Capítulo 24: Tretas Mortales
(POV Peeta) ~Veneno~ La palabra se quedó suspendida en el aire y en mi mente, mientras seguía mirando fijamente la cortada morada en el brazo de Rue. El movimiento desesperado a mi lado me llamó la atención. Sin pensarlo, Katniss tomó mi brazo y con pánico comenzó a levantar la manga de mi mano. Cuando finalmente lo consiguió, se quedó quieta, viendo fijamente mi herida. Luego bajó la cabeza. La cortada había comenzado a cerrarse y no había rastros morados por ningún lado. Así que solo fue cosa de Glimmer. ¡Maldita sea Johanna y sus estrategias! El gemido de Rue me hizo regresar a ella. Sus ojos cafés se abrieron, acompañados de pequeñas manchas amarillas. —"Peeta… me duele la cabeza y el brazo… ¿qué está pasando?"— comentó con la voz quebrada, suspirando con dificultad. Abrí la boca, listo para decirle la verdad. Pero me quedé ahí, mirándola fijamente. Cerré la boca, apretando la mandíbula. No podía hacerlo. —"Rue, no te levantes. Necesito que tomes un poco de agua, ¿sí?"— La voz de Katniss, inclinándose para sostenerla, me sacó de mi rabia. Su mirada se clavó en mí. Me giré para caminar hacia la cantimplora de Rue, mientras escuchaba cómo Rue reconocía a Katniss con un timbre de voz esperanzador. Sentí una piedra en el estómago. Mi mano se cerró en la cantimplora con más fuerza de la necesaria, mientras temblaba. Fue cuando las vi otra vez que la rabia pasó a ira ciega. Katniss le sonreía suavemente, susurrando algo alentador. Era una mentira, pero yo podía ver a través de ella el dolor, la duda. Su mano se estiró hacia mí. Sin decir nada, dejé la cantimplora en la suya. Sin perder tiempo, le dio de beber, pero Rue solo pudo tomar un poco antes de empezar a toser. —"Despacio, tienes fiebre"— le dijo en voz baja, retirando la cantimplora. —"Al parecer te enfermaste, necesitas descansar"— Otra mentira cruel, pero que entendía. Rue solo asintió moribundamente. Mi mano se posó en el hombro de Katniss, calmando un poco el leve temblor en ella. Katniss la sostuvo por un tiempo, mientras yo la sostenía a ella. Hasta que Rue regresó a dormir. Fue entonces cuando Katniss ya no pudo aguantar más, se levantó y salió de la cueva sin decir una palabra. La seguí. La lluvia ahora era solo un goteo leve aquí y allá. Caminamos unos minutos en silencio. Katniss se detuvo a unos pasos de mí. —"¿Cuánto?"— soltó, dándome la espalda. Sus manos estaban cerradas, la cabeza gacha. Mi garganta se secó. Sabía perfectamente a qué se refería y una parte de mí quiso mentir, engañar, proteger. Pero no funcionaría. —"No lo sé con seguridad, pero no creo que pase de mañana"— respondí finalmente, dando un paso adelante. La vi respingar ante la respuesta, negando con la cabeza. —"Sabíamos que esto pasaría en algún momen—" Me detuve al instante, reconociendo mis propias palabras. Cerré los ojos. —"¿Qué?"— dijo, girándose —"¿Qué pasaría, Peeta?"— volvió a preguntar, su mirada fija en mí. Me pasé la mano por la cabeza, también superado. Ella caminó hasta estar frente a mí y golpeó mi pecho con su dedo. —"Dime. Contesta"— demandó —"¡Que ella tenía que morir también para que yo saliera de esta Arena, ¿eh?!"— terminó de gritar, golpeándome otra vez. Abrí la boca para contestar, pero ella se me adelantó —"¡Acaso no te importa lo que pase con ella!"— soltó esta vez, dándome con el puño cerrado. —"¡Hace unos momentos llorabas porque te culpabas por todo y ahora me sales con esto!"— Sus ojos me tragaban, seguidos de su golpe insistente. —"¡Qué pasa si yo quiero que ella gane, que ella regrese a casa con sus hermanos! ¡Ella también tiene familia, Pee—!" La interrumpí tomando su mano, que regresaba a golpearme. —"¡Crees que no lo sé!"— rugí, gritándole por primera vez, completamente cegado por el dolor. —"¡Crees que yo quiero esto! ¡Que ella muera no es algo fácil para mí, como no lo es para ti! ¡Pero qué puedo hacer! ¡Dime!"— le dije, apretando levemente su mano. —"¡Al final el que se tragará toda la culpa voy a ser yo!"— Terminé, soltando su mano en un intento de no hacerle más daño. Me giré, frotándome el rostro con fuerza. Lo hice para volver a encararla. Cuando nuestras miradas se encontraron, solo pude soltar un suspiro. —"Kat..."— Se me escapó. Estiré la mano buscando la suya, esperando el rechazo. Sabía que tenía que ser así; había sido el patrón de toda mi vida. La dejé ahí, esperando, dándole la última palabra. Como siempre, ella tenía derecho a elegir. Jamás debía quitarle eso. Cerré los ojos cuando no la tomó, y fue como si algo se rompiera, lo poco que me quedaba. Pero entonces sentí su pequeña mano sobre la mía, y fue como si el aire regresara a mis pulmones. Abrí los ojos, solo para ver la tormenta en ella. Pero a pesar de todo, aún estábamos juntos. La atraje hacia mí, abrazándola. —"Estamos en un juego donde no habrá un ganador, sin importar quién salga"— le susurré. Sentí sus manos aferrarse a mí. Y solo pude sostenerla como ella me sostenía a mí. Era nuestro momento de dolor, porque no había más. Ninguno de los dos podía hacer nada más. La voz estridente en el cielo rompió el abrazo. La voz de Templesmith llenó la Arena. Incluso la lluvia se detuvo por completo. —"Atención, tributos. Una Cornucopia repleta de provisiones espera a cada tributo en el Cuerno mañana al mediodía. Cada mochila contiene lo que más necesitan y más desean"— El anuncio retumbó en mi cabeza. Katniss ahora miraba el suelo, como si allí estuviera la respuesta a nuestro problema. Pero ambos sabíamos la verdad: era un intento de más peleas, más muerte, más drama, más dolor. Pero ¿qué más puedo hacer? (POV Haymitch) Cerré la puerta. El "clic" fue demasiado suave, no el golpe que quería. El eco de su llanto seguía taladrándome la cabeza. El dolor, el pánico en los ojos de Effie. A duras penas la arrastré a su cama, la dejé inconsciente después de horas de consuelo. Y sea lo que sea que ese crío, Bran Mellark, represente, es peor de lo que calculé. Me separé de la puerta y recargué la cabeza contra la maldita madera. Un intento patético de controlarme que, por supuesto, falló. Mi miedo... no, mi rabia, se disparó cuando entendí su maldito terror. No era la falsedad de siempre. No, era el llanto genuino... por mí. Por este saco de huesos. No me soltó hasta que se durmió. Esa preocupación me golpeó. Y lo odié. Odio la debilidad que me provoca. Después de lo que Snow hizo con Lenore, con toda mi familia y cada ser vivo que llegué a amar. ¿Por qué Effie? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no se quedó siendo esa tonta superficial que entendió el jodido mensaje de que se mantuviera alejada? Me separé de la puerta y me dirigí a la cocina. Mi mirada se clavó en la mesa: dos tazas y un pedazo de tarta a medias. Una imagen repugnante. Me tensé al instante al recordar esa voz. ~El único motivo por el cual no eres un cadáver descuartizado a estas alturas…~ La frase me golpeó como un tren, y casi me tambaleo. El mensaje era cristalino ahora que la adrenalina bajaba. Me lancé a la cocina, abriendo repisas con furia ciega, golpeando la madera. Hasta que encontré lo que buscaba: una botella de whisky, completamente nueva. La sostuve. Vi mi reflejo borroso en el líquido, y lentamente llevé la mano a la tapa. Pero en el último segundo, simplemente la lancé contra la pared con furia. Levanté la mano y la dejé caer con fuerza sobre la barra. El ¡CRASH! fue seguido por mi propio grito —"¡AH!"— un rugido de dolor que me hizo darme cuenta de que había roto un estúpido plato, clavándome un fragmento. —"¡Haymitch!"— El grito llegó desde un lado. Era Effie, aún con el maquillaje corrido y sin peluca, mirándome con el ceño fruncido. Genial, ni siquiera puedo dejarla dormir. —"No puedo dejarte ni tres segun— ¿eso es sangre?"— terminó de preguntar, señalando mi mano. Bajé la vista para ver las gotas caer sobre la barra. Lo que me faltaba. —"Effie, solo vete a descan—" Me interrumpió, caminando a zancadas hasta mi lado para tomar mi mano e inspeccionarla mejor. —"Parece que no es profunda. Voy a ir por el botiquín. Siéntate en el sillón con esto"— demandó, entregándome un pañuelo. Abrí la boca, listo para gritarle que se metiera en sus propios asuntos, pero su mirada me silenció. Se alejó sin más. Solté un bufido y comencé a caminar hacia el sillón, tal como había ordenado. Sostuve la mano envuelta en el pañuelo, agarré el control remoto y encendí el televisor. Ahí estaban: Peeta y la chica, durmiendo. Su cabeza sobre la de ella, sus dedos entrelazados. Maldita sea, parecía una postal. ¿Qué demonios quieres, Seneca? ¿Cuál es la puta jugada? La frustración por no descifrar el plan me hizo olvidar el dolor de la mano. Hasta que escuché pasos. Me giré, listo para gritarle a Effie que no había tiempo para sus tonterías. Pero preferir no decir nada ya habíamos tenido mucho hoy. Solo observé su pequeña mano trabajando metódicamente, como si curar a un borracho autodestructivo fuera lo más normal del mundo. —"Lamento haberte despertado"— me sorprendí diciendo. Sentí una contracción de asco en mi propio rostro por mi gentileza. ¿Qué demonios estoy diciendo? Ella no me miró, parecía no haber escuchado mis palabras, y eso era mejor. —"Me desperté cuando te fuiste"— soltó de repente, levantando la vista —"Pensaba quedarme un rato más para despejarme, pero escuché tu alboroto afuera"— Dijo, terminando de poner la venda. —"Siempre corriendo a reparar mis desastres, ¿no?"— Me burlé de ella, ganándome una pequeña risa. —"Desde que eras un niño. ¿Acaso no recuerdas el día que nos conocimos?"— Me preguntó con ironía mientras guardaba las cosas en el botiquín, dedicándome una ceja levantada. Mi cabeza regresó a ese momento que seguía intacto en mi mente por algún motivo. Y sin poder evitarlo, una sonrisa se me escapó. —"No es mi culpa que ese estante en el tren fuera tan débil"— dije, cerrando la mano vendada —"Además, no nos atraparon, ¿o sí?"— concluí, regresando mi atención a ella, que se acomodó en el sillón. —"¿Atraparon? Yo no tenía nada que ver. ¡Solo estaba pasando por ahí!"— me regresó, señalándome —"Y lo peor fue que arrastraste a una señorita hasta un feo compartimiento donde guardaban la comida echada a perder para esconderte"— agregó, rodando los ojos. No pude evitar soltar una carcajada al solo recordar su cara roja de enojo cuando el olor nos golpeó en aquel compartimento. —"No te rías, Abernathy, hablo en serio"— gimió, levantando su mano para darme su típico golpe. Pero esta vez la sostuve. Me quedé viendo su mano, y sin pensarlo, la acaricié levemente sin soltarla. Mis ojos se enfocaron en los suyos, que me miraban con el mismo enojo de aquel día. —"¿Ya estás mejor?"— le pregunté, dejando la burla de lado y bajando su mano, pero sin soltarla. Ahora la que sonrió con cinismo fue ella. Pero no huyó de mi mano. Solo apartó la mirada hacia el televisor, viendo a nuestros chicos. —"Estoy tan bien como podría estarlo después de casi un infarto"— dijo con ácido en su voz. Regresó la vista hacia mí. —"Supongo que conmigo siempre ha sido así, ¿no?"— intenté burlarme de mí mismo, de nuestra relación, pero no hubo reconocimiento de su parte, matando mi sonrisa. —"No, no siempre, Haymitch"— respondió, bajando la mirada a mi mano sobre su brazo. —"Pensé que realmente lo haría. Tú… Tú no lo conoces como yo"— reveló, tragando con fuerza —"Me prometí a mí misma que te cuidaría siempre y hoy casi mueres por mi propia culpa"— dijo en voz baja, haciéndome abrir los ojos. Mi corazón comenzó a acelerarse sin parar. —"Haymitch y Effie siempre juntos contra el Capitolio y el mundo desde hace veinticinco años, y hoy casi se acaba"— soltó, con nostalgia en su voz partida. No me hagas esto, Effie, no ahora. Mi primer instinto fue negar tal cosa, decir que era una estupidez, soltarla e irme a mi oficina. Pero la calidez en su mirada no me dejó, por más que mi mente lo dictara. Y solo pude llegar a una conclusión: que se jodan todos. —"Haymitch y Effie contra el Capitolio, ¿eh? Creo que me gusta eso"— le respondí, volteando a ver la pantalla. Mi mano se deslizó, cubriendo la suya. —"Las cosas cambian después de hoy. No puedo hacer más por Peeta. No con la amenaza de Bran"— dijo en voz baja. Sentí su dedo acariciar mi mano levemente, como si se disculpara. Pero negué con la cabeza. —"Eso está bien. Honestamente, si no fuera por ti, no hubieran sobrevivido tanto. Ahora todo quedará en ellos"— respondí con honestidad. La verdad es que ya estábamos fuera del alcance de ofrecer cualquier tipo de ayuda. —"Además, no quiero que te pongas en más peligro, ¿entendido?"— No pude evitar demandar, apretando levemente su mano, lo que me ganó una mirada confundida de su parte. Las cosas cambian después de hoy. La solté, levantándome, mientras Peeta hacía lo mismo en la imagen. Sin decir nada, estiré mi mano para que Effie la tomara. Ella se quedó unos segundos viéndome fijamente, así que solo sacudí la mano para dejar claro que la tomara. —"Vamos. Al parecer está pasando algo, y no quiero perderme de qué es"— le dije, hasta que finalmente la tomó. Caminamos en silencio subiendo las escaleras. Tenías razón, Lenore. Hay esperanza mientras siga luchando. (POV Prim) Mi cabeza aún estaba clavada en lo de ayer, en cómo se descubrió el veneno en el brazo de Rue. Mamá terminó de acomodar mi mejor vestido —el de la Cosecha— para la entrevista en el Edificio de Justicia. Pero no podía dejar de pensar en que hoy volvería a haber una pelea en la Cornucopia. Espero que todo salga bien. Mi atención se centró en mamá, quien se aplicaba un leve retoque de maquillaje en los ojos, y hasta sus labios se veían un poco más vivos. —"Recuerda, cariño, solo di lo que sientes y todo estará bien"— dijo antes de besarme la frente. —"¿Y qué pasa si me preguntan sobre Mellark?"— No pude evitar la pregunta. Vi cómo su mano se tensaba. Noté la duda en su mirada, pero solo se aclaró la garganta. —"Solo di la verdad"— respondió por fin, dándome un leve apretón en el hombro. El malestar regresó a mi pecho. Ayer los mostraron tan unidos, sus pláticas, la manera en que se ocuparon de Rue, turnándose para cuidarla durante la noche. Fue como si de la nada se hubieran convertido en el equipo definitivo. Antes solo había frialdad y peleas, pero ahora todo parecía más cálido. Y sabía que Mamá estaba peor. Anoche no pudo dormir, pegada a la pantalla donde Katniss dormía plácidamente por ratos, abrazada a Mellark. ¿Y si no era actuación? No, es imposible. Nadie se enamora en tan pocos días… Y si una niña pequeña como yo podía entenderlo, los adultos también. Había pasado toda la noche pensando en lo que Vick había dicho. Pero él era más pequeño que yo. Él no podía entenderlo. Sabía que Katniss, como había dicho Mamá, al final haría lo que fuera por sobrevivir. Incluso besar a alguien o fingir que le importaba, por más cruel y falso que se sintiera. Asentí con la cabeza automáticamente. Sí, es eso. Mi atención se posó en el paraguas recargado en la pared. Lo tomé para unirme a Mamá en la sala. Y sin más, salimos directas al Edificio de Justicia. Apenas llegamos a la plaza, sentí todas las miradas encima. Fue entonces cuando noté la pantalla: Mellark comía tranquilamente con Katniss. Mamá se detuvo cuando Katniss de repente limpió la comisura de la boca de Mellark con la mano, dejándolos a ambos con esa extraña mirada otra vez. Y los murmullos llegaron de todas partes y de todos los tonos: “Realmente es la chica de la Veta”, “Claro que no, todo es una farsa”, “Es casi como prostituirse”, “Lo más seguro es que el asesino la esté usando nada más”, “Apuesto un salario en la mina a que la traiciona antes de que queden cuatro”. Mi mirada se encontró con la de Gale a lo lejos. Parecía mortificado, no solo por los murmullos, sino también por lo que veía en la pantalla. Le dediqué mi mejor sonrisa en un intento de calmarlo. Katniss lo va a necesitar mucho cuando regrese; sé que Gale es el único del Distrito que ella podría escuchar, aparte de Mamá y yo. Tal vez esto sea lo que termine de juntarlos por fin. Mamá reanudó el paso, ignorando los comentarios, y entramos de lleno al Edificio de Justicia. Justo vimos a la abuela Marsh salir en una silla de ruedas casi nueva. Ella me sonrió con calidez e incluso saludó a Mamá dándole un fuerte apretón de mano, sin perder esa calidez en su mirada. No dijeron nada, pero sabía que se entendían y que no había rencor por lo que había pasado con Finn. Aunque yo sí me sentí un poco incómoda, pero era la abuela Marsh. Sentí mi rodilla temblar cuando la puerta se entre abrió, mostrando todo el equipo de grabación adentro. Me aferré a la mano de Mamá más fuerte. Ella solo me dio un breve apretón para luego mostrarme una sonrisa tranquilizadora, aunque noté la duda en su mirada. —"Asterid March-Everdeen y Primrose Everdeen March"— la voz seria del Pacificador me hizo dar un pequeño salto. Este solo señaló la pared antes de decir: —"Esperen aquí un momento"— y sin más, desapareció por la puerta. Pasaron unos segundos antes de que el mismo Pacificador saliera, haciéndonos una seña simple para que entráramos. Solté un pequeño suspiro y seguí a Mamá. Una vez dentro, noté dos preciosas sillas negras en medio de un fondo blanco. Y personas vestidas de manera extraña, con cosas colgando de la cabeza, que hablaban solas o entre sí. —"Siéntense, y en un momento enlazaremos a Caesar, que será el que dirigirá la entrevista"— comentó una señora con el cabello verde limón, poniendo una mano en la espalda de Mamá y dirigiéndonos al asiento. Ni Mamá ni yo pudimos evitar ver su peluca, impresionadas por el tamaño y el color. Se me revolvió el estómago cuando me senté y vi que enfrente había una pantalla muy grande y plana. —"¡En cinco!"— Gritaron. Rápidamente, llegaron a ponernos unos aparatos en el cuello de la ropa y a darnos unos pequeños retoques aquí y allá. Sentí el nervio en el estómago pujando por salir, pero la mano de Mamá me tranquilizó. Su vista estaba fija en la pantalla, donde saldría el “carismático” Caesar en cualquier momento. —"Recuerden que esto es en vivo y cualquier falta será penalizada de inmediato, ¿entendido?"— Soltó el Pacificador, girando su cabeza lentamente de Mamá a mí. Ambas asentimos. —"¡Bien, aquí vamos!"— Gritó el hombre detrás de un aparato que nos apuntaba directamente. La pantalla se encendió, mostrando a Caesar en su típico escritorio mientras juntaba unas hojas, sonreía gigantescamente. Se aclaró la garganta. —"Bienvenidos de regreso a este día tan especial de entrevistas. Y hoy concluiremos con, sin duda, la más esperada, o al menos la más esperada por su servidor"— dijo él, sin perder ese brillo en su voz. Señaló la pantalla a su espalda con las hojas aún en su mano. —"¡Por favor, denle la bienvenida a Asterid March-Everdeen y Primrose Everdeen, la familia de nuestra Chica en Llamas!"— Gritó animadamente. Y sin más, nuestras imágenes aparecieron detrás. Un montón de aplausos se escucharon de fondo. La mujer con la cabellera verde hizo señas de que saludáramos. Así que simplemente levanté las manos, saludando enérgicamente, con una sonrisa en el rostro. Tal como decía la carta que le entregaron a Mamá sobre la cita. La repasamos en la mañana antes de alistarnos. No quiero ocasionar problemas a Katniss… Vi cómo Mamá saludaba más tranquilamente, mientras Caesar se llevaba una mano al pecho. —"¡Prim, Prim! ¡Cuánta energía! ¡Así me gusta!"— Dijo Caesar, volteando a ver a un público que no veíamos, aumentando el aplauso. Entonces levantó las manos en un intento de bajar el ánimo, sin perder esa sonrisa que me perturbaba en el rostro. Cuando lo consiguió, se giró un poco para vernos directamente. —"Sabemos que hoy será un día importante por lo que nos espera en unos minutos más con la fiesta en la Cornucopia"— comenzó a decir, para levantar su mano con un dedo extendido —"Pero no podemos dejar pasar las entrevistas, ya que sin duda son parte fundamental del espíritu de los Juegos"— terminó seriamente. Una ovación se escuchó de fondo, regresándome el malestar en el estómago. —"Así que entremos de lleno. Señora Everdeen, permítame comenzar con usted"— dijo, fijando su atención completa en Mamá. La cámara se cerró solo en ella. Vi cómo se sentó más recta, como si pidiera calma ante cualquier cosa. Aunque noté cómo jugaba con el borde de su vestido. —"¿Qué le diría a Katniss, como madre, si pudiera hablarle ahora mismo?”— Preguntó él, con su mano en la barbilla, muy interesado en la respuesta. Mamá sopesó la pregunta un segundo antes de contestar: —"Que confío en ella y que sé que cumplirá su promesa de regresar con nosotras, porque es igual a su padre"— terminó segura de sí misma, pero sentí su voz temblar un poco al final. Caesar asintió. —"Eso suena a una promesa que nuestra Chica en Llamas puede cumplir sin duda. Yo también confío en ella, Señora Everdeen"— y sin pensarlo, sonrió, encarando al público —"¡Y sé que muchos aquí también lo hacen, verdad!"— Los gritos de aprobación resonaron de vuelta. Mamá sonrió levemente, como si estuviera agradecida por el apoyo. Pero Caesar volvió a cortar el ánimo para continuar. —"¿Tiene miedo de lo que pueda pasar en la Cornucopia?"— Preguntó con un tacto casi nulo, como si la vida de mi hermana no estuviera en juego. La mano de Mamá apretó fuertemente su vestido y desvió la vista, pero se recompuso rápidamente, intentando lucir tranquila. —"Como madre, no es posible estar tranquila. Pero sé que mi hija hará todo lo posible por ayudar a su compañero en la arena, como lo ha demostrado hasta ahora"— respondió con un pequeño toque de dureza en su voz, pero no pareció importar. Caesar levantó las cejas antes de decir: —"Y no podemos negar que es así, después de todo, estuvo dispuesta a salir cuando Finn estuvo en peligro"— dijo, y al instante abucheos se escucharon en el fondo. —"Aunque eso le salió caro a la larga, ahora que sabemos que está con los Profesionales. ¿Cree que esta forma de pensar sea más una trampa que una ayuda real a su estrategia?"— Preguntó seguidamente. Mamá tragó fuertemente, pero sin dejarse intimidar, impresionándome, contestó: —"Si es una trampa o no, lo sabremos al final. Por ahora está viva y con posibilidades reales de ganar"— soltó esta vez completamente segura, con una pequeña sonrisa. Caesar levantó las manos como si lo hubieran atrapado, y después señaló a la pantalla directo a Mamá con esa sonrisa suya. —"Me encanta su forma de pensar, Señora Everdeen, y tiene razón, solo el tiempo dirá si está haciendo lo correcto o no"— respondió para agregar: —"Pero siguiendo este hilo, ¿cómo se siente al ver a Katniss tan unida al tributo Mellark?"— Sin dejar de sonreír, cruzando las piernas. Ahí fue cuando noté que Mamá se había perdido. Abrió la boca solo para decir con duda: —"¿M-Mellark?"— Como si no hubiera escuchado bien. Ganándose un asentimiento profuso de Caesar. —"Porque después de lo de ayer quedó más que claro que, tal como dijo en su entrevista Peeta Mellark, hay algo ahí. ¿Cree que sea una estrategia de su parte o confía en que hay algo real entre ellos? Usted que conoce a su hija, ¿qué diría?"— Expandió la pregunta, poniendo más nerviosa a mi Mamá, que ahora fruncía el ceño como si no pudiera pensar correctamente. Pasaron unos segundos en silencio y Caesar solo dijo: —"¿Señora Everdeen?"— Con duda, golpeteando el escritorio levemente con impaciencia. Eso sacó a Mamá de su mente, hablando rápidamente: —"Yo…"— comenzó y volteó a verme un segundo antes de bajar la cabeza. —"Creo que es una trampa total"— soltó bajamente. Sentí el piso moverse. Y el rostro de Caesar también se impresionó por la respuesta, y al fondo se escucharon murmullos que no distinguí. Caesar volvió a tomar los papeles como si eso le diera el control de la situación. —"Bueno, es una preocupación real, sin duda. Bien, muchas gracias por sus respuestas, Señora Everdeen"— agradeció apresuradamente y sin parar continuó: —"¡Ahora pasaremos con Primrose, la hermana menor de Katniss, y recuerden que si no fuera por ella, no tendríamos los mejores —en mi humilde opinión— Juegos hasta la fecha!”— Cantó prácticamente. Y el lugar estalló en gritos de aprobación que rechinaron por el monitor, casi saturando el audio un poco. El pánico se apoderó de mí cuando me mostró la pantalla sola. Pero me recompuse, tomando el borde de mi vestido, intentando sonreír. —"Y ahí están nuevamente, damas y caballeros, con esa contagiosa sonrisa"— presumió de mí Caesar, solo volví a saludar amablemente, ganándome gritos de la audiencia. —"Bien, bien, tranquilos. Dime, Prim, ¿puedo llamarte Prim?"— Preguntó cómodamente, sacando risas. —"Claro que sí, Señor Flickerman"— dije amablemente, haciendo que se llevara la mano al corazón, seguido de más risas. —"¡Estas chicas del Doce van a hacer que me dé algo!”— gimió, pero agregó: —"Bueno, Prim, me da mucho gusto ver que tienes modales impecables, como tu hermana mayor"— dijo animadamente, para después calmarse. —"Dinos, Prim, ¿qué es lo primero que le dirías a tu hermana si pudiera escucharte en este instante?"— Preguntó señalando el escritorio. Hice un pequeño puchero pensando. Se escuchó un pequeño "Awww" del público, haciéndome sonrojar levemente, lo que impulsó el "Awww" más fuerte. —"Le diría que es la mejor hermana del mundo y que espero con ansias que regrese. Y que pase lo que pase, que no se dé por vencida"— respondí firmemente. Caesar aplaudió, siendo seguido por los demás: —"Sabemos, Prim, que aunque ella no pueda verte, en su corazón ella te escucha"— mencionó para girarse —"¡¿Sí o no?!"— Preguntó al público apuntándoles. El "¡Sí!" retumbó con fuerza en la televisión. Caesar se aclaró la garganta sin dejar de sonreír: —"Prim, tú entenderás que no podemos dejar escapar esta oportunidad de oro. Dinos, ¿Katniss ha estado enamorada antes?”— Peguntó levantando las cejas y sonriendo al público. Abrí la boca al instante para contestar que no, pero me detuve. A mi mente vino la imagen de Gale, y no pude evitar pensar que tal vez Katniss sí estaba enamorada, aunque aún no lo sabía. Si digo que sí, cuando Katniss regrese, tal vez lo acepte por fin. —"Sí"— solté bajamente, viendo el suelo. Sentí la mirada intensa de Mamá a mi lado, con la boca abierta. El jadeo llenó el público e incluso podría decir que lo escuché en el Distrito afuera, en la plaza. Caesar con la boca abierta comenzó a negar con los brazos como si tuviera la mejor primicia de su vida. —"Lo acaban de escuchar aquí primero. ¡Peeta Mellark tiene competencia, damas y caballeros!"— Soltó eufóricamente, casi dando pequeños brincos en su asiento. Yo sé que lo entenderás, Katniss, porque te conozco. Los ruidos del público llenaron el ambiente, desde los "¿Quién será?" hasta los "Imposible". Por algún motivo, sentí una punzada en el pecho, como si hubiera hecho algo que no debía. Pero es por el bien de Katniss. Me repetí mentalmente, dejando atrás el malestar. Vi a Caesar levantar la mano, intentando retomar el control del asunto. Batalló durante unos segundos, pero lo consiguió. —"Prim, después de la bomba que acabas de soltar"— dijo, abriendo los ojos y viendo al suelo, para continuar: —"¿Crees que Peeta es bueno para Katniss? ¿O crees que este antiguo amor es mejor?"— Terminó con las manos juntas, viéndome fijamente. El silencio reinó, pero levanté la cabeza y, mirando fijamente, dije lo que pensaba: —"Pienso que Mellark no es ni de cerca lo que es él para Katniss"— terminé, apretando la boca. Y ahí, en ese momento, realmente explotó todo. Hubo gritos hasta que el audio en la pantalla se interrumpió. Volteé a ver a Mamá, que solo asintió, como si ella pensara igual. Después de eso, Caesar solo se despidió rápidamente, ya que los gritos eran demasiados. Solo saludé amigablemente, e igual Mamá. (POV Haymitch) El control remoto salió volando de la mano de Effie, golpeando la pared lateral de la oficina con un golpe seco. —"¡Pero qué diablos está diciendo!"— Chilló, el pecho agitado mientras la imagen mostraba a Caesar despidiéndose de las Everdeen. Junté mis manos, reposando los labios sobre los nudillos. Esto es jodidamente ilógico, va contra cualquier estrategia decente. Primero, lo vendieron como una traición, luego revelaron lo que realmente son, ¿y ahora? ¿Cuál es el maldito juego, Seneca? Esas preguntas no fueron casuales. Todo esto iba a hundir a Peeta, a confirmar que la traición era real y que su destino estaba sellado, hicieran lo que hicieran en la arena. ¿Pero por qué carajos? Dejé escapar un resoplido, pasándome las manos por la cabeza. Me supera, nada de esto tiene sentido. O quizás mi mente está demasiado nublada para verlo, lo cual solo puede significar que hay un plan mucho más grande en juego. La única pregunta es: ¿quién lo está orquestando? ¿Snow, o Bran? —"¡Haymitch!"— Exclamó Effie, sacándome de golpe de mi mente. La volteé a ver, solo para notar que señalaba el monitor de la computadora. En la pantalla, Peeta y Katniss sostenían a una Rue amarillenta que vomitaba incontrolablemente. Su brazo lucía mucho peor ahora; el color morado se había extendido hasta cubrirlo por completo. No va a durar mucho. Effie puso su mano en mi hombro, volteando a verme con terror. Yo solo pude negar con la cabeza. Nada de esto era casualidad. Lo más seguro es que para cuando Peeta y Katniss regresaran de la Cornucopia, ella ya no resistiría. ¡Maldita sea! Todo para generar más drama y dolor en la chica, justo como les gusta a esos payasos del Capitolio. La mano en mi hombro me dio un leve apretón, y me hizo tomar la suya. Por un momento, solo quise soltar la verdad. —"No sé qué es, Effie. No entiendo cuál es el juego ni qué quieren lograr. Es como si de repente estuvieran jugando en otra liga"— solté, exasperado. Escuché su suspiro. —"Así es cuando el Capitolio realmente juega, Haymitch"— me respondió, ganándose mi total atención. Sus palabras me revolvieron el estómago. Era como si dijera que yo realmente no sabía nada sobre el sistema que me arrebató todo. Y eso solo consiguió cabrearme más. Mi mirada se quedó fija en Peeta, que abrazó a Katniss en un intento de consolarla después de que Rue regresara a dormir, o a la inconsciencia. ¿Cómo demonios esperas que la proteja, chico… como prometí, si no sé ni en qué carajos me estoy metiendo?Tretas Mortales
1 de diciembre de 2025, 21:52