Donde el Fuego y el Vacío se Encuentran
14 de septiembre de 2025, 23:55
Capítulo 16: Donde el Fuego y el Vacío se Encuentran
(POV Haymitch)
Hijos de puta.
Los muy cobardes habían distorsionado la conversación del chico con Rue. No mostraron la reacción ni los gestos de Peeta, solo la mirada perdida de la niña.
La mano se me cerró en un puño. Perfecto para malinterpretar todo.
Me froté el rostro con fuerza. Y, para colmo, Finn era un lastre para Katniss, lo que solo empeoraba mi humor.
Apoyé la barbilla en mi mano y me quedé viendo cómo Katniss presenciaba desde lejos la muerte de la chica del 11, no había nada que hacer, así era el juego.
Effie no había regresado en horas y eso también me tenía preocupado; normalmente ella no se comportaba así. Claro, los tributos que teníamos solían sobrevivir a duras penas un par de horas, y a ella no le importaban realmente.
Pero ahora todo era diferente en ella, era como si su brillo fuera real, no esa basura prefabricada del Capitolio, y no sabía cómo sentirme.
Mi mano se deslizó hacia la botella y las ganas de beber regresaron con fuerza. Solo la solté, suspirando.
Mis ojos se posaron en la figura rubia que descansaba plácidamente sobre el árbol. Siete días, y ese chico había puesto mi mundo patas arriba. Sabía que su presencia sería una tortura para mí, pero no imaginaba que de esta manera.
Pensé que su parte en los juegos sería solo muerte y brutalidad, como un maldito convicto normal. Pero no, era una persona rota igual que yo, y lo peor, enamorado. Una risa torcida se me escapó.
Mi mente regresó al tren.
Flashback
—"Pero, ¿sabes por qué lo hice?"— preguntó el muy desgraciado, mientras se servía parte de mi botella en un vaso.
Era una pérdida de tiempo, y él lo sabía; no importaría la razón por la cual asesinó a sus padres. El Capitolio jamás dejaría que un convicto ganará los juegos.
Estiré mi mano y tomé la botella, mientras me servía —"¿Y se supone que eso es algo importante?"— solté, levantando mis cejas. Una sonrisa comenzó a aparecer en su rostro, pero noté cómo su mano apretaba el vaso.
—"A ver, escucha"— mi voz era cortante, y mis ojos se estrecharon.
—"Para mí no, es más, realmente me importa una mierda lo que hiciste, pero no quiero que uses a la chica para ningún plan estúpido. Ella tiene posibilidades reales de ganar esta porquería"— mi mirada era seria, intentando asustarlo, aunque sabía que no funcionaría.
Él levantó su dedo señalándome —"Ahí es donde concordamos"— el vaso en mi mano se aflojó. Sentí una mueca de confusión.
Él solamente dejó el vaso —"Yo, quiero que ella gane, Abernathy"— busqué la mentira en sus ojos, pero me llenó el pecho de miedo porque no la había.
Imposible, es un plan. Pero, ¿un plan para qué? ¿Cuál sería el propósito? Podía engañar a la chica, incluso a mí, pero no al Capitolio.
—"Yo vine aquí por ella"— soltó, su mirada perdida en el vaso sobre la mesa.
—"¿Por qué demonios harías eso?"— le cuestioné, mi mano golpeteando la mesa.
No tenía sentido. ¿Por qué entregarse a una muerte segura cuando podía seguir viviendo en el basurero de donde salió? No era un kamikaze perdido por la desesperación o alguien en el corredor de la muerte disfrutando de su última comida. No tenía ese tipo de energía.
Él se pasó la mano por el rostro antes de posar ambas manos en la mesa, sus ojos clavados en los míos.
—"Porque le debo todo a ella, sin ella no hubiera tenido las fuerzas para continuar viviendo"— sentí como si el tren se hubiera detenido de golpe cuando su explicación me alcanzó.
¿Qué demonios? ¿Cómo era posible eso? Él era un niño mimado del Capitolio y ella una pobre niña de la Veta.
—"Realmente no quiero dar muchos detalles, pero un día visité el Distrito 12 con mi familia"— su mirada viajó a un lado de mí para concentrarse en Effie, que escuchaba todo con un aura extraña en ella que no veía desde mis propios juegos.
—"Por negocios"— la mandíbula de Effie se tensó, apartando la mirada, concentrándose en su copa.
No me dio tiempo de pensar en su reacción porque continuó: —"Y ahí la conocí y ella se transformó en algo muy importante para mí desde entonces. Y créeme, Haymitch, yo estoy dispuesto a dar mi vida, a matar, para que ella gane y regrese a casa con su familia"— su cara una máscara sin emociones.
Un pequeño escalofrío me recorrió la espalda. Todo esto podía ser una manipulación de su parte, pero nuevamente, ¿qué ganaría? El Capitolio no lo permitiría…. Entonces tenía que ser verdad. Si aceptaba esto y comenzaba a trabajar con él para ayudar a Katniss a ganar, las posibilidades se disparaban; podría tener un vencedor.
Algo en mi estómago se removió ante la idea.
—"Bien, supongamos que te creo. Todo el Capitolio te odia, después de todo les arrebataste a dos de los suyos y muy queridos por cierto"— él solo sonrió, como si su familia, su pasado, no fueran nada.
Sus ojos se posaron de nuevo en Effie —"No todo el mundo los quería, no como crees"— solo vi a Effie cerrar la mano y hacer una pequeña mueca, como si algo le diera asco.
—"Pero eso no importa, para que creas, yo estoy dispuesto a darle a Katniss todo el protagonismo y quedarme en la oscuridad. Lo importante es que ella consiga patrocinadores. Tú y yo sabemos que solo así se gana esto"— terminó con las manos extendidas sobre la mesa, su mirada se mantuvo fija en mí, expectante de mi respuesta.
Mi mano jugó con el vaso, presionándolo un poco más.
—"¿Entonces me estás diciendo que vas a dejar que la chica viva por amor? Qué bonito cuento de hadas"— mi voz era ronca, llena de burla contenida.
Esperaba una reacción, cualquier cosa, digna de una persona con su reputación. Pero detuve el jugueteo con el vaso al no recibir respuesta; mis ojos se encontraron con los suyos.
—"No, solo una deuda que pagar"— contestó. Mi comentario no lo afectó en nada: no había duda, ni vergüenza, no había nada.
Asentí —"Bien, te ayudaré. Comenzaremos mañana"— concluí, levantándome y dirigiéndome a mi habitación cansado.
Pero cuando pasé a su lado, sentí que algo me detuvo en seco. Mis ojos bajaron y vi su mano sosteniéndome.
Cuando mi mirada se encontró con la suya, listo para ordenarle que me soltara, me quedé congelado.
Sus ojos, antes burlones o serios, ahora eran un vacío sin fondo que me tragaba. Sentí un escalofrío viajar desde la punta de mis pies hasta la cabeza. ¿Qué rayos? fue lo único que había en mi cabeza.
¿Quién demonios era este chico?
—"Prométeme que, sin importar lo que pase, la apoyarás hasta el final, Abernathy"— su voz estaba despojada de toda vida o brillo natural. Solo pude asentir.
Sus ojos duraron un segundo más, como si desnudara mi alma entera, antes de soltarme.
Fin del Flashback
Me erguí en la silla, si claro no había amor, me burlé de él. La única mentira que dijo esa noche.
Entonces, el ruido de la puerta me hizo girar para encontrar a Effie, su mirada en el suelo, sus ojos entrecerrados. Pensé que comenzaría a decir qué rumor tonto le habían compartido sus amigos, aunque a veces esos rumores tenían algo de verdad.
—"Entonces"— me di a conocer, sacándola de su mente. Ella abrió los ojos, mientras levantaba la vista.
—"Hablé con mi hermana"— comenzó, su voz seria, mientras caminaba a la silla a mi lado.
Su hermana.
Sabía que tenía una, pero era muy raro que la mencionara y por su timbre de voz, sabía que algo serio estaba pasando.
—"Ella me comentó que hay un rumor muy fuerte circulando"— Ahora sí se ganó mi completa atención.
—"Se está diciendo que el romance de Peeta y Katniss es una farsa, que él la está usando para ganar los juegos"— terminó, sus ojos fijos en la nada.
No pude evitar soltar una risotada.
—"Quién fue el idiota que soltó esa basura, dudo que alguien lo crea"— comenté con burla, pero mi risa se atragantó cuando su mirada, tan inusualmente sería, se clavó en la mía.
—"No es una idiotez, la gente se lo está creyendo. No olvides quién es él y de dónde viene"— me espetó con la voz cortante.
Sus manos se frotaban con nerviosismo, pero en sus ojos había algo más. Algo que yo también sentía.
—"¿Qué más, Effie?"— pregunté, la voz más baja de lo que me gustaría, cargada de una jodida duda.
—"Después de hablar con mi hermana, recibí varias llamadas de patrocinadores, echándose para atrás. Todos con la misma idea: que Peeta la traicionaría y que, viendo la eficacia de Peeta en la arena, ella sin duda morirá"— soltó Effie con un hilo de voz, la mueca en su rostro, mientras su boca era una fina línea.
—"Y no solo eso"— agregó, con su voz más baja —"al parecer esta idea le gustó a Seneca"— se pasó la mano por la cara, completamente superada.
Sentí un malestar en la punta del estómago mientras susurraba —"Por eso la edición"— mi maldito plan estaba en la basura.
El Capitolio quería una traición. Quería que los Distritos no confiaran en cosas como el compañerismo o el amor.
Mis ojos se cerraron con fuerza.
¿Qué demonios debería hacer?
Todo se me estaba escapando de las manos.
¿Cómo debía jugar mis cartas si es que me quedaba alguna?
Subí las manos para masajearme las sienes, la mirada fija en la pantalla, viendo a mis chicos descansar.
El suspiro fuerte de Effie y un movimiento de su parte me hicieron regresar mi vista a ella.
La preocupación se fue al fondo de mi cabeza mientras dejaba caer su cabello real por sus hombros, la fea peluca verde tirada en sus piernas.
Ella se humedeció los labios mientras soltaba otro suspiro.
—"Realmente se está complicando todo, ¿no?"— Y ahí, en la tenue iluminación de mi habitación, fue como ver a otra mujer.
La opresión en mi pecho regresó, al igual que la voz del chico: "La felicidad está ahí enfrente de ti, pero no quieres tomarla…" Y simplemente salió del fondo de mi corazón un pensamiento.
—"Te ves hermosa así"— era un pequeño susurro.
Pero sus ojos rápidamente conectaron conmigo, se mordió el labio inferior antes de sonreír tan feliz.
—"Gracias, Haymitch"—, contestó, con energía renovada.
Desvió la mirada mientras agitaba la cabeza como queriendo alejar los pensamientos. Levantó un poco las manos, cerrándolas.
—"Bien, esto puede mejorar. Hablaré con los patrocinadores que quedan y les diré que toda la basura del rumor es totalmente falsa. Que nuestro Peeta es fiel. Y usaré el perdón de Snow para convencerlos de que sus días como convicto terminaron; ahora es el hijo pródigo"— terminó con esa voz cantarina y un brillo tan común en ella.
Se levantó y pasó a mi lado, dándome un pequeño apretón en el hombro. No pude evitar acariciar su mano mientras se alejaba, mis ojos fijos en su figura hasta que desapareció por la puerta.
Solté un suspiro, sintiéndome más tranquilo, y comencé a meditar qué podría hacer para salir adelante de esta trampa que estaban haciendo los idiotas del Capitolio.
Avisarle al chico por medio de una nota en la arena no sucedería; los organizadores no la dejarían pasar.
Reunirme con Seneca tampoco era posible; nos odiábamos a muerte. A él le parecía alguien desagradable, sin duda, y para mí, era el imbécil más grande que había conocido.
El solo pensar en cómo miraba a Effie, mi mano se volvió un puño, golpeando mi pierna.
Lo único que podía hacer era asegurar a los patrocinadores que Effie mantuviera leales y usar los recursos de la manera más inteligente.
Mis ojos se posaron en la figura de Peeta, descansando tranquilamente —"Lo demás estará en tus manos, compañero"— susurré.
(POV Peeta)
El gruñido de mi estómago fue tan fuerte que un segundo, más pequeño, le siguió al instante.
Sonreí, aunque Rue solo bajó la mirada, un pequeño sonrojo marcado en sus mejillas.
Apenas habíamos reanudado la marcha, pero ya no podíamos ignorar el hambre. Necesitábamos algo en el estómago, lo que fuera.
—"Bien"— dije, palmeando un tronco caído —"antes de seguir, busquemos comida. Sé que eres un genio con las plantas, semillas y frutos, así que encárgate de eso. Yo veré si encuentro algo de carne. No te alejes mucho de este tronco"— le pedí.
—"Me parece bien"— solo dijo, sus ojos somnolientos, tallándoselos, mientras dejaba la mochila en el suelo.
Observé por dónde desaparecía para tener noción de dónde buscar si algo pasaba. Un segundo después, tomé la mochila y comencé a meditar qué podía conseguir de comida.
No tenía un arma para lanzar, lo cual dejaba fuera a cualquier animal veloz y con buenos sentidos.
También, armar una trampa tomaría mucho tiempo, moví mi quijada de un lado a otro. Una sonrisa se formó en mi rostro.
Sin duda, le dará miedo.
Después de unos minutos buscando el animal que tenía en mente, y con este ya colgando de mi cuello, regresé al punto de reunión. Encontré a Rue escondida en el tronco.
Chica lista.
Sus ojos se abrieron en cuanto me encontró y rápidamente me hizo señas para que me acercara.
Al instante mi semblante cambió, algo había pasado.
Mis ojos viajaron por toda la zona buscando cualquier cosa fuera de lugar, apretando el machete en mi mano.
Pero no vi nada.
Al llegar con ella, susurré: —"¿Qué pasó? ¿Qué viste?"— Mi voz era seria, sin dejar de mirar a mi alrededor.
—"Conseguí algunas moras”— comenzó, mientras me mostraba una buena cantidad, la verdad.
—"Pero escuché un ruido, al principio pensé que era un animal o algo así. Entonces me escondí, y fue cuando la vi, la chica pelirroja del Distrito 3, estaba llenando su mochila con moras, creo que incluso tenía una cantimplora"— susurró, sus ojos no se apartaron de mí.
Ventajas.
—"¿Dónde?"— demandé un poco duro. Entonces ella bajó la mirada y comenzó a jugar con sus manos.
Estaba por preguntar por segunda vez, más fuerte, cuando ella me ganó: —"¿Realmente es necesario ir tras de ella?"— preguntó, la inocencia goteando en su voz.
Entonces fue como si la voz de Vander se apagara un momento. Si bien encontrarla no sería un problema y matarla menos.
¿Realmente había necesidad de ello?
Podría darme una ventaja: un tributo menos del cual preocuparse y tal vez agua. Pero a costa de seguir atormentando a la pequeña Rue. Dejarla sola e ir tras de ella tampoco sería ético para un equipo, pase mi lengua por mis labios secos.
—"No, realmente no es necesario, es mejor movernos de aquí; comeremos las moras en el camino"— le dije, estirando mi mano. Ella la tomó mientras su rostro se relajaba, para después dar un pequeño salto.
Sus ojos se abrieron, mientras señalaba hacia mi cuello, una sonrisa socarrona se formaba en mi boca, recordando: —"Y después cocinaremos esto"— le dije, mientras le mostraba mejor la serpiente que colgaba sin cabeza.
—"Yo no me comeré eso"— se quejó ella, haciendo una mueca y sacando la lengua, solo me reí, reanudando la marcha.
Ya veremos.
Estire la mano para tomar unas pocas moras de su palma y lanzando una a mi boca. Vi como ella me copiaba.
A pesar de eso, mi mente seguía alerta, mis ojos tendían a vagar por todas partes buscando cualquier señal de problemas.
Si la chica del 5 estaba por aquí, era porque había agua y comida, lo que significaba que los profesionales no tardarían en seguir su rastro. Tenía que apurarme.
Ya voy Katniss.
(POV Katniss)
La mañana había sido tranquila, me hice una lanza con la navaja y un palo que Finn encontró.
Pude cazar un pequeño conejo y ahora me disponía a destriparlo para cocinarlo. A Finn lo mandé a buscar algunas raíces cerca del río. Eso sí, tuve que dejarle claro que no comiera nada; no quería que se envenenara.
Aunque ya llevaba bastante tiempo fuera.
Mis manos se detuvieron. Un frío extraño se apoderó de mi cuello.
Será mejor que lo busqué.
Tomé el palo y me adentré en el bosque por donde él había desaparecido.
Caminé en completo silencio. Cada paso era una nueva carga de preocupación. Había llegado al río, pero no encontraba rastro de él.
Me vi tentada a gritar su nombre, pero si algo le había sucedido o si alguien lo había encontrado, eso solo empeoraría la situación.
Mis ojos buscaron cualquier anomalía o rastro, hasta que mi mirada se detuvo en la entrada del bosque del otro lado.
Había ramas rotas. Siguiendo mi instinto, reanudé mi paso. Cuanto más me adentraba en el bosque, más señales encontraba de que alguien había corrido en esa dirección.
Me quedé quieta cuando mis ojos se quedaron fijos en el suelo, no, no solo una, sino varias personas.
Entonces, un grito de dolor me alertó —"Finn"— susurré, antes de ponerme en marcha hacia los gritos.
En cuanto me acerqué a los gritos, me quedé completamente congelada. Solo pude agacharme al suelo y esconderme.
—"Bien, inútil, vas a decirnos a dónde se fue la maldita muerta de hambre, ¿entendido?"— La voz enojada de Clove resonó con fuerza, seguida de un golpe.
Me asomé un poco para ver a todos (Marvel, Glimmer y el chico del 3) alrededor de Finn, que estaba atado a un árbol, con un ojo morado y sangre bajando de su nariz.
Mi corazón se paró al ver las lágrimas bajar por sus mejillas.
No, no, ¿por qué?
Cerré los ojos y me agachaba de vuelta. Mi mano tembló en mi lanza improvisada.
¿Qué hago?, ¿qué hago?
Sentí mi garganta cerrarse, no podía hacer nada. Pegué mi frente contra el suelo, mi mirada subió al bosque, al sendero por el que había venido.
Huir.
Esa voz en mi cabeza, la de Prim, la de Gale, la de mamá, me gritaban que huyera.
Pero entonces la voz de Finn me sacó de mi mente.
—"No les voy a decir nada, así que mátenme de una vez, jamás venderé a mis amigos"— gritó, para ser silenciado rápidamente con una patada en el estómago. El mío se revolvió al escucharlo toser e intentar recuperar el aire.
Perdón, Prim. Perdón, mamá. Perdón, Gale, Peeta.
Comencé a levantarme, la lanza se sintió pesada en mi mano. No podría vivir con esto en mi mente, con él muriendo para salvarme.
Los primeros ojos en fijarse en mí fueron los de Marvel. Al instante, levantó su lanza, solo para ser detenido por Clove.
—"Ni se te ocurra, ella es mía"— soltó bruscamente, tomando un par de cuchillos de su espalda. Sus ojos se entrecerraron, al igual que mi mano sobre el palo.
—"No Katniss, ¿por qué viniste?"— dijo con un hilo de voz Finn, su único ojo bueno viéndome.
—"Yo tampoco abandonó a mis amigos"— mi voz tenía una fuerza que no sentía en mí, y el temblor en mi mano lo delataba.
—"Oh, qué lindos la verdad"— se burló Glimmer, fingiendo aplaudir, mientras el chico del 3 solo sonreía con burla.
Y es que eso era para ellos, la amistad, los vínculos, solo eran una broma. Mi ceño se frunció por el enojo.
—"Ahora, eso es mucho mejor"— dijo Clove con una sonrisa torcida, dando dos pasos hacia mí con una seguridad que me hizo tambalear.
Pero no me iría sin pelear, puse un pie delante de mí y levanté mi pobre lanza, lo que me ganó una sonrisa completa de su parte esta vez.
No supe cuánto nos quedamos así, solo viéndonos, esperando el error del otro.
En cuanto ella dio un paso más, todo se congeló.
(POV Primrose)
Las lágrimas no paraban de bajar por mis mejillas.
No, ¿Katniss por qué saliste?
Sentí el temblor de las manos de mamá en mis hombros, mientras Katniss encaraba a los profesionales.
La voz de Katniss llenó la plaza: —"Yo tampoco abandonó a mis amigos"— su voz, firme, real, me llegó al alma.
Gale levantó la vista al escucharla, sus ojos puestos en la pantalla, cuarteados.
—"Es que ella es así"— se le escapó el pensamiento.
Algo húmedo golpeó mi cabeza, y cuando levanté la vista, vi a mi madre cubrir su rostro, mientras las lágrimas se filtraban por su mano. Rory tenía la cabeza agachada y Vick lloraba en silencio, al igual que yo.
Mi mirada regresó a la pantalla, no podía, no ver, necesitaba saber, necesitaba ver a mi hermana sobrevivir a esto.
Su rostro cambió, al igual que su posición; conocía esa mirada. Sabía que no se rendiría sin pelear, porque así era ella, tal como había dicho Gale.
—"¡Tú puedes, Katniss!"— gritó de la nada Gale, levantándose, como si ella pudiera escucharlo.
Al instante vi a un hombre mayor levantarse siguiendo a Gale —"¡Así es, al menos llévate a uno de esos bastardos!"— lentamente la plaza se llenó de gritos: "¡Tú puedes chica!", "¡Demuestra de qué está hecho el Distrito 12!", "¡No te dejes intimidar!", "¡Confiamos en ti!".
Rory se levantó también: —"¡Eres nuestra chica en llamas, tú puedes salvar a Finn!"— gritó a todo pulmón.
El temblor en mí se detuvo, y simplemente salió de mi pecho: —"¡Tú puedes!"— grité con los ojos cerrados, sacando el dolor de mi pecho en el proceso.
Sentí las manos de mi madre en mis hombros otra vez, apretándome con fuerza, como si me diera el consuelo que necesitaba.
Parecía que la odiosa niña del 2 se enfrentaría a mi hermana sola, porque ambas se observaban con determinación.
Una determinación que me provocó una revuelta en el estómago. Entonces Clove dio el primer paso, y todos en la plaza contuvimos el aire.
Pero todo se quedó congelado, al igual que todos en la plaza, cuando retumbó en las bocinas una voz que no me dejaba dormir.
—"Entonces, sin duda, estamos en una posición complicada, ¿no?"— sonó simplemente en mi cabeza, el miedo se revolvió en mi pecho.
Mellark.
La pantalla cambió para mostrarlo, amenazando al chico del Distrito 3, el cual parecía un gato asustado, con el machete lleno de sangre cerca de su cuello.
Su mirada era como si no pasara nada, como si estuviera jugando cartas. La cara de Marvel no tenía precio, su mandíbula apretada y una mueca fuertemente marcada en su rostro. Glimmer se alejó un paso atrás y, por último, Clove, a quien le temblaba la mano sobre uno de sus cuchillos.
Pero cuando la cámara se puso en Katniss, fue completamente diferente. No había miedo o terror; su rostro se relajó al instante.
Y el malestar regresó a mi pecho, porque veía confianza en su mirada.
No, Katniss, no.
La teoría de Rory se vino abajo, mi hermana aún estaba con él, haciendo equipo.
El incontrolable temblor de mis piernas me obligó a sentarme.
Me sentía tan extraña porque sabía que gracias a su llegada Katniss podía salir de ahí, pero verla mostrar esa mirada exclusiva para mamá, para mí, para Gale, era aterrador.
—"Entonces, ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo resolveremos este pequeño inconveniente?"— preguntó nuevamente él, su voz cantarina, su ceja levantada y su mirada puesta en Marvel.
—"¿Por qué crees que él es importante para nosotros?"— contraatacó Clove, su voz indiferente, pero vi una gota de sudor bajando por su frente.
Entonces una risa que me heló la sangre resonó.
—"Vamos, ¿me vas a hacer creer que está en su grupo porque es un chico agradable? Porque yo creo que no"— regresó él, aun con los rastros de su maniática risa en mi mente.
Nadie pudo contestarle. Vi cómo Marvel apretó la lanza en su mano, mientras Glimmer se movió hacia adelante.
Pero Peeta apretó más fuerte el machete contra el cuello del chico del 3, lo que los hizo detenerse en seco.
—"Bien, esto es lo que haremos"— propuso, con una voz que era una burla envuelta en seriedad.
—"Dejarán que Kat, esa hermosa chica a sus espaldas, desate al ‘costal de papas’ de Finn aquí colgado y después de que ellos se vayan, yo soltaré a este, ¿de acuerdo?"— La rabia me subió al pecho.
¿Cómo se atreve a llamar a mi hermana ‘Kat’ y decirle ‘hermosa’?
—"Bastardo"— Gale susurró a mi lado, su cara de asco no tenía comparación. Se sentía bien escucharlo.
—"Apúrate, hija"— escuché a mi madre suplicar, sus dedos moviéndose frenéticamente en su vestido.
Sí, vamos, Katniss, toma a Finn y vete de ahí.
Mi hermana no dudó ni un segundo. La confianza que emanaba cuando pasó a un lado de Clove, como si no fuera nada, y la mirada perdida de esta, casi me hacen reír.
Rápidamente, desató a Finn.
—"Puedo caminar, vámonos"— dijo él, con voz rápida mientras Katniss lo sostenía. Sin demora comenzó a caminar, detrás de Mellark.
Pero él, detuvo a mi hermana un segundo y le susurró algo. Los ojos de Katniss se abrieron, pero solo asintió levemente, para después alejarse hasta desaparecer en la maleza del bosque.
—"Démosle unos segundos de ventaja a la dama"— agregó, mientras veía al chico del 3, que estaba sudando a mares.
Sentí como el ambiente se volvió denso. Los ojos de Rory pasaban de un lado a otro, de Mellark a los profesionales.
Vick se frotaba las manos una y otra vez.
Gale, aunque completamente estoico, no podía evitar que su pierna temblara. Y no eran los únicos; muchos en la plaza estaban igual.
¿Cómo terminará esto?
La voz de las bocinas resonó, rompiendo el silencio ensordecedor.
—"Bien, creo que con eso es suficiente"— soltó Mellark.
—"Entonces, ¿en qué habíamos quedado?"— preguntó, su voz melosa, mientras levantaba la vista al cielo con una ceja levantada, solo para bajarla rápidamente y fijarla en Marvel, que era el más cercano a él.
—"Ah, sí, que lo iba a soltar"— Un nuevo escalofrío me recorrió al ver su mirada, vacía.
Como cuando mató a esos chicos.
Y el pánico se desató en mi pecho.
—"Pero les dije ¿cómo?"— terminó de preguntar.
Espera ¿dónde está Rue?
(POV Peeta)
Le di una fuerte mordida a mi parte de la víbora, chamuscada a las brasas. A mi lado, Rue simplemente comía hasta casi atragantarse.
—"Así que no, ¿eh?"— solté, burlándome de ella. Solo para recibir su mirada con los ojos entrecerrados.
—"Es que tengo mucha hambre"— dijo, mientras se encogía de hombros.
—"Sí, claro"— le respondí, para recibir un pequeño puñetazo de su parte. Una risa burbujeaba en mi garganta y ella me acompañó.
—"¿Cuánto crees que falta para encontrar el agua?"— me preguntó antes de dar otra mordida.
Miré a mi alrededor; la zona era más verde y los árboles más frondosos. Aún sentía el alivio que me inundó una vez que vi que seguir la ruta del sol nos estaba llevando a una fuente de agua, no solo a Katniss y Finn.
—"Yo creo que no tardaremos mucho en dar con ella, tal vez unos minutos más"— vi que Rue asentía con la cabeza, sin apartar su boca de la serpiente.
Es como comer pollo con pescado.
—"Nunca había comido tanto, como ahora aquí en el Capitolio"— soltó de repente ella, su mirada perdida en el suelo.
Cierto, viene del Distrito 11, es casi como Katniss.
—"Bueno, ahora puedes comer todo lo que quieras"— ofrecí simplemente con una pequeña sonrisa.
Ella levantó su vista hacia mí.
—"Me gustaría decirle a mis hermanitos que las serpientes saben a pollo"— me comentó, apretando su pequeña boca, bajando lo que quedaba de su pedazo de serpiente.
Me quedé absorto en sus palabras, bajando el machete para dejarlo descansar contra un árbol.
Otra tortura más, nadie del Distrito 11 podía ver a Rue, su familia, amigos. Solo podrían verla si Thresh moría, así dejando sin tributos al 11.
Al menos el 12 puede ver a Finn.
Solté un pequeño suspiro.
—"Y dime, ¿cuántos hermanos tienes?"— le pregunté tranquilamente, sin apartar mi mirada de ella. Sus ojos se abrieron conectándose con los míos, para apartarlos rápidamente.
—"Tengo cinco, soy la mayor. Yo ayudo a mis papás a cuidarlos y a darles de comer, trabajando en el campo"— contesto mientras su dedo jugaba con la tierra.
Eso explica muchas cosas, su madurez y capacidad de entender rápidamente las cosas.
Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro, ganándome su atención.
—"Eso explica por qué tú cuidas a Finn y no al revés"— le dije, bromeando mientras le guiñaba un ojo.
Ella solo sonrió asintiendo —"Sí, es un idiota, pero es mi amigo"— su voz bajó un poco agregando —"Como tú"— algo en mi pecho se removió, y una sonrisa triste se dibujó en mi rostro.
¿Amigo? ¿Yo? No lo creo.
Pero su mirada me transmitió que no mentía ni bromeaba, así que me mordí la lengua para no decir alguna estupidez cruel; ella no lo merecía.
Así que solo pude bromear —”¿Ósea que soy un idiota?"— le pregunté con una ceja levantada, ella se quedó congelada, antes de comenzar a negar con la cabeza.
Solo me puede reír, y unos segundos después escuché su risa también.
Fue entonces que algo poderoso llamó mi atención, un ruido: ramas rompiéndose.
Al instante, bajé a Rue al suelo.
Ella no dijo ni hizo nada, solo me miró, esperando el motivo de mi reacción.
Mi mano en automático atrajo la mochila mientras la otra tomaba el machete.
El ruido regresó, y esta vez hasta Rue giró su cabeza hacia donde venía.
Entonces una voz salió de la nada: —"Lo tengo, lo atrapé. No te muevas estúpido"— la voz era de Marvel. Rue se encogió al instante.
—"¡No, suéltame!"— La voz de Finn me dejó desconectado un segundo.
La mano de Rue tembló, su respiración comenzó a acelerarse.
—"Cálmate, sí, todo estará bien"— mis palabras eran para ambos en este punto, mis ojos estaban puestos en los de ella, pero mi mente solo decía:
Katniss.
Me levanté lentamente, con la mirada fija en el lugar de donde provenían las voces, tomé la mano de Rue y comenzamos a caminar.
A medida que nos acercábamos, las voces cobraban más y más vida.
Mis ojos se clavaron en todos los presentes; solo buscaba a Katniss, pero no estaba entre ellos.
No había cañón, no había muerte, tal vez Finn estaba solo o se habían separado.
Mi cabeza formuló todas las posibilidades al instante, pero la voz de Clove me dio la respuesta: —"No hay rastros de la desnutrida"— mientras aplicaba un nudo a la cuerda que ahora tenía atrapado a Finn.
—"No te preocupes, ahorita sabremos dónde se esconde"— la voz de Marvel sonó, para dar paso a un golpe en seco, seguido de un gemido de dolor.
Rue dio un pequeño salto, sus ojos vidriosos mientras la sangre bajaba por la nariz de Finn.
—"Tenemos que hacer algo"— me susurró.
Mis ojos se fueron al suelo.
Es parte del equipo.
Rápidamente, comencé a escanear toda la zona buscando cualquier cosa que nos diera una pequeña ventaja, lo que sea.
Un segundo golpe resonó y la mano de Rue me apretó, haciéndome apurarme.
Mis ojos subieron y una sonrisa se posó en mis labios —"Bingo"— dije.
—"Bien, esto es lo que vamos a hacer"— le dije con la voz llena de urgencia.
—"Tienes que subir y tirar ese panal de arriba, está justo encima de ellos, con una patada fuerte"— se lo señalé arriba sobre una rama. Ella simplemente asintió con determinación.
—"¿Y luego?"— preguntó.
Iba a abrir la boca para decirle que no se preocupara, que yo sacaría a Finn de ahí, pero la voz ella llegó antes a mí: —"Yo tampoco abandonó a mis amigos"— un frío me recorrió de arriba, abajo en un segundo.
Mi cabeza giró en automático, mis ojos la encontraron, y al instante todas las alarmas de mi cabeza se encendieron. La voz de Vander no resonó, gritó.
Sin voltear a ver a Rue, solo le dije: —"Ve ahora"— su mano se escapó de la mía, apreté fuertemente el machete en mi mano y mis ojos pasaron al chico del 3, que era el que estaba más atrás, el más fácil de atrapar.
—"Hoy no es tu día de suerte"— susurré, y sin esperar más, caminé directo a él.
Clove estaba encarando a Katniss, mientras los demás solo veían.
Sin dilatar más, simplemente tomé al chico, subí el machete hasta su nuez de Adán.
—"Entonces, sin duda, estamos en una posición complicada, ¿no?"— al instante vi cómo nadie se movió ni un centímetro. Solo voltearon a verme.
Mis ojos pasaron con burla sobre todos ellos. Pero cuando se conectaron con los de Katniss, mi mirada flaqueó un segundo.
Me pasé la lengua por los labios sin dejar de sonreír, intentando decirle que todo estaría bien.
Y nada me llenó el pecho de tanto calor como ver cómo su rostro se relajaba por mi mera presencia.
Con eso en mente le guiño un ojo, para volverme a Marvel, que apretaba los dientes con fuerza, tal vez por verse superado o emboscado.
Normalmente, el cazador no es cazado, pero hoy ¡uf!
—"Entonces, ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo resolvemos este pequeño inconveniente?"— le pregunté directamente, solo para ver su mirada perderse.
Fue entonces que Clove, con una mano que le temblaba levemente, intervino: —"¿Por qué crees que él es importante para nosotros?"— pregunto.
En serio.
Era simple de ver: ninguno me había atacado, es más, ni siquiera se habían movido.
Este tarado es importante para ellos por algún motivo.
Así que me reí fuertemente para soltar con acidez: —"Vamos, ¿me vas a hacer creer que está en su grupo porque es un chico agradable? Porque yo creo que no"— dije, negando con la cabeza.
Tengo el control de esto. Solo tengo que jugarlo bien y todos podremos salir de esta, hasta mi costal de papas marca Finn.
Al ver que nadie iba a contestar nada, abrí la boca para decir algo cuando noté la mano de Marvel levantar levemente la lanza y Glimmer avanzar con obviedad hacia el frente.
Simplemente, pegué más el machete al cuello del chico y se detuvieron.
Vaya que eres valioso.
Así que solo dije sin perder mi sonrisa: —"Bien, esto es lo que haremos"— mis ojos pasando de Marvel a Clove y de regreso.
—"Dejarán que Kat, esa hermosa chica a sus espaldas"— su mirada se quedó clavada en la mía, un leve sonrojo casi indetectable apareció en su rostro.
—"Desate al ‘costal de papas’ de Finn aquí colgado y después de que ellos se vayan, yo soltaré a este, ¿de acuerdo?"— terminé.
La mirada del único ojo abierto ofendido de Finn a mi lado solo agregó más tranquilidad al asunto.
Tanto así que Katniss caminó suavemente a un lado de Clove sin dirigirle la mirada. Vi la mueca marcada en el rostro de Clove, casi pude escuchar sus dientes rechinar por la fuerza aplicada en su mandíbula.
Katniss desató a Finn rápidamente, mientras él le decía que podía caminar. Mis ojos estaban fijos al frente, al igual que mi completa atención.
Pero cuando pasaron a mi lado, no pude evitar detener a Katniss; me fijé en su rostro, las pequeñas ojeras se estaban formando, pero estaba sereno.
Me calmé y solo le susurré: —"Corran lo más que puedan, nos encontraremos donde haya agua"— sus ojos se abrieron, para asentir levemente y sin decir más, se fueron.
—"Démosle unos segundos de ventaja a la dama"— les dije con calma.
Mi mente, más tranquila ahora que Katniss estaba fuera de peligro, comenzó a trabajar.
No podía dejar ir al chico del 3; él sabía lo que le había dicho a Katniss. Además, por alguna razón, era importante para los profesionales.
Ventajas.
—"Bien, creo que con eso es suficiente"— solté, viendo al 3, sus ojos en pánico total.
Me burlé un poco más, como si fuera un niño olvidadizo, y mi voz se volvió dulce: —"Entonces, ¿en qué habíamos quedado?"— Sonreí y alcé la vista para ver a Rue, que tragaba con fuerza y tenía los pies listos; le di la señal con una ceja levantada.
—"Ah, sí, que lo iba a soltar"— mi voz se tornó fría, y taladre a Marvel con la mirada.
—"Pero les dije ¿cómo?"— Pregunte mi mirada fija en Marvel.
El ¡Shrrrack!del machete en la garganta, fue acompañado por el sordo golpe de las rodillas en el suelo, seguido por el empujón de mi pie en la espalda, tirándolo frente a Marvel.
El reaccionó con un segundo de retraso su mirada en su compañero retorciéndose en el suelo.
Estaba a punto de levantar la lanza cuando el panal explotó en el suelo, y un grito agudo lo siguió.
Sin esperar más, le lancé una mirada a Rue, la cual miraba para todos lados, dejé caer el machete, abriendo mis brazos y sin dudarlo, ella se soltó.
Cayendo en ellos, la puse sobre mi espalda, tomé el machete de vuelta y empecé a correr a través de la densa maleza.
Hasta que un río me cortó el paso. Mi pecho subía y bajaba incontrolablemente, mis ojos vagaron por la zona.
Agua… Katniss.
Y como si fuera un deseo al otro lado del río, mis ojos finalmente se encontraron con los de ella, esos ojos grises, ahí esperando, en su mano su lanza improvisada, fuertemente apretada.
El cañón que siguió fue, en mi mente, un mero murmullo.
Por fin estábamos juntos.
El machete se deslizó de mi mano en un ruido sordo, al igual que el palo en su mano. Sentí que Rue se bajaba de mi espalda, con todo y mochila, sin pensarlo dos veces, corrí hacia ella.
(POV Haymitch)
— "Mire, Sr. Galand"— le espeté, mi dedo martillando la mesa con impaciencia.
—"Para usted, esta es la mejor decisión. Imagínese a la chica en llamas promocionando sus platillos en cada uno de sus restaurantes"— mi mirada se mantuvo clavada en el hombre de traje gris, que solo hizo una mueca de desdén, moviendo la cabeza ligeramente, sus ojos fijos en un punto invisible.
—"Para eso, necesitamos esos fondos"— gruñí, forzando una sonrisa.
—"Pero dígame, Sr. Abernathy"— comenzó, dándole una calada a su puro —"¿qué seguridad tengo de que ella gane? Muchos de mis colegas ya no la patrocinan"— mientras él hablaba, mi mente, ya cansada, calculaba mi respuesta.
—"La realidad por la que estoy aquí hablando con usted, es porque la señorita Trinket insistió, pero no veo futuro en la chica"— soltó, su voz tan seca que me dio sed.
Me contuve de soltar un gruñido, sabiendo que olían el miedo como buitres a la carroña. Estaba a punto de soltar una grosería cuando una voz empalagosa irrumpió.
—"Exactamente por eso es que debería considerar patrocinar a Marvel"— solté un bufido, Gloss, lo seguí con la mirada mientras arrastraba una silla, con esa horrible sonrisa de comercial en su feo rostro, para sentarse frente a nosotros.
—"¿Qué diablos quieres, Gloss? ¿No deberías estar con tus propios patrocinadores?"— lo encaré, sin moverme. Él se limitó a sonreír aún más, juntando sus manos sobre la mesa.
—"Eso es exactamente lo que hago, Haymitch"— se burló. Mi mano se cerró en un puño bajo la mesa mientras me concentraba en el Sr. Galand, que suspiró.
—"Si me disculpa, Sr. Abernathy, tengo otro negocio que atender"— dijo, sus ojos esquivando mi mirada.
Malnacido.
Apreté la mandíbula sin darme cuenta. Era el tercero en darme la espalda; uno se había ido con Johanna, otro con Enobaria, y al parecer este se unía a Gloss. Me limité a asentir y a levantarme.
Tenía otra cita, la última. Era con un tipo nuevo, dueño de una marca nueva de heladerías. Mis ojos esquivaron a los demás vencedores en la sala; siempre era la burla de todos, y aunque no me importaba, esta vez sentí el peso de la desesperación.
Necesitábamos a esos patrocinadores. Katniss podía ganar, pero sin el dinero para resguardar su espalda, sería un milagro. Era mi maldita obligación conseguirlo. Me esforcé por ser cordial, amable, cooperador, pero el estúpido rumor nos estaba cavando la tumba.
Ignoré las voces de los demás cerrando tratos, ignoré las copas chocando; solo eran un recordatorio de mis fracasos de este día.
Me reencontré con Effie jugueteando con una copa, sus ojos se alzaron expectantes al verme, pero se desinflaron al instante al notar mi expresión.
Me desplomé en la silla, y ella, sin decir palabra, me extendió un vaso. Le di las gracias con una mirada vacía.
Me froté la cara, como si pudiera quitarme la negatividad de encima, pero no sirvió de nada. Levanté la vista hacia la pantalla, donde una Katniss con los hombros encorvados cazaba un conejo con una lanza improvisada.
—"Es realmente lista"— susurró Effie, sus ojos brillando con una esperanza tan genuina que me dolió.
Devolvió la mirada a mi rostro y con una sonrisa que no le llegaba a los ojos, me dijo: —"Ánimo, Haymitch. Todavía queda uno más, a este seguro lo convencerás"— su voz, llena de ese brillo artificial, solo logró que soltara una risotada amarga.
—"¿De qué te burlas?"— me reprendió, su voz llena de la familiar frustración.
—"¿Acaso no eres tú el que siempre dice que hasta el regalo más pequeño puede ser la diferencia entre la vida y la muerte?"— sus palabras me golpearon con la fuerza de una resaca mañanera.
Tenía razón. No podía rendirme. Esos chicos me necesitaban, confían en mí.
Con esa mentalidad, terminé mi vaso y me puse de pie.
—"¿Por qué no me acompañas esta vez? Quizás tu presencia los pueda ablandar un poco, ya sabes que odio la formalidad"— le dije.
Sus ojos se abrieron, y sin decir más, con una gran sonrisa, tomó su cartera y me siguió.
Mi mirada se posó en la mesa donde Gloss, con una enorme sonrisa, estrechaba la mano del bastardo de Galand, antes de fijar mi atención en un hombre sentado en solitario, delgado y de cabello negro.
Él tenía una sonrisa, la cual se hizo más grande conforme nos acercábamos.
—"Sr. Abernathy, Sra. Trinket. Me preguntaba cuándo tendrían tiempo para mí, aunque sé que a estas alturas deben de tener toneladas de patrocinadores. Por cierto, me llamo Jason Ravencourt"— se presentó, levantando su mano con una amabilidad que me incomodó.
Le estreché la mano con recelo, notando su extraña energía. Luego, besó dulcemente la de Effie, lo que provocó que ella se ruborizara.
—"Todo un caballero, Sr. Ravencourt"— lo elogio Effie. Me aclaré la garganta con un gruñido para llamar su atención, y le solté la pregunta directa.
—"¿Entonces, Sr. Ravencourt, qué nos ofrece?"— mi mirada se mantuvo fría.
Effie me pateó con fuerza por debajo de la mesa, un codazo sutil de su tacón, y me fulminó con la mirada antes de volver a poner su sonrisa. Él ni se inmutó, solo se sentó, las manos sobre la mesa.
—"Directo al grano, como a usted le gusta, señor. No soy un gran patrocinador, es mi primer año, pero estoy dispuesto a donar un millón rublos a la chica en llamas…"—.
No lo dejé terminar. —"Aceptado"— solté, sin pensarlo, no tenía opciones a este pas...
Espera, ¿qué?
Pasé el dedo por mi oreja, como si el sonido se hubiera quedado atascado.
—"Disculpe, ¿podría repetir lo último? Creo que no escuché bien"— le dije, enderezándome en el asiento. El rostro de Effie era un reflejo del mío: una máscara de incredulidad absoluta.
Él me miró con la cabeza ladeada antes de repetir más lentamente: —"Deseo patrocinar a la chica en llamas y estoy dispuesto a donar inmediatamente un millón rublos para ella"— concluyó como si fuera lo más normal del mundo, volteando las palmas de sus manos hacia arriba, esperando mi respuesta.
Un millón rublos.
Suficiente para el juego intermedio, tal vez no para el final, pero sí para ayudarlos cuando entren en los últimos ocho.
Sentí mi corazón latir con una rapidez anormal, nunca había recibido tal apoyo de nadie, si tal vez los patrocinadores que perdí podían darme más, pero este hombre nuevo en la escena podría ser la clave.
Pero me controlé, no debía apresurarme. Una cantidad así no venía sin un precio o algo a cambio.
—"Me disculpo, Sr. Ravencourt, por interrumpirlo, pero antes de aceptar, usted entiende que debo preguntarle qué espera a cambio"— le dije, intentando inútilmente desviar la atención, aunque ya había aceptado antes.
Por favor, que no sea algo estúpido, porque no podía rechazarlo.
La mano de Effie debajo de la mesa busco a tientas la mía apretándola fuertemente cuando la encontró.
El hombre solo me señaló repetidamente para por fin soltar: —"Quiero que cuando ella gane, sea la promotora exclusiva de las heladerías Ravencourt: pósters, anuncios, videos promocionales, helados con su nombre"— terminó con la mirada perdida en una imagen que solo él podía ver.
Y yo solo pude en mi mente sobarme las manos con el trato ya cerrado. El pobre hombre era tan nuevo que no sabía cuánto podía exigir.
Pero entonces el audio de la mega pantalla sonó, parando todo el bullicio del lugar.
—"Yo tampoco abandonó a mis amigos"— me atraganté con mis palabras cuando la escena frente a mí me golpeó.
Finn en un árbol amarrado como el lastre que era y los profesionales rodeando a Katniss, que lucía decidida mientras encaraba a Clove.
Y ahí va todo mi esfuerzo.
Mis manos cayeron. Mi cerebro, lento, intentaba procesar lo que estaba pasando.
¿Qué demonios había sucedido? ¿Cómo diablos terminó Katniss en esa situación de suicidio?
La mano de Effie, que aún sostenía la mía, tembló mientras su mirada volaba de Katniss a Clove.
Sentí todas las miradas sobre mí. Johanna solo sonreía y negaba con la cabeza, Enobaria tenía esa maldita sonrisa de superioridad tan normal en ella. Uno a uno, vi cómo todos daban por muerta a mi chica en llamas.
Pero si los milagros existían, estaba por presenciar uno, cuando la voz con la que canté, lloré y reí en la azotea dijo.
—"Entonces, sin duda, estamos en una posición complicada, ¿no?"— en ese instante, toda la atmósfera de la sala cambió.
Las sonrisas de superioridad murieron, la negatividad, la duda, todo y la esperanza se asentó en Effie y en mí.
La cámara se centró en mi chico, que sujetaba al tributo del 3 de forma amenazadora. Vi a Beetee encorvarse, a unas mesas de mí, su mirada perdida.
Su tributo estaba en manos del diablo, al menos para la mayoría. Incluso el tipo con un montón de anillos a su lado se echó para atrás.
Y ahí va uno.
Entendí la mirada. Ya lo daba por muerto.
—"Entonces, ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo resolvemos este pequeño inconveniente?"— Mis ojos regresaron a la pantalla para ver la expresión tranquila de Peeta, cuyos ojos se tragaban a Marvel, que no podía sostenerle la mirada.
Y sin poder evitarlo, me giré hacia Gloss, el que ahora tenía la sonrisa de comercial era yo. Él solo pudo ver cómo el Sr. Galand levantaba una ceja en su dirección.
Escuché a Clove intentar desviar la atención del chico del 3, pero fue en vano; Peeta se le rio en la cara.
Era obvio que ese chico era importante; de lo contrario, los profesionales ya lo habrían sacrificado. Esa era la mentalidad de ellos. No había compromisos, todas las alianzas eran temporales y desechables.
—"Hay, me va a dar algo. Qué hermoso sacrificio de Katniss por su compañero… perfecto para un eslogan: 'Yo tampoco abandonó a mis amigos, y menos disfrutando un helado Ravencourt'. Sí, perfecto"— la voz melódica de Ravencourt me sacó de mis pensamientos.
El tipo estaba con las manos juntas, la mirada perdida nuevamente en una imagen que solo él podía ver.
Pero eso también me hizo pensar... Aquello, sin duda, llamaría la atención. Que Katniss se enfrentara a los profesionales no por Peeta, sino por un simple compañero de alianza, era completamente contrario a lo que cualquiera hubiera esperado.
¿Cuántos Ravencourt había ahí fuera, esperando una historia así?
—"Bien, esto es lo que haremos"— Peeta dijo, con un control absoluto sobre la negociación.
Su mirada, de un lado a otro, pasaba de Clove —que solo sostenía el cuchillo en alto, una farsa de ferocidad que a mis ojos la hacía parecer una presa atrapada— a Marvel, que lo miraba con una exasperación que le desencajaba la mandíbula; sin duda, no esperaba este resultado.
La más asustada de todos era Glimmer, la pobre se había echado unos pasos atrás. Fue entonces que vi a Johanna soltar un pequeño bufido cuando un tipo gordo a su lado le hizo una pregunta que no alcancé a oír.
Y van dos.
Las acciones de Peeta en la arena estaban teniendo un efecto inesperado: minaban la confianza en que los profesionales podrían matarlo fácilmente y, por extensión, también a sus compañeros de equipo.
—"… desate al ‘costal de papas’ de Finn aquí colgado y después de que ellos se vayan, yo soltaré a este, ¿de acuerdo?"— salí de mis pensamientos. Peeta los manejaba a su antojo, entendía de maravilla la posición de poder que tenía.
—"Los profesionales están en aprietos, ¿quién lo diría?"— comentó una voz.
Me giré, mis ojos encontrándose con los de Chaff. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.
—"Así parece, Chaff"— el único hombre en la sala que respetaba de verdad.
—"Después de recolocar todas esas minas, perder al único que sabe cómo desactivarlas no es bueno. Tienen que jugar con sus reglas por ahora"— comentó.
Estaba a punto de contestarle cuando señaló algo y añadió: —"No sabía que habías dado el gran paso, amigo, felicidades"— soltó la frase sin más, dándome una palmada en el brazo antes de alejarse.
Mi rostro se contrajo.
¿De qué demonios hablaba?
Bajé la vista al punto que había señalado. Fue entonces que noté mi mano, fuertemente agarrada a la de una Effie que miraba sin perderse un solo detalle en la pantalla gigante.
Por la emoción nos habíamos levantado y se me olvidó ese pequeño detalle, aunque al parecer nadie más se había dado cuenta.
—"Cariño, podrías soltarme la mano, no me circula la sangre"— le susurré, intentando soltarme.
Pero ella solo levantó su mano libre, interrumpiéndome: —"Ahora no, Haymitch. Katniss está soltando a Finn"— el tinte de regaño en su voz y su mirada fija sin parpadear me callaron.
Bueno, lo intenté.
Siguiendo su mirada a la pantalla, vi a Peeta detener a Katniss para susurrarle algo; más instrucciones, sin duda. Luego, se fue. Con su partida, el ambiente cambió, junto con su mirada.
Algo en mi estómago se retorció, era un cambio demasiado extraño. Siempre ha habido muerte y dolor en los Juegos: muertes por supervivencia, por defensa, o incluso sádicas y desarmadas. Y eso se veía en la mirada de cada vencedor aquí presente.
Pero Peeta era diferente. El vacío en sus ojos, en su expresión, era como si no existiera nada. Ni maldad, ni supervivencia. Solo vacío. Un vacío que se tragaba todo y a todos. Frío como una máquina.
Y esa era la razón por la que todos creían ese estúpido rumor. Porque cualquiera que viera esa expresión —y, qué sorpresa, todos aquí la veíamos— podía ver sin problema la traición, la manipulación, la mentira.
El ¡Shrrrack! hizo temblar a Effie, y el silencio volvió a todos.
Vimos al niño, porque eso era, un crío, con la mirada asustada mientras la vida se le escapaba por la garganta.
Todos aquí nos matábamos por conseguir patrocinadores, pero el entendimiento tácito entre nosotros era el mismo.
Un recordatorio más de lo mucho que el Capitolio controlaba nuestras vidas. Beetee solo agachó la cabeza, sus manos pasando por su poco cabello.
El grito de Glimmer resonó con fuerza: —"¡Rastreadores!"— mientras todos corrían en varias direcciones, Peeta atrapó a una pequeña Rue que cada vez valía más y más su peso en oro. Así, desapareciendo en la maleza.
Mientras corría con Rue en su espalda, llegó al río. Sus ojos parecían desesperados, buscando algo.
Su cabeza se detuvo, la toma se abrió y al otro lado del río estaba Katniss, con la lanza fuertemente apretada, observándolo como si fuera la primera vez.
Peeta, con el sonido de fondo del cañón, soltó el machete y dejó caer a Rue junto con la mochila.
Corrió, sus pasos cada vez más rápidos.
Katniss, sin pensarlo dos veces, tiró la lanza a los pies de Finn y empezó a cruzar el río corriendo también.
Cuando estuvo a unos pasos de él, saltó a sus brazos, y ambos se fundieron en un abrazo al instante.
Ahora, a ver cómo modifican esto, malditos.
Esto solo confundiría más a los espectadores. Están tejiendo una historia sin igual que mantendrá la duda viva hasta el final: ¿La ama o solo la está usando?
Con eso en la cabeza, mis ojos bajaron una vez más a mi mano, que Effie apretaba con fuerza renovada. Sus ojos brillando, fijos en ellos dos.