La Chispa en la Oscuridad
14 de septiembre de 2025, 19:02
Capítulo 14: La Chispa en la Oscuridad
(POV Katniss)
¿Amor? ¿Él me ama? ¿Actuación o realidad?
Las preguntas me consumían por dentro.
Mis ojos bajaron a nuestras manos unidas, con mis dedos encajando perfectamente en los suyos. El show terminó, y Caesar se despedía de todos mientras esperábamos de pie.
Pero mi mente estaba fragmentada; el abrazo fue un impulso que nació de mi corazón y que no pude controlar en ese momento con las emociones a flor de piel.
La pregunta me taladraba una y otra vez.
¿Así se siente el amor?
Y no podía evitar pensar que también aplicaba a mí. Ese sentimiento, ese extraño aleteo en el estómago, esa necesidad de buscar su compañía con tanto esmero...
¿Era eso?
No lo sabía. Nunca me había sentido así, no tenía bases para compararlo. Lo único que conocía era el amor familiar.
Al pensar en mis padres, todo empeoraba. En mi mente, solo veía el dolor que ese tipo de amor había dejado en mi madre.
Un miedo me heló. Por un instante, quise alejarme de él, soltar su mano y correr a mi habitación. No quería pasar por lo mismo, no quería sentir un dolor tan profundo que te vuelve loca.
Pero entonces, un recuerdo me arrastró, mientras los aplausos retumbaban a mi alrededor.
Flashback
Estaba limpiando a Lady después de una noche de lluvia. La cabra, terca como siempre, se había revolcado en el barro.
Suspiré, agotada.
El día anterior había ido a cazar con Gale; la caza había sido buena, lo que significaba más comida, pero también más trabajo.
El chirrido de la puerta me hizo levantar la cabeza. Mamá estaba en el umbral, retorciendo las manos y evitando mi mirada, lo que me hizo fruncir el ceño.
—"¿Todo bien, mamá?"— le pregunté mientras me limpiaba las manos llenas de lodo y pelo de Lady.
Ella pareció notarme, y su voz, un poco ronca, salió: —"Sí, sí, todo bien..."— Mi ceja se levantó al instante.
Ella solo se sentó en los escalones y soltó un fuerte suspiro.
—"La verdad es que... quería preguntarte algo"— dijo, y su voz se aclaró un poco esta vez.
Me confundí por completo; esto era tan extraño en ella que solo asentí, dándole permiso para continuar.
—"Estaba en el quemador, intercambiando unas cosas por medicina"— comenzó, con la mirada fija en mí.
—"Y mientras hablaba con Sea, oí algo"— su mirada se desvió de mí hacia Lady, como si le costara un mundo decirme lo que fuera que escucho.
Levanté una mano con impaciencia, un "¿Y qué?" silencioso. Ella se frotó las manos antes de continuar.
—"Primero, solo quiero que sepas que confío en ti y que entiendo que a tu edad esto es normal"— en ese punto, la interrumpí.
—"¡Espera, espera! ¿Mamá, de qué demonios estás hablando? ¿Qué escuchaste?"— Mis manos se quedaron a medias, intentando contener la confusión.
—"Escuché que Gale y tú no solo van al bosque a cazar, sino también a... ya sabes"— soltó, haciendo un movimiento extraño con las manos, para después tragar en seco.
Mi única reacción fue un contundente —"¡¿QUÉ?!"— La sangre me subió al rostro, caliente, pero no me detuve.
—"¡¿Quién dijo eso?!"— grité, enfurecida.
Su expresión cambió a una de alivio al instante. Se llevó la mano al pecho y dejó salir el aire que había contenido, esperando mi respuesta.
Esto me enojó por completo; ella creía que yo iba al bosque para besarme o tener sexo con Gale.
—"¿De verdad creíste tan fácilmente esa estupidez?"— le pregunté en voz baja, la furia hirviendo bajo mi piel.
Ella puso una mano en mi hombro, un gesto para calmarme, pero no estaba funcionando.
—"Hija, yo solo... no sabía qué pensar. Tú eres una linda chica de dieciséis años, y Gale es un joven atractivo, pasan mucho tiempo juntos en el bosque, y todo puede suceder. Como te dije, confío por completo en ti, pero tenía miedo de que algo pasara y que yo no estuviera ahí para ayudarte"— respondió con la respiración agitada, sus ojos azules muy abiertos.
Solté un suspiro para calmarme, diciéndome una y otra vez que ella solo estaba preocupada por mí.
Puse mi mano sobre la suya y le di un leve apretón para que supiera que entendía su miedo.
—"Tú sabes bien que a mí no me interesa nada de eso"— ella me interrumpió: —"Eso puede cambiar en algún momento, Katniss"— me sermoneó con seriedad, solo echando más leña al fuego.
No pude contenerme, y mis pensamientos simplemente salieron: —"No, no va a cambiar, porque no quiero acabar como tú"— en cuanto las palabras salieron de mi boca, su mano se alejó de mí, y un frío me recorrió la espalda al ver cómo su mirada se apagaba, cómo sus manos se juntaron en su pecho.
Al instante me arrepentí.
—"Mamá, lo siento, no quise decir eso, yo solo"— intenté excusarme, pero no encontraba las palabras.
—"Acabar como yo"— repitió, con la mirada perdida.
Abrí la boca para disculparme otra vez, pero ella fue más rápida y, recomponiéndose, me encaró con esa mirada que pocas veces me dirigía y que me decía que prestara atención.
—”¿Es por eso que tienes miedo a salir o conocer a alguien?”— preguntó con voz seria y ojos entrecerrados, haciéndome desviar la mirada al suelo.
Solo pude ser honesta, hablando de un tema que había evitado con éxito hasta este momento.
Sentí una mueca formarse en mi rostro antes de contestar: —"Es solo que recordar lo que pasamos cuando papá murió y cómo tú te apagaste sin importarte nada más, ni siquiera Prim o yo, solo hace que vea al amor como un obstáculo, un dolor innecesario"— le respondí, dándole mi punto de vista.
Y de todas las cosas que pensé que pasarían, verla mostrar una pequeña sonrisa no fue una de ellas. Palpó el escalón a su lado, invitándome a sentarme, y sin dudarlo, lo hice.
—"Supongo que es un punto válido. Tu padre fue lo segundo más importante en mi vida. El dolor que sentí cuando nos dejó fue inmenso y me arrastró a un abismo del cual, si no fuera por Prim, por ti, nunca hubiera podido salir. ¿Pero sabes qué? Si me dieran la oportunidad de vivirlo de nuevo, una, dos, tres, cuatro veces... lo haría sin pensarlo"— bajé mi mirada, meditando en sus palabras.
¿Por qué? ¿Por qué se expondría a ese dolor una y otra vez?
Levanté mi vista para verla nuevamente, su mirada perdida en el horizonte y una pequeña sonrisa adornaba su boca, atrapada en un recuerdo que yo no podía ver.
—"Y ahora te preguntas, ¿por qué lo haría?"— dijo, acariciando dulcemente la cabeza de Lady. Asentí levemente.
—"Porque el amor es así, Katniss. El amor te lo da todo y, a la vez, puede quitártelo todo. Pero por nada cambiaría ese sentimiento que tu padre me hacía sentir. Verlo en sus mejores o peores momentos, verlo cargarte por primera vez... o a Prim"— su voz se hizo más baja, y una lágrima corrió por su mejilla.
Se abrazó a sí misma, y por inercia, mis brazos se movieron solos. La abracé, recargando mi cabeza en su hombro.
Su mano subió a mi mejilla, y cerré los ojos para recibir esa pequeña caricia que me calmaba.
—"Y es que una vez que descubres ese sentimiento y la persona que te hace sentir así, ya no puedes ni quieres dejarla ir. Y cuando la vida te lo arrebata, se lleva una parte de ti con él. Pero a pesar de eso, es lo más hermoso que puedes experimentar jamás. Por eso, Katniss, debes aprender a luchar por ese amor. Tú eres fuerte como tu padre, y él estuvo dispuesto a luchar por ese sentimiento, a luchar por mí"— su voz era un murmullo tranquilizador lo cual me dejó meditando, pero mi mente no daba espacio para que esa idea fuera verdad, luchar por amor, ese sentimiento que para mí era tan destructivo.
No, no podía ser.
Ella levantó su mano secando el camino que dejó su lágrima solitaria.
—”Solo, piénsalo cariño, pero te aseguro que cuando ese momento llegue y te atrape, pelearás con todas tus fuerzas porque eres como tu padre… como yo”— mi garganta se cerró, por la ternura en su voz.
No podía imaginarme un mundo donde ella no se hubiera recuperado de su depresión tan severa, desde el día del pan.
Ella simplemente trabajó duro por ayudarnos, darnos todo lo que pudiera y verla esforzarse el doble para luego llorar en la noche de desesperación, me rompió, por eso salí al bosque para no solo cuidar de Prim, sino también a ella, éramos un equipo.
La abracé más fuerte mientras el sol se ocultaba.
El momento se rompió cuando Prim abrió la puerta y con su típica dulzura exclamó: —"¡Finalmente terminé la tarea!”— mientras se estiraba.
—”¿Qué están haciendo?"— preguntó, su sonrisa casi llegaba a sus ojos.
Mamá solo sonrió sin una sola lágrima en sus ojos.
—"Bueno, Katniss limpiaba a Lady y yo vine a hacerle compañía, pero ¿sabes qué? Hoy cambie con Sea unas semillas para hacer palomitas de maíz. ¿Quieren?"— los ojos de Prim y sus pequeños saltitos fueron respuesta suficiente.
—"¡Sí! Voy a preparar la baraja. ¡Esta noche Katniss conocerá la derrota!"— soltó, mientras salía corriendo hacia dentro.
Lo último que recuerdo fue a mamá levantarse y cerrar los ojos, mientras el aire acariciar su cabello.
Por un instante, fue como ver a papá a su lado.
Fin del Flashback
Un tirón en mi mano me sacó del recuerdo.
Peeta ya había empezado a avanzar hacia la salida. Lo más probable era que Haymitch y el resto se quedaran hasta tarde hablando con posibles patrocinadores.
Después de la noche que habíamos dado, no me cabía duda de que habría alguien interesado.
Lo más importante era la apuesta. A pesar del nudo en mi estómago, sabía que lo habíamos logrado. Peeta y yo habíamos disipado cualquier duda.
Si después de esto el contacto de Peeta no apostaba por nosotros, era porque la presión de su hermano era demasiado grande.
La tranquilidad pasmosa de Peeta me calmó. Ignoré a los otros tributos que pasaban a nuestro lado. Solo les dediqué una pequeña sonrisa a Rue y a Finn antes de desaparecer en el ascensor.
Mi mente regresó a la pregunta, las palabras de mamá retumbaban en mi cabeza: "…es lo más hermoso que puedes experimentar jamás…"
El aleteo en el estómago regresó, y mi respiración se aceleró. Me concentré en el sentimiento que despertaba en mi pecho: sus dedos entrelazados con los míos, ese calor extraño que me adormecía y me hacía creer que todo estaría bien.
Solo pude llegar a una conclusión.
Quería ese sentimiento.
Quería lo que estaba empezando a crecer en mí. "... cuando ese momento llegue y te atrape..." sonó en mi cabeza, pero negué con fuerza.
Imposible.
Nos conocíamos desde hacía apenas unos días.
¿Cómo podía sentir algo, tan complicado?
No era posible, mi mirada bajo al suelo. No puede ser amor, debe de ser otra cosa. Es imposible.
La actuación.
Pero sabía que era una mentira. Desde antes del plan, había decidido conocerlo. Abrirme un poco, intentar tener un aliado real en la arena.
Las bromas, el coqueteo, las muestras de afecto, la preocupación real... todo lo demás había llegado solo.
Pero el miedo me golpeó de nuevo. No, no podía pensar de esa manera. Caesar lo dejó claro, solo uno saldría de esa arena, y yo le había prometido a Prim y a mamá que regresaría.
Eso no significa que no puedas disfrutar de esta conexión.
Sentí una presión en el pecho. Tenía que aclararme ahora. No podría concentrarme mañana sin una respuesta. Así que levanté la mano y presioné el botón para ir a la azotea.
Peeta no dijo nada. Se acomodó en su sitio, esperando la llegada. Su mirada tranquila se perdió en los fuegos artificiales que iluminaban la pulcra ciudad.
Todo en él parecía relajado, como si lo que había dicho hubiera sido una liberación más que una duda genuina. Esto, en lugar de tranquilizarme, me asustó.
¿Cuánto de lo que había dicho era verdad?
Confiaba en él, no podía negarlo. Y él confiaba en mí. Entonces, no tenía nada que temer. Sería honesto y podríamos resolver esto.
(POV Peeta)
El ascensor subió. Un suspiro salió de mi boca sin permiso mientras mi mirada se posaba en Katniss.
Tenía los ojos fijos en un punto invisible, su cuerpo quieto. Solo el ascenso y descenso de su pecho me confirmaba que respiraba.
En ese momento, supe que mis palabras la estaban atormentando, pero el hecho de que no soltara mi mano ahora que estábamos a solas solo podía significar que no estaba actuando.
Ella miró el panel de botones, y con una determinación repentina, presionó el de la azotea.
No pude decir nada. No la detuve. Si había algo que quería era una conversación real, lejos de las cámaras y de los ojos curiosos de los otros tributos.
El ascensor siguió subiendo, y la quietud del momento era la calma antes de la tormenta.
Miré los fuegos artificiales a través de la ventana, reflejados en el acero pulido del Capitolio, y en mi mente, solo veía su rostro.
Un rostro que se había sonrojado, que se había mordido el labio, que me había mirado con una mezcla de confusión y vulnerabilidad.
Katniss era fuego. Algo tan necesario para la vida, pero a la vez destructivo si no se sabía usar con cuidado.
Yo solo era alguien roto. Un asesino, alguien entrenado para mentir, para lastimar. Pero de alguna manera, nos habíamos encontrado en el punto medio, y la combinación era... explosiva.
Yo sabía que ella tenía miedo. Que su pasado la había marcado. Pero también sabía que el miedo no era lo único que sentía.
Habíamos pasado estos días conociéndonos, las noches hablando, las burlas, las risas, el reconocimiento, el cuidado, la confianza, todo estaba creciendo y me gustaba.
Era algo que yo quería proteger, que quería alimentar. Por ella. Porque yo, ya estaba atrapado por ese fuego desde la primera vez que la vi. Y desde entonces estaba dispuesto a arder.
Pero, ¿y ella? ¿Estaría dispuesta?
Esa era la pregunta importante, y no había tiempo. Mañana comenzaría la cuenta regresiva para mi final.
Y no quería lastimarla, pero tampoco podía dejarla. Todo comenzó por mi deseo de ayudarla a sobrevivir, pero ahora que la conocía realmente, ese deseo había aumentado exponencialmente.
Ella había comenzado siendo mi redención y luego se convirtió en algo más. En un mundo donde se me había negado todo, llegó ella para recordarme lo que es ser un humano normal, que desea, que ríe, que comparte, que protege.
Lejos del egoísmo, la soberbia, el odio y la traición que me rodeaba. Si ella así lo quería, le entregaría todo, con tal de disfrutarlo mientras pudiera.
Las puertas del ascensor se abrieron, y el aire fresco golpeó mi rostro. Salimos lentamente.
Los colores de los fuegos artificiales inundaban el cielo e iluminaban su perfil. Me soltó la mano y dio unos pasos adelante.
Mi mirada se clavó en su espalda, y sin más preámbulo soltó: —"Lo que le dijiste a Caesar, ¿es verdad?"— Se giró para encararme, sus ojos fijos en mí, sus manos jugando con los pliegues de su vestido.
No pude sostenerle la mirada. Necesitaba aclarar mi mente, porque este era el punto de inflexión que lo cambiaría todo, para ella y para mí.
Solo había una forma de responder: con la verdad. Cuando finalmente levanté la vista, sus ojos se encontraron automáticamente con los míos, y mi corazón se desbordó.
—"Todo lo que dije era verdad"— confesé, y sentí cómo el aire que contenía salía de mi pecho, dejando atrás una tranquilidad abrumadora.
Ella simplemente abrió la boca, pero no salió palabra. Sus ojos se entrecerraron y desvió la mirada.
Pareció encontrar fuerzas en algún lugar, porque su voz salió decidida: —"Esto no puede suceder, no de verdad. Porque en algún momento en la arena tendremos que decidir, y yo"— su voz perdió toda la fuerza en sus últimas palabras, negándose a reconocerme.
Con el corazón en la mano, solo pude responder: —"No importa, porque yo te escojo a ti. No mentía cuando dije que me encantaría verte regresar a casa, con tu madre, con tu hermana. Mi corazón ya tomó una decisión, Kat, y esa fuiste tú"— lo último salió más quebrado de lo que me hubiera gustado, pero me recompuse.
—"Yo solo quiero que vivas, que… no dejes de iluminar la vida de quienes te aman, como iluminaste la mía"— terminé, mis manos cerradas en puños, la irá creciendo por la injusticia que vivía, pero a la vez feliz de haber compartido la verdad con ella.
Ella no contestó. Se quedó ahí parada, con los ojos fijos en mí. No sabía qué estaba pasando por su mente.
Sus manos, que antes jugaban con su vestido, ahora lo sujetaban con fuerza. Su rostro se contorsionó.
Y siguiendo mi instinto solo pude acercarme lentamente hasta ella, intentando que mi mirada transmitiera todo lo que mi boca no podía.
Cuando estuve lo suficientemente cerca, simplemente posé mis labios sobre los de ella.
(POV Katniss)
Iluminar su vida, de que estaba hablando…
Mis pensamientos murieron porque lo siguiente que sentí fue algo invadiéndome, invadiendo mi boca.
No hubo fuegos artificiales, ni el ruido distante de la ciudad. Solo el latido furioso en mi pecho y la textura de sus labios, suaves y firmes.
Mi mente, que siempre está analizando y planeando, se quedó en blanco.
Era algo real, algo desesperado. Una forma de callarme, de callar mi mente.
Cuando nos separamos, mi respiración era irregular.
El aire fresco de la azotea me devolvió a la realidad. Su mirada un mar de sentimientos, el aleteo de mi estómago solo empeoró y mi corazón latía con tanta fuerza que parecía doler.
¿Qué estaba haciendo? Esto no tenía sentido.
—"No, no podemos"— comencé, pero fui rápidamente interrumpida por su boca asaltando la mía nuevamente.
Sus labios suaves volvieron a conectar con los míos, sentí el calor de su mano en mi mejilla, y la poca fuerza que tenía para separarme de este nuevo placer murió.
Respondí a la invasión de mis labios, mis manos posándose en su pecho mientras sentía cómo su boca se movía contra la mía.
Una nueva experiencia, algo desconocido para mí, pero…
La voz de Gale resonó en mi mente:No confíes en él.
Haciéndome empujarlo unos pasos atrás. Mi pecho subía y bajaba furiosamente, intentando recuperar el aire, al igual que el suyo.
—"No, esto no puede pasar"— solté, mi voz ronca, firme.
Su rostro, iluminado por los fuegos artificiales, decayó. Sus manos se cerraron con fuerza, su mandíbula se tensó.
Pero un segundo después, solo cerró sus ojos, soltando el aire acumulado y abriendo sus manos.
Su voz salió temblorosa, con un deje de burla: —"Tienes razón"— Sus palabras fueron por alguna razón como un cuchillo directo a mi pecho.
Levantó sus manos, observándolas con detenimiento.
Su rostro era una mueca anormal.
—"Porque alguien como tú, se interesaría en alguien como yo"— su voz ronca por la rabia.
Me perdí en su dolor, la forma en que su rostro parecía perder toda emoción, solo una mueca malformada.
—"Al final, no soy más que una desgracia, un convicto, un inútil, un asesino"— levanté la mano a mi pecho, abrí la boca para interrumpirlo.
Pero todo murió cuando mis ojos alcanzaron los suyos. Donde esperaba ver enojo e ira, solo me encontré con una tormenta azul. Esos ojos, que eran cálidos, amables, burlones, valientes, ahora eran un mar de dolor sin final.
¿Por qué? ¿Por qué le importa tanto?
Su mueca se transformó en una risa burlona y dolida, mientras sus ojos se perdían en la distancia.
—"Tal vez, para ti solo sea un objeto para los juegos, para intentar sobrevivir. Una carta para regresar a casa"— llevo su mano a su nariz, mientras hacía una mueca.
¿Qué? ¿De dónde venían esas ideas absurdas?
Automáticamente, negué con la cabeza, como si eso fuera a sacarlo de su trance, pero él ya no me veía, como si estuviera perdido.
Una risa comenzó a burbujear en su garganta, que parecía más un quejido y que simplemente murió.
—"Pero incluso si es así, lo más triste es que preferiría esa maldita mentira, que finjas quererme a tu lado, que finjas que te importo, que significo algo para ti… porque al menos así no dejaría de sentir"— mi pecho se estrujó.
Su rostro no tenía emoción alguna. Sus ojos eran un vacío que me estaba tragando lentamente.
“Pelearás con todas tus fuerzas porque eres como tu padre… como yo”, la voz de mamá retumbó en mi cabeza… en mi corazón.
¿Pero qué futuro podría tener… esto?
Solo habría dolor al final; uno de los dos saldría destrozado. Debería arrancarlo por completo, no dejar que eche raíz en mi mente, en mi corazón.
Pero unas palabras me invadieron: “si me dieran la oportunidad de vivirlo de nuevo, una, dos, tres, cuatro veces... lo haría sin pensarlo”.
Me sentí pequeña, el aire escapándose de mis pulmones.
¿Qué final tendría?
Dolor, pero si no me atrevía abrirme completamente, también abría dolor, sin importar que escogiera, el final siempre sería doloroso de una u otra manera.
¿Qué escoges Katniss?
La imagen de Peeta con una paleta de Ping-Pong en la mano me respondió: “no se trata de llegar al destino, sino de disfrutar el viaje”.
Y todo encajó… Por fin entendía esas palabras de mi madre, este era mi viaje, uno que aún no terminaba, y fuera cual fuera el final, quería disfrutarlo con él.
Levanté mi vista, solo para ver cómo su espalda se alejaba hacia el elevador.
Y alejando cualquier duda o voz de mi mente, corrí hacia él, estrellándome contra su espalda.
Mis brazos lo rodearon por la cintura, y mi rostro se apoyó contra su espalda. Él simplemente no se movió, se quedó rígido, sus manos colgando, frío, sin vida.
—"No eres un simple objeto, no eres una simple carta, no eres un inútil o una desgracia, no eres nada de lo que el Capitolio diga o piense"— mi voz era un simple murmullo, mi mente hecha jirones. Su dolor era un reflejo de mis inseguridades y miedos.
Cerré los ojos y solté todo: —"Eres un chico amable, cariñoso. Me ayudaste sin pedir nada a cambio… tú eres mi viaje y me niego a dejar de sentir. No más dudas, no más mentiras, no más actuación, no más el qué pasará"— al instante, fue como si un peso enorme se quitara de mi espalda y mi pecho.
Sentí sus manos temblar mientras subían hasta tomar las mías. Por un momento, el miedo me llenó.
Esperaba que me obligara a soltarlo, que simplemente se fuera, inconscientemente mi agarre se hizo más fuerte.
Entonces su voz rota y fragmentada llegó a mí en un susurro: —"Tú también eres mi viaje… lo fuiste desde que te vi sentada debajo de ese árbol, con ese vestido azul claro de tirantes"— por segunda vez en la noche, mi mente se quedó en blanco.
Mi cuerpo tembló en contra de mi voluntad, obligándome a soltarlo y alejarme unos pasos de él.
¿Q-qué?
(POV Peeta)
No más mentiras, todo se acaba aquí. Ella tiene que saber y tomar su propia decisión, sin importar cuál sea, mi destino está cerrado…
Me di la vuelta, sentí las lágrimas picar en mis ojos, pero a diferencia de otras veces, las dejé caer.
Su mirada perdida, veía más allá de mí y cuando por fin me reconoció, sentí un escalofrío al ver la comprensión en ella.
—"¿Eras tú?"— su pregunta un mero susurro.
Desvié mi mirada tomando valor, para simplemente asentir.
El silencio me estaba matando, así que simplemente dije lo que se me vino a la mente de ese día.
—"Mi familia estaba de viaje de negocios, mi padre se iba a encontrar con el alcalde del Distrito 12, un tal Undersee. Mi madre me obligó a hornear pan, como un regalo para la hija del alcalde, para crear una buena impresión"— "porque somos Mellark",la ira, la burla me llenaron al recordar las palabras de mi madre.
Cerré mis ojos, alejando su endemoniada voz de mi mente.
Y me enfoqué en Katniss que estaba completamente en silencio, su rostro indescriptible, obligándome a continuar.
—"Entonces, cuando me encontraba caminando solo del tren a la casa del alcalde bajo la lluvia, te vi… hurgando en un bote de basura. Un hombre salió y te ahuyentó. Fue entonces que te vi bien: las dos coletas, el vestido azul claro, el hambre. Pero el fuego en tu mirada, eso fue lo que más me impresionó. Te seguí, te vi hurgar en todos los botes de la zona. Simplemente, no te rendiste, no había dudas, solo seguiste adelante, sin importar los gritos, los insultos o las patadas que recibiste"— una presión me golpeó en el pecho al tener la imagen tan vívida, pero cuando mi mirada se conectó con la de ella, las lágrimas bajaron por su rostro, porque no era solo mi recuerdo, era nuestro recuerdo.
No aparté la mirada. Ella lo necesitaba, y yo también.
Continué, mi voz un hilo de confesión: —"Pero paraste, y simplemente te vi arrastrarte a ese árbol, sentarte y el fuego en tu mirada comenzó a apagarse lentamente. Y yo… no podía ver cómo eso sucedía, así que te di todo lo que tenía: el paraguas, el pan. Y te vi correr con una chispa renovada en tu mirada"— mi voz se quebró.
Y entonces fue ella la que desvió la mirada, su llanto ahora era audible, completamente descorazonado. No pude soportar más el dolor en mi pecho, en sus lágrimas, en sus lamentos.
Cerré el espacio entre nosotros y la abracé, aferrándome a ella como si mi vida dependiera de ello.
La sentí aferrarse de vuelta, y no pude evitar sentir un inmenso alivio.
—"Después de eso, solo seguí mi camino. Al llegar a la casa del alcalde, mi madre me esperaba en la entrada. Al verme sucio y mojado, simplemente me abofeteó repetidas veces"— sentí cómo ella apretó su agarre y simplemente cerré los ojos, dejando que mi voz fluyera.
—"Luego me tomó del cabello y me arrastró de vuelta al tren para arrojarme al vagón de desperdicios. Y sin decirme nada, me dejó ahí en la oscuridad, durante un par días... hasta que llegamos a casa y los maquinistas me encontraron"— mi voz sonaba calmada, como si no importara, porque por mí, lo volvería a hacer todas las veces que fuera necesario por ella.
Entonces su voz pequeña salió, espesa por las lágrimas, regresándome a la realidad: —"Lo siento"— una mueca se formó en mi rostro y me separé un poco para poder verla a los ojos.
Su mirada tormentosa, las lágrimas bajando, solo tomé su rostro entre mis manos y comencé a limpiar sus lágrimas lentamente.
No, yo lo siento por mentirte todo este tiempo, pero era necesario…
—"No tienes nada por que disculparte"— mi mirada se conectó con la de ella y hablé con sinceridad.
—"Porque ese día no solo tú sobreviviste. Gracias a ti pude sobrevivir, hacer lo correcto sin importar el precio. Me enseñaste que a pesar de que el mundo se apague, siempre habrá luz si luchamos por ella y tú eres mi luz"— sus manos alcanzaron las mías, vi como sus ojos se cerraban, como su rostro se relajaba y dejaba atrás el llanto.
(POV Katniss)
Imposible, ¿Cómo?
Esto... esto era la que menos había imaginado. El dolor en el pecho era insoportable, me sentía mareada y totalmente superada.
Peeta Mellark, el convicto, el asesino, el traidor como todos lo llamaban, era el chico del pan.
Mi chico.
El simple pensamiento me golpeaba, me hacía tambalear.
Sus manos cálidas limpiaban las lágrimas que aún caían, y aunque una parte de mí deseaba su consuelo, sabía que no podía. Antes había decidido lanzarme al vacío con él, a ver qué pasaba.
Pero esta revelación lo cambiaba todo. Absolutamente todo. Tantas preguntas… así que solté sus manos con un suspiro brusco y me aparté de él, pero no me alejé. No del todo.
Cuando me topé con sus ojos, vi cómo se oscurecían, cómo apretaba la mandíbula.
Así que estiré mi mano y tomé la suya para que entendiera que no era un rechazo, no otra vez. Solo necesitaba aclarar todo.
—"¿Desde cuándo lo sabes?"— pregunté, mi voz rota y cortada por el ardor que sentía.
Él bajó la mirada, abrió la boca varias veces, pero no salía nada. Le di un breve apretón, intenté infundirle con mi mirada que necesitaba la maldita verdad.
Él pareció entender por qué asintió levemente.
—"Desde que te ofreciste por tu hermana"— en cuanto registré sus palabras, algo pesado cayó en mi estómago.
Desde el inicio, siempre lo supo. Espera eso significa…
Entonces una idea me golpeó lentamente, frunciendo mi seño, y simplemente salió de mi boca: —"Por eso te ofreciste"— no era una pregunta.
Mis ojos lo buscaron al instante y la afirmación era clara. Su rostro se contrajo, su mirada se cerró, y pasó su mano pesadamente por su rostro.
Y solo había una pregunta más y la más importante, con el corazón acelerado simplemente la solté: —"¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué lo ocultaste? Si lo hubiera sabido desde el principio"— pero no pude terminar mi tren de pensamientos.
Cuando su voz me interrumpió, su mirada completamente fija en mí: —"Por eso mismo. No quería que confiaras en mí solo porque sí, porque en tu mente me lo debías. Yo quería una conexión real contigo, no algo prefabricado. Quería que confiaras en mí por quien soy, no por una acción cuando tenía 12 años"— terminó con desesperación en su voz.
¿Q-qué? Como podía pensar así, era una clara ventaja, ¿Por qué no tomarla?
Él quería una conexión real, esa idea me descolocó. Tan alejada a mí. Eso solo arrojaba nueva luz sobre su ya complicada personalidad y eso solo hizo que el aleteo en mi estómago regresara.
Él quería que yo confiara en él no porque salvó mi vida o la de mi familia.
No, él no quería esa ventaja.
Él quería que lo conociera y decidiera por mí misma si quería confiar en él o no.
Si quería que confiara en él completamente, lo había logrado…
—"¿Y si te hubiera rechazado, me lo habrías dicho?"— pregunté, mientras jugaba nuevamente con mi vestido.
Sentí un leve calor en mi rostro. Al no recibir una respuesta, levanté la vista para encontrarlo con una sonrisa de idiota en su rostro.
—"¿Qué?"— pregunté, entrecerrando los ojos.
Su sonrisa solo creció junto a mi malestar. Este no era momento para tonterías.
—"¡Conte…!"— No pude terminar, cuando simplemente cerró el espacio entre nosotros, reclamando mi boca por tercera vez esa noche.
Desapareciendo el malestar y la ira creciente en mí.
Esta vez fue diferente a las otras. Fue lento, como si disfrutara de cada centímetro de mi boca, mis ojos se cerraron en automático, disfrutando del movimiento rítmico de nuestras bocas.
Cálido.
Cuando nos separamos con un suspiro contenido, su mano viajó a mi barbilla, haciendo que mis ojos se abrieran solo para encontrarse con ese mar azul.
Pero esta vez, sus ojos estaban llenos de una tranquilidad y ternura que no conocía.
—"Sabes... adoro cuando te pones nerviosa"— susurró, su aliento mentolado, acariciándome.
En mi mente ya lo estaba besando otra vez, cuando continuó: —"Y la respuesta a tu pregunta es un no. Ya te dije que no queri..."— lo interrumpí con mi boca en la suya.
Si definitivamente quiero esto, quiero probar, sentir…
No sé cuánto tiempo estuvimos así, besándonos con esa extraña necesidad.
Como en las novelas que Prim solía leer.
Ese pensamiento me hizo separarme de él. Una idea me vino a la mente, haciéndome reír y negar con la cabeza.
—"Vale, ahora estoy confundido"— articuló Peeta, sonriendo con las cejas levantadas.
—"Es que me imagino la expresión de mi mamá y Prim si me vieran haciendo esto"— para mi sorpresa, él también se rio.
—"Estoy seguro de que tu mamá me diría que me alejara de ti, que soy una mala influencia y que no tienes dieciocho aún"— bromeó.
—"No… no lo creo. Después de todo, no puedes ser malo si me haces sentir así"— y ahí fue cuando todo se congeló.
Por primera vez desde que nos conocimos formalmente en el tren, vi cómo un sonrojo salía a relucir en su rostro. Su mirada se perdió, como si no supiera a dónde mirar.
Me gusta eso. Se ve lindo.
Pero tenía que regresar a la realidad, después de todo esto, mi mente estaba en todos lados.
La risa se fue, pero la calma no. Me había aferrado a su mano con fuerza. La presión de la noche había bajado, y sentí los efectos de la hora.
El cansancio golpeó mi cuerpo al sentir la brisa fría. Y aun así, no quería dejar de tomar su mano. Me gustaba el calor que emanaba de ella.
Aún podía sentir sus labios, el sabor del mentol. Solo la imagen de sus ojos cuando se puso nervioso y el rubor que apareció en su rostro, me hizo sonreír.
Tenías razón mama.
(POV Peeta)
"No… no lo creo. Después de todo, no puedes ser malo si me haces sentir así"
Mi corazón se detuvo.
Mis ojos se quedaron fijos en ella, y por primera vez en años me sentí completamente vulnerable.
La luz de la luna, el resplandor de los fuegos artificiales, la brisa de la noche, todo se disolvió. Mi mente se centró solo en la chica que estaba frente a mí.
Una chica que me había robado el aliento una vez más. Su mirada inocente y ese ligero rubor que subió a sus mejillas al decir esa frase.
Una sensación extraña me recorrió, era una calidez que me llenaba, algo que no conocía, ajeno a mí.
Y me di cuenta de que ella no entendía el poder que tenía sobre mí, sobre mi corazón. Por la forma en que mis manos temblaban, por la forma en que mi garganta se había cerrado y la voz se había ido.
Y por la primera vez en mi vida, me sentí tan agradecido de que mi padre me hubiera enseñado a leer a las personas. Porque la expresión de ella me dio la respuesta que había estado buscando toda mi vida.
Me quería de la misma manera que yo a ella.
Bajé la mirada con una sonrisa, la felicidad era tan grande que no me cabía en el pecho. Me llevé la mano a la corbata y de un tirón me la desaté.
Cuando mi mirada regresó a ella, noté un pequeño temblor en sus hombros al pasar una brisa, así que me quité el saco y se lo puse encima.
Al sentir su mano sostenerlo, la necesidad de besarla regresó, una que me causó gracia.
La pruebas una vez y no puedes dejarla, débil Peeta.
Pero por la forma en que ella me miraba, podía ver que no era el único con esa necesidad.
—"Sé que aún hay mucho de que hablar, pero, ¿qué te parece si bajamos, nos ponemos cómodos y cenamos algo, y continuamos?"— Ella no pareció meditarlo, simplemente tomó mi mano y me hizo un ademán para que la guiara, y esa felicidad que sentía regresó.
La bajada en el elevador fue silenciosa, pero cómoda. Cada uno sumido en sus pensamientos, terminando de llenar los huecos de la conversación anterior.
No sabía qué pensar, la felicidad estaba ahí, pero ahora que todo estaba sobre la mesa, solo me sentía más presionado.
Bran, Finn, Rue, todo me daba vueltas, y mi estómago se revolvió al recordar que mañana todo comenzaría. Tendría que matar, cazar sin piedad, sin sentir.
Una mueca se formó en mi rostro.
—"¿Qué pasa?"— la voz de Katniss llenó el elevador.
Por un segundo me vi tentado a mentir, pero después de lo que pasó en la azotea ya no podía.
Esquivé su mirada, pero sentí sus ojos interrogantes sobre mí. Confianza. En eso se basaba lo nuestro.
Sé honesto.
—"Es solo que mañana... todo comenzará y yo"— mis palabras murieron en el último segundo y tuve que soltar su mano para frotar mi cara con desesperación.
El miedo subió por mi garganta: miedo a que mis futuras acciones la alejaran, que rompieran esta nueva faceta entre nosotros.
Ella no presionó, solo esperó en silencio.
Confía.
—"Yo tendré que hacer cosas... que no son buenas"— confesé.
No son buenas.
Qué forma más infantil de decirlo, por Dios. Casi estrello mi cara contra el vidrio del elevador, pero la voz de ella me sacó de mis pensamientos.
—"Supongo que ambos tendremos que hacerlo, ¿no?"— regresó, pero la idea solo me hizo negar con la cabeza, y mi voz salió más firme de lo que quería.
—"Tú no tendrás que hacer nada"— noté cómo ella se tensaba por mis palabras, y me di cuenta rápidamente de mi error.
—"Discúlpame, no soy nadie para decirte qué tienes que hacer"— agregue.
Y ahora noté cómo sus ojos se abrieron por mi rápida disculpa, y sus facciones se relajaron.
Pero el miedo estaba presente, así que le dije lo único que me calmaría, aunque fuera falsamente.
—"Solo prométeme que cuando todo esto termine, seguirás viéndome igual"— le pedí mi voz un susurro.
Recordándome.
Y ahí estaba esa mirada, como si fuera alguien normal no un maldito asesino, no como la que me daban todos aquellos que me conocían.
Ella simplemente asintió, mientras las puertas se abrían, salimos y todo estaba a oscuras, el equipo aún no regresaba lo cual era buena señal.
Mis ojos se posaron en el reloj: 10 en punto.
—"¿Y qué cenaremos si no hay nadie más?"— me cuestionó Katniss.
Una pequeña sonrisa ladeada adornó mis labios, antes de poner la mano en mi pecho y hacer una pequeña reverencia.
—"Su humilde servidor se encargará de la cena de esta noche, si a su majestad le parece la idea"— solo para ganarme un golpe en el brazo de su parte, mientras avanza a su habitación.
Pensé que todo terminaría ahí, pero me sorprendió con un último comentario antes de desaparecer.
—"A su majestad le parece bien"— haciéndome negar con la cabeza, sin duda las cosas cambiaron.
(POV Katniss)
"A su majestad le parece bien"
Mi pequeña broma me persiguió hasta mi habitación. En cuanto entré, me derrumbé contra la puerta con una sonrisa.
No tenía palabras para describir cómo me sentía. Peeta era sin lugar a dudas un estuche de monerías.
Era tan complejo pero a la vez tan refrescante, tan diferente a todos los demás en mi vida. Me hacía reír, llorar, bromear, prometer... era simplemente tan reconfortante tener a alguien con quien ser tú misma, sin tener que ocultar partes de ti.
Él parecía tomar todo en mí y quererlo por igual: mi silencio, mi enojo, mi duda, mi inconformidad, todo.
Y sus labios.
Oh, no, ya sonaba como las chicas de la escuela de las cuales me burlaba con Madge en los recesos.
Me llevé las manos a la cara intentando contener la risa de la ironía, tantas veces me burlé de ellas y sus pláticas de chicas.
Y ahora yo me había transformado en una de ellas. Simplemente, negué con la cabeza.
Lo curioso era que el hecho de que él fuera el niño del pan no cambiaba nada; el sentimiento ya estaba aquí.
Sabía que no era amor era demasiado rápido, pero era un comienzo, pero el hecho de que estuviéramos unidos desde antes solo hacía que mi confianza en él creciera.
Porque ahora todo lo que estaba haciendo sabía que era por mí, los planes, las platicas, Haymitch, Effie, todo.
Él se ofreció a venir solo para ayudarme y, aunque no quería pensar en el final, el puro hecho de entender que estaba dispuesto a sacrificar su vida sin conocerme, sin saber qué clase de persona me había vuelto, solo me dejaba con una presión en el pecho que no tenía nombre.
Pero el ruido de mi estómago rompió mis pensamientos, recordándome que Peeta me esperaba.
Me levanté, dejé su saco en la cama y comencé a desvestirme. Me puse rápidamente una pantalonera negra y una blusa verde oscuro, y caminé hacia la puerta.
Pero me detuve en el último segundo y corrí al baño para verme en el espejo. Sin saber muy bien por qué, me cercioré de que todo estuviera en su lugar, incluso revisé mi aliento.
Después de que todo cumpliera mis estándares, me dirigí a la cocina. Me quedé completamente congelada en la entrada.
Peeta estaba sacando algo del horno, pero estaba en camiseta de tirantes, y por primera vez me quedé prestando atención a su físico, a cómo los músculos de sus brazos se marcaban cuando se agachó a sacar una charola, a los de su espalda.
Tan definidos.
Lo había visto sin playera en varias ocasiones, pero no me importó en ese entonces lo más mínimo, pero esta vez fue diferente, y una calidez desconocida se instaló en la parte baja de mi estómago.
—"Ya sé que se ve delicioso"— soltó él de repente, y un calor subió a mis mejillas.
Un dudoso —"¿Qué?"— salió de mi boca.
¿Acaso me había atrapado observándolo?
Él solo levantó la vista de lo que sea que estuviera haciendo en la charola y sonrió.
—"Las papas. Es algo sencillo que hacía cuando cenaba solo"— pareció perdido un segundo, pero simplemente continuó.
—"Solía prepararme esto, es algo rápido y sabe bastante bien. Es una papa horneada con queso, mantequilla y tocino"— concluyó, mientras las ponía cada una en un plato para simplemente extenderme una.
Una nueva forma de probar una papa.
Él comenzó a caminar hacia el gran ventanal del fondo.
Tomó unos cojines del sillón, dejándolos caer y con una reverencia exagerada dijo: —"Su majestad"— rodé los ojos con una sonrisa, sentándome en una esquina.
Él hizo lo mismo, quedando frente a frente; mis piernas flexionadas se encontraron con las suyas. Una inesperada comodidad me inundó.
Tomé el tenedor. En cuanto probé el primer bocado, la explosión de sabor me hizo cerrar los ojos y levantar la cabeza.
Él solo sonrió, disfrutando de su propio plato y de mi reacción. Comimos en silencio, con la mirada perdida en las luces de la gente que hacía su espectáculo.
—"Espero que Haymitch no esté ebrio a estas alturas"— rompí el silencio mientras enredaba el jugoso queso en mi tenedor. Peeta solo medio sonrió.
—"No creo, estoy seguro de que Effie lo tiene bien vigilado"— comentó divertido.
—"Además, mañana es un día importante, estoy seguro de que hasta él entiende eso"— terminó para dar un bocado más.
Solo levanté las cejas, esperando que tuviera razón. Él dejó su plato a medio comer, mientras miraba por la ventana.
—"Les dije a Rue y a Finn que nosotros sabíamos cómo encontrarnos, porque sin duda alguna mañana nos separarán"— comenzó.
Un escalofrío me recorrió e inconscientemente acerqué más mi pierna a la suya en busca de consuelo.
—"Lo recuerdo"— contesté, dejando también mi plato ya vacío de lado.
—"Ya que no sabemos qué clase de arena va a ser, ni podremos comunicarnos para establecer donde encontrarnos. Y es que siempre, en la arena, los Organizadores pueden cambiar todo a su placer, pero algo que nunca ha cambiado en todos los juegos es por dónde sale el sol y por dónde se oculta, sin importar la arena"— comentó él mientras levantaba el dedo hacia el cielo.
Mis ojos se abrieron por la impresión; nunca me había percatado de ese detalle. Mi voz complementó la idea ya formada: —"El sol siempre sale por el este y se oculta por el oeste, y nosotros solo debemos escoger cuál seguir. Eso es realmente inteligente, Peeta"— noté cómo una sonrisa de autosuficiencia relucía en su boca.
—"Exacto. Pensé en seguir por donde se oculta, el oeste, pero debemos de ser discretos, no queremos que se enteren de ese aspecto y lo cambien para confundirnos"— sugirió.
—"No sé qué te parece la idea"— como siempre, no daba por sentado que su palabra era ley. Mi opinión contaba, y eso hizo que nuevamente el sentimiento en el estómago floreciera.
—"Creo que es una excelente idea. Siempre que nos separemos, nos buscaremos por donde se oculta el sol"— confirmé el plan.
Él solo asintió, pero sus ojos regresaron a la ventana, y vi cómo una mueca de dolor aparecía en su rostro, como si algo lo incomodara. Le di un pequeño golpe con mi pierna.
—"¿Peeta?"— mi voz salió como una pregunta.
Él, sin apartar la vista de la ventana, contestó con la mandíbula tensa: —"Es solo que no puedo dejar de pensar que Marvel y los demás irán detrás de ti en cuanto la masacre de la Cornucopia termine"— me estremecí por un segundo.
Era la verdad. Irían primero por mí, porque de los dos, yo era físicamente el eslabón más débil.
—"No podrán alcanzarnos. Esté con Rue o con Finn, seguiremos avanzando hasta que nos reunamos"— estiré la mano y tomé la suya, intentando infundirle el valor que pude reunir.
Él me miró, y con un suave tirón me acomodó entre sus piernas, apoyando mi cabeza en su pecho.
El aroma a canela me tranquilizó, la caricia en mi brazo me arrulló junto con el latido de su corazón.
Lo último que vi antes de cerrar los ojos fue su mirada perdida en la distancia.
(POV Peeta)
El metal helado de la perilla se asentó en mi estómago mientras cerraba la puerta de la habitación de Katniss.
Después de un rato de disfrutar su cercanía, cayó completamente dormida. Eran las doce en punto. Yo también debería estar dormido, pero necesitaba hablar con Effie y Haymitch, confirmar que Tigris había hecho la apuesta.
La puerta del elevador abriéndose a lo lejos llamó mi atención, y las voces de una nueva pelea entre Effie y Haymitch llenaron la sala.
—"¡Ahora resulta que no puedo ni hablar con mis amigos!"— soltó Effie, mientras dejaba caer su cartera en la mesa con un pequeño estruendo.
Mis cejas se levantaron, y para sorpresa de nadie, Haymitch se sirvió un trago. Con el vaso en la mano, señaló a Effie.
—"No se trata de eso, solo debes tener cuidado. Ese Seneca es el Vigilante en Jefe, mujer. Cualquier cosa que le digas podría usarla en contra de Katniss, Peeta, y no creo que quieras eso en tu conciencia"— dijo él, con una sonrisa que era más una mueca.
Era una excusa pobre, sin duda, y ni Effie ni yo se la creímos ni un segundo.
Abrí la boca para burlarme de los celos de Haymitch. Era tan obvio, un pobre intento de ocultar que no quería que Effie se fuera con nadie.
Pero antes de que pudiera decir algo, me apuntó con el vaso y ladró un —"¡Tú cállate, ni hables!"— mientras se tomaba el trago de golpe.
Cerré la boca. No tenía ganas de discutir, así que regresé mi mirada a Effie, la cual solo levantó su mano pasándola por su cara, el cansancio evidente por la incapacidad de Haymitch de ser honesto.
—"¿Qué voy a hacer contigo?"— murmuró para sí misma, antes de recuperarse y darme una mirada de felicidad contenida.
—"La gente está completamente loca a estas alturas. Han pasado años desde que dos personas se enfrascaron en una apuesta tan grande. Sin duda, estos juegos están siendo inolvidables"— concluyó, mientras se sentaba en la mesa. Noté que Haymitch se sentaba en el lado opuesto.
—"Fue un buen movimiento de tu parte, no sabía que conocías a Tigris. Ella es solo un rumor"— sus palabras eran más una afirmación que una pregunta.
Me senté en los escalones y dirigí mi vista a Haymitch.
—"Y a ella le gusta así"— simplemente dije, dejando claro que no hablaríamos de ella.
—"Tú y la chica están rompiendo todas las expectativas. En mi vida había visto a tantas personas buscando besarme el trasero para poder decir que patrocinan a Katniss"— dijo mientras su voz se volvía una risa cínica.
Effie solo se cruzó de brazos y, mostrando ese orgullo capitolino, soltó un —"Sí, fue precioso, incluso me regalaron unos pendientes. ¡Mira!"— mientras se apartaba el cabello y mostraba su oreja con una gran sonrisa.
Solo asentí con la cabeza, feliz de que al menos ellos disfrutaran todo este asunto. Al final, ellos estaban atrapados haciendo esto todos los años.
No me quiero ni imaginar lo triste que debe ser que nadie te apoye para salvar a tus tributos, y que, en parte, sea tu culpa. Por ese motivo, no dije nada; se lo merecían.
—"Ella lo sabe todo"— solté, parando en seco cualquier otra palabra de parte de ellos.
Effie cambio de repente su expresión; se serenó, dejando atrás su felicidad. Su mirada viajó a Haymitch, el cual bajó la vista.
—"¿Todo?"— yo comencé a negar con la cabeza.
—"No todo, no sabe lo de mis padres"— le contesté, sentí la pesadez en mi voz.
—"¿Y qué pasó?"— Effie preguntó bajamente, con tacto.
Su expresión de preocupación genuina solo hizo que mi estómago se endureciera. Rehuí de su mirada.
—"Después de lo que dije en la entrevista, ambos nos quedamos con dudas y subimos a la azotea a hablar, y simplemente todo explotó"— comenté, no queriendo dar más detalles.
Pero la pequeña risa de Effie me hizo levantar la vista para encontrarla con una sonrisa real plasmada en su rostro, su mirada era nostálgica.
—"Ella se dio cuenta, ¿no es así?"— preguntó, para levantarse, acercándose lentamente a mí y sentarse a mi lado.
Al no ver respuesta de mi parte, ella misma se contestó: —"De lo que siente por ti"— me sentí como un maldito niño, y solo pude asentir con la cabeza. Ella llevó lentamente su mano a mi hombro.
—"Para mí fue tan lindo verla descubrirlo desde el tren hasta hoy en las entrevistas, me recuerda a alguien"— dijo lo último con un pequeño temblor en su voz, levanté mi vista para encontrarme con la suya, en su rostro una sonrisa melancólica.
¿A quién se refiere?
La voz pastosa de Haymitch llamó mi atención. Él pasó su mirada cansada de Effie a mí.
—"Entonces, ¿tenemos problemas con la historia que construyeron para el show?"— terminó preguntando, la duda marcada en su voz. Yo negué con la cabeza.
—"No. El problema no es con el show, el problema es que se volvió real, Haymitch, y no sé cómo saldremos de esto sin que los dos terminemos muertos... en un sentido u otro"— solté, mi voz frustrada y cansada, al igual que mi expresión, mientras veía la mueca formarse en su rostro.
Effie pasó su mano de mi hombro a mi otro brazo, atrapándome en un medio abrazo cálido, subiendo y bajando su mano en un intento de consolarme y calmar mi mente, que era un mar de dudas y miedos a este punto.
Solo puede sonreír amablemente a Effie por su consuelo, pero me puse de pie y me giré listo para ir a mi habitación a descansar.
—"Recuerda tu promesa en el tren Haymitch, siempre será ella, no importa que pase allá dentro"— concluí, mi voz firme sin dar lugar a objeciones no espere respuesta ni confirmación sabia que él actuaría tal como lo prometió y sin más camine, buscando el consuelo de mi cama, porque si algo había recordado hoy.
Es que siempre hay una chispa en la oscuridad.
(POV Katniss)
—"Peeta"— susurré, la voz adormilada y ronca, para darme cuenta de que estaba en mi cama, sola.
Lo último que recordaba era la mirada perdida de Peeta en la ventana. Entonces la puerta se abrió, y Haymitch apareció, pero a diferencia de otras veces, su mirada no era aburrida o fastidiada. Ahora parecía cansada.
—"Es hora. Te esperamos en la sala"— dijo simplemente, para desaparecer de nuevo.
Tragué saliva, pero mi estómago se resintió, haciéndome correr al baño. Después de dejarlo vacío, el temblor regresó a mis manos que sostenían la taza con fuerza.
Es hora.
Hora de marchar a la muerte, al dolor. Bajé la palanca de la taza, intentando deshacerme de mi miedo de la misma manera.
Me di una ducha rápida y me puse la ropa especial para la arena, escogida por Cinna. No pude evitar sentirme cómoda.
Pantalones y botas, mi yo natural. Caminé con seguridad fingida hasta la sala, donde estaban todos reunidos.
Mi mirada se conectó automáticamente con la de Peeta, que solo sonrió con confianza.
Haymitch comenzó a ir hacia el elevador, pero la voz de Peeta detuvo el paso de todos.
—"Antes de subir por ese elevador, solo quiero agradecerles a todos en esta sala por el excelente trabajo que hicieron. Si todo sale según el plan, es gracias a ustedes"— su voz era firme, y noté cómo Cinna y Portia subían sus cejas por el reconocimiento.
Incluso Haymitch se descolocó un poco por sus palabras, y Effie, bueno, ella simplemente sonrió feliz por el cumplido.
Pero para mí, era la forma en que él tenía de despedirse, lo cual trajo una presión a mi pecho.
Era como si él supiera que no volvería, que no los vería una vez más después de entrar a la arena. Y no pude evitar hacer lo mismo.
—"Sí, gracias"— dije simplemente, dirigiendo una última mirada al departamento, a ellos.
Entramos al elevador todos juntos, sin decir nada. Lo único que cambió fue la mano de Peeta entrelazándose con la mía, dándome esa chispa de calor que necesitaba para lo que vendría.
Llegamos a la zona donde nos separarían, y unos pacificadores hicieron señas para que Peeta los siguiera. Sentí su mano zafarse de la mía y el miedo me invadió, pero él solo me tomó de la mejilla.
—"Te veré adentro, ¿sí? Todo estará bien"— susurró con una confianza que no sabía de dónde sacaba.
Sus ojos azules me buscaron hasta encontrar los míos, y solo pude asentir levemente.
Él pareció dudar un segundo sobre algo, tal vez quería oírlo de mí, así que cuando abrí la boca para decirle que sí, que lo vería adentro.
Pero sin aviso su boca encontró la mía, haciéndome cerrar los ojos.
El miedo y todo lo demás se desvaneció en ese momento, pero tan rápido como llegó, se fue.
Mi mirada lo siguió mientras Effie, con una sonrisa enorme, lo acompañaba, seguida de una Portia con un leve sonrojo.
En cambio, a mí me escoltaron con Haymitch y Cinna hasta otro lugar. Me esperaba un gran tubo blanco, una especie de elevador.
Esperaba alguna burla de Haymitch por lo que acababa de pasar, pero en vez de eso, me tomó por la chaqueta, cerrándola.
—"Recuerda, agua, y después comida. Sé que lo lograrás"— su voz, inusualmente plana, pero cálida.
Se detuvo, y con una mirada de reconocimiento, agregó con calma: —"Lo lograrán"— bajé la mirada, intentando asimilar sus palabras, y asentí.
Una mujer del Capitolio me subió la manga y me inyectó algo, lo que me hizo dar un pequeño salto.
—"Rastreador, no intentes quitártelo"— reconoció y advirtió al mismo tiempo.
—"Es hora"— demando el pacificador, sentía el estómago hecho piedra cuando me giraron al tubo, mi respiración se hizo pesada, el escalofrío se quedó en mi cuello.
Entonces una mano se posó en mi espalda, y la mirada tranquila de Cinna me llego.
—"Todo estará bien, sé que Peeta y tú estarán bien, recuerda eres la chica en llamas"— ánimo con esa voz tan tranquila antes de pinchar el sinsajo de Madge en mi pecho y después ayudarme a entrar.
Mi mirada conectó con Haymitch una última vez, él simplemente asintió levemente.
Entonces subí y el sol me golpeo el rostro fuertemente intenté aclimatar mi vista, y el color verde me golpeo, bosque, un bosque, y el alivio de una zona conocida me lleno.
Mi mirada buscó a Peeta, solo para encontrarme con los ojos grises de Finn a tres espacios del mío.
Me miró esperanzado. Mis ojos siguieron viajando hasta encontrar a Peeta al otro lado de la Cornucopia.
Nuestras miradas se conectaron y él simplemente me asintió levemente.
Solo falta Rue.
La encontré a dos espacios de Peeta.
Yo con Finn, Peeta con Rue.
Un ruido lleno la zona. Mis ojos se levantaron para ver el número 60 bajar a 59. El conteo para el comienzo ya estaba aquí.