Capítulo 7: Fuego en el alma
(POV Katniss) El aire en la sala de espera era denso. Mi corazón latía con fuerza, mi mirada perdida no sabía cómo sentirme. Solo… tengo que salir y es todo. Había ensayado mis movimientos una y otra vez en mi cabeza: la barbilla en alto, los hombros hacia atrás, una expresión estoica, una pequeña sonrisa que esperaba fuera amable. Sí, como dijo Cinna. Aunque… ¿Realmente puedo fingir? Los murmullos del equipo de estilismo se mezclaban con el zumbido constante de las secadoras y las risas. Cinna se movía a mi alrededor poniéndome los nervios de punta, sus manos terminando de retocar mi vestuario. ~[…] Vamos, Katniss, vive el momento~ Sacudí la cabeza intentando sacar su voz de mi cabeza. Lo que él diga no era importante, solo… debo hacer lo que me digan. Es todo. Y con ese pensamiento, en mi mente, finalmente llegó el momento. La gran puerta se deslizó con un silbido metálico y el brillo cegador de los focos me molestó la vista. Entré al vasto hangar donde se alineaban los carruajes. El rugido de la multitud ya se filtraba, un murmullo creciente que se transformaba en un estruendo ensordecedor. Todo estará bien. Mi carro brillaba con las llamas "falsas", parecía real. Pero… Mellark no estaba allí. ¿Qué? Mi mirada barrió el inmenso hangar, buscando su familiar figura rubia entre la marea de estilistas, asistentes y otros tributos… Mis ojos se posaron en cada rostro, en cada grupo, pero la silueta de él no aparecía. ¿Dónde está? La pregunta resonó en mi mente, me acerqué a los demás que hablaban entre sí. Espera no… importa. Mis ojos se clavaron en Haymitch, su atención fija en algo más allá de mí. —"¿Haymitch, qué está pasando?"— la pregunta se me escapó. Él me miró y algo se clavó en mi estómago por la preocupación en su mirada. —"No pasa nada, y recuerda lo que te dije en el auto"— soltó de manera baja, casi un siseo. ¿Lo que dijo? Me recompuse. —"Entonces, ¿cómo voy a hacer esto si no está él?"— torcí la boca sin dejar de mirarlo. —"Lo puedes hacer sola, dulzura. Eso es incluso bueno para ti, podrás llamar más la atención"— mencionó de manera tranquila, poniendo su mano en mi hombro. Es verdad tengo que concentrarme en mí. —"Sí, Katniss, procura preocuparte por ti misma esta noche, solo concéntrate en ti"— miré a Cinna que me mostraba una pequeña sonrisa. Mi mirada se posicionó en Portia, y regresó a Haymitch, el cual asistió también. A unos metros, Effie, con un aparato pegado a la oreja, hablaba frenéticamente. El rugido de la multitud retumbó incluso antes de que las enormes puertas de metal se abrieran con un chirrido ensordecedor. Me subí al carro, sintiendo la vibración del metal bajo mis pies, y me coloqué en mi posición, el corazón latiendo con una fuerza inusual. Por Prim y mamá. Cinna se acercó con el bastón de antes y, con una última mirada, encendió el fuego. Al principio, un sobresalto me recorrió, pero después de un segundo de solo sentir un leve viento extraño en mi espalda, me calmé. —"¡Lucete, mi campeona!"— escuché a duras penas el grito de Effie. Observé a los otros tributos: a lo lejos, en el carro del Distrito 2, pude distinguir a Finn, con una mirada vacía y un miedo apenas disimulado. ¿Qué estaría pasando por su mente? A su lado, Clove sonreía con una emoción casi desquiciada. Mis ojos se encontraron con los de Effie, que, aunque con una sonrisa para animarme, noté cómo aún sostenía el aparato en su mano. Cinna y Portia, a un lado, ambos con una sonrisa también. Le di un último vistazo a Haymitch mientras el carro avanzaba, y noté cómo Effie le decía algo en voz baja y él la encaró con una mueca. Algo se removió en mi estómago de manera automática; algo estaba pasando. Ignóralo… No es importante. Todo comenzó a ponerse en marcha con la salida del primer carro. Los gritos de la multitud se desbordaban, haciendo temblar el estadio. Al principio, me sentí incómoda, la sonrisa forzada en mis labios, los ojos fijos en frente. No puedo… Yo— —”¡Tú puedes, chica en llamas!”— la voz unida de Portia y Cinna fue lo último que escuché antes de que el carro comenzara a avanzar. Sí. Comencé a saludar, una pequeña sonrisa se forjó en mi rostro, y la gente comenzó a lanzar rosas; gritaron mi nombre una y otra vez. Mi traje cambió, dando paso a tonos blancos en algunas partes. Al verme en las pantallas gigantes que rodeaban el estadio, me di cuenta de lo diferente que me veía, como si fuera otra persona. Una máscara. El carro, con un suave chirrido metálico, finalmente llegó a la sección donde los tributos se separaban para la siguiente fase. Ya estaba más relajada, la adrenalina del desfile disminuyendo. Mis ojos, casi por inercia, se posaron en la plataforma donde se alineaban los otros carros. Fue entonces cuando mi mirada se cruzó con la de algunos tributos y en… Clove solo se llevó el dedo al cuello, mientras la chica rubia del carro 7 la copió. Genial. Una voz anunció al presidente de Panem que resonó por los altavoces, haciéndome fijar la mirada en el balcón. —"Distinguidos ciudadanos del Capitolio, tributos de los Distritos"— comenzó él con esa extraña dulzura en su voz. —"Hace mucho tiempo, Panem se alzó de las cenizas de un mundo en ruinas, forjando una sociedad fuerte, próspera y unida. Pero hubo un día en que la confianza se rompió, cuando la codicia se apoderó de algunos corazones. Los distritos se alzaron en una rebelión sangrienta, una guerra que asoló nuestra nación. El Capitolio prevaleció, sí, pero no sin un gran costo"— hizo una pausa, recorriendo todo el lugar con su mirada. —"Para asegurar que tal tragedia nunca vuelva a ocurrir, y para recordar a todos la oscuridad de esa época, hemos instituido los Juegos del Hambre. Un recordatorio anual de nuestra generosidad, a su rebeldía, y del precio que se paga por la paz"— apretó la boca viendo fijamente a la cámara. —"Así que, que comience el vasallaje de los 25, la edición 75º de los Juegos del Hambre"— sentenció, y la multitud, ya electrizada, estalló en vítores aún más ensordecedores. —"Pero antes de concluir, despidamos a nuestros amados tributos, para continuar con algo más..."— el carro comenzó a tirar nuevamente solo. ¿Más? ¿Es todo, no? Yo no aguanto más. El brillo de mi traje, ahora casi completamente blanco, seguía deslumbrando. Cuando el carro finalmente llegó a su lugar de detención tras ese inquietante recorrido, me bajé, ya más relajada, lancé un beso a la multitud eufórica, antes de que se cerraran las puertas. La reacción fue inmediata: dos hombres comenzaron a forcejear ruidosamente. Cinna ya me esperaba con un líquido para apagar el fuego de mi traje, ahora completamente blanco. Su rostro se iluminó con una sonrisa. —"¡Lo lograste, Katniss! ¡Fue asombroso! ¡Simplemente asombroso!"— Effie aplaudió con una energía desbordante. —"¡El efecto del fuego fue espectacular! Ni siquiera yo imaginaba que quedaría tan bien. ¡Brillaste!"— Portia tomó mi mano ayudándome a bajar del carro. —"Realmente les encantó. No solo por el fuego, Katniss... fue por ti. Los cautivaste"— Cinna me miró terminado de apagar las llamas. ¿Yo? Haymitch, por su parte, solo levantó su dedo en señal de aprobación. —"Es necesario que regresemos a nuestros asientos para poder ver el otro anuncio del que habló Snow"— un escalofrío me recorrió la espalda mientras Effie hacía señas para seguirla. ¿Qué podrá ser? Ya en nuestros asientos, el presidente Snow apareció de nuevo en las pantallas gigantes. —"Desde siempre, la humanidad ha perseguido el ideal de justicia, un concepto tan escurridizo como la niebla"— sentenció, su tono melódico. —"Pero la justicia, mis queridos ciudadanos, no es un absoluto inalcanzable. Es una resolución que requiere confianza, convencimiento de lo correcto. Por eso, la justicia es algo fundamental como los mismos Juegos del hambre"— levantó la mano para dejarla caer golpeando el atril. Unas enormes puertas se abrieron lentamente en el centro del estadio… Mis ojos se clavaron en la figura que emergió de la oscuridad. ¿Mellark? Pero no el del tren, ni el del balcón, ni el con quien había reído hace unas horas. Estaba encadenado a un asno, con su ropa manchada de sangre fresca. El rastro en su pecho, en su nariz, en su ceja, y la sangre fresca bajando por su mejilla magullada. Él… Tenía los pies descalzos, la gruesa cadena en su cuello se tensaba con cada paso del animal. Sus brazos, encadenados, y sus muñecas parecían hinchadas y amoratadas. La multitud estalló en un clamor discordante, sus gritos transformándose en abucheos ensordecedores, un coro de "¡Asesino!", "¡Traidor!", "¡Monstruo!". Proyectiles que lo golpeaban con más fuerza que las piedras y la basura que le arrojaban. ¿Pero qué está pasando? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué están haciendo es—? ¡CRASH! El cristal explotó en mil fragmentos, cortando su piel y añadiendo más sangre a su rostro. —"¡Peeta!"— un grito desgarró mi garganta, utilizando su nombre por primera vez. La adrenalina se disparó por mis venas, ignoré las quejas de Haymitch, cuya mano se posó fuerte y firme en mi brazo. —"Todo estará bien"— sus dedos clavándose en mí. ¡¿Estará bien?! ¡¿Bien?! Estaba a punto de gritar de nuevo, de exigir que detuvieran está locura, cuando nuestras miradas se encontraron. En ese instante, todo se detuvo. El estruendo de la multitud se desvaneció, el dolor en mi pecho se disipó, y solo existieron sus ojos azules. ¿Eh? Él desvió su atención sacudiendo su cabeza con fuerza. Sus hombros se tensaron. Espera… Su pie se deslizó pesadamente. —"¡Ciudadanos del Capitolio, tributos de los distritos!"— la voz hizo vibrar el lugar. Y después deslizó el otro, avanzando. ¿Qué hace? —"Hoy, en esta inauguración, presentamos un ejemplo viviente de reivindicación, de cómo los Juegos del Hambre son más que un mero espectáculo; son una herramienta moral, un camino para que incluso aquellos que se desviaron de la senda, aquellos que son 'convictos' como nuestro valiente Peeta Mellark, puedan redimirse y volverse útiles para la sociedad"— ignoré las palabras… Vi sus piernas temblar, pero no dejó de avanzar lentamente. Detente… —"Así que por ese motivo yo, el Presidente Snow, hago pública esta muestra de misericordia por sus garrafales errores al otorgarle el perdón por sus actos graves en contra del Capitolio como muestra de celebración por el Vasallaje de los 25, solo otorgándole la Marcha de la Deshonra y que la suerte siempre esté de su lado—” ¡CRASH-CLANG! —”¡¡CÁLLATE!!”— rugió él, silenciando todo con el golpeteo de su cadena. Me liberé de la mano de Haymitch poniéndome de pie. A mi lado, Effie luchaba por contener un jadeo. No fue la única. Cinna y Portia lucían descolocados, sus rostros una mezcla de confusión y desorientación. Lo vi escupir con furia, para comenzar a avanzar mientras el silencio se extendía, la sangre bajando, manchando el suelo; sus ojos azules parecían brillar. ¿Cómo es posible? Todo se volvió borroso. Mis ojos estaban fijos en Peeta, en su figura maltratada, en la forma en que parecía… un animal. Uno muy enojado. Cuando por fin terminó, se desplomó de rodillas. Haymitch y Effie se pusieron de pie. No lo dudé, los seguí, Cinna y Portia pisándome los talones. Que no esté muerto. Cuando llegamos al punto donde había caído, la sala estaba completamente desierta. —"¡Necesitamos las llaves! ¡Cinna, consíguelas!"— gritó Effie con una voz cargada de pánico, mientras continuaba corriendo. Haymitch, por su parte, ya se había lanzado sobre Peeta, intentando detener el torrente de sangre que bajaba del rostro ya pálido. Me detuve y mis piernas se sintieron pesadas. Había demasiada sangre. Tengo que… —"¡Las llaves, necesito las llaves de las esposas!"— exclamó Effie. Me agaché tomando su rostro, ayudando a Haymitch. Es demasiado, no… Fue entonces cuando vi a Peeta desplomarse por completo, su cuerpo inerte. Me quedé congelada. Mi cuerpo se había petrificado. Su nariz, ahora una masa amoratada y torcida; la abertura en su ceja, un tajo que parecía sonreír de forma macabra; el ojo, hinchado y púrpura, casi cerrado; y el hilo carmesí que brotaba de su cabeza. Sentí algo arder en mi mirada… y los flashes llegaron llenándolo todo. Levanté la mano cubriendo mi cara, aún sosteniendo su rostro. ¿Qué es eso? Los gritos de Haymitch llegaron, pero no los entendía. Y simplemente todo se volvió borroso… Solo recuperé mi compostura cuando el elevador comenzó a ascender, rompiendo el estático silencio. Mi mirada se detuvo en Haymitch, que tenía sangre manchando sus manos y su ropa. Pasé mis manos, que tenían el mismo color, sobre el traje blanco que ahora tenía tintes rojos. No entiendo. Effie con el maquillaje corrido por las lágrimas, su peculiar peluca amarilla ligeramente torcida. Incluso Cinna tenía rastros rojizos en sus manos. —"¿Estará bien?"— Haymitch suspiró, intentó pasarse la mano por el rostro, pero se quedó un segundo en su mano roja para bajarla. —"Sí"— sentenció, observándome. —"Los médicos del Capitolio lo pondrán como nuevo para mañana"— se aflojó la corbata. —"Haymitch tiene razón, querida. Todo estará bien"— Effie lo apoyó acomodando su peluca. Como nuevo. Para lanzarlo a la arena… —"La verdad, creo que por esta noche prefiero no cenar nada. Así que me retiraré a descansar"— Cinna salió del elevador sin mirar a nadie. —"Yo igual"— Portia lo siguió. Haymitch solo movió la cabeza en señal de comprensión, mientras Effie sonrió nuevamente, una sonrisa demasiado brillante para el momento. Haymitch, por su parte, tomó una botella de vino y comenzó a caminar hacia unas puertas al fondo de un pasillo, seguido de cerca por Effie. —"Entonces, ¿esto cambia algo?"— necesitaba información. Necesito entender. —"Cariño, es de noche, y después de todo lo que pasó, realmente no es el momento para—" —"Lo cambia todo"— mis ojos se posaron en Effie. Regresé a Haymitch, que destapó la botella y le dio un trago fuerte y largo, el líquido goteando. por su mentón. —"Debes entender que el Capitolio no te da algo sin después humillarte"— se pasó la manga por la boca, limpiando los restos. —"Es así"— insistió girando junto con Effie y desapareciendo en una puerta más allá. Será tan sencillo. Ya no sé qué creer, pero esos ojos azules… un vacío se instaló en mi pecho. ¿Él sabía que esto pasaría? ¿Por qué se ofreció? Caminé hacia un amplio ventanal que se iluminaba con los fuegos artificiales que explotaban a lo lejos. No puedo perder tiempo yo… tengo que ganar para ir a casa. Eso es lo único que importa. Y él es el enemigo. Enemigo… Miré mis manos con su sangre… Solté un suspiro recargando mi frente sobre el cristal. Debo estar loca.Fuego en el Alma
12 de septiembre de 2025, 16:45