Verdades o Falsedades
14 de septiembre de 2025, 3:25
Capítulo 13: Verdades o Falsedades
(POV de Peeta)
La cabeza me martilleaba con un dolor palpitante, un tambor de guerra golpeando sin piedad. Un gemido de dolor escapó de mis labios, y la luz que se filtraba por las cortinas fue una puñalada directa a mis ojos, obligándome a cerrarlos de golpe.
¿Qué demonios había pasado anoche?
Mi mente era una sopa confusa de imágenes borrosas: Haymitch y yo cantando a gritos, risas que no reconocía, las voces de Katniss y Effie a lo lejos.
Nunca más volveré a beber con Haymitch.
Sabiendo en el fondo que era una promesa hueca. Pero había algo más, una calidez inesperada y un peso reconfortante sobre mi pecho que detuvieron el torbellino de mi mente.
Por favor, que no sea Haymitch.
Rogué en silencio, casi con miedo abrir los ojos. Girando la cabeza con cautela, esperando lo peor, me encontré con la visión más improbable.
Katniss.
Estaba acurrucada a mi lado, con la cabeza apoyada en mi hombro y un brazo ligeramente extendido sobre mi pecho. Su cabello oscuro caía sobre la almohada, y su respiración era un suave suspiro.
Había en ella una paz que no había visto desde… ¿Desde cuándo? Una parte de mí quiso sobresaltarse, pero el martilleo en mi cabeza y la calidez de su contacto me lo impidieron.
En lugar de moverme, me quedé inmóvil, observándola, sintiendo el ritmo de su respiración.
Era un nuevo nivel de intimidad que no habíamos compartido antes, algo crudo y real en medio de algo que no tenía futuro. Lo nuestro crecía a pasos agigantados y, a estas alturas, ya no sabía qué sentía, pero ¿importaba? No había futuro, no conmigo.
Todo es prestado.
De repente, un pensamiento frío me golpeó al recordar las voces de Katniss y Effie de anoche, una mezcla de desesperación y frustración. Hoy era el día de mostrar nuestras habilidades ante los Vigilantes y yo, en lugar de mentalizarme, había desperdiciado la noche con Haymitch.
La amargura de mi cinismo y el remordimiento genuino se mezclaron en mi estómago.
Sentí cómo se removía, y por un momento, un pánico helado se apoderó de mí. No quería que me viera así, tan débil, tan destrozado.
El dolor de cabeza no dejaba de taladrarme, cada latido una daga en mis sienes. El estómago se me revolvía en protestas ácidas, como si quisiera expulsar no solo el alcohol, sino la amargura de la noche.
Con toda la delicadeza que pude reunir, me levanté sin despertarla, moviéndome como un fantasma para no romper la frágil paz de la mañana. Ella solo frunció el ceño en un sueño profundo, pero rápidamente tomó mi almohada y la abrazó.
Un gesto tan simple, tan suyo, que me hizo sonreír a pesar de todo. A pesar de los juegos, a pesar de las cámaras, por un momento fue solo una chica que buscaba un poco de consuelo.
Me alejé, tambaleándome hacia el baño. Al llegar, activé la insonorización de ruido, como si quisiera borrar cualquier rastro de mi debilidad. Fui directo a la taza y comencé a vomitar.
Sentí como si mi estómago me pateara con cada arcada, y cuando ya no había más que expulsar, entré rápidamente a la regadera. El agua caliente golpeó mi piel como una bofetada, despertándome de la nebulosa.
Dios, realmente no recordaba nada de ayer.
Sí que fue una mala idea seguirle el juego a Haymitch, aunque también me liberó un poco de los malditos problemas.
Ya más relajado, mi mente comenzó a encenderse, y los pensamientos regresaron a Katniss, a la visión de ella acostada en mi cama, abrazando mi almohada.
Entonces, mis ojos se abrieron tan fuerte que me dolió la cabeza otra vez, pero lo ignoré. Salí de la ducha y me sequé rápidamente con un solo pensamiento taladrando mi mente.
El dibujo que había hecho de ella.
Me vestí rápidamente y salí, pero me detuve en el umbral. Katniss ahora estaba sentada en la cama, y en su mano sostenía el dibujo, aún doblado.
Ella me miró, sus cejas se levantaron al verme. Intenté controlar mi respiración y borrar cualquier rastro de miedo de mi mirada, enderezándome y aclarando mi garganta.
Me recargué en la puerta, intentando proyectar una calma que no sentía, como si el dolor de cabeza y el estómago revuelto no fueran más que una astilla en el dedo.
—"Buenos días"— mi voz, aún cuarteada por el exceso de alcohol, rompió el silencio.
Pero ella no contestó. Simplemente, dejó la hoja amarillenta en la mesita de noche, se levantó y se cruzó de brazos. Su rostro lo decía todo: no estaba nada contenta.
Y ya me domaron.
—"Mira, Kat"— empecé, con la voz baja —"sé que lo que hice ayer no fue la mejor decisión, pero todo está bien, puedo presentarme a la prueba de habilidad, me tomaré algo y listo"— intenté excusarme, pero ella solo hizo una mueca de incredulidad.
Me va a hacer decirlo.
Solté un suspiro de derrota.
—"Está bien, en verdad, entiendo. Discúlpame, no fue mi intención preocuparte así. No volverá a pasar"— me disculpé con toda mi honestidad, mi mirada intentando encontrar la suya.
Ella soltó un suspiro y pasó por mi lado.
Se detuvo en la puerta del baño y solo dijo: —"Está bien. Voy a darme una ducha"— y, sin más, entró.
Me quedé en shock. La verdad, pensé que habría una discusión o una pelea de por medio.
Pero ella no era así.
Mis ojos regresaron al dibujo, y me alivió ver que aún estaba doblado. Me acerqué, lo metí en un cajón y luego fui directo a por agua.
Después, me dirigí al botiquín en busca de algo que me ayudara con el maldito dolor de cabeza.
Me senté en mi cama, con una pastilla en mano, me maldije por dentro. La neblina de la resaca me impedía pensar con claridad, y mi mente solo podía concentrarse en lo que había olvidado.
Preguntarle a Effie cómo le había ido en la reunión, si había funcionado o si había alguna condición. Este día sería terriblemente ocupado, y esta maldita resaca me duraría hasta tarde.
Sí que fui estúpido.
El Capitolio podía crear cosas impresionantes, armas, trajes de fuego y hologramas, pero una pastilla para la resaca.
Oh, eso era demasiado pedirle a sus pobres científicos.
Me tomé la pastilla y cerré los ojos. En un vago intento de calmar las punzadas de dolor.
La puerta del baño se abrió, al igual que mis ojos, y Katniss salió ya vestida y secándose el cabello. El vapor del agua caliente aún la envolvía.
En ese momento, un pensamiento surrealista me asaltó: tal vez estaba dormido en la azotea con Haymitch y todo esto era solo un sueño.
¿Cómo habíamos llegado a un momento tan íntimo, a compartir la misma cama, y actuar después como si no fuera nada?
—"Mi traje de entrenamiento está en mi habitación, te veo en el comedor"— comentó.
Solo asentí con la cabeza, volviendo a cerrar los ojos, esperando que la pastilla hiciera efecto.
Pero justo cuando Katniss abrió la puerta para irse, un chillido agudo hizo que abriera los ojos de golpe. El sonido fue una aguja a mis oídos sensibles.
Oh, no.
Era Effie, parada en el umbral, con los ojos desorbitados por la escena frente a ella.
—"No pasó nada"— solté de inmediato, mi voz sonaba tensa y forzada, incluso para mí mismo.
—"Katniss fue tan amable de cuidarme durante la noche después de la estupidez que hice ayer"— intente explicar.
—"¡Bien, al menos lo reconoces!"— me interrumpió con un tono que no admitía réplica, dejando a Katniss desaparecer detrás de ella.
—"Y yo pensando que serías más maduro y listo que Haymitch"— el verdadero regaño había comenzado.
Se movió por la habitación con furia, ignorando por completo mi miserable estado, y abrió de golpe las cortinas. La luz me golpeó con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos.
Estaba a punto de replicar, de defenderme, de soltar alguna excusa, pero una segunda voz, con un tono burlón que reconocí al instante, sonó, terminando de irritarme.
—"Vamos, chico, no estás tan mal"— dijo Haymitch, recargado en el marco de la puerta, con una taza en cada mano.
—"El hecho de que estés de pie y bañado ya es un gran avance"— lo fulminé con la mirada, pero no le dije nada. Después de todo, fue mi decisión beber con él.
—"Tú no digas nada"— Effie regañó a Haymitch, quien solo rodó los ojos.
Al menos por su expresión, no fui el único regañado esa mañana; un pequeño consuelo.
Con un movimiento brusco, Effie le arrebató una de las tazas a Haymitch y me la extendió.
—"Tómate esto, te ayudará con la resaca"— dijo con un tono totalmente hostil y frustrado. En cuanto el aroma llegó a mi nariz, mi estómago se revolvió.
¿Qué demonios era esa cosa?
Iba a replicar, pero la mirada fría y cansada de Effie no me dejó margen para la protesta.
Sin más remedio, vertí el líquido por mi garganta. Sabía mal, con un sabor amargo y terroso, pero había probado cosas peores en la prisión. Al menos, al tragar, sentí cómo mi estómago se aplacaba.
—"Bien, ahora, podrás retener algo de comida, ¿ya te tomaste algo para la cabeza?"— demandó ella.
Solo pude asentir, sintiendo que cada movimiento era un esfuerzo monumental.
—"Bien, vamos al comedor"— intervino Haymitch, dándome la agenda del día.
—"Dentro de 30 minutos bajarás con Katniss a la prueba"— treinta minutos para sentirme bien y para decidir qué demonios iba a hacer.
Rayos.
Sentí una punzada de pánico. No había pensado en nada, mi mente estaba en blanco.
Me levanté y comencé a seguirlos a ambos hasta el comedor, donde Portia y Cinna platicaban animadamente sobre el vestido de Katniss.
—"Buenos días"— me saludaron, pero la luz, el ruido, todo me abrumaba. Cerré los ojos e hice un gesto con la mano, apenas capaz de un reconocimiento.
—"Tú también"— comentó Portia con una mezcla de lástima e impresión por mi evidente resaca.
—"Ahora ves por qué estoy tan frustrada. Haymitch lo ayuda, pero también le quiere pegar sus malos hábitos"— soltó Effie de manera dramática, ganándose una risa de parte de Haymitch.
Que para mi sorpresa, se servía una taza de café; pensé que alguien como él se estaría curando con más alcohol. Eso solo ratificaba que hoy no había margen para errores, así que lo copié, haciendo lo mismo.
Entonces llegó Katniss, sin ver a nadie en particular.
—"Bien, vamos a repasar el plan para hoy"— comenzó Haymitch, dirigiéndome una sonrisa socarrona.
El solo hecho de que estuviera de pie, sin una arruga en su traje y con esa taza de café como si nada hubiera pasado, me llenó de una ira fría.
Lo odio ¿Cómo podía estar tan entero después de todo lo que tomamos?
Supongo que ya nada le afecta, porque es un ebrio 24/7, porque eso es lo único que tiene sentido en mi mente.
—"Tú, cariño"— su dedo se movió para señalar a Katniss —"es tu momento de lucir esa puntería. Que sea algo inolvidable para que todos los Organizadores se queden con la boca abierta. Yo sé que tú puedes, y no hay margen de error"— su voz era seria y, a pesar de su actitud, sabía que Katniss lo escuchaba.
Pude ver la tensión en sus hombros, la forma en que sus ojos se oscurecieron por la concentración.
Evidentemente, esto era fundamental, la prueba era la única oportunidad de impresionar a los Organizadores y ganar puntos.
Luego, Haymitch dirigió su atención a mí, sus ojos brillando con malicia.
—"Y tú, no te humilles solo"— soltó burlonamente.
La broma me golpeó más fuerte que la resaca. Mi ira, ya a punto de estallar, se desbordó. Toda la frustración, el malestar y la humillación se canalizaron en un solo impulso.
Lo voy a matar.
Quizá por la debilidad del momento estampé mi puño contra la mesa con todas mis fuerzas, haciendo que los platos y cubiertos saltaran. El¡Bam!resonó en todo el comedor.
Todos se quedaron en silencio por un instante, paralizados por mi arrebato.
En mi interior, una parte de mí sabía que las palabras de Haymitch habían sido solo una broma cruel, normal de su parte, una burla más por mi resaca, pero eso no hacía que doliera menos.
Porque, en el eco de sus palabras, por un instante, volví a escuchar la voz de mi padre.
Su maldita voz.
La misma voz que me perseguiría toda mi vida.
Sentí la sangre gotear; había roto un plato y me había hecho una pequeña cortada en la mano.
Solté un suspiro, con el corazón martillándome en el pecho.
Dios, qué idiota.
No me atreví a mirar a nadie a la cara, la humillación era demasiado grande. Solo me disculpé, en voz baja, por el desorden y me levanté, decidido a irme de allí.
No podía presentarme a la maldita prueba con esta actitud necesitaba calmarme. En cuanto entré en mi habitación, me dirigí a la cama y acerqué el botiquín.
Me senté, rebuscando en su interior con prisa, hasta que la puerta se abrió. Era Effie. Lucía preocupada, pero a la vez molesta, una combinación entraña en ella.
No dijo nada. Simplemente, se acercó y, con una delicadeza que no esperaba, me tomó de la mano.
Y comenzó a aplicar desinfectante. Parecía hacerlo con nostalgia.
—"Por eso, odio que beban, no es en el momento, sino cómo se comportan al día siguiente"— dijo, su voz tranquila, pero con un deje de sufrimiento.
Y fue entonces cuando me puse a pensar cuántas veces ella no había hecho lo mismo por Haymitch en el pasado. Cuántas veces lo había curado, física y emocionalmente. Sin duda, Effie era una mujer especial.
Solo pude contestar: —"Me imagino que Katniss debe de estar decepcionada a este punto. Estoy echando a perder todo mi avance por una sola decisión"—
Una decisión egoísta.
Effie terminó de pasar el desinfectante, por la pequeña herida.
—"Claro que está decepcionada, pero también está preocupada por ti, como lo estamos todos. Pero debes aprender que las decisiones que tomes de ahora en adelante ya no solo te afectan a ti, como tú crees. Ahora también le afectan a ella, a nosotros"— susurró. No pude decir nada ante esa verdad.
Solté una sonrisa torcida. Effie pasó de electrocutarme en el tren de manera inocente a darme consejos de vida.
Solo pude asentir ante sus palabras y, de inmediato, pasé a un tema más urgente.
—"¿Cómo te fue ayer?"— pregunté, con un hilo de desesperación en la voz.
Noté que ella meditaba, buscando las palabras exactas, y la tensión me hizo sentir un nudo en el estómago.
—"Primero, agradeció el pan"— comenzó.
—"Mencionó que, sin duda, era un lujo poder disfrutar del pan de un Mellark una vez más. Después le expuse el plan"— Su voz bajó de tono, una mala señal que me hizo saber que el camino sería difícil.
—"Pero me pidió garantías. Quería saber qué tenía para confiar en ti, ya que, después de todo, eres hijo de Greta, lo cual no le genera ninguna confianza. Además, se preguntaba por qué se metería en una apuesta codo a codo con Bran, solo por ti"— Effie hizo una mueca, y no supe si era por mencionar el nombre de mi madre, pero se recompuso.
—" Así que le dije, exactamente como se lo contaste a Haymitch en el tren, lo que Katniss significa para ti y lo que estuviste dispuesto a hacer gracias a ella. Sin duda, eso la impresionó, así que me dijo que, dependiendo de las puntuaciones y las entrevistas, tanto las tuyas como las de Katniss, tomaría la decisión"— concluyó, guardando los últimos objetos en el botiquín.
Effie me dedicó su mejor mirada de apoyo, pero mi mente era un torbellino. Sabía que sería complicado; todo dependía de lo que Katniss y yo hiciéramos hoy.
Volviendo a su brillo normal y con su voz cantarina, Effie dijo: —"Vamos, tienes que comer algo, después de tu pequeño arrebato"—
¿Pequeño? Casi parto la mesa.
—"Para que puedas bajar y demostrar de lo que estás hecho"— termino, para dirigirnos nuevamente al comedor, donde un silencio incómodo reinaba.
El resto del almuerzo transcurrió rápidamente, mientras yo intentaba que algo se quedara en mi estómago. No hubo más conversación, probablemente para mantener la paz.
Y cuando menos lo esperé, ya estaba con Katniss en el elevador, bajando. El dolor de cabeza era persistente, pero leve.
¿Qué demonios voy a hacer en la prueba de habilidad?
El dolor de cabeza y el estómago revuelto no me van a permitir hacer un combate de sparring y mucho menos levantar pesas. Necesito algo que no me haga moverme mucho y que sea impresionante.
Como si fuera tan fácil.
—"¿Entonces, cuál es el plan?"— preguntó Katniss, sacándome de mis pensamientos, su mirada buscando la mía.
Solté un suspiro.
—"La verdad es que no lo tengo claro. Sé que tú demostrarás tu puntería, pero yo"— no pude acabar la frase.
A mi mente vinieron nuevamente las voces "no te humilles, ¿acaso no eres un Mellark?, si eres basura siempre serás basura" una amalgama de papá, mamá y Bran, haciéndome cerrar los ojos con fuerza.
Odio que pase esto; casi no pienso en ellos, pero debido a mi estado actual es más fácil caer en los recuerdos.
Me llevé la mano a la cara, intentando ocultar el creciente dolor de cabeza que los recuerdos crean en mí.
Entonces, una calidez en mi brazo hizo que las voces y los recuerdos se alejaran. Bajé la mano de mi rostro para encontrar la de Katniss posada sobre mi brazo.
—"Si no te sientes bien, tal vez deberías descansar"— dijo, su voz era tranquila, y expresaba la preocupación que ahora veía en su mirada.
Tal como dijo Effie.
—"Yo puedo sacar una buena puntuación, estoy segura, y tú puedes ganar puntos en la entrevista, donde no es mi fuerte"— mencionó, intentando sonar confiada.
Algo se removió en mi interior, un sentimiento que me desarmó por completo. Apoyarnos, ese era su plan. Un plan basado en una confianza que me sobrecogía. Ella en mí y yo en ella.
Levanté mi mano y la posé sobre la suya, sintiendo la suavidad de su piel. Ella no me retiró la mano, pero mi mirada se apartó, incapaz de sostenérsela. Me sentí como un cobarde, un fraude.
—"En verdad, Kat, lo siento"— solté en un susurro que se me atoraba en la garganta.
—"Fui un estúpido. No debí pensar solo en mí, sino también en ti y en cómo afectaría nuestros planes"— baje mi mirada, escapando de la suya.
Sí que soy un fraude.
Sentí cómo se tensaba ante mi nueva disculpa, y la volví a mirar, esperando un reproche, una confrontación. Pero su rostro se suavizó, un gesto que me desarmó por completo.
—"Ayer estaba muy enojada, como Effie"— comentó, y su voz, inusualmente baja, me hizo dudar de si seguiría hablando.
—"Pero cuando se llevó a Haymitch, él dijo algo que me dejó pensando"— me miró con esos ojos grises tan penetrantes que siempre me hacían sentir que podía ver a través de mi alma.
—"Dijo que lo necesitabas. Y aunque no me parece la mejor excusa, lo entiendo. Después de todo, llevas aguantando todo esto desde que llegamos y todo para que alguno de los dos sobreviva ahí afuera. El estrés debe de estarte matando"— creí que había terminado, porque su voz bajó de forma gradual, volviéndose un murmullo.
Pero me sorprendió con algo más, una frase tan simple, pero tan cargada de significado, que me hizo temblar.
—"Hay otras formas de afrontar los problemas, como hablar conmigo por ejemplo"— su voz apenas fue un susurro al final, una oferta. Y yo, no tenía idea de cómo responder.
Sin poder decir más, las puertas del elevador se abrieron, mostrando a los demás tributos esperando su turno.
Solté lentamente su mano y ella mi brazo, conscientes de que todas las miradas estaban puestas en nosotros. Sin mediar palabra, salimos en busca de Finn y Rue.
No tardamos en encontrarlos; estaban en la última mesa de la sala de espera.
Rue nos saludó con un melodioso "Buenos días", a lo que Finn añadió un saludo más discreto. Yo, apenas con fuerzas para mover la cabeza, me limité a asentir en reconocimiento.
—"Luces como un desastre, Peeta, ¿qué te pasó?"— preguntó Rue, con una ceja arqueada en señal de sorpresa y preocupación.
—"Nada, solo fue una noche pesada"— mentí, sintiendo el peso de la falsedad en mi espalda, aunque no podía decirle la verdad eso solo arruinaría su poca confianza.
Rue interrogó con la mirada a Katniss, quien solo negó con la cabeza con un gesto definitivo, dejándola visiblemente frustrada.
Entonces, una voz inundó la sala, llamando aLyra, del Distrito 1, dando comienzo a las pruebas.
Mi cabeza retumbaba con la fuerza de la voz, pero la ignoré, concentrándome en Finn y Rue. Había algo importante que discutir, y este sería el mejor momento.
—"Bien, hablemos de qué haremos en la arena"— comencé, bajando la voz y haciendo un gesto con la cabeza para que ellos se acercarán al centro de la mesa, prestando atención.
—"Cuando comiencen los Juegos, lo más seguro es que a Katniss y a mí nos separen y nos dejen lejos el uno del otro. Pero al ser un círculo"— dije, trazándolo en la mesa con el dedo, para después apuntar a Finn y a Rue.
—" Al menos quedaremos cerca de alguno de ustedes. Así que tienen que correr hacia alguno de nosotros. Katniss y yo sabremos cómo reunirnos después"— mi mirada no daba cabida a dudas ni objeciones.
Pero Finn preguntó: —"Entonces, ¿no intentaremos ir a la Cornucopia a conseguir armas o comida?"— su voz denotando su nerviosismo, su mirada llena de dudas.
Solo negué lentamente con la cabeza, pero Katniss le respondió: —"No es buena idea, siempre es un matadero, y no podremos defendernos y defenderlos a ustedes si nos encontramos con los profesionales. Es mejor escapar, reagruparnos, buscar agua y comida"— mientras veía a Finn y a Rue, los cuales asintieron, aunque sus miradas estaban perdidas, como si les costara aceptar que mañana todo cambiaría.
—"Lo que dice Katniss es justamente la razón por la que, sin dudarlo, deben reunirse con alguno de los dos, el que esté más cercano a ustedes"— la voz resonó en la sala nuevamente interrumpiéndome, esta vez llamando aMarvel.
Me pasé la mano por la sien, que me palpitaba, y después apunté a la mesa con el dedo para dejar en claro un punto muy importante.
—"No deben confiar en nadie, absolutamente en nadie"— solté, irritado, mi voz sonando más grave de lo que pretendía, solo para concluir con un
—"No quiero que pase otra Johanna Mason"— esperaba que con eso quedara claro el punto y, al parecer, funcionó, porque no hubo más preguntas después de eso.
Me recosté en la silla, escuchando la charla que se desarrollaba entre Rue y Finn; Katniss incluso participaba de vez en cuando.
No podíamos hacer planes más profundos porque los Juegos eran una incógnita. Incluso este plan tan simple podría fallar, ya que ni siquiera sabíamos cómo sería la arena.
Además, no puedo revelar mucho de la estrategia que tomemos, no confió en ellos al 100% por más inofensivos que puedan parecer…
Solté un suspiro y cerré los ojos, intentando calmarme para la prueba.
No supe cuánto tiempo pasé así, recostado en la silla, mientras la voz que llamaba a los tributos se hacía cada vez más lejana.
Entonces, una mano sobre mi brazo me movió lentamente, y abrí los ojos para encontrarme con la mirada de Katniss.
Sin Finn o Rue a la vista. De hecho, éramos los únicos en la sala.
Me quedé dormido.
—"No estaba babeando, ¿verdad?"— solté, intentando aligerar el momento.
Ella pareció pensarlo y, de forma automática, pasé mi mano por mi boca, ganándome una sonrisa burlona de su parte.
—"Thresh ya tiene rato adentro, ya solo quedamos tú y yo"— comentó, aun con la burla en su rostro, mientras su mirada vagaba por la sala ahora vacía.
Pasé una mano por mi rostro, tallándome los ojos. El dolor de cabeza ya no estaba, y el estómago, a pesar de lo débil que lo sentía, podría aguantar algo de acción.
La pregunta era, ¿qué debería hacer? Y a mi mente vino la pastosa y odiosa voz de Haymitch recordándome algo. Una sonrisa torcida se formó en mi rostro.
Es todo o nada
Estiré mi mano, posándola en la de Katniss, que hacía un pequeño ruido al golpetear sus dedos en la mesa, ganándome completamente su atención.
—"¿Confías en mí?"— solté, mi voz apenas un susurro cargado de una gravedad inusual.
Katniss me miró con el rostro completamente confuso, sus ojos grises, siempre tan claros, se nublaron por un instante. Pareció meditarlo, y el silencio se alargó, un eco de todas las veces que la había ayudado sin esperar nada.
Finalmente, con convicción, soltó un simple y firme —"Claro"— en ese momento, la voz que inundaba la sala anunció el nombre de ella. Era su turno.
Me puse de pie y, sin dudarlo, tiré de su mano. Ella me miró con una duda fugaz, una indecisión que desapareció tan pronto como apareció.
Comencé a guiarla hacia la puerta. Al pasar, la mujer que revisaba la lista se confundió al vernos entrar juntos, su mirada iba de nuestras manos unidas a mi rostro.
Pero no dijo nada, tal vez por la sonrisa que planté en mi rostro, una de esas sonrisas para las cámaras, o por el simple hecho de que nuestras manos estaban unidas.
En cuanto cruzamos la puerta, sentí las miradas de los organizadores desde su pequeño balcón, vestidos con sus típicas ropas moradas.
Tal vez prestarían más atención porque era la chica en llamas, pero sin duda el hecho de que yo estuviera aquí llamó aún más poderosamente su atención. Uno de ellos se levantó de su asiento.
—"¿Cuál es el significado de esto? Se supone que solo debe entrar el candidato llamado"— condenó, con la voz llena de frustración.
Sentí a Katniss tensarse a mi lado, y le di un pequeño apretón en la mano para que no se intimidara. Ignoré por completo y de manera descarada al hombre, y caminé con Katniss hacia la zona de puntería. Pasamos de largo el arco colgado, que llamó la atención de Katniss.
—"Todo a su momento"— susurré, mientras soltaba su mano.
Me giré y caminé hasta quedar debajo del balcón. Subí mi mirada, encarando a todos los organizadores, paseándola por cada uno de ellos.
Finalmente, me detuve en un hombre con sobrepeso. Levanté la mano, señalándolo con el dedo.
Al instante, el pobre hombre se tensó, volteando a ver a los demás en busca de una respuesta a mi extraña actitud.
Entonces, saqué a relucir esa voz tan amistosa y empalagosa que mi madre me obligó a aprender para hablar con personas importantes.
—"¿Podría usted, amable caballero, darme esas dos manzanas?"— pregunté, señalando ahora las manzanas en una bandeja. Mi voz era suave y perfectamente modulada, un contraste tan fuerte con mi gesto anterior que el silencio en la sala se hizo aún más profundo.
El hombre dudó, pero después de no recibir negativa de nadie, las tomó y me las dejó caer.
Las atrapé fácilmente y solté un melodioso: —"Muchas gracias"— para dedicar mi mejor sonrisa.
Ya con el ingrediente principal de mi plan, me acerqué a Katniss, dejando una de las manzanas en la mesa.
La tomé de la mano y atravesamos el campo de blancos, caminando hasta la marca de 7 metros.
La coloqué en la marca, su mirada estaba completamente perdida, igual que la de los organizadores. Le puse las manos en los hombros.
—"Confía en mí, sí, todo saldrá bien, solo confía"— le dije lo último con toda la tranquilidad que pude reunir.
Esperé hasta que ella asintiera con la cabeza para después tomarla de la barbilla, dejándola recta, y acomodando la manzana en su cabeza. Con ese movimiento, ella entendió lo que iba a hacer y el pánico llenó su mirada.
Sin embargo, al instante le acomodé su cabello detrás de su oreja, intentando calmar sus miedos. Funcionó, porque no me detuvo ni dijo nada más.
Me giré mentalizándome para la locura que iba a hacer. El pánico se mezclaba con una extraña y amarga resolución.
Odio esto.
Pero necesitaba una buena puntuación, y debido a mi estado, un tiro perfecto a una manzana sería lo más sencillo. Además, como dijo Haymitch, los capitolinos aman el drama, sobre todo si es real.
¿Qué más real hay que esta confianza?
Dejar que alguien dispare algo tan cercano a tu cabeza. Confiaba en mi habilidad, lo sabía en lo más profundo de mi ser. Y, más aún, sabía que esto no era nada. Si fuera cualquier otra persona, incluso con los ojos cerrados me atrevería, pero es Katniss.
Tomé la lanza más ligera del estante y, sin pensarlo más, me acerqué a la zona de lanzamiento.
Escuché jadeos de parte de los organizadores, junto con susurros "Está loco", "No puede hacer eso", "Que alguien pare esto, no podemos perder un tributo a estas alturas", entre otros.
Los ignoré y levanté mi vista, mis ojos fijos en los de Katniss, la cual se mantenía recta, su respiración calmada, tal como la mía, aunque mi corazón latía con fuerza en mi pecho, como un tambor frenético.
No es nada.
Me dije a mí mismo, intentando aminorar el temor que me corroía por dentro.
En mi mano, sudorosa, apreté con fuerza la lanza, la levanté y di unos pasos hacia adelante, y la lancé.
(POV de Katniss)
Mi corazón latía con una fuerza que no conocía, un tambor que resonaba en mis oídos. El miedo me llenaba.
Estaba loca ¿Cómo podía prestarme para esto?
Pero confiaba en Peeta. Confiaba en su habilidad; él no habría hecho esto si no pudiera lograrlo. Traté de calmarme con ese pensamiento, aunque una parte de mí se negaba a creerlo.
Entonces, escuche el¡Ssshhhht!seguido de un¡Splut!algo frío y húmedo salpicó mi pelo y mi cara, y me giré rápidamente. La lanza estaba clavada con fuerza en el blanco, la manzana incrustada en su punta.
Increíble.
Unos aplausos comenzaron, llegando de la sección de los Organizadores, los cuales estaban en shock al igual que yo. Lentamente, más aplausos se unieron.
Por un momento, me olvidé de todo lo demás, solo el sonido de las manos chocando, la lanza clavada, y la manzana.
A mis oídos llegaron los murmullos de los organizadores: "No puedo creer que estuviera dispuesta a hacerlo", "Tal vez los rumores son ciertos", "Claro que sí, si no hubiera nada entre ellos, ni de broma ella aceptaría".
No pude evitar mostrar una pequeña sonrisa.
Así que por eso hizo esto.
Mi atención regresó a él, que se acercó con rapidez, su mirada buscando cualquier cosa fuera de lugar en mí.
Solo yo podía ver la verdadera preocupación en sus ojos cuando me dio un pañuelo para limpiarme.
—"¿Estás bien?"— susurró, la urgencia en su voz.
Solo asentí, y vi cómo sus hombros se relajaban. Su sonrisa falsa regresó mientras se giraba hacia los organizadores y hacía una reverencia teatral, digna de un actor.
—"Gracias por su atención, pero aún no terminamos"— comenzó a decir con ese tono meloso que me resultaba tan extraño.
Me puse a su lado, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del mío. Él continuó, suavizando aún más su voz para que todos pudieran escuchar.
—"Como saben, y no es un secreto, Katniss y yo formamos un equipo"— de repente, sentí un cosquilleo en mi estómago por sus palabras.
—"Y confiamos tanto el uno en el otro que decidimos compartir el tiempo de la prueba. Como vieron, mi fuerza, rapidez y puntería son impecables. Pero"— hizo una pausa dramática y retrocedió un paso, extendiendo sus manos hacia mí.
—"Aquí la verdadera maestra es Katniss"— soltó, mirándome con una confianza que me hizo sentir que podía hacer cualquier cosa.
Tragué en seco y volteé a ver a los organizadores, que tenían sus rostros completamente perdidos por sus palabras.
—"A las pruebas me remito"— dijo por último, para caminar a la mesa y tomar la otra manzana.
Y cuando pasó a mi lado, solo susurró —"Apunta recto"— y me guiñó un ojo, para comenzar a caminar a la prueba de blancos otra vez.
Sentí que el aire se escapaba de mis pulmones, pero me mentalicé: tengo que hacer que esto valga la pena. Comencé a caminar hacia el preciado arco, tan moderno y diferente al de mi padre.
Sentí que era más pesado, pero a su vez más estable, y pasé mi mano por las flechas hasta tomar solo una.
Ya con el arco en mano, regresé a la zona de tiro. Sentí la atenta mirada de los Organizadores.
Peeta aún no se posicionaba, seguía caminando, y por cada paso que él daba, sentía mi mano más húmeda.
Pero al parecer no era la única a la que se la comían los nervios, ya que los susurros regresaron: "Es demasiado, ya pasó de los quince metros", "Repito, no podemos perder un tributo, tal vez deberíamos poner el límite nosotros", "Tanto confía en ella", entre otros. Unos de incredulidad, otros de sorpresa.
Entonces él llegó a la marca de los veinticinco metros. Peeta se posicionó, colocando la manzana en su cabeza.
Era increíble; su vida estaba en mis manos, y aun así, se mostró relajado, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de entrenamiento y mostrando una sonrisa ladeada, casi burlona.
—"¡No me vayas a despeinar!"— gritó con un tono de broma.
—"¡Te voy a borrar esa sonrisa burlona de la cara, Mellark!"— le grité con una sonrisa propia en mi rostro.
Él solo me sacó la lengua, un gesto tan infantil que me hizo reír. La normalidad de la conversación me relajó tanto que me olvidé de los Organizadores y de todo lo demás.
Me posicioné, levanté el arco y tensé la cuerda. A mi mente vino la voz de mi padre.
Respira mi pequeña flor, como si fueras a apagar las velas, y suelta.
Y así lo hice, solté la flecha, la cual viajó con fuerza.
La flecha arrancó la manzana de la cabeza de Peeta sin siquiera rozarlo. Al instante me giré, la confianza en su máximo esplendor, encarando a los Organizadores y a sus rostros inexpresivos, por lo que acababan de presenciar.
Hice una reverencia, llena de cinismo y burla.
—"Muchas gracias por su consideración"— dije con una voz nada melosa, más bien indiferente y burlona.
Peeta corrió a mi lado, mientras yo regresaba el arco a su lugar de origen. Ya a mi lado, con una sonrisa de autosuficiencia y orgullo que me hizo sentir vergüenza, me pregunté por qué estaba tan feliz por mi habilidad.
Pero él solo me tomó de la mano y volvimos a hacer una reverencia juntos.
—"Y así finaliza el show de la chica en llamas y el convicto, sintonícenos mañana a la misma hora"— soltó con una burla que casi podía tocarse. Y sin esperar a que nos despidieran, caminamos hacia la salida.
Mientras caminábamos al elevador, inconscientemente trence mis dedos con los suyos. Buscando esa tranquilidad que necesitaba después de las locuras que acabábamos de hacer.
Un pequeño error de cualquiera de los dos y era la muerte del otro. Pero también sentí ese cosquilleo en el estómago por la confianza sin medida que demostramos el uno al otro.
Realmente confía en mí… y yo confió en el.
La tranquilidad, de saber que podía confiar en él, me lleno, porque dentro de la arena, mi vida estaría en sus manos y la suya en las mías.
Pero una voz que no había escuchado desde el tren regresó, la de Gale.
¿Y qué vas a hacer, cuando ya solo queden ustedes dos Catnip?, porque estoy seguro de que el convicto no se medirá al final.
El eco de sus palabras taladrándome, y mi cabeza fue a la zona que había intentado dejar atrás, las inseguridades, el miedo a que la conexión me debilitará, porque yo tenía que ganar por Prim, por mi madre.
¿Estaría dispuesta a pelear a muerte con él?
La imagen de Prim, de mamá, de todos esperándome en casa me dio la respuesta, tenía que regresar aún que eso significara pelear contra él.
Bajé la mirada a nuestras manos unidas. Era un sentimiento tan confuso en mí, porque seguí dejando que esta conexión creciera.
Porque te gusta, te calma, te ayuda.
A mi mente vino el paraguas y no pude evitar comparar el sentimiento, tan parecido pero a la vez tan diferente. El paraguas lo buscaba por consuelo, como si me recargara para continuar el día a día.
Pero Peeta era, por deseo, por el gusto de tener su compañía. Era un sentimiento confuso, pero reconfortante, y tenía miedo de descubrir lo que realmente significaba, pero no podía dejar de seguir experimentando con él.
—"¿Todo bien, Kat?"— Su pregunta me sacó de mi mente.
Me recompuse y, aun con la audacia de nuestra confianza en el aire, le pregunté lo que tenía en la cabeza. Pasé la lengua por mis labios.
—"¿Qué pasará si solo quedamos tú y yo, en la arena?"— Mi voz salió dudativa, pero clara.
Vi en su mirada la impresión por la pregunta, tal vez porque no se la esperaba o porque él mismo pensaba en ello.
Esperaba que me soltara y huyera del problema o pusiera excusas para no pensar en ello, pero esa pregunta estaba en el aire desde que decidimos formar equipo, teníamos que abordarla.
Pero una sonrisa se formó en su rostro, un poco torcida, como si le hubiera contado un chiste.
—"Pensé que estaba más que claro"— susurro, dejándome confundida por su respuesta tan ambigua.
—"¿Qué te parece si hoy, después de las entrevistas, subimos a la azotea y hablamos sobre todo esto?"— concluyó, dándome un pequeño apretón en la mano.
—"Está bien"— respondí justo cuando el elevador se abrió.
Caminamos en silencio hasta la sala donde el equipo nos esperaba. Al entrar, fuimos recibidos por un abrazo de Effie. Esta vez, me encontré devolviéndole unas leves palmadas en la espalda, al igual que Peeta.
Ella nos tomó de los hombros y, pasando la mirada de Peeta a mí, preguntó cantarinamente: —"¡¿Y cómo les fue?!"— con una sonrisa gigante en su rostro. Peeta estaba por contestar, pero la voz de Haymitch lo interrumpió.
—"Eso me corresponde preguntarlo a mí, cariño"— se ganó los ojos torcidos de Effie.
—"Oh, no, no son nada más tus niños"— respondió Effie a modo de reproche, fulminándolo con la mirada.
Peeta me soltó y se acercó a la mesa para tomar una botella de agua.
—"Nos fue bien. Y ya me siento mejor, el dolor de cabeza desapareció, aunque el estómago es otra historia"— les dijo, para beber el agua, tranquilamente. Haymitch asistió con la cabeza.
—"Voy a hacerte otra bebida como la de la mañana, eso asentará tu estómago, para la noche"— comentó Effie, mientras se movía a la cocina.
—"¿Por qué no te das una ducha, Katniss? Las puntuaciones saldrán en un par de horas"— me recomendó Cinna amablemente, y la verdad era buena idea.
Mi cabello aún tenía restos de manzana, al igual que el de Peeta. Solo asentí.
—"Yo también me ducharé"— soltó Peeta, aun con la botella en la mano y comenzando a caminar.
Pero la voz de Haymitch nos paró a ambos en seco: —"Cada quien en su habitación. No queremos un mini Mellark en camino"— dijo, burlonamente.
Sentí mi cara calentarse por las implicaciones de sus palabras, sabía que no dejaría pasar lo de la mañana.
Estaba a punto de girarme y gritarle que no dijera estupideces, pero Peeta fue más rápido y le lanzó la botella de agua en el estómago. Haymitch solo se soltó riendo.
Sin decir más, me fui a mi habitación aun con la cara roja.
Abrí la puerta de la regadera y me metí de lleno bajo el agua helada. Necesitaba aclarar mi mente y pensar en la entrevista de esta noche y todo lo que tendría que decir.
Tengo que hacerlo.
Me repetía a mí misma, pero no por eso era más cómodo o tranquilizador. Hablar de mis sentimientos, hablar sobre el niño del pan sería un martirio en frente de todos. Incluso pensar en que el Distrito 12 escucharía todo solo hacía que me sintiera más nerviosa.
¿Qué pensaría Gale o Madge? ¿Cómo se sentiría mi madre al escucharme hablar de esos momentos de abandono?
No lo sabía. Lo único que sabía era que la única persona que me entendería completamente sería Prim.
¿Y Peeta, cómo se sentiría al escuchar la historia completa?
Después de todo, es gracias a él que sé que el niño del pan estaba aquí en el Capitolio.
Realmente, sería una noche larga. También estaba el tema del vestido de Cinna, aún no sabía exactamente cómo funcionaría todo lo del fuego, pero confiaba en sus habilidades para hacerme ver hermosa para la ocasión.
Duré demasiado tiempo debajo del agua. Cuando me puse algo cómodo para salir a la sala, encontré a todos ya reunidos.
Haymitch y Effie en la barra de la cocina, Peeta en el sofá tomando un brebaje extraño que, por su expresión, no debía saber nada bien, y Portia y Cinna sentados en el segundo sofá.
Yo simplemente me dejé caer con Peeta, y parecía que solo faltaba yo, porque en cuanto me senté, el programa inició.
La cara de Claudius y Caesar llenaron la pantalla, haciendo una pequeña introducción. Y sin dilatar más, comenzó el conteo.
Me senté más recta, el conocer la puntuación también ayudaría a saber qué otros tributos, aparte de los profesionales, son potencialmente peligrosos.
Por el rabillo del ojo, vi a Peeta dejar la taza, concentrándose en la pantalla.
—"Y como siempre, primero las damas y después los varones"— dijo Claudius feliz, mientras la pantalla cambiaba.
Comenzaron con el Distrito 1, el cual sacó 7 y 10. Sin duda, Marvel sería un problema en la arena.
El Distrito 2 sacó 10 y 8. Sin poder evitarlo, una sonrisa se formó en mi rostro. Un 8 sería de mucha ayuda para Finn y, por extensión, para nosotros.
Los demás fueron puntuaciones normales, solo Glimmer sobre paso el 8. Rue pudo sacar un 7, lo cual era bueno, normal.
El único que sobresalió de los demás fue Thresh por sacar un contundente 10, rivalizando con Marvel y Clove.
Sabía que el sería un problema.
—"¡Bien, aquí viene lo importante!"— chilló Effie de manera dramática, acercándose más.
No sabía si lo que habíamos hecho Peeta y yo sería bueno o algo malo. Después de todo, fue peligroso, imprudente; además, nos comportamos un poco groseros al final.
Y, por la reputación de Peeta, tal vez eso también influiría en la decisión. Después de lo que le hicieron en la Ceremonia inicial, no lo veía imposible.
Pero entonces, la pantalla se mostró de manera diferente: normalmente se presentaba uno a la vez, pero aparecimos Peeta y yo al mismo tiempo, uno al lado del otro. Peeta con su sonrisa burlona y yo mostrando una más pequeña.
Y entonces mi mundo se quedó en blanco cuando los dos números aparecieron a la vez. Lo único que detecté fue el grito ahogado de Effie, el jadeo de Cinna y Portia.
Un 12 se mostraba en ambos lados.
Peeta y yo sacamos un 12 cada uno.
¿Cómo podía ser así?
Era irreal; nunca había escuchado de una puntuación tan alta. Salí de mi mente cuando la televisión fue apagada de repente, interrumpiendo a Claudius, que parecíashockeado.
Todos nos giramos hacia Haymitch, que sostenía el control remoto.
—"Bien, ¿qué demonios hicieron allá abajo?"— su voz exigente razonó con fuerza.
Se levantó de su silla y se acercó a nosotros, su mirada fija en Peeta, el cual había retomado su taza, terminando de beber de ella.
Para después solo responder: —"Nada importante. Además, ya sabes las reglas, solo los Organizadores lo saben"— se burló de él, el duelo de miradas era claro.
Haymitch se tensó y estaba a punto de reprocharle, de reclamarle, pero Peeta se le adelantó: —"Lo más importante es que todo está saliendo según el plan. Con esto podremos conseguir el apoyo que nos hacía falta"— dijo, haciendo énfasis en la última parte.
Haymitch no lo iba a dejar ir fácil, pero Effie intervino: —"Ya es tarde, es mejor que los dos vayan con Cinna y Portia a terminar de ajustar todos los arreglos para las entrevistas"— su voz denotaba felicidad por la puntuación.
Haymitch le dio un vistazo al reloj soltando un bufido para asentir con la cabeza. Al escuchar lo de las entrevistas, sentí cómo el estómago se me encogía.
Dejando de lado elshockpor la puntuación, solo me levanté y seguí a Cinna a su estudio, en la parte de arriba, rogando que todo saliera bien esta noche.
(POV de Peeta)
Mi mente seguía en el sillón, en la expresión de incredulidad de Katniss al ver la puntuación. Mentiría si dijera que no estaba impresionado.
Pensé que ella obtendría un 10, o tal vez un 11, pero que ambos sacáramos un 12 era extraño. La exageración de la puntuación me daba vueltas en la cabeza hasta que la verdad me iluminó y no pude evitar sonreír.
Claro, el Capitolio está desesperado por qué alguien apueste por mí; lo necesitan, no pueden dejar que Bran destruya su pequeño negocio.
Al menos sabía que esta puntuación sería decisiva para queellaapostara por Katniss. Aun así, no podía darlo por sentado, tenía que dejar todo claro con Caesar para que no hubiera más dudas. Todo termina esta noche.
No quería pensar en las atrocidades que tendría que cometer en la arena. Cada hora que pasaba era un recordatorio de que la imagen que había construido alrededor de Katniss se rompería en el instante en que pusiera una de mis manos sobre otro tributo.
Pero sería necesario por ella. O al menos, eso era lo que me decía a mí mismo. La mano firme de Portia en la corbata que anudaba con habilidad me sacó de mis pensamientos, obligándome a concentrarme en la imagen que tenía enfrente.
El traje era precioso y de gran calidad, lo sabía. Un conjunto de 3 piezas color azul marino, camisa blanca, corbata roja, zapatos cafés.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que me vestí con algo semejante? Años.
Ahora, con 18 años, me sentía extraño al verme una vez más así, vestido como se supone que se esperaba de alguien como yo.
—"Sabía que tenías el porte para lucir este conjunto"— me alabó Portia, mientras me miraba de arriba abajo.
Para agregar: —"Aunque supongo que eso no es una novedad"— no lo dijo como una burla, sino de manera sincera, haciéndome sonreír.
Sería deshonesto si dijera que no me gustaba la buena ropa y los lujos que ahora podía disfrutar nuevamente.
Pero si algo había aprendido es que todo esto es algo prescindible, al final, así como llegaba, podía irse. Pero mientras lo tenga a mano lo disfrutaría.
Portia me acercó una caja donde había anillos y relojes de diferentes marcas y formas.
—"A tu gusto"— me dijo, mientras sostenía la caja cerca de mí.
Tomé un reloj y comencé a ponérmelo, pero no pude evitar meterme un poco con ella.
—"¿Supongo que el miedo inicial a tratar conmigo ya no es tan grande?"— pregunte con ironía, mientras observaba el reloj en mi muñeca izquierda.
Mis ojos pasaron del reloj a ella, y al instante se puso recta. Pasó la lengua por su boca, que temblaba levemente.
—"No tienes que fingir, lo noté desde el primer momento en que hablamos"— empecé a poner los anillos en mis dedos, probándolos.
—"Después de todo, sé que ahora que estoy de vuelta aquí en el Capitolio, soy la comidilla de todos los chismes"— intenté decirlo como si no fuera nada, pero la oscuridad en mi voz no ayudó.
Ella tragó con fuerza, su voz un susurro.
—"No sé de qué me habla, joven Mellark"— se excusó, haciendo que me detuviera para dirigirle una mirada penetrante.
Ella jugo con la caja como si fuera lo más interesante. No quería asustarla, pero esperaba que al menos fuera honesta conmigo.
Solté una risa suave y cerré la caja tranquilamente.
—"Veo cómo pudiste escalar en este negocio"— solté en un tono que era a la vez un reconocimiento y una burla.
Ella estaba haciendo lo que cualquiera con su oficio haría, protegerse. Yo sabía perfectamente que ella no tenía información importante, más allá de los chismes ocasionales entre sus colegas.
Levanté la mano con un ademán para llamar su atención.
—"Aun así, gente como yo reconoce al instante cuando nos dicen lo que queremos oír y, a veces, lo que más valoramos es que nos digan la verdad, aunque duela. Créeme, esos son los que terminan ganándose nuestra confianza"— le aconsejé amablemente.
La vi fruncir el ceño y levantar las cejas por mis palabras, en algún momento se toparía con alguien que haría preguntas, y más le valdría aprender a combinar la amabilidad con la verdad, porque si algo aprendes en el Capitolio es a ver las mentiras, y para los de más arriba, eso es igual a traición.
La observé un momento, luego rompí el silencio con una sonrisa irónica.
—"No te preocupes, Portia, estamos bien"— dije, y la vi detener su pequeño golpeteo sobre la caja, para dirigirme la mirada.
—"Solo un pequeño consejo para tu futuro, porque se ve que tienes mucho potencial"— la elogié, y era verdad, el traje combinaba muy bien conmigo, se notaba que el color resaltaba mi presencia, y la corbata, mi rostro, mis ojos.
—"Espero y combiné con Katniss"— agregué, dándome una última mirada en el espejo. Mis ojos, fijos en mi reflejo, no pudieron evitar pensar en ella.
Portia solo pudo sonreír, alejándose para acomodar la caja en su escritorio dejando de lado el momento tenso.
—"Eso es justamente el último arreglo que hizo Cinna ayer. Al principio pensó en un color negro para seguir la idea del carbón, pero después de verlos a ambos estos días y la estrategia, decidió cambiar por un azul como tu traje, con accesorios rojos"— concluyó, mientras colocaba la caja en su escritorio.
No pude evitar sonreír. Iremos combinados como una pareja real.
Qué listos, Cinna y Portia.
Caminé hasta estar a unos pasos de Portia y, sin pensarlo, estiré mi mano, lo cual la miro un momento.
Pero de igual manera la tomó, y dejando de lado todo lo que hablamos, esta vez el honesto fui yo.
—"Muchas gracias, por todo Portia. Tú y Cinna realmente son magníficos, sin ustedes, no habría chica en llamas"— comenté mientras le daba un apretón en la mano en señal de reconocimiento.
Ella abrió los ojos por mi amabilidad, sin ironía ni burla, solo lo que había en mi corazón para ella y Cinna.
Ellos son parte importante del equipo, después de todo, la chica en llamas es algo que se consiguió gracias a ellos, el primer impulso. Y esta noche, nuestra apariencia será una parte vital para el impulso final.
Sin más, comencé a caminar hacia la salida, con Portia siguiéndome de cerca, con la mirada perdida, pensando en algo.
Mi objetivo era llegar a la planta baja para reunirme con los demás y prepararnos para la entrada al teatro.
Por cada escalón que bajaba, mi pulso aumentaba. El miedo y la duda regresaron con fuerza, pero todo se desvaneció cuando pisé el último escalón y mi mirada se encontró con su figura.
Ahí estaba ella, en todo su esplendor, y me quedé completamente congelado. Mi corazón había dejado de latir, o tal vez latía tan rápido que no podía sentirlo.
El vestido azul, que llegaba hasta el suelo, su rostro levemente maquillado, una cartera roja en su mano haciendo juego.
Simplemente, me perdí en ella, en su belleza natural.
Effie chasqueo sus dedos enfrente de mí, ganándose mi atención un "¿Qué?" Escrito en mi rostro, justo cuando Cinna interrumpió.
—"Y esa es justamente la reacción que esperamos de todos"— soltó, con una pequeña burla en su mirada.
—"Sí, eso es justamente lo que iba a decir, mi campeona se verá espectacular"— canturreó Effie, siguiéndole el juego a Cinna.
Sentí la necesidad de desviar la tensión, así que solo sonreí pícaramente, ganándome la mirada interesada de Katniss.
—"¿Realmente, necesito subir yo para ganar puntos en la entrevista? Creo que sería mejor donar mi tiempo a Katniss, y que siga deslumbrando a Panem"— dije, lo último con una voz ronca y mi mirada totalmente puesta en ella.
Solo desvío la mirada, un pequeño sonrojo en su rostro, dejando entre ver como funciono mi cumplido, disfrazado de una burla suave.
—"También podríamos llevar un balde para que no tires tus babas por todo el suelo"— la voz pastosa de Haymitch rompió la magia del momento.
Él lucía muy limpio, y al parecer, sin una pizca de alcohol en su sistema. Yo solo pude sonreír ante su ingeniosa burla, porque, en cierto modo, era verdad.
Él, notando mi buen humor, dijo: —"Veo que ya se te pasó la resaca"— mientras se acercaba.
—"Algo así, ¿por qué? ¿Esperabas un puñetazo?"— me jacté con burla escrita en mi mirada.
—"No, pero al menos ya sabemos que Caesar estará a salvo esta noche"— devolvió él, para darse la vuelta y caminar hacia el elevador.
Pero la mano de Effie salió disparada, tomando su hombro y parándolo en seco. Él lució perdido por la interrupción, como si no pudiera creer que alguien se atreviera a detenerlo.
—"¡Aún no! Primero, ¡una foto!"— chilló, sosteniendo una cámara en la mano. Al instante, Haymitch rodó los ojos y se llevó una mano a la cara, como si un tren lo hubiera arrollado.
—"¡Mujer, estás lo…!"— sus palabras se ahogaron en su garganta cuando la expresión de Effie cambió por completo. Su ceño se frunció, sus cejas se levantaron y sus ojos se entrecerraron.
Lo fulminaba con la mirada, recordándole, sin palabras, que le debía algo.
—"Creo que es una buena idea, como un recuerdo. Que sin importar lo que pase después de hoy, somos un equipo"— dije con una sonrisa sincera, ganándome una mirada de triunfo por parte de Effie y un gruñido bajo de Haymitch.
Luego me volví hacia Katniss, que parecía un poco perdida.
—"¿Qué te parece a ti?"— le pregunté, buscando su opinión.
Ella lo meditó un momento antes de asentir, con ese silencio cómodo que era tan característico en ella.
Sin esperar más, Effie salió disparada a colocar la cámara, mientras nosotros nos acomodábamos.
Me puse a un lado de Katniss, Haymitch aún con su visible sufrimiento por esta tontería (como él mismo la llamaría) se colocó a mi izquierda, dejando un espacio para Effie.
En el otro lado de Katniss, se posicionaron Cinna y Portia que lucían visiblemente contentos por la idea de Effie.
Y sin pensarlo, doblé mi brazo a la altura de mi codo, ofreciéndoselo a Katniss, la cual lo observó un segundo antes de aceptarlo, posando su mano en mi antebrazo. Ambos volteamos a la cámara.
Effie corrió de regreso, solo para regañar a Haymitch: —"¿Por qué no eres un caballero y me ofreces el brazo?"— le reprochó, ganándose una mirada de muerte por parte de él.
—"No presiones, espagueti"— se burló de su peluca rubia, ganándose al instante un golpe de Effie, lo que hizo que los demás nos riéramos al mismo tiempo que la cámara disparaba la foto.
La cámara proyectó la foto, y no pude evitar volver a reír. Éramos tan nosotros.
En ella se podía ver a Portia llevándose una mano a la boca, intentando aplacar la creciente risa, mientras Cinna solo sonreía, como si nada pasara.
Katniss y yo nos reíamos de verdad, y por último estaba Effie, hecha una fiera, golpeando a Haymitch, el cual solo miraba con aburrimiento.
—"¡Ves lo que haces, arruinaste mi foto!"— le recriminó rápidamente Effie, enojada.
Yo negué con la cabeza, pero lo que me impresionó más fue la respuesta de Katniss: —"A mí me gusta, nos representa tal como somos"— dijo, para encogerse de hombros, ganándose una rápida mirada de muerte de Effie.
—"O sea que soy una regañona"— soltó, incrédula por las palabras de Katniss.
Pero no hubo tiempo para más plática, cuando Haymitch, ya cansado de todo el asunto, caminó hacia el elevador, haciendo una seña para que lo siguiéramos.
Y sin más, lo seguimos, mientras Effie soltaba un bufido por su indiferente actitud, tomando la cámara, pero no sin antes volver a mirar la foto, solo para que una pequeña sonrisa se formara en su boca.
Quizá apreciando el momento como todos nosotros. Ya en el elevador, noté que no solo yo sentía el nerviosismo por lo que nos esperaba.
La mano de Katniss en mi antebrazo estaba firme, como si fuera a caer en cualquier momento. La verdad, no sabía quién sostenía a quién. Pero al menos, así estaríamos bien.
En cuanto las puertas se abrieron, Effie y Haymitch salieron, seguidos por Cinna y Portia, dejándonos a Katniss y a mí al final.
No habíamos avanzado mucho cuando una voz soltó: —"Necesitamos que nos entreguen al joven Mellark, ya que su presencia ha sido requerida"— la voz, fría y sin vida, provenía de un pacificador en jefe, mientras me señalaba.
Mi mirada cambió completamente.
¿Una solicitud? ¿Por qué ahora?
Mi mente ya se hacía una idea de quién venía, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, Effie y Haymitch dieron un paso adelante, interponiéndose en su camino.
Al instante, los otros dos pacificadores que lo acompañaban desenfundaron sus armas. El silencio se hizo pesado, pero no hubo flaqueo por parte de Effie y Haymitch.
Este último soltó: —"No creo que eso sea posible, jefe, ya que tenemos que llevarlo al teatro para su entrevista"— intentando apelar a que éramos tributos y teníamos un lugar vital donde estar.
Pero eso no pareció importar, él levantó su mano parando el ánimo de sus compañeros.
—"Estará a tiempo para su entrevista"— confirmó.
Esto no pareció convencer ni a Effie ni a Haymitch, que no se movieron. En cualquier otra circunstancia, estaría agradecido por su apoyo, pero en estos momentos prefería que las cosas no escalaran.
Lo importante es que Katniss llegue al teatro.
Así que, sin medir más, dije: —"Está bien, Effie, Haymitch, iré con ellos"— pero antes de poder dar más de dos pasos, un fuerte agarre me sostuvo del antebrazo, haciéndome girar para encontrarme con la mirada de pánico de Katniss.
No solo era pánico, había miedo. Tal vez pensaba que pasaría algo como en la Ceremonia de inicio, aunque no lo sabía, tenía que darle las fuerzas para que continuara.
—"Todo estará bien, Kat. Los veré en las entrevistas"— comenté, forzando una calma que no sentía.
Pareció ver a través de mi mentira, porque su agarre no menguó. Levante mi mano y la posé con delicadeza sobre la suya, sintiendo el temblor que le recorría el brazo.
Mi mirada se encontró con sus ojos grises, llenos de un pánico y de una duda que me partió el alma. No podía decirle lo que realmente pensaba, no podía admitir mi propio miedo.
—"Estaré bien, Katniss, lo prometo"— susurré, aflojando lentamente su agarre.
En cuanto me soltó, me di la vuelta con el estómago revuelto. No podía seguir viendo su rostro, porque si lo hacía, mi fachada se derrumbaría y lucharía para que no me apartaran de su lado.
Me abrí paso entre Effie y Haymitch, quienes me miraban con una incertidumbre que preferí ignorar.
El pacificador me guio hasta otro elevador y, al subir al menos cuatro pisos, llegamos a una zona que conocía bastante bien.
El dolor en mi estómago se agravó cuando un viejo recuerdo me golpeó. El pacificador se detuvo frente a una puerta y me hizo una seña para que entrara.
Levanté la mano y la posé sobre la fría perilla de metal. Antes de girarla, cerré los ojos por un segundo, preparándome mentalmente para lo que estaba a punto de comenzar.
Sin más, abrí la puerta y entré en la habitación. Frente a mí, unos sillones formaban un círculo con varias pantallas que bajaban del techo.
En uno de ellos, una chica de cabello castaño y mirada perdida me hizo reconocerla al instante: Annie Cresta.
Una voz divertida llenó la sala.
—"Qué recuerdos, ¿verdad, Peet?"— dijo Bran, paralizando aún más a la pobre chica, que ahora temblaba.
Mi mirada lo encontró rápidamente; estaba de pie, observando por un ventanal gigante.
—"Aún recuerdo cuando solíamos correr por ese pasillo de afuera, mientras papá y mamá cerraban los negocios aquí"— comentó, su voz llena de una nostalgia que no encajaba con el presente.
La imagen de mi yo de seis años persiguiendo a un Bran de diez asaltó mi mente, pero se desvaneció tan rápido como llegó. Esos recuerdos ya no significaban nada; todo había cambiado cuando él empezó a seguir estrictamente los pasos de nuestros padres.
Las risas se habían convertido en burlas, la protección en daño.
Puse mi mirada más aburrida, como si la nostalgia de Bran no me afectara en lo más mínimo.
—"¿Qué demonios quieres, Bran? Tengo cosas más importantes que hacer que recordar viejos tiempos"— solté bruscamente, sintiendo cómo el veneno de mis palabras quemaba mi propia garganta.
Él se dio la vuelta, sus ojos azules ardían. La cicatriz en su ojo no hacía más que volverlo más amenazante, y su mirada me recorrió de arriba abajo.
Cuando nuestros ojos se encontraron, una sonrisa burlona se extendió por su rostro.
—"Ah, el hijo pródigo regresó, o al menos eso dicen todos"— comenzó a decir mientras se movía lentamente hacia los sillones.
—"Pero creo que exageran, porque en unos días más, solo serás un cadáver adornando el suelo de la arena"— pasó la mano lentamente por el respaldo de los sillones.
—"Pero en caso de que no sea así, y por un milagro ganaras"— susurró, deteniéndose junto a Annie y acariciando su cabello.
—"Bueno, digamos que disfrutaré mucho comprando tu tarjeta"— terminó con una sonrisa siniestra.
Un frío helado me recorrió la espalda. El miedo y la rabia luchaban por el control en mi interior, pero tenía que ser más fuerte.
Me recompuse, copiando su sonrisa y comencé a caminar hacia él.
—"¿Crees que eso me asusta? ¿Unos viejos peleando por ver quién pone su sucia mano sobre mí?"— le pregunté, alzando una ceja con un desdén que no sentía, y apoyé mi mano en el respaldo de un sillón.
Él levantó un dedo, apuntándome, mientras se humedecía los labios.
—"Al principio lo creí, sí, pero lo he meditado. No es eso lo que debe darte miedo, sino lo que le haré a la niña del Distrito 12 cuando ponga mis manos sobre ella"— su sonrisa se ensanchó en una promesa cruel.
Mi expresión permaneció inalterable, una máscara de hielo, pero en mi interior, las alarmas no sonaban: gritaban.
Era un pánico tan agudo que por un segundo creí que el sistema de incendios del edificio se había activado, advirtiendo de la catástrofe que se aproximaba.
Exhalé un suspiro exagerado, forzando una expresión de aburrimiento.
—"¿En serio, Bran? ¿Ese es tu gran plan macabro? ¿Intentar intimidarme con la inútil del Distrito 12 que cayó tan fácil en mis redes?"— pregunté, con un desdén que me dolía más a mí que a nadie.
Cada palabra era un puñal que me clavaba en el pecho, pero no me detuve. Tenía que vender mi actuación.
Forcé mi boca a seguir hablando, a vomitar estas mentiras que había creado.
—"Porque en un momento, bajaré, tendré mi entrevista y me ganaré a todo Panem con mi trágica historia de amor... solo para, al final en la arena, degollarla como a un perro"— mi voz sonó tan firme como la piedra, sin el menor rastro de temblor que esperaba.
Funcionó. La sonrisa de Bran se desvaneció, reemplazada por una sombra de duda.
Así que me aferré a eso. Tenía que esforzarme en ese momento para que él pensara que Katniss no significaba nada para mí, así, tal vez, no se interesaría en ella al final. Mi voz salió más oscura, más fría.
—"Porque, piénsalo, ¿crees que yo tendría la más mínima simpatía por una chica que acabo de conocer? ¿Una muerta de hambre de un Distrito basura?"— Me detuve un segundo, mi corazón sangraba por mis propias palabras, pero usé ese dolor como motor.
Clavé mi mirada en la suya, sería, y quería que escuchara esto para que entendiera el punto.
—"Cuando no me importaron las súplicas de nuestra madre mientras la apuñalaba hasta la muerte, mientras gritaba por ayuda. ¿O cuándo las lágrimas bajaron por las mejillas de nuestro padre mientras suplicaba por su patética vida, solo para después deslizar el cuchillo por su cuello?"— Terminé y el olor a sangre regresó a mi nariz, un recuerdo lejano.
En ese momento, no había nada en mí, solo el vacío de mis acciones pasadas.
Los ojos de Bran se apartaron de los míos, fijos en algún punto vacío. El dolor de mis palabras se filtraba en su rostro, y por un segundo sentí una oscura satisfacción al verlo tambalearse.
—"¿Qué pasa, hermano? ¿Te entró una basurita en el ojo?"— comenté, con una burla que lograba esconder el temblor en mi voz.
—"Pensé que me habías traído aquí para amedrentarme, pero veo que cuando se trata de eso ya no tienes el poder ¿o sí?"— su mano, que antes acariciaba el cabello de Annie con un falso tacto, lo tomó con una fuerza brutal, y la pobre chica solo se encogió por el dolor.
Y por la mirada de Annie, supe que no era la primera vez que esto sucedía.
—"¿Que acaso no recuerdas lo que decía padre?"— le pregunté, ganándome de nuevo su intensa mirada.
Le señalé directamente la mano que aún sujetaba el cabello de Annie y, con la voz más melosa que pude imitar de mi padre, le recité: —"No debes dañar la mercancía, porque puede que a los compradores no les guste el producto"— terminé con una mueca de autosuficiencia.
Él observó su mano como si las palabras de papá volvieran a su mente.
Después de un momento, la soltó. Se mordió el labio inferior antes de volver a sonreír.
—"Vaya que tienes agallas para hablar de lo que hiciste y después citarlo"— respondió, con la ira hirviendo en su voz.
Sus ojos, enrojecidos por el dolor de un recuerdo tan vívido para ambos, casi me hicieron sentir empatía por él.
Eso sí quedara alguna en mí.
—"No soy estúpido, Peet. Sé que tramas algo, pero no funcionará. Todo este asunto de tu romance con la parca del Distrito 12 es solo una fachada, y te va a explotar en la cara"— comenzó a decir, y la calma se instaló en mi mente. La idea que él tenía era tan errónea que me sentí más confiado para enfrentarlo.
—"Sé que mandaste a la señorita Trinket al Sector Venia a ver a Tigris"— mi mirada se perdió por un instante.
Esto no era bueno, para nada bueno. El hecho de que él supiera eso era un problema. Mi mente trabajó a mil por hora, buscando una respuesta para confundirlo.
La única forma de salvar a Katniss era que Tigris apostara por ella; yo moriría en la arena y apostar por mí no le daría ninguna ganancia.
Pero si Bran conectaba los puntos, sabría que Katniss era importante para mí, especialmente si Tigris ponía su dinero en ella.
—"Debería aplaudirte, realmente usaste todo a tu alcance para intentar salir vivo de esto, pero según mis contactos, Tigris apostará por... tu compañera"— soltó con una voz falsamente dolida, llevándose la mano al pecho.
—"Así que si tu plan era que ella te ayudará"— hizo una pausa conectando su mirada conmigo, para negar con la cabeza, mientras una pequeña sonrisa se asomaba.
—"Yo gané"— terminó con aire de superioridad y una sonrisa burlona ya completa.
El impulso de borrarle esa sonrisa de un puñetazo era casi insoportable, pero en mi interior, una euforia salvaje comenzaba a crecer.
Por esto me había provocado desde el principio, para ver mi reacción, para confirmar si Katniss era mi punto débil. Y él acababa de darme la victoria sin saberlo.
Mi rostro se quedó en blanco, los ojos fijos en un punto vacío, fingiendo que sus palabras me habían golpeado en el estómago. La derrota, el shock, todo lo que él esperaba ver, lo proyecté en mi expresión.
Era la mejor mentira que había contado.
—"Qué triste, ella entró a tus redes, ¿o tú entraste a la suya?, al parecer no eres tan listo como piensas"— escupió con ironía.
Levanté mi vista y mis ojos azules solo demostraban el desprecio fingido por mi propio bien, por el bien de Katniss.
Y mi voz cargada con veneno soltó; —"Sabes, Bran, hay algo de lo que me arrepiento de esa noche"— me gané rápidamente su completa atención, su rostro completamente en blanco por mi inesperado comentario.
Una sonrisa cruel comenzó a crecer en mi rostro.
—"Que los pacificadores me detuvieron antes de rebanarte el cuello"— terminé, dándole una última mirada con toda la acidez y el odio reunidos en mi voz, para darme la vuelta y dirigirme a la puerta.
Mi mano se posó en la perilla, a punto de girarla, cuando su voz me detuvo una vez más: —"Peet... que la suerte siempre esté de tu lado"— terminó con ese falso mantra que todos repetían, como si fuera una bendición o una maldición.
Su risa aguda llenó el lugar, para dar paso al sonido de las televisiones un "Denle la bienvenida a Glimmer" de parte de Caesar retumbó, recordándome lo más importante.
Gire la perilla y salí, directo a las entrevistas, directo a Katniss.
(POV Katniss)
Mis manos estaban empapadas en sudor mientras me quedaba tras bambalinas, esperando mi turno.
Glimmer acababa de terminar su entrevista y se sentaba junto a los demás tributos detrás de Caesar.
Mis ojos buscaron a Finn. Lo hizo bastante bien; se mostró cortés y respondió con sinceridad a todas las preguntas.
Incluso se ganó risas del público cuando retó a Caesar a una pequeña demostración de lucha, después de presumir de las nuevas habilidades que había aprendido.
Rue, en cambio, fue toda dulzura. Pero hubo un momento destacado, una pregunta extraña de Caesar, que me hizo tensar.
Le preguntó directamente si sabía algo del rumor de 'la chica en llamas y el hijo pródigo'. Un escalofrío me recorrió la espalda y toda mi atención se centró en la pequeña Rue y su respuesta.
Para mi sorpresa, ella me buscó con la mirada y, cuando la encontró, pareció entender algo que ni siquiera yo misma comprendía del todo.
A sí que simplemente, bromeó diciendo que no podía hablar de eso porque 'la chica en llamas la mataría'.
Sus palabras se ganaron unas cuantas risas, y luego se encogió de hombros, dando por terminada su entrevista con un 'Que la suerte esté de tu lado' de parte de Caesar.
Salí de mi mente cuando llamaron al chico del Distrito 10.
Solo faltan dos más y seguiré yo, y Peeta no aparece por ningún lado.
Ese pensamiento me retorció el estómago, y las ganas de vomitar regresaron con fuerza.
No podía imaginarme otra humillación pública, ni podría soportarla en silencio si sucedía.
Esta vez no.
Bajé mi cabeza, mirando al suelo. La soledad me estaba matando; Effie, Haymitch, Portia y Cinna no podían estar aquí conmigo, ellos estaban en primera fila observando todo.
Un carraspeo me obligó a levantar la vista para encontrarme con unos ojos azules tan familiares. Peeta estaba recargado en la pared, con la mano en el bolsillo, observándome en silencio.
El alivio fue tan inmediato que el aire escapó de mis pulmones en un suspiro, uno que me pareció ensordecedor.
Sin evitarlo, la única palabra que salió de mis labios fue un cortante —"¿Qué?"— intentando sonar segura y fallando miserablemente.
Él se enderezó y caminó directamente hacia mí. Me preparé para su respuesta habitual, esa que usaba cuando lo sorprendía mirándome.
—"Nada, nada."— Aquí vamos, puse mi mejor cara de póker.
Él me sonrió con esa inclinación de labios que siempre anunciaba una de sus bromas, una que me haría rodar los ojos, pero el mundo se detuvo cuando sentí su mano tomar mi mejilla.
—"Solo aprecio tu hermosura"— mi cerebro se desconectó por completo.
Lo único que existió fue el calor de sus dedos acariciando mi mejilla, un toque tan tierno que quemaba. Cuando se alejó, mi mejilla se sintió fría y extrañamente resentida, como si deseara que ese calor regresara.
Salí del trance, recuperándome del momento íntimo. Noté que él lucía más relajado, como si un peso se hubiera ido de sus hombros. A donde lo hubieran llevado, parecía que lo había ayudado más que perjudicado, lo cual me calmó enormemente.
—"Denle la bienvenida a Thresh"— la voz de Caesar me devolvió al escenario.
¿Cuánto tiempo había pasado con él acariciando mi mejilla?
Para mí fue solo un segundo.
—"Todo estará bien, Kat"— me dijo, con su voz tranquila.
Su mano en mi hombro me dio un pequeño apretón que me llenó de una extraña mezcla de confianza y tranquilidad.
—"Solo sé tú misma, después de todo, ¿cómo no podrían amarte? Tienes un gran efecto en las personas"— sus palabras de ánimo fueron tan sinceras que, por un momento, me las creí.
Solo pude asentir con la cabeza.
Mi atención se fijó en Thresh. Su entrevista fue muy similar a las de los demás; habló sobre lo que pensaba del Capitolio, su entrenamiento y su puntuación, que fue lo más destacado.
Y como siempre, al final, llegó la pregunta decisiva: si formaría equipo con alguien. Aquello captó mi atención de inmediato. Al igual que Rue, se encogió de hombros, dejando la duda en el aire.
Será peligroso… muy peligroso.
Mientras lo despedían, sentí una fuerte presión en el pecho. Mi estómago se retorció, tragué en seco y jugué con mis manos en un intento fallido de calmarme.
Un brazo se extendió nuevamente hacia mí, el de Peeta, que mantenía su sonrisa y las cejas levantadas en una clara invitación. Miré su codo una vez más, como lo hice durante la foto, y sin dudarlo, deslicé mi brazo en él.
—"Y aquí vamos"— soltó cuando anunciaron mi nombre.
La verdad no sabía si era posible que me acompañara hasta el asiento, pero no me importaba. Lo necesitaba.
—"Denle la bienvenida a Katniss Ever..."— La voz de Caesar se desvaneció antes de que pudiera pronunciar mi apellido.
Salimos juntos al escenario, y por un instante, un silencio se apoderó de todo.
Luego, el estruendo. Los gritos y aplausos de la multitud estallaron como un coro ensordecedor. El canto de "chica en llamas" e "hijo pródigo" retumbaba con una fuerza que nunca había escuchado.
Yo mantuve la compostura, forzando una pequeña sonrisa. Peeta, en cambio, parecía haber nacido para esto; levantó la mano, saludando y sonriendo al público.
Cuando finalmente llegamos a Caesar, Peeta se separó de mí, dedicándole un rápido —"Cuídala"— que desató otra ovación.
Un leve sonrojo me subió a las mejillas. Solo pude articular un —"Gracias"— antes de que él saliera del escenario.
Caesar me ofreció el asiento con un gesto. Le asentí y me senté, sin esperar un segundo más.
—"Katniss, Katniss, Katniss..."— dijo con una euforia que detonaba su completo deleite por el momento que acababa de vivir.
—"Tú sí que sabes hacer una entrada. Primero en la Ceremonia de apertura, con esas llamas, esa naturalidad. Luego tu 12 en las pruebas. ¡Y ahora esto! Disculpa, pero me vas a matar"— chilló de manera teatral, y las risas llenaron el lugar. Le seguí el juego con una sonrisa.
—"Qué quieres que te diga, Caesar, todo es gracias al gran equipo que tengo detrás"— mi mirada se clavó en los primeros asientos, específicamente en Cinna, quien, en agradecimiento, puso su mano en el pecho.
Las cámaras lo captaron, ganándonos un "Oh" enternecedor del público y de Caesar.
—"Sin duda, la importancia de los estilistas es fundamental y, con eso en mente, déjame decirte que esta noche estás preciosa, deslumbrante"— su cumplido desató silbidos de aprobación en el público, pero yo me sentí completamente avergonzada.
Esta no era yo. Yo era una chica de pantalones y botas, esto solo era una fachada.
—"Muchas gracias a todos, pero déjenme les digo algo"— Empecé a bajar la voz, haciendo que Caesar se inclinara automáticamente hacia mí.
Puse mi mano en la boca; —"Este vestido también es especial"— susurré.
La mirada de Caesar se llenó de expectación y chilló: —"¡Por favor, muéstranos, muéstranos!"— extendiendo sus manos hacia el centro del escenario.
Las voces se unieron a Caesar, así que me levanté dejando la cartera en el sillón.
Me puse en medio, sin pensar más, y comencé a girar. En la segunda vuelta, las llamas comenzaron a salir, dando un hermoso efecto. Los gritos eufóricos y los cánticos regresaron.
Después de la cuarta vuelta tuve que parar, las manos de Caesar me sostuvieron para no caerme, me llevó directo al sillón.
—"Venga, siéntate, no queremos que sigas el ejemplo de tu mentor y caigas del escenario"— se burló, mientras me ayudaba a sentarme.
La cámara enfocó a Haymitch, quien no dudó en dedicarle una grosería a Caesar, para rápidamente ganarse un regaño de Effie a su lado. El público estalló en risas.
Caesar, con una sonrisa socarrona en su rostro, solo dijo: —"Yo también te quiero mucho, Haymitch, todos queremos a nuestro vencedor del Distrito 12, ¿Verdad?"— gritó, desatando las risas nuevamente.
Yo solo pude sonreír, siguiendo el juego. Él se recompuso, hizo señas para que todos se calmaran y se volvió hacia mí.
—"Hablando del Distrito 12, dinos, Katniss, ¿cómo es la vida ahí para ti, para tu hermana, tu mamá?"— preguntó con voz seria, acorde con la gravedad de la pregunta. Mi corazón martilleaba en mi pecho.
Este es el momento.
Mis pensamientos se centraron en lo único que me daba la fuerza para decir lo que tenía que decir: Prim.
—"Sin duda es muy diferente a como es aquí en el Capitolio. Yo soy de la Veta, que es la zona que está cerca de las minas"— comencé, fijando mi mirada en un punto inespecífico, más allá de Caesar.
—"Lo cual hace que sea lindo levantarme aquí sin el polvo de carbón en el cabello todas las mañanas"— intenté bromear, ganando algunas pequeñas risas del público y una sonrisa de Caesar que me animó a continuar.
—" Mi familia es muy pobre, lo cual hace muy difícil salir adelante"— busqué a Peeta con la mirada; él estaba de pie, solo observando y escuchando, y su presencia me tranquilizó.
—" Y es que"— Las palabras se me atoraron un poco al pensar en mi padre.
—"Mi padre falleció en las minas por un accidente cuando yo solo tenía 10 años. El Capitolio fue muy amable con nosotros porque nos dio una compensación por ello"— dije, y la ira por lo patética que fue esa compensación se apoderó de mí por un segundo, pero me contuve. Quería quedar en buenos términos.
Y funcionó. Una pequeña ronda de aplausos sonó cuando lo dije.
—"En verdad lo lamento mucho"— dijo Caesar, con una mueca de falsa compasión.
—"Pero me alegra ver que aprecias la ayuda desinteresada del Capitolio"— los vítores del público estallaron, y por un instante me sentí asqueada de tener que alimentar su circo con mi historia. Aparté el pensamiento, forzándome a concentrarme.
—"¿Y cómo pudiste, ya sabes, salir adelante en esa situación tan difícil?"— preguntó, bajando la voz con todo el tacto que pudo fingir.
La sala se quedó en un silencio expectante. Mi mirada buscó a Cinna, quien asintió con la cabeza, animándome a contar la verdad, sin rodeos.
Con todo el valor que pude reunir, lo solté: —"La verdad, Caesar, es que casi morimos de hambre"— se escuchó un jadeo entre el público, y Caesar levantó las cejas con genuina impresión.
—"Lo que el Capitolio nos dio no iba a durar para siempre. Mi madre cayó enferma, una enfermedad grave, dejándome sola al cuidado de mi hermana, Prim"— mi voz se quebró un poco ante el recuerdo.
Solté un suspiro, intentando calmarme para continuar.
—"Tuve... que mendigar por comida"— mi voz era apenas un susurro, pero resonó con una fuerza abrumadora en el silencio sepulcral del auditorio.
Aparté la vista de todos, incapaz de ver sus reacciones ante esa verdad vergonzosa, mi verdad.
—"Llegó un punto en que no pude más. El hambre, el dolor, la soledad eran demasiado"— bajé la mirada a mis manos, sintiendo el escalofrío de la lluvia una vez más.
—"Ese día, bajo la lluvia, me rendí. Prim estaba en casa esperándome, junto a mamá, esperando a que su hermana mayor, su hija mayor, llevara lo que fuera de comer"— me dolía el pecho como si el aire no pudiera salir, mi corazón estrujado.
—"Pero solo pude arrastrarme hasta un árbol y quedarme ahí sentada, bajo la lluvia, pensando en cómo les había fallado"— el olor a tierra mojada me invadió, el sonido del agua, como si estuviera una vez más ahí.
Humedecí mis labios, tratando de esconder el temblor en mi voz.
—"Realmente pensé que todo se acabaría"— solté finalmente, levantando mi vista para encontrarme las lágrimas del público y los sollozos que llegaron a mis oídos.
Effie lloraba a rienda suelta, Haymitch solo tenía la mirada perdida como si algo lo atormentara, Portia intentaba retener las lágrimas, Cinna intentó sonreír amablemente, pero no pudo.
Y cuando mi mirada llegó a Peeta, él solo estaba ahí, su rostro inexpresivo, su mirada perdida en algo más allá de mí.
—"¿Y qué pasó, Katniss?"— preguntó Caesar con un hilo de voz, y su pregunta captó no solo mi atención, sino la de todo el auditorio.
Bajé la mirada al suelo, incapaz de mirarlo a los ojos.
—"Entonces, alguien se paró frente a mí. Por un momento, pensé que me echaría del lugar, pero cuando levanté la vista"— a mi mente vino el ruido del agua golpeando el paraguas, los ojos azules tan brillantes, pero esta vez recordé algo más, lágrimas bajando por sus mejillas.
—"Ahí estaba un niño, con un paraguas y una bolsa en la mano. Él simplemente, me dio el paraguas y la bolsa que contenía pan"— reviví la sensación de mi mano en el mango frío del paraguas, el calor de la bolsa llenándome por completo, y solté un suspiro liberador.
Tengo que hacerlo.
—"No sé quién fue, pero quiero decirlo, aquí y ahora, frente a todos, que le agradezco de corazón. Porque ese día no solo me ayudó, ese día salvó mi vida y la de mi familia. Es gracias a esa bolsa y a ese paraguas que tuve la oportunidad de crecer, de ver a mi hermanita crecer, de ver a mi madre recuperarse, de vivir mi vida"— mi voz se quebró, y un pañuelo apareció ante mí.
Caesar lo sostenía con lágrimas en sus ojos, y al verme en la pantalla, noté las lágrimas que corrían sin permiso por mis propias mejillas, arruinando mi maquillaje.
Vi cómo Caesar buscaba las palabras, aún perplejo por mi historia. No solo él, sino todo el auditorio.
Por fin, cuando pareció recuperar la voz, dijo mi nombre, pero justo en ese instante, sonó la alarma que anunciaba el fin de la entrevista. El público comenzó a abuchear, y Caesar intentó calmarlos sin éxito.
Con la voz más seria que pudo reunir, dijo: —"Por favor, recordemos que las reglas son reglas. Así que, démosle las gracias a Katniss Everdeen, y que la suerte esté siempre a tu favor"— su voz sonó tan sincera que solo pude murmurar un pequeño —"Gracias"— antes de recibir una ovación de pie.
Entonces, comencé mi recorrido a los asientos, ignorando la mirada de todos. No quería saber sus sentimientos por mi vida personal.
(POV Peeta)
Mi mirada se perdió por completo mientras Katniss hablaba. Se había abierto en frente de todos, revelando una verdad que a otros los habría destrozado de vergüenza.
Y lo hizo, no solo con lágrimas, sino con una gratitud tan real que la audiencia entera se consumió en aplausos. Era un gesto que te rompía el corazón y te lo reconstruía al mismo tiempo.
Se dirigió a su asiento sin mirar a nadie, con el rostro sonrojado.
Salí de mi propio shock para aplaudirle, un gesto casi automático. Un dolor agridulce me oprimió el pecho, una mezcla extraña de orgullo, cariño y el peso de mis propias mentiras.
Tengo que decírselo.
Y justo entonces, Caesar pronunció mi nombre, añadiendo la etiqueta que me habían impuesto: el "hijo pródigo".
Salí al escenario con mi sonrisa ladeada, saludando y me paré un segundo para lanzar un beso que enloqueció a la audiencia.
Ya frente a Caesar, me extendió la mano, la cual tomé, pero lo atraje hacia mí para darle un fuerte abrazo que el público aclamó. Entre risas, ambos nos sentamos.
—"Peeta, para mí es un placer entrevistarte"—dijo él, con esa sonrisa tan bien ensayada que yo mismo había copiado a la perfección.
—"No, el placer es mío. Y no le digas a Claudius, pero eres mi entrevistador favorito"— añadí, haciendo que él se riera y levantara las cejas a un público que estaba totalmente entregado.
—"No te preocupes, tu secreto está en buenas manos, ¿verdad?"—preguntó alzando la voz para recibir un estruendoso "¡Sí!".
Mi sonrisa se amplió.
Aduladores.
—"Permítame ir directo al grano, pero tenemos muy poco tiempo"— se apresuró.
Un abucheo del público no se hizo esperar mientras su mirada viajaba por un segundo hacia los Organizadores.
—"Así que, dinos, Peeta: ¿qué se siente estar de regreso a tu hogar después de tanto tiempo?"— Su pregunta fue efusiva y, sin duda, hasta a él le interesaba la respuesta.
Levanté mi mirada, fingiendo pensar, pero era solo espectáculo. Con un dedo extendido, que moví de un lado a otro.
—"Lo extrañaba, sin duda. Después de todo, no hay otro lugar como el hogar... y más si ese hogar es el Capitolio. ¡Y las duchas sin duda!"— mi voz, con un alivio prefabricado para ganarme al público, funcionó a la perfección.
Los "¡Claro!" se escucharon con total convicción. Caesar se limitó a sonreír y asentir, y yo pude casi escuchar el "Te creo" en su cabeza.
—"Y el Capitolio también está contento de tenerte aquí, y más para algo tan noble como lo son los juegos, ya que el pasado quedó atrás"— sabía perfectamente que no me preguntaría sobre lo que hice, la muerte de mis padres o sobre Bran; había límites.
Así que no me preocupe por sus palabras, solo asentí a lo que decía con una mueca de falso arrepentimiento.
Respondí lo que todos querían escuchar: —"Y por esa exacta razón es que me ofrecí. Porque quería regresarle algo al pueblo que me ayudó a ver mi error, y estoy intentando enmendarlo. ¡Y qué mejor manera que darles los mejores juegos que jamás hayan visto!"— mi voz, llena de una exaltación que fue recibida de la misma manera por los estruendosos vitoreos de todos.
Fácil.
—"Y ahora voy a contarte un secreto: lo estás logrando"— aclamó él, mientras volteaba a ver al público, esperando su reacción, la cual no se hizo esperar.
—"Pero déjame decirte que algo nos tiene al borde de la silla, y justamente ahorita lo volvimos a presenciar: tu relación con tu compañera Katniss. ¿Podrías darnos luz sobre esa duda que no nos deja dormir?"— sus manos arriba, su mirada buscando la mía.
Me llevé la mano a la cabeza, rascándome la sien con un dedo. Los gritos comenzaron a llegar.
Mis ojos se levantaron a la pantalla para ver la imagen de Katniss y yo a su lado. Su intento de pasar desapercibida no funcionó; sus ojos viajaban hacia la cámara y los apartaba como si eso fuera a desenfocarla.
Puse mi mano sobre el antebrazo de Caesar y, dedicándole mi mejor sonrisa nerviosa, le dije: —"No me quemes, Caesar. No me quemes, por favor"— al instante, las risas llenaron el lugar, y el sonrojo de Katniss solo hizo que la euforia creciera.
Caesar solo pudo doblarse de la risa mientras negaba con la cabeza. Ya recomponiéndonos un poco, me aclaré la garganta.
—"La verdad es que no hicimos amigos durante el viaje en el tren y aquí en el Capitolio"— expliqué.
Las risas aún se escuchaban, pero mis palabras los obligaron a callarse y a prestar atención. Mi atención regresó a la pantalla para ver a Katniss, que se mordió el labio con dulzura, y una sonrisa real salió de mí antes de continuar.
—"Es una chica especial, Caesar. No solo es bonita, amable, cariñosa, también es una excelente oyente. Se ha ganado un lugar en mi corazón"— solté mientras me llevaba la mano al pecho.
Todo lo que había dicho era, a mi modo de ver, la verdad. Ella solo se removió en su asiento, mirando su cartera como si no la hubiera visto nunca, mientras los silbidos inundaban el lugar.
—"Pero, Peeta, sabes que en este juego solo puede haber un vencedor. ¿Cómo enfrentarán a eso?"— preguntó, fijando toda su atención en mí.
Era la pregunta que aún no respondíamos, o al menos ella no sabía la respuesta. No sabía su opinión, pero podía vender la idea de que todo sería trágico.
Hice una mueca y levanté una ceja mientras miraba al suelo, como si la pregunta me hubiera tocado una fibra sensible.
—"La verdad es que, así como la pregunta anterior no los deja dormir a ustedes, tampoco esta me deja dormir a mí. Pero les aseguro que, gane quien gane, ya sea ella o yo, será lo mejor para todos. Porque solo con imaginar a Katniss con la corona, regresando a casa con su hermana y su madre, y alimentando a su Distrito... eso me llena el corazón de calidez. Y sin duda, todos ustedes la amarán como vencedora"— fui interrumpido por los aplausos y ovaciones. Caesar asintió con una sonrisa.
—"Y bueno, si gano yo, pues... soy yo"— continué encogiéndome de hombros, para después guiñar un ojo a la cámara. Pude ver a Katniss rodar los ojos, lo que provocó un puñado de risas.
—"Pero tengo que ser sincero con todos"— un suspiro cansado se escapó de mi pecho, un momento de honestidad entre tanta farsa. Quería decir algo que fuera una verdad innegable.
Sin poder controlarlo, giré la cabeza, ignorando al público, para conectar con los ojos grises de Katniss. Ella parecía perdida por mi acción, lo que hizo que una sonrisa más real que cualquiera de las que había mostrado hasta ahora apareciera en mi rostro.
Me giré lentamente para encontrarme con la mirada expectante del público y de Caesar, y, encontrando mi voz, les dije la verdad.
—"Cada día que paso a su lado, la balanza en mi corazón se inclina más y más hacía que ella gane"— mi voz se volvió un murmullo, y un silencio impactante se apoderó de la sala.
Caesar frunció el ceño, su mirada se perdió por un segundo, haciendo preguntas sin voz, pero continué.
—"Porque cada vez que la veo sonreír, fruncir el ceño cuando algo no le agrada, rodar los ojos ante mis malos chistes, la forma en que suspira cuando algo la vence, la forma en que una sala se ilumina por su presencia... no quisiera quitarle al mundo ese fuego que resplandece en ella con tanta fuerza"— una sonrisa genuina se dibujó en mis labios.
Mis ojos vagaron por el auditorio y vi la comprensión en aquellos que entendían el verdadero significado de mis palabras.
—"Y la única pregunta que puedo hacer es... ¿Así se siente el amor?"— Mi pregunta cayó como una bomba. La boca abierta de Caesar lo confirmó.
Pero mi mirada, por inercia, se elevó a la pantalla, a Katniss. Vi su rostro en blanco, sus ojos fijos en un punto en la distancia, el ritmo agitado de su pecho al subir y bajar.
Porque no había mentira en mí; ella lo sabía. Mi amor por ella no era un secreto más, solo que no sabía qué clase de amor era ni si teníamos tiempo para descubrirlo.
Cuando finalmente salió de su estupor y sus ojos se encontraron con los míos en la pantalla, la gente se desbordó en gritos, creando el momento más clamoroso de la noche y, con ello, el final de la entrevista.
Caesar se levantó, me dio un abrazo y me susurró: —"Lo lamento mucho"— ganándose mi respeto por su honestidad.
Solo sonreí y me despedí de todos con la mano, caminando de regreso a mi asiento, junto a Katniss.
Ella no despegó sus ojos de los míos en todo el trayecto y las cámaras tampoco lo hicieron. Ni siquiera Caesar dijo nada, esperando que nos encontráramos.
Yo no sabía cómo actuaría ella. Podría no hacer nada o, peor, golpearme. Pero para mi sorpresa, se puso de pie y, sin mediar palabra, me abrazó.
No fue un abrazo forzado ni fingido. Lo pude sentir en la forma en que me sostenía, y el ruido de fondo se apagó en el instante en que cerré los ojos, disfrutando de su calidez. Fue como si todo el peso del mañana no existiera.
Cuando nos separamos, el ruido regresó, ensordecedor. En la pantalla, ambos en los brazos del otro, lo que la hizo separarse deprisa. Esto me sacó una sonrisa, y los gritos eufóricos de la multitud se desataron. Sin duda, esta noche fue especial para todos.