La Chispa en la Oscuridad

Het
NC-17
Finalizada
3
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534 páginas, 179.148 palabras, 33 capítulos
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La Sombra del Perdón

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Capítulo 8: La sombra del perdón

(POV Peeta) Bran… Asno... Cadena... Katniss… —”¡Ah!”— un gemido escapó de mis labios. Abrí los ojos para cerrarlos al instante por la molesta luz blanca. Un pitido llenó mi oído; arrugué la cara intentando enfocarme. ¿Dónde estoy? ¿El estadio? Mi visión, borrosa al principio, comenzó a enfocarse en el blanco del lugar. Aferré mis dedos a lo que sea que me tapaba. El olor a antiséptico y a flores exóticas me revolvió el estómago. Hospital… Los recuerdos me golpearon como fragmentos: el rostro de Bran, los golpes, el sabor metálico de mi propia sangre… el burro, las cadenas, los gritos de la multitud. La botella. Sentí mi ojo izquierdo, hinchado y palpitante, casi cerrado, y la piel tirante alrededor de mi nariz. Mis dedos recorrieron mi pecho, sintiendo el ardor de los cortes y luego la "T" incompleta. El ruido de la puerta abriéndose me hizo girar a duras penas la cabeza, solo para encontrarme con una mujer que solo me tomó del brazo. Me inyectó una punzada fría seguida de un adormecimiento que comenzó a extenderse, reduciendo el dolor. Sin una palabra, me coloco vendajes limpios. Y así como llegó, se fue sin decir nada; mis ojos se posaron en la TV muda, mientras Katniss con un traje negro prendido en fuego saludaba a la multitud. Bajo el título "La chica en llamas, la última sensación", vi cómo Caesar hablaba eufóricamente de algo. Ja, fuego sin humo. Sí le queda. La puerta de la enfermería se abrió con un suave siseo, revelando la figura de Haymitch. No venía tambaleándose. ¿Universo alterno? Traía consigo una bandeja con lo que parecía ser un caldo humeante y un trozo de pan. Se sentó en la silla junto a mi cama. —"Así que el gran Peeta Mellark sobrevivió a su gran debut"— tomó una cuchara y me ofreció el caldo. Espera… Moví mi lengua al lugar donde debía estar la muela que perdí con Bran. El alivio me llenó cuando la sentí. Gracias, es la de la carne… —"Al menos ahora en tu tumba podemos poner amado mentor"— dije, después de tragar la porción que ofreció. Él comenzó a reír, una carcajada ronca que llenó la habitación. —"¿Cuánto tiempo pasó desde mi caminata con honores?"— estiré mi mano tomando la cuchara para continuar. —"Unas doce horas, según nos dicen los doctores que usan lo mejor de lo mejor del Capitolio para su nuevo y perdonado tributo. Para más tardar en la tarde podrás estar dado de alta"— dejó el plato a un lado de mí, sacando una petaca de su traje. Ahora sí está en su forma final. Solo asentí con mi cabeza. Tomé el trozo de pan aunque mis dedos temblaban. —"¿Cómo está ella?"— no lo vi de manera directa, cubriendo de caldo el pan. —"¿Ya comenzó a entrenar?"— volteé a verlo. Él negó con la cabeza, acomodándose en la silla con un suspiro. —"Está bien, solo fue un shock para ella el verte de esa manera; verte electrocutado o golpeado es una cosa, pero verte así, tan lastimado y humillado, parece ser que tocó una fibra sensible"— tomó un trago para verme fijamente. Bueno, entonces ya me gané los buenos días… al menos. —"Tanto así que no quiso ir a entrenar"— aguardó la petaca para ponerse de pie. Una mirada burlona se dibujó en mi rostro. —"Si estás intentando levantarme el ánimo… está funcionando"— dejé la cuchara en el plato. —"Ja, ja, ja, de hecho, no"— comentó tranquilamente. Levantó el dedo y señaló la puerta. —"Se encuentra esperando para entrar aquí y verte"— el pan se me resbaló de la mano. ¿Qué? Mis ojos se clavaron en los suyos, buscando la mentira, la burla, pero solo había seriedad en su mirada mientras bajaba el dedo lentamente, sin romper el contacto. Sentí como algo se instalaba en mi pecho. ~¡Ja, sentimientos, Mellark! ¡Una mierdecilla como tú, ja, ja, ja!~ ¡Púdrete! —"No sé qué cambió en ella, pero esta mañana se veía más relajada, como si por fin hubiera aceptado la situación"— la voz de Haymitch me sacó de la pelea mental. Acercándose más a mí. —"Por eso necesito saber qué demonios pasa, chico. Entiendo lo que Snow hizo con ese circo del perdón, pero esto"— señalo mi pecho, la herida aún visible. —"Cuando apareciste, ya tenías heridas. Y ayer, después de que todo terminara, después de la medianoche, Effie me informó que alguien en las aguas oscuras había apostado en tu contra"— se llevó la mano al puente de la nariz. Bran, bastardo… Ni un día, hijo de p— —"Si esta chica significa algo para ti—" —"No me cuestiones, no después de esto"— el dispositivo al que estaba conectado comenzó a resonar con fuerza cuando me erguí, sentándome. Haymitch levantó las manos en un gesto de falsa rendición. —”Suficientemente justo. Aun así, no puedo ayudarte como prometí en el tren si no sé con qué demonios estoy trabajando. De por sí, el puro hecho de lo que hizo Snow ayer cambia mucho las cosas, las reglas de cómo podemos llevar esto hasta el final. Y luego está esto"— su mirada se desvió hacia mi pecho. —"El hecho de que haya un precio en tu cabeza por perder y no solo eso, sino hasta para el tributo que te mate, hace que todo esto simplemente no tenga sentido, chico. Sabía que tendríamos complicaciones, pero esto es demasiado"— soltó lo último bajamente como si él mismo no pudiera creerlo. Maldición. Romper el mercado solo para destruirme era algo que no podía combatir. No tengo fondos, ni contactos… Hablar sobre mi hermano con Haymitch no sería el problema y Effie ya lo sabía; él verdadero dilema era cómo involucrar a Katniss en todo esto o cómo mantenerla fuera. Eso sería lo mejor. Una punzada me taladró la cabeza. Esto tendrá que esperar. —"Está bien, te contaré todo"— solté con calma. Me remojé los labios para mirarlo nuevamente. —"Pero te lo diré una vez que estemos en nuestra habitación. Y también Effie tiene que estar ahí"— sus cejas se levantaron, mientras sus ojos se entrecerraban. —"Ella te ayudará a entender todo mejor"— retomé el pan. Lo vi meditar mis palabras un momento. Un leve asentimiento, casi imperceptible. Se dio la vuelta para tomar algo de la mesa debajo del televisor. —”Hay algo más que debemos discutir”— regreso con un periódico electrónico, extendiéndolo hacia mí. ¿Ahora qué? Solté el pan, ya harto, para tomar el dispositivo. Cerré los ojos cuando la foto me golpeó de lleno. ¿Acaso estoy escupiendo hacia arriba? Fijé mi atención nuevamente en el título de la noticia de último momento. ¿El hijo pródigo roba el corazón de nuestra chica en llamas? La foto de Katniss al borde de las lágrimas sosteniendo mi rostro molido a golpes inundaba el periódico. —"Bien, le diré a Katniss que puede entrar a verte. Suerte"— se despidió, mientras caminaba hacia la puerta. No tuve tiempo de pensar más, porque el suave siseo de la puerta abriéndose hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. Katniss. Cuando su mirada se posó sobre mí, vi su rostro fruncirse. Ah… la marca Everdeen, al parecer. Y así nos quedamos, solo mirándonos, ninguno de los dos intentando romper el silencio. Me recompuse, forzando una sonrisa burlona. —"Entonces, ¿llamas o no llamas?"— pregunté, intentando descolocarla. —"Porque si me preguntas a mí, con llamas sin duda"— le guiñé el ojo sano. Pero el silencio continuó… No se movió, no habló, solo se quedó ahí viéndome con esa mueca. Ok… es incómodo. —"¿Cómo te enteraste de eso?"— ella solo se cruzó de brazos. —"Es lo único que pasan en el canal del Capitolio, "La chica en llamas, la última sensación"— repetí, intentando hacer mi mejor imitación de Caesar Flickerman. El eco de su risa llenó la habitación, un sonido que se filtró en mi pecho; mis cejas se levantaron solas. Gracias, Flickerman, por ser un payaso… Ella notó mi silencio y mi mirada fija, y se aclaró la garganta, volviendo a su silenció. Y volvemos al punto de partida. El silencio continuó, donde solo nos miramos fijamente… —”Esto fue una mala idea”— masculló. —”Tienes razón”— murmuré. —"Me dirás qué sucede. Sé que Haymitch y Effie saben cosas”— se acercó bajando las manos. —”Claro que saben cosas, son el mentor y la escort”— levanté las manos, aunque la derecha me temblaba levemente. —”No me refiero a eso y lo sabes”— se puso a mi lado fulminándome con la mirada. Ya sé que no. —”¿Por qué te interesa tanto?”— me erguí sentándome nuevamente. Ella desvió la vista, su pie golpeando el piso repetidas veces. —”Solo pierdo el tiempo”— soltó como si no estuviera aquí. —”Lo más seguro”— una sonrisa adornó mi boca cuando ella rodó los ojos. Se dio la vuelta caminando hacia la puerta. Genial, soy idiota. —”Espera”— la puerta se abrió, pero ella me miró de reojo. —”Tengo una idea”— levanté la mano apuntando a un mueble debajo de la televisión. —"Si buscas ahí, encontrarás un paquete de cartas"— dije, con una breve sonrisa formándose en mis labios. Vamos, muerde el anzuelo. Miró el mueble durante unos momentos para girar con la ceja levantada. —”Si ganas dos de tres, te diré lo que quieras saber”— le aseguré abriendo la mano aún extendida y encogiéndome de hombros. —”¿Y si pierdo?”— cuestionó entrecerrando los ojos. —”Fácil, me contarás algo de ti”— sonreí levantando las cejas varias veces. Dudo pasando de mí al mueble varias veces antes de morderse los labios… … … … Puse mi mano en la cama. Era una tercia de sietes. Fácil y rápido. —"¿Cuál será tu color favorito…?"— le saqué la lengua. Bajó su mano, y casi me la arrancó. ¿Qué rayos? Un Full. Un par de doses y un trío de jotas. La frustración me invadió, una punzada de irritación que rápidamente se convirtió en una risa genuina. —"¡Tengo que ver tus mangas!"— tomé las cartas aun riéndome por mi derrota. Mi mirada se posó en ella por el repentino silencio de su parte; ella solo veía las cartas fijamente. Supongo que no sabré na— —"Yo jugaba mucho con Prim, y mamá, cuando había días en los que no podíamos hacer nada, por la lluvia o la nieve"— mis manos pararon en automático. Dejé las cartas de lado. Ella tomó el as de corazones, sus dedos acariciando la carta perdidamente. —"Mi padre murió cuando solo tenía 10 años, en las minas"— ella giró la carta. Mantuve mi silencio. —"Su nombre era Burdock"— me acerqué más lentamente para poder escuchar mejor. Así que así se llama el creador de mi felicidad… Siguió jugando con la carta en sus manos, en un silencio ensordecedor. No quise romperlo… No sabe que estoy aquí… —"Mi madre Asterid se enamoró de él cuando lo escuchó cantar, o al menos eso me dice, y así llegué yo y después Prim"— una pequeña sonrisa, se dibujó en sus labios. Me aclaré la garganta rompiendo su trance. Sabía que intentaría huir. Así que… —"Yo nací aquí en el Capitolio"— tomé la carta de su mano, dejándola clavada en su lugar. ~Chico de oro…~ —"Sí, lo sé, qué raro"— metí la carta en la baraja para mirarla. —"Los Mellark venimos de una familia de panaderos del Capitolio; mis abuelos solían vender lo más caro y delicioso"— bufé conteniendo una maldición. Si solo hubiéramos seguido esa tradición… —"Cuando entré a prisión, me volví residente del distrito 2, por eso comencé a entrar en la cosecha"— expliqué guardando la baraja en su caja. —"Por eso, en el tren, te dije que para mí todo esto no es algo extraño; después de todo, nací en ello”— le entregué el paquete que tomó, viéndolo perdidamente. Sigamos antes de comenzar con las lágrimas. —”Bien, ¿qué quieres saber, Everdeen? Ganaste después de todo”— le recordé acomodándome mejor en la camilla. Pero ella se quedó viendo el paquete de cartas que giró varias veces. Soy de palabra; lo que preguntara tendría respuesta… Lo que sea. —”¿Puedo confiar en ti?”— el paquete dejó de girar mientras mis ojos se encontraron con los de ella. No. No debes. Eso diría en cualquier otro momento, pero aquí, ahora, debía ser honesto y la única forma de serlo era… —”Me haces la única pregunta que no puedo responder”— ella desvió la mirada para ponerse de pie, su mano apretando la baraja. —”Porque la que tiene la respuesta eres tú”— aclaré señalándola. Me miró un segundo para apartar la vista, pasándose la mano por el rostro. Y dejar su atención en el suelo. —”Es lo que no sé”— susurró. —”Entonces, ¿por qué no lo descubrimos?”— extendí mi mano hacia ella, que me miró confundida. —”Antes de entrar en la arena tenemos que descubrir si confiamos o no en el otro”— solo miro mi mano perdidamente. La mano me pesa… Ella levantó lentamente la suya hasta tomar la mía; un pequeño escalofrío me recorrió cuando atrapé la pequeña mano y me quedé fijo en ese gris lleno de dudas, pero de decisión. Y sin poder decir más, la puerta se abrió interrumpiendo el momento; un Haymitch, apareció. Detrás de él, Effie, con su típica sonrisa. —"Bien, muchacho, los doctores dieron el visto bueno para que salgas de aquí al apartamento y que mañana puedes comenzar a entrenar sin hacer nada exigente—" su mirada se quedó fija en algo. ¿Whisky gratis? Entonces sentí la mano de Katniss moverse de la mía y comprendí. No digas nada, Effie… —"Ah, me alegro de que ya estés mejor, Peeta, y qué bueno que Katniss aquí se hizo disponible para ayudar a cuidarte. Eso demuestra el gran equipo que somos"— Effie sonrió con su capa azucarada sobre la realidad. ¡Fua! un borracho, una caricatura, un convicto y un hielo humano entraron a un bar… Su voz, a pesar de todo, sonaba genuinamente aliviada. Solté el aire que llevaba conteniendo para dar paso a mi típica sonrisa burlona. —"Claro que sí, Effie, al menos durante mi caminata fuiste tan amable de tirarme solo papel"— ganándome una mirada nada común de su parte. —"No digas eso, jovencito"— puso las manos en sus caderas torciendo la cabeza. —"Bien, cuando lleguemos Katniss, Cinna mencionó que te quería para unas pruebas de ropa para el día de la entrevista—" —"Primero tenemos que hablar de cómo vamos a jugar esto"— lo interrumpí, tomando el vaso con agua. —”Después de todo somos un gran equipo ¿no?”— bebí el agua sin dejar de mirar a Haymitch que entrecerró la mirada antes de asentir. Confianza… Es lo que ella quiere… y yo también. —"Somos equipo"— agregó Katniss. Haymitch llevó su mano a su barbilla. —"¿Estás segura de esto?"— Effie dio un paso al frente con la cara plana. Y ahí está Effie Trinket… ¿Cómo estará Proserpina? —"Estoy segura"— Katniss dio un paso también y ambas se quedaron frente a frente. Haymitch las miraba de ida y vuelta como si no entendiera qué estaba pasando. Son especiales… —”¿Y tú Trinket eres parte del equipo?”— todas las cabezas giraron al instante mirándome. Es mejor dejar todo en la mesa. Vi la duda en su mirada porque sabía en lo que estaba a punto de meterse y por un momento sus ojos pasaron a Haymitch antes de regresar a mí. —"¡Genial, ahora sí somos un gran equipo!"— cantó Effie, su entusiasmo desbordándose, para darse la vuelta y salir caminando con una ligereza renovada. Eso abre las puertas… —"Voy a buscar al médico para que nos den todo lo necesario para ya salir de aquí, Katniss, puedes acompañarme"— su voz ya un eco distante. Y ella solo la siguió, sin dudarlo, dejándonos solos a mí y a Haymitch. —"¿Cuánto le dijiste?"— Haymitch se dejó caer en la silla. —"Nada"— comenté dejando el vaso en su lugar. Haymitch se quedó pensativo, sus ojos grises fijos en algún punto distante. —"Podría funcionar"— soltó, más para sí mismo que para mí. No Haymitch no puedes tomar metanol. Él me miró, una sonrisa astuta dibujándose en sus labios. Su atención fija en el periódico electrónico. ¿Eh? Y entonces, mi mente hizo clic, una alarma que resonó en mi cabeza. —"¡Ni se te ocurra decirlo!"— lo lapidé con la mirada, pero parecía darle completamente igual. —"Amantes trágicos, el convicto y la chica en llamas"— me ignoró aún en su cabeza de borracho. No dejaría que el Capitolio se divirtiera con Katniss, de esa manera. Pero Haymitch sólo me miró, sus ojos parecían brillar reconociéndome por fin. —"Solo dime que no funcionará, que no creará una ventaja, que no habrá un enamorado ahí afuera en el círculo de la élite que esté dispuesto a llevar la contraria a los demás con tal de que la chica viva"— me cuestionó, su dedo fijo en mí. Estaba a punto de levantarme y quitarle lo crudo a golpes cuando me quedé congelado. Mi ceño se frunció. Ella tal vez… —"¡Demonios!"— se escapó de mis labios. La realidad, fría y brutal, de que tenía razón, me golpeó con la fuerza de un puñetazo. Haymitch sonrió de manera macabra. —"¡Así que sí lo hay!"— soltó Haymitch con autosuficiencia, una sonrisa triunfante que me irritó. Me pasé la lengua por los labios, imaginándome borrar esa sonrisa de un buen patadón en la cara. Al diablo… Mi mano salió disparada a su cara solo para ser detenida… mi brazo tembló mientras él lo sostenía no me soltó hasta dejar caer un golpe en mi estómago. La puerta se abrió. —"¿Qué demonios haces, Haymitch? ¡Está recuperándose y tú lo golpeas!"— el chillido de Effie llenó el lugar para acercarse a él, dándole pequeños golpes con su cartera. Katniss se acercó a mí, revisando y ayudándome a sentarme para tomar aire que el golpe me había sacado. Mi mirada se posó en Haymitch, quien intentaba evitar los golpes de Effie con una expresión de fatiga, casi aburrida. Super equipo…
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