Capítulo 9: El acto y revelaciones
(POV Katniss) El suave siseo del elevador al ascender me sacó de mi mente por un segundo... Apreté mi pantalón, me fijé en él, que tenía los ojos cerrados, ahí recargado en el elevador como si nada. Como si fuera un desastre de la cara… o pecho… más bien todo. No entiendo cómo puede estar tan tranquilo. Estaba dispuesta a pasar tiempo con él, pero… Confianza. Eso no pasará… lo dudo. Aun así, tenía que jugar bien mis cartas. Podríamos hacer equipo hasta que sea estrictamente necesario. Es mejor que esté de mi lado que en contra. Como me recomendó Haymitch. El sonido del elevador me sacó de mis pensamientos. Los cuatro salimos caminando. Haymitch al instante atacó el minibar, sus manos temblorosas aferrándose a una botella. Effie, con un suspiro exasperado que resonó en el silencio del pasillo, comenzó a regañarlo al instante, su voz aguda un contraste con el murmullo de Haymitch. Sacándome una sonrisa, se comportaban como niños, y cuando mi mirada llegó a Peeta, este estaba mirándolos fijamente, sus ojos azules clavados en la escena, como si estuviera resolviendo un problema complicado. —"Bien, vamos a sentarnos a cenar, por favor"— soltó Effie animada, con una sonrisa forzada que no llegaba a sus ojos. Para recibir un –"Yupi”– sarcástico de Haymitch, que fue nuevamente golpeado con su pequeña cartera. Nos sentamos, y después de recibir los platos por parte del chef, un aroma a mantequilla derretida llenó el aire, haciéndome dudar por un instante. Era un plato que jamás había visto. Como todo lo de aquí. Comencé a cenar, en un silencio tenso que se extendía entre nosotros, roto solo por el tintineo ocasional de los cubiertos contra la porcelana. De repente, Haymitch rompió el silencio, su tenedor chocando ruidosamente contra su plato mientras dejaba caer un trozo de comida. Su mirada, inusualmente seria, se posó en nosotros. —"Está bien, ahora dinos, ¿qué demonios está pasando?"— la pregunta fue directa a Peeta. Bien, pasamos a los planes. —"La apuesta en mi contra es mi hermano"— bajó su cubierto y se limpió la boca con lentitud. ¿Apuesta? ¿Hermano? Effie se ahogó por un segundo, soltando una tos que intentó aplacar con su bebida. —"¿Aún quedan más Mellark?"— Haymitch levantó la mano perdidamente. Dejé la comida mirando atentamente a Haymitch y Peeta. ¿De qué diablos están hablando? —"Sí, solo quedamos nosotros dos. Ahora entiendes por qué me quiere muerto"— clavó su cuchillo en su porción de comida con una sonrisa. Espera… Muerto… Su hermano… lo quiere muerto. … ¿Qué? Las dudas comenzaron a carcomerme, pero mantuve mi silencio. Haymitch meditó un momento antes de contestar. —"Okay, eso explica todo"— respondió Haymitch limpiando su mano con la servilleta. ¡No, no explica nada! —"Lo que no entiendo es: ¿cómo no sabía de tu hermano?"— le apuntó con el tenedor, sus ojos entrecerrados. Peeta se sumió en un silencio tenso, su mirada distante. —"Hay una sucesión de eventos que muchos no comprenden del todo"— comenzó Effie, su voz nerviosa, lo que nos hizo girar la cabeza a Haymitch y a mí al instante para observarla. Effie estaba fija en su plato, pero de la nada dejó caer los cubiertos como si el apetito se le hubiera ido. —"Si bien es cierto que las panaderías Mellark cerraron, después de lo ocurrido en el año 71, tras los Juegos... El Presidente Snow, por un respeto selectivo hacia la paz, evitó que la información del caso se hiciera pública, dejando solo las especulaciones”— su mirada se perdió en la ventana. ¿71…? Johanna ganó esos juegos. —"Su hermano ahora es una sombra, casi nadie lo conoce"— concluyó antes de volver a tomar los cubiertos. —”¿Y cómo demonios sabes tú eso?“— preguntó Haymitch, fulminándola con la mirada. —”Tengo una vida, Haymitch. Una vida que no gira en torno a limpiarte cada vez que te vomitas encima o a levantarte cuando te caes”— le apuntó con el cuchillo. Rogué que Haymitch preguntara más, pero en lugar de eso soltó un largo suspiro, se recargó en su silla y meditó en la nueva información. Parecía impresionado con Effie; la observaba de vez en cuando mientras ella, como si nada, comía con su alegría restaurada. —"Bien, eso no es algo que podamos solucionar en este momento, así que pasemos a lo que va a suceder y cuál es el plan"— retomó su comida. Come con la bo— —"¡Come con la boca cerrada, por favor!"— chilló Effie, la misma voz que usaría para regañar a un niño. Haymitch solo rodó los ojos, masticando con más fuerza. Animal. —"Y más ahora que la chica en llamas quiere formar equipo contigo en la arena"— concluyó, alejando su plato con un gesto brusco. No me llames así. —"Primero, vamos por partes: el problema de los patrocinadores. Sin patrocinadores, estamos perdidos, y dado que la mayoría, si no todos ellos, van a estar en contra de Peeta y, por extensión, en contra de cualquiera con el que forme equipo"— explicó él, dejando su copa. Eso no me lo dijeron. Se tomó un momento de silencio, su mirada tranquila observando a Peeta, quien parecía intentar resolver un problema en su mente. —"Bien, la idea es hacer que se ganen el corazón de la fanaticada. Y para poder lograr eso, tenemos que jugar bien a la hora de presentarlos el viernes"— se puso de pie, caminando hacia un mueble donde tomó un aparato y lo dejó en el centro de la mesa. —”Así que usaremos esto”— señaló la cosa que tomé, y se encendió sola. ¿Eh? La imagen era de mí sosteniendo a Peeta todo golpeado y mi cara… parecía que estaba a punto de llorar. Yo… no. Presté atención a las letras mayúsculas. ¿Hijo pródigo…? ¿Roba? —"¿Qué?"— solté en un susurro, aunque para mí parecía un grito. —”Cariño, sé que para ti esto parece ilógico, pero aman el drama y más si es algo romántico. Están hambrientos de eso. Cada vez que hay una pareja en la pantalla, siempre quieren más; rápidamente lo convierten en algo que no es, y hasta ahora no ha habido una pareja 'real' ahí dentro; todas terminan traicionándose rápidamente"— mencionó con un deje de nostalgia en su voz. Y eso es lo que va a pasar… Me encontré con Peeta, que me miraba también. Algo se instaló en mi estómago… —"Es cierto, ¡nada más calentador que una historia de amor juvenil!"— saltó Effie, arrebatándome el aparato para mirarlo ella misma. —"Además, tú y Peeta se llevan muy bien, no batallarías para actuar un poco más amistosa con él, ¿no?"— preguntó con sus ojos puestos en mí y su gran sonrisa, una que me hizo tensar. Llevarnos bien… Pero sí— A mi cabeza vino el juego de ping-pong y las cartas. El malestar en mi estómago solo creció más. No, no, solo es… Abrí y cerré la boca varias veces, intentando explicar que mi reciente conexión con Peeta era eso, reciente. ¿Conexión? —"Mi mamá no me deja tener novio hasta después de los dieciocho"— rápidamente, la mesa se quedó en silencio. Mi cara al instante se frunció por mis propias palabras. La cara de Effie se descolocó, su sonrisa se derrumbó, mientras Haymitch intentaba no ahogarse con su bebida, tosiendo. Y Peeta solo sonrió. Bastardo. Sentí el sonrojo en mi cara, el calor subiendo por mi cuello. ¿Pero qué dije? Al menos eso me dio tiempo para pensar detenidamente qué estaba pasando. Aunque Haymitch tenía razón sobre los patrocinadores y mi desconocimiento del Capitolio, yo no sabía fingir. No era mi naturaleza. Mis ojos se posaron en Peeta; su sonrisa era genuina por mi comentario y una punzada me llegó. No puedo dejarme engatusar por él. —"Si no te sientes cómoda con la idea o no te agrada, está bien"— comentó tranquilamente, juntando sus manos sobre la mesa. Espera… —"Es la mejor carta para los dos"— soltó Haymitch, clavando su mirada en mí. La mejor… Flashback Una Prim de 11 años caminaba de mi mano con una sonrisa en su rostro. Sus ojos azules brillaban. —"¿Por qué rechazaste a Mark? Se vio sincero en su invitación a la fiesta después de la cosecha"— comentó, mientras tiraba suavemente de mi mano. Yo paré y solté un suspiro. —"Porque no tengo tiempo para eso, la comida no llegará sola a la mesa"— agregué de manera juguetona, intentando no sonar dura ni reprochando. Ella solo se me quedó viendo, sus ojos fijos en los míos, un pequeño puchero se formó en sus labios, el mismo que me hacía querer llenarla de besos y prometerle el mundo. —"Pero si es en la noche y solo un par de horas, vamos, Katniss, un poco de diversión no es malo"— me insistió, su voz un susurro de súplica. Yo solo negué con la cabeza. —"Me divierto contigo y mamá"— me defendí. —"Algún día conocerás a alguien que te saque de esa piel dura que tienes y cuando eso pase te diré 'te lo dije"— comentó mientras avanzaba, su voz resonando con una certeza que en ese momento me pareció ingenua, casi infantil. Claro, como si eso fuera a pasar. Fin del flashback Cerré los ojos, alejando la voz de Prim de mi cabeza. ¿Por qué pienso en eso ahora? Miré a Peeta, que aún esperaba la respuesta como todos en la mesa. Tal vez… —"Está bien, aunque no soy buena actuando"— respondí finalmente, resignada. Effie, con un grito de alegría que hizo eco en la sala, me dio un aplauso, sus manos chocando con entusiasmo. —"¡Tú solo compórtate como normalmente lo harías si estuvieras a solas con él y listo!"— su rostro iluminado por la emoción, para agregar con un brillo aún mayor en sus ojos. ¿Uh? —"¡Porque cuando los vi en el tren jugando ping-pong eran de lo más lindo!"— cantó finalmente. Pero— Yo no hice nada, sol— —"¡Ven, funciona, ya tenemos la primera gran fan!"— defendió Haymitch, con una sonrisa de victoria que se extendía por su rostro. No, no funciona. —"Pero ¿cómo vamos a vender esto?"— pregunté ahora con una duda genuina. Haymitch se acomodó mejor en su silla, sus ojos fijos en un punto lejano, como si ya estuviera visualizando el espectáculo. —"Es fácil, lo haremos evolucionar"— volvió a tomar la cosa con la foto puesta y la giró hacia nosotros. —”Aquí tenemos la primera pieza; ellos creen que algo pasó en el tren que los unió. Ahora debemos mostrar esa unión en los entrenamientos y en la entrevista”— dejó caer el aparato, haciendo una mueca para tomar su copa. —”Se ven bien juntos… tiene esa aura de gato y ratón”— concluyó para beber. ¿Gato y ratón? —"Dejaremos que los demás llenen el resto, y cuando estén en la entrevista, dejaremos clara la 'unión'"— comentó tranquilamente. Sentí un nudo en el estómago. La entrevista. Ese sería el punto de no retorno, el momento en que nuestra farsa se haría oficial. —”¿Y eso será suficiente?”— pregunté viendo a Peeta, que seguía meditando. No entiendo nada sobre la apuesta y cuál era la diferencia con los patrocinadores, pero por la forma en que él sigue sin decir nada… Hay más. —"Effie, necesito un favor"— soltó de repente. Effie solo sonrió, sus ojos brillando con una chispa de emoción. —"Necesito que hables con un conocido del sector Venía"— la sonrisa se desvaneció al instante. Fue como si por un instante solo ellos dos existieran por la forma en que se miraban. Volteé a Haymitch, que observaba con duda a ambos también. —"¿Y quién sería este viejo conocido?"— preguntó, su voz plana, sin acento, inusualmente seria. —"Ich müsste dich um einen Gefallen bitten. Geh zu █████ —bei der deine Schwester arbeitet— und sag ihr, dass der Junge Mellark ein Geschäftsangebot hat, das für sie von großem Interesse sein könnte. Etwas Diskretes, aber mit enormem Potenzial. Ich brauche, dass sie auf Katniss setzt, auf ihren Sieg. █████ weiß, wie dieses Spiel funktioniert: Auf meinen Kopf ist ein Preis ausgesetzt, und wenn alles so läuft, wie ich es plane, wird sie nicht nur auf die Gewinnerin gesetzt haben… sondern auch auf diejenige, die mich am Ende töten wird"— Peeta solo se rasco la cabeza. ¿...? No entendí ni una palabra que salió de su boca. Pero antes de que Haymitch y yo pudiéramos decir cualquier cosa. —"Angenommen, ich bekäme tatsächlich eine Audienz bei ihr – glaubst du ernsthaft, sie wird das alles einfach so glauben? Ich weiß, dass sie die Spiele verabscheut und sich schon seit geraumer Zeit Snows Anordnungen widersetzt. Das allein wird sie jedoch kaum davon überzeugen, ein solches Vermögen für dich lockerzumachen”— comentó Effie, ya completamente diferente, mientras señalaba la mesa con el dedo. Esperen, esperen ¿Qué…? —"¡Alto!"— Haymitch dejó caer su mano sobre la mesa mirando a Effie directamente. —"¡¿Qué demonios está pasando?! ¡¿Qué significa todo esto?!"— soltó señalando ahora a ambos pero sin dejar de ver fijamente a Effie. —"No me estés gritando, Haymitch”— soltó ella, enojada, regañándolo, su voz chillona. —"No me vengas con esa porquería ahora, Effie. ¡¿qué demonios estaban hablando?!"— rugió, su voz llena de frustración. —"Cosas del Capitolio"— le regresó ella. ¿Capitolio? Nunca había escuchado nada de esto. En ninguna transmisión o algo. —"Soy el mentor, soy el que lleva los planes. ¡Quiero saber qué está pasando!"— Haymitch miraba tanto a Peeta como a Effie. —"Y yo nunca me he impuesto a tu autoridad ni a tus planes cuando no me dices nada. Esto es diferente, es algo que no necesitas saber y que no tiene nada que ver contigo. ¿Okay?"— soltó con autoridad. Haymitch quedó pasmado, con la boca abierta. —"Te besaría en este momento"— él intentó acercarse a ella. —"Ugh, aléjate de mí, Haymitch”— chilló Effie, mientras volvía a intentar golpear a Haymitch con su cartera. —"Confía"— Peeta tomó una manzana del centro de la mesa. ¿Más? —"Si lo que le propongo sale bien, no habrá que preocuparnos por nada"— su mirada se posó en mí. ¿Será verdad? Creo que está jugando solo a su favor… —"Al final, lo importante es que consigamos igualar la apuesta, ¿no?"— preguntó tranquilamente, sus ojos ahora fijos en Haymitch. Haymitch se debatió un momento, sus ojos grises analizando las palabras, pasando de Effie a Peeta y a mí. Su ceño se frunció. —"Bien, pero si sale mal—” —"No pasará nada si sale mal”— aseguró Peeta dando una mordida a su manzana. —"Bien, con todo esto terminado, descansen, que mañana bajarán por fin a las prácticas. Durante el almuerzo platicaremos sobre más estrategia"— concluyó él, poniéndose de pie para ir a su recámara. Sentí un escalofrío. Prácticas… Effie también hizo lo mismo unos segundos después, solo sonriendo y despidiéndose con un "buenas noches", una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. ¿Acaso Haymitch no conocía esta faceta de Effie o todas estas cosas del Capitolio? Pero… Mi mirada voló hacia Peeta, que ahora observaba la ventana. … Él sí. Él conoce mejor el juego que todos, incluso que Haymitch, al parecer. Aliarme con él es lo más inteligente por ahora. No volveré a ver a Effie como una simple tonta con brillitos. —"Me gustaría enseñarte algo si no estás cansada"— comentó él tranquilamente, sacándome de mi mente, mientras se ponía de pie. No creo que sea un problema. —"Guía el camino"— comenté siguiendo su ejemplo, ya de pie. Caminamos hasta el elevador. Al entrar, él presionó el botón del piso 13, el último, el que no había notado. —"Es buena idea conocernos un poco más para que toda esta idea funcione"— me miró fijamente con esa estúpida sonrisa ladeada y ojo morado. ¿Conocernos más? Y ahí estaba otra vez esa punzada en mi pecho. Las puertas del elevador se abrieron una vez más, revelando un chorro de aire fresco que me recorrió el cuerpo. Wow… Las luces del Capitolio se extendían a nuestro alrededor. Salimos y mi mirada se dirigió nuevamente a las estrellas, incontables puntos de luz que parpadeaban con una majestuosidad que rara vez veía en el 12. Él me guio a un pequeño banco centrado, de mármol frío, y nos sentamos. —”¿Color favorito?”— preguntó, ganándose mi atención. ¿En serio? —"Verde”— murmuré sin mirarlo. —”El mío es el naranja del atardecer”— de reojo lo vi recargar la cabeza en sus propias manos mirando el cielo. Qué… ridículo. —”¿Qué?”— cuestión. —”¿No puedo tener un color favorito que no sea negro o rojo?”— la sonrisa volvió a aparecer, ahora mirándome. Sería lo normal. ¿No? —”No, no sería lo normal”— se rio bajando sus brazos. ¿Cómo…? —”Lo tienes escrito en la cara”— señaló su rostro moviendo el dedo. Rayos… Ignoré su comentario para quedarme viendo las estrellas. No quería darle la satisfacción de que atrapó mis pensamientos. —"Sabes, cuando era niño solía ver las estrellas pensando que habría más allá fuera de aquí"— su voz, un murmullo que rompió el silencio. Cuando regresé mi atención a él, solo miraba el cielo con una pequeña sonrisa. Sus ojos se movieron para verme de reojo, para terminar de girar para verme fijamente. —"¿Qué?"— salió de mis labios, sin dejar de verlo también. —"Nada, solo disfruto de la vista"— sentí algo en mis entrañas moverse solo. Debe de ser la comida… —"Mira allá"— dijo, señalando un grupo de estrellas. —"¿Ves ese cúmulo brillante, como un pequeño puñado de diamantes dispersos en el cielo? Son las Pléyades. Se dice que representan la esperanza, la guía en los momentos más oscuros. Aunque estén lejos, siempre brillan juntas, recordándonos que no estamos solos, que siempre hay un camino hacia la luz"— me quedé viendo los puntos brillantes todos juntos. No estamos solos. Prim, mamá… Y así, comenzó a señalar varias estrellas, sus dedos trazando constelaciones invisibles en el cielo, narrando historias y compartiendo algún dato sobre ellas. Mi mente se tranquilizó, prestando atención a cada palabra, a cada estrella. En algún momento, mientras él hablaba, subí mis piernas, cruzándolas para más comodidad. No sabía cuánto tiempo habíamos pasado allí, en la frescura de la noche, hablando de estrellas. Fue un bostezo, el mío, el que finalmente lo detuvo. —"Será mejor bajar e ir a la cama, mañana es un día largo y tedioso"— se puso de pie, soltando un bostezó con un ojo cerrado. Yo solo asentí con mi cabeza. Y cuando menos lo esperé, ya estaba en mi cama, deslizándome en las sábanas con un suspiro de satisfacción. Extraña noche… aún huele a canela. … … Unos golpes, seguidos de una voz anunciando el desayuno, me hicieron abrir los ojos. El tenue aroma a canela que aún se aferraba en el aire… Me estiré, sintiendo mis músculos relajarse. Me levanté; después de un baño rápido, me vestí con el nuevo conjunto de ropa que Cinna y Portia habían seleccionado para el entrenamiento: pantalones ajustados de un gris oscuro, una blusa de manga larga y una chaqueta ligera. No está mal. Justo cuando abrí mi puerta, Peeta salió por la suya. Nuestras miradas se encontraron. Él solo sonrió para, con un gesto ligeramente teatral, darme el pase primero, haciendo que rodara los ojos. Loco. Al menos parece estar mucho mejor que ayer. Comencé a caminar hacia el comedor, donde ya escuchaba el murmullo de nuestro equipo almorzando. Haymitch lucía sorprendentemente descansado y Effie, con su habitual alegría, parecía brillar. Cinna y Portia también se veían tranquilos, pero cuando aparecimos, sus miradas se tensaron. Sus rostros relajados mostraron dudas. —"¡Buenos días!"— de Effie resonó, y la respuesta de Peeta y la mía la siguió. Peeta me retiró la silla en un gesto que nuevamente me hizo sentir extraña. ¿Ahora qué le pasa? Comenzamos a comer en silencio. Noté el aire pesado en el comedor. ¿Por qué Cinna y Portia parecían tan incómodos con la presencia de Peeta? Sí lo ayudaron… No entiendo. —"Entonces usted debe de ser Portia"— Peeta la señaló con el cuchillo con miel goteando. Portia dio un pequeño brinco dejando caer su tenedor, pero se recompuso rápidamente, limpiando su boca con una servilleta antes de contestar. —"Sí, es un placer por fin conocerte en persona, joven Mellark"— comentó tranquila, mirándolo fijamente. —"Puedes llamarme Peeta, y muchas gracias a los dos por ayudarme en el desfile. No tuve la oportunidad de agradecerles"— comentó señalando aún el moretón en su ojo, que ya era muy leve para cómo lo tenía antes. Solo vi a Cinna y Portia negar con la cabeza y las manos rápidamente como si no fuera nada. —"Bien, dejando las presentaciones y gracias de lado, vamos a lo que pasará el día de hoy"— soltó Haymitch seriamente mientras se limpiaba las manos con brusquedad. —"Siguiendo el plan, deben quedarse juntos en todo momento. Ya saben, una risa aquí, una por allá"— su vista se fijó en mí, esperando una respuesta. —"Entiendo"— mencioné con confianza. —"Bien y mantente alejada de las zonas donde destaques más"— mencionó sin dejar espacio a réplica. Mis cejas se levantaron al instante, ganándome su atención nuevamente. Pero tengo que practicar con el arco. —"De esa manera, los demás tributos no sabrán nada acerca de ti y tendrás una ventaja en la arena"— me explicó embarrando un pan con algo. —"Por eso, concéntrense en los puestos que les ayuden a practicar cosas que no tengan muy presentes, como plantas venenosas o comestibles"— terminó dando una mordida y mirando a Peeta. —"O, ¿cómo hacer fueguito sin humo?"— Peeta levantó las cejas varias veces mirándome. Cállate… La bola de servilleta salió disparada de mi mano, golpeándolo en el pecho, haciéndolo reír. Y dramáticamente se llevó la mano al lugar donde golpeó. Tonto… —”¿Qué hay de él?"— pregunté con duda, fulminando a Peeta, que seguía burlándose de mi ataque. —"Cariño, él es un convicto; ni disfrazándose de conejito, alguien creería que no es peligroso. En su caso, y debido a las circunstancias, entre más peligroso demuestre ser, mejor"— su mirada se posó en el rostro aún sonriente de Peeta. —"Vamos, no digas que no se te da lo de ser abusón"— soltó con risa. Pero él solo sonrió, haciéndome sentir un escalofrío en mi espalda, una vez más recordando que no era un chico normal. Él solo asintió con la cabeza, y mi mente vagó a lo que haría hoy para dejar eso en claro. Algo se removió en mi estómago otra vez… y no era la comida.El Acto y Revelaciones
13 de septiembre de 2025, 12:46