Decisiones/Consecuencias
27 de octubre de 2025, 14:52
Capítulo 19: Decisiones/Consecuencias
(POV Katniss)
Solté la estúpida cuerda. El nudo no cedía. Me tallé la sien, incapaz de concentrarme.
Mi mente estaba con Peeta.
No podía dejar ir la idea, el pensamiento. Se fue con una frialdad que me dolió. Como si nada pudiera detenerlo, como si mi opinión no importara.
Lo que me dejó con un malestar en el pecho, en el estómago, en todo... fue que no consideró mis palabras, como siempre lo hacía.
Y eso me dolía como no pensé que podría doler. Pero también me aterrorizaba. Significaba que ese vacío en él era algo que ni siquiera yo podía llenar.
¿Cómo se suponía que iba a ayudarlo contra esa oscuridad si no me deja entrar? Pensé que no había más muros entre nosotros; qué equivocada estaba.
—"Si quieres yo lo desato"— me llego la voz de Rue, un susurro apagado.
Solo le entregué la cuerda. Después de que Peeta se fue, Rue y Finn intentaron hablar conmigo, pero realmente no tenía cabeza para ello. Así que fui por más agua, distrayéndome con lo que encontraba en el camino.
Pero ahora que era de noche, Finn, como si no pasara nada, se fue directo a dormir y la pobre Rue intentaba hacerme compañía, aunque no debería; tenía que dormir.
Mi mirada se posó en ella, que intentaba inútilmente soltar el nudo. Una pequeña sonrisa apareció en mí cuando intentó tirar de él una vez más. Su rostro era una mueca de enojo.
Estiré mi mano, tomando la cuerda de su mano.
—"Ve a dormir, Rue, yo me quedaré un rato más"— le dije, mientras posaba la cuerda en mis piernas.
Ella me dirigió una mirada de duda, pero solo le hice una seña para que se fuera a su árbol. Tomé la cuerda una vez más. Pero antes de que pudiera empezar a tirar de ella, la voz de Rue sonó:
—"Él no se habría ido, si realmente hubiera otra manera. ¿Lo sabes, verdad?"— terminó, para sin esperar, alejarse a su rama.
La cuerda se volvió pesada. Pesada como las palabras de Rue. Así que la solté. Me di un pequeño cabezazo contra el árbol, cerrando los ojos.
Lo sé, Rue. Pero eso no hace que duela menos ni que sea lo correcto.
Levante la mirada y el brillo del cielo nocturno me atrapó.
No supe cuánto duré viendo las estrellas, con la voz de Peeta en mi cabeza, contándome algo sobre cada una de ellas, hasta que todo se volvió negro…
¡BOOOM!
Mis ojos se abrieron al instante; sentí como si me fuera a caer. Al instante me aferré a la rama.
Peeta…
¡BOOOM!
¿Q-qué?
¡BOOOM!
Los cañonazos dejaron mi mente en blanco, solo vacío, solo muerte. Mi mirada se desenfocó; atraje mis piernas a mi pecho y oculté mi cara, en un intento desesperado de protegerme.
—"¡Katniss, Rue, miren!"— la voz chillona de Finn me sacó de mi protección.
Él simplemente apuntaba al cielo. Entonces el recuento de caídos del día lleno el cielo. Al instante sentí los ácidos de mi estómago subir. El primer retrato fue la chica del 9, luego la chica del 8 y, finalmente, el chico del 10.
Muertos… Peeta los mató.
Las lágrimas salieron sin permiso.
(POV Primrose)
Un estruendo en la habitación de al lado, junto con el incesante golpeteo en la puerta, me sacó de mi sueño. Mis ojos se abrieron y al instante se fijaron en el reloj de mi ropero, que marcaba las 11:30.
Si me fui a dormir a las 9, cuando Katniss se quedó dormida viendo las estrellas, ¿qué está pasando?
Me levanté corriendo para alcanzar a mamá, quien abría la puerta, deteniendo el golpeteo. Los Hawthorne estaban allí.
—"¡Mellark la encontró, también al 10 y la 8!"— gritó Rory de la nada, su mirada dirigiéndose a donde la mayoría ya se dirigía: la plaza.
Sin pensarlo, tomé mi suéter y mis viejos zapatos para comenzar a correr junto a mamá y los Hawthorne.
Mientras corría, solo podía pensar en Katniss. Me sentí tan feliz cuando él se fue, con esa pelea entre ellos. Creí que con eso ella comenzaría a hacer sus propios planes con Finn y Rue.
Incluso Gale dijo que era el momento perfecto para que ellos hicieran su propio plan para acabar con Mellark. Pero no fue así; solo vi sufrimiento en su mirada, cansancio. Como si realmente le importara. Y el miedo de que él ya se hubiera metido en su cabeza se sintió real.
En cuanto llegamos, toda mi atención se quedó en la pantalla.
Mellark, con un pequeño corte en la mejilla, sostenía firmemente la pierna derecha del 10, manteniéndolo de pie junto a él. Y ahí estaba esa mirada otra vez: dos pozos azules sin final que parecían alimentarse con miedo y muerte.
En un movimiento rápido pateó la pierna izquierda, sin soltar la otra, haciéndolo caer de cabeza al suelo. Y mi mente se quedaría por años con el rostro de miedo puro del 10… al instante cerré mis ojos. Pero su voz retumbó en las paredes.
—"¡ESPERA, POR FAVOR, NO ERA MI INTENCIÓN, POR FAVOR… AHHH—GHHHKkk…!"— El ¡CRAACK! lo silenció todo.
La mano de mamá me soltó y un “Ughhh—” húmedo golpeó el suelo mientras la sentía vomitar.
Abrí la mirada lentamente, solo para encontrarme con el rostro de Gale volteado a un lado, con los ojos fuertemente cerrados. Al igual que la mayoría a nuestro alrededor.
¿Qué pasó?
Sin querer, regresé la atención a la pantalla; en mi pupila apareció la imagen de Mellark con su pie en el cuello ahora malformado del 10 y mi estómago se revolvió al verlo así. Al instante, unas manos me taparon los ojos.
—"No, Prim, no mires. ¡Igual tú, Vick, Rory!"— la voz de Daisy se escuchó lejos de mí.
El sonido seco de algo cayendo al suelo me hizo estremecer. El ¡BOOOM! tronó con fuerza, sellando así la muerte. Las manos en mi rostro se alejaron tal como habían llegado. Seguí a Daisy, que se puso a sobar la espalda de mamá mientras le susurraba algo.
—"Tres muertes más para el lunático ese"— escuché decir a un minero.
Tres…
Vi a Mellark caminando tranquilamente, con su mirada fija en algo, como si no hubiera pasado nada. Se detuvo y estiró la mano, tomando algo. El¡Shh…hhk! húmedo y pegajoso fue un murmullo frente a mis ojos, y el brillo rojo en el machete lo hizo aún más insoportable.
—"Oh, Dios, no"— soltó mamá, su mano limpiando su boca.
Pero cuando la chica del 9 apareció en pantalla mientras el machete salía de ella, mis rodillas cedieron; mis manos temblaban y un frío recorrió mi espalda.
—"Ya, amor, todo está bien"— susurró mi mamá, sus cálidas manos en mi espalda intentaban calmarme.
Nadie podría borrar lo que vi. Nadie podría borrar lo que Mellark me dejó grabado.
(POV Peeta)
Mis pasos silenciosos atravesaban la espesa maleza; intentaba mantenerme en la oscuridad total. No, necesitaba encontrarme con Marvel y los demás. Lo más seguro es que después de los cañonazos salieran a cazar.
Me paré un momento contra un árbol para ver si escuchaba algo. Cualquier ruido que confirmara si alguien más estaba cerca. Pero el silencio, acompañado del ruido de pequeños animales e insectos, fue lo único que tuve.
Cerré los ojos con fuerza; mi mente regresó al enfrentamiento de hace unos momentos. Realmente intenté negociar, pero no dio resultado. La chica del 9 me tendió una emboscada. Al parecer tenían un buen plan: fingir estar sola, hacerme bajar la guardia y luego atacar los tres al mismo tiempo.
Si hubiera sido cualquier otro, estaría muerto.
Mi atención pasó a la cuerda del arco colgado en mí. Un nudo se formó en automático en mi corazón.
"¿Y una vez que la encuentres?"
Su voz retadora llegó a mí, tan fuerte, tan dolorosa. Mis ojos vagaron hasta el machete, completamente lleno de sangre. Debía sentirme enfermo, enojado, asqueado.
Pero no había nada; no sentía nada, solo vacío. Lo único que sentía era preocupación por ella, por lo que esto significaría para ella. Ahí estaba mi miedo, mi dolor. Vander había hecho de mí una máquina y ahora lo único que ataba mi poca humanidad era ella.
Y estaba por perderla, por alejarla.
Alejé mi mente de ese pensamiento porque debía ser así; no había otra manera de ganar esto. Era un riesgo que sabía que estaría ahí, y aun así forjé esta relación con ella. Y nunca me arrepentiría de ello. Lo que ella decidiera después lo aceptaría, y al final de cuentas no importaría. Yo ya no estaría, mientras ella disfrutara de su vida. Pero por ahora debía continuar; sin más, retomé mi camino.
Caminé hasta que los rayos de un nuevo amanecer comenzaron a surgir y el campamento llegó a mi vista.
—"¡Peeta!"— el grito de Rue llegó rápidamente; dejó caer la cuerda en sus manos.
Rápidamente se me acercó. Finn, a unos pasos del pequeño fuego, dio un salto para hacer lo mismo. No devolví el saludo; solo comencé a quitarme el arco y las flechas para entregárselos a Rue, y coloqué una daga en la mano de Finn. Clavé el machete en el suelo, mi mirada se fijó en Katniss.
Sus ojos enrojecidos me taladraban; el silencio pesado se extendió. Tanto que Finn se mantuvo en silencio, Rue igual, mientras sus miradas iban y venían entre Katniss y yo.
Ella se movió primero, sin apartar la atención de mí. Se levantó lentamente y comenzó a caminar hacia mí. Su rostro era una carta en blanco; no había nada que pudiera leer. Mi mandíbula se apretó cuando se detuvo a un paso de mí. Su pecho comenzó a agitarse rápidamente.
—"Kat…"— las palabras murieron cuando el ¡TAAK! resonó contra mi mejilla.
El ardor me dio de lleno. No sabía si fue por el golpe o por su expresión grabada en mi mente.
Ella observaba su palma, que temblaba levemente, su rostro una mueca de ira contenida. El malestar en mi pecho se hizo presente.
Levanté la mano lentamente hasta tomar la suya, deteniendo el temblor. Ella al instante tiró para liberarse, pero no la solté. El gris enrojecido se encontró conmigo una vez más.
—"Realmente lo intenté, pero no me dieron otra opción"— le susurré.
Pero su mirada, tan decepcionada y dolida, creó una desesperación en mi pecho que me golpeó, dejándome sin aire y haciéndome soltar su mano.
Era tan diferente verla así; sentir sus sentimientos en su mirada. Rompía todo lo que Vander hubiera puesto en mi mente, en mi corazón. Y el deseo de que las cosas fueran diferentes regresó.
—"Pero no importa, ¿cierto? No importa nada de lo que diga o haga, no regresará lo que hice"— solté, con cinismo.
El aire entraba y salía de mí; la rabia, el enojo, la desesperación. Todo junto creó un huracán en mi mente. Todo por ella, por lo que significaba para mí. Por el miedo de que la única chispa en mi vida se alejara. El dibujo en mi chamarra, en mi pecho, ardía.
—"Pero, ¿qué más puedo hacer?"— susurré cansado.
—"No voy a dejar nada a la suerte. No cuando se trata de ti"— sentí mi voz temblar; mis manos se hicieron puños, mis dedos aplastaban mis palmas.
—"Así que ódiame, golpéame, detéstame, déjame"— dije, completamente roto.
—"Yo nunca gano. Y esta ocasión no será diferente. Pero me niego a que tú pierdas; haré lo que sea, llegaré hasta donde tenga que llegar, si eso significa mandarte a casa. Así tenga que ver el mundo arder"— terminé, mi voz un hilo.
Mi mirada retadora en ella.
(POV Katniss)
Duele, duele verlo así, pero no podía permitir que eso limpiara lo que hizo.
Así que simplemente escupí: —"¡No digas eso! ¡No me pongas como tu excusa para todo lo que haces! Yo te dije que no fueras y ¿qué hiciste? Me ignoraste"— cada palabra un clavo en mi pecho.
Su mirada seguía sin reconocerme; su rostro estaba inamovible. Levanté las manos por instinto y lo empujé, aunque no lo moví ni un centímetro. Mis manos, puños, comenzaron a atacar su pecho en un intento inútil de sacar mi enojo, mi miedo, mi dolor.
Él simplemente no entendía el efecto que tenía en mí. Mis brazos se cansaron; mis manos quedaron sobre su pecho, ese pecho donde quería descansar mientras dormía, con ese calor que me inundaba cada vez.
—"Estuve pensando desde que te largaste, si regresarías, si todo estaría bien. Pero el miedo a que el cañón sonara y que no fueras tú, también me tenía en vela. ¿Sabes por qué?"— lo cuestioné, y el enojo regresó.
No esperé su respuesta; simplemente le grité: —"¡Porque cada vez que suena ese cañón, un pedazo de tu humanidad se va con él! ¡Cada vez que suena, es un rasguño más en mi mente sobre ti! ¡Es como si el chico que conocí en el tren estuviera cada vez más y más atrapado en ese vacío que veo en tu mirada!"— terminé de manera entrecortada, mi dedo golpeando su pecho.
Un silencio pesado siguió. Solo escuchaba mi respiración acelerada y el latido desbocado de mi corazón… cada pulso recordándome lo frágil de ese momento. Peeta no se movió, no respondió; su mirada era un muro que no podía atravesar, y eso me quebró aún más.
—"No mentí cuando dije que entendía. Pero eso no significa que lo apruebe, que lo aceptaré como si nada. Cuando pasó lo del 6 y 9 me dije a mí misma que tenías tu motivo y que lo respetaría. Pero esto no era necesario, podríamos haber encontrado otra forma. Tú no tienes por qué ser así"— y era verdad no tenía que ser así y menos por mí.
Entonces a mi mente vino la sonrisa ladeada en el tren; su voz me llenó, su olor a canela, su mano sobre la mía, el calor de sus labios, el brillo en su mirada cuando lo encontraba viéndome... el paraguas y la bolsa de pan de aquel niño. Sentí mi mente fracturarse, mi corazón partirse en dos.
Él no es el monstruo que todos creen; él es más. Yo lo sé.
Sentí el calor mojado en mis mejillas otra vez. Pasé la mano rápidamente sobre ellas y no me detuve; tenía que dejarlo salir.
—"Yo no te pedí que quemaras el mundo por mí. Yo te pedí que me dejaras crecer contigo. Pero, ¿cómo puedo hacer eso si no me dejas entrar, si ahora sigues tomando decisiones sin pensar en mí, sin pensar en cómo me sentiré por ellas?"— lo reprendí, con una bola formándose en mi estómago.
El silencio llenó todo.
¿Cómo hacerte entender que ya no estás solo?
—"Y te equivocas"— lo recriminé una vez más —"Si ganaste algo… me ganaste a mí"— solté, apoyando mi mano sobre su pecho, sobre su corazón.
Esas palabras lo hicieron, por fin, levantar la vista; en ese pesado silencio casi palpable, aquel azul enrojecido me reconoció y fue como una explosión. Sentí que me tragaba, pero no en un vacío; más bien, en llamas que me consumían de principio a fin.
Te odio… odio la manera en que me haces sentir. La forma en que, sin importar lo que hagas, no puedo dejar de verte… como el chico del tren… como el niño del pan… del paraguas.
Y tiré de él con fuerza, chocando mi boca contra la suya. No fue tierno como las otras veces. No fue un golpe; fue un grito ahogado de enojo, de preocupación… de cariño.
(POV Peeta)
"Si ganaste algo… me ganaste a mí."
Un puñal que se hundió hasta lo más hondo de mi corazón. Aquellos ojos enrojecidos, las lágrimas que se negaban a salir, pero que encontraban su rumbo por sus mejillas. Un reflejo de mí, de mi dolor.
Ella… lo está intentando, pero yo di todo por sentado. Y con eso le quité el derecho a decidir. Aquello que me negué a hacer en un principio: robarle su decisión, su elección.
Entonces las palabras de Effie regresaron a mí:"…Pero debes aprender que las decisiones que tomes de ahora en adelante ya no solo te afectan a ti, como tú crees. Ahora también le afectan a ella…"
Soy un estúpido.
¿Cómo no verlo desde el principio? Era como mi padre: un monstruo que hacía las cosas pensando que eran lo mejor, sin importarle los medios, sin importarle cómo destrozaba vidas. Solo con un objetivo en mira.
Ella significaba todo para mí. Pero estaba dispuesto a romperla con la patética excusa de que moriría al final y que no importaría. Cuántas noches no se pasaría llorando por mis acciones.
Solo dejaría esa carga en su conciencia. Tal como no quería. Hiciera lo que hiciera al final ella se quedaría con todo.
No mentía cuando dije que llegaría hasta donde fuera por ella. Pero, ¿por qué no dejar que ella misma dictara hasta dónde llegaba ese “donde fuera”?
El tirón en mi pecho apagó todo pensamiento.
Sentí su boca: caliente, urgente, violenta. No fue pedido, no fue consuelo: fue una confesión; un lugar donde ni ella ni yo supimos cómo hablar. Sabía que esto no era un perdón, ni siquiera una aceptación de su parte.
Pero mientras mi mano tomaba la suya sobre mi pecho, entendí que, a pesar de todo, yo seguía en su corazón. Una pequeña chispa que no pude apagar, aún no. Y fue esperanza.
Ya no era solo protegerla de este mundo roto, era protegerla de mí mismo.
Pero así como sus labios me atacaron, así se fueron. Al instante se dio la vuelta; su intento de huir fue inmediato. Mi mano salió disparada, tomándola por la muñeca.
—"Suéltame"— demandó, mientras tiraba con fuerza.
—"No"— salió en automático de mí, mi voz llena de urgencia. Ella me encaró.
No había más lágrimas; solo cansancio, enojo, frustración. Una mezcla confusa en su mirada. Tomé aire para llenarme de valor. Debía dejar las cosas claras antes de dejarla ir.
—"Tienes razón"— comencé; sus cejas se levantaron, confundidas.
—"No puedo usarte de excusa para lo que estoy haciendo"— mi mano la soltó lentamente, pero ella se quedó ahí, expectante.
—"Sé que a este punto no soluciona nada, pero me equivoqué. Me concentré tanto en…"— mi mano subió hasta su mejilla; cerró los ojos al contacto, intentando escapar, pero no pudo alejarse.
—"… salvarte, en que sobrevivieras; no pensé en el daño que eso te causaría. Y no te mentiré no me arrepiento, no puedo hacerlo"— terminé, la voz tranquila; sus ojos se abrieron lentamente.
Y fue como ver el amanecer una vez más, escondido en un mar gris de dolor y sufrimiento.
Tal como mi ventana.
—"Cuando… veía el amanecer desde mi celda"— mi dedo acariciando su mejilla dulcemente.
—"Me decía a mí mismo que en algún momento el amanecer también me llegaría"— una pequeña y triste sonrisa se formó en mis labios.
—"Y cuando te vi en la pantalla de la cosecha, me di cuenta de que había llegado ese día"— sentí un leve temblor en ella.
—"Pero lo que no veía era que yo ya no estoy en mi celda. Ya no estoy solo; ahora tú caminas a mi lado"— concluí.
Con duda la atraje lentamente y con cuidado posé mis labios en su frente, su aroma a bosque, a libertad me tranquilizo.
—"Pero si en algún momento debo de elegir…”— tome su barbilla subiendo su mirada a mí, enfrascándome con ella en una lucha de voluntades.
—"... Siempre serás tú"— mantuve mi atención sobre ella, intentando dejarlo en claro. Vi la duda escrita en su rostro pero solo cerro los ojos.
Yo hice lo mismo, intentando congelar el momento; la abracé, recargué mi barbilla en su cabeza para perderme ahí. Sabía que esto no cambiaria su pensar, ni siquiera aceptaría mis motivaciones. Pero me negaba a dejarla ir así.
Lentamente sentí sus brazos rodeándome. Y así nos quedamos en esa pequeña burbuja, alejados de todo y de todos.
(POV Haymitch)
Dejé caer la cabeza sobre mi silla. En la pantalla, los chicos seguían abrazados después de su mar de emociones.
Necesito un trago… no dos.
Mi mente daba vueltas sin parar: desde el intento inútil de Peeta negociando por el arco, hasta la muerte brutal del 10… y ahora esto. Esos dos serán mi muerte, no tenía duda.
Y para empeorar las cosas, los sniff… sniff… de Effie no cesaban. La miré: su maquillaje corrido, las lágrimas bajando sin control. El pañuelo en su mano apenas servía.
—"Ya mujer estás exagerando. Solo fue una pelea…"— dije, intentando sonar firme. Su mirada se entrecerró al instante; lanzó el pañuelo con frustración.
—"¿Cómo puedes decir eso, Haymitch? ¡No ves el dolor en ella! Se pasó la noche llorando desconsoladamente y tú dices que es solo una pelea"— me reprendió mientras se ponía de pie.
—"Ella no lo ha perdonado, Haymitch, ni de cerca. Esto…" —apuntó a la pantalla.
—"…es solo un pequeño escape de la realidad"— terminé, mientras ella tomaba otro pañuelo y seguía llorando.
—"Dios, odio esto… porque no pueden salir los dos de ahí con vida y tener su final feliz como debería ser"— chilló, su voz cargada de un dolor que yo conocía demasiado bien.
Tenía razón. Esto no fue solo una pelea; fue un punto de inflexión. Hasta qué punto cambiaría todo… eso no lo sabía. Peeta no se rendiría en salvarla. Pero quizás el final sería distinto al esperado.
Me pregunté, una vez más, de qué manera manipularía el Capitolio todo esto.
¿Cómo lo editarían para seguir con su historia?
Mi mirada se quedó en la pantalla en negro en la pared.
(POV Primrose)
Sentí mis ojos cerrarse solos. Después de lo de anoche, no pude dormir. Nadie pudo dormir, y lo sabía porque los Hawthorne no aparecieron por la mañana y mamá se negó a ir a la plaza.
Tomé con más fuerza la cobija para taparme. Aquí, en el sillón, mi vista se clavó en Mellark —de mis pesadillas—, caminando con esa calma fría, como si nada. Toda la noche lo enfocaron a él. Yo quería ver a Katniss, saber qué pasaba por su mente, si ya había entendido lo que ese monstruo representaba.
Mi mamá se sentó con una taza humeante, lo que llamó mi atención.
—"Ya no debe estar lejos de tu hermana"— dijo, con la boca sobre la taza, en un intento de ocultar su preocupación.
Mi corazón dio un vuelco y solo pude susurrar: —"Solo espero que Katniss ya no esté ahí"— mis dedos apretaron más la cobija.
Si todavía estaba allí, no podía entenderlo. Tenía que haber un límite en lo que Katniss podía aguantar.
Tal vez solo esperara el arco para tener una oportunidad.
Sí, debía ser eso. Porque si no, no podía explicarme por qué se quedaría.
Quería convencerme de que mi hermana no tenía ningún sentimiento por Mellark. Era imposible… aunque había señales.
Es solo actuación.
Quería creerlo así, pero cuando en la pantalla apareció el campamento, Rue y Finn corrieron a su encuentro. El sueño se me fue al instante, obligándome a sentarme.
Mellark les entregó el arco y la daga. Levantó el machete, que estaba repleto de sangre. Volví a sentir la punzada en el estómago subiendo por mi garganta, pero solo tragué con fuerza.
Él simplemente lo clavó en la tierra con brutalidad y cuando la cámara se abrió, apareció Katniss. Sus ojos estaban completamente enrojecidos; sin duda había estado llorando. Yo conocía bien esas marcas, eran como las de mamá.
El temblor en la taza llamó mi atención hacia mamá, solo para ver su mueca de preocupación y miedo más fuerte esta vez.
—"Oh, mi pequeña"— soltó ella en un murmuro, un pensamiento más que una palabra, sin alejar la vista de mi hermana.
El movimiento en la pantalla fue de Katniss, que se levantaba lentamente para caminar hacia él. La intensidad en su mirada era algo completamente desconocido para mí.
Mis manos comenzaron a frotarse una a la otra sin parar.
Cuando se paró frente a él, la cámara se quedó en su rostro cansado. No sé cuánto tiempo se quedó así, sin hacer nada. Pero algo pasó, porque su rostro cambió, dejando el cansancio y la melancolía para pasar a un enojo e ira instantáneos.
Y el¡TAAK!tronó con fuerza de inmediato.
Me quedé en completo shock, como si el mundo se detuviera de golpe. Ella se quedó quieta, el temblor en su cuerpo, en su mano. El subir y bajar de su pecho violento. Se quedó así congelada; solo se movió cuando una mano apareció en un intento de tomar la suya.
¡Suelta a mi hermana!
—"¡Suelta a mi hija, maldito!"— la voz de mamá llenó la sala; me giré para verla apretar la taza con tanta fuerza que pensé que la rompería.
Y como si la escuchara, vi la mano dejándola ir; la atención de mi hermana estaba puesta al frente, hecha una fiera. Pero entonces la voz de Mellark sonó.
—"…No importa nada de lo que diga o haga, no regresará lo que hice"— su voz, una burla cínica.
Cómo podía ser así, cómo podía existir alguien tan malvado; tenía a mi hermana enfrente de él, cansada, enojada, dolida, y solo podía burlarse de ello. Sentí mis dientes rechinar por la fuerza de mi mandíbula. Estaba por soltar una maldición, pero su voz continuó.
—"Pero, ¿qué más puedo hacer?"— fue un susurro lleno de aburrimiento; lo podía ver.
Katniss, date cuenta, por favor.
Pero ella solo se retorció en su lugar, su expresión completamente rota.
No le creas ni una palabra, hermana; solo quiere hacerse la víctima.
—"Así que ódiame, golpéame, detéstame, déjame"— soltó él en una falsa melancolía.
No podía ver su expresión, pero sabía que así era. Falso. Era imposible que la persona que hizo lo que hizo ayer tuviera sensibilidad.
Solo está intentando manipularte, Katniss; no confíes.
—"Es un maldito, está intentando que sienta lástima por él. Cómo se atreve"— expresó mamá con un bufido contenido.
Y solo pude asentir a sus palabras porque eso era; no había otra explicación era un manipulador, un mentiroso. El rostro de Katniss se contrajo en una mueca de dolor que me partió el corazón.
Pero la cámara cambió para mostrar a Finn y Rue. Finn solo miraba el suelo, la vergüenza escrita completamente en su rostro; la incomodidad con la que se movía de un lado a otro era evidente.
En cambio, Rue era un poema: su rostro completamente concentrado enfrente, sus ojos pasando de un lado al otro; en sus manos apretaba las flechas con desesperación, como si quisiera gritar algo.
Sus ojos se cerraron. Y la cámara regresó a mi hermana, que sin piedad empujó a Mellark para después comenzar a golpearlo repetidas veces en el pecho. Cada golpe hizo que mis ojos ardieran más y más; su expresión de pánico total, superada como pocas veces la vi.
Entonces la imagen se congeló para dar paso a Caesar, que sin esperar habló: —"¡Y vaya momento de tensión entre nuestros tributos estrella, Claudius!"— sus cejas levantadas, como si no pudiera creerlo.
—"Sí, amigo, yo realmente pensé que todo saldría bien en este equipo, pero cada vez es más evidente que los problemas los superan. Solo con ver a la chica en llamas tan destrozada… es triste, si me lo preguntas"— le respondió, sus manos juntas sobre el escritorio.
Caesar levantó la mano con el dedo extendido, moviéndolo de un lado a otro: —"Pero Claudius, no des por perdida a Katniss. Ahora que las cosas están fracturándose entre ellos, lo más seguro es que ella ya tenga un plan de emergencia"— terminó, para darle una mirada seria.
Nunca pensé estar de acuerdo con Caesar, pero tenía que ser así. Mi hermana podía estar dolida porque cayó en sus mentiras, pero no era estúpida.
Claudius, en cambio, solo torció la boca y agachó la cabeza de manera derrotada.
Levantó la vista; su mano se extendió a Caesar antes de decirle: —"Seamos realistas, Caesar: ni aunque se uniera a los profesionales podrían matar a Mellark. ¿Recuerdas lo que hizo anoche? Se enfrentó a tres tributos en una emboscada y los mató como si fueran moscas"— le recordó, sus palabras afiladas trajeron recuerdos de anoche.
Pero no terminó ahí; entrecerró los ojos para continuar: —"Si te soy honesto, la única manera que veo que Mellark pierda es si Thresh, Marvel, Clove, Glimmer y Katniss se unen para acabar con él"— terminó, contando con sus dedos.
—"Creo que estás exagerando un poco, amigo"— le respondió Caesar, su voz llena de incredulidad, evidente en su expresión.
Claudius solo levantó las manos: —"Yo solo me baso en los datos; de los seis tributos que han muerto en sus manos, ninguno fue capaz de hacerle daño"— terminó, encogiéndose de hombros.
Escucharlos hablar así, ya casi dando por ganador a Mellark, me revolvía el pecho. Era como si, con cada palabra, la esperanza muriera un poco más.
Pero Caesar solo sonrió, en un intento de mantener la buena actitud, y contestó: —"Bueno, los datos te avalan, mi amigo, y no puedo competir con eso. Aun así, por pequeñas que sean las posibilidades, no hay que dar nada por sentado"— una sonrisa en su rostro.
Claudius asintió para dar por terminada su parte. La cámara cambió rápidamente para ver a mi hermana alejarse de Mellark. El alivio me inundó, pero cuando vi su expresión fue un cambio total. Su mirada, antes llena de enojo y de ira… ahora era reflexiva, como si algo hubiera cambiado.
—"Algo pasó"— dijo mamá, su taza sobre la mesa, los ojos fijos en Katniss.
Y la sensación de que era así se instaló en mí. Porque su mirada era diferente, incluso cuando Rue se acercó y le tendió el arco y las flechas, ella mostró una pequeña sonrisa, triste sí, pero con algo más que no entendía del todo. Las tomó y se fue, sin decir nada.
En cambio, Mellark se acercó al fuego y se dejó caer, como si el peso del mundo estuviera en sus hombros. Esos ojos azules, fríos y vacíos, habían cambiado, y eso solo presionó la duda. Él le dijo algo a Finn y Rue que simplemente asintieron antes de dejarlo solo.
Y la imagen de él sentado me removió el estómago. Pero no de una manera mala; era como si lo que veía en su expresión, en su mirada, fuera algo honesto, algo imposible para mi mente. Él llevó la mano a la bolsa de su chaqueta en el pecho y sacó una hoja amarillenta.
Y pasó lo que no pensé que podría pasar: su semblante se contrajo en dolor mientras se pegaba de cabeza a la hoja, fuera lo que fuera. Me rompió un poco. Sin poder evitarlo, mi atención vagó a mi madre que lo miraba con duda.
¿Qué era esa hoja?
No podía soportar la idea de que algo en él fuera sincero.
(POV Katniss)
Mi mirada seca se concentró en el bosque; el peso en mis hombros me mataba, pero debía conseguir comida. Tomé la flecha, la coloqué y, por un segundo, me perdí en el arco en mis manos.
Un escalofrío me recorrió al verlo manchado de sangre.
Como su machete.
Era un arma sucia.
Me dejé caer al suelo y tiré el arco a un lado. Las emociones, una vez más, me dominaron. Me sentía tan mal, pero a la vez tan tranquila. Un malestar en mi estómago y, al mismo tiempo, una plenitud en el pecho.
Me tallé el rostro con furia y solté un suspiro. Sus palabras me llegaban otra vez: su disculpa, su aceptación, sus labios en mi frente, el calor de sus brazos, sus promesas. Y solo me confundía más y más.
Me quedé quieta… Y ahora solo quería regresar al tren, al departamento, a la azotea. Regresar al Peeta que sonreía, que bromeaba.
El ardor en mis ojos volvió, pero me negué a llorar más.
¿Podría perdonarlo? ¿Podría dejar atrás esto?
Y a mi mente vino el único momento en que me sentí igual: mi madre.
Cuando se fue y nos dejó a Prim y a mí solas. No pude evitar compararlo con esos meses en que se dejó morir. El odio, la ira, me carcomieron por dentro. Y cuando por fin regresó, me pregunté una y otra vez si podría perdonarla por lo que hizo.
Por romper mi confianza. Y al final lo hice, porque vi la manera en que se mató por nosotras: los cambios, los intentos. Unos fallidos, otros exitosos. Pero jamás dejó de intentarlo. Al final, solo pude verla como la madre que siempre fue. Ahora ni siquiera puedo pensar mal de ella.
Y él sigue intentándolo.
El arco, antes manchado, yacía a un lado. Mi mano, con la confianza recuperada, lo tomó. Y volví a seguir mi camino. El bosque, como siempre, fue una libertad donde me olvidé de todo una vez más.
(POV Peeta)
Solté un suspiro pesado, completamente superado.
Mi cabeza recargada contra el tronco de mi espalda. Incapaz de resolver el manojo de sentimientos que me recorrían: la voz de Vander, exigiendo y dando órdenes; la de mi familia, insultándome y burlándose por mi debilidad; y la de Katniss, dolida, llena de ira.
Y esta última era la que más presente estaba; las demás, a este punto, eran un simple murmullo. Sacudí la cabeza: no había nada que pudiera hacer ahora. Toda acción tiene consecuencias y, por más que dolieran, solo podía seguir adelante.
Katniss necesitaba tiempo y espacio. Y tenía que dárselo. Por ahora debía concentrarme en el plan para mañana. Cuando regresaran Rue y Finn de conseguir corteza de abedul para iniciar el fuego, repasaríamos el plan para no dejar nada al azar. También debíamos establecer un punto de reunión.
Mi mirada se posó en el machete hundido en la tierra, la sangre ya seca en él. Me levanté, tomé la mochila, saqué la camiseta del 6 y el agua para comenzar a limpiarlo una y otra vez.
Al final, solo tiré la playera a las brasas, que la consumieron rápidamente.
Como si eso fuera a borrar algo.
El rojo vivo de las brasas despertó algo en mí.
Flashback
El ¡PAM! seco en mi rostro me hizo girar la cabeza por sí sola con fuerza.
Mi único ojo sano se posó en Vander, tranquilo, arremangándose las manos con calma.
Estaba desnudo, amarrado a la silla, la sangre bajando de mi nariz y labios, mezclándose con la del suelo.
Él me tomó del cabello sin medir la fuerza, obligándome a mirarlo. Esos ojos cafés, casi negros, vacíos de cualquier humanidad, me atravesaban.
—"Todos los demás se rindieron, Mellark. Pero tú sigues adelante"— dijo, soltándome para hundir su rodilla en mi estómago.
El aire salió de mis pulmones con violencia; solo pude soltar unos desesperados ¡Ugh… ahh… ugh! Mientras mi visión se nublaba, pensé que perdería la conciencia.
Pero el aire regresó y con él la tos incontrolable, haciéndome doblarme sobre mí mismo.
Vander giró, tomó algo de la mesa: un soplete y una varilla. El sonido seco del fuego encendió mi temor.
La varilla, paso en un instante a un rojo vivo, estaba a centímetros de mi rostro. Sentí el calor quemar el sudor de mi frente.
—"Bien, solo lo preguntaré una vez más: ¿Dónde está tu escuadrón, quién te mandó aquí?"— su voz dulce, como si nada pasara.
No respondí. Él apretó mi cabello, acercando más la varilla a mi ojo.
—"¡Contesta, ¿Dónde está tu gente, quién te mandó aquí?!"— rugió.
Mi pecho se descontroló, pero negué con la cabeza. Soy fuerte. Soy capaz. No soy un inútil.
La risa de Vander resonó mientras soltaba un poco mi cabello, aunque la varilla no se movió del todo.
—"Muy bien, chico… aprobado"— felicitó, pero su mirada decía lo contrario —"Toda decisión tiene consecuencias… y en interrogatorios reales, créeme, no se dejarán nada"— terminó.
El ¡Ssshh! del metal al contacto con algo cercano me hizo reaccionar instantáneamente, soltando un —"¡AHH..!"— mientras mi espalda se curvaba por el dolor. Negando con la cabeza, el ardor quemó mi pecho, y la luz en mis ojos se apagó, arrastrándome a la oscuridad.
Fin del Flashback
Inconscientemente llevé la mano a la marca en mi pecho.
Pero fue entonces cuando los pasos en las hierbas me regresaron a la realidad. El aire húmedo del bosque, a tierra, se quedó en mi nariz.
Finn, con las manos llenas, caminaba esperando no caer, con Rue a su lado que no llevaba nada.
—"¿Por qué tengo que llevar todo yo?"— le recriminó, mientras dejaba caer las cortezas, su mirada fija en Rue.
—"Porque eres un caballero, Finn, ya te lo dije"— le contestó, sonriendo burlonamente.
Finn solo levantó la mano con enojo, como si quisiera estrangularla. Pero no dijo nada, solo se dejó caer.
—"Por cierto, Peeta. Encontramos una cueva"— agregó Rue, cruzándose de brazos.
—"Ah, sí. No entramos, Rue dijo que no era buena idea, que podía haber un animal o algo. Pero ambos pensamos que es buena idea investigarla para poder pasar la noche ahí, ya nos cansamos de dormir en los árboles"— soltó lo último mientras tiraba un poco de corteza en las brasas.
No es mala idea.
Después de todo, teníamos que movernos de aquí. Marvel y compañía no tardarían en dar con nosotros. Teníamos ventaja después de anoche; lo más seguro es que aún estuvieran cazando.
—"Es buena idea"— comencé. Al instante, Finn levantó la vista con orgullo.
—"Esperaremos a Katniss y después iremos a checarla"— vi cómo ambos se tensaron.
Después de lo que pasó, era normal. Aún no sabía cómo serían las cosas, pero lo que sí sabía era que teníamos que cuidar a estos dos.
Cerré los ojos solo un momento, recargándome contra el árbol…
—"¡Finn deja de hacer trampa!"— el grito de Rue me hizo salir de la oscuridad.
Cuando mi mirada regresó, buscando algún peligro o cualquier cosa, lo que encontré fueron los ojos grises de Katniss, y una planta a centímetros de mi rostro.
Ambos nos quedamos así, solo así. Noté cómo en su mirada aún había duda, decepción, incluso un poco de ira. Pero estaban más tranquilos. Tragué en seco. Igual que ella.
—"¡Sé que estás haciendo trampa!"— volvió el chillido de Rue, rompiendo por fin el extraño momento.
Katniss retiró su mano, para encarar a los dos niños, que jugaban con unos palos dibujando en el suelo.
—"Ustedes dos basta. Ya te dije, Rue, que no se puede hacer trampa en tres en raya. Y tú, Finn, no seas aprovechado"— los regañó al instante. Ambos solo bajaron la mirada, sus mejillas rojas por la vergüenza.
—"Y tú no te muevas, estoy curando la cortada en la mejilla"— terminó, volviendo a acercar la planta a mi rostro.
No dije nada, no quería cagarla. Note que el día avanzo demasiado, tal vez eran las 3 o 4 de la tarde.
¿Cuánto dormí?
—"¿Con qué te hiciste esto?"— demandó, sin reconocerme del todo.
—"Una flecha"— respondí, con una voz que apenas reconocí como mía.
Ella se detuvo un segundo, como si la idea de una flecha, cerca de mi cabeza, la golpeara. Pero se recompuso al instante y presionó la planta varias veces.
—“Los chicos me dijeron de la cueva. Después de comer algo, sería buena idea ir a investigarla. Si podemos pasar la noche ahí, mejor”— me dijo. Solo asentí, y ella simplemente se alejó de mí.
Pero mi vista no se fue de ella. Mi corazón hecho jirones por su actitud, su preocupación a pesar de todo lo que sentía. A pesar de todo, no se iba a rendir conmigo. Un calor diferente al fuego que me marcó hace años se posó en mi pecho.
Esperanza.
Y así me quedé, hasta que se giró, extendiéndome un muslo que ignoré. Su ceño se frunció al instante.
El —“¿Qué?”— no se hizo esperar de su parte.
Y más por reflejo que por otra cosa, solo sonreí de lado antes de decirle: —“Nada… solo disfruto de la vista”— me di cuenta de mi error cuando su expresión se quedó en blanco.
¿Qué estoy haciendo? Acaso soy estúpido…
Abrí la boca para decir cualquier cosa, pero el muslo me golpeó en la cara aún en su mano. Mis ojos la buscaron, solo para verla rodar los ojos.
—“Solo come, tonto”— me ordenó, lo último un susurro mientras tomaba el muslo de su mano.
Y en medio de todo, entre brasas, marcas y heridas, la calma regreso.