Arena y sangre
14 de septiembre de 2025, 23:11
Capítulo 15: Arena y sangre
(POV Peeta)
Mi mirada se posó en Portia y Effie, ambas se despedían con la mano. Sentí el papel arrugado en mi mano, mi dibujo, lo aguardé en mi pantalón.
Mientras el elevador comenzó a avanzar rápidamente, saliendo a la superficie. Adiós a la bondad y a las dudas, en mi mente se instaló la mentalidad que Vander había construido tan meticulosamente en mí, una máquina que piensa y no siente.
Entrecerré mis ojos por el cambio brusco de iluminación.
Mi mirada vagó rápidamente en busca de Katniss, la cual encontré al otro lado de la Cornucopia, mis ojos se posaron en el enorme árbol al lado de la misma.
Es gigante.
También encontré a Finn cerca de ella. Noté a Marvel a unos espacios más lejos y a Clove a su lado, Thresh estaba a un lado mío y por último Glimmer al lado de Rue, a tres espacios de mí.
Bien.
Mis ojos fueron otra vez a Katniss, la cual miraba hacia varias direcciones hasta toparse conmigo. Le di un pequeño asentimiento.
Y fijé mi atención en el contador, que comenzaba a bajar, pase mi mirada por la arena
Un bosque.
Sin duda Katniss tiene una ventaja. Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro.
La suerte está de mi lado, me burlé de ese mantra, mis ojos se posaron en Rue, la pequeña niña estaba asustada y más porque Glimmer le estaba señalando y luego pasando su dedo por la garganta.
Cuando sus ojos chocaron conmigo le hice una pequeña señal con la mano, señalando a ella después a mí; su cabeza simplemente asintió.
El sonido del reloj cambió a uno más fuerte cuando un ¡Pum! leve lleno la arena, faltaban 30 segundos.
El reloj continuó su marcha: veintinueve, veintiocho... El tiempo se escapaba, un segundo a la vez.
Me mantuve sereno. Sabía cómo sería esto. Todos correrían, incluso Glimmer no intentaría hacerle nada a Rue y menos conmigo tan cerca; lo más seguro es que fuera a por armas primero.
Ninguna de las demás Carreras estaba cerca de Katniss o Finn, así que eso era un miedo menos.
Pero curiosamente noté que no había ningún suministro cercano a mí, absolutamente nada.
Al menos del lado de Katniss y Finn había algunas mochilas relativamente cercanas, tal vez podrían hacerse con una sin complicaciones. Confío en Katniss, sabía que ella seguiría el plan, al igual que Finn.
Sin dar más largas el reloj llegó a: cinco, ¡Pum! cuatro,¡Pum! tres, ¡Pum!dos, al instante me giré hacia Rue, ¡Pum! uno.
Y entonces el ¡CLAAANK! inundó la arena, trayendo consigo el caos. Pero mi mente y mi mirada estaban fijadas en Rue.
La niña no había logrado avanzar ni seis pasos de su pedestal cuando ya estaba a su lado.
La levanté y la subí a mi espalda de un solo movimiento, sabiendo que debía alejarla de la masacre de la Cornucopia. No necesitaba verla quedarse en shock.
Sin dudarlo, corrí hacia el bosque. El pequeño chillido que soltó en mi espalda me sacó una breve sonrisa. Estaba asustada, por supuesto.
Incluso intentó protestar: —"Yo puedo correr por mi propia cuenta, ¡ah!"— gritó cuando di un pequeño salto para esquivar un tronco caído, aferrándose aún más a mí.
Después de eso, no dijo más. En un par de minutos, me detuve en seco y la bajé con cuidado.
—"¿Y ahora qué estás haciendo?"— me reclamó, con su pequeña mirada confundida.
Yo solo levanté mi mano con el dedo extendido, y un ¡BOOOM! sonó: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... y luego un silencio ensordecedor.
—"¿Cuántos quedamos?"— preguntó su voz pequeña, con una mueca de asco en su rostro.
—"Aún quedamos muchos, 17 para ser exactos"— le respondí y no pude ocultar mi decepción, pensé que habría más bajas, menos enemigos potenciales.
Menos sangre en mis manos.
Entonces sentí una pequeña mano en mi antebrazo, mis ojos se encontraron con unos cafés.
—"Estoy segura de que Katniss está bien"— y mi corazón se estrujó.
Ella pensaba que yo estaba preocupado, pero yo sabía que Katniss estaba bien. Algo en mi pecho así me lo dictaba.
Levanté mi mano y le revolví el cabello, lo que la hizo apartarse de mí con el ceño fruncido.
—"Me despeinas"— se quejó, y solo pude reírme mientras negaba con la cabeza.
—"Estoy seguro de que Katniss y Finn están bien"— enfaticé el nombre de Finn para que ella se sintiera tranquila por su amigo; después de todo, somos un equipo.
Subí mi vista al cielo. El sol estaba en su punto más alto, lo que hacía imposible adivinar la dirección.
—"¿Entonces ahora qué hacemos?"— preguntó, sentándose en un tronco caído.
—"Supervivencia 1-1, buscar agua"— le dije, tratando de alejar su mente y la mía de la Cornucopia, de los cañonazos, de la preocupación por Finn y Katniss.
—"¿Recuerdas cómo podemos detectar si hay agua cerca?"— Ella pareció meditar un momento.
—"Tiene que ser una zona muy verde, y con árboles como los sauces"— contestó.
Yo levanté mis manos, miré a mi alrededor y di una vuelta sobre mi eje, haciéndola reír.
—"Esta zona está más seca que la mente de Glimmer, así que no creo que aquí haya agua"— mi chiste la hizo reír más fuerte.
Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro. La levanté y la volví a subir a mi espalda.
Ella protestó rápidamente: —"Sabes, puedo caminar por mí misma"— hizo un intento por bajarse, pero mi mano la detuvo.
—"Lo sé, Rue. Pero si algo sucede, quiero que tengas todas tus energías para escapar, ¿entiendes?"— le dije, seriamente.
Ella solo asintió, y sentí cómo su cuerpo se relajaba.
—"Vamos a buscar esa agua"— agregué, y me puse de nuevo en marcha, sin dejar de mirar el sol cada tanto.
No supe cuánto había caminado, pero tuve que cambiar de dirección cuando el sol medio la espalda.
Rue a este punto estaba dormida o al menos eso creía, mis pasos eran calculados, al igual que mi andar, no debía esforzarme en correr en vano, y tenía que hacer el menor ruido posible.
—"Peeta, ¿qué debo de hacer si nos topamos con Marvel y los demás?"— la genuina pregunta de Rue me sacó de mi concentración.
Sentí cómo su pequeño cuerpo se contraía en mi espalda. Aparté unas ramas del camino. Si fuera Finn le diría que tiene que pelear a mi lado, pero no era Finn; era la dulce Rue.
Me giré un poco para verla, le di una pequeña palmada en la cabeza.
—"Escapar, encontrar a Katniss, encontrar agua, comida... sobrevivir. Y nunca dejar de correr"— simplemente enumeré, con voz calmada.
Un "mmm" salió de ella —"En otras palabras debo de abandonarte"— comentó, su voz baja, como si temiera ofenderme.
—"Exacto. Eres pequeña y tu fuerza no reside en el combate, sino en la capacidad de pasar desapercibida. Sé que sabes escalar muy bien"— la imagen de Rue sentada en lo alto de la estructura metálica en el centro de entrenamiento vino a mi mente.
—"Así que puedes usar los árboles para descansar o incluso para moverte por ellos. Marvel y los demás son solo fuerza bruta y una confianza desmedida en sí mismos. Usa eso a tu favor"— detuve mis palabras, mi caminar, mi mente.
Escuché pasos.
Al menos dos personas.
Al instante, me agaché y bajé a Rue con un movimiento rápido, moviéndonos a la cobertura de unos arbustos.
Ella parecía confundida y abrió la boca para hablar, pero mi mano fue más rápida y se la tapé.
Con un gesto, le indiqué que guardara silencio y señalé mi oído.
Ella se quedó quieta de inmediato, hasta que el sonido de los pasos se hicieron notorios.
Sus ojos se abrieron y tragó en seco, su pequeña mano tembló levemente.
—"Quédate aquí. No te muevas ni salgas hasta que regrese"— mi voz apenas salió, un susurro urgente.
Su pequeño pecho subía y bajaba con agitación, pero solo asintió.
Me moví como una serpiente por la maleza hasta quedar detrás de un gran árbol, al cual me pegué de espaldas mientras los pasos se hacían más fuertes. Sin duda eran dos personas, que pasaron de largo sin percatarse de mí: el chico del Distrito 6 y el del 9.
Mi pecho se calmó al instante; no eran una amenaza, o al menos no como los profesionales.
Me dispuse a dejarlos continuar su camino. No sobrevivirían mucho con sus pasos ruidosos, y menos hablando tan alto como lo hacían.
Pero la voz de Vander me llenó la mente: "Nunca debes dejar pasar las ventajas por más pequeñas que sean, porque si lo haces, puede que acabes arrepintiéndote... ¿Entendido?"
Mi mirada regresó a ellos.
El chico del 9 tenía en su mano un machete, mientras el del 6 llevaba una mochila.
Armas, equipamiento, ventajas.
Mi corazón me gritaba que los dejara ir, pero mi mente, fría y calculadora, susurró:
Ventajas.
Silenciando cualquier rastro de humanidad en mí.
Me agaché y tomé una roca de buen tamaño, mi mirada vacía fija en la cabeza del chico del Distrito 9, que estaba a unos diez pasos.
Solté un suspiro.
Una exhalación final de la persona que deseaba ser, pero que no podía ser, no aquí.
Lancé la roca directo a su nuca.
Se estrelló con un fuerte ¡Crac!, haciéndolo caer al instante. La sangre comenzó a fluir, y su cuerpo se sacudió con espasmos en el suelo.
El chico del 6 se quedó completamente paralizado.
Aproveché el momento para moverme, mientras él comenzaba a gritar el nombre de su amigo con una voz quebrada.
Me acerqué, lo pateé en la corva para derribarlo y sujeté su cabeza con ambas manos y el ¡Cric-crac! silenció sus gritos.
El cuerpo cayó al suelo, y el ¡BOOOM! tronó al instante, un sello oficial sobre el vacío que dejó su grito.
Rápidamente, tomé el machete del suelo, una herramienta que su antiguo dueño ya no necesitaría.
Me acerqué al 9 y no dudé en clavárselo en el corazón; era una misericordia final para detener los espasmos incontrolables que lo atormentaban.
Un segundo disparo confirmó la muerte.
Sin perder tiempo, despojé al chico del Distrito 6 de su mochila, ropa y calzado. No había espacio para la culpa, solo para la pragmática necesidad de sobrevivir. Quería alejarme antes de que el ruido atrajera a alguien más.
Cuando regresé, Rue estaba encogida, la cabeza entre las rodillas. El sonido de mis pasos la hizo levantar la vista de golpe, sus ojos se abrieron, su boca igual.
Su mirada bajó desde mis ojos hasta el machete que aún goteaba sangre fresca. No tuve que decir nada; ella entendía qué había pasado.
Un nudo se formó en mi estómago.
Necesario.
—"Vamos, tenemos que irnos de aquí"— le susurré, manteniendo la distancia. No quería asustarla más, pero las cosas eran así, y ella tenía que entenderlo.
Lentamente, se levantó, con un leve temblor en las piernas, y al encontrar su voz solo dijo: —"Yo llevo la mochila"— fruncí el ceño, a punto de negarme. No era necesario.
Pero su mirada, intensa y resuelta, me hizo ceder. Le entregué la mochila sin una palabra más, reanudamos la marcha, yo al frente, siguiendo la ruta del sol.
(POV Primrose)
—"¡Katniss, no!"— El grito desgarró mi garganta.
Mis ojos se abrieron de golpe, el corazón me latía con tanta fuerza que lo sentía en las sienes y un sudor frío me cubría la frente.
La puerta se abrió de repente con un crujido, y los ojos asustados de mi madre me encontraron en la penumbra.
Se acercó a mí sin hacer ruido, sus brazos me rodearon con ternura, y mi cuerpo, que se sentía tan tieso, comenzó a relajarse en su abrazo.
Ella me apartó suavemente para mirarme a los ojos, con sus manos aún en mis hombros.
—"Ya, ya, todo está bien, mi amor"— susurró, su voz era un alivio.
—"Solo fue un mal sueño. ¿Quieres hablar de ello?"— Yo simplemente negué con la cabeza. Ella no necesitó más.
Soltó un suspiro tan suave que apenas lo oí.
Con un leve asentimiento, se levantó —"El almuerzo está listo, debemos apurarnos para encontrarnos con Daisy y los demás en la plaza"— murmuró por lo bajo, como si las palabras mismas fueran demasiado pesadas.
La entendía perfectamente. Mis pesadillas sobre Katniss habían crecido con cada día que pasaba, llenando mi mente con imágenes de llamas. Desde que la vi envuelta en ese fuego tan brillante, solo podía soñar con que se quemaba de una forma u otra.
Mis ojos se movieron hacia la esquina, donde el paraguas descansaba.
Y la promesa de Katniss llegó a mí. Forzándome una sonrisa que se sentía un poco más real, me dirigí a la cocina, sintiéndome renovada.
El almuerzo transcurrió con una pesadez en el estómago, y sabía por qué. No podía quitarme de la cabeza la plática que tuve con Rory y Vick ayer.
Ellos insistían en que Katniss había cometido un error al unirse a ese convicto, Peeta Mellark. Nadie en el Doce se creyó su historia de amor, y Gale nos dijo que era solo un truco para ganarse a la audiencia tonta del Capitolio.
Yo también lo creía.
Mi hermana es demasiado sensata para ese tipo de cosas, y la idea de que pudiera enamorarse en los Juegos, y menos de alguien como él, era simplemente imposible.
Eso jamás podría pasar.
Pero lo que me molestó fue que dentro de mí sabía que lo que decían Rory y Vick era verdad. Esto podría ser un error para Katniss.
Incluso Gale, que siempre la defendía a capa y espada, esta vez solo dijo que no sabía si era una buena idea.
Mi mamá incluso tembló visiblemente cuando los vio abrazarse al final. Y verlos tomados de la mano durante toda la despedida me revolvió el estómago.
Esa no era mi hermana.
Mi hermana odia que alguien se meta en su espacio personal, sin duda esto estaba siendo muy difícil para ella.
Me esforcé por mantener el buen ánimo, por mamá, por Katniss. Después de terminar mi simple almuerzo, le sonreí a mamá.
—"Gracias, estuvo delicioso"— Intenté sonar lo más normal posible, lo cual me ganó una sonrisa de su parte.
—"Iré a cambiarme"— le avisé mientras recogía mi plato y desaparecía por la puerta de la habitación.
Me alisté rápidamente, tomé el paraguas de la esquina y me reuní con mamá en la entrada.
Ella, extendiendo el paraguas, me tomó de la mano para salir.
Caminamos tranquilamente hasta llegar a la plaza, la cual estaba abarrotada, a diferencia de otros años.
Esta vez el Distrito parecía vivo, porque podría haber un vencedor. Después de todo, una puntuación de 12 de parte de un tributo era algo inimaginable y los dos que nos representaban este año lo habían conseguido.
En cuanto mi mirada se encontró con Rory y Vick solté la mano de mamá y corrí hacia ellos en las gradas.
—"¿Aún no comienza?"— pregunté recuperando el aliento.
—"No, aún no, pero falta poco. Caesar dijo que en unos segundos comenzaría"— me contestó Gale, al lado de ellos, su mirada puesta en la pantalla, al igual que todos los demás.
Volteé a ver a mi mamá, ella se reunía con Daisy, la madre de Gale, la cual la abrazó y tomó su mano, diciendo algo que no alcancé a distinguir.
—"¿Y cuál será el plan de Katniss?"— preguntó Rory, que fruncía el ceño hacia Gale.
Él abrió la boca para contestar lo que yo sabía.
Agua, comida, refugio.
Como ella solía repetirme por si algo sucedía en el Distrito y teníamos que escapar al bosque.
Pero no alcanzó a hablar cuando la pantalla cambió rápidamente, mostrando la arena.
En el lado derecho se veía a mi hermana, y en el izquierdo a ese chico, Mellark. El reloj de la arena marcaba 30 segundos.
Mis ojos se posaron rápidamente en mi hermana, que lucía como Buttercup cuando ella lo tenía en sus manos; su pecho subía y bajaba rápidamente.
Sus ojos estaban fijos en el suelo, tal vez pensando qué haría en cuanto la campana sonara.
Mi mirada se posó en Mellark, levanté mis cejas, él lucía tan tranquilo, como si nada estuviera pasando.
Su rostro estaba completamente diferente al de la entrevista: no había más sonrisa de lado ni ese extraño brillo en sus ojos. Parecía alguien completamente distinto, y el dolor en mi estómago regresó, porque todo gritaba:
¡Peligro!
La cuenta regresiva continuó, un latido por cada segundo, hasta que la campana de inicio sonó.
Mi hermana, como una flecha, bajó de su pedestal y corrió hacia una mochila cercana.
Me llevé las manos al pecho.
Cuando la chica pelirroja del Distrito 5 la alcanzó primero, golpeándola en el proceso, para dejarla aturdida para comenzar a correr al bosque.
—"¡Vamos, Katniss, levántate, muévete!"— susurró Gale frustrado a mi lado.
A lo lejos, vi al odioso chico del Distrito 1 empalando a una pobre chica.
Corre, Katniss, sal de ahí.
De repente, Finn apareció con una mochila a la espalda. Mis piernas comenzaron a temblar involuntariamente.
¿Qué iba a hacer Finn? ¿Acaso la iba a rematar para ganarse el favor de los profesionales?
Pero el rápidamente la tomó de la mano, la levantó y la guio hacia el bosque.
El aire que estaba conteniendo en mis pequeños pulmones salió de repente, pero me di cuenta de que no era la única. La mayoría de los presentes habían aguantado la respiración.
Ambos corrieron por unos minutos, y cuando observé la pantalla de Mellark, él también corría, solo que en su espalda estaba la niña del Distrito 6. Lo cual me dejó confundida.
—"¿Qué está pasando?"— preguntó Vick, volteando a ver a su madre.
—"¿Pensé que Katniss y el convicto estaban haciendo equipo?"— cuestionó a Daisy.
—"Tal vez Katniss recapacitó y dejó la tonta mentira, prefiriendo hacer equipo con Finn"— se aventuró Rory.
Para mí, sería lo más sensato, lo más lógico: Finn era del Doce, alguien de casa en quien mi hermana podía confiar.
—"Espero que sea así"— susurró Gale, su rostro visiblemente más relajado. Asentí, y mi mirada volvió a la pantalla justo cuando el audio llenó la plaza.
—"Espera, necesito tomar aire"— dijo Finn, mientras se recargaba sobre sus rodillas, haciendo que Katniss parara junto con él.
—"No. No podemos parar. Tenemos que ganar toda la ventaja que podamos"— lo reprendió ella, cortante.
Pero Finn dejó caer la mochila dedicándole una mirada torcida.
—"Tenemos ventaja. No pasará nada por descansar un segundo y revisar qué hay en la mochila"— respondió con una voz que, por alguna razón, me recordó a la forma en que Gale habla cuando no quiere ceder. Lo cual me dejó aún más confundida.
Niños de la veta.
Katniss solo frunció el ceño, un gesto tan propio de ella que me hizo sonreír. Acto seguido, le arrebató la mochila a Finn, dejándolo con la mano extendida y una ceja levantada.
Sacó una cuerda, una cantimplora vacía, una manta extraña y, por último, una navaja.
Mis manos se frotaron solas del alivio. Por fin mi hermana tenía algo con que defenderse o cazar.
Katniss devolvió todo a la mochila, menos la navaja, que guardó en su bota, un clásico de su parte.
Le devolvió la mochila a Finn, quien la siguió con una mueca y un andar desganado. Pero noté algo más en ella: levantó la vista un segundo al cielo, como si se cerciorará de algo, pero de ¿qué?
Las siguientes horas se pasaron con ellos caminando, al igual que con Mellark y Rue en su espalda.
La niña parecía tan relajada y tranquila que no entendía cómo podía sentirse así cerca de él, de alguien que podía ser una amenaza.
Entonces, el audio regresó, justo cuando la voz de Rue le dijo: —"En otras palabras, debo abandonarte"— sus palabras me confundieron, pero más su expresión como si no le gustara.
Pero por alguna extraña razón, la respuesta de Mellark no se escuchó. Era claro que estaba diciendo algo por qué su boca se movía, pero solo veíamos la imagen.
—"Tal vez está diciendo algo impropio o que al Capitolio no le gusta"— comentó Gale, respondiendo a la pregunta que se estaba formando en mi mente.
Era tan cruel que hasta el Capitolio lo censuraba.
Pero de la nada, él se quedó quieto como una estatua, su mirada cambió por completo, entrecerró los ojos para en un momento abrirlos.
Bajó a Rue de su espalda y la llevó a un matorral.
Mi corazón se disparó cuando atrapó su boca, callándola.
—"¡La va a matar!"— no supe de quién vino, pero cerré los ojos.
No, no quiero ver.
Pasó un momento y no se escuchó nada, forzándome a abrir mis ojos lentamente, para ver a Rue prestando atención a algo.
¿Qué estaba pasando?
Él simplemente se movió como un cazador, hasta llegar a un árbol pegándose de espaldas.
Entonces unas voces comenzaron a cobrar fuerzas: —"Pudimos matar a esa chica y conseguir la mochila"— se escuchó, para que una risa resonara.
—"Sí y mira que tenía una buena arma"— comentó el chico más alto, blandiendo un machete.
Iban tan concentrados en su plática que pasaron de largo a Mellark, el cual se quedó observándolos.
Su mirada era indescifrable, pero se volvió vacía mientras se agachaba y recogía una roca bastante grande.
Su mirada regresó a los chicos, y tragué, un malestar llenó mi pecho, algo iba a pasar.
—"¿Qué va a hacer...?"— miré cómo la pregunta moría en la boca de Rory.
En un movimiento ágil y con una fuerza desmedida, lanzó la piedra, que impactó contra el chico más alto.
El ¡Crac! me hizo temblar.
Al instante, el chico cayó revolcándose en el suelo y mi mirada bajó.
Mis manos temblaban incontrolablemente.
—"¡Fuse… Fuse ¿qué pasa, qué pasó?!"— los gritos de desesperación llenaron mi cabeza.
Estaba a punto de levantar la mirada, cuando de nuevo los gritos me dejaron helada.
—"¡Por favor, Fuse levánt…!"— sus súplicas murieron en un ¡Cric-crac! que resonó en toda la plaza.
Llevé mis manos a la cabeza, intentando taparme los oídos, pero el sonido del cañón terminó de encogerme.
—"Oh, no"— escuché a mi madre jadear.
El leve temblor en el paraguas me decía que algo más pasaría.
No puedo ver, no puedo.
El golpeteo en el suelo fue silenciado por un segundo cañón resonando.
El silencio se extendió por la plaza, pesado como el cañón mismo. Cuando mis ojos encontraron el rostro de Gale, su mueca lo decía todo: era demasiado.
—"Ya puedes ver, Vick"— confirmó Gale con una voz distante.
Como si hubiera sido una orden para mí, volví a la pantalla, solo para ver a Mellark caminando con la mochila al hombro y un machete ahora manchado de sangre.
Por favor, Katniss, alejate de él.
(POV Haymitch)
El vaso, con el hielo tintineando en mi mano, no me desconcentró ni un segundo de la pantalla. Mis dos tributos, cada uno con uno de sus aliados corriendo.
Tenía que admitir que, si no fuera por esta extraña alianza, las cosas ya habrían terminado para uno de ellos. Finn había salvado a Katniss sin duda, un segundo más y serían una brocheta para Marvel, los veía alejarse de la Cornucopia y de esa manada de carniceros.
Le di un trago largo a mi bebida, el líquido ámbar raspando mi garganta, pero una voz insistente del pasado resonó en mi cabeza.
Las palabras del chico, volvieron a mí: "… Pero ambos sabemos que no es la solución...". Una sonrisa torcida se me escapó.
No me sermonees, chico.
Deje el vaso a un lado, mi mirada fija en la pantalla.
Me concentré en los datos que mi pantalla especial mostraba. Se dirigían en sentidos opuestos, por supuesto.
¿Cómo demonios esperaban encontrarse?
Peeta, el muy imbécil, ni siquiera se molestó en verificar por dónde se habían ido Katniss y Finn. Solo tomó a la niña y corrió, como si la suerte fuera a hacer el trabajo por él.
Odiaba no saber su plan, pero el chico no era tonto.
Años de tortura debían servirle para algo.
Las charlas me parecieron irrelevantes, puro palabreo. Chistes estúpidos que estaban a años luz de lo que cualquiera creería de Peeta o Katniss peleando con Finn por la mochila.
Lo único que importaba era que ambos se movían hacia un solo objetivo: el agua.
Peeta, a una hora y media de un riachuelo, si seguía su rumbo. Katniss y Finn se dirigían a la zona de límites, lo cual los llevaría a un río, solo que tendrían que desviar su curso para encontrarse con él.
Sabía perfectamente que los Organizadores no tardarían en espantarlos de allí. Me recosté en la silla con una tranquilidad que no sentía realmente, pero qué más podía hacer. Era un buen inicio.
Al menos no morirían de sed en las próximas horas.
Pero por alguna extraña razón Peeta de la nada se dio vuelta y comenzó a caminar en otra dirección, levanté mi mano a punto de dejarla caer en el escritorio, pero entonces me di cuenta de algo, esa dirección estaba apuntando a la zona a donde Katniss se dirigía.
¿Qué rayos?, cómo sabía a dónde ir.
Algo se me está escapando y no sabía que era, pero al menos parecía que tenían un plan.
Después de lo que pareció una eternidad viéndolos caminar, me percaté de que Katniss y Finn se habían detenido.
Iba a subirle el volumen para ver qué demonios pasaba, pero la puerta se abrió de golpe, y el ruido de unos tacones que conocía demasiado bien resonó en la habitación.
Esa voz que amaba y odiaba a partes iguales irrumpió en la sala, pero sin el habitual tono de arcoíris.
Effie sonaba... confundida, y eso ya era decir mucho.
Con una mueca y los ojos entrecerrados, soltó: —"¡Haymitch, tienes que ver esto!"— encendió la maldita televisión de la pared y navegó por los recuadros de los tributos vivos como una loca, hasta que se detuvo en el de Peeta.
En mi monitor se ve igual.
—"¿Y qué demonios se supone que pasa?"— pregunté con una voz cargada de burla. Ella solo levantó la mano con el dedo extendido y yo solté un suspiro.
—"Sí, ya sé que su cabello está despeinado, Effie, y que es un atropello a la estética del Capitolio"— dije con monotonía, rodando los ojos.
—"Ahora, si me disculpas, tengo algo más importante que..."— la voz tierna en la pantalla me interrumpió.
—"En otras palabras, debo abandonarte"— Rue veía a Peeta con una tristeza contenida, como si algo estuviera fuera de su alcance y yo reconocía ese sentimiento.
—"¡Ahí mira!"— señaló Effie dando un pequeño salto cuando no se escuchó nada, pero se veía claramente que Peeta estaba hablando.
Mi ceño se frunció y rápidamente volví a mi pantalla. Le subí el volumen para escuchar lo último de sus palabras: —"... Marvel y los demás son solo fuerza bruta y una confianza desmedida en sí mismos. Usa eso a tu favor..."—
¿Qué demonios?
—"¿Desde cuándo?"— gruñí, mi cerebro ya trabajando a toda máquina.
—"Desde su primera plática. No se escuchó nada. Nos cambiaron de canal a Katniss y Finn en automático. Cortaron lo que sea que estuvieran diciendo cuando los cañonazos iniciales sonaron"— sus ojos verdes se encontraron con los míos, llenos de duda.
Qué demonios estaba haciendo el Capitolio ahora.
Pero todo cambió de nuevo. En mi monitor, lo vi tomar a la niña y lanzarse a un arbusto. En la televisión, la toma era diferente: solo se veía el rostro asustado de Rue, su boca atrapada entre sus manos.
Para los espectadores, parecía que Peeta estaba a punto de romperle el cuello. No era una coincidencia. Sabía que usarían las tomas para crear tensión.
¿Por qué demonios lo hacían ver a él como el villano? No después de lo que dijo ayer en la entrevista.
El vaso se deslizó de mi mano para estamparse contra el suelo. Él admitió que amaba a la chica, y el Capitolio lo había comprado.
Entonces, ¿por qué estaban moviendo los hilos de esta manera, cuando la historia de amor era su mayor gancho? Me estaban cambiando el juego y no sabía por qué.
Mi puño se cerró con fuerza, y todos mis planes temblaron. Entonces una mano se posó en mi hombro, cálida como siempre.
—"Investigaré qué está pasando"— soltó Effie, para dejarme solo una vez más.
A ella le importan, le importamos.
Pasé mi mano por mi rostro cansado, mi mirada fija en la pantalla para ver a Peeta matar a los primeros dos tributos en su camino, solo desvié la mirada.
Sabía que tendría que ser así, él mismo lo dejó claro en el tren. Pero no podía alejar la mente del chico en la azotea, llorando, bebiendo, cantando, riendo.
Mi compañero de copas.
(POV Katniss)
El sudor se pegaba al cabello en mi cara. Sin duda, habíamos caminado varios kilómetros a estas alturas. No sabía la hora exacta. Me preguntaba qué tan alejado estaría Peeta de mí.
—"¿Podemos descansar ya?"— El quinto quejido de Finn me hizo rodar los ojos.
Desde que nos detuvimos para revisar la mochila, se había estado quejando de vez en cuando.
Me recordaba a Gale, en cierto modo, tan quejumbroso cuando las cosas no salían a nuestro favor.
No dije nada, solo me detuve y me quité la mochila del hombro con un golpe sordo, para luego dejarla caer en el suelo, soltando un suspiro exasperado.
Era la única manera de silenciar a Finn. El cual se sentó de inmediato, recargándose contra una roca.
—"¿Cuánto faltará para encontrar agua?"— dijo, mientras tragaba en seco, sus ojos cerrados y su cabeza descansando sobre la roca.
Agaché mi cabeza entre mis piernas antes de levantarla y observar a mi alrededor. Esta zona era más verde que la anterior, los árboles eran más frondosos.
Sin duda debe de haber una fuente de agua cerca.
—"Debemos estar cerca. Solo mira a tu alrededor"— le dije, probando su habilidad.
Finn abrió un ojo, luego el otro, y se irguió. Me miró como si le hubiera pedido que combatiera a mano limpia con un león.
—"No veo nada, Katniss"— dijo, y mi paciencia se evaporó.
¿Acaso no veía los árboles, el musgo más espeso, la hierba más verde?
Una idea cruzó mi mente, una mezcla de exasperación y sarcasmo.
—"¿No prestaste atención en la estación de plantas? Ahí explicaban cómo encontrar agua"— le pregunté, entrecerrando los ojos. Él solo se encogió de hombros, como si fuera una pregunta estúpida.
—"Katniss, yo entrené lo físico y Rue entrenó la mente y el conocimiento, así que yo la defendía y ella evitaba que muriera de hambre o intoxicado"— soltó él, como si fuera la idea más grande del mundo, una sonrisa formándose en su rostro.
¿Por qué no me tocó con Rue?
—"Pero confío en ti y en tu habilidad"— agregó, para cerrar los ojos como si nada pasara. Solo pude llevarme la mano a la cara.
Entonces un ¡BOOOM! resonó, dejándome paralizada.
Finn se levantó rápidamente, abrió la boca, pero la cerró de golpe cuando el segundo le siguió. Mi mano tembló levemente, cerré mis ojos.
Por favor que no sean ellos.
—"Eso los hace nueve"— solo dijo antes de dejarse caer.
La confianza y el humor abandonaron su rostro. Pasó sus manos por sus rodillas, pegándolas a su pecho.
Nueve se habían ido ya, en un solo día, nueve niños habían muerto. Todo para ¿qué? Entretenimiento, diversión, risas, drama.
Sentí la sangre hervir en mi pecho.
¿Cómo era posible tanto odio o tanta maldad? No les bastaba con matarnos de hambre, querían que fuéramos sus juguetes.
Agité la cabeza, dejando ir esos pensamientos. La negatividad no me serviría de nada en este momento.
Me levanté y golpeé a Finn con una pequeña piedra. Él se levantó, haciendo una pose de pelea de las que le había enseñado Peeta.
Mi cara sin emociones se encontró con su mirada, que parecía buscar al enemigo. Solté un suspiro.
—"Es mejor seguir moviéndonos, sé que estamos cerca de agua y preferiría encontrarla antes del anochecer"— le dije, tomando la mochila y sin esperar respuesta, comencé a caminar. Lo sentí seguirme, y un pequeño rubor se asomó en su rostro.
Caminamos tranquilamente durante un par de minutos más, hasta que un sonido muy particular llegó a mis oídos. Estiré mi mano deteniendo a Finn, quien estaba a punto de quejarse.
—"Shhh"— le advertí rápidamente, haciendo que levantara una ceja.
—"¿Escuchas?"— Un murmullo se escuchaba a lo lejos.
Agua.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—"¡Agua!"— gritó antes de zafarse de mi agarre y echar a correr.
Lo seguí de cerca, intentando que mis pasos fueran silenciosos, pero pronto me di por vencida. Finn corría como un animal asustado, sin importarle el ruido, así que corrí tras él, y lo derribé.
Al instante, le espeté con el dedo en la cara: —"¡No corras! Haces demasiado ruido y no sabemos si hay alguien ahí"— la exasperación se dibujó en mi rostro. Con el pecho agitado, él solo asintió.
Solté un suspiro, le tendí la mano para que se levantara y le di una última mirada de advertencia antes de reanudar la marcha lentamente.
Entre más caminamos más fuerte se hacía el ruido del agua fluyendo, en cuanto lo tenía a la vista me escondí un momento para cerciorarme que no había nadie cercas, podría ser una trampa después de todo no sería la primera vez que los profesionales, patrullaban cualquier fuente de sustento importante en los juegos.
—"Ahora qué rayos esperamos"— se exaltó bajamente Finn, sus manos levantadas exigiendo una explicación, mi mano sé cerró en automático, mientras mi ojo se entrecerraba.
Cálmate, no pasa nada.
Me repite varias veces, mientras observaba buscando cualquier cosa fuera de lugar. Al no ver nada solo le hice un ademán de adelante y él sin pensarlo salió corriendo y se tiró de cara al agua.
Solo pude negar con la cabeza ante su inocencia. Teníamos que beber y resguardarnos. El sol estaba en su última etapa antes de que comenzara el atardecer, y Peeta sabría que estábamos cerca; después de todo, el agua es un punto de encuentro lógico.
Con eso en mente, tiré de Finn, sacándolo del agua por el cuello, y le ofrecí la cantimplora.
—"No debes de tomar aguar sin antes hervirla Finn o te dará diarrea"— le advertí mi mirada subiendo al atardecer.
Date prisa, Peeta.
(POV Peeta)
Mi mente seguía en los dos cuerpos muertos de hace unas horas.
Por mucho que me dijera que era por supervivencia, que si no los mataba yo, morirían de cualquier manera, el nudo en mi garganta no desaparecía.
Era un asesinato, sin importar las excusas. Defensa, odio, era todo lo mismo.
Rue aún estaba en su silencio autoimpuesto, lo cual era normal. Nadie se acostumbra a la muerte y el vacío que deja.
No había rastro de agua por ninguna parte, lo cual era un gran problema. No podíamos seguir así. Mañana, sí o sí, tendríamos que conseguir algo de beber. Mis labios estaban resecos y el clima no ayudaba en nada.
El sol se ocultó del todo, señal de que era hora de acampar. Me detuve, obligando a Rue a hacer lo mismo.
—"¿Qué pasa?"— susurró ella, sus ojos volando de un lado a otro, tan llenos de pánico que una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro, una que no sentí.
—"Viajar de noche es un problema. Es mejor descansar y continuar mañana a primera hora"— le dije, suavizando la voz para no sonar tan brusco. Ella asintió, resignada.
—"La mejor opción es en los árboles, ya que no hay cuevas"— agregué.
Le quité la mochila de los hombros y extendí las manos hacia un árbol con una sonrisa forzada.
—"Escoja su suite, señora"— terminé, poniendo una mano en mi pecho. Haciéndola sonreír, al menos eso no había cambiado, esa sonrisa tan frágil.
—"¿Por qué haces eso?"— preguntó, ganándose una ceja levantada de mi parte.
—"¿Hacerme reír, por qué?"— agrego mientras la ayudaba a alcanzar una rama.
Ambos comenzamos a subir.
—"No sabes que la sonrisa es la mejor medicina que existe. Cura lo que sea"— le dije con obviedad en la voz, como si me ofendiera que no lo supiera.
—"Sí... claro"— terminó mientras se sentaba en una rama estable.
Yo solo le saqué la lengua como si nada pasara, como si no hubiera sangre en mis manos. Ella solo rodó los ojos.
—"Okay mini Katniss, veamos qué hay en esa mochila"— le dije, para clavar el machete en el árbol, haciendo que el olor a resina saliera, fresco, intenso, llenando el ambiente.
Ella solo me golpeó mientras fruncía su pequeño ceño, levanté las manos como si me asustara.
Ella negó con la cabeza mientras abría la mochila, pero solo se tensó.
Claro.
Estiré mi mano tomándola tranquilamente y saqué la ropa del chico para dejarla a un lado.
Después comencé a sacar las cosas. Había una cantimplora, un perno para iniciar fuego.
Una sonrisa se formó en mi rostro, mientras sacaba una pequeña botella de agua. Vi cómo los ojos de Rue se abrieron con expectación, pero al instante su brillo murió.
Desvió la mirada y se concentró en jugar con la corteza del árbol. Pensé que se lanzaría a ella, pidiendo tomar primero, pero solo me esquivaba la mirada. Por un momento me vi en ella.
¿Tanto miedo me tiene? O tal vez es solo que no está acostumbrada a ir primero.
Una sonrisa nostálgica se formó en mi rostro, que se relajó. Extendí mi mano con la botella y la dejé a su lado, mientras me recargaba contra el tronco, cerrando los ojos.
—"Primero las damas"— dije, copiando la voz melosa de Caesar.
Abrí un ojo para verla recuperar el brillo y tomar la botella, bebiendo con desesperación de ella.
Bebió sin medirse hasta que se detuvo, sus ojos abiertos concentrados en el pequeño trago que dejó. Ella levantó su vista lentamente hacia mí.
Yo solo tomé la botella, terminé el último trago que quedaba y la metí de vuelta en la mochila.
El aire soplaba fresco, la altura no ayudaría, y la noche sería fría. Tomé la camiseta del chico del 6 y sin medir palabra se la pasé por encima de la cabeza a Rue.
Ella comenzó a decir algo, pero la interrumpí: —"Sé que no te gusta, y lo entiendo, pero la noche será larga y fría. No quiero que pesques un resfriado o algo peor. Así que la camiseta se queda puesta"— solté, sin dar espacio a objeciones. Vi el debate en su mirada, pero una brisa nueva la hizo asentir.
—"¿Qué hay de ti? Te congelarás"— murmuró, señalando mis brazos.
—"Estaré bien, no es la primera vez que paso por algo así"— me excusé, y no era mentira; Vander era muy creativo con los castigos.
Me recosté contra el árbol y puse la mochila entre mis piernas.
—"Ven, acuéstate aquí en la mochila"— le indiqué.
—"Así te protegerás mejor del viento, y el calor se mantendrá concentrado en ti"— sus ojos subieron y bajaron un par de veces para simplemente hacer lo que le pedí.
El silencio reinó, cerré mis ojos descansando, cuando la voz de Rue, apenas un murmullo, llegó a mí.
—"¿Puedo preguntarte algo?"— No me esperaba eso. Lo más seguro es que tuviera que ver con Katniss, con nuestro romance. Al fin y al cabo, eso era lo que todos tenían en la cabeza.
—"Claro, dispara"— le respondí sin abrir los ojos, ya imaginando la respuesta un poco exagerada que daría para las cámaras.
—"¿Ya… lo has hecho antes?"— preguntó.
¿Qué?
—"¿Ya sabes… matar, ya lo has hecho antes?"— mi mente se quedó en blanco esa no era la pregunta que tenía en mente y tampoco la respuesta.
Mis ojos se quedaron puestos en los de ella. Abrí la boca para mentirle.
¿Acaso había necesidad de ello? De mentirle si ella quería la verdad, la tendría.
Admitir mis errores no era algo que me incomodara o me pusiera nervioso. Sabía que todos escuchaban, pero al final moriría.
¿Qué más da un poco de honestidad?
—"Sí, ya lo había hecho antes"— solté, cerrando nuevamente los ojos, no quería ver el miedo o desprecio en su mirada. Pero por alguna razón, no me callé, solo seguí hablando.
—"La última vez que lo hice fue estando en prisión, hubo un motín, había mucho caos"— mi voz bajando de tono, recordando ese día.
—"Estaba en la cocina, era el día que me tocaba preparar el pan para los demás reos de baja seguridad, recuerdo cuando entró este hombre, un lunático. Tomó un cuchillo, peleamos, y lo mate… yo simplemente me defendí"— terminé como si no fuera nada.
Se hizo un silencio ensordecedor, mis ojos seguían cerrados, pero sabía que me miraba, con curiosidad o lástima, no lo sabía.
Pero entonces, como si el Capitolio esperará a que terminara mi pequeña historia antes de dormir. El cielo se iluminó mostrando a los caídos. Los rostros aparecieron sin más, con la típica música asquerosa de fondo.
Pero cuando llegamos al noveno, con la cara del chico del Distrito 9.
Un cañón resonó una vez más.
Sentí cómo Rue dio un pequeño salto, pero yo no me preocupé, sabía que no era Katniss ni Finn, y no me equivoqué cuando apareció la chica que representaba al Distrito 11.
Diez y quedamos catorce.
(POV Primrose)
Era de noche cuando nos encontramos todos en la plaza nuevamente. Me había quedado el resto del día pegada a la pantalla en casa.
Pero no había pasado mucho desde que Mellark asesinara a esos dos chicos; solo de pensarlo, me daban ganas de vomitar.
Recordar el ¡Cric-crac! que hizo el cuello, me hizo temblar.
Estaba sentada al lado de Rory y Gale, viendo cómo Katniss, después de encontrar agua (lo que festejé más de la cuenta), ahora se disponía a subir a un árbol.
Pero el idiota de Finn, sí, el idiota, no sabía cómo subir, lo que estaba creando una exasperación gigante en mi hermana.
El solo recordar cómo Finn corrió sin pensar hacia el agua... Ay, Dios mío. La voz de Gale resonó en mi cabeza, tan preocupada: "Ese idiota va a hacer que los maten", y era verdad.
Pobre de mi hermana, pero aun así, prefería que Katniss estuviera con Finn a que estuviera con Mellark.
Entonces, la imagen cambió en la pantalla. Aparecieron Rue y Mellark. Él, al parecer, la había hecho ponerse la camiseta de ese pobre chico muerto.
Un grito resonó en la plaza, una voz llena de rabia: —"¡Es un lunático! ¡Está haciendo que use la camiseta de su compañero tributo muerto!"— Mis ojos se abrieron, entendiendo lo que decían.
Es cierto, Rue era del Distrito 11, pero la camiseta era del chico del 6 al que ahora ella representaba.
Eso significaba que ese chico había sido compañero de ella... Se me revolvió el estómago.
Pero regresé a la escena, notando que Mellark tenía los ojos cerrados, pero Rue no. Su mirada viajaba de un lado a otro, como si algo la tuviera en vilo.
Entonces su voz salió, apenas un susurro: —"¿Puedo preguntarte algo?"— Su voz era tan pequeña, tan frágil, como la mía cuando le pregunté a Katniss si podía quedarme a Buttercup. Era una voz que rogaba, como si lo que iba a preguntar fuera algo muy grande e imposible.
La cámara se quedó fija en ella.
—"Claro, dispara"— respondió él, como si nada pasara.
Una falsa ilusión de seguridad.
Vi cómo ella se retorcía, como si no supiera cómo decirlo, y la entendí perfectamente. Qué miedo debía ser hablar con alguien que te puede romper el cuello como si fuera una simple rama.
Pero encontró el valor y sin voltear a verlo le preguntó: —"¿Ya… lo has hecho antes?"— La pregunta dejó a más de uno confundido, incluyéndome.
—"¿A qué rayos se refiere?"— soltó Rory, con las cejas levantadas.
En cambio, Gale bajó la mirada como si entendiera algo que los demás no. Estaba a punto de preguntarle cuando la voz de Rue volvió.
—"¿Ya sabes… matar, ya lo has hecho antes?"— ella ya estaba encarándolo, y Mellark se quedó en silencio unos segundos.
Seguramente contando el total de sus víctimas.
Pero mi pensamiento no se quedó solo en mi mente, ya que nuevamente se escuchó una voz de la multitud: —"¡Lo más seguro es que ni se acuerde cuántas lleva ya!"— El grito era una burla combinada con odio.
—"Sí, ya lo había hecho antes"— soltó él como si no fuera nada. No podíamos ver su rostro porque la cámara estaba fija en Rue, pero la expresión de Rue lo decía todo: duda.
Pero como si fuera una tortura, él continuó: —"La última vez que lo hice fue en prisión, hubo un motín, había mucho caos"— hizo una pausa, seguramente para asustar a Rue, la cual desvió la mirada como si pensara profundamente.
Si Rue escapa, vete de ahí.
—"Estaba en la cocina, era el día que me tocaba preparar el pan para los demás reos de baja seguridad, recuerdo cuando entró este hombre, un lunático. Tomó un cuchillo, peleamos, y lo maté"— sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo de la punta de los pies hasta la cabeza.
Su voz era vacía como si no fuera nada, como si fuera una plática con un amigo de lo que hiciste ayer.
—"Realmente no hay nada en él"— susurró mi madre que estaba en la grada arriba de mí, su mirada perdida en los ojos cafés de Rue.
Tragué saliva, esperaba con todas mis fuerzas que Katniss no se topara nunca con Mellark, sería una muerte segura.
La escena cambió y con ello llegó la música mientras en el cielo aparecían las imágenes de los caídos.
Katniss ya estaba en el árbol con Finn, atado con una cuerda en su estómago para que no se cayera, la manta sobre el.
Pero la música bajó su volumen cuando Katniss le dio un golpe en el hombro a Finn, haciendo una señal hacia el frente.
La iluminación de una fogata se veía a lo lejos, junto con el humo que salía. Pasaron unos segundos cuando un grito ahogado resonó con fuerza, y después un montón de risas, seguidas de un cañón.
Vi cómo mi hermana simplemente negaba con la cabeza y se recostaba en el árbol, su rostro tranquilo, como si algo se hubiera quitado de encima. No entendía por qué, acababa de presenciar una muerte.
—"Solo está tranquila porque no los encontraron a ellos"— dijo Gale más para sí mismo que para nadie en particular, y solo pude asentir levemente por la comprensión.
—"Vamos, cariño, regresemos a casa para cenar algo y dormir, mañana regresaremos, ¿sí?"— me dijo mamá mientras se ponía de pie.
Yo solo la seguí, despidiéndome de los Hawthorne con la mano.
Algunos también empezaron a irse, ya que durante las noches era raro que pasara algo. La mayoría de los tributos dormían, así que casi todos hacían lo mismo.
Ya en el tramo final del camino de tierra, con el olor a carbón aún en el aire, pregunté: —"¿Por qué crees que Katniss intentó hacer equipo con el loco de Mellark?"— Mis ojos se perdieron buscando una respuesta que no llegaba.
Sentí la mano de mamá apretar la mía, y me encontré con su mirada, que también parecía perdida, como si algo se le escapara también a ella.
—"No lo sé, cariño, pero me alegro de que sea como sea el plan que había, no funcionara. No quiero que tu hermana se involucre con alguien como él"— su mirada se agrietó ante ese pensamiento.
—"Está mejor así. Tal vez se dio cuenta a tiempo de que formar un equipo con él sería un arma de doble filo y prefirió jugar sus cartas aparte. Esa es nuestra Katniss"— agregó, recuperando la confianza en su mirada, lo cual me consoló.
Pero una presión en mi pecho no me dejó dormir en toda la noche, como si algo estuviera a punto de pasar, pero yo no supiera qué.
Ten mucho cuidado, Katniss.