Capítulo 5: Entre luces falsas y miradas genuinas
(POV Katniss) Mmm.. Prim… ¿Tren…? ¿...? ¡¿Convicto?! Desperté con el corazón en la mano. Volteé a todos lados esperando encontrar el paisaje, el zumbido del tren avanzando… ¿Eh, la habitación? Un sutil aroma flotaba en el aire. ¿Canela? Me toqué la sien, intentando poner mi mente en orden. La imagen de una pelea, las frutas, las estrellas llegó a mi cabeza. ¿Mellark? Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos. —"¡Es hora de desayunar, mis queridos tributos! ¡Estamos a solo un par de horas del Capitolio!"— el anuncio me obligó a ponerme en marcha. Entré al baño y comencé a desvestirme, ya en la ducha —esta vez lo calibré para no tener otro accidente como el de ayer— bajo el chorro de agua tibia, mi mente vagó de nuevo hacia la noche anterior. La cena fallida, la petición de ir con él. La acepté para descubrir su plan o al menos saber algo sobre él. Algo útil para la arena. Al final solo entendí que para él los lujos no eran nada y peor que parecía conocer bien el entorno. ~No siempre fui lo que ves~ ¿Qué? ¿Un convicto peligroso? Lo dudo. Sacudí la cabeza. Él estaba jugando sus cartas ya, yo debería hacer lo mismo. Físicamente era una contradicción. Tal vez no fuera tan alto como Gale o Haymitch, pero… La imagen de su torso desnudo me llenó la cabeza. Haciéndome parar de secarme. ¿Está hecho de piedra o qué? Tenía músculos que desconocía en el cuerpo de una persona. Continué secándome. Y las marcas de claras peleas esparcidas por todos lados. Peligroso. Debo de ver cómo vencerlo. Tiene que tener una debilidad. Con ese pensamiento salí para cambiarme y ponerme en marcha hacia el comedor. Cuando llegué, me congelé en el umbral ante la escena enfrente. Mellark y Haymitch estaban sentados a la mesa, comiendo y riendo juntos de algo. Incluso Effie parecía más tranquila, su compostura habitual relajada. No… ¿Pero como…? Ayer estaban por matarse y ahora… Miré a Mellark mientras estaba tomando de su vaso aún con esa sonrisa ladeada y Haymitch se había… bañado e Incluso sonreía. Un nudo se formó en mi estómago. ¿Qué había pasado después de que me quedé dormida? Y si las frutas tenían algo para quitarme del medio y poder hablar con Haymitch y po— —”Hey la bella durmiente por fin decidió salir”— Haymitch levantó su copa hacia mí. ¿Bella durmiente? Lo ignoré para caminar a mi silla al lado de Mellark. Tengo que hacer algo, no puedo dejar que se gane a Haymitch completamente. Él dijo ayer que sin él no tendríamos nada. Yo— —"Es chocolate"— una taza apareció frente a mí rompiendo mis pensamientos. Mellark alejó la mano concentrándose en su comida. Miré el líquido café en la taza. No voy a caer de nu— El aroma me golpeó la nariz, dulce. Mi estómago reaccionó, me pase la lengua por la boca. No… creo, que intente hacer nada enfrente a Haymitch y Effie. Tomé la taza firmemente para llevarla a mi boca… el sabor dulce y amargo inundó mi boca, mi atención se quedó en el líquido. Dios… Ese pequeño placer me sorprendió, había probado el chocolate pero esto es simplemente… diferente. —”Bien, por ejemplo una fogata debe de ser algo que no se detecte”— escuché la voz lejana de Haymitch. Fogata, que no se detecte. —"Primero, nunca uses madera verde. Busca siempre la madera más seca, aquella que esté completamente muerta y sin rastro de humedad. La clave reside en el tamaño de la leña y una ventilación óptima"— tomé otro sorbo del chocolate. Es delicioso. —"Uhh, mi chica es lista, sin duda la madera de una campeona"— Effie comenzó aplaudir de la nada sacándome de mi trance. ¿Qué? Miré a Haymitch con una ceja levantada mientras asentía levemente. Y por último Mellark con esa sonrisa aún más grande. Oh… Regresé mi atención a mi comida intentando pasar desapercibida. Solo le estoy dando municiones. —"Primero da un consejo digno de una carrera y después se avergüenza… dulce"— Haymitch tomó la botella para servirse más en su copa. —"Entonces, después de clases de fogatas 1-1 con Everdeen"— agregó tomando un trago. —"¿Quieren entrenar juntos o por separado?"— su mirada se clavó exclusivamente en mí. ¡Separados! Me mordí la lengua para no gritarlo. Si entrenamos por separado evitaría que supiera más sobre mis habilidades… pero si entrenamos juntos yo podría aprender más sobre él. ¿Qué sería mejor? Él es peligroso de eso no tengo duda pero que tan— —"Por mí no hay problema en entrenar juntos"— él tomó un gran trago de su vaso como si nada. Espera, espera, yo— —"Después de todo, ¿quién más podría enseñarme a hacer fogatas sin humito?"— sin pensarlo, le lancé una servilleta hecha bola, solo para ganarme una sonrisa burlona de su parte. ¡Cállate! La mirada de Haymitch se centró completamente en mí, esperando mi respuesta. Mi mente procesaba con rapidez las ventajas y desventajas de aceptar o no. Tal vez sea la única forma de encontrar una debilidad. ¿Pero porque no veo duda en él? ¿Cuál es su plan? —"Por mi parte también está bien"— sentencié, intentando restar importancia a la cuestión. Espero no haberme equivocado. —”Excelente ¿en qué son buenos?”— su pregunta fue un golpe directo a mi estómago. Espera no pued— —”Primero las damas”— Mellark me señaló recargándose más sobre su silla. Todos los ojos se posaron sobre mí. Trague en seco… ¿Qué hago? ¿Qué digo? Miente. —”Sé encender fuego y conozco algo de plantas”— dije rápidamente sin mirar a nadie en particular. Los ojos de Effie se iluminaron como si hubiera revelado que sabía cazar y rastrear. ¿Demasiada información? Tal vez solo debía decir que sabía encender fuego. Haymitch sabe que cazo pero no creo que lo diga. Debe de entender que al menos eso me lo guardaré. —”Eso es un comienzo ¿y tú chico?”— apuntó con su copa a Mellark que se enderezó. Ja, lo más seguro es que mienta, que diga lo más obv— —”De todo”— me enderecé al instante mirándolo fijamente. ¿D-de todo? ¡¿Qué mierda significa eso?! —”Mmm… ¿Podrías ser más específico?”— Haymitch levantó su mano abierta. —”Cazar, encender fuego, armas blancas, armas de fuego, peleas cuerpo a cuerpo, rastreo, tecnología”— enumeró como si no fuera nada. Él… Yo… Sus ojos azules se centraron en mí, y sonrió para levantar la mano con un dedo extendido. —”Eso sí, casi no sé nada de plantas más allá de las que puedo y no puedo comer, así que estoy en tus manos”— mi mano se cerró sobre la servilleta. Maldito. —”Okay eso significa que sobre ti caerá la mayoría de acciones dentro de la arena”— mi cabeza dio un latigazo para ver a Haymitch que parecía ver a la nada. ¿Dentro de la arena? —”Espera ¿a qué te refieres?”— me levanté con las manos sobre la mesa. —”Son un equipo, acabas de decir que quieres entrenar con él”— me señaló acusadoramente. Pero yo no pensé que… Pero… Me senté nuevamente, intenté calmarme. Si es verdad todo lo que dijo sería mejor formar equipo con él. Al menos así tendría una oportunidad. Haymitch simplemente asintió, su rostro endureciéndose mientras apuntaba con su dedo a la mesa. —"En un par de horas llegaremos al Capitolio. Una vez ahí, se encontrarán con sus estilistas y dejarán que ellos hagan su trabajo sin rechistar ni poner resistencia. ¿Entendido?"— se puso de pie para salir del comedor. Por ahora seguiría la corriente. —"¡Ohh, Cinna y Portia los van a amar!"— Effie se levantó con una pequeña sonrisa para seguir a Haymitch. Pude ver el cansancio en Effie, como si no hubiera dormido mucho anoche. Se veía más pálida de lo normal, y sus movimientos, aunque aún coordinados, carecían de su chispa habitual. ¿Qué había sucedido realmente entre Haymitch y Mellark durante la noche? La escena me dejó con un nudo en el estómago, la sensación de que se me escapaba algo crucial. Mis ojos se posaron en Mellark. Él, para mi sorpresa, ya me estaba mirando. No supe cuánto tiempo permanecimos así, en un silencio tenso, yo saboreando los últimos vestigios de mi "chocolate" y él, con esa servilleta hecha bola en la mano. Una sonrisa ladeada, casi imperceptible, se dibujó en sus labios. —"Sabes, esto"— levantó la servilleta. — "Me dio una idea. Una gran idea"— un escalofrío me recorrió. Se puso de pie con una agilidad sorprendente y comenzó a caminar en sentido contrario a Haymitch y Effie. Lo observé, la servilleta aún en su mano y mi mente se aceleró. Mis instintos se agudizaron, advirtiéndome que con él, nada era lo que parecía. Era un enigma andante, un actor. —"¿Vienes?"— se detuvo en la puerta para mirarme. ¿Ir? Miré por dónde desaparecieron Haymitch y Effie donde estaba mi habitación y regresé a él que se recargó en la puerta. Dejé la taza vacía sobre la mesa, el chocolate ya una mancha oscura en la cerámica. Puedo con esto. Lo seguí, igual que ayer, y de la misma manera, mi mirada se centró en su gran espalda. Los músculos se marcaban bajo la tela de su camiseta verde olivo, y no supe si era porque le quedaba pequeña o simplemente era normal. Sacudí la cabeza. Llegamos a una puerta doble y enorme, de madera pulida, que se abrió con un suave empujón de Mellark. —"Esta es la sala recreativa"— comentó. ¿Recreativa? La sala era colosal, un salón de al menos tres vagones completos. Estaba inundada de objetos extraños. Al frente una mesa lisa y enorme con agujeros en las esquinas, donde un triángulo perfecto de esferas de colores brillantes. Más allá, en cada lado había máquinas con pantallas que destellaban con luces y emitían sonidos extraños. Y al final, una mesa larga y lisa, dividida por una red diminuta, con unas paletas ligeras y pelotas dispersas. ¿Qué es todo esto? En casa el único juego que conocíamos era con botellas, palos y piedras. Me acerqué a la mesa con las esferas de colores. Pasé un dedo por la superficie lisa de una bola, fría y pesada. ¿Para qué será esto? En el distrito, cada objeto tenía un propósito, una función práctica. Esto, en cambio, parecía puro capricho. Luego me moví hacia las máquinas ruidosas. Eran una explosión de colores y sonidos, mientras unas figuras bajaban lentamente. Entonces, el ruido de algo golpeando la mesa me llamó la atención. Era Mellark. Estaba parado en la mesa del fondo, sosteniendo algo rojo mientras botaba una pequeña pelota blanca en la superficie lisa. Una sonrisa burlona se extendía por su rostro. —"Entonces, Everdeen, ¿me concederías el honor de un juego?"— me lanzó otra cosa roja parecida a la de él. La atrapé en el aire, sintiendo la ligereza del objeto en mi mano, y me quedé congelada. ¿Cómo? Estamos a nada de llegar al capitolio y él… ¿Quiere jugar? —"¿Cómo podrías jugar en nuestra situación?"— deje de mirar la cosa de madera para mirarlo a él. Me encontré con su sonrisa, más amplia ahora. —"Sabes, si algo me ha enseñado la vida es a disfrutar los pequeños momentos antes de la oscuridad"— camino al otro lado de la mesa. —"Porque ponte a pensar, ¿qué vas a hacer durante las dos horas que faltan para llegar al Capitolio? ¿Quedarte pensando en todas las horribles posibilidades? Haymitch ya nos dijo lo que pasará, ¿no? Vamos, Katniss, vive el momento. Salte de tu mente un rato"— se recargó en la extraña mesa. —"Recuerda: no se trata de llegar al destino, sino de disfrutar el viaje"— agregó antes de rebotar la pelota en la mesa. ¿De qué me serviría matarme pensando? ¿Espera y si es una trampa para hacerme perder el tiempo? No, eso no tiene sentido… él está aquí también. Me acerqué a la mesa, sintiendo el peso de la cosa roja en mis manos. —"Okey, está bien, dime cómo funciona"— tomé la madera con ambas manos levantándola. Él con una tranquilidad que me resultaba extraña, comenzó a explicarme las reglas. El juego de la paleta y la pelota, el "ping-pong" como lo llamó, no era tan complicado como pensé. Es como el rebote de la escuela que Prim solía jugar… Había una mesa, una pequeña red, y el objetivo era golpear la pelota para que el oponente no pudiera devolverla. Sencillo. Al comienzo, me superó completamente. Sin embargo, no me humillaba. Al contrario, parecía buscar que los rebotes duraran lo máximo posible. ¿Para qué quería eso? En mi mundo, la eficiencia era la clave; si había una presa, la capturaba. Si había una meta, la alcanzaba directamente. ¿Por qué prolongar algo? Era mejor ir directo al punto, ¿no? Así que, impulsada por mi instinto competitivo, comencé a ir a por todas. —"Oh vamos, intenta disfrutar, no se trata siempre de ganar"— soltó de repente, interrumpiendo mi concentración, mientras recogía la pelota en su mano. ¿Disfrutar? El juego era sobre los puntos, sobre quién ganaba, sobre quién perdía. A menos qué… Para él, lo divertido del juego no eran los puntos en sí, sino el duelo, la prolongación de la interacción. Con un suspiro, cedí. Comencé a jugar de otra manera, permitiendo que los intercambios se extendieran un poco más antes de intentar conseguir el punto. No supe cuánto tiempo pasó, pero cuando menos me di cuenta, mi mente se había quedado absorta en el juego. Cada punto, cada error, se sentían importantes, y la emoción comenzó a burbujear en mi interior… —"¡Gané!"— resonó en la sala, llenándola mientras giraba con mis manos arriba en señal de victoria. ¡En tu cara Mellark! Me detuve en seco cuando mis ojos se encontraron con los suyos. Pensé que estaría molesto o decepcionado… Ahí, bajo el ruido de las máquinas y mi baile de victoria, él solo estaba sonriendo. ¿Pero…? Mordiéndome el labio, solté un —"¿Qué?"— su sonrisa solo se volvió más grande, y negó con la cabeza antes de posar sus ojos en mí otra vez. —"Nada, nada…"— hizo una pequeña pausa. —"... Solo disfruto de la vista"— giro la paleta en su mano sin dejar de sonreír. Y ahí estaba esa… punzada de calor en mi rostro. Estaba a punto de replicar, de exigirle una explicación. —"Estamos a 5 minutos del Capitolio"— la voz robótica resonó por los altavoces Se terminó. —"Será mejor ir con Haymitch y Effie"— dejo la paleta en la mesa. Las palabras sonaron extrañas, casi ajenas, después del juego y mi victoria. Antes de irme, volteé a ver la mesa y las paletas cruzadas sobre ella. Fue… divertido. El juego no me había dado comida ni seguridad, pero sí un respiro. Ya cuando llegamos, la escena en la sala era diferente. Haymitch estaba con una taza humeante en sus manos, el vapor ascendiendo, mientras Effie, observaba algo en un dispositivo con pantalla. El cabello de Haymitch estaba peinado hacia atrás, su ropa sin arrugas, como si el alcohol que lo había consumido hubiera sido borrado por arte de magia. —"¿Y quién ganó?"— Effie levantó su vista. ¿Eh? —"Fui a buscarlos para decirles que ya faltaba poco para llegar, pero cuando llegué los encontré tan entretenidos que preferí dejarlos un rato más y avisarles por los mecanismos de anuncio del tren"— no pude evitar un ligero sonrojo. Tan absorta estaba en el juego. —"Cuando llegaste estábamos en empate. Después de eso, ella anotó el punto final, destrozando mis esperanzas de ser un jugador profesional"— Mellark tomó una fruta. —"No me digas, ¿te dejaste ganar?"— oí el murmullo de Haymitch sobre su taza. ¿Dejarse ganar? Mellark actuó como si no hubiera escuchado nada, ignorando por completo el comentario, lo que solo aumentó mi confusión. Sin previo aviso, pasó su brazo por mis hombros. Estaba a punto de decirle que me soltara, de apartarlo con un empujón, pero mis palabras murieron en mi boca cuando la vista del Capitolio se reveló ante nosotros. Permanecí en silencio, mirando los edificios tan extraños y altos. —"El Capitolio, donde los lujos y el glamour lo son todo, y aquellos que no estén de acuerdo se pueden pudrir en una celda"— su mano me soltó. Celda… ¿A qué se refiere? Me quedé en silencio, respirando el aroma a canela que se desprendía de él. Se alejó unos pasos de mí cuando entramos a la ciudad por fin. Él simplemente señaló hacia la ventana. —"Saluda y sonríe un poco"— aconsejó. ¿Saludar? Mi mirada se centró en la ventana otra vez, y comenzaron a aparecer las personas, una marea de rostros en la que cada uno parecía competir por la extravagancia. Colores chillones, tejidos imposibles y peinados que desafiaban la gravedad. Irreal. Pero lo que más me impactó fueron sus sonrisas. Parecían máscaras de felicidad. —"El chico tiene razón, podría haber alguien rico entre todos ellos"— soltó Haymitch. Comencé a levantar mi mano de manera robótica para saludar, y forcé una sonrisa pequeña. Sentía mi mandíbula apretada, el esfuerzo por mantener la expresión de cordialidad era agotador. Y al instante, la multitud, una masa de colores y voces, comenzó a gritar más fuerte, coreando mi nombre. Espera… Me detuve, el brazo suspendido en el aire. ¿Por qué Mellark no hacía lo mismo? Mi mirada regresó a él. Se había sentado en la mesa, con la mirada perdida en algún punto del techo. —"Bien, ahora bajaremos, y como ya les dije, irán con sus estilistas. Deben dejarlos hacer su trabajo sin rechistar ni poner resistencia. ¿Entendido?"— Haymitch se puso de pie, su voz no admitiendo réplica. Asentí con la cabeza, mis labios apretados en una línea fina. Mellark solo resoplo. Acto seguido, Haymitch se puso en marcha, siendo seguido por Effie, Mellark y yo. El tren redujo su velocidad, el chirrido de los frenos y un anuncio de llegada. Los gritos de la multitud exterior se hicieron más nítidos. Locos. Pero cuando la puerta del tren se abrió, lo primero que vi no fue personas gritando, sino una línea de agentes. ¿Escoltas? Eran tres, erguidos y rígidos como estatuas de cemento, sus uniformes impecables y sus rostros severos, uno con una hombrera de color carmesí que contrastaba con el blanco puro de su traje. —"Mellark, acércate dos pasos"— el de la hombrera lo señaló. Mellark hizo lo que le pidieron sin vacilar. Claro después de todo es un convi— ¡THUD! El agente golpeó brutalmente su estómago, parpadee ante el golpe. Él se dobló, cayendo de rodillas, el aire escapando de sus pulmones en un quejido ahogado. La multitud, esa misma masa de personas que un segundo antes coreaba mi nombre, estalló en un grito de aprobación. “¡Si!”, “¡Te lo mereces bastardo!”, “¡Dale otro no pude tomar foto!”, “¡No, me lo perdí!” ¿Qué les pasa? Los otros dos agentes lo tomaron de los brazos, torciéndolos con una fuerza excesiva, más de lo normal. Esperen— Comencé a estirar mi mano, la mano fuerte de Haymitch me detuvo. Su agarre fue firme, y su mirada, fija en mis ojos, me dijo claramente que no. Los agentes comenzaron a esposarlo para levantarlo rápidamente. El collar de su cuello se desactivó con un ¡Clic! Por un instante, pensé que lo liberarían. Pero el agente líder lo volvió a golpear en el estómago, generando una nueva ola de gritos. Luego, con una seña apenas perceptible de su cabeza, ordenó que se lo llevaran. Lo vi caminar mientras lo arrastraban, intentando recomponerse del segundo golpe, su espalda recta a pesar del dolor. No entiendo. La multitud lo abucheaba y tiraba cosas. Y entonces, lo metieron en un auto blanco con los símbolos del capitolio grabados en los costados. —"Hay que seguir, los encontraremos con los estilistas"— Haymitch me dio un leve empujón para continuar hacia otro auto negro. Comencé a caminar, mis pasos pesados. Mi mente estaba con Mellark. ¿Qué había hecho? ¿Por qué lo odian tanto? El auto negro nos esperaba, Effie y Haymitch entraron primero, sus movimientos mecánicos. Me debatí. Quería preguntar, gritar, exigir respuestas. Qué había pasado con Mellark, qué había hecho. No importa. No debería… El silencio era opresivo, pesado. El auto se detuvo con un suave deslizamiento, y la puerta se abrió revelando un pasillo. Antes de siquiera bajar, mi mirada se encontró con la de Effie. Solo sonrió. Haymitch por su parte, se mantuvo en silencio, sus ojos fijos en el frente, pero justo cuando mis pies tocaron el suelo, su mano se extendió con rapidez, tomando mi codo. ¿Ahora qué? —"Solo sigue lo que dicen y no te preocupes por el chico y no hagas preguntas sobre él"— sentenció soltándome. El lugar, en su interior, era un laberinto de pasillos y salas. Fui guiada a través de puertas corredizas que se abrían con un siseo casi inaudible. Finalmente, llegamos a una puerta que se abrió para revelar un espacio diferente a todos los demás. Una habitación luminosa y nítida, cuyas paredes reflejaban una luz suave. En el centro, una silla reclinable. A su alrededor, sobre mesas de cristal pulido, se alineaban herramientas y frascos. ¿Qué es todo esto? Fue entonces cuando lo vi. Él estaba ahí, parado frente a la silla, observándome. Supongo que él es mi estilista. Su cabello negro azabache, casi tan oscuro como el mío, enmarcaba un rostro con rasgos sencillos, desprovistos de las excentricidades y las deformaciones que había visto. Llevaba una chaqueta de un gris oscuro y unos pantalones a juego. Mis ojos se encontraron con los suyos, él torció la boca entrecerrando la mirada. —"Por favor, siéntate"— me indicó, su voz era dulce. Demasiado… Obedecí, hundiéndome en la suavidad de la silla. El proceso de preparación comenzó. Tres mujeres, con rostros inexpresivos, casi como estatuas de cera, se acercaron a mí. Sus movimientos eran precisos, metódicos. Esperen, no… Pasaron a desvestirme completamente, mi rostro se puso rojo, pero dejé que continuaran. Recordando lo que dijo Haymitch. La primera tomó mis manos con una delicadeza que me pareció ajena a su frialdad, las untó con algunas cosas que desconocía. ¿Flores? Sus dedos hábiles limaron mis uñas, eliminando el rastro de tierra y carbón que siempre las había adornado. La segunda se dedicó a mi cabello. Desenredar los nudos. Luego lo lavó. ¿Más flores? La tercera mujer se dedicó a mi cuerpo. Me sentía expuesta, vulnerable, como… Un animal, siendo preparado. Intenté mantener mi mirada fija en un punto, cualquier punto, para no ver sus rostros inexpresivos, para no sentir la vergüenza que me invadía. Cuando terminaron, me miré en el espejo que el estilista deslizó frente a mí. ¿Soy… yo? La cazadora, la chica que luchaba por sobrevivir, se había desdibujado bajo capas de lo que sea que fuera esto. Sentí una punzada de pérdida, una sensación de que me habían robado algo esencial, algo que me hacía ser yo. Fue entonces cuando él me mostró un traje, de un tejido negro que parecía absorber la luz. —"Esto te hará arder"— dijo, con una sonrisa enigmática en sus labios. ¿Arder? Mi instinto me decía que el fuego era peligro, destrucción. Esto no era para mí; es para ellos. Si esto me daba una ventaja, si me hacía parecer memorable, si atraía la atención de esos ricos que podrían lanzar un salvavidas en la arena. Tengo que hacerlo, por Prim y mamá. —"¿Y Mellark qué usará?"— apreté el extraño traje cuando la pregunta se me escapó. —"Es mejor no preocuparse por 'él', solo concéntrate en ti misma, ¿sí?"— dijo, me encontré con sus ojos serios. Es verdad. Recordé la mirada de advertencia de Haymitch en el auto, su orden de no hacer preguntas. Me obligué a tragar saliva, a mantener mi compostura. Preferí seguir jugando el juego, al menos por ahora, y solo asentí con la cabeza ~Especialmente no en ese... demente~ La voz de Gale, resonaba en mi cabeza, una advertencia. No puedo confiar en él… debo… Pero entonces, mis pensamientos regresaron al tren. Las frutas dulces y jugosas que habíamos comido, el chocolate caliente que me había ofrecido, el "ping-pong", ese juego que me había hecho sentir viva y competitiva por primera vez en mucho tiempo. No, no, solo es un engaño… me quiere usar. —"Bien, estás lista. Te ves hermosa"— comentó el estilista con esa calma suya. Me guió hacia un punto específico para ponerme el traje. —"Ahora te preguntarás cómo funciona esto"— señaló mi atuendo con un gesto elegante. Se acercó a una mesa y tomó un palo delgado con una base extraña al final. —"Normalmente, el atuendo del Distrito 12 solía tener que ver con las minas, con los trajes de mineros. Pero Portia y yo creímos que era adecuado darle una vuelta a esa idea y concentrarnos no en cómo se extrae el producto, sino en el producto en sí: el carbón"— así que él es Cinna. —"Con esto"— continuó, levantando el palo. — "Encenderemos el traje. Y no, no te asustes, es fuego de mentiras. No te quemarás ni sentirás un calor abrasador, solo una pequeña brisa en tu espalda, como un susurro del viento"— sentí un nudo en el estómago. Fuego. —"Quisimos extraer todo el poder del carbón, su esencia más pura. Así que el plan es que tu traje, cuando llegues al final del recorrido, sea blanco como un carbón normal, pero no un carbón cualquiera, sino un carbón incandescente, blanco por la intensidad de su ardor, representado completamente el producto en su estado más potente"— sentenció de manera simple, sonriendo. Me miró, esperando mi reacción, mi aprobación. Mi mente procesaba cada palabra. El fuego como espectáculo, el carbón transformado. Una forma de ser vista, de ser memorable, de atraer esos patrocinios que Haymitch había mencionado. ¿Miedo tenía por prenderme fuego? Sí. Una punzada de terror recorrió mi estómago al imaginarme envuelta en llamas, incluso si eran "de mentiras". Aún así tengo que hacerlo. Así que, con un esfuerzo que tensó cada músculo de mi rostro, forcé una sonrisa pequeña, siguiendo la directriz de Haymitch: solo sigan la corriente. Al final una parte de mí se preguntó cómo estaría Mellark.Entre Luces Falsas y Miradas Genuinas
12 de septiembre de 2025, 2:32