ID de la obra: 683

La Chispa en la Oscuridad

Het
NC-17
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3
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planificada Maxi, escritos 524 páginas, 192.901 palabras, 29 capítulos
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Cuando La Esperanza Duele

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Capítulo 18: Cuando La Esperanza Duele (POV Haymitch) El ¡CRASH! del control remoto contra la pared fue un golpe seco y violento, mi pecho subía y bajaba con furia. ¿¡PERO QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO!? Me pasé las manos por el cabello, por la cara, como si pudiera borrar las imágenes. —"Maldito seas Seneca"— susurré, con la vista fija en la nada. ¿Cómo puedo hacer esto? Hace unos días estábamos bien, los planes iban bien, pero ahora... todo era completamente inútil. No puedo hacer nada contra los organizadores. La forma en que cambiaron la discusión por los chicos del 6 y 9 echó a perder su reencuentro, y su estúpida encuesta así lo demostraba. Me dejé caer en el sillón, mi mano tembló mientras tomaba la botella de whisky. Pero una mano me atrapó. Mi mirada la siguió para toparme con unos ojos verdes, la botella ardió en mi agarre soltándola. Una risa amarga comenzó a burbujear en mi garganta, muriendo de inmediato. —"Los organizadores saben la verdad, ellos la saben, por qué siguen con esta mentira, no tiene sentido"— solté, me centre en mi pantalla personal, donde Peeta le daba un dulce beso en la mejilla a Katniss. Un chasquido de parte de Effie hizo que girara, sus ojos abiertos, al instante me enderece en mi asiento. —"¿Qué es Effie?"— le pregunté, con toda mi atención en su mirada. —"Bran"— solo susurró ella, para volver a perderse en la nada. Levantó una mano, con un dedo estirado. —"¿Recuerdas que antes de las entrevistas separaron a Peeta de nosotros para llevarlo a ver a alguien?"— me dijo con las palmas abiertas hacia mí. Mi mente comenzó a trabajar y la verdad me golpeó. —"Mierda"— susurré, levantando la vista a Effie, que me asentía con la cabeza, animándome a decir lo que pensaba. —"Crees que… no, no puede ser"— concluí con incredulidad. Pero ella se levantó y comenzó a caminar de aquí para allá. —"Piénsalo bien, Haymitch, ¿A quién más le creerían algo así?"— me preguntó, deteniendo su atención en mí. Algo se revolvió en mi estómago. —"Si Peeta se encontró con él, que es lo más seguro, Peeta no dejaría nunca que él supiera lo importante que es Katniss para él"— dijo ella, su mirada perdida por un segundo en sus propias palabras. —"Así que estaría dispuesto a decir cualquier cosa para dejarlo claro"— terminé por ella. Sin más, me levanté de un salto para abrazarla rápidamente. Al instante nos separamos como si quemara, mi mirada conecto en automático con ella, mi corazón latiendo fuertemente por la revelación que acabábamos de tener, o tal vez por el abrazo. Y aquí viene los golpes y los gritos. Pero, para mi sorpresa, sus ojos se abrieron aún más. —"Tal vez incluso lo tenga en video o audio; Dios, ¿cómo no se me ocurrió antes?"— dijo soltándose de mi agarre y golpeándose con su mano abierta en la frente. Rápidamente corrió al sillón, tomó su cartera y buscó su teléfono. —"Tengo que hablar con Seneca"— soltó. Se detuvo y, sin más, me dio otro abrazo corto. —"Ya te habías tardado… regresaré más tarde"— terminó, para desaparecer por la puerta como un torbellino. Dejándome a mí con un torbellino en el pecho, en mi cabeza. Concentrate Haymitch esto lo descubriré más tarde por ahora tengo que hablar con el Sr. Ravencourt y dejarle claro que esto no cambia nada, que Katniss ganará los juegos, no debo dejar que se echará para atrás. Después de todo era nuestra única fuente de ingresos reales, al final de cuentas. Lleve la mano a mi bolsa para tomar mi teléfono. ¿Qué mierda dijiste chico?… (POV Katniss) Mi mano arrancó un par más de ortigas, solo unas pocas más y podremos hacer cuerdas para la noche. Mi mente aún pensaba en Peeta y lo que pasó, el coqueteo me incomodaba, pero también me gustaba. Un sentimiento confuso. Como lo que las chicas de la escuela chismorreaban, supongo. Me reí por dentro. Debo ser el único tema de conversación ahora, y no por mis habilidades en los juegos. Cosas como: miren a la chica de hielo que no hablaba con nadie en la escuela, ahora tiene un romance imposible en los juegos. Ya me imagino las mil preguntas de Prim. Ella que siempre me empujaba a salir y conocer a alguien. Bueno, aquí está. No es el mejor momento, pero al menos no tardó tanto Prim. Eso me hizo reír. —"¿De qué te ríes?"— preguntó Rue, su voz me sacó de mis pensamientos. Su ceja se alzó, y dejó las ortigas en el suelo antes de sentarse, su mirada fija en mí. Por un momento, la vergüenza me invadió, desvié mi atención a las plantas en mi mano. —"Me imagino lo que mi familia dirá de todo esto, sobre todo mi hermana"— respondí, sin observarla directamente. —"Si te entiendo"— comentó ella. Se sentó un poco más erguida, levantando una mano abriendo sus dedos. —Yo tengo cinco hermanos, soy la mayor"— añadió. Asentí levemente. Eso lo explica todo. La madurez y su genuina preocupación por Finn y sus regaños. —"Prim, ella es mi sol"— le dije con una pequeña sonrisa. —"Es lo contrario a mí. Ella habla con cualquiera, se hace amiga de todos, mientras yo… yo soy la que se queda callada. Me anima a socializar, pero simplemente no es lo mío"— dije, regresando mi mirada a ella mientras me encogía de hombros. Una sonrisa se posó en su rostro, y con los ojos entrecerrados. —"Claro, no socializas, pero con Peeta eso no aplica, ¿verdad?"— me respondió, la burla evidente por la forma que levantó ambas cejas, se me había olvidado que tengo a una segunda Prim aquí. Solo negué con la cabeza, sin palabras. No había nada que pudiera decir que no fuera una mentira o una excusa patética. Y es que Rue nos había interrumpido justo cuando íbamos a besarnos, y eso me frustró. Si no hubiera sido por ella, ¿Cómo terminaría todo? Sin duda un infarto para mamá y Prim… Sentí una mueca en mi rostro que no pude ocultar. Ella soltó un suspiro, su mirada perdida. Abrí la boca para preguntar por su molestia, pero… —"¿Qué se siente estar enamorada?"— preguntó rápidamente. Su mirada se clavó en la mía, y cerré la boca al instante, sus ojos fijos, expectantes, mientras sus dedos jugaban con una ortiga. Tragué saliva y me quedé en blanco. ¿Qué se supone que iba a contestar? Sentía algo por Peeta, una atracción, de eso no había duda. ¿Pero amor? Esa palabra me quedaba grande y se escuchaba lejana. Todavía no… aún no. Mi mano en automático se posó sobre mi cuello. —"Mi madre… me dijo una vez que el amor te lo da todo, pero también es capaz de quitártelo todo"— le dije, mi mano tomando una pequeña ortiga. —"Y no creo que haya mejor forma de explicarlo"— Rue asintió, su mirada en las hojas que cortaba, antes de volver a mirarme. —"¿Y por qué?"— preguntó, su voz baja. Mi mirada se desvió a un punto vacío en el suelo. —"Porque una vez que se va, el vacío que deja, se traga todo lo demás"— contesté, con la voz firme, casi cortante. Porque no era una mentira, no del todo. Mi atención pasó a la ortiga en mi mano. Pensando en lo que Peeta y yo estábamos construyendo. Un sentimiento que yo quería dejar crecer, pero que a la vez me aterraba. El miedo a esa ausencia, a ese vacío, siempre estaría ahí. —"Entonces, ¿por qué tú y Peeta están, ya sabes, juntos, si saben lo que pasará aquí?"— me preguntó, su pequeña mano jugando con una piedra. Maldita sea, qué chica tan lista. Solo pude forzar una pequeña sonrisa. —"Porque prefiero haberlo conocido y experimentado que simplemente dejarlo pasar por miedo"— le dije. Era una verdad que crecía dentro de mí, y lo que sentía por él me daba fuerza para seguir adelante. Ella se quedó en silencio, su mirada perdida, como si meditara mis palabras. —"Él realmente te quiere"— soltó, arrojando la piedra. —"Y lo sé por la manera en que te mira… te mira como mi papá mira a mi mamá"— terminó con una pequeña sonrisa asomándose. Algo se instaló en mi pecho, un calor extraño. Que Peeta dijera que me quería y que le gustaba era una cosa. Pero escucharlo de boca de alguien más, era lindo, me hacía sentir bien. Mi mano apretó la pequeña ortiga cuando mi pecho se agrietó por el miedo que ignoraba a cada instante. ¿Cómo terminará todo esto? Negué con la cabeza. Es el viaje, no el destino. Entonces caí en la cuenta de algo y solté una risa brusca. Rue frunció el ceño. —"¿Y ahora qué te picó?"— me preguntó, una sonrisa ya en sus labios. —"Nunca había tenido una conversación de 'chicas' así"— le dije, lanzando la ortiga al montón. —"Solía reírme de las que las tenían... y mírame ahora"— le devolví una sonrisa irónica a Rue. Ella solo negó con la cabeza. —"Me alegro de ser la primera"— soltó. Le di un apretón rápido en el hombro, me levanté y agarré mis ortigas. —"Vamos a ver a los tontos, no vaya a ser que se maten entre ellos"— le dije. Me sentía más ligera, y Rue, con su asentimiento tan serio como si lo creyera posible, hizo que mi sonrisa se extendiera. Todo estaría bien, siempre y cuando no me dejara vencer por la duda. (POV Peeta) Removí las brasas y coloqué las cantimploras sobre ellas para que el agua hirviera. Mis ojos se desviaron hacia Finn, desparramado en el suelo, completamente dormido. Noté cómo su ojo, antes morado e inflamado, ahora solo era morado. La planta sí que lo ayudó. Rue estaba demostrando ser un miembro invaluable. Hasta rellena el espacio que Finn no logra llenar. Me burlé del chico en mis adentros, sintiendo una punzada de algo más que simple sarcasmo. Katniss y Rue llevaban unas horas fuera, pero estaba tranquilo, sabía que no se alejarían mucho. El peso regresó sobre mis hombros, una lápida de cansancio. No había dormido nada anoche, la imagen de Rue cayendo del árbol o de ser emboscados me mantuvo alerta. Aleje los pensamientos de mi. Katniss necesita descansar hoy, estoy seguro de que a ella le pasó lo mismo por cuidar a Finn. Además yo puedo aguantar mucho más que ella sin dormir o descansar. Después de todo para eso me entrenaron. Mis ojos, pesados, se perdieron un segundo, cuando un recuerdo me llegó. Flashback —"¡Vamos, basura, ¿acaso te crees muy listo?!"— La voz de Francis, una nota acelerada de rabia, se hundió junto con su puño en mi estómago. El golpe seco en el abdomen me dobló las rodillas y me robó el aliento, traté de respirar, pero el aire no llegaba. Solo un puñetazo en mi mejilla fue lo que finalmente me tiró al suelo. —"¡De verdad no te entiendo Mellark, estos cinco días en el hoyo te enseñará a no desobedecer!"— me dijo su mirada fija en mí antes de escupirme, para cerrar la puerta dejándome en la obscuridad total. No podía ver ni siquiera mi mano frente a mí. Dios, cómo odiaba el hoyo, pero supongo que me lo merecía; no debí jugarle esa broma al comandante. Bajé mi mano y, al aplastar algo, me quedé inmóvil cuando el olor me golpeó. No había duda: era excremento. —"Un regalito del hijo de perra que estuvo aquí antes. Gracias"— me burlé de mi maldita suerte en voz alta. Lo más seguro era que mi pantalón estuviera completamente lleno a este punto. Busqué la pared a tientas para embarrar lo que tuviera en la mano, esparciendo lo que quedaba. No sabía cuánto tiempo había pasado. El hambre y la sed me mareaban, el olor insoportable ya era parte de mí, la oscuridad era total. Ni un solo hilo de luz, un reflejo perfecto de lo que sentía. Pero entonces, la imagen de la niña de coletas llego a mi mente, justo cuando la puerta se abrió de repente, cegándome con la luz. —"¡Bien, basura, ya regresé por ti! Te me olvidaste, pero solo pasó un día de más"— la voz de Francis se hizo distante. Apenas la escuchaba, concentrado solo en la imagen de la niña de las coletas. Sentí a dos pacificadores tomarme por los brazos y arrastrarme. Lo último que escuché fue una voz chillona: —"¡Dios mío, te cagaste encima, Mellark! ¡Muy mal!"— antes de que todo se volviera negro. Fin del Flashback —"En serio te lo digo Katniss, debes de probarla, la serpiente es genial"— la voz cantarina de Rue me sacó abruptamente de mi recuerdo. Ganándose mi atención. Por un instante vi a la niña de las coletas. Pero la imagen se disolvió para revelar a Katniss con su pequeña sonrisa mientras asentía a Rue, antes de que su mirada se posara en mí. Levanto su mano mostrándome las ortigas, solo le sonreír de vuelta antes de aclararme la garganta. —"Estoy hirviendo el agua que traje, en unos minutos estará lista"— le avisé, mi voz con un tono que no reconocí. Ella solo asintió para dejarse caer a mi lado. —"¿Sabes cómo trenzar las ortigas para crear cuerdas?"— me preguntó, sus manos moviéndose hábilmente, quitando las hojas para dejar solo el tallo. Rue me dejó su bonche para ir a checar a Finn. Tomé un par, copiando a Katniss, mientras negaba con la cabeza. —"Es más fácil de lo que parece, primero golpeamos el tallo con una piedra para después estirarlo, hasta que queden así"— me dijo, mientras me mostraba un hilo color verde. —"Ahora, una vez que tengamos algunos, hacemos esto"— continuó, para comenzar a enrollar algunos de ellos en sus dedos, cruzándolos. Katniss me extendió el resultado. Mis cejas se alzaron al estirar el hilo: era sorprendentemente resistente. Una soga perfecta para horcar alguien de manera sencilla. El pensamiento, oscuro y utilitario, se deslizó sin ser invitado. Lo ahogué con rapidez, obligando a mi mente a centrarse en la tarea. Mis dedos, torpes al principio, imitaron los suyos, y un silencio compartido se instaló entre nosotros. De pronto, sentí el peso de su cabeza en mi hombro, sus ojos, antes grises y vigilantes, ahora se entornaban sobre los hilos en su mano. Una sonrisa se formó en mi rostro por sí sola. Me quedé quieto, temiendo romper el momento, con la mirada puesta en Rue que también descansaba al lado de Finn. Por un instante, el mundo pareció ser solo esto. Y la paz me llenó. (POV Primrose) Un ruido lejano se hizo cada vez más fuerte. La conciencia y el recuerdo me golpearon con fuerza. Había un único pensamiento, el más importante, en mi mente: Katniss. Mis ojos se abrieron de golpe, un poco borrosos por la luz. Me tomó un momento darme cuenta de que estaba en mi propia habitación. Pero sí... si estaba en la plaza. La confusión me apretó el pecho, miré por la ventana y vi que ya era de tarde. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que me desmayé? El sonido de voces en la sala me impulsó a salir de la cama y caminar hacia allí. Cuando llegué, me encontré con la familia Hawthorne en la sala, sentados en nuestros sillones viejos. Mamá estaba de pie, apoyada en la pared, viendo a Katniss y a Mellark tejer algo con Finn y Rue. Era una escena tan tranquila que me parecía irreal, como si no estuviera pasando de verdad. Fue la voz de Rory, suave y familiar, la que me sacó de mi trance. —"Prim, ya te despertaste por fin"— dijo, mientras se acercaba a mí. La atención de mi madre se detuvo en mí, sus ojos se abrieron de golpe, y en un instante, estuvo a mi lado. Me tomó del hombro y su mano se posó en mi frente con un toque tan suave. —"¿Cariño, cómo te sientes?"— me preguntó, su voz temblorosa. Sentí todas las miradas sobre mí, pero mi única preocupación seguía siendo lo que había sucedido en la plaza. Con un susurro apenas audible, le pregunté: —"Estoy bien, mamá... pero ¿qué pasó después de la encuesta?"— mi vista fija en la de ella, buscando una respuesta. Ella abrió la boca varias veces, pero no le salía la voz. Fue Gale, que ni siquiera me miró, quien finalmente respondió. —"No pasó nada importante"— su voz sonó tan vacía y fría que me hizo estremecer. —"Sí, Gale tiene razón, Prim, no pasó nada importante... bueno, solo que Mellark intentó sobrepasarse con tu hermana"— agregó Rory, su cara mostrando una mueca. Mi mente se quedó en blanco. —"¿Qué?"— salió de mis labios sin que yo pudiera controlarlo, mientras veía a Gale ponerse rígido, con la mano hecha un puño. Y la cara de mi mamá perdió todo el color. —"Sí, intentó besarla ¿tú crees? Tu hermana intentó detenerlo, pero él simplemente siguió acercándose. Si no hubiera sido porque Rue y Finn regresaron, no creo que ella hubiera podido escaparse"— terminó de decir Rory, cabizbajo, para después regresar a Gale, que no se había movido ni un centímetro. ¿Besarla? ¿Intentó besar a Katniss? ¿Cómo se atrevía siquiera a pensarlo? Mi hermana jamás lo dejaría, ni en mil años. Una piedra me callo en el estómago; la sola idea me asqueó. —"Lo importante es que no pasó nada. Por ahora, están haciendo cuerdas para sostenerse de los árboles. También dijeron que mañana Mellark saldría con Finn a ver la Cornucopia para ver cómo podrían destruir los suministros de los profesionales"— soltó Daisy, sus ojos fijos en la pantalla, para después verme y solo sonreír amablemente. Mi atención se movió a la pantalla. Seguían tan tranquilos, como si lo que pasó esta mañana no fuera nada. Como si Mellark no le hubiera quitado la vida a ese chico, aunque el otro estuviera con los profesionales y hubiera atacado a Katniss. El vacío en su mirada, su expresión... algo me recorrió al ver esos ojos azules tan quietos, todavía me daban escalofríos con solo pensarlo. —"Bueno, nosotros pasamos a retirarnos, que ya va a anochecer, me alegra que estés bien, Prim. Hasta luego, Asterid"— se despidió Daisy, con un pequeño abrazo, mientras Gale y sus hermanos se acercaban a la puerta. Un "hasta mañana" se escuchó de parte de todos, pero mi mirada estaba fija en la imagen de Katniss. Mi hermana tiene que tener un plan, tiene que tenerlo. Me daba miedo que él se estuviera metiendo en su cabeza de esa forma. No podía dejar de notar esa extraña mirada que se dedicaban, la forma en que se abrazaron, y lo tranquila que estaba ahora a su lado. Ella no sabe actuar y menos con algo que le causa tanta repulsión como las relaciones. Me perdí en el suelo de madera. —"No entiendo, Katniss"— se me escapó en un susurro. —"A veces, para sobrevivir, hay que hacer cosas que no nos gustan, mi pequeña"— mamá deslizó su brazo sobre mis hombros, un medio abrazo. Su mirada se mantuvo en la pantalla por un momento antes de encontrarse con la mía. —"Pero Katniss no ha cambiado. Sigue siendo nuestra gruñona de siempre"— una sonrisa suave se dibujó en sus labios. —"Tenemos que confiar en ella, como siempre. Yo sé que tiene un plan. Así es tu hermana"— concluyó, atrayéndome hacia su pecho. Cerré los ojos con fuerza, sintiendo que me ardían de tanto miedo y desesperación. —"Solo quiero que regrese, mamá. No me importa cómo, solo la quiero aquí conmigo. Contigo. Como antes, cuando lo único que importaba era qué íbamos a comer, jugar a las cartas, cocinar, ayudarme a hacer mi tarea, ella molesta con Buttercup, cuidando a Lady"— mi voz se rompió por completo con el llanto. Sentí los brazos a mi alrededor, temblar un poco. —"Yo también, cariño, y sé que tu hermana va a volver. ¿Sabes por qué?"— me dijo, separándose para limpiar las lágrimas de mis mejillas. Yo negué con la cabeza, sin atreverme a mirarla. —"Porque es como tu padre, y él nunca faltó a su palabra"— su voz era suave como una manta. Y esa simple idea me calmó. Katniss era así, igual que papá. Y, muy dentro de mi corazón, algo me decía que a diferencia de él… ella sí iba a regresar a casa. (POV Peeta) Mi mano tomó la de Katniss para ayudarla a subir a la última rama del árbol que compartiríamos esta noche. Mis ojos se dirigieron a Finn y a Rue, cada uno en una rama diferente, pero del mismo árbol, justo enfrente de nosotros. Finn, sin más, soltó un "buenas noches", se sujetó y cerró los ojos. Rue le devolvió la despedida para hacer lo mismo poniéndose la manta térmica encima. Sin duda fue un día movido; era normal que tuvieran sueño a pesar de la pequeña siesta que tuvieron. Gire mi vista, tomando la rama frente a mí, listo para buscar mi propio lugar, para poder vigilar, sin perturbar el sueño de ellos. Pero entonces una mano me tomó por la playera, deteniéndome en seco. Mi mirada se posó en Katniss, que no me soltó; en vez de eso, me dio un pequeño tirón. —"Esta rama es suficiente para ambos, ven, acuéstate"— me dijo. Me quedé sin palabras, mi mente tan agotada por el día que una simple muestra de preocupación me desarmó por completo. —"Ah… de hecho, planeaba hacer guardia esta noche para que pudieras descansar con ellos"— respondí, mi voz más suave de lo que me sentía por dentro, y su ceño se frunció al instante. —"No hace falta. Con las cuerdas es imposible que caigamos y estamos bastante escondidos. Peeta, necesitas dormir, y más si mañana vas a salir con Finn a ver la Cornucopia"— me regañó con una firmeza que no admitía réplicas. Su ceja se alzó, una advertencia silenciosa que me hizo tragar cualquier protesta que pudiera tener. Mi cabeza intentó procesar una excusa creíble, pero no había nada, todo lo que dijo era verdad: estábamos a bastante altura, las cuerdas eran fuertes y yo tenía que descansar para mañana. Sentí su mano soltarme y, con un gesto casi imperceptible, se sobó la palma con la otra, desviando la mirada. Un pequeño acto de vulnerabilidad que me hizo sentir una punzada en el pecho. —"Además, creo que podré dormir mejor, sabiendo que estás cerca"— su voz, un susurro tan bajo que solo yo pude escucharla. Y con esas palabras, simplemente hice lo que me pidió, me recosté en la rama con ella a mi lado, su cabeza apoyada en mi pecho. Mis manos amarraban las cuerdas, haciendo imposible que nos separáramos, sentí la mano de Katniss posarse en mi pecho, sus dedos dando leves golpecitos. Una brisa movió las hojas, llenando el silencio. La luz de la luna se reflejó en su cabello oscuro mientras ella se giraba, un poco más, para ver el cielo como yo. —"Cuéntame más de las estrellas, algo como las Pléyades"— me dijo, su mirada fija en el cielo. Una sonrisa adornó mi boca, algo que ya se estaba convirtiendo en nuestra normalidad. Subí la mirada al cielo, buscando algo en concreto. Por un instante, el miedo a que no fuera una réplica exacta del cielo me inundó, porque si no. ¿Qué podría decirle? Pero, para mi alivio, las encontré, mi mano se extendió, apuntando. —"Ahí, mira, esas cuatro estrellas son conocidas como Alpha Crucis, Beta Crucis, Gamma Crucis y Delta Crucis. Juntas forman la llamada Cruz del Sur"— le expliqué mientras observaba cómo su mirada seguía mi dedo hasta el punto que señalaba. Después de unos segundos, noté que no las ubicaba, así que tomé su mano y extendí su dedo, apuntando por ella. —"¿Ahora si las ubicas?"— le pregunté, solo asintió, con los ojos entrecerrados. —"Los navegantes la han usado durante mucho tiempo para orientarse cuando estaban perdidos, porque apunta directamente al Sur"— le comente, sintiendo mi propia voz sonar lejana. —"Me decía a mí mismo que, al igual que ellos la usaban para recuperar su camino a casa, así también cada persona puede encontrar el suyo"— cerré mi mano sobre la de ella, mis dedos entrelazados con los de ella. Esa intimidad tan normal entre nosotros. —"Y no me equivocaba"— le susurré, mi mirada bajó para encontrar la suya y una sonrisa diminuta se me escapó sin permiso. —"Porque te encontré"— su mano me apretó con fuerza y su cabeza se refugió en mi pecho, como si quisiera esconderse de mis palabras. Fue un pensamiento que brotó de mí, un aliento de esperanza que me dolía tanto como me consolaba. —"Yo sé que tú también regresarás a tu hogar, con Prim y tu madre... Y cada vez que dudes, solo mira arriba"— terminé, mi mirada fija una vez más en esas cuatro estrellas. Un vacío volvió a llenar mi pecho, la tristeza y el miedo que siempre estaban ahí. Pero también la esperanza por ella, una esperanza que no era para mí, sino solo para ella. Era lo único que importaba, acaricié su cabello y, sin pensarlo, bajé mis labios hasta su cabeza. —"Descansa, Kat"— le susurré, mi voz apenas un hilo. No supe cuánto tiempo pasé en ese momento, perdido en la suavidad de su cabello, hasta que el sueño me arrastró. Y mi último pensamiento fue: Cuán frágil y precioso era este fragmento de paz robado, solo para nosotros. (POV Haymitch) La plática con Ravencourt fue un respiro de la usual estupidez. El hombre, por lo menos, no era un idiota; me dijo que era parte de ese ocho por ciento que no creyó en el circo de Peeta, que vio la jugada por lo que era. Lo cual fue impactante no sabía si fue por inteligencia o su extraña personalidad. Eso, sí, al menos no lo perdimos. Supongo que nadie se hace millonario en un ambiente como el Capitolio vendiendo helados sin saber cómo jugar. Tomé un trago de café y una sonrisa amarga se me escapó, mientras veía a Peeta, que ayudaba a bajar del árbol a Katniss. Todo un galán. Me burlé de él para mis adentros. Anoche fue un desastre monumental, en mi pantalla los veía tan tranquilos después de que la chica le pidiera que se quedara con él. En cambio, en la transmisión para los demás solo hicieron ver como si él la obligara. Hijos de perra. Usaban cada ángulo a su conveniencia. Mi mente regresó a Effie. No había vuelto anoche, y un malestar se acentuó en mi estómago al pensar en ese idiota de Seneca, mi preocupación crecía al pensar en cómo demonios le sacaría la verdad sobre de dónde sacó la información de la supuesta traición de Peeta. Si Bran fue el causante, dudaba que se lo dijera. Pero si existía un video o audio, eso sería sin duda vital para entender por qué muchos lo creían. Golpeé levemente mi silla. Solo de pensar en lo que Peeta tuvo que soltar para quitarle a su propio hermano de encima a la chica. Hacía que se me revolviera el estómago, si ese mocoso de Bran se parece en algo a él, lo cual es lo más seguro. No le soltó una de esas patrañas bonitas, debió ser algo duro, directo, sin espacio para la duda. Suspire y mis ojos vagaron por la pantalla. Vi a Peeta darle un pequeño zape en la nuca a Finn, que se reía, callándose al instante. Katniss, en cambio, tenía un pequeño rubor en las mejillas. Ah, incluso en la arena no son más que un par de críos. La puerta se abrió de golpe, sacándome de mis pensamientos. Mi mirada se clavó en Effie y su cara de pocos amigos, y me erguí en la silla al instante. Esto no pinta bien. Pasó de largo de mí, yendo directo a la botella de la mesa. No, sin duda esto no era nada bueno. Se sirvió un trago y se lo bebió de golpe. Luego se pasó la mano por la boca en un intento de contener el ardor. Sus ojos verdes se me clavaron y, sin decir ni una palabra, sacó de su bolsa un pequeño reproductor, que puso delante de mí. Mi mirada pasó del aparato a ella. Que se había recargado en la pared con los brazos cruzados, su rostro estaba despojado de cualquier pizca de su ser habitual. Extendí la mano y, con un atisbo de duda, pulsé el botón de 'Play'. La voz del chico sonó alta y clara: "Porque en un momento, bajaré, tendré mi entrevista y me ganaré a todo Panem con mi trágica historia de amor... solo para, al final en la arena, degollarla como a un perro" fue un golpe, seco y brutal, su voz tan firme, tan real que sentí el puñetazo en mi pecho. Sabía que era falso, por supuesto que lo sabía, pero escucharlo. Hacía todo diferente. Era la voz de un desconocido para mí, fría y cortante, la misma que había usado para matar en la arena. Me quedé perdido en el vacío, con mi mente en blanco, hasta que la voz volvió a sonar: "Porque, piénsalo, ¿crees que yo tendría la más mínima simpatía por una chica que acabo de conocer? ¿Una muerta de hambre de un Distrito basura?" la voz se hizo más fría, como el mismo invierno de Panem. Esto explica todo. La entrevista de Peeta se había ido al traste, y lo peor era que entendía el porqué. Aquel truco era necesario para alejarla lo más posible de su hermano, pero ahora, esa mentira estaba en manos de lo más selecto del público del Capitolio. Si la chica sobrevivía, no solo sería una ganadora; sería un premio, una jodida reliquia para el que quisiera ponerle la mano encima. La chica en llamas se le quedaría corta. Pero la voz, cargada de un vacío y burla que me heló la sangre, regreso otra vez: "Cuando no me importaron las súplicas de nuestra madre mientras la apuñalaba hasta la muerte, mientras gritaba por ayuda. ¿O cuándo las lágrimas bajaron por las mejillas de nuestro padre mientras suplicaba por su patética vida, solo para después deslizar el cuchillo por su cuello?" el aire mismo parecía oler a sangre. El silencio que dejó su voz vacía se llenó con mis propios pensamientos. Pero, ¿qué más podía haber hecho el chico? Él no se andaba con juegos, esto solo me confirmaba una cosa: Peeta consideraba a su hermano más peligroso que a cualquiera en el Capitolio, si estaba dispuesto a dejar a la en mis manos, bajo mi cuidado. La recompensa, por supuesto, la protegería, pero ¿sería suficiente? Supongo que no lo sabría hasta llegar a ese punto. Mi mirada se clavó de nuevo en Effie. La demanda salió de mi garganta: —“¿De dónde sacaste esto?”— mis ojos nunca dejaron los de Effie mientras mis manos giraban el pequeño reproductor. Esto no era de Seneca. —"Fui con Seneca para indagar, y el solo se jactó de que tenía una prueba sólida y la 'mejor historia' de los Juegos hasta ahora"— comenzó, separándose de la pared. Levantó una mano con el dedo extendido. —"Como esperaba, no me dijo más. Así que fui con mi hermana a preguntarle sobre el tema"— desvió la mirada un segundo, apretando los labios con una mueca. —"Fue entonces cuando hablé con Tigris, y ella me dio el audio. Resulta que Bran se lo entregó en persona, como una burla"— terminó con la mano hecha un puño, el rostro convertido en una mueca. Mierda, esto es el colmo. No solo tengo que lidiar con mis mocosos en la maldita arena y lamerle el trasero a los patrocinadores. Si no que ahora estoy metido de lleno en una jodida guerra entre dos de los peces gordos de Panem. Por lo menos Effie no mencionó que Tigris estuviera preocupada. Eso, supongo, es un punto a favor. Mi atención se quedó en Effie, que se tallaba un ojo. ¿Cuánto tiempo hacía que no dormía como debía? Las ojeras estaban más marcadas, una huella de los dos días que estuvo de arriba a abajo. Si a mí me costaba horrores hablar con esa gente adinerada y no maldecirlos. No quería imaginar la presión de lidiar con alguien como Tigris o el círculo de Séneca. En este momento, Effie era más valiosa que yo para Peeta, y la verdad, no sabía cómo demonios sentirme al respecto. —"Vete a dormir, mujer. Pareces un zombi, y de todos modos no podemos hacer nada"— le solté mientras me giraba a mi pantalla. Aunque mi estómago se revolvía por lo que ella había pasado, no lo diría en voz alta. —"¿Así es como me agradeces mover hilos para ti, Haymitch?"— refunfuñó su voz, entre el enojo y el cansancio. Lo único que sentí fue un pequeño golpe en el hombro, mientras sus tacones resonaban al pasar detrás de mí. Sus palabras nunca me habían afectado. De hecho, disfrutaba fastidiándola, era mi pasatiempo favorito, porque sabía que detrás de los gritos y los golpes se escondía una genuina preocupación por mí. Soy un desgraciado, lo sé. Pero cuando la vi alejarse, mi voz salió sin pedir permiso. —"Effie"— la vi detenerse, su cabeza ladeándose antes de girarse a encararme, con una ceja levantada, como si esperara el siguiente insulto. Me remojé los labios para decirle desde el fondo de mi podrido corazón. —"Gracias por todo"— y una sonrisa tan grande y real llenó su rostro, con una calidez que me llegó hasta el pecho. Y sin decir más, se giró, rebosante de un brillo que casi me resultaba odioso. Aun así, prefiero esa cara a que me grite. Volví a la pantalla, subiendo el volumen, justo a tiempo para ver a Peeta y Finn preparándose para partir. (POV Peeta) Quité la rama de mi camino con una mora aún en la boca. Finn, a mi lado, solo bostezaba. La pereza visible aún en su rostro, pero lo ignoré. Había descansado bien, y su ojo ya se veía mejor, aunque aún tenía tintes morados. Mi mente, traicionera, regresó a la noche anterior: a la calma, a la tranquilidad, había una punzada de deseo en mi pecho, una que sabía que no podía tener. Era momento de volver a la arena. —"Oye, Peeta, ¿te puedo preguntar algo?"— la voz de Finn me sacó de mis pensamientos. Lo miré, mientras se sobaba la nuca, un gesto que delataba su nerviosismo. Mi primer instinto fue la indiferencia, la misma herramienta que he aprendido a usar para no sentir. Porque a pesar de su tamaño, seguía siendo solo un niño, apenas un par de años mayor que Rue, pero Finn no era Rue. Y mi mente, traicionera, me susurró la verdad: Él me recordaba a mí mismo, a ese chico que también había sido tratado sin compasión. Ese pensamiento dolió más de lo que debería. Me negué a ser el eco de la crueldad que me formó, el monstruo que me forzaban a ser en este circo. Tenía que ser mejor, aunque fuera por el poco tiempo que me quedara, por Katniss. Así que solo asentí levemente. —"Ayer cuando hablabas de las estrellas con Katniss, ¿cómo sabes cómo se llaman?"— preguntó finalmente, con las cejas levantadas. La pregunta me desconcertó por completo. Primero; porque esa misma mañana, mientras bajábamos, se había burlado de nuestra conversación nocturna. Al parecer, ni él ni Rue habían estado dormidos, sino que nos habían estado escuchando, lo cual le había valido un zape de mi parte. Segundo; no pensé que el tema le interesaría en absoluto, después de todo suponía que el hambre y los problemas de la pobreza extrema de su Distrito no le dejan tiempo para eso. —"Pasaba mucho tiempo leyendo en la biblioteca de mi familia"— le respondí simplemente, encogiéndome de hombros. Noté cómo su ceño se fruncía al instante. —"¿Hay libros que hablen sobre eso?"— preguntó él nuevamente, su mirada entrecerrada. Cierto. El Capitolio prohibía a los Distritos tener libros o información que hablen de cualquier cosa que ellos consideren peligrosa. Entre más lerdos sean más controlables, entre más controlables menos rebelión. Una triste realidad, si en el Capitolio incluso prohíben libros a sus propios ciudadanos, con más ganas a los Distritos. Con eso en mente, solo pude regresar la pregunta. —"¿Qué clase de libros tienen en el 12?"— le di un rápido vistazo, solo para notar su cara de concentración. —"Pues hay de cuentos, pero casi todos hablan de historia y minería, en la escuela es de lo único que hablan de hecho. ¿Por qué si hay más libros que hablen de otras cosas no están también en el 12?"— terminó con la mano levantada. Esa no era una buena pregunta; lo más seguro es que esta plática sea censurada, tenía que cambiar la plática ahora, no quería ganarme el odio de los organizadores. Negué con la cabeza, como si no lo supiera. —"No sé, Finn, pero lo importante ahora es seguir moviéndonos, tenemos que llegar a la Cornucopia"— le ordené para que no hubiera réplica, lo cual funcionó, porque él solo se encogió de hombros. Y sin más seguimos el trayecto en silencio. (POV Prim) Mi mirada quedó perdida en la pantalla de nuestra sala, mientras mi hermana caminaba tranquilamente con Rue a su lado. Hace un tiempo que se habían separado de Mellark y Finn. Mi mente regresó anoche y, sin poder evitarlo, sentí un puñal en el estómago, la manera en que obligó a mi hermana a acostarse con él. Incluso amarrando las cuerdas juntas para que no pudieran separarse, me enfermó. No supe qué le había dicho, pero la cámara estuvo fija en su rostro. Tal vez incluso le comentaba cómo mató a alguien, como lo hizo con Rue. Solo pude imaginarme la cara de mi hermana, desesperada porque se callara para poder dormir. Pero lo peor fue verlo acariciar su cabello e incluso besarla en la cabeza, mi corazón dolía por mi hermana y todo lo que tenía que aguantar. Al menos pudo descansar. No fui la única a la que le afectó; recuerdo cómo mi madre desviaba la mirada de la pantalla, su mano hecha un puño sobre su vestido, hasta el punto de que me dijo que hoy sería mejor quedarnos en casa para descansar. Gale se llevó el premio mayor, cuando apareció esta mañana con un par de conejos para la comida del día, parecía que no había podido dormir en toda la noche. Pobre, lo que está haciendo mi hermana realmente debe de tenerlo en vela. Mamá y yo siempre creímos que en algún momento Katniss saldría de su caparazón o más bien que alguien la sacaría de ahí, y siempre apostamos por él. Gale era alguien perfecto para mi hermana, después de todo nuestro pasado estaba unido. Él la comprendía. Pero ahora mi hermana se encontraba en esta situación, donde no solo se lastimaba a sí misma, sino también a él, a nosotros. Todo por culpa de ese monstruo de Mellark. Ella tiene que jugar el juego, para poder regresar. La voz en el monitor me sacó de la mente. —"¿Entonces dormiste bien?"— preguntó Rue, mientras saltaba una raíz que sobresalía del suelo. Su mirada, con las cejas levantadas, se posó en mi hermana. Ella solo desvió la mirada. Debía de sentirse avergonzada, y la mirada de Rue no estaba ayudando, y tan normal como era mi hermana, solo asintió, sin decir nada. Esto solo provocó una sonrisa más grande en Rue. —"Vamos no sientas vergüenza, se veían tiernos así abrazados"— le dijo, mientras levantaba varias veces sus cejas. Mi hermano solo negó con la cabeza rodando los ojos. ¡No digas eso, Rue! No me digas que tú también estás cayendo en sus mentiras, ¡no después de la manera en que te trató, la forma en que te asustó! No podía creer cómo ninguno de ellos veía el peligro. ¿Acaso la supervivencia era más importante que lo moralmente correcto? Supongo que en este mundo sí. Sentí en mi rostro una mueca desagradable. —"No es vergüenza, solo no me gusta que mi vida personal sea algo de interés público"— le respondió mi hermana, mientras se agachaba para posar su mano en el suelo. —"¿Oh, vamos imagina que solo estás aquí conmigo, si no hablas conmigo de eso con quien más podrás hacerlo?"— le pregunto, sus manos en la cadera. Mi hermana solo se levantó con una sonrisa creciendo en su rostro, no era una divertida más bien parecía desesperada. Como la que suele dedicarme a mí cuando la fastidio con algo. Sentí un vacío en el pecho. —"Tengo una idea, porque mejor no te enseño a cazar"— le regresó. Los ojos de Rue se abrieron, sus manos bajaron al instante. —"¿Q… q-qué?"— solo pudo tartamudear, el brillo bromista desapareció. —"Sí, por ejemplo, aquí tenemos huellas"— comenzó a decirle, apuntando al suelo. —"Y si te fijas bien, van en esa dirección"— mientras apuntaba a unos arbustos. —"Así que vamos a seguir el rastro y tú llevas el arma ahora"— terminó de decirle para entregarle la lanza improvisada. Algo en mi pecho se removió al verla reír, y ayudar a Rue a cazar. Era como un calor extraño; mis manos se cerraron y mi ceño se frunció sin permiso. Era extraño… —"Cariño, tranquila, solo está ayudándola un poco, no tienes por qué ponerte así"— la voz de mamá me sacó de mi mente, mi rostro se relajó. —"¿Eh?"— salió de mí, completamente confundida. ¿A qué se refiere? Ella solo sonrió y negó con la cabeza, antes de darme un pequeño golpe en la frente. —"Pequeña celosa"— susurró mientras la alejaba hacia la cocina. Eh… no estoy celosa. Claro que no, yo sabía que Katniss solo estaba ayudándola. No tenía por qué sentir nada, era normal, Rue era amigable, así que lo que decía mamá no tenía sentido. Aun así, lo que sentí en mi pecho no se fue. Solo fijé mi atención en la pantalla mientras Rue tiraba inútilmente la lanza. Me mofé para mis adentros. Yo pude haberlo hecho mejor. (POV Peeta) Mis pasos se detuvieron. Mis ojos se entrecerraron, y mi ceja se alzó en un automático gesto de incredulidad. Esto tiene que ser una broma. Mi mano se estiró y tomó a Finn por la parte de atrás del cuello, deteniéndolo en seco. —"¿Ahora qué pasa?"— susurró, con la voz entrecortada, tal vez por la fuerza que estaba aplicando. —"Aquí está bien, no necesitamos acercarnos más"— le dije, soltándolo. Así que por esto era importante el 3. Mi mirada fija en los suministros puestos juntos a unos 10 o 15 metros de la Cornucopia. Por los hoyos en los pilares por donde aparecimos era evidente que habían movido las minas para acordonar los suministros. Ellos deben de tener la manera de llegar a ellos, obviamente. Pero debe de ser tedioso que cualquier cagada de alguno de ellos pueda volarlos. —"¿Entonces qué ves?"— exigió Finn obligándome a dejar de pensar, su ceño fruncido, su mirada puesta en los suministros. —"Minas, explosión, adiós suministros"— le contesté simplemente, necesitaba ver esto más de cerca y saber qué otra cosa se me estaba escapando. —"Quédate aquí y no te muevas, regresaré en un momento, quédate escondido. ¿Entendido?"— le ordené con mi dedo apuntando al suelo, él solo asintió y se dejó caer en el suelo como si no pasara nada. Solo negué con la cabeza y me puse en marcha. Apreté el machete en mi mano, como si necesitara sentirlo para darme seguridad de que nada pasaría; esto solo es una misión de reconocimiento, observo y me voy. Nada del otro mundo. Aun así, tenía un pequeño malestar en el estómago, como si algo fuera a pasar. Sentí una mueca en mi cara cuando se me revolvió el estómago, pero solo seguí caminando, dejando atrás las dudas y concentrándome en encontrar cómo activar las minas. Después de unos metros me detuve, me agaché y me arrastré hasta un matorral para poder ver mejor. Entonces, unas voces llegaron a mí. —"¡Tenemos que salir a buscarlos otra vez!"— la voz de Glimmer resonó con fuerza, mientras arrojaba una lata de comida al fuego que tenía delante. —"¡Acaso no piensas que no lo sé, Glimmer, pero debemos tener cuidado!"— le espetó Marvel, parándose a centímetros de su rostro con una mueca de ira. Ella solo lo empujó hacia atrás, él no dudó en tomar la lanza a su lado, sus ojos clavados en ella, pero Glimmer no se quedó atrás tomando su espada, pasando la lengua por su boca, abriendo los brazos una clara invitación que Marvel sin dudar aceptó dando unos pasos adelante. —"¡Ustedes dos ya basta!"— les grito Clove tirando un cuchillo al suelo en medio de ambos. Su irritación era evidente al parecer esto es algo normal entre ellos. —"Glimmer, sabemos que tenemos que buscarlos"— le dijo, apuntándola con otro cuchillo, con una mirada fría. —"Pero Marvel tiene razón en esto: no podemos simplemente ir a cazarlos. ¿Acaso no te das cuenta de que esto no va a ser fácil? No con el de su lado"— terminó, con las cejas levantadas. —"Claro que lo sé, no soy estúpida"— le respondió, clavando la espada en el suelo para sentarse. —"Pero entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Esperar a que se mueran de hambre? Porque, 'hola', eso no va a pasar en un buen rato"— terminó, encarando a Marvel, con los ojos abiertos en un gesto burlón. —"No"— comenzó Clove, pero paró. —"Necesito ir al baño, en un momento regreso"— dijo abruptamente, levantándose para caminar al bosque. Me calmé cuando vi que iba en dirección contraria a donde estaba Finn. —"Esos frijoles sí que no le cayeron bien"— se burló Marvel, dejando caer su lanza para sentarse al lado del chico del 5, que solo se rio. Glimmer tronó los dedos a ambos, su mirada intensa, Marvel solo rodó los ojos, soltando un suspiro. —"Mira, Glimmer, como dice Clove, tenemos que tener un plan. Primero, necesitamos ubicar dónde están, y cuando peleemos contra ellos, debemos apuntar primero a la niña y al inútil del 12, a la perra en llamas después y a Mellark al final"— terminó de decirle con la mano hecha un puño. Como si fuera tan fácil. Había fisuras en ellos, podría explotar esto más tarde, será mejor que me vaya; con esto es suficiente. Ya tenía la información necesaria: los suministros tenían un punto débil gigante y fácil de ejecutar, ellos no tenían ni idea de dónde estábamos, y la cereza del pastel era que ahora conocía un poco más cómo funcionaban las cosas entre ellos. Me deslicé hacia atrás lentamente, sin hacer ruido, comencé a caminar tranquilamente de regreso hacia Finn, mi mente absorta en cómo explotar las minas. Pero salí de ella cuando mi mirada se quedó fija en el suelo donde se suponía que debía de estar Finn. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y mis ojos recorrieron en automático toda la zona, buscando cualquier anomalía. Donde diablos estas Finn…. ¡Clove! Un ruido a mi lado me hizo girar la cabeza al instante, el machete en alto, mi mirada vacía. Todo para encontrarme con un Finn congelado que salía del arbusto; después de un segundo, él tragó en seco y solo sonrió. —"Tenía que orinar"— soltó, su mano detrás de su cabeza. Me relajé al instante, bajé el machete y simplemente me giré para comenzar a caminar. Lo sentí detrás de mí después de unos segundos. ¿Qué voy a hacer contigo, Finn? (POV Katniss) Una sonrisa se me escapó mientras observaba a Rue completamente perdida. Creo que estoy siendo demasiado dura con ella. —"¿En serio tengo que despellejarla yo?"— preguntó, con una mueca de asco completa, mientras sus ojos se encontraban con los míos. Le quité el cuchillo de la mano. —"Tienes que hacerlo. Es parte de la caza"— le respondí. Hice un corte en la parte interna de una pata del conejo, y repetí el corte en la otra. Se lo mostré a Rue, que hizo otra mueca, haciéndome rodar los ojos. Mmm, pensé que sería más dura, pero creo que es igual a Prim. —"Ahora te toca a ti. Une estos dos cortes por la entrepierna. Con cuidado, solo corta la piel"— le dije, extendiendo el cuchillo. Vi cómo su mano temblaba al tomar el cuchillo, y el temblor empeoró al comenzar a cortar. Aun así, no se detuvo. Cuando unió los cortes, su mirada buscó a tientas la mía, yo solo aprobé con un movimiento de cabeza. —"Bien, ahora solo toma la piel y tira de ella, como si te quitaras un guante o un calcetín"— le dije, mientras hacía la mímica yo misma. No podía apartar los ojos del conejo, pero no dejaba de lanzarme miradas. —"¿En serio tengo que hacerlo?"— volvió a preguntar, con una clara mueca de asco. Me llevé la mano a la cabeza, sintiendo cómo la frustración me hervía. La miré de nuevo, levantando las cejas automáticamente. —"Sí, sí ya se es parte de cazar"— me arremedó, levantando las manos. Mi ceja se alzó un poco más. Ella solo sonrió y soltó un pequeño suspiro mientras sacudía su mano para posarla sobre la piel. Entonces antes de que pudiera dar el tirón el ruido de unos pasos a mi espalda me hizo girar al instante. Me topé con un par de ojos azules, y la tranquilidad me inundó al ver que era Peeta. Detrás de él venía Finn. Cuando nuestras miradas se encontraron, un raro tirón en el pecho surgió, una urgencia de tocarlo que me sorprendió por su intensidad. Abrí la boca para preguntar cómo les había ido… —"Peeta, qué bueno que llegaron, ¿podrías quitarle la piel a este conejo?, es que no puedo"— se me adelantó Rue, que salió disparada hacia él. Vi cómo sus ojos se entrecerraron, pero solo clavó el machete en el suelo, tomó el conejo y, con un solo tirón, la piel salió con un ¡crrrk!, como si nada. Rue me dedicó una sonrisa burlona mientras tomaba el conejo para mostrármelo. —"¡Listo!"— soltó, con un orgullo que me hizo levantar la ceja. Igualita a Prim, siempre buscando la manera más fácil de salir del problema. Y qué puedo hacer, no puedo enojarme con ella. Levanté mi mano y la apunté con el dedo. —"Por esta vez lo dejaré pasar, pero la próxima lo harás"— le dije, con mi mirada clavada en ella. Pero solo se encogió de hombros como si nada, tomó la mano de Finn y lo arrastró hacia la fogata. —"Ven Finn, cocinemos esto, de seguro tienen hambre"— le dijo. No entiendo por qué no le llamó la atención, si es algo esencial. Di un paso hacia atrás y choqué con algo, al girar la cabeza, me di cuenta de que era el pecho de Peeta, que levantó una ceja al verme. —"¿Problemas, maestra Everdeen?"— canturreó, y la sonrisa se le formó en el rostro. Cerré los ojos y recargué mi cabeza en su pecho un instante antes de apartarme. —"No, claro que no"— le respondí. Caminé hacia una roca a unos metros de Finn y Rue, que empalaban el conejo con entusiasmo para cocinarlo en el débil fuego. Peeta dejó el machete contra un árbol para sentarse a mi lado. Apoyé la cabeza en su hombro sin pensarlo, con la mirada perdida por un segundo. Espero que mamá y Prim estén bien. La mano de Peeta se posó en mi rodilla. —"Tu madre y tu hermana están bien, Kat, te lo aseguro"— susurró. Como siempre sabe lo que pienso. Miré al frente en un intento de alejar mi mente de mi hogar. —"Entonces, ¿qué encontraron?"— le pregunté. —"Es algo complicado, pero creo que podemos destruirlos fácilmente. ¡Finn, Rue, acérquense!"— demandó, haciendo un gesto con la mano. Me separé de él, Finn y Rue se sentaron frente a ambos, su atención completa en Peeta, igual que la mía. —"Los idiotas removieron todas las minas que había en los elevadores"— comenzó. Desvié mi mirada impresionada por lo que habían hecho, el 3 por eso estaba con ellos. —"Por eso el chico del 3 era tan importante para ellos. Lo más seguro es que solo él sabía cómo desactivarlas"— su mano tomo un pequeño palo y comenzó a dibujar en el suelo. —"Aquí está la Cornucopia, y los suministros se encuentran a unos 10 o 15 metros de ella. El problema es que no podemos simplemente lanzar una piedra como sugirió el superlisto de Finn"— dijo, mientras lo señalaba con el palo. Él solo levantó los brazos indignado mientras se ponía de pie. —"Realmente pensé que sería buena idea, ¿no te burlaste bastante ya de mí todo el camino?"— le reclamó. Rue lo tomó del brazo, sentándolo al instante. —"Ya, Finn, no te preocupes. A mí también se me hubiera ocurrido lo mismo"— le comentó, en un claro intento de calmarlo. Finn solo asintió, su mirada satisfecha al ver que no era el único con esa idea. —"Claro que no, Rue, deja de intentar suavizar sus tonterías"— le respondió Peeta, a lo que Finn soltó en automático un —"¡Oye!"— irritado. Rodé los ojos. Se comporta como un niño cuando trata de molestar a Finn. Le di un codazo, mi mirada le dejó en claro que se comportara. —"Bien, dejando de lado al superplan de Finn"— continuó. Vi cómo Finn abrió la boca para quejarse otra vez, pero Rue se adelantó y le dio un pequeño jalón en su playera haciéndole señas para que se callara. Él simplemente se desplomó en su asiento, con los ojos torcidos. La sonrisa en el rostro de Peeta creció. —"Tenemos que encontrar una manera de activarlas y estar muy lejos de ellas. Y, aparte, ver cómo podemos sacarlos de la zona. Al parecer dejan al chico del 5 vigilando. Así que ¿Alguna idea? Que no tenga que ver con rocas"— terminó, su mirada fija en Finn, que apretaba la mandíbula con fuerza. Rue se llevó la mano a la boca, intentando ocultar su sonrisa, yo simplemente negué con la cabeza, mi mente ya estaba en el problema que teníamos enfrente. —"Para sacarlos, podríamos encender varias fogatas. El fuego llamaría su atención y los obligaría a separarse. Finn y Rue podrían encenderlas"— solté, mis ojos clavados en Peeta. Así ellos no se expondrán innecesariamente al peligro. Peeta asintió, con la mirada baja. —"Y para las minas, solo necesito el arco"— agregué seriamente. Con el arco podía derribar los suministros desde lejos, era un hecho. —"¿Arco?"— preguntó Rue su pequeño rostro un mar de dudas. —"Oh, sí, Katniss es una excelente tiradora, todo lo que caza siempre les da en el ojo"— me elogió Finn, que apuntaba a su propio ojo. —"¿En serio? ¡Wow!"— le respondió ella, su mirada ahora expectante en mí. Sentí mi cara arder, odio ser el centro de atención. —"El problema es que no sé dónde está el arco, no lo vi por ninguna parte"— comentó Peeta, con los ojos entrecerrados. La mano de Finn se levantó. —"Yo vi a la chica del 9 correr con él cuando escapamos de la Cornucopia"— aseguró, levantando su dedo. Rayos supongo que ahí va el plan, quién sabe dónde esté. —"¿Viste por dónde se fue?"— preguntó Peeta que no me miraba, no miraba a nadie, su cabeza se había inclinado. —"Sí, por la parte trasera de la Cornucopia"— le contestó Finn mientras sus ojos vagaban de mí a Peeta. —"¿Iba sola?"— Un malestar se clavó en mi pecho por sus preguntas. El movimiento de Rue al abrazar sus propias piernas mientras se quedaba quieta, su atención ahora en el suelo, solo empeoró mi corazonada. —"Sí, ¿Por qué?"— Lo cuestionó Finn, ladeando la cabeza. El movimiento de las manos de Peeta en su rostro terminó de confirmar lo que tenía en mente. Sin decir nada se puso de pie, su mano se cerró fuertemente sobre el mango del machete. —"Regresaré al amanecer"— dijo, su voz dura, y se sintió como una bofetada. Va a ir tras de ella. —"¡Espera!"— un grito que no reconocí salió de mí. Él se quedó congelado en su lugar, dándome la espalda, la cual se tensó. Lentamente comencé a ponerme de pie sin despegar mi mirada de él. —"Peeta"— su nombre un susurro en mis labios. No puedo dejarlo ir. Sentí la duda de Finn, de Rue, por la forma que se removieron en sus lugares, pero eso no me detuvo. —″No puedes ir, no sabes dónde se encuentra. Lo que te dijo Finn fue hace 2 días lo más seguro es que no se encuentre por esa zona″— lo reprendí, mi corazón golpeando mi pecho con fuerza. Y un dolor extraño se situó en el centro de mi estómago cuando él se giró para encararme; el mar azul que se escondía detrás de esos finos cabellos dorados, era un vacío que no reconocí. El aire, el ambiente cambio al instante. —"Tengo que ir Katniss"— su voz un témpano, su boca una fina línea. —"Estoy seguro de que la encontraré antes del amanecer, tú debes quedarte aquí con Finn y Rue los profesionales no saben donde estamos acampando"— me ordeno, mis manos se cerraron en el acto. Y dejando salir mi mente sin filtros le pregunté: —"¿Y una vez que la encuentres?"— mi mirada retándolo. Pero el no me respondió, solo apretó la mandíbula, su mano en el machete ahora blanca por la fuerza de su agarre. Pero así como llego todo, así se fue y el vacío regreso, gélido, hiriente. —"Pasará lo que tenga que pasar"— soltó un murmullo, casi lejano, desprovisto de cualquier sentimiento. Permanecí quieta en mi lugar, su espalda cada vez más lejana, sentí mis ojos arder, mis piernas no respondieron a mis pensamientos de seguirlo, de detenerlo. Abrí la boca para gritarle, pero antes de que algo saliera de mí, él se detuvo al borde de la maleza. Sus ojos me encontraron por última vez. No es él, es lo que ellos crearon… Lo último que escuche fue las ramas apartándose de su camino.
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