blusa blanca debajo de un suéter tejido holgado color lavanda y unos botines que le ayudaban a soportar más las caminatas. — Pues disculpa por no vestirme para la ocasión. De haber sabido que íbamos a entrar ilegalmente a una casa, me habría puesto la playera a rayas, unos guantes negros y un pasamontañas. – dijo Alice indignada — No, el pasamontañas está pasado de moda, hubiera servido más unas medias en la cara.– Edward dió una calada a su cigarrillo Alice fulminó a Edward con la mirada y caminó al otro lado para evitar decirle cosas de las que se arrepentiría después. — He de confesarte algo – dijo Edward de pronto. Alice sintió esa sensación de miedo arraigarse en su estómago. Nunca había escuchado a Edward tan serio. Alice miró al suelo, viendo a las hormigas caminar. — Lo siento cariño, no eres mi tipo. – bromeó Alice, tratando de ocultar su preocupación. Edward soltó una risa y el rodeo de los hombros con su brazo mientras la ayudaba a sentarse con cuidado en el suelo del pasillo. — Perdón por ser un imbécil y no llamarte antes. Tenía mis razones que no son justificables pero quiero que las comprendas. ¿Me escucharás Lizzi? Era un apodo que rara vez le decía él, así que Alice puso toda su atención en él. Giro su cabeza a él, su pierna mala estaba recta para que no le doliera mientras que la otra estaba doblada. Edward tenía los tobillos cruzados, sus codos encima de las rodillas. Se veía tan joven así. — Esa noche, después de irme de tu casa fui a reunirme con Dorothy, la mesera de Little Hangleton. Fue una charla agradable y conseguí más de lo que imaginaba. Hizo una pausa como si estuviera organizando sus palabras. — En el pueblo, mucho antes de que los Riddle murieran, se rumoreaba de otra familia aún más desagradable que ellos. Nadie los quería, eran extraños. En esa choza vivía un padre anciano y sus dos hijos que eran aún más raros. Después de que padre e hijo simplemente dejaron de verse, la hija de ese anciano quedó sola y al poco tiempo se mudó a Londres, al igual que el primogénito de los Riddle. Después de un tiempo el primogénito de los Riddle, llamado Tom, regresó a la aldea. "Para entonces ya se rumoreaba que él y la otra chica se escaparon juntos. Fue tal vez el lapso de tiempo entre que se fueron a Londres y cuando regreso Tom a Little Hangleton lo que me llevó a curiosear en varios lugares: hospitales, albergues... y orfanatos. Ahora el orfanato está en ruinas, se incendió hace unos 52 años, pero pude investigar algunos documentos gracias a que uno de los archiveros estaba intacto. Estaba realmente exhausto, no sabía que buscaba y francamente ya tampoco lo hacía por placer sino por obsesión. Pero encontré el nombre de un niño apellidado Riddle. El tiempo coincidió entre el viaje que realizó Tom a Londres y su regreso. " Edward hizo una pausa, re revolvió el cabello y solto un suspiro. Todo lo que tuvo que investigar como para que ahora lo contara como simple anécdota, Alice pensó que era un hombre obstinado pero intuitivo. — El niño, Tom Sorvolo, sí, lo sé que nombre tan más cutre, bueno el niño creció allí. Su madre murió en el parto y a que no adivinas quién era, exacto, la hija de la familia de locos de la choza. El niño después de cumplir once años, desaparecía por temporadas hasta que alcanzó la mayoría de edad. Una de las nietas de las cuidadoras de ese orfanato, me dejó echarle un vistazo a una agenda que llevaba, decía que el joven era bastante... peculiar, de carácter agresivo aunque nunca se le pudo demostrar en el acto, increíblemente persuasivo por su belleza y... por sus palabras. La descripción del joven coincide con lo que vio Frank Bryce horas antes de la muerte de los Riddle. Creo que el muchacho que fue a esa casa para matarlos... aunque no se muy como lo hizo. Incluso lo del virus ya me parece una tontería pero creo que el tiene algo que ver. Una noche, mientras salía de los registros públicos de la ciudad, un hombre anciano, de verdad anciano, casi creí que era papá Noel, me dijo que dejara de buscar cosas que no me concernía , lo mande al diablo con educación pero he estado sintiendo que me persiguen y… Estoy casi seguro que encontré algo importante pero no lo recuerdo, simplemente me fui a dormir y ya no recordaba que había hecho el día anterior, así que empecé a mantenerme alerta y despierto ¿entiendes? Han sido duros estos días." Edward recargo la cabeza en la pared, tenía la mandíbula apretada de frustración. Y ella entendía. Lo entiendo de verdad ¿Cuántas veces no le había sucedido lo mismo? Todavía guardaba el trozo de papel con los números a nombre de Ben y Stacy. No recordaba quienes eran así que cuando llamo, descubrió con tristeza que ellos habían fallecido meses atrás así que no pudo obtener las respuestas que quería preguntar, empezando ¿Por qué tenia sus números? Si de algo estaba segura, era que ellos debían de saber algo. ¿Qué era? No tenía idea. Tomo la mano de Edward y le dio unas palmaditas a modo de apoyo silencioso. — Creo que será divertido visitar la cárcel por una noche. – fue todo lo que pudo decir Alice y Edward se volvieron a reír. El cielo afuera se veía oscuro, tan oscuro que si no fuera porque Edward estaba a su lado, creería que estaba ella sola. Bajaron las escaleras y salieron de la casa de Frank, solo con la luz de luna iluminándolos. Alice trataba de no pensar demasiado en las cosas que se arrastraban por la hierba crecida. Edward logro abrir la puerta de la mansión tras varios intentos. Si la casa de Frank Bryce era oscura, esta mansión, parecía que se tragaba toda la luz. Edward cubrió la linterna con un paño y con eso pudo guiarse por donde caminaban. Fue una búsqueda infructuosa. En algunas habitaciones no se podía ingresar. La biblioteca estaba obstruida por varios muebles atravesados donde solo veían la pintura de quienes fueron en vida, los propietarios originales de la mansión Riddle. El despacho estaba tan mohecido que lastimaba la nariz el solo aspirar el aire y los documentos eran ilegibles por la exposición de la intemperie. Edward quiso ir a la planta de arriba, pero ninguno se movió pues el aura se sentía tan pesado en esa parte que sentían que los aplastaban. — Intentemos buscar en el cementerio. Alice abrió la boca y la volvió a cerrar. Había decidido ir con Edward hasta el fin del asunto y entre más pronto encontrara algo , más rápido podrían largarse de aquí. Salieron de la mansión y se dirigieron caminando hasta el cementerio. Caminaron bastante y tardaron más porque no lograban ver cuando la luna se ocultó detrás de las nubes y porque ella continuamente tropezaba con raíces o se paralizaba al escuchar el arrastre de serpientes de campo. Debieron estar cerca del cementerio, había lápidas por donde caminaban y Alice se disculpaba mentalmente cada que caía encima de una. Edward la mantenía del brazo aferrado, pero también perdía el equilibrio cuando ella caía. Por unos instantes, ambos se quedaron de pie al notar en la lejanía unos breves destellos de luz, parecía que había alguien jugando con fuegos artificiales, aunque no veían el humo. Se miraron entre sí, dudosos de continuar, pero escucharon en el silencio absoluto, el grito de alguien, demasiado joven, muy infantil. Era un grito de dolor. Era un niño sufriendo.Capítulo 7
15 de julio de 2025, 11:07
Alice se miro al espejo otra vez.
Tenía un colorete que le ayudaba a difuminar las mejillas chupadas, el labial rosa cubría los labios agrietados y las sombras en sus párpados terminaban por disfrazar un rostro normal.
El saco verde pálido con hombreras ocultaba su figura flacucha , el pantalón de mezclilla era lo suficientemente holgado para dar la imagen de estar llenita aunque tuvo que hacerle varios agujeros al cinturón negro para que no se cayeran.
Su cabello antes descontrolado se mantenía sujeto con una pinza de cabello.
Daba la sensación de que era solo una mujer de compras en un día normal. Meredith la esperaba en el coche. Se coloco su bolso de mano y tomo el portafolios con los papeles necesitaban. Estaban cortas de tiempo, pues habían esperado a que su padre se fuera a trabajar para ponerse en marcha con su plan de ese día.
Tomo su bastón y salió lo más deprisa que se podía permitir, subió a el coche de Meredith y viajaron hasta el banco central. El Ford Cortina estaba estacionado fuera de la casa, su padre se negó a venderlo aun cuando el dinero pudo haberlo sacado del apuro, y aun cuando podía manejarlo, acordaron con Meredith a no tentar con su suerte ni con la cordura de su padre si no veía el coche en su lugar.
La primera parada fue al banco donde estaba guardado el dinero de la herencia. Después de varias horas y muchos papeleos, Alice logro retirar la cantidad suficiente para pagar la deuda con el banco y un poco más por si tenía que sobornar a alguien.
La segunda parada fue al banco de Cornstore, pidió hablar con un amigo de su padre que conocía y para su fortuna, al exponer de forma resumida el motivo de la tardanza del pago, y porque el amigo de su padre estaba al corriente de las dificultades que enfrentaba su padre con ella, Alice ya había realizado el pago y estaba hablando con seriedad con el encargado para obtener nuevamente la casa a nombre de su padre.
La cantidad final era exorbitante, aun con los intereses, el dinero resguardado en el fondo de la herencia no alcanzaría .
Un tanto desanimada, regreso al coche de Meredith y le expuso la situación. En el trayecto , ninguna habló, se detuvieron a comer algo en un local de comida rápida y regresaron a la casa antes de que su padre estuviera en casa.
El ya estaba dentro .
Las esperaba sentado en la silla con una expresión solemne, dura como el granito e innegablemente molesto.
Alice se quedo en el umbral de la puerta, Meredith estaba detrás de ella pero en lugar de estar estática como ella, solo se quito su chamarra, abrió las cortinas de la sala para que se ventilara la planta baja del olor a humo de cigarrillos y saco de la bolsa de papel la comida que compraron para su padre.
Meredith actuaba ajena a la tensión que se gestaba entre ella y su padre.
— Llegaste temprano , papá – dijo Alice . su padre no habló – Fuimos de compras, Meredith me hizo el favor de acompañarme. Me empezaba a aburrir y
— Meredith, puedes irte . – dijo su padre con voz dura interrumpiendo a Alice.
Meredith quien llevaba en sus manos en ese momento, una caja que contenía sondas quirúrgicas, se giro a él y con voz firme respondió
— Mi turno no finaliza – y siguió en lo suyo.
— ¡AHORA, MEREDITH! – su padre dijo en un tono más elevado.
Meredith giro a su padre, le arqueo una ceja y le respondió en tono increíblemente neutro.
— No soy tu perra para obedecerte. Podrás ser mi empleador y pagarme por mi servicio pero modera tu tono conmigo. Además, ni creas que dejare a Alice contigo así. Así que empieza a soltar tu mierda de una vez.
Alice tuvo que cubrir su boca con la mano, sus ojos estaban más abiertos y miraba de un lado a otro, entre su padre y Meredith, quien lo miraba sin pestañear y con los brazos en jarras. Su padre pareció momentáneamente sorprendido, la comisura de sus labios se elevó un poco, pero por lo demás estaba completamente quieto. Ambos se miraron durante mucho tiempo y Alice se sintió fuera de lugar, como si no fuera la primera vez que se pelearan.
Con su madre, nunca hubo groserías de por medio, de hecho su madre era quien solía irse o evitar los problemas con su padre primero, utilizando la indiferencia como arma.
Alice se removió inquieta, su padre finalmente soltó un suspiro exhausto murmuro algo como “Mujeres” y destapo la cerveza a su lado. Meredith se había colocado sutilmente a un lado de su padre pero era más bien como si quisiera arrebatarla la bebida.
— No crie a una mentirosa , Alice. Recibí una llamada de mi antiguo compañero, manteniéndome al tanto de la deuda saldada con el banco. Explícame ¿Por qué carajos me desobedeciste y viajaste hasta allá en tu condición, a hacerte cargo de una responsabilidad que no te concierne?
Alice sintió las mejillas calientes, temblaba por la crudeza de su padre pero solo encontró valor para hablar cuando Meredith le hizo una seña para que se modulara o que no se acobardara. Sorpresivamente, eso la ayudo.
— Claro que me concierne, es mi culpa que por poco perdiéramos la casa. Vendiste todo lo tuyo solo por mí.
— Es mi responsabilidad.
— ¡Y un carajo! ¡Eres lo único que tengo, no voy a permitir que tu sufras por mí! Te amo papá, pero no soy la idiota babeante de antes y no soy una niña, soy una mujer adulta que ha pasado por mucho al igual que tú y si esta en mis manos ayudarte, lo haré. Con o sin tu permiso.
— ¡No eres más que una mocosa que me ha dado dolores de cabeza , pero eres mi hija y es mi culpa que tu hayas visto a tu madre morir si yo no te hubiera …! – su padre se quedo callado, apretaba con demasiada fuerza la lata en su mano que empezaba a escurrir la cerveza. – Fue mi culpa que terminaras así.
Fue como una cubetada de agua fría. Siempre creyó que su padre era sólido como el roble, que nada lo perturbaba pero ahora que lo escuchaba quebrarse de esa forma contenida, entendía mejor porque Meredith era directa con ella.
— Oh, papá. Nunca creí que … ni un solo instante yo … eres tonto y mezquino papá, te amo.
Alice fue abrazar a su padre y el le aliso el cabello con ternura.
— Mi pequeña y lunática hija .
Meredith tomo la cerveza de la mesa, la vació al fregadero y empezo a desempacar la comida rápida y meterla en el horno de microondas.
— Tal para cual. Ya te lo había dicho antes Robert, no es una muñeca de porcelana y limpia la mesa, mira el desastre que dejas.
Su padre gruño algo y la soltó, limpio la mesa con un trapo y ayudo a desempacar el resto de las compras, mientras ella observaba la escena con cierta esperanza para su padre, antes de que Meredith le pidiera que le ayudara a preparar la guarnición para la cena.