Capítulo 16
22 de octubre de 2025, 10:37
.
Capítulo 16
Enero de 2002
EDWARD
.
Mientras Bella tocaba, yo caminaba de un lado a otro del escenario, sonriendo ante lo mucho que había avanzado con su pieza. Cuando llegó por primera vez, parecía que la canción estaba a medio terminar, pero ahora, casi la tenía completa. De hecho, con un poco más de trabajo, estaría lista.
Me apoyé contra el piano, observando a mi chica dominar ese instrumento. Mis ojos recorrieron su hermoso rostro concentrado, solo para luego caer sobre la partitura frente a mí. Era buena. Realmente buena. Cuando se detuvo, la miré, corriéndome a un lado para que pudiera hacer ajustes en las hojas, pero no tanto como para no inhalar el aroma puro de su cabello, de su piel, o sentir su calidez.
Llevábamos un par de semanas de regreso en la escuela. Su carga académica se reanudó de inmediato en cuanto empezaron las clases. Nos tomó un poco de tiempo encontrar una rutina, no solo para poder adaptarnos a sus estudios, sino para tener tiempo para nosotros también. Para quienes nos rodeaban, yo seguía siendo su tutor de piano. En el ala este, éramos simplemente nosotros: reíamos, hablábamos, nos besábamos. Funcionaba, pero nunca parecía suficiente, aunque culpo a mi naturaleza instintiva por siempre querer más. El único pesar que Bella parecía tener era no poder contárselo a Alice, aunque la pequeña vidente parecía conforme con que Bella fuera feliz.
Bella apoyó un hombro contra mi pecho, estudiando las notas frente a ella y pasando las páginas hacia adelante y hacia atrás. Su frente estaba fruncida, y el lápiz ya casi no tenía salvación con lo que lo había mordido.
—¿Y si… cambio esto por esto otro? —preguntó, devolviéndome abruptamente al asunto que teníamos entre manos.
Miré hacia lo que me estaba señalando.
—Podrías hacerlo. ¿Estás hablando de toda esta sección?
—Sí. —Suspiró, arrugando la nariz de forma adorable—. Pero… no estoy segura.
Sonriéndole, me alejé de su lado y me senté al piano.
—Esto es solo una sugerencia, amor, pero ¿qué tal si cierras el círculo? Empiezas así —le dije, tocando el inicio, que tenía un sonido mucho más ligero y alegre—. Luego tienes esas dos secciones, pero ahora has creado este sonido. —Toqué las partes más recientes—. Si traes esa tonalidad de vuelta a esta parte, casi tienes un cierre.
Sus ojos oscuros iban de mis manos a las teclas del piano, y finalmente, a la partitura frente a ella.
—Dios, es perfecto —murmuró, cambiando rápidamente la música sobre el papel—. Hazlo otra vez, Edward…
Sonriendo, lo toqué de nuevo. Me encantaba verla así. Todo giraba en torno a la música. Trabajábamos en total sintonía. No había preocupaciones en ese auditorio. No pensaba en tareas, exámenes, su madre, su pasado… nada. Rara vez usábamos la pizarra para comunicarnos ya, y hacíamos lo posible por mantener nuestros sentimientos personales bajo control, aunque se colaban algunos términos cariñosos y toques ocasionales. Todo era sobre su música. Ese fue el lado de ella del que me enamoré primero.
Ella rodeó el piano con rapidez, haciéndome a un lado con una risita.
—Déjame a mí —pidió, tocando la parte más nueva con un sonido que sabía que hablaba de mí. Era amor, felicidad y sanación, todo en notas musicales. Nunca había querido besarla tanto como cuando tocó esa parte por primera vez. Pero al terminar, sus ojos oscuros brillaban de alegría.
—¡Eso es! —dijo.
Reí, rodeándola con un brazo por los hombros.
—Es una pieza increíble, dulzura. Solo tienes que pulir un poco la transición desde la cuarta sección, pero por lo demás, está terminada.
Asintió, sonriéndome.
—Quiero besarte.
—Yo también —reí, mirando el reloj—. Podría robarte por una hora antes de la cena.
—Sí —susurró—. ¿Dónde?
Me levanté del banco, mirando a nuestro alrededor.
—¿Qué te parece… fuera del castillo?
Asintiendo con vehemencia, se puso de pie y recogió sus cosas. Después de ponerse la chaqueta, levantó su mochila y se dirigió hacia las escaleras del escenario.
—No, Bella —la detuve, quitándole la mochila—. Por aquí.
—Ah, sí. Tu supersecreta baticueva…
Entrecerré los ojos en un gesto juguetón y gruñí:
—Eso fue otra broma sobre vampiros, ¿cierto?
Su risa fue tonta y dulce, pero negó con la cabeza.
—En realidad, es más una referencia al niño rico que vive en un castillo. Bruce Wayne.
—Ajá —murmuré, lanzándole una mirada de reojo—. Y, aun así, no has visto mi batimóvil.
Soltó una risita, pero me siguió hasta el vestuario. Corrí algunas prendas a un lado y eché un vistazo por encima del hombro.
—Está oscuro aquí, Bella, pero puedes tomarme la mano si quieres. Nos ahorraría tiempo si simplemente pudiera cargarte —le dije.
Sus ojos se abrieron con sorpresa, pero asintió.
—¿Cómo?
Me agaché.
—Súbete —le indiqué, señalando mi espalda. Una vez que sus brazos y piernas estuvieron bien envueltos alrededor de mí, entré en el pasadizo oscuro y me detuve—. Amor mío, te enseñaré estos pasillos, pero ¿puedes prometerme que hasta que los conozcas bien, no los recorrerás sin mí?
—Sí, claro. ¿Por qué?
—Son oscuros, y algunos de los antiguos no son seguros. Podrías caer, lastimarte, y nadie se enteraría. ¿Está bien?
Presionó un beso suave en mi mejilla.
—Está bien. Ahora… muéstrame qué tan rápido eres.
Riéndome, eché a correr, aunque no tan rápido como para asustarla. Giré hacia el pasadizo que salía hacia los terrenos lejanos del castillo, aminorando la marcha cuando nos acercamos a la salida. Salimos al bosque, no muy lejos de la cabaña de Leah, pero en lugar de girar a la derecha, nos adentré entre los árboles, deteniéndome justo dentro del lindero del bosque. Bella se deslizó hasta el suelo del bosque, mirando a su alrededor.
—¿Dónde estamos?
—Todavía en mi propiedad, pero en el punto más al norte. Mira —le indiqué, colocando mis manos en sus hombros para guiarla—. ¿Ves allá? Es donde viven Leah y Jacob. ¿Ves el humo de la chimenea?
—Sí. ¡Es tan lindo! —dijo, sonriéndome.
La giré de nuevo.
—Y por allá… ese es el castillo. Apenas se puede distinguir a través del estanque y entre los árboles.
—¡Guau!, ¿llegamos tan lejos?
—Tú —gruñí, tocándole la nariz—. Dijiste que querías velocidad.
Ella rio en voz baja, pero tomó mi mano cuando se la ofrecí. La nieve remanente y las hojas muertas crujieron bajo nuestros pies mientras la guiaba unos cuantos metros entre los árboles. Los troncos parecían negros en comparación con los restos de hielo en el suelo, pero algunos pinos resaltaban con su verde intenso. La llevé a un pequeño claro en una colina, que daba vista a casi toda la propiedad.
—¡Guau! —Suspiró, con los ojos recorriendo desde el castillo hasta la cabaña de Leah—. Es tan hermoso.
—Ajá —murmuré, pero yo definitivamente no estaba mirando el terreno que había memorizado durante cien años. La deslumbrante chica a mi lado era mucho más fascinante.
Bella me miró de reojo, negando con la cabeza, pero se recostó contra el tronco del árbol detrás de ella, apoyándose más cuando di un paso hacia ella. Extendió su mano, entrelazando nuestros dedos.
—Ahora sí puedes besarme —susurré, apoyando mi frente contra la suya.
Tuve que mantener mi cuerpo bajo control porque incluso las cosas más simples me volvían loco cuando se trataba de Bella. Era hermosa, pero era su respuesta apasionada hacia mí lo que me hacía perder la noción de dónde estábamos, lo que se suponía que debíamos estar haciendo o quién podría estar escuchando. Pero también me contenía por respeto a ella. Sabía que eso ponía a prueba su paciencia, pero no me parecía correcto avanzar más con ella en ese momento. A pesar de todo lo que había avanzado, solo se sentía libre para hablar conmigo. Aún era reservada con Alice, Rose y mi familia, y aún completamente silenciosa en clase, sin mencionar que su frustración con su madre y su padrastro era una montaña rusa emocional. Y necesitaba tener una conversación seria con ella sobre eso último.
Sin embargo, cuando sus labios se encontraron con los míos, todos esos pensamientos se desvanecieron con la brisa fría que cortaba entre los árboles a nuestro alrededor. Todo en lo que podía concentrarme era en su sabor, en el calor que irradiaba de cada centímetro de ella y en el tirón de su mano en mi cabello, algo que realmente había empezado a gustarme.
Soltando su mano, me apoyé en el tronco del árbol sobre su cabeza, sin poder contener el gruñido que surgió de mí al sentir, al saborear cómo su lengua acariciaba la mía. Cuando su corazón se aceleró descontroladamente, sonreí contra sus labios, ralentizando el beso hasta finalmente separarnos. Cerré los ojos mientras rozaba su nariz con la mía. Nunca me había sentido más completo que cuando estábamos solos así.
—Te amo —susurró, rozando mis labios con los suyos.
—Siempre —respondí, sonriendo al abrir los ojos y encontrarme con el hermoso color chocolate de los suyos.
—Bien.
Sonriendo, me aparté un poco de ella, tratando de no inflarme de orgullo al ver no solo sus labios enrojecidos por los besos, sino también su aspecto desordenado. Sin embargo, su expresión cambió rápidamente: pasó de estar extasiada a ponerse seria en un instante.
—Gracias, Edward —suspiró, abrazándome.
—¿Por qué, amor?
Se apartó, haciendo una mueca.
—Nunca pensé que terminaría esa melodía. Y tú has sido… increíble.
Presioné mis labios contra su frente, entrelazando mis dedos con los suyos.
—Tú hiciste todo el trabajo, Bella. Deberías sentirte orgullosa de eso. Yo solo te guie —le dije, llevándola a un espacio seco en el suelo. Me senté y la acomodé entre mis piernas.
Ella se giró de lado, recostándose contra mi pierna doblada, lo cual me hizo sonreír. Me encantaba lo cómoda que se sentía conmigo.
—Ojalá mi papá pudiera oírla —susurró, contemplando el paisaje.
—Estoy seguro de que lo hace, dulzura.
—¿Tú crees?
Arrugué la nariz y encogí un hombro.
—Me gusta pensar que sí. —Suspiré, llevando la mano a su cabello para apartarlo de su rostro y poder verla con claridad—. Me gusta pensar que mi propio padre ve lo que he logrado, aunque solo sea para demostrarle que estaba equivocado. Me gusta pensar que mi madre estaría orgullosa de lo que he hecho, a pesar de lo que soy.
Bella negó con la cabeza.
—Lo que eres… —murmuró, frunciendo el ceño—. Eres una buena persona, Edward. Paciente y amable, y protector con quienes amas. ¿Qué tiene que ver tu… dieta con eso?
—Suenas como Giselle y Leah —me reí un poco, sintiéndome un poco avergonzado.
Bella sonrió.
—Me alegra saber que no soy la única que lo ve.
Negué con la cabeza y besé su sien.
—En cuanto a tu papá, Bella… Espero que vea que alguien está cuidando de su hija. Parece que fue un hombre increíble.
Bella sonrió con tristeza, asintiendo de acuerdo, pero sus ojos buscaron mi rostro.
—Te has estado guardando cosas. ¿Quieres sincerarte?
Aspiré hondo una vez y asentí.
—No quería agobiarte, amor. Volviste al colegio muy feliz, y sé que tú y tu mamá llegaron a algún tipo de… tregua —mi voz se fue apagando, pero ella asintió, esperando a que continuara—. Tampoco quise arruinarte la Nochevieja con todo esto.
Ella sonrió al oír eso y me dio un beso en la mejilla.
—Entonces… ¿qué tal ahora?
Su confianza en mí era inquebrantable. Por un breve momento, me pregunté si era porque era mi compañera, o simplemente porque me lo había ganado. Creo que no me importaba la razón.
Mirándola directamente a los ojos, dije:
—Bella, creo que tienes un problema —hice una mueca, pero continué—. No sé si tu padrastro estuvo involucrado en lo que les pasó a ti y a Charlie, pero sé que sus… intenciones contigo no son las de un padre cariñoso.
Bella arrugó la nariz, pero tomó mi mano.
—¿Qué escuchaste? Quiero decir, sé que me mira, pero…
—No —la interrumpí—. No te ve… No se siente atraído por ti, Bella. No sexualmente. Si ese fuera el caso, él ya no estaría respirando. —Levanté una ceja con intención letal.
—Está bien —susurró, cruzando su mirada con la mía—. Entonces… ¿qué escuchaste?
Sonriendo con pesar, negué con la cabeza.
—Bella, ¿sabes que tienes un fideicomiso? ¿Conoces los detalles?
Respiró hondo y soltó el aire.
—Sé que no tengo acceso hasta que cumpla dieciocho. Sé que es una cantidad ridícula de dinero, pero mi papá me explicó que él recibió el suyo al cumplir los dieciocho, y el resto cuando murió la abuela Swan. Sé que se aseguró de que mi mamá pudiera mantenerme.
—¿Sabías que todos los fondos para tu madre se detienen cuando cumplas dieciocho? —pregunté, esperando hasta que negó con la cabeza—. ¿Sabías también que, si llegas a ser considerada incapacitada, tu madre recibiría todo, lo cual le daría acceso a Phil?
Sus ojos se entrecerraron, pero antes de que pudiera decir algo, continué:
—Sinceramente, creo que tu madre no está involucrada. Le está ocultando cosas a Phil. No le dijo que tú sabías sobre el engaño, pero tampoco le está diciendo exactamente por qué insiste en que sigas en este colegio. Bella, ella sabe que has mejorado. Lo vio durante las vacaciones.
Bella se levantó de mi regazo y empezó a caminar de un lado a otro. Luego se giró hacia mí, con los ojos oscuros y ardientes.
—Pero ¿Phil? —dijo casi demasiado alto, pero luego bajó la voz—. Él es otra historia, ¿verdad?
—Sí. Ven aquí, amor —abrí los brazos, bajando la pierna. Ella se sentó en mi regazo, con la expresión de quien está a punto de llorar—. Necesito que entiendas algo antes de contarte. ¿Está bien? —le susurré junto al oído—. Nadie… y quiero decir nadie, te va a tocar ni a ti ni a lo que te pertenece. ¿Entendido?
Asintió con fuerza, girando el rostro hacia mí.
—Dímelo —exigió, pero su súplica fue muy, muy suave.
—Tu padrastro está apostando a que no hables, Bella. Había estado esperando que nunca realmente mejoraras. Chelsea te dijo la verdad sobre tu madre. Ella te alejó de las terapias y tratamientos solo para darte un respiro, para dejarte hacerlo a tu manera. Ella confiaba en tu fuerza, amor. Tu padrastro, sin embargo, alentó eso por razones egoístas. Fue él quien presionó a tu madre para que detuviera tus terapias, para que siguieras en silencio, para que las pesadillas continuaran. Hay razones por las que él, de vez en cuando, se impone.
—¿Por qué?
—Bueno, dijiste que no te dejó adelantar un grado. Adelantar un grado te habría permitido graduarte antes, irte a la universidad más temprano, y en realidad, podrías haberte desvinculado de ellos… emancipación de un menor. No quería que vinieras aquí, porque si estabas lista para un internado, entonces significaba que estabas mejorando. Pero ahora… —me señalé a mí mismo—, ahora no solo estás prosperando en la escuela, sino que has hecho amigos y tienes un novio, al cual él no soporta, por cierto.
Sonreí cuando ella resopló, murmurando:
—Qué lástima.
—Sí, Bella… Qué lástima —repetí, dándole un beso risueño en la mejilla—. Está empezando a entrar en pánico. Se le acaba el tiempo. Vas a cumplir dieciocho este año, y es evidente que estás mejorando.
Bella frunció el ceño, aferrándose a mi camisa.
—Entonces, ¿qué hago? Edward, no estoy… lista para empezar a hablar con todos. Que se quede con el maldito dinero…
—Shh… —La calmé, besándola suavemente en los labios—. Tranquila, amor. Te lo juré… estás a salvo. Lo juro por mi vida. No voy a dejar que nada ni nadie te haga daño. Y tampoco voy a dejar que te quiten lo que te pertenece. Ni lo sueñes. ¿Está bien?
Tragó saliva, nerviosa, y asintió cuando le acaricié el rostro con suavidad.
—¿Vas a ir a casa en las vacaciones de primavera?
—No —respondió, sacudiendo la cabeza—. No volveré a casa hasta que termine el año escolar.
—Bien, entonces tenemos tiempo para prepararnos, planear y presentar pelea —dije con una mueca, mirando a mi alrededor—. Lamentablemente, Bella, ellos tienen el derecho, como tus tutores, de internarte en algún sitio, de hacerte pasar por inestable mentalmente, simplemente por todo lo que has vivido. Usarían tu pasado en tu contra. Podrían intentarlo, pero probablemente no prosperaría. Tendrías que estar verdaderamente incapacitada, es decir, no poder hablar por ti misma o representar un peligro para ti, para que algún médico lo apruebe. Aunque tengo una sugerencia.
—¿Cuál? ¡Lo que sea! Dímelo.
—Creo que deberías hablar con Carlisle —le dije—. Necesitas un doctor de tu lado, Bella. Y él te protegerá como yo lo haría, pero verlo a él te daría el beneficio del secreto profesional médico, al que nadie, ni siquiera tus padres, podrían acceder. Incluso puedo acompañarte, si necesitas que lo haga.
—Está bien —aceptó, frunciendo el ceño—. Edward… ¿él… tuvo algo que ver con lo de mi papá? Dijiste que mi mamá era inocente, pero si mi papá era juez en un caso donde Phil testificó, entonces pudo haber sido un blanco desde el principio… mi mamá también.
Negué con la cabeza, porque Bella no era tonta en absoluto. Y si ella sola llegaba a esa conclusión, entonces eso significaba que estaba lista para lo demás que tenía que decirle.
—Créeme, he pensado en eso. Y la noche antes de nuestra cita, fui a ver a alguien —le conté—. Había dos nombres en ese sobre del investigador privado que no había visto antes, así que fui a hablar con uno de ellos, a leer su mente. Felix Sumner no es precisamente un ciudadano ejemplar, así que no fui muy amable al hablar con él.
Bella sonrió de lado, negando con la cabeza.
—Ay, Edward… ¿qué hiciste?
—Pregunté por Phil… y por Alec Brown —hice una pausa, esperando su reacción a ese último nombre, y se tensó en mis brazos—. Siguen siendo amigos, pero trabajaron juntos durante todo ese escándalo de los esteroides. Es Brown quien proveía las drogas a los jugadores. Tu papá mandó a varios de los hombres de Alec a prisión. Algunos aún están cumpliendo condena. Intentaron sobornarlo, chantajearlo, incluso amenazarlo, pero nada funcionó. Tu papá se mantuvo firme —le besé la sien cuando ella sonrió, orgullosa de Charlie—. Quiero hablar con ese Alec Brown, pero necesito preguntarte algo, y si no estás lista para responder, lo entenderé completamente.
—Adelante —dijo ella.
—Dulzura, necesito que pienses, que intentes con todas tus fuerzas recordar a los hombres que entraron a tu casa. ¿Recuerdas algo que se destacara? Eh… cicatrices, ropa, tatuajes… lo que sea, amor. Tal vez se les veía un poco el cabello, ¿recuerdas el color o si era liso o rizado? ¿Olores… colonia, jabón, algo diferente?
Cerró los ojos, pero no soltó mi camisa. Podía imaginar que sentirme entre sus manos la mantenía centrada, alejando el pánico, así que acaricié sus dedos con suavidad, observando su rostro.
—Vestían de negro —susurró, la voz temblorosa—. El cuchillo… —se llevó la mano a la garganta, pero le retiré la mano para besarle con ternura la cicatriz—. El cuchillo era grande, casi como el que usaba mi papá para pescar.
Fruncí el ceño, pero no aparté los labios de su piel.
—Continúa, dulzura.
—Aceite de motor —dijo apenas en un murmullo, los ojos aún cerrados—. Olía a aceite, como un taller mecánico o una estación de gasolina. Y el que… el que lastimó a mi papá… Era alto, casi delgado.
—¿Alto como Jacob? —verifiqué.
—Tal vez —respondió, abriendo los ojos—. Pero no creo haber visto el color de cabello… y todo pasó tan rápido. Creo que llevaban guantes.
—Está bien. Lo hiciste increíble, Bella —la elogié, sonriendo cuando me miró—. Me diste más de lo que esperaba. De nuevo, amor, no quiero que te preocupes por nada de esto. Estás a salvo aquí.
—¿Era Alec…?
—No lo sé. Y no lo sabré hasta que pueda ver su mente.
Asintió.
—¿Cuándo irás?
—Lo sabrás en cuanto yo lo sepa, Bella. Te prometo no salir del castillo sin avisarte, ¿de acuerdo? —le juré, colocando una mano sobre el corazón.
Nuevamente asintió y me dio un beso breve.
—De acuerdo.
—Bien. —Suspiré, sonriéndole—. Probablemente debería llevarte de regreso. Supongo que Alice ya estará lista para la cena.
Bella sonrió, se puso de pie y me ofreció la mano. Una vez que estuve de pie, se subió a mi espalda, envolviéndome con brazos y piernas como una lapa. Sonreí cuando besó mi mejilla.
—¿Algún día volveré a ver mi diario, Edward?
Reí y asentí.
—Esta noche, mi amor. Lo tendrás de vuelta por la mañana. Mis disculpas, pero es demasiado divertido hablar contigo.
Me besó otra vez la mejilla, y sentí su sonrisa contra mi piel mientras caminaba a paso humano hacia la entrada del pasadizo.
—No te disculpes por eso. Y gracias.
—¿Por qué, mi Bella?
—Por decirme lo que sabes, por no tratarme como si fuera una inválida, por amarme, por hacerme sentir segura… ¿Sigo?
Reí, y no pude evitar provocarla.
—Sí, por favor, continúa…
Su risa fue mi recompensa, pero se detuvo mucho antes de lo que me habría gustado. Justo antes de entrar al pasadizo oscuro, miré por encima del hombro.
—En serio, Edward. Estoy muy asustada, pero tú… tú haces que todo esté bien, incluso cuando estoy frente a tantas incógnitas. ¿Cómo es posible?
—Tú haces lo mismo por mí, Bella —le respondí con suavidad, encogiéndome de hombros—. Giselle diría que es porque somos mitades de un mismo todo. Yo también estoy aprendiendo lo que somos, dulzura.
La sonrisa de Bella fue suave y dulce, pero no dijo nada. Solo me abrazó más fuerte mientras yo me lanzaba por el túnel subterráneo.
~oOo~
Entré a mis habitaciones con una pequeña sonrisa en los labios. A pesar de lo difícil del tema que Bella y yo acabábamos de tratar, ella lo había manejado mucho mejor de lo que esperaba, lo que significaba que realmente estaba mejorando. Que pudiera hablar con tanta franqueza sobre la noche de su ataque, la noche en que asesinaron a su padre, era un gran paso hacia adelante.
Sin embargo, ella dijo que aún no estaba lista para hablar en voz alta con cualquiera, y lo entendía perfectamente, pero eso me ponía nervioso. No quería presionarla, pero algo tenía que cambiar con respecto a su padrastro.
Me senté en mi escritorio, abrí el cajón del centro y saqué el diario de Bella. Ya no era el morado, -ese había ardido en mi chimenea, sino el nuevo azul que le había dejado en su mesita de noche el día que se fue de vacaciones navideñas. Su respuesta a mi primera entrada era lo más reciente. Lo había tenido en mi poder desde la noche en que ella había dejado abierta la ventana de su dormitorio en Boston. Abrazarla toda la noche había sido el momento más asombroso y humilde de toda mi existencia. Se había aferrado a mí con fuerza, sus pesadillas se habían calmado, y había dormido profundamente casi toda la noche. Ni una sola vez le molestó lo duro o frío de mi piel, y verla completamente en paz era algo que jamás olvidaría. Deseaba más que nada poder darle ese tipo de consuelo cada noche.
Al abrir el cuaderno, sonreí al ver el pétalo de rosa que había guardado mientras releía su última entrada.
Edward,
Se siente extraño no llamarte FM en estas páginas. Pero tienes razón. Me gustaría nada más que honestidad aquí, aunque no quiero volver a empezar técnicamente. Dijiste que fue un error ser dos personas, pero no creo que sea cierto. Me sorprendió y probablemente me sentí un poco avergonzada de que tú… TÚ… leyeras mi diario, y no una entidad fantasmal. Me disculpo por mi reacción, pero cuanto más lo pensé, más me di cuenta de que fue mejor así. Tal vez fue más fácil de esa manera. No lo sé. Lo que sí sé es que llegué a conocer ambos lados de ti, y no me arrepiento de eso.
Y ahora lo sé todo. Sé que por eso me diste tiempo para pensar, para evaluar realmente lo que todo esto significa. Lo primero que dijo Alice cuando leyó la primera nota del FM fue que él odiaba lo que era, le avergonzaba. No me gusta que te sientas así. Dices que no te gusta cuando me llamo a mí misma un fenómeno, así que estamos a mano, Edward. No me gusta que te llames demonio. Ciertamente no te veo de esa forma. Veo a la persona paciente que ha secado más lágrimas de las que puedo contar, que ha permanecido a mi lado más tiempo que mi familia, al parecer, y que ha ignorado lo que no podía hacer y se enfocó en lo que sí.
No necesito tiempo para pensar. Te lo dije en tu habitación de hotel. Me sentí… desubicada al estar en casa y lejos de ti. Aun cuando en el castillo pasamos el mismo tiempo sin vernos, al menos sabía que estabas ahí de algún modo, pero en mi casa de Boston me sentía vacía. ¿Eso es… normal? ¿Es parte de lo que significa estar contigo? A veces sentía que incluso respirar era difícil, hasta que corrí hacia ti.
No puedo agradecerte lo suficiente por intentar encontrar a los hombres que entraron a mi casa. Ni siquiera estoy segura de querer que los encuentres, pero el hecho de que lo intentes significa más de lo que puedo decir. Recuerdo haber oído a la policía en mi habitación del hospital decirle a mi madre que no tenían más que callejones sin salida: sin huellas, sin testigos, sin pistas. Todos estaban ansiosos por saber qué había visto yo, pero no había visto nada… solo pasamontañas, cuchillos y sangre. Decirles eso no habría ayudado, simplemente porque parecía que ya se habían rendido antes de empezar. Pero tú no.
Así que… no, no me importa lo que eres, ni las mentiras que tengo que decir, ni el papel que tengamos que interpretar. Después de todo lo que has hecho por mí, nada de eso me importa. Lo que importa es que te amo…
Bella
No estaba seguro de que la sonrisa se hubiera ido de mi rostro ni un segundo mientras le respondía. No le había mentido. Escucharla hablar era mucho más importante para mí que casi cualquier otra cosa, pero había una parte de mí —una parte del hombre que fui antes de cambiar— que simplemente amaba esta forma de comunicarme con ella. Era anticuado y fuera de lugar para las formas modernas de cortejo, pero estaba disfrutando cada palabra en la página. A través del papel podía dejar salir mis sentimientos, y ella podía ser tan honesta como quisiera sin necesidad de hablar, si eso era lo que deseaba.
Cuando terminé, cerré el cuaderno, pero alcé la vista al escuchar a alguien entrar a mi habitación. Mi cuerpo se tensó cuando el aullido lejano de Jacob rasgó la noche hasta llegar a mi ventana.
—¿Qué ocurre? —le pregunté a Carlisle.
—Jacob captó un olor, alguien que no reconoce —respondió rápidamente mientras yo guardaba el cuaderno. Lo dejaría más tarde.
Me puse de pie, guiándolo por mis habitaciones hacia el ala este y los túneles secretos.
—¿Dónde lo detectó? —pregunté.
—En la puerta vieja —respondió, y ambos echamos a correr.
Frunciendo el ceño, corrí a toda velocidad, saliendo del túnel en un instante. Pasé la cabaña de Leah y me adentré entre los árboles, donde encontré no solo a Jacob -husmeando, cazando y patrullando, sino también a Jasper, con el rostro serio, casi letal.
—¿No es nadie que conozcamos? ¿Ni siquiera del aquelarre de Alaska? —les pregunté.
Jasper negó con la cabeza, con pensamientos sombríos. —No conozco a esta persona. Es inmortal, lo dice su olor, pero nunca la he visto antes.
Miré a Jacob. Tenía el pelaje erizado, los ojos oscuros casi negros y el hocico pegado al suelo, al portón de hierro cubierto de hiedra muerta, mientras recorría de un lado a otro la zona.
—¿Jake?
Bufó y resopló, levantando su enorme cabeza para mirarme. —Es un olor nuevo... quizá dos. Definitivamente vampiros. El rastro se pierde en las montañas. ¿Quieres que lo siga?
—Sí, pero ve con Jasper y no se alejen demasiado. Si huían, quizás los espantaron. Nosotros mantendremos vigilancia aquí —le dije.
Jasper asintió una vez, saltando sobre el muro de ladrillo y aterrizando en silencio al otro lado junto a Jacob. Desaparecieron en un parpadeo.
Carlisle y yo nos acercamos al portón, el olor golpeando nuestros sentidos. No lo reconocía, pero tenía algo extrañamente familiar. Al mirar a Carlisle, me congelé.
—¿Lo conoces? —pregunté.
Parecía inseguro, aunque su mente era un libro abierto. El olor le recordaba a algo, pero diferente de lo que había conocido antes.
—¿A quién? —pregunté, acercándome más.
Se volvió hacia mí, el ceño fruncido.
—Si tuviera que adivinar, diría que es James.
—¡¿James?! —siseé, negando con la cabeza—. Pero ¿no olería igual que cuando fuiste a buscarlo?
—No necesariamente. Tu olor cambió una vez que ya no quedaban rastros de tu sangre humana. Supondría que a él le pasó igual. A menos que estemos hablando de más de un olor... Tu olor cambió, así que supongo que el de él también. Pero ¿por qué no se quedó? ¿Crees que Jacob lo espantó? —divagó, mirando a su alrededor.
—No lo sé. No puedo imaginar que James volviera a Hunter's Lake. Odiaba este lugar, pero… —mi voz se fue apagando—. Hasta que lo encontremos, quiero a todos en constante alerta. Estoy casi seguro de que su dieta no es como la nuestra, y hasta saberlo con certeza, hasta saber qué quería, quiero patrullas constantes.
Carlisle asintió.
—Estoy de acuerdo. Le pediré a Esme que vigile el castillo. Tú y yo podemos cubrir la propiedad hasta que los chicos regresen. —Señaló una dirección, y yo asentí, tomando la opuesta.
~oOo~
BELLA
Mis sueños estaban cambiando. Ya no tenía que revivir los mismos pasos de la noche en que vi morir a mi papá. Dentro de mis sueños, yo era diferente; me sentía diferente. Y además… no estaba sola.
Gritos de dolor y miedo llegaban a mis oídos, pero no eran míos, y definitivamente no eran de mi padre. Me giré en el dormitorio de mis padres. Una sonrisa se curvó en mis labios al ver la figura del atacante con pasamontañas. Era el más bajo de los dos. Su compañero parecía estar pasándola mal en otra parte de la casa.
El cuchillo en su mano brillaba a la luz de la luna, pero una sombra apareció detrás de él justo cuando ambos se lanzaban hacia mí. Uno representaba una amenaza, pero el otro era el epítome del consuelo y la seguridad.
Me incorporé en la cama, respirando con dificultad. Una mano fría se posó suavemente en mi frente.
Jadeé, pero me aferré a Edward. No sabía por qué estaba en mi dormitorio, pero no me importó. Me envolvieron de inmediato unos brazos fuertes y el aroma que hacía que todo estuviera bien.
—Shh, Bella. Estás bien. Estás a salvo —me susurraba una y otra vez al oído.
Asentí, acurrucándome más en el hueco de su cuello. Olía como siempre —a sándalo, a hogar, simplemente a Edward—, pero mezclado con el aire frío del invierno, pino y una pizca de humo.
—¿Por qué estás aquí? —murmuré contra su piel fría.
Él soltó una pequeña risa, pero me apartó para mirarme al rostro. Echó una mirada rápida por encima del hombro hacia la cama vacía de Alice. La luz de la mañana se colaba por la ventana, iluminando su piel increíble y proyectando pequeños arcoíris sobre mis sábanas.
Sonrió con dulzura.
—Solo… necesitaba verte, amor. Eso es todo —murmuró.
Algo no estaba bien. Sus ojos estaban oscuros, sus manos me apretaban como si fuera a desaparecer y su respiración parecía forzada. Pero cuando sus labios tocaron los míos, olvidé que acababa de despertar, que llevaba pantalones de pijama grandes y una camiseta de mi papá. Nada parecía importar cuando me besaba así, como si lo necesitara más que al aire.
Caí de nuevo sobre la almohada, llevándolo conmigo, o quizás fue él quien me empujó. No estaba segura. Pero su peso, el rugido que vibró en su pecho, me hicieron gemir en voz alta. Mis dedos se enredaron en su cabello para mantenerlo cerca cuando su dulce lengua reclamó mi boca.
Se movió, presionándome contra el colchón, y jadeé cuando no solo sus besos continuaron por mi garganta y sobre mi cicatriz, sino que también sentí cada parte de Edward. Músculos duros, labios suaves, lengua húmeda, y su deseo por mí que me hizo envolver mis piernas alrededor de sus caderas.
Eso pareció detenerlo.
—Bella… —gimió, apoyando su frente en mi hombro.
—No te muevas —le rogué, y sentí su sonrisa contra mi cuello—. Me gustas justo aquí.
Su risa fue suave y dulce.
—No me quejo, dulzura —suspiró, pero se incorporó para mirarme. Me examinó con cuidado.
—¿Estás bien? —susurré, trazando con un dedo la arruga entre sus cejas.
El ceño en su rostro hermoso se profundizó y negó con la cabeza, soltando un suspiro áspero.
—No —dijo, sentándose, y yo lo seguí.
Tomando su rostro con una mano, lo obligué a mirarme.
—Dímelo.
—Necesito… Bella, necesito que no vayas a Hunter's Lake por un tiempo. A menos que yo pueda ir contigo, lo cual no será hoy —dijo con una mueca, señalando la ventana y el sol que entraba por ella.
Mi primera reacción fue discutir. Necesitaba un par de cosas del pueblo, pero su mirada, cargada de miedo, borró por completo esa idea.
—¿Me vas a decir por qué?
—Jacob detectó un olor anoche… uno de los míos, Bella. Creemos saber quién es, pero perdimos el rastro. No puedo arriesgarme a que te pase algo, así que ¿podrías quedarte dentro del castillo, a menos que estés conmigo?
—¿Y los demás? —le pregunté.
—A ellos se les dará la instrucción estricta de permanecer en parejas o grupos. Pero tú… amor mío, por favor —suplicó.
—Está bien, está bien. —Suspiré, besando sus labios para calmarlo. Había algo en ese vampiro que tenía a mi Edward completamente en alerta, y no me gustaba—. Me quedaré aquí. Lo prometo. Solo haré que alguien recoja lo que necesito…
—Me aseguraré de que tengas todo lo que necesites, pero hasta que sepa por qué estaban aquí, me sentiría mejor si estás cerca de mí. ¿De acuerdo? —preguntó, relajándose cuando asentí. Se inclinó para besarme—. Y si pudieras convencer a Alice de quedarse aquí contigo, Jasper te lo agradecería mucho. —Añadió con una sonrisa torcida terriblemente sexi.
Solté una risita y asentí.
—Por supuesto. Haré lo posible.
—Lo sé, amor. Gracias —suspiró aliviado y me tomó el rostro entre las manos—. No puedo quedarme aquí, por mucho que quiera. Mi ventana de oportunidad es limitada. Alice estaba abajo, en el comedor.
Sonreí y asentí, pero mis ojos se abrieron con sorpresa cuando sacó mi diario de la pretina de sus jeans. Solté una risita, mordiéndome el labio inferior cuando lo colocó en mis manos.
—Todo tuyo, dulzura. —Me guiñó el ojo con una sonrisa, inclinándose para besar mi frente.
Se puso de pie junto a mi cama y caminó hacia mi clóset, y yo me senté rápidamente.
—¿En serio? ¿Tienes una puerta secreta aquí? —pregunté, casi ofendida.
Su risa fue malvada y completamente divertida.
—En mi defensa, Bella, esto solía ser el salón de descanso de mi madre. Siempre hubo un pasadizo hacia esta habitación.
Negando con la cabeza, sonreí.
—Bueno saberlo, Edward. Algún día me enseñarás a usarlos.
—Lo juro por mi vida, amor. Cuando tú quieras —dijo, llevándose la mano al pecho con una dulce sonrisa. Con un rápido «Te amo», desapareció por la parte de atrás del clóset de Alice y mío, casi al mismo tiempo que mi puerta se abría para dejar entrar a mi compañera de cuarto, con los ojos brillando.
—Así que… —resopló, dejándose caer en mi cama—. ¿Nos quedamos aquí?
Sollozando una risa, la miré.
—Alice, ¿confías en mí? —Cuando asintió, sonreí—. Bien. Entonces, por favor, confía en mí cuando te diga que Hunter's Lake está fuera de los planes por unos fines de semana, ¿de acuerdo?
Los ojos de Alice se enfocaron en un punto vacío hacia un lado, algo que había aprendido a reconocer como una visión. Su rostro mostró una expresión decepcionada, pero finalmente asintió.
—Está bien. No puedo ver por qué, pero está bien.
Asentí, guardando mi diario en el cajón de la mesita de noche por el momento. Me decepcionaba no poder leer la respuesta de Edward de inmediato, pero lo haría después de mi ducha. Una última mirada a Alice, y supe que confiaba en mí. A estas alturas, estaba bastante segura de que todo lo relacionado con vampiros se le volvía borroso, como un punto ciego. Si eso era cierto, entonces no sabía qué tanto podía "ver" sobre Jasper. Lo único que sabía de Alice era que era muy reservada en cuanto a su vida personal. Sabía que su situación familiar en Mississippi era tensa debido a su don, solo su abuela valoraba su don, pero rara vez lo demostraba. Si había visto un futuro con Jasper, no me lo había dicho. Y yo deseaba poder decirle por qué nos quedábamos, contarle cómo estaban cambiando las cosas para mí… pero no podía.
Me observó un momento, frunciendo el ceño.
—No es tu secreto para contar, Bella. Lo entiendo.
Se me abrió la boca un poco, pero asentí, caminando hacia ella y tocando su sien con un dedo.
—Estás feliz, Bella… y luego, borrosa —canturreó con tono travieso—, lo que significa que quizá veas a Edward hoy.
Sonriendo, asentí.
—Quizá las dos tengamos suerte.
Ella rio, empujándome hacia el baño.
—No, si no te vistes. ¡Anda! Yo espero.
Riéndome, cerré la puerta del baño y me apoyé en ella, todavía sintiendo los besos en mis labios y cuello. Ojalá tuviera razón. Me encantaría ver a Edward una vez más hoy.
Nota de autora: Legalmente, Phil no tiene poder sobre Bella, pero sí tiene acceso a las propiedades de su esposa. Lo que Edward le dijo a Bella es cierto: los padres pueden hacer que un hijo sea evaluado, pero solo se sostiene si el hijo está realmente incapacitado o representa una amenaza para sí mismo o para los demás. Más importante aún, el secreto médico está blindado con acero. (Una cebolla que se va pelando despacio. ;) LOL)
Como pueden ver, las cosas se están calentando entre nuestra pareja… LENTAMENTE. Van a llegar allí, pero traten de disfrutar el camino, porque él va a encantarlas completamente… LOL
Deb ;)