Capítulo 6: Caras conocidas
(POV Peeta) El aire se me escapó de los pulmones en un quejido ahogado. Malditos. El primer golpe, seco y brutal, no fue una sorpresa, no realmente. Lo había esperado. Pero esta vez, el impacto de la culata del arma del agente contra mi estómago me dobló, una punzada de dolor que se extendió por todo mi abdomen, haciéndome caer de rodillas. ~¿Eso es todo chico de oro?~ ¡Cállate! El silbido de los gritos de la multitud solo fue eso, un silbido lejano. Escupí un poco en el piso, sintiendo subir el almuerzo a mi garganta. Al instante, sentí manos rudas aferrarse a mis brazos, torciéndolos con fuerza, más de lo normal. Los otros dos agentes, con sus rostros severos y sus uniformes impecables, me levantaron con brusquedad. El collar de mi cuello se desactivó con un sonido sordo. Al menos no estaré en todas partes… Sabía que estos agentes no eran los habituales. Nadie manda a un agente en jefe, a menos que sea algo importante. Esto debe ser obra de— ¡THUD! La culata volvió a golpear mi estómago, un segundo impacto que me hizo tambalearme de nuevo. Comenzaron a caminar, arrastrándome, me erguí… esto no era nada. Solo un calentamiento. Pero… Busque a Katniss con la mirada hasta encontrarla siendo sostenida por Haymitch. Al menos ella estaría bien. La multitud continuaba abucheándome y tirando cosas. El sentimiento es mutuo. Me empujaron sin miramientos hacia un auto blanco, inmaculado y brillante. Mi visión, aún borrosa por los golpes recibidos, apenas distinguió los símbolos de los Agentes de la Paz en los costados antes de que la puerta se cerrará con un clic sordo. El motor rugió y el vehículo se puso en marcha. El dolor bajó con cada respiración, necesitaba mentalizarme para lo que vendría una vez que el auto parara. El hijo de perra estaría esperándome y no sería lindo. El auto se detuvo. La puerta se abrió, revelando una entrada sin lujos, un pasillo estrecho y oscuro. Al bajar, mi mirada se posó en el agente que me había golpeado. Estaba de pie, su rostro inexpresivo, mientras un sujeto le entregaba una pequeña bolsa de tela. Espero que valiera la pena. Fui arrastrado por un laberinto de pasillos fríos y silenciosos. Mis ojos intentaron registrar cada detalle, cada rincón, buscando una salida, una debilidad en el sistema. Debe de haber algo. Finalmente, me empujaron a una habitación. No era una celda como las de la prisión, sino una sala blanca, con un par de cadenas que bajan del techo. Mierda… Me alzaron con brusquedad, y mis muñecas fueron atadas, dejándome suspendido, los pies apenas rozando el suelo, para después atar mis pies al suelo, dejándome inmóvil. Esto será entretenido. Sentí un hormigueo en el cuello, el collarín nuevamente activo. La puerta se abrió con un suave siseo. Odio tener razón. Mi corazón comenzó a latir con una fuerza dolorosa contra mis costillas. Comencé a tirar lentamente de las cadenas raspándome las muñecas. Unos ojos azules, fríos y calculadores, se posaron en mí, un brillo de satisfacción. —"A mí también me da gusto verte"— soltó él. ¡CRASH-CLANG! Intenté lanzar mis manos hacia enfrente para tomarlo y romperle el maldito cuello, ahogando un rugido. Mi mirada clava enteramente en él. Estás muerto hijo de— Con un movimiento rápido, me tomó del cabello y lo estiró hacia atrás. Fue cuando volví a ver esa marca en su ojo izquierdo, esa cicatriz blanquecina que se extiende desde su ceja hasta la mejilla. Flashback —"¡¿Q-qué, q-qué, hiciste?!"— sus ojos, completamente abiertos. La luz de la luna, colándose por la ventana empañada, apenas iluminaba el desorden. —"Lo que debía"— lo mire fijamente, pasándome la mano por la boca intentando calmar mi respiración. Las palabras no eran para él, eran para mí, para recordarme la justificación de mis actos. El cuchillo, aún en mi mano, brillaba bajo la escasa luz. No pude evitar una sonrisa, una mueca amarga y desafiante. Me lancé hacia él con una velocidad que no esperaba. Su grito, un sonido agudo y lleno de dolor, llenó la noche cuando la hoja rozó su ojo. Fin de Flashback Me soltó con un empujón. Se dio la vuelta, sus pasos resonando en la habitación mientras caminaba de un lado a otro. ¡Venga a lo que vienes! —"No sabes cuánto he esperado este momento"— se giró para verme de nuevo, sus ojos azules ardiendo. —"Pero sé que hay algo más. Siempre lo hay contigo"— añadió, golpeándome con su dedo en la mejilla. Lancé una mordida de la cual escapó fácilmente. La preocupación por Katniss se anidó en mi pecho. No puedo dejar que lo sepa. Le sonreí con desafío. Vi la chispa de enojo en sus ojos al verme así. —"¿Qué te tiene tan contento, Peet?"— siseó, usando el apodo de la infancia. La sonrisa se amplió, mostrando mis dientes. —"Nada, nada. Es solo que, si me quisieras muerto, ya lo estaría. Pero papito Snow no te deja, ¿cierto? Sigue manteniendo la correa en tu cuello como lo hacía con nuestro padre"— las últimas palabras salieron con veneno. ¡¿Verdad Bran?! ¡SMACK! Mi mirada borrosa solo confirmó: había tocado una fibra. —"¡Cállate, no sabes nada!"— replicó Bran, su voz un rugido contenido. ¡THUD! ¡HURK–GHHK! El suelo se manchó al instante. ¡SMACK! ¡SMACK! ¡CRACK! … La nariz me sangró, el hilo cálido de la sangre se unió al sudor. Mi sonrisa no se borró; ahora, adornada con mi propia sangre. ¡GHRK—PTHU! Escupí en sus zapatos. Espera necesito esa muela… —"Sigues siendo la misma basura, Bran. Un niño a las órdenes de otros. Siempre bajo la sombra de papá, y ahora de Snow"— expulsé la sangre atorada en mi nariz. Lo vi tensarse, la vena marcada en su cuello. Sin decir una palabra más, con un movimiento tan brusco como su temperamento, se quitó el saco impecable de su traje y comenzó a remangarse las mangas de la camisa. Por fin seriedad. —"Me encanta cómo te haces el rudo, creo que la prisión te hizo mucho bien. Te estás convirtiendo en el hombre que mamá siempre quiso"— me vio fijamente. ¿...Madre? ¡CRASH-CLANG! Me retorcí con desesperación, intentando en vano soltarme de las ataduras. —"¡Cobarde! ¿Por qué no me bajas de aquí y así vemos quién es el hombre de verdad?"— le grité con toda la bilis que pude reunir, mi voz ronca por el esfuerzo. Pedazo de— ¡TUK! ¡TUK! ¡TUK! Mis costillas ardieron con un dolor punzante. —"Si por mí fuera"— sacó una navaja adornada de su cinturón. —"Te mataría aquí mismo, pero los Juegos deben continuar"— sentí la punta fría de la cuchilla en mi cuello. Un escalofrío me recorrió hasta la médula, y comenzó a bajar lentamente por mi pecho. Mis ojos se mantuvieron fijos en los suyos, desafiantes, intentando no ceder, pero flaqueé cuando la hoja, con una presión lenta y deliberada, comenzó a cortarme. Sentí la sangre brotar, tibia y pegajosa, y el ardor se extendió por mi piel. —"Debería escribirte 'TRAIDOR' en el pecho y mandarte así a los Juegos, ¿qué te parece?"— la presión más. La respiración se me descontroló cuando comenzó a mover la navaja. Sentí cómo intentaba formar la letra 'T' en mi pecho. ¡THOK! Él se llevó la mano a la frente, una sonrisa ladeada, casi una mueca de aprobación, se dibujó en sus labios. —"Todo un guerrero"— se pasó la lengua por los labios. Me señaló con la navaja, aún manchada. —"Sabes, siempre quise ir a visitarte, y pasar tiempo de 'caridad' contigo, verte sufrir de cerca, pero Snow nunca lo autorizó. Y mi maldita pregunta sigue siendo: ¿Por qué? ¿Qué demonios vio en ti, Peeta, que te hiciera digno de una segunda oportunidad, de una segunda vida?"— sus ojos, antes fríos, ahora brillaban con una intensidad desquiciada. El hedor a menta me golpeó de lleno. —"Entonces recordé lo que decía papá"— susurró. —"Snow es inteligente, hijo, pero siempre tendrá el mismo problema: tiene la mala costumbre de obsesionarse con una sola cosa, pensando que si resolvía un solo problema, solucionaría los demás"— colocó el cuchillo en mi garganta. ¿Obsesión…? El ruido metálico y distante sonó con insistencia, como un gong. Bran detuvo su mano a regañadientes, maldiciendo en voz baja. Tic-toc. Idiota. Se dio la vuelta con un movimiento brusco, recogió su saco impecable del suelo, como si no hubiera hecho más que detenerse para un descanso, y se lo puso con una brusquedad. —"Lástima, se acabó el tiempo"— sacó un pañuelo para limpiarse la frente de mi sangre. —"Pero créeme, Peeta, pondré cada centavo que tengo, cada pizca de mi influencia, en hacerte la vida imposible en esa arena"— tomo mi rostro con brusquedad. ¡¡SMACK!! —"Pero por ahora, miraré tu 'triunfal' entrada"— su voz sonó lejana. —"Felices juegos, hermanito"— vi de reojo la puerta abrirse, sacudí la cabeza intentando no perder la conciencia. Me quedé allí, suspendido en las cadenas, la sangre tibia goteando por mi cara. No tuve tiempo de pensar en nada más, escuché el eco de pasos firmes acercándose, y el blanco de varios agentes inundó la habitación. Round dos… Sentí la presencia de uno detrás de mí, luego un brazo fuerte rodeando mi cuello, y lo último que vi fue una culata de arma acercándose a mi rostro… … … ¿Pero qué demonios…? ¡Katniss! El frío me despertó de golpe. No en mi cama, no en la quietud de una celda conocida. Estaba en el suelo. Bran… Sentí el áspero contacto de una cadena en mi cuello. Mis piernas y brazos estaban encadenados. Mis pies, descalzos. ¿Ahora qué? Llevé mi mirada por la cadena de mi cuello, siguiendo su rastro hasta el final, donde, para mi horror y sorpresa, estaba atada a un asno. No… me jodas. Un ruido ensordecedor me golpeó, una cacofonía de gritos y abucheos que venía de algún lugar. ¿Por qué a mí? Y entonces, la voz que conocía tan bien, resonó por los altavoces, fuerte y clara. —"La justicia es algo fundamental como los mismos Juegos del hambre"— las enormes puertas de metal se abrieron con un ruido atronador, revelando una luz cegadora que me hizo entrecerrar los ojos. El ruido regresó, miles de voces coreando "¡Asesino!", "¡Traidor!", "¡Monstruo!". El burro comenzó a caminar lentamente, arrastrándome. La cadena tensa en mi cuello me asfixiaba, obligándome a seguir su paso, a arrodillarme ocasionalmente cuando mis piernas cedían. Mantuve la cabeza agachada, mis ojos fijos en el suelo, las gotas de sangre que caían de mis heridas, dejando un rastro. Los golpes comenzaron a llegar: botellas de vidrio, piedras y proyectiles de odio lanzados por la multitud eufórica. ¡CRASH! Paré en seco intentando no caer, sentir la sangre bajar por mi cabeza. Mi mirada en los fragmentos de vidrio en el suelo. ~¡Aún no es suficiente sigue Mellark!~ Una descarga me recorrió como la voz de Vander obligándome a continuar. No supe cuánto avancé, el tiempo se distorsionaba a mi alrededor, pero de repente, el burro se detuvo. —"¡Peeta!"— el gritó llegó a mis oídos. ¿Quién…? Me obligó a levantar un poco la vista, y entonces, a través de la neblina de mi dolor, la vi a ella. Katniss. Estaba allí, en el estrado con Effie, Haymitch y dos personas desconocidas. En ese instante, todo se detuvo. Los gritos de la multitud, el dolor de las heridas, la humillación... todo desapareció. Está bien… Solo escuché la lluvia en el paraguas una vez más, el sonido de la lluvia de aquel día… Aparté la vista de ella. Apreté los dientes, sacudí la cabeza arrastrando mi pie hacia delante. —"¡Ciudadanos del Capitolio, tributos de los distritos!"— una voz resonó con fuerza. ¡Cállate! Arrastré mi otro pie. —"Hoy, en esta inauguración, presentamos un ejemplo viviente de reivindicación, de cómo los Juegos del Hambre son más que un mero espectáculo; son una herramienta moral, un camino para que incluso aquellos que se desviaron de la senda, aquellos que son 'convictos' como nuestro valiente Peeta Mellark, puedan redimirse y volverse útiles para la sociedad"— la voz continuó… ¡Silencio! Mi pie tembló, sentí el cuerpo pesado. —"Así que por ese motivo yo el Presidente Snow hace pública esta muestra de misericordia por sus garrafales errores al otorgarle el perdón por sus actos graves en contra del Capitolio como muestra de celebración por el Vasallaje de los 25, solo otorgándole la Marcha de la Deshonra y que la suerte siempre esté de su lado—” ¡CRASH-CLANG! —”¡¡CÁLLATE!!”— rugí tomando la cadena de mi cuello y tirando de ella ya completamente fuera de mi. Suerte viejo de mierda. ~Muévete Mellark~ ¡Suerte! ~¡Ahora!~ ¡¡Quieres ver suerte!! ¡PTHU! Escupí comenzando a caminar mi respiración errática. Mi mirada fija en el animal. ~¡Sigue!~ Sí. ~¡No pares!~ ¡No! Finalmente, mis piernas flaquearon, mi cuerpo cedió. Caí de rodillas justo en la entrada. ~Nada mal~ Cállate… Justo cuando las enormes puertas se cerraban a mis espaldas. Los oídos me pitaban con fuerza. Sentí el hilo cálido de la sangre escurrir por mi mejilla, desde la nariz, la ceja y la cabeza. Mi respiración era un jadeo fuerte y descontrolado, un intento desesperado por aferrarme al aire que se me escapaba. La visión, borrosa y distorsionada. ¿Qué es eso…? Eran voces, pasos apresurados. Y luego, a través de la niebla de mi conciencia, vi a Haymitch. Detrás de él, Effie, Katniss y dos figuras desconocidas. Haymitch, con una agilidad sorprendente se arrojó directamente frente a mí. Sus manos, extrañamente firmes, intentaron contener la sangre que bajaba incesantemente por mi cabeza. Effie llegó un instante después, su voz agitada rompiendo el zumbido en mis oídos. —"¡Las llaves, necesito las llaves de las esposas!"— pero lo que no esperaba, fueron las manos de Katniss sobre mi rostro. Su mirada, llena de una preocupación genuina que me pareció ajena, fue lo último que vi antes de que la oscuridad me engullera por completo.Caras conocidas
12 de septiembre de 2025, 16:45