ID de la obra: 683

La Chispa en la Oscuridad

Het
NC-17
En progreso
3
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planificada Maxi, escritos 524 páginas, 192.901 palabras, 29 capítulos
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El Precio de la Supervivencia

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Capítulo 20: El Precio de la Supervivencia (POV Peeta) La noche había caído, la oscuridad me cubría mientras afilaba lentamente el machete. El murmullo de los animales nocturnos apenas llenaba la zona, y mis ojos seguían vagando por cada sombra en busca de amenazas. No había nada. Solo una quietud engañosa. La cueva era perfecta, un refugio amplio y bien escondido. Ahora solo tocaba esperar el amanecer para ejecutar el plan: golpear los suministros, desestabilizar a los Profesionales. Cuanto antes lo hiciéramos, antes podríamos terminar con esto. Me detuve cuando unos pasos se hicieron audibles a mi espalda. Dejé el machete a un lado, justo cuando Katniss se desplomó en el otro extremo de la entrada, a apenas un paso. Decir que la tensión era incómoda era quedarse corto. Desde la comida, apenas habíamos intercambiado palabras, y el silencio ahora pesaba como una roca. Aun así, tenía que darle su espacio; ella tenía que decidir por sí sola. Mi naturaleza completa estaba expuesta. Por mucho que intentara ser el Peeta amable del tren o la azotea, sabía que esta frialdad también era parte de mí, sobre todo ahora. El deseo de que las cosas fueran diferentes siempre estaría ahí, pero sabía que perseguir ese anhelo era tan inútil como perseguir el viento. Sin poder evitarlo, mi voz salió por sí sola —"Yo también quisiera que las cosas fueran diferentes"— comencé a decirle mientras levantaba mi mirada al cielo. —"Pero no lo serán. Pasé muchos años deseándolo, pero comprendí que era un deseo vano, una espina que solo conseguiría hundirse más. Cuanto más me aferrara a ella, más me dolería la realidad, porque las cosas nunca serían diferentes"— bajé la mirada hacia ella, que solo observaba el cielo, perdida. No sabía si me ignoraba o solo meditaba, así que guardé silencio, y mis manos regresaron en automático a la tarea de afilar el machete. No sé cuánto duramos así en un silencio pesado, pero cuando menos lo esperé, ella lo rompió. —"Yo… lo entiendo, sé cómo se siente eso"— su voz fue un pequeño murmullo. —"Cuando papá murió, yo deseé todos los días que las cosas fueran diferentes"— la mención de su padre me hizo dejar el machete al instante y fijar toda mi atención en ella. —"Entre más veía a Prim, a mamá desaparecer, más y más dolía que las cosas no pudieran ser diferentes"— su vista descendió al suelo, perdida como si regresara a esos días. El deseo de alcanzarla llego, pero antes de poder hacer cualquier cosa, ella continuó. —"Así que lo dejé ir y me encerré en mi caparazón, en un intento de protegerme. Me dije una y otra vez que las cosas nunca serían diferentes, que siempre serían así"— se detuvo solo para encontrarme con esos ojos grises que me hacían olvidar todo por un segundo. Y sin apartar su mirada de la mía, con una fiereza tan característica en ella, solo terminó por decir. —"Pero una bolsa de pan y un paraguas me hicieron cambiar de opinión. Tal vez las cosas no pudieran ser diferentes o regresar a como eran antes, pero sí podían cambiar a algo mejor"— terminó, y una vez más vi esa llama que siempre estaba presente en ella. Algo me calentó el pecho. Pero, ¿realmente las cosas podían cambiar a algo mejor en nuestra situación, con los Juegos, con el Capitolio, con mi pasado, con Bran? Yo sabía que no era posible, pero esa mirada enfrente de mí me hacía creer que sí, como lo hizo hace tantos años abajo de ese árbol. (POV Katniss) El viento fue lo único que se escuchó después de mis palabras, un escalofrío me recorrió al golpearme. Como en la pradera del 12. Soltar lo que me rondaba desde la comida fue como quitarme un peso de encima. Sabía que mis palabras lo golpearon; lo noté en cómo su mirada veía más allá de mí. Tenía que ser totalmente honesta, dejar esto claro. Mañana saldríamos; no sabía cómo terminarían las cosas. Sentía que no podíamos quedarnos así, teníamos que llegar a un acuerdo. No se trataba de una disculpa o un perdón; no era tan simple. Solo necesito que él sepa que lucho por él y espero que él haga lo mismo. Que no se pierda en la oscuridad. Sabía que él no cambiaría su manera de actuar. No aquí. Después de todo, esto son Los Juegos y, por más que duela verlo así, tengo que aceptar que no se trata de él, sino de lo que el Capitolio exige. Lo entendía, sabía que era así, pero aceptarlo era otra cosa. Su voz regresó en mi mente: "Siempre serás tú". La forma en que lo dijo, su mirada... una promesa clara de que él no se detendría. Fueron esas palabras las que me dejaron una presión en el pecho. —"Sigo olvidando quién eres, de dónde vienes"— el comentario se me escapó, obligándolo a enfocarme. Me hice bolita, abrazando mis piernas y mirando hacia el bosque oscuro. Él era un convicto, alguien que había hecho cosas terribles. Creció en un ambiente hostil, lo entrenaron de forma brutal, y cada cicatriz en su cuerpo lo probaba. Eso también era parte de él, y tenía que aceptarlo en algún momento. Tomé aire. Lo encaré y solté: —"Pero eso no cambia lo que dije en la azotea"— terminé tajantemente. Me moví y cerré la brecha, mi hombro chocó con el suyo. Me sentí estúpida por la tranquilidad inmediata de tenerlo cerca. La culpa seguía ahí, pero decidí ignorarla. Sentí su mano acercarse tímidamente, atrayéndome, y me permití recargar la cabeza en su hombro. Los párpados me pesaban. El cansancio de una noche sin dormir y la avalancha de sentimientos por fin me tumbaron. (POV Haymitch) La señal en mi pantalla personal mostraba como la niña se había desplomado, superada por un día de mierda. Me pasé la mano por el pelo, alisé el desastre. El chico la acunó mejor para que descansara. Sabía que esto no saldría al aire. El Capitolio quería extender su estúpido conflicto lo más que pudieran. Bien. Al menos ya limaron asperezas. Es un inicio. Un peso en el hombro me hizo voltear. Una peluca rosa y chillona, invadió mi visión, seguida de un suspiro. Effie se sentó a mi lado en el sillon sin pedir permiso. —"Supongo que todos queremos que las cosas hubieran sido distintas en algún momento, ¿no es así?"— soltó. Su voz era un hilo, casi un murmullo. La miré. Sus ojos... eran tan intensos que me dieron un escalofrío que no pedí. Mi mente viajó, de mala gana, a años atrás, cuando era una asistente nueva y yo el niño testarudo, lleno de rabia y sin un gramo de futuro. Sí, quería que todo fuera diferente, sobre todo ahora, cuando volvía a ser esa Effie. No la basura del Capitolio, llena de brillo estúpido y risas falsas. Solo pude gruñir un —"Sí"— mantuve la mirada fija en ella. Me regaló una sonrisa tenue y tanteó mi mano. Mis dedos se cerraron sobre los suyos por instinto, una mierda de reflejo que venía de la sala de patrocinadores. No, no debíamos hacer esto. Cuanto más avanzaban estos Juegos, más regresábamos el uno al otro. Y eso no podía suceder. No si quería protegerla de Snow, de la jodida rebelión que se cocinaba. Me lo prometí después de lo de mi familia. Una cosa era que me limpiara el vómito o me arrastrara a la cama durante los Juegos. Otra muy distinta era pasar tiempo conmigo sobrio, haciendo resurgir toda la basura que había enterrado. Pero no la aparté. No podía. Por mucho que mi instinto me gritara, verlos a ellos en la pantalla —en un desastre diez veces peor que el nuestro—, solo hacía que apreciara este instante. Las palabras del chico en la azotea regresaron a mi cabeza. Hablaba desde su jodido idealismo, pero no mentía: el miedo era lo que estancaba cualquier avance con Effie. No era solo el miedo. Ahora conocía más capas de ella, cosas que nunca me había molestado en descubrir. Haberme deshecho de ella por completo de mi vida personal, hizo que ella hiciera lo mismo conmigo. Y saber como se mueve por el Capitolio, solo empeoraría las cosas. Si la rebelión se enteraba, no dudarían en exigirme usarla. Eso no pasaría. Hay más en ella de lo que nunca me imaginé. —"Pero... no podrán ser diferentes, ¿cierto?"— Soltó, de repente, la voz casi rota. Sus ojos estaban fijos en la pantalla también. El significado me golpeó. No hablaba de los niños, sino de nosotros. No dije nada. Me quedé allí, apretando su mano con una firmeza deliberada, para transmitirle la única respuesta que podía darle sin condenarla. No, maldita sea. No pueden. —"Mi chica en llamas tiene razón en algo, Haymitch"— volvió a hablar, devolviéndome el apretón. —"Que, aunque no podamos regresar el tiempo y cambiar las cosas, siempre podemos mejorar"— susurró lo último. Su cercanía me desarmó por completo. Se acercó lentamente para posar sus labios en mi mejilla. —"Buenas noches, Haymitch"— mencionó, y se escapó de mí. La seguí con la mirada hasta que desapareció por la puerta, y por primera vez en muchos años, me planteé seriamente seguirla. Pero el malestar en mi pecho opacó el calor de su beso en mi mejilla. No puedo, por más que lo anhele. (POV Prim) La plaza del Distrito estaba abarrotada de nuevo, y, como siempre, todos estábamos pegados a las pantallas. La noche transcurrió con repeticiones de los sucesos de Mellark en los Juegos, enfocándose en las muertes. Todo esto después de que Katniss se había ido a dormir y él se había quedado haciendo guardia en la entrada de la cueva. Ahora estaban terminando de comer un poco de ardilla antes de salir a la misión que tenían en mente. Me sentí más confundida por la forma en que se trataban, como si lo de ayer se hubiera borrado. Simplemente no lograba entender qué estaba pasando; sentía que había un vacío, que faltaba algo grande. No sabía qué era, pero podía ver que los demás también habían empezado a notarlo. Mamá fue la primera en sentirlo, desde ayer, cuando murmuró que algo más había pasado. Se quedó el resto de la tarde en silencio, pensativa, como si tuviera un rompecabezas al que le faltaban piezas. Pero cuando le pregunté qué pasaba, después de que los Hawthorne se fueron, solo dijo que nada. Como si yo fuera muy pequeña para comprenderlo. No quise presionarla, pero sabía que algo la estaba preocupando. Y ahora Gale también parecía confundido, más cansado, incluso abrumado. Aun así, nadie decía nada, solo mirábamos en silencio, esperando el siguiente movimiento. La voz de Mellark rompió las pláticas dispersas en todas partes: —"Bien, primero, cuando inicien las fogatas, creen tanto humo como sea posible para que se vea más allá de la punta de los árboles"— les comenzó a explicar a Rue y Finn, quienes miraban con total atención. —"Una vez que sea lo suficientemente alto, deben regresar a la cueva sin mirar atrás. Si la explosión se escucha hasta aquí, significa que tuvimos éxito. Entonces, Katniss y yo los veremos aquí. ¿Entendido?"— les preguntó, solo para recibir un asentimiento rápido de Rue. —"¿Y qué pasa si no escuchamos la explosión?"— le rebatió Finn, alzando una ceja con desconfianza. —"Que eres sordo, Finn. Felicidades"— se burló Mellark, solo para recibir un leve empujón de Katniss. Finn se limitó a cruzarse de brazos, su mirada entrecerrada contra Mellark. —"Significará que los profesionales no cayeron en la trampa, no fueron a revisar y, por ende, no pudimos llevar a cabo el plan. Si eso pasa, nos retiramos y buscamos otra manera, Finn"— le respondió Katniss, con su voz simple y directa. —"¿Qué te costaba decirme eso, Peeta?"— soltó enojado Finn, fulminando a Mellark. —"Por favor, Finn, si Rue es capaz de llegar a esa conclusión, ¿cómo es posible que tú no puedas?"— le regresó él, soltando un suspiro de cansancio evidente. —"Ya, ya, es mejor que nos movamos de una vez. Seguro que todo saldrá bien"— interrumpió Rue, levantando las manos en un intento de calmar los ánimos. Sin más, todos comenzaron a caminar en fila, con Mellark al frente y Katniss al final. Rue platicaba animadamente con Finn sobre lo cómoda que fue la cueva, a diferencia de dormir en los árboles. —"¿Qué crees, Gale? ¿Lo pueden conseguir?"— preguntó Rory, rompiendo el silencio, mirándolo con detenimiento. —"Todo depende de qué tan desesperados estén los profesionales"— respondió simplemente, mientras juntaba sus manos sin apartar la vista de Mellark. —"Tu hermano tiene razón"— le confirmó Daisy. Y esa era la verdad, todo dependería de ese punto. ¿Pero estaban desesperados? Bueno, supongo que lo veríamos en unos momentos. Yo solo quería que Katniss no estuviera en peligro o que no cayera en una trampa; era todo lo que me importaba realmente. Pero, aunque sentía que algo no cuadraba, yo creía que Katniss, en cuanto tumbaran los suministros, debía escapar con Finn y Rue y dejar a Mellark a su suerte. Él era un monstruo, sí, hábil para matar, pero en la supervivencia, mi hermana le ganaba con creces. Aunque es bueno rastreando, encontró fácilmente a la chica del 9. No, Katniss era mejor. Podría esconderse mejor con Finn y Rue, y si él la encontraba, ella tenía el arco y podría matarlo fácilmente. Matar siempre era la última alternativa, pero... Mellark era un maldito. —"Yo creo que Peeta puede con ellos. ¡Él es genial!"— soltó Vick, de la nada, dejándonos a todos callados. ¡¿Q-qué?! Fue lo único en mi mente. ¿Cómo el inocente Vick podía pensar que el loco de Mellark era genial? Gale lo veía como si le hubiera crecido otra cabeza. —"V-Vick, hijo…"— dijo Daisy, perdida, mirándolo como si fuera la primera vez. —"¡Él no es genial, Vick! ¿Cómo demonios puedes decir eso? ¡Él podría matar a Katniss!"— le dije. Sentí mi rostro caliente, mientras apretaba mis manos con fuerza. —"Yo no creo que él quiera hacerle daño a Katniss. Es más, creo que hacen linda pareja"— me respondió con una inocencia que dolía. Eso me dejó en silencio. Solo podía ver a Gale abrir y cerrar la boca varias veces, tartamudeando un "¿Qué?" infinito que nunca salía completamente. Rory, en cambio, solo parpadeaba, en shock por las palabras de su hermanito menor. —"Sí, es alguien malo, pero lo hace por una buena razón: por Katniss"— sentenció, destruyendo cualquier sentido común con sus palabras. Ahora creía que Vick vivía en un mundo aparte, en un universo alterno. Estuve a punto de gritarle, de llamarlo estúpido, pero recordé que solo era un niño de nueve años. Uno que no entendía. La atención de todos cambió de golpe cuando el audio regresó a la pantalla, obligándonos a ignorar a Vick. —"Bien, demos unos minutos a que el humo suba"— susurró Katniss a Mellark mientras esperaban en unos matorrales. La imagen se amplió, mostrando la Cornucopia a lo lejos. Los profesionales eran solo unos puntos, y de la nada, esos puntos comenzaron a correr hacia el bosque. El plan había comenzado. (POV Katniss) —"Y ahí van"— susurró Peeta. Vi a Marvel correr haciéndole señas a Clove para que lo siguiera. Iban por Finn. En cambio, el chico del cinco y Glimmer corrían hacia la zona de Rue. La duda me golpeó de inmediato. Mi mano se cerró fuertemente en el arco. Pero la mano de Peeta se posó sobre la mía. Salí de mi mente mientras me daba un leve apretón. —"Ya no estarán ahí, es mejor salir y terminar con esto de una vez"— dijo mientras me miraba fijamente intentando transmitirme confianza. Solo asentí. Teníamos que movernos ya. Un disparo a una mochila o caja, y la gravedad hace el resto. Estiré la flecha en el arco, tomé aire, mientras mi mirada se quedaba fija en una pequeña mochila en la cima de la montaña de suministros. Pero un ruido detrás de nosotros me hizo girar, solo para encontrar un hacha volando hacia mi rostro. Me quedé completamente congelada. El hacha se detuvo justo frente a mi cara. Sentí el filo apuntándome; mi corazón se disparó, pero no se movía. ¿Qué? Bajé la vista solo para ver una mano tomándola fuertemente por el mango. Seguí la mano hasta Peeta que miraba al frente, sin ninguna emoción presente en su rostro, solo el vacío. Tragué saliva con fuerza. —"Dispara la flecha"— soltó, simplemente, dejando caer el hacha al suelo. Fue cuando vi al chico del 5 a unos metros con la mano extendida, en su rostro una mueca de incredulidad. Si él estaba aquí, lo más seguro es que los demás también estuvieran en camino. Tenía que hacer esto rápido. No lo pensé más. Me giré, levanté el arco, tomé aire, enfoqué la mochila y solté. Vi la flecha volar con rapidez hasta golpear la mochila. Todo pareció ir lentamente. Las manos de Peeta tiraron de mí al suelo mientras me cubría con su cuerpo, y simplemente el ¡BOOOOOM! gigantesco explotó, ensordeciéndome. Una ola de polvo y cosas rebotando en todas partes fue seguida de un silencio ensordecedor. Peeta. Me giré para verlo. Sus brazos me sostenían, pero su mirada estaba fija más allá de mí. Estaba bien. Él estaba bien. Puse mi cabeza contra su pecho, escuchando su latido para calmar el estruendo aún presente en mis oídos de la explosión. Sentía su cuerpo vibrar. —"Kat, tienes que irte ahora. Ve a encontrarte con Rue y Finn"— su voz era plana. Levanté la vista al instante. Sonaba igual que cuando se fue por la chica del 9. El temor me invadió. El sentimiento de traición volvió, pero esta vez fue distinto: él me tomó de la mejilla. No había lucha en sus ojos, ni vacío. Solo dolor. Sus labios calientes chocaron brevemente contra mi frente. Luego me miró. —"No quiero hacer esto, pero no hay otra forma. Tienes que ir. Yo lo distraeré para que no te siga, ¿sí? Tienes que asegurarte de que ellos estén bien"— dijo, esperando mi confirmación. Pero simple pude negar con la cabeza, pero ¿Realmente había otra salida? El arco en mi mano se sintió pesado. (POV Haymitch) Mis manos apretaban con fuerza el escritorio. Mis ojos viajaban por el monitor intentando distinguir algo entre tanto polvo. Cuando, por fin, la humareda se disipó, mi alma regresó a mi cuerpo de golpe. Ahí estaban los dos. Peeta la cubría con su cuerpo, pero su mirada no estaba en ella. Moví el control para ampliar la imagen. Sabía que el mocoso del 5 andaba por ahí. El estruendo de la puerta abriéndose, seguido de unos tacones, anunció a Effie. Sin decir nada, asomó la cabeza a mi lado, la vista fija en la pantalla. Solo dejó la taza de café en el escritorio. —"¿Qué me perdí?"— preguntó ella, mientras su ceño se fruncía por el alboroto en la pantalla. —"Al parecer no cayeron en la trampa o, al menos, el mocoso del 5 regresó. Da igual, consiguieron destruir los suministros. Si los demás no aparecen, todo estará bien"— le respondí, mientras subía el volumen. La chica parecía debatirse, negando con la cabeza. Pero Peeta no le dio tiempo para más. Se puso de pie, tirando de ella. El chico tomó el machete mientras, a lo lejos, el 5 apenas se ponía de pie. —"¡Ve, Katniss!"— le demandó Peeta, pero ella se quedó clavada, mirando el suelo. ¿Qué diablos planeas, niña? —"¡Kat…!"— exclamó Peeta de nuevo, pero fue silenciado. En un abrir y cerrar de ojos, la chica cargó y disparó una flecha directamente al 5. Seguí la flecha con la cámara hasta que se estrelló de lleno contra la pierna, tirándolo al suelo mientras gritaba de dolor. La mano de Effie se posó en mi hombro, apretando con fuerza. Solo lo incapacitó, bien pensado. Katniss tomó la mano de Peeta y echaron a correr hacia la maleza. Llevé mi mano, inconscientemente, a la de Effie, soltando un suspiro. Mis ojos se posaron en el café del escritorio, imaginando un whisky. —"Esa es mi chica en llamas, lista como siempre dije"— se revolvió Effie, soltándome para dejarse caer en el sillón. —"Aún no cantes victoria. No sabemos si los demás están por ahí"— le dije, girándome ya con la taza en la mano. Eso pareció bajarle el humor, pero la sonrisa no se borró de su rostro. Solo soplé a mi taza antes de darle un trago que me quemó la garganta. Effie sí que sabe preparar café. —"Está bueno, ¿verdad? Es que tiene el toque especial"— me dijo, simplemente, mientras me guiñaba un ojo. Rodé los ojos. Jamás escucharía ese cumplido de mi boca; solo alimentaría su ego capitolino. Estaba a punto de burlarme cuando, de repente, un grito llenó la sala. —"¡Ayuda, por favor, Katniss, Peeta, Finn! ¡Ayuda!”— Me giré para ver que Katniss y Peeta pararon en seco. Katniss se zafó de la mano de Peeta, quien reaccionó al instante intentando detenerla, pero no la alcanzó. Podría ser una trampa. Dejé la taza para concentrarme. Yo no podía ver dónde estaba la pequeña, pero se escuchaba cerca. ¡No seas estúpida, Katniss! Pero entonces la niña apareció debajo de una red. Una trampa. Katniss se abalanzó sobre ella, navaja en mano, lista para liberarla. —"¡Ya estoy aquí, Rue! ¡Todo estará bien, tranquila!"— le dijo mientras comenzaba a cortar la cuerda. Mis manos subieron en automático a mi cabeza, cuando la sombra de Glimmer apareció con su espada en alto detrás de Katniss. El —"¡Cuidado!"— de Rue y Effie resonó con fuerza. ¡¿Dónde demonios estás, Chico?! (POV Prim) Mis manos se habían posado sobre los hombros de Rory, apretándolos con fuerza mientras el humo se dispersaba de la explosión gigantesca. Mi corazón palpitaba con furia. Después de ver el hacha casi insertada en la cabeza de Katniss, sentí ganas de desmayarme. Pero, de nuevo, el alivio de ver a Mellark deteniendo el golpe me incomodó profundamente. Él no era un salvador. Era malo, detestable, un asesino. Me lo repetí, pero las palabras de Vick ganaron fuerza en mi cabeza. ¿Tal vez...? No, no podía ser así; yo lo vi. Todos lo vimos, sabemos quién es. No podía ser de otra forma. Lo siguiente que vimos fue a Mellark tirando de mi hermana para que se pusiera de pie, mientras le gritaba que se fuera. Para mis adentros, este era el momento. Vete, Katniss, vete y no voltees. —"Prim, Prim, ya suéltame, me duele"— exclamó Rory, moviéndose para huir de mi agarre. Al instante lo solté. Levanté mis cejas en son de disculpa. Pero el grito en la pantalla me hizo fijar la vista nuevamente: el niño del 5 estaba en el suelo, tomándose la pierna, de donde sobresalía una flecha. Los murmullos alrededor comenzaron. —"Se niega a dejarlo, ¿por qué?"— soltó Gale entre dientes, sus dedos golpeando su viejo pantalón. —"Porque lo quiere"— le respondió Vick, y en ese momento creí que un puñetazo en el rostro hubiera sido menos doloroso. La cara de Gale se descompuso en completa conmoción. Fue como una bomba para Daisy, mi Mamá, Rory y para mí. Vick siempre fue un niño reservado, tranquilo y muy observador. Pero solo tiene nueve años. Me lo recordé a mí misma. Él no seguía a Gale con la misma intensidad que Rory. ¿Qué había visto para llegar a esa conclusión? Y mi boca reaccionó sola, sin poder contenerme: —"¡¿Por qué dices eso, Vick?!"— le grité. Quería defender a Katniss, a Gale. ¿Cómo era posible que su propio hermano dijera tal cosa? ¿Acaso no sabía lo que su hermano sentía por mi hermana? ¿Acaso esta era algo que ellos como familia habían estado hablando? —"Porque cuando lo ve a él, no es como cuando ve a Gale”— me respondió tranquilamente, dejándome con la mandíbula en el suelo. —"¡Vick Hawthorne!"— el rugido de Daisy me hizo cerrar la boca. Fue en ese momento que me di cuenta de que Vick había hablado sin pensar, por la forma en que sus ojos se abrieron y volteó a ver a Gale, el cual se dejó caer en la grada con la vista fija en la nada, completamente ido. —"¡Quiero que te disculpes ahor…!"— el rugido de Daisy fue interrumpido por un grito que llenó la plaza. Es Rue. En la pantalla, Katniss corría desesperadamente. Mellark iba detrás, intentando alcanzarla, pero ella desapareció tras un árbol y, cuando Mellark giró para seguirla, paró en seco. La cámara se enfocó en Katniss, que cortaba desesperadamente la red donde estaba Rue. Entonces, mis manos subieron solas a mi boca cuando Glimmer apareció detrás de ella con su espada, lista para rebanarla. El —"¡Cuidado!"— de Rue fue un eco de mi cabeza. Fue demasiado tarde. Todo iba lento: los gritos, los murmullos, los jadeos. Hasta la espada parecía bajar despacio. Mi mente me ordenó cerrar los ojos, pero no pude. —"¡HIJA!"— El grito de Mamá estalló justo cuando el machete apareció, golpeando la espada en el último segundo. La espada se clavó con fuerza en el suelo, junto a Katniss. Al instante, Katniss soltó la navaja, empujó a Glimmer, que perdió el equilibrio y cayó. Katniss se abalanzó sobre ella sin dudarlo. La imagen cambió: Mellark atrapó la lanza de Marvel con la mano derecha, dio media vuelta y lo golpeó con el codo en el rostro, obligándolo a soltarla. Al instante, Marvel cargó contra él. Marvel lo estampó de espaldas contra un árbol y comenzó a golpearle el abdomen repetidas veces. Pero Mellark ni se inmutó; solo levantó el codo, dejándolo caer sobre la espalda de Marvel para que lo soltara. Luego lo tomó de los hombros y lo lanzó contra el árbol. Mellark intentó conectar un rodillazo, que Marvel alcanzó a cubrir con sus brazos, pero Mellark aprovechó y le dejó caer la cabeza en el rostro. La sangre empezó a caer de la nariz de un Marvel perdido, que no pudo hacer nada cuando el puñetazo le dio de lleno en la mejilla. Mellark entonces lo tomó del cuello, y yo sabía lo que se venía: otra muerte más para él. ¡BOOOM! El ruido del cañón retumbó con una fuerza que nos dejó congelados a todos en la plaza. Peeta giró la cabeza rápidamente, mis piernas comenzaron a temblar. ¡Katniss! ¿Dónde está Katniss? La imagen se dividió para mostrar a Glimmer, desorientada, sosteniendo su espada lista para atacar a Katniss. Fue en ese momento de distracción que la pequeña Rue saltó sobre ella, clavándole en el hombro la navaja que Katniss había dejado caer. —"¡AHH!"— gritó Glimmer, tirando a Rue al suelo. —"¡Pequeña perra!"— soltó, quitándose la navaja del hombro y lanzando un corte que le dio de lleno a Rue en el brazo. —"¡NO!"— fue un grito al unísono de todos en la plaza, incluido el de Katniss. Mis pies temblaban incontrolablemente mientras Rue se retorcía en el suelo, sosteniendo su brazo, que comenzaba a sangrar abundantemente. De reojo vi a Mellark soltar a un vivo Marvel y empezar a correr. La imagen se centró completamente en Katniss, que intentaba arrastrarse hacia el arco. Justo cuando su mano lo tomó, un pie apareció, aplastándolo con una fuerza aterradora. Y cuando la cámara subió, mi corazón se paró en seco, y los "no puede ser" inundaron el lugar.
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