Lo que el Mundo Entrevé
15 de septiembre de 2025, 0:53
Capítulo 17: Lo que el Mundo Entrevé
(POV Primrose)
El ¡Shrrrack! resonó en la plaza, sentí un alboroto en el estómago y tuve que desviar la mirada de la sangre que burbujeaba de su garganta.
Hubo unos gritos, y mi mano, casi sin pensarlo, buscó la de mamá. Me temblaban las piernas.
No pude soportar esa mirada, esos ojos azules tan vacíos, como si solo se alimentaran de la muerte y el dolor.
—"Parece que lograron escapar"— dijo Rory, con la mirada fija en la pantalla.
Eso me hizo volver a mirar para encontrarme con Mellark corriendo por el bosque, con Rue en la espalda.
Solté un suspiro de alivio.
Ella estaba bien.
Pero se detuvo de repente al llegar al río. Su pecho subía y bajaba como el de un animal enojado.
Ojalá Katniss ya estuviera muy lejos.
Pero la forma que su rostro se relajó cuando lo vio volvió a mi mente y un nudo de miedo se instaló en mi pecho.
Él detuvo su mirada en algo, y cuando la imagen se abrió más, vi que era Katniss, al otro lado del río.
Vi a mi hermana tragar saliva, y la lanza en sus manos tembló levemente, pero la mantenía firme.
Toda la plaza se quedó en silencio, solo se escuchaba el agua correr. Él simplemente dejó caer su arma al suelo, como si le pesara, y también soltó a Rue, la mochila.
El ¡BOOOM! se escuchó a lo lejos, pero parecía no importarle en lo más mínimo. Comenzó a caminar, cada vez más rápido.
Mi hermana aflojó el agarre de su lanza.
No, no, Katniss, por favor, no.
Supliqué una y otra vez en mi mente y en mi corazón.
Por favor, no.
Ella también soltó su arma y, sin esperar, corrió a través del río.
Se estrellaron el uno contra el otro, y el abrazo me dejó sin aliento. Ella lo rodeó con una desesperación que nunca antes le había visto, aferrándose a su espalda con un agarre que parecía querer fundirse con él.
Mi cabeza dio vueltas, como si me hubieran empujado. Me senté de nuevo, sintiendo un nudo en la garganta. El rostro de mi hermana se relajó de forma automática, como si no hubiera problemas.
Mi mirada se posó en Gale, que solo veía el suelo, una mueca en su rostro, su mandíbula apretada, su puño dando pequeños golpes a la grada, como si no pudiera entender qué pasaba.
Pero a dondequiera que volteaba, la duda era la misma.
¿Cómo mi hermana, con su reputación, se sentía tan cómoda con él, un asesino, un monstruo despiadado que parecía alimentar ese vacío con muerte y dolor?
—"Solo está actuando"— soltó la voz de mamá, captando la atención de todos.
La vi sostener fuertemente su vestido, con la mirada entrecerrada.
Daisy, la madre de Gale, terminó la pregunta que rondaba en la cabeza de todos: —"¿Pero quién?"— Y eso era lo importante.
¿Quién de los dos estaba actuando?
En esos momentos, ambos parecían realmente juntos, pero Mellark era un demonio, y lo sabíamos, pero también conocíamos a mi hermana, y ella no actuaba así.
Verla fingir sería fácil notarlo. Pero me fijé en su rostro otra vez, y era como si estuviera abrazando su paraguas. La tranquilidad, la paz... eran demasiado reales para ser fingidas.
—"Al menos está protegida de los profesionales"— agregó Gale, aunque pude notar cómo su mirada se negaba a reconocer lo que estaba pasando en la pantalla.
Agradecí su intento de ver lo positivo en todo esto sin sentido que veía en mi hermana.
Es solo actuación, Katniss tiene que hacerlo. Si no, morirá. Cuando tenga la oportunidad, lo dejará.
Me consolé, para escuchar a Rue y Finn decir algo, sacándome de mis pensamientos y miedos.
(POV Katniss)
Mis manos vagaron sin control sobre su piel. Sentí sus fuertes brazos sosteniéndome.
Cerré los ojos.
Sobrevivimos. Estamos juntos de nuevo.
Me separé solo para ver su rostro. Busqué alguna señal de que no era real, pero solo encontré esa tormenta eléctrica azul, ese brillo que podía significar tantas cosas.
Y el nudo en mi estómago, que había estado ahí todo el día, desapareció. Me sentí tentada a cerrar el espacio entre nosotros, pero la voz de Rue interrumpió el momento.
—"También estoy feliz de encontrarlos, pero es mejor movernos. No sabemos si los profesionales se fueron o si están buscándonos"— mi mirada se desvió hacia ella. Sostenía la mochila y el machete, sus ojos rastreaban los alrededores.
—"Rue tiene razón, es mejor movernos. No se rendirán fácilmente"— apoyó Finn, su ojo negro me devolvió a la realidad.
Aunque podía caminar, no sabía qué tanto daño tenía en el ojo o las costillas, así que lo mejor era seguir. Nos separamos; Peeta tomó el machete y yo, la lanza de las manos de Finn.
—"Sí, es mejor movernos. Debemos planear qué vamos a hacer y ver tus heridas, Finn"— dije, poniéndome en marcha con Peeta a mi lado.
Caminábamos en silencio, una tranquilidad que se sentía antinatural. No sé cómo podía sentirme tan calmada en esta situación, pero sabía que era porque él estaba a mi lado.
Mi mente regresó a la pelea y a cómo, con solo verlo, supe que todo estaría bien.
Eso es peligroso.
No podía depender de él para controlar la situación. No siempre estaría ahí para ayudarme.
—"¿Tuvieron algún otro inconveniente aparte de lo que acaba de pasar?"— me preguntó, su mirada fija en mí mientras apartaba una rama del camino. Simplemente negué con la cabeza.
—"¿Y ustedes?"— le devolví la pregunta, mis ojos se posaron en Rue por un segundo, que le platicaba a Finn algo sobre una serpiente y un pollo. Mi ceja se alzó y luego volví a mirar a Peeta.
Vi su mirada descender al machete, que aún tenía sangre. Hizo una mueca, soltando un pequeño suspiro.
—"Realmente no, pero nos topamos con los chicos del 6 y el 9"— su voz bajó un poco, sus ojos se entrecerraron.
—" Y bueno, ya sabes"— terminó, bajando el machete y mirándome.
"Y bueno, ya sabes" resonó en mi mente. Él mismo lo había dejado claro en el ascensor: tendríamos que hacer cosas que no queríamos.
No pude evitar preguntar: —"¿Los atacaron?"— El se mordió lo labio, esquivando mi mirada, y vi cómo sus hombros se tensaron y el agarre en el arma se volvió más fuerte.
Con eso, supe la respuesta, y una punzada me nació en el pecho.
Matar está mal, siempre estará mal, pero hay una gran diferencia entre matar para defenderse y matar por cualquier otro motivo.
—"No, ellos no nos vieron, pasaron de largo"— comenzó, su voz seria, tan diferente.
—"Realmente los pude dejar ir, incluso lo pensé"— su voz murió, su mirada perdida al frente.
Eso me obligó a parar y, por inercia, todos lo hicieron.
—"¿Y por qué no los dejaste ir?"— Exigí una respuesta; mi voz salió más atropellada de lo que pretendía.
Sentí la mirada de Finn y Rue sobre nosotros, pero el malestar por sus acciones seguía ahí y tenía que tener una respuesta para calmar ese malestar.
Vi cómo se tensó fuertemente, su mano un puño que marcaba sus nudillos con fuerza. Soltó un fuerte suspiro para encararme.
No parecía enojado o avergonzado; más bien, su mirada estaba caída, como si estuviera cansado.
—"Porque no iba a dejar que esto"— dijo, apuntando al suelo y luego pasando sus ojos de los míos a los de Rue y Finn antes de regresar a mí
—"Fuera cuestión de suerte"— terminó para comenzar a caminar, mi mirada fija en su espalda. Mi mente se perdió en sus palabras.
—"Se refiere a encontrarte, Katniss"— me respondió Rue, con una pequeña sonrisa, aunque su mirada estaba cabizbaja, para reanudar el paso.
El malestar no bajó, sino que subió.
Lo había hecho por mí.
Eso no me dejaba tranquila. Solo me dejaba con la pregunta:
¿Hasta qué punto está dispuesto a llegar por salvarme?
Sin una respuesta en mi mente, solo comencé a caminar detrás de ellos esta vez.
(POV Peeta)
Aparté las ramas de mi camino con más fuerza de la que pretendía, pero la conversación con Katniss aún me rondaba en la cabeza.
Sabía que esto sería un punto de inflexión, que ella reconsideraría todo lo que teníamos, pero, ¿qué más podía hacer? No íbamos a ganar esto solo esperando.
Tal vez debí dejarlos pasar de largo… No, no podía confiar en que la encontraría rápidamente, y si no fuera por esta arma, tal vez la amenaza al chico del 5 no habría funcionado igual.
La botella de agua también nos dio tiempo, aunque no fuera mucho… No puedo permitir que mis sentimientos interfieran con lo que tengo que hacer. Todo es por ella, le guste o no.
Pero el malestar no se fue. La forma en que me miró, su voz, la duda. Y la pregunta volvió a mi cabeza, esa que me negué a considerar fuera de la arena, pero que tenía que quedar clara en mi mente y corazón ahora que el momento había llegado.
¿Hasta dónde llegaría con tal de mandarla a casa?
De reojo vi a Rue platicar animadamente en voz baja con Finn. Y un nudo se hizo en mi estómago.
Ella no me dejaría hacerlo.
Pero, ¿qué más podía hacer? El Capitolio no me dejaría otra opción; de esta arena solo salía uno, y tenía que ser ella.
El machete tembló en mi mano, pero rápidamente calmé la duda.
La voz de Vander resonó: "No hay dudas, no hay preguntas, haces lo que se te pide sin cuestionar, ¿entendido?" cerré los ojos negando con la cabeza.
No, no, Vander no me controla, el Capitolio no me controla. Yo era capaz de tomar mis propias decisiones, de marcar mi propio destino.
Una mano me alcanzó, sacándome de la oscuridad. Mis ojos se encontraron con los grises que me tenían en esta batalla.
—"Creo que aquí está bien, descansemos para que pueda revisar a Finn"— me dijo, su mano en mi antebrazo quemándome.
Solo asentí; necesitaba tiempo a solas para pensar un poco más.
—"Yo regresaré al río a llenar las cantimploras y la botella"— dije. Katniss me soltó, su mirada buscando la mía, pero la esquivé.
Confianza.
No podía levantar una barrera solo por dudas, y mucho menos por una sola discusión
¿Que era estúpido?
Mi mano salió disparada tomando la suya, ganándome su mirada nuevamente. Una sonrisa ladeada apareció, real, la que le pertenecía solo a ella. Sus ojos se abrieron.
—"No quiero separarme tan rápido de ti, pero necesito despejarme. Fue una mañana movida"— le susurré amablemente.
Ella asintió. Le di un breve apretón, una señal de que estábamos bien, de que no pasaba nada.
Y sin poder resistirme, la atraje hacia mí para darle un pequeño beso en la mejilla y un —"Regreso en un momento"— antes de ponerme en marcha.
Lo último que escuche fue —"No digan nada"— frío de Katniss, mientras en mi rostro aparecía una sonrisa.
(POV Haymitch)
—"Entonces, tenemos un trato. Un millón rublos por la exclusividad de Katniss con las heladerías Ravencourt"— estiré mi mano hacia el hombre que hace unos momentos soñaba despierto.
Él, sin dudarlo, se levantó, estrechándola efusivamente.
—"Muchas gracias, Sr. Abernathy. Sin duda, espero que mi ayuda la lleve a la victoria. Mientras tanto, iré preparando mis futuras ideas para los comerciales y pósters"— dijo, para luego desaparecer con la sonrisa más grande que le había visto.
Un hombre curioso, sin duda.
Effie rápidamente me dio un codazo.
—"Genial, es un buen patrocinador, puede ser de mucha ayuda"— chilló contenta, sus ojos se abrieron y se llevó la mano a su cartera.
—"Ahora le hablaré a Marcy y le presumiré de nuestro nuevo acuerdo"— sacó su teléfono y caminó rápidamente a un lugar más silencioso.
La vi levantar el teléfono a su oreja cuando desapareció en la esquina. Solté un suspiro, tan típico de Effie, y negué con la cabeza, recuperando mi trago. Mis ojos subieron a la pantalla para ver a los chicos caminar tranquilamente.
—"Entonces, parece ser que tenemos que hablar"— detuve el vaso a mitad de camino, cuando las palabras me llegaron y mis ojos se posaron en Enobaria.
Ella solo sonrió, y un escalofrío me bajó por el cuerpo al ver sus afilados dientes. Me recompuse y aclaré mi garganta.
—"¿Y por qué tenemos que hablar?"— le pregunté.
Me dirigió una mirada aburrida.
—"Porque uno de mis tributos está en equipo con dos de los tuyos, por más que sé que Clove ganará, porque la entrené yo y tiene madera de vencedora, no como la débil de tu Distrito"— comenzó, tomando un poco de su copa.
—"Pero aun así, no dejaré ningún ángulo sin jugar, el niño podría ganar también. Después de todo, no sería la primera vez que una escoria de tu Distrito que al parecer no tiene posibilidades de ganar… gana, ¿o sí?"— terminó, sus largas uñas golpeteando la mesa.
Una sonrisa se posó en mi rostro.
—"¿Realmente crees que el Finn podrá ganarle a Peeta?"— pregunté con burla, esperando ver su semblante caer o cualquier otra reacción. Pero ver esos dientes afilados sonriendo no fue lo que esperaba.
Ella se encogió de hombros.
—"No lo sabremos hasta que se llegue a ese punto, pero no deberías dar todo por sentado, Abernathy"— concluyó para levantarse y dejarme con un nuevo mar de dudas.
¿Qué significaba todo esto?
—"Ignórala, Haymitch, solo quiere asustarte, como a todos"— agregó Chaff, sentándose a mi lado.
—"Es la primera vez que hablo con ella desde que ganó"— me di cuenta. Chaff solo hizo una mueca para ver su vaso y dar un trago.
—"Me doy cuenta de que pudiste cerrar un buen trato con el heladero"— soltó Chaff cambiando de tema con un tono burlón. Fingí reírme a carcajadas.
—"Sí, de hecho… Un millón rublos"— respondí.
Chaff se atragantó con su bebida, sus ojos abiertos.
Se recompuso rápidamente y preguntó: —"¿El diablo seguro que solo vende helados?"— sus cejas levantadas, sus ojos buscándolo.
—"Esto es el Capitolio, Chaff. Podría ser herencia u otra cosa. Eso no importa, lo importante es que lo tengo"— le dije.
(POV Peeta)
Tomé la cantimplora ya llena para meterla en la mochila, sacando ahora la botella, mis movimientos automáticos.
Mi mente pensaba en el próximo movimiento. Los profesionales tenían recursos ilimitados gracias a la Cornucopia, lo cual hacía fácil que se dedicaran a buscar a los demás.
Pero si eliminábamos esa ventaja, tendrían que pensar más en cómo sobrevivir, emparejaría las cosas. Después de eso sería más fácil eliminarlos.
Pero cuando ya no estén, ¿qué voy a hacer?
La maldita pregunta regresó a mí. Mi mano se cerró en la botella, aplastándola; no podía escapar de esa realidad que había estado ignorando desde que aceptamos la alianza con Rue y Finn.
Tomé un poco de agua y me la arrojé al rostro.
Entonces vi mi reflejo en el agua y un frío me envolvió.
Flashback
—"Muy bien, basuras. Ustedes cuatro son la prueba viviente de que la disciplina es capaz de enderezar cualquier cosa"— ladró Vander, con un puro en la mano. Exhaló el humo, sus ojos recorrieron a cada uno de nosotros.
Una sonrisa se estampó en su rostro.
—"Unos servirán en algún Distrito, pero otros tendrán la oportunidad de servir en el Capitolio, sin duda el mayor honor que pueden tener en sus miserables vidas"— se paseaba de un lado a otro. Levantó un dedo.
—"Pero para eso, primero deben demostrar su lealtad al Capitolio y al presidente Snow"— hizo una seña a los demás pacificadores.
Los cuales se movieron. Me quedé recto; sabía que estos momentos no eran para bromear. Pocas veces Vander se ponía su uniforme de pacificador.
Un ruido llamó la atención de los cuatro. Un grupo de pacificadores arrastraban a cinco personas descalzas y amordazadas.
Las hincaron enfrente de nosotros.
—"Bien, estas escorias de aquí son desertores, rebeldes y, como tales, deben ser castigados, ya que se niegan a cooperar"— comentó para rápidamente desenfundar su arma, ignorando los gritos ahogados de la mujer.
El "¡Bang!" me hizo desviar la mirada, pero noté que Vander miraba fijamente sin inmutarse.
—"Esta es su prueba final, recuerden: no hay dudas, no hay preguntas, haces lo que se te pide sin cuestionar, ¿entendido?"— recitó su maldito lema mientras la sangre llenaba el suelo.
Un "¡Sí, señor!" resonó en el lugar, nuestras voces unidas. El asintió.
—"Bien, primero el niño de oro"— soltó, entregándome el arma. Sus ojos me devoraron.
Sentí el peso ya normal del arma en mi mano. Mi mirada subió a la chica, su cabello rojo hecho jirones, su piel pálida, los “¡Nghhh! ¡Mhhff!” de su boca no paraban. Tragué saliva.
—"¿Pasa algo, recluta Mellark?... Espera, no me digas que estás dudando"— ladró Vander, levantando su mano. Al instante, los demás pacificadores subieron sus armas, apuntándome.
—"Te recuerdo que estos son traidores en contra del Capitolio. ¿Y si simpatizamos con ellos qué somos?"— preguntó en voz alta, y el "traidores" de los demás no se hizo esperar.
Su rostro se acercó al mío —"Decídete de qué lado estás"— y simplemente me apagué.
Levanté el arma.
Un “¡Hmmmphhh...!” fue cortado por un "¡Bang!".
Un aplauso de Vander resonó con fuerza.
—"Así debe de ser, no hay que darle espacio a estas cucarachas. Bien, Mellark, aprobado"— soltó, mientras mis ojos se perdían en la sangre del suelo, reflejando mi rostro.
Fin del Flashback
Mis ojos estaban clavados en mi propia mirada.
Levanté mi mano, golpeando mi reflejo, y un gruñido me brotó sin permiso. La rabia me corría por las venas. Esto era lo que era, y no podía cambiar. No podía ser el hombre que ella merecía.
¿Cuánta sangre corría ya por mis manos?
Inocente o no, estaban llenas. No importaba cuánto horneara, sonriera o bromeara, siempre estaría ahí ese animal que el Capitolio había creado.
Desde mis padres hasta Vander, no podía cambiar. No podía ser mejor para ella.
Me senté en el suelo y una risa amarga brotó de mi garganta. Aún así, esto era lo que ella necesitaba en este momento: a este animal.
Sin importar cómo termine esto, si ella me odia, si me tiene miedo, o si desea olvidarme después. No importará, porque yo estaré muerto. Pero al menos ella vivirá.
Jamás tuve un final feliz y esta no será la excepción.
Solo pude levantar la vista y soltar un suspiro.
Tal vez en otra vida.
Pero el dolor en mi pecho no se fue, solo empeoró.
¿Por qué yo?
Me pregunté.
¿Por qué no pude nacer en su distrito, crecer con ella, ser una persona normal?
Mi mirada perdida en el suelo, pero simplemente negué con la cabeza.
Suficiente lamentación.
Me reprendí a mí mismo, obligándome a levantarme y dejar atrás mi propia compasión. Debía concentrarme en lo que tenía que hacer ahora, que era terminar con los profesionales.
Después, se haría lo que se tuviera que hacer. Tomé mi arma y la mochila, y comencé mi ascenso de regreso con los demás.
El camino fue sencillo de recordar. Al llegar, vi a Katniss asando un pequeño conejo y a Finn comiendo una parte del mismo. Rue sonrió al verme y solo pude devolverle la sonrisa.
—"¿Peeta, es verdad lo que dice Rue, que comieron serpiente y que sabe a pollo?"— preguntó Finn con la boca llena, ganándose un golpecito de parte de Rue.
—"No hables con la boca llena"— le advirtió como una hermana mayor.
—”Así es”— respondí mientras asentía para acercarme a Katniss y entregarle la mochila.
—"Listo, llené las dos cantimploras y la botella"— le dije, mientras observaba su conejo.
—"¿Quieres? te estaba guardando una parte, Rue dice que no tiene hambre"— me ofreció. Una sonrisa apareció en mi rostro, y rápidamente puse mi mano en el pecho.
—"¿Qué clase de novio sería si rechazara tu comida?"— dije melosamente.
La sonrisa en mi rostro creció cuando ella se quedó completamente quieta, sus ojos abiertos por mis palabras y un pequeño, pero creciente rubor en su rostro salió a la luz. Le guiñé el ojo para tomar una porción del conejo.
La risa de Finn y Rue llenó el lugar —"Lo sabía"— soltó Rue, su mirada clavada en Katniss, que aún no salía de su shock.
Le di un buen mordisco al conejo, cerrando los ojos.
Un “mmm” salió en automático de mí —"Delicioso"— dije, sacando a Katniss por fin de su mente.
(POV Katniss)
"¿Qué clase de novio sería si rechazara tu comida?", se repetía en mi cabeza.
¿N-novio?
Me pregunté si esa palabra siquiera aplicaba. Aunque nos habíamos besado más de una vez, dormido juntos y todo lo de la azotea.
¿Significaba eso?
Sentí una pequeña revuelta en mi estómago al llegar a la conclusión. Solo pude reírme para mis adentros, de cuántas veces grité que no me interesaba nada de eso.
Con solo pensar lo que dirían Mama, Prim, Madge, incluso Gale, de todo esto.
Lo más seguro, que estoy loca, que ¿qué demonios estaba pensando?
Pero ellos no entendían cómo sentía que cada momento podía ser el último, que cada experiencia tal vez podría ser la última, y Peeta me gustaba.
No podía negar eso, me gustaba, de pies a cabeza.
Era una extraña conexión más allá de nuestro pasado. Sus ojos, su cuerpo, su olor... todo era atrayente para mí, pero sobre todo su personalidad, que a pesar de su pasado, no se deja vencer. No lo marcaba como a un monstruo que todos parecían ver en él, o creían que era.
Tengo novio.
La idea me parecía algo ajeno a mí. No lo habíamos hablado formalmente.
¿Pero era necesario, después de todo lo que dijimos en la azotea? Básicamente le dije que quería experimentar con él este sentimiento y ser novios era la forma de hacerlo, así que, sí, técnicamente tiene razón.
Con ese pensamiento algo se asentó en mi pecho. Mis ojos se fijaron en los de él mientras tomaba el conejo, buscando cualquier rastro de burla, cualquier rastro que significara que no lo decía en serio, pero solo encontré un brillo feliz.
Pero a mi mente vino que para las personas del Panem esto era un show.
Tal vez solo lo decía para ganar más simpatía.
La idea me revolvió el estómago. A ojos de los demás éramos "los amantes perdidos", "la chica en llamas y el hijo pródigo".
Que mi relación con él fuera la comidilla del Capitolio, de mi Distrito, del mundo entero, me enojó.
Me gustaba mi vida íntima, de esa manera íntima.
¿Pero qué punto tenía en nuestra situación?
Si me negaba a demostrar aquello que sentía o quería hacer, al final lo perdería y la oportunidad se iría.
Mis ojos lo siguieron mientras se sentaba. Él siempre se mostraba tal cual era, vivía el momento porque entendía que todo se acaba.
Tal vez por eso no dudó en ir a por mí.
Pero seguía sin entender cómo hacía esto, cómo me transmitía esa tranquilidad, esa forma de ver la vida. No todo parecía ser lo que creía.
Siete días atrás, pensaba que lo más importante en mi vida era cuidar de mi familia, y lo era, pero ¿cómo lo lograría si estaba muerta? Me enseñó que debía poner prioridades pequeñas que me llevaran a la más importante.
Hace una hora estábamos discutiendo sobre el 6 y el 9. No aprobaba sus muertes, y sabía que estaba mal en muchos niveles, pero él tomó su propia decisión.
Creyó que era necesario por algún motivo, y yo confiaba en él. Solo no quería que esto lo rompiera más y más.
Si mostraba estar en contra de sus decisiones, solo lo empujaría a esa extraña oscuridad que a veces desprendía.
Debía recordarme una y otra vez que él era un producto del Capitolio y sabía cómo era el Capitolio: cruel, malvado, y él me lo había advertido.
Tenía que separar al Peeta de las cámaras, de los Juegos, del Peeta que me hacía reír, que me cuidaba, a quien le importaba, mi niño del paraguas y el pan.
La voz de Rue sonó lejana a mí, solo el "Delicioso" me sacó del trance.
Mis ojos enfocaron a Peeta comiendo tranquilamente, con su sonrisa ladeada. Solo puede sonreír, tomando mi parte para sentarme a su lado, no comente nada sobre su pregunta, pero tampoco negué nada.
—"Entonces, ¿cómo está el costal de boxeo?"— soltó de repente Peeta, lanzando el hueso hacia atrás para mirar a Finn.
—"Está bien, solo necesita reposar, al parecer no se fracturó nada"— comenté, también viendo a Finn, que solo sonrió.
—"Eso es porque soy una piedra"— dijo, mientras levantaba sus brazos, en un intento de mostrar músculo.
Ridículo.
—"Si hablas de tu pecho escombro que te cargas, sin duda los profesionales deben de estar temblando"— se burló Peeta, para recibir un —"¡Oye!"— de parte de Finn.
Rue solo pudo soltarse riendo —"Bueno en eso tiene razón, Finn"— termino de lapidarlo.
Finn se desinfló —"Se supone que estás de mi lado Rue"— susurro, su único ojo sano puesto en ella.
Rue solo se encogió de hombros —"Pero, aun así estoy feliz de que estés bien"— le dijo, su voz sería, su mirada fija en él.
Yo también.
—"Yo no"— comenzó a decir Peeta, solo para ganarse otro —"¡Oye!"— de Finn que lo miraba con su único ojo entrecerrado.
Rue negó con la cabeza pero sin dejar de sonreír. Yo, en cambio, le di un pequeño codazo, mi mirada fija en él.
—"Compórtate"— le susurré. Él solo rodó los ojos, pero asintió levemente.
—"Bien, dejando a un lado al saco de papas"— Finn levantó sus manos extendidas por el último ataque, pero Peeta lo ignoró continuando, su voz esta vez seria.
—"Debemos hablar de cuál será el siguiente paso, para debilitar a las carreras"— concluyó. El aura cambió, no más bromas.
—"Como sabemos la Cornucopia les da todo lo que necesitan para atrincherarse: armas, comida, medicina, etc. Eso les da la oportunidad de cazar a los demás tributos sin preocuparse por los recursos"— su mirada pasando sobre cada uno de nosotros como si estuviera dando una clase.
—"Por eso debemos de deshacernos de esa ventaja que tienen"— agregó, sus ojos puestos en mí. Levanté la mano, poniéndola en mi barbilla.
—"Sí... es una buena idea, después de todo sin esa ventaja tendrán que preocuparse por sus alimentos y agua. Eso nos dará un respiro de su constante acoso"— agregué mi opinión.
—"Yo pienso igual"— agregó Rue, sus ojos fijos en el piso, subiendo lentamente.
—"Pero ¿cómo?"— preguntó Finn, terminando su carne y apuntando con el hueso a Peeta. El cual estiró su mano hacia mí.
Me quedé congelada por el repentino movimiento, sentí sus dedos en mi mejilla moviéndose lentamente.
—"Te manchaste"— susurró. Tragué en seco, mordiéndome el labio.
—"Gracias"— respondí, mi mirada fija en la de él, y fue como si el mundo desapareciera. La necesidad de cerrar el espacio volvió a atacarme, mis ojos bajaron a sus labios…
Pero el tronido de unos dedos nos sacó del pequeño momento, giré el rostro para encontrarme con Finn, que tenía las manos abiertas y las cejas levantadas.
En cambio, Rue tenía un pequeño sonrojo, su mirada yendo de Peeta a mí. Peeta se aclaró la garganta.
—"Mañana, Finn y yo saldremos a investigar qué hicieron en la Cornucopia. Así veremos cuál será la mejor manera de destruir los suministros"— vi cómo Finn se tensaba con el plan. Se pasó la lengua por la boca, pero la mantuvo cerrada para simplemente asentir.
—"Por ahora, descansemos. Y tú, Finn, necesitas que ese ojo desinflame para mañana"— le recomendó.
Rue se puso de pie de un pequeño brinco y, encarando a Finn, le dijo: —"Ven conmigo, vi una planta en el camino que te ayudará con eso"— se puso en marcha, con Finn siguiéndola rápidamente.
Solo escuché un —"También les daremos un poco de privacidad"— de Rue, un susurro que me hizo sonrojar.
Privacidad ¿para qué?
Fue mi último pensamiento antes de sentir la mano de Peeta sobre la mía.
(POV Peeta)
Mis ojos siguieron a Rue y Finn mientras se internaban en el bosque. Una sonrisa se dibujó en mi rostro por el comentario de Rue.
Un tiempo de privacidad, me gusta eso.
Mi mano se movió automáticamente, buscando el calor de sus dedos entre los míos. Cuando la encontré, ella solo se volteó a verme. No pude evitar apreciarla.
—"Como es que aun estando en esta situación, sigues viéndote tan hermosa"— le susurré de manera cursi.
Sentí el apretón en mis dedos cuando mis palabras la golpearon, pero el sonrojo que esperaba o la negación de su parte no llegó. En cambio, solo me miró fijamente levantando una ceja.
—"Vaya que no pierdes el tiempo, se van los niños y vas directo al punto"— me dijo sería, pero en su mirada vi algo nuevo.
Ese brillo juguetón que me hizo sacar mi sonrisa ladeada.
—"Ya me conoces soy hombre de acción"— le comenté guiñando mi ojo, mis dedos acariciando su mano.
—"A sí"— soltó, su mirada conectándose con la mía con una pequeña sonrisa.
Y así nos quedamos, en silencio, y por un momento, un destello de una vida en la que no había Juegos me golpeó.
Una vida en la que podríamos haber tenido una cita como cualquier otra. Y el dolor por esa vida que nunca tendríamos hizo que una risa amarga estuviera a punto de escapar de mis labios.
Ella debió de notarlo, porque sus cejas se fruncieron mientras mi risa se rompía, volviéndose una risa real.
Y para mi sorpresa, ella también se rompió y me siguió. No sabía cuánto nuestra relación cambiaría después de la azotea y todo lo que se dijo, pero sabía que solo sería para mejor.
—"Ya en serio, sí que eres hermosa"— lo repetí esta vez dejando la fachada de lado y sé que ella lo entendió.
Porque se removió un poco en su piedra, esquivando mi mirada. Solo puede sonreír otra vez de manera real.
Pero el malestar en el pecho regresó, haciendo que soltara su mano como si no me sintiera digno.
Porque no lo era.
Eso hizo que su mirada volviera a mí.
Bajando la mía, le dije: —"Quería disculparme por cómo te hablé cuando salimos del río. Sé que lo que hice no es…, es solo que…"— Las palabras murieron en mi boca. Sentí una mueca en mi rostro.
¿Qué excusa pobre iba a inventar? ¿Qué podía decirle para apaciguar la presión en mi pecho? ¿La verdad?
Claro, decirle que los maté porque tenían ventajas útiles para nuestra supervivencia, que los mate por ella. No, no puedo, ni quiero imponer esa carga en ella, son mis decisiones por mis propios motivos.
No porque tuviera que ver con ella, significaba que podía usar de excusa mis sentimientos para justificar mis actos. Por más que esa clase de historia le gustara al Capitolio.
Sentí una mano en mi hombro que me sacó de la oscuridad de mi mente. Me topé con sus ojos grises, que no me miraban con asco o repulsión. Había algo que no entendía, pero su mirada se mantuvo fija en mí.
—"No hace falta que te disculpes por nada, yo... entiendo. Sé que este no eres tú. Si no lo que ellos quieren que seas"— me susurró, tan bajo, tan íntimo, que me rompió por completo y sentí el ardor en mis ojos.
Ella estaba intentando entenderme, de comprender, eso es lo que estaba en su mirada. Algo que desconocía completamente, porque nadie lo había intentado y la punzada en el pecho desapareció, como yo en su mirada.
Tome su mano y la lleve a mis labios dándole un pequeño beso, un temblor nos recorrió cuando mis labios tocaron su piel.
Mis ojos puestos en los suyos no dudaron en bajar a su boca y simplemente comencé a acercarme…
Sentí su mano en mi pecho, no intentando alejarme. Era como si necesitara sostenerse de algo. Nuestras respiraciones se unieron y…
—"¡Bien, ya está Finn! Esta pasta de plantas le va a ayudar much…"— la voz de Rue me detuvo en seco, a unos centímetros de los labios de una Katniss paralizada.
Mis ojos pasaron de los suyos a Rue y, finalmente, a un Finn que acababa de llegar con una pasta verde en el ojo.
Katniss bajó la mano que había posado en mi pecho, para levantarse rápidamente sacudiendo su pantalón.
Su rostro sin emociones, tan ella. Solo puede negar con la cabeza.
La suerte no está de mi lado.
—"Rue, ¿podrías venir conmigo? Necesito recolectar ortiga para hacer cuerdas con la que sujetarnos en los árboles al anochecer"— le preguntó. Su mirada se mantuvo fija en ella.
Vi cómo se enderezó, sus ojos abiertos, pasando de mi rostro al de Katniss. Abrió la boca varias veces para decir algo, pero al final se rindió y solo asintió, con los hombros caídos.
Solo pude reírme para mis adentros, lo más seguro es que piense que ella está molesta por la interrupción.
Las vi alejarse, mi mirada puesta ahora en Finn que se sentó como si no hubiera pasado nada. Mi ceño se frunció cuando una idea me cruzó por la mente….
(POV Primrose)
Mi mirada no se despegaba de la pantalla, y mis piernas no paraban de temblar. Mis ojos iban y venían de mamá a Gale, que también estaban pegados a la pantalla, pero con una calma que no sentía dentro de mí.
Ver a Katniss caminar tan tranquila junto a Mellark me revolvió el estómago. Se veía tan serena a su lado, y yo no podía evitar sentir que eso no era real.
Solo está actuando.
Me dije a mí misma por milésima vez.
La voz de la pantalla razonó una vez más en forma de pregunta.
—"¿Tuvieron algún otro inconveniente aparte de lo que acaba de pasar?"— preguntó él, moviendo una rama de su camino, la mirada fija en mi hermana, como si le exigiera una respuesta.
Vi como negó para regresarle un —"¿Y ustedes?"— la cámara se fijó en el rostro de Mellark, que solo se pasó su horrenda lengua por los labios antes de ver el machete lleno de sangre.
Soltó un suspiro como si fuera algo aburrido antes de decirle: —"Realmente no, pero nos topamos con los chicos del 6 y el 9"— su voz baja y amenazante, su mirada pasaba por el machete con sangre.
—"Y bueno, ya sabes"— termino con simpleza, para bajar el machete rápidamente.
—"Realmente no le importa lo más mínimo lo que hizo, es un sicópata"— dijo mamá, su mirada perdida en los ojos azules de la pantalla que ahora estaba en silencio.
De repente, la cámara cambió al rostro de Katniss, que lo miraba con el rostro contraído en una mueca, deteniéndose en seco.
La cámara volvió a cambiar para mostrar el vacío en la mirada de Mellark. Mi estómago se revolvió al ya saber lo que esa mirada significaba.
—"¿Qué vas a hacer ahora bastardo?"— susurró Gale, sus ojos entrecerrados y sus manos dos puños fuertemente cerrados, tanto así que noté cómo temblaban levemente.
—"¿Y por qué no los dejaste ir?"— la voz de mi hermana resonó con fuerza, enojada, exigente. Vi cómo su mandíbula se tensó fuertemente por la pregunta, sus ojos bajaron, y por un momento, se le vio cansado.
Claro, cansado de que lo exijan, que lo cuestionen. Ten cuidado, Katniss, no lo hagas enojar.
Entonces la cámara cambió para mostrarnos a Finn y Rue, la última tenía el rostro decaído, pero ambos observaban algo, incluso se vio la tensión en el aire, pero no se escuchaba nada. La cámara regresó a Peeta, quien se dio la vuelta y se alejó caminando, enojado, apartando con fuerza las ramas de su camino, con la espalda rígida.
—"Katniss debería tener cuidado, mira cómo se puso por una sola pregunta y ni siquiera contestó"— dijo Rory con el ceño fruncido, su mirada sin apartarse de la imagen de mi hermana, con su rostro mostrando esa concentración tan evidente para mí. Pero solo retomó su paso detrás de Rue y Finn.
—"Sí, debe tener cuidado, esa clase de actitud no le ayudará. Debe de seguir actuando hasta que tenga la oportunidad de separarse de él"— agregó Gale, entrecerrando sus ojos.
—"O hasta que los profesionales ya no sean una amenaza, pero por ahora Mellark no la dañará, la necesita para seguir con la farsa"— opinó también Daisy, sus ojos fijos en mi madre, intentando calmarla. Que sus rodillas temblaban un poco por la pequeña disputa de hace un momento.
¿Cuánto iba a durar esa ventaja de mi hermana una vez que terminaran con los profesionales? Sin duda, la mataría.
Y por más que no quisiera, veía en la mirada de Katniss una confianza en él. Se estaba metiendo en su cabeza. Lo sabía, yo sabía que era así. El nudo en el estómago regresó con fuerza.
Por favor, hermanita, date cuenta, solo eres un objeto para él, no le importa nada, solo él mismo.
Pero el sonido de la pantalla y el cambio de imagen me sacaron de mis pensamientos, de mis miedos.
—"Dime, Claudius, ¿qué te parecen estas divisiones en el equipo del hijo pródigo y la chica en llamas?"— preguntó Caesar, su mirada pasando al hombre más bajo, con esa ridícula peluca dorada en su cabeza.
Claudius abrió los ojos mientras movía la cabeza.
—"Pues sin duda las cosas se están agrietando y muy rápido, amigo. Aquí afuera puede ser una cosa, pero ya en la arena las cosas pueden cambiar y cambian rápidamente"— comentó, mientras sus dedos golpeaban el escritorio.
Caesar asintió lentamente, meditando.
—"Estoy de acuerdo contigo. Cuántas veces no hemos visto que hasta en los equipos más unidos, la supervivencia es lo que predomina y las traiciones siempre son dolorosas de ver. Pero por ahora, el equipo se mantiene unido"— respondió Caesar, su mirada y voz serias.
—"Caesar tiene razón, siempre ha sido así. Por eso tu hermana tiene que tener un buen plan para cuando las cosas comiencen a llegar al final, para aprovechar cualquier oportunidad"— mis ojos se posaron en mamá, la cual tenía su mirada fija en la nada, como si ella misma estuviera planeando por Katniss.
—"Así es Caesar, las traiciones siempre son dolorosas y te digo algo los rumores apuntan a que eso sucederá, es más fijate en la siguiente encuesta"— dijo Claudius, mientras apuntaba a la cámara.
Al instante, la cámara cambió, y una leyenda apareció: "¿Peeta Mellark traicionará a Katniss Everdeen?".
Mi estómago se revolvió y un escalofrío me recorrió desde los pies hasta la cabeza cuando los porcentajes de 'sí' y 'no' aparecieron.
El jadeo de Daisy y mi madre fue un sonido lejano, incluso el "malditos" de Gale no fue más que un susurro cuando los números nos golpearon: 'sí' con un 92% y 'no' con solo 8%.
Todo el mundo, incluso en el Capitolio, pensaba lo que nosotros sospechábamos, y mi mundo se volvió negro de golpe.