Capítulo 28: La piedra lanzada
(POV Haymitch) Bajé las escaleras a paso lento, siguiendo al Agente de la Paz. Mi vista se clavó en Effie, que estaba allí plantada frente al ascensor. Sus ojos verdes estaban en cualquier parte menos en esa habitación. Perdida, supongo, igual que yo, masticando la dosis de cinismo que nos tocaría tragar en la planta de patrocinadores. Las puertas se abrieron. Nuestras manos se buscaron por puro instinto, un acto reflejo; como si ese contacto fuera lo único capaz de sacarnos, aunque fuera un segundo, de toda esta mierda. A estas alturas, los mentores ya sobramos. Los vigilantes no quieren que nadie les estropee su preciado guion para la final. Nos relegan a ser simples espectadores, un recordatorio de que, en realidad, no tenemos poder sobre nada. —"Todo saldrá bien"— mascullé, más para convencerme a mí mismo que para ella. Sentí cómo se pegaba a mi costado. —"Eso es precisamente lo que me da miedo"— contestó, y la voz se le quebró justo al final. Solté un suspiro largo. A mí también me aterraba. El chico tiene que morir; él lo sabe, Effie lo sabe y yo lo sé. Pero saberlo no significa que pueda aceptarlo. Ni de coña. —"Solo espero que no sufra más de lo que ya ha sufrido"— murmuró Effie, bajando la cabeza con los ojos enrojecidos. Yo deseaba lo mismo, aunque en este lugar los deseos no valen nada. Las puertas se abrieron de nuevo y le solté la mano de golpe. Lo último que necesitaba era que algún buitre empezará a atar cabos sobre nuestra... extraña relación. Aun así, ella se mantuvo lo más cerca de mí que el protocolo permitía mientras avanzábamos buscando una mesa vacía. Ignore el alboroto de la sala, las risas estúpidas y el tintineo de las copas chocando en brindis por la muerte ajena. Y sobre todo, ignorando la estúpida sonrisa de Gloss. Sabía que esas sonrisas de suficiencia de Gloss y Cashmere eran puro humo. Saben de sobra que su tributo está acabado, pero el orgullo es una droga dura y no les deja ver la realidad. —"¡Oh, señor Abernathy, señorita Trinket! ¡Por aquí hay sitio!"— cerré los ojos al oír la voz de Ravencourt. Maldije para mis adentros. ¿Es que no hay ni un rincón libre en este maldito edificio? Intenté hacerme el sordo, buscando con la mirada cualquier otro agujero donde meterme. El tipo no es un criminal, solo es… Ravencourt. Lo último que necesito ahora es tener una galleta de azúcar parlanchina al lado mientras veo cómo los vigilantes lanzan a sus perros contra mis chicos. —"¡Jason!"— exclamó Effie con ese brillo falso ensordecedor que se gasta. Mierda. No. Me di la vuelta forzando una mueca que pasara por amigable y la seguí. Ravencourt estaba allí, de pie, señalando las sillas vacías con un entusiasmo que me daban ganas de abofetearle. —"Señor Ravencourt"— lo saludé. Seco, directo. Al imbécil no pareció importarle; su sonrisa se ensanchó hasta casi partirle la cara. —"No esperaba verte aquí tan temprano, Jason"— le dijo Effie mientras se acomodaba. ¿Jason? ¿Desde cuándo tanta confianza? Me dejé caer en la silla, sintiendo cómo mi mal humor se disparaba. Si es que era posible. —"Ay, señorita Trinket..."— soltó el tipo con esa dulzura empalagosa que me revuelve las tripas. —"Somos un equipo, no me perdería el final por nada del mundo. ¡Después de todo, yo soy quien los ha financiado!"— Terminó de decir, casi dando saltitos en el sitio. Lo odio. De verdad que lo odio. —"Sí, claro, Jason. Tu aportación fue de gran ayuda. Créeme que Haymitch..."— sentí la mano de Effie en mi hombro, un recordatorio silencioso para que no abriera la boca —"...y yo estamos muy agradecidos por eso"— retiró la mano tras darme un apretón rápido. Cerré los ojos un segundo, agradeciéndole mentalmente a Effie por encargarse de lamerle el trasero a este tipo. Mis ganas de romperle la botella de cristal que decoraba el centro de la mesa se estaban volviendo difíciles de controlar. Alcé la vista hacia la pantalla gigante. Peeta se ponía en pie con una mueca de tensión absoluta, escaneando el suelo de la cueva. —"Katniss"— su voz, amplificada por los altavoces, hizo que el salón se quedara mudo de golpe. Las copas, los murmullos, las risas… todo se desvaneció cuando Peeta habló. La gente incluso se sentó para no perderse nada. —"Mmm... ¿Peeta, qué pasa?" —preguntó ella, todavía a medio despertar. Mi pie empezó a golpear el suelo rítmicamente. ¿Qué estás viendo, chico? ¿Qué hay ahí fuera? —"¡Toma el arco y las flech—!" —"¡HEE-kia-KE-ke—ki-ki-kiAA!"— En cuanto esa risa macabra retumbó en la arena, sentí que se me paraba el corazón. Y fue a peor cuando el eco de esas carcajadas empezó a multiplicarse por todo el lugar, acercándose. ¿Qué mierda es eso? Las risas no paraban. Effie me agarró de la mano debajo de la mesa y, con el siguiente estallido de ruido sádico, me apretó con tal fuerza que casi me deja sin circulación. Katniss, despierta del todo, se lanzó a por su arco, pero se quedó clavada al ver esos ojos amarillos brillando en la entrada de la cueva. Era un animal del tamaño de un perro grande, con pelaje pardo y manchas oscuras. La criatura enseñó sus colmillos. Esperaba un gruñido, algo animal, pero se me heló la sangre cuando soltó esa risa casi humana y desquiciada. Se lanzó contra Katniss, que ahogó un grito que Effie sí soltó por ella. Mi pulso se disparó. ¡Muévete de ahí! Entonces apareció Peeta. Saltó sobre el bicho y le hundió el arma directamente en el cráneo, silenciando por fin su maldita risa. —"¡Recoge tus cosas! ¡Tenemos que ir a la Cornucopia ahora mismo!"— Le gritó Peeta, arrancando su espada curva de la cabeza del animal muerto. Otra risa surgió detrás de él, seguida de otra de esas cosas. Pero no llegó a avanzar más; Peeta le rebanó la cabeza en un parpadeo. "Mellark sí que sabe liquidar cosas", "Bah, espero que salgan al menos cien de esos bichos o Mellark se va a aburrir", "Qué asco, no sabía que un animal pudiera reír así", "Son mutos, idiota, podrían recitar poesía si los programaran para eso", "Marvel está muerto, no tiene cómo defenderse de eso". El bullicio regresó al salón en cuanto pasó el susto inicial. La carnicería siempre les abre el apetito. Y sabía, con un nudo en el estómago, que esto solo era el principio. (POV Prim) —"¡CORRE, KATNISS!"— Grité con todas mis fuerzas a la televisión mientras saltaba en mi sitio, incapaz de quedarme quieta. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Le apretaba la mano a Mamá con tanta fuerza que mis nudillos estaban blancos. Las dos llevábamos minutos gritando, desde que esas cosas los emboscaron en la cueva sin previo aviso. Aquellas risas me daban escalofríos; sonaban casi humanas, pero tenían algo podrido, algo que no era de este mundo. No se detenían; seguían y seguían, llenándolo todo a través del audio de la pantalla. Vi a Katniss encajar su tercera flecha de la noche y derribar a una de esas criaturas que le cortaba el paso, dándole justo en el ojo. Pero otra risa estalló justo a su espalda y levanté la mano por puro instinto. —"¡CUIDADO ATRÁS!"— Chillé, como si ella pudiera oírme. Entonces apareció él. Mellark se lanzó contra el animal y, sin dudar un segundo, clavó su arma una y otra vez hasta que silenció aquella maldita carcajada. Se giró justo a tiempo para recibir a otra bestia que lo tumbó de espaldas. Él usó su espada como escudo mientras el animal se reía y babeaba, intentando morderlo con desesperación. Otra flecha de Katniss apareció en el encuadre y se clavó de nuevo en un ojo. Mellark lo degolló al instante. Se puso en pie y lanzó su espada contra otro bicho que intentaba alcanzar a mi hermana, dándole de lleno en la cabeza. Corrió hacia el cadáver, apoyó el pie para recuperar su arma y agarró a Katniss del brazo, tirando de ella para que no dejarán de correr. Por favor, que puedan llegar a la Cornucopia. Por favor. Me repetía una y otra vez en la cabeza. Ahora que el final estaba tan cerca. El ruido de la televisión me obligó a mirar la pantalla otra vez. Mellark corría justo detrás de Katniss, cubriéndole la espalda, casi como si fuera su guardián. Sentí un vuelco en el estómago. Aquellos animales brotaron de la nada, surgiendo del suelo a sus costados y corriendo junto a ellos, sin dejar de reír con ese sonido tan feo. Mellark agarró a Katniss y tiró de ella hacia atrás justo cuando uno de los bichos saltaba hacia ellos; lo dejaron pasar de largo por un pelo. Él se lanzó sobre la criatura y le hundió la espada en el lomo hasta clavarla en la tierra, matándola en el acto. En ese mismo instante, una flecha de Katniss acabó con un segundo muto mientras él recuperaba su arma. Pero entonces una carcajada estalló desde unos arbustos y un animal saltó, atrapando la mano derecha de Mellark entre sus colmillos. Él soltó un quejido de dolor que me dolió hasta a mí. —"¡Peeta!"— Gritó mi hermana. Intentó cargar otra flecha, pero otra de esas bestias brincó sobre ella, haciendo que soltara el arco. El arma cayó al suelo, lejos de su alcance. ¡No, no, NO! (POV Peeta) —"¡Peeta!"— Su grito me alcanzó atravesando el dolor profundo de mi mano. Abrí los ojos de par en par al ver, de reojo, cómo Katniss caía al suelo. Fue como si un rayo de hielo me recorriera la espina dorsal. El dolor desapareció de golpe, sepultado por una rabia ciega. Solté la espada para atraparla con la mano izquierda y se la hundí al maldito bicho sin pensarlo. ¡Muere, muérete de una vez! Arranqué mi mano derecha de sus fauces, dejando que la criatura se retorciera en su propia agonía, y me giré. En dos zancadas alcancé a la bestia que tenía acorralada a Katniss mientras no dejaba de reír. La agarré por la cola con todas mis fuerzas y la estampé contra un tronco. Me faltaba el aire; la adrenalina me bombeaba el pecho a un ritmo frenético, nublándome el juicio. Me deslicé por el suelo para recuperar el arco de Katniss y lanzárselo; al mismo tiempo, agarré la flecha de la tierra para encarar al animal que cargaba de nuevo contra mí. Levanté el brazo derecho para protegerme y el muto volvió a clavar los dientes en él, tirándome de espaldas. Noté el calor de la sangre empapándome la piel. Jadeé de puro esfuerzo antes de clavarle la flecha directamente en el ojo. La retorcí hasta que me soltó y retrocedió tambaleándose. En ese instante, otra flecha le atravesó el cráneo, liquidándolo por completo. ~Vamos, chico de oro, ¿eso es todo lo que tienes?~ Fulminé mentalmente la voz de Vander en mi cabeza. Corrí hacia Katniss, que me miraba como si nunca me hubiera visto de verdad, y tiré de ella para ponerla en pie. Teníamos que llegar a esa maldita Cornucopia. ¡Ahora mismo! Las risas volvieron a estallar a nuestro alrededor. Decenas de ellas. Eran demasiadas. (POV Katniss) La mano ensangrentada de Peeta tiraba de mí con fuerza mientras corríamos con esas malditas carcajadas que se escuchaban lejos. Había dejado su espada clavada en uno de los animales; ahora solo tenía una de mis flechas para defenderse. Su respiración era errática, pesada, como la de una fiera acorralada. Su mirada no se parecía en nada a la de siempre. No había dulzura ni vacío, solo una furia pura y cortante. Se me revolvió el estómago, pero me obligué a despejar la mente. No era el momento de ponerme a pensar. Nuestra única salvación era la Cornucopia. Teníamos que llegar ya. El claro apareció por fin a unos pocos metros. Ya casi estaba… —"¡Katniss, ayúdame!"— El grito me atravesó. Me zafé de Peeta al instante y, sin razonar, corrí hacia el sonido. —"¡Rue! ¡¿Dónde estás?!"— Me frené en seco ante unos matorrales cuando mi cerebro reaccionó. Ella no puede estar aquí. Es imposible. El grito se transformó en una risa distorsionada y el monstruo saltó sobre mí. Peeta lo detuvo en el aire con una patada violenta que lo mandó de vuelta a los arbustos. Se lanzó sobre el bicho y le hundió la flecha con una rabia desquiciada. La sangre le salpicó la cara, pero el animal dejó de reír. Peeta se puso en pie, dejando la flecha clavada en el cráneo de la criatura, y me sujetó el rostro para obligarme a mirarlo. —"No es real, Katniss"— sentenció. Asentí, todavía aturdida. Vi a otro de esos engendros por el rabillo del ojo y empujé a Peeta al suelo para despejar el tiro. Saqué una flecha y lo maté en el acto. Le tendí la mano para ayudarlo a levantarse. Solo me queda una flecha. Y no sé si será suficiente. (POV Haymitch) Me puse en pie de un salto en cuanto la chica picó el anzuelo y echó a correr hacia esa trampa tan evidente. No, date cuenta, maldita sea. No fui el único; media sala se levantó al unísono, pero no por preocupación, sino con esa cara de imbéciles que ponen cuando esperan que pase algo "magnífico". Bastardos, eso es lo que son. No hay ni un gramo de empatía aquí, solo expectación por la carnicería. —"¡Ay, no!"— Pensé que el chillido había sido de Effie, pero para mi sorpresa era Ravencourt, que se tapaba la boca con las manos. El grito en la arena se transformó en esa risa deforme que provocó un murmullo en el salón, justo antes de que el muto saltara. Ravencourt volvió a chillar. Le habría soltado un guantazo allí mismo de no ser por esa patada violenta que arrancó un "¡Guao!" unánime a los presentes. Cerré el puño con fuerza, con el pie martilleando el suelo mientras veía al chico, fuera de sí, hundir la flecha una y otra vez en el cráneo del animal hasta que la madera se partió. Le soltó una patada al cadáver y ahí fue cuando le vi otra cara. Cuando se trata de personas, Peeta simplemente se desconecta, se vuelve frío y cumple la misión. Pero esto era distinto: estaba dejando salir una ira que parecía quemarle por dentro. No sé qué me da más miedo, si su vacío absoluto o esta llama que parece capaz de reducir el mundo a cenizas. Luego agarró por la cara a Katniss para centrarla. En ese momento lo entendí: no importa qué versión de Peeta esté al mando, ella es el motor de todo. Esa niña no tiene ni la más remota idea del poder que tiene entre las manos. "Espero que Marvel ya esté muerto a estas alturas", "Ja, ja, ja, yo espero lo mismo", "Yo quiero ver cómo Mellark lo despelleja", "¿Cómo acabará con Katniss?", "A lo mejor es compasivo y la mata rápido" Esos dos últimos comentarios hicieron que buscara al responsable con la mirada, listo para saltar, pero Effie me tiró hacia abajo para que me sentara mientras me clavaba los ojos. Gruñí entre dientes, pero me dejé caer en el asiento sin dejar de mirar la pantalla, viendo a Katniss y a Peeta correr de nuevo por sus vidas. Llegaron al claro. La Cornucopia estaba allí, a solo unos metros. Me encontré con las manos apretadas contra la boca, tenso como una cuerda. Los mutos todavía les daban algo de margen. Podían llegar. Peeta iba dejando un rastro de sangre por las mordidas, pero el muy animal parecía no enterarse; la adrenalina es potente cuando estás intentando mantener vivo a alguien. ¿Cuál es la jugada ahora? ¿Qué tienen pensado esos estúpidos vigilantes? La imagen se abrió mostrando la estructura junto a ese árbol gigante. La luz artificial de la arena lo dejaba todo a la vista, sin rincones donde esconderse. Venga, si llegan ahí arriba tendrán un respiro para pen— La mano de Effie se hundió en mi brazo, cortándome el pensamiento. Señalaba una zona específica de la pantalla. Mierda. No. —"¡Miren ahí, ese punto es Marvel!"— El grito hizo que la sala estallara en un caos de vítores. "Parece que va a subir antes que el hijo pródigo y la chica en llamas", "A lo mejor tiene su oportunidad", "Esto está arreglado", "Claro que no, los juegos son cuestión de suerte". ¿Suerte? ¡SUERTE UNA REVERENDA MIERDA! Estrellé la mano contra la mesa con un golpe seco, pero con toda esa euforia nadie me hizo caso. Solo la mano de Effie siguió aferrada a mi brazo, como si fuera lo único que nos mantenía cuerdos. Por primera vez en años me encontraba casi rezando. (POV Prim) —"¡Vamos, cariño, corre!"— exclamaba Mamá hacia la pantalla. A lo lejos, podíamos escuchar el eco de los gritos que venían de la plaza del Distrito. Sigue, Katniss, no te detengas, ya casi estás a salvo. Pensaba yo, sintiendo que el aire se me escapaba. En cuanto llegaron, solté por fin el peso que me apretaba el pecho. Mellark fue el primero en subir a la estructura. En ese momento, una punzada de duda me atravesó el corazón. ¿Y si la dejaba allí abajo? ¿Y si este era el momento en el que el rompía el acto y mostraba que todo era mentira? Pero Mellark acalló mis miedos de inmediato. Se tumbó sobre el metal y estiró su mano hacia mi hermana, que la tomó sin dudar ni un segundo. La imagen se alejó para mostrar a esos animales corriendo a toda velocidad, ya a solo unos metros de los pies de Katniss. —"¡Cuidado!"— Gritó Mamá, levantando las manos al aire como si quisiera protegerla a través del cristal. Detrás de Mellark, surgió Marvel. Tenía la daga de Finn, todavía manchada de sangre, alzada en lo alto y lista para descargarla sobre él. —"¡PEETA!"— Chilló Katniss con todas sus fuerzas, con los ojos llenos de un pánico que nunca le había visto. Pero parecía demasiado tarde; Marvel ya lanzaba el brazo directamente hacia la cabeza de Mellark. Cerré los ojos con fuerza y oí el jadeo de terror de Mamá. ¡KLIN! El sonido del metal chocando me obligó a abrirlos. Mellark se había echado a un lado; su cabeza estaba a apenas unos centímetros de la daga que acababa de golpear la superficie de la Cornucopia. Se quedó mirando a Marvel, que tenía los ojos desorbitados, llenos de una incredulidad total. Fue como si pasaran segundos eternos en los que solo se miraban ellos dos, pero las risas de los monstruos regresaron para romper el silencio. Marvel intentó deslizar la daga por el metal para rebanar la garganta de Mellark, pero él lo frenó con la mano izquierda en el último segundo y le soltó una patada violenta en el pecho que lo mandó volando hacia atrás. Al zafarse, el filo le abrió un tajo a Mellark desde la mejilla hasta la frente, pasando sobre su ojo. La sangre empezó a brotar a borbotones, pero él no se inmutó, como si ya no pudiera sentir el dolor físico. Regresó de inmediato a su posición para agarrar la mano de Katniss. Tiró de ella con una fuerza desesperada justo cuando un muto saltaba para atraparla; la bestia no alcanzó a tocarla y rebotó contra la pared de metal. Mis rodillas fallaron y me desplomé en el suelo de la casa. Mamá se dejó caer a mi lado y nos agarramos las manos con mucha fuerza, intentando controlar nuestras respiraciones, que se habían vuelto locas. Casi… Mellark se levantó de un salto para enfrentar a Marvel, que se lanzó contra él. La sangre le cubría tanto la cara que no pudo ver el golpe de Marvel; lo recibió de lleno en el rostro. Ahogué un grito cuando vi que, acto seguido, Marvel le cortaba la pierna, obligándolo a hincar la rodilla. El chico del Distrito 1 lo rodeó por la espalda, empujando la daga contra su cuello. Pero Mellark lo detuvo, aferrando la muñeca de Marvel con las dos manos. Se quedaron así, congelados en un forcejeo desesperado. —"¡Suéltalo!"— Gritó Katniss. La cámara se alejó y la vimos con el arco en alto, apuntando directo a la cabeza de Marvel. Mi hermana estaba al límite, podía verlo en el temblor de su pecho que subía y bajaba, pero su mano seguía firme sobre la flecha. Marvel obligó a Mellark a levantarse, todavía con el cuchillo amenazando su garganta. Mellark parecía haber llegado al final de sus fuerzas; solo podía resistir para que la punta de la daga no avanzara más hacia su piel. —"Está perdiendo demasiada sangre"— murmuró Mamá. Tenía la mano sobre la boca, mirando la pantalla como si intentara entender cómo alguien podía seguir luchando así. Es verdad. La cara, el brazo y ahora la pierna... es demasiado. ¿Cómo puede seguir en pie? No tiene sentido. —"¡Te he dicho que lo sueltes!"— Exigió Katniss otra vez, tensando el arco un poco más. Marvel solo sonrió y empezó a caminar hacia el borde de la Cornucopia. Dispara, Katniss. Esta es tu oportunidad, aquí puedes acabar con los dos ahora mismo. —"Katniss..."— Peeta pronunció su nombre. La miraba con un ojo perdido bajo la sangre y el otro, ese azul tan claro, fijo en ella. No lo escuches. Solo va a suplicar. Solo va a pedirle que salves su vida. —"... Dispara. Solo hazlo"— terminó él. Fue como si mi mente se apagara. Espera, ¿qué? ~¡Yo sé que tengo razón y tú vas a ver que sí!~ El grito de Vick resonó en mi cabeza. (POV Katniss) —"...Dispara. Solo hazlo"— su voz sonó como una súplica y me revolvió el estómago. No. Nunca. Tensé más el arco, ignorando la petición de Peeta. —"¡Suéltalo, Marvel! No tienes a dónde ir"— grité de nuevo. Él solo amplió su sonrisa. —"Sé que ya he perdido. Pero no pienso irme solo"— soltó con calma mientras miraba hacia abajo, donde las risas de los mutos empezaban a amontonarse. No, no, no. Suéltalo. Peeta se plantó en el sitio, frenando el avance de Marvel a pesar de sus tirones hacia el borde. —"Katniss. Escúchame, hazlo. Se acabó, no hay otra salida. Solo hazlo"— volvió a insistir, pero negué con la cabeza. Sentí que la mano me temblaba sobre la cuerda. —"No. No estoy lista"— le respondí. Marvel soltó una carcajada. —"Así que lo suyo era verdad, ¿eh?"— se burló —"Entonces me llevaré algo más conmigo"— intentó dar otro paso, pero Peeta no lo dejó. No puedo. No quiero. Si tú no sale de aquí… Yo lo necesito conmigo. Mi mano tembló todavía más, desviando la punta de la flecha. Entonces algo tronó. Un destello rápido. Sentí todo mi cuerpo vibrar. Solté la flecha al mismo tiempo que Peeta se lanzó de frente y estrelló su cabeza contra la de Marvel. El proyectil se hundió en el brazo derecho de Marvel. Solté un grito y cargué contra él para golpearlo. Vi a Peeta rodar por el suelo y, de repente, sentí un tirón violento en el pelo que me arrastraba hacia el vacío. Vi el metal del techo y… (POV Haymitch) Toda la sala estaba de pie, sumida en un silencio de muerte. En la pantalla, Marvel sostenía a Peeta al borde de esa maldita estructura. Las risas de los engendros, allí abajo, esperaban con las fauces abiertas para recibirlos. Mi mano tembló por puro instinto, porque sabía que esto tenía que acabar así. Si Katniss disparaba, el plan se completaba. La victoria sería suya, el dinero sería suyo. Lo que el chico y yo habíamos pactado. Aun así, el dolor en mi pecho no se iba. Un malestar ácido me recorría de pies a cabeza. —"No"— fue el susurro que salió a mi lado. Effie tenía las manos apretadas contra el pecho, con los nudillos blancos. Por sus mejillas rodaba una lágrima solitaria que no pudo contener, la primera de muchas. Apreté la mandíbula. No había otra salida; esto estaba escrito desde el principio. Desde aquel primer día en el tren. Y, aun así, no podíamos aceptarlo. ¿Por qué? Porque el chico no se merecía esto. Como no se lo merecieron tantos otros. Mi atención volvió a la pantalla. Vamos, Katniss, hazlo. Termina con esto de una vez. Tienes que hacerlo. El aire se volvió extraño, como si la arena contuviera la respiración. Entonces, algo golpeó el árbol. Todos saltamos por el estruendo brutal que partió el tronco desde la base. La chica soltó la flecha al mismo tiempo que Peeta le reventaba la cara a Marvel de un cabezazo. La flecha se hundió en el brazo del profesional justo donde no había armadura que lo protegiera. Su mano soltó la daga que voló hacia enfrente. —"¡Sí!"— La voz de Effie y la mía se mezclaron mientras el chico rodaba hacia delante por el techo de metal. Vimos a Katniss pasar corriendo a su lado, empujando a Marvel hacia el vacío con toda su rabia. ¡Sí! Pero, en un último aliento de maldad, la mano de Marvel se cerró sobre el cabello de la chica, tirando de ella hacia un lado, directo contra el borde metálico. ¡No! El golpe seco la dejó fuera de combate al instante. Su cuerpo quedó inerte, deslizándose lentamente hacia el precipicio. ¡BOOOM! El pobre diablo del Distrito 1 murió nada más tocar el suelo, descuartizado en un parpadeo por los mutos. Y ahora Katniss seguía el mismo camino. El estruendo final llegó cuando el árbol terminó de desplomarse sobre la Cornucopia. Katniss se quedó colgando, salvada únicamente porque la capucha de su chaqueta se enganchó en un saliente del metal. Venga, chico, solo tienes que alcanzarla, es todo lo que qued— El pensamiento se me murió en la garganta y me desplomé en el asiento con la mirada perdida. El ruido de la sala, las voces, los gritos de la gente celebrando lo "increíbles" que estaban siendo los Juegos... todo se apagó para mí. Ellos siempre ganan. Suerte. Otro nombre que le dan a los caprichos de los vigilantes. Bajé la vista al suelo mientras en la pantalla Peeta quedaba atrapado; el árbol le había aplastado la mano derecha contra la estructura. "¡Esto es asombroso, Mellark ha ganado!", "¡Al final se lo lleva él!", "Ni siquiera ha tenido que matar a la chica en llamas", "Lástima, yo quería ver cómo la ejecutaba", "¡Yo igual, esperaba la traición! Pero bueno, al menos esto es épico", "Al final todos hemos perdido dinero, ja, ja, ja". Malditos bastardos hijos de puta. Ahora todos se tragarán esa basura de la traición. Solo porque el chico no puede moverse, ellos retorcerán la historia hasta que encaje en su maldito espectáculo. Sentí un peso en el hombro que me obligó a levantar la vista. Effie me miraba con la cara empapada en lágrimas. Intentó sonreír, pero se quebró soltando un jadeo que le desgarró la garganta. Me levanté al instante y la envolví en un abrazo. Me quedé mirando la pantalla mientras ella se deshacía contra mi hombro. Entonces sentí otro peso y otro gemido ahogado detrás de mí. De reojo, vi que Ravencourt también se apoyaba en nosotros, llorando amargamente. Estaba a punto de mandarlo al infierno de un empujón cuando un ¡SHRRIP! desgarrador llenó el salón. Era la tela de la capucha de Katniss, que ya no aguantaba más el peso. Cerré los ojos con fuerza. No podía ver esto. Simplemente no podía. En cualquier momento sonaría el cañón declarando a Peeta como el único ganador y yo no sabía qué demonios iba a pasar después. Y entonces llegó el ruido en la pantalla… (POV Prim) Mis manos temblaban contra el cristal de la televisión. Katniss colgaba de su gorro desgastado, y yo veía, con el corazón en un hilo, cómo la tela cedía y comenzaba a romperse muy despacio. —"¡KATNISS, DESPIERTA!"— Grité hacia la pantalla mientras sacudía el televisor sin parar, como si pudiera despertarla a través del vidrio. Levanté el puño, lista para estrellarlo contra la imagen sin pensar, pero la mano firme de Mamá me detuvo de un tirón. Sus palmas, ásperas y cálidas, buscaron mi rostro para obligarme a soltar el aparato. —"¡NO, SUÉLTAME!"— Chillé, forcejeando. —"¡PRIMROSE!"— Su voz, cargada de una autoridad que me hizo callar de golpe, cortó el aire. Fue entonces cuando me fijé en su cara: a pesar de que compartíamos las mismas lágrimas, su mirada era aguda, casi afilada por el miedo. —"¡Mírame solo a mí! ¡Mírame!"— Suplicó ella, aferrándose a la poca compostura que todavía le quedaba. Sentí mi respiración volverse errática, igual que la suya. Sentí mis facciones desmoronarse. Katniss, prometiste que volverías. Tú me lo prometiste. Cerré los ojos con fuerza y me hundí en el refugio de los brazos de mamá. Intenté ocultar mis jadeos y mis gritos, que se volvieron desgarradores cuando el sonido de la prenda rompiéndose resonó en toda la habitación. Se acabó, realmente ella… ¡CRAAA—! (POV Haymitch) !—AAACKKKK! Mis ojos se abrieron de golpe mientras el silencio se volvía absoluto; no se oía ni un maldito ruido. Nada. Se me desencajó la mandíbula en cuanto volví a clavar la vista en la pantalla. Chico… Peeta sujetaba su antebrazo, atrapado contra el tronco, pero aquello estaba doblado en un ángulo que te revolvía el estómago, justo por el cúbito y el radio. Su cara era una pura mueca de furia total. Maldita sea… La sangre le bajaba por el tajo de la cara hasta mezclarse con el desastre que tenía en el brazo. Tragué saliva, sintiendo la bilis en la garganta. El chico estiró la mano, terco, hasta que aferró la daga en el metal a su lado. Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. El chillido histérico de Effie solo sirvió para confirmar lo que yo ya veía venir. Un rugido le brotó de las tripas: —"¡AHHHH—!" (POV Prim) "¡—HHHH!"— Ese grito inhumano brotó de la expresión de ira pura en la que se había convertido el rostro de Mellark. Todo se hundió en un silencio absoluto de nuestra parte. Todo fue opacado por el sonido de la daga penetrando su propio brazo. Mi mente se quedó en blanco ante la imagen de él apuñalándose a sí mismo, como si ese cuerpo no le perteneciera, como si no fuera suyo. No había duda en sus ojos, solo una desesperación profunda. Una y otra vez. Sin detenerse. Se me revolvió el estómago cuando la pantalla mostró los músculos, los tendones y los huesos expuestos, todo completamente destrozado. La daga se le resbaló de la mano por culpa de tanta sangre, pero a él no pareció importarle; se acomodó para dejar su brazo, que apenas colgaba de un poco de piel y otras cosas que no lograba reconocer, atrapado entre sus piernas y, empujándose contra el árbol, empezó a tirar con todas sus fuerzas. —"No puede ser..."— la voz de mamá sonó muy lejos, como un susurro perdido. ¡SHRRK—! (POV Haymitch) "¡—KRK!" En cuanto el brazo se desprendió con aquel sonido que le robaría el sueño a medio Panem, el lugar estalló. Los "¡Mierda!", "¡No puede ser!", "¡Está loco!", "¡¿Pero qué demonios hace?!" retumbaron por todas partes. Él realmente no está dispuesto a perder, no importa el precio. Lo supe en el instante en que ni siquiera miró su brazo por segunda vez; solo le importaba salir corriendo hacia la chica que estaba a punto de caer a su muerte. Y cayó, solo para terminar colgada de la mano izquierda de Peeta. El chico la sujetaba con un agarre de hierro, aunque estuviera sangrando, destrozado y completamente superado por la situación. Esto no es amor, es algo mucho más retorcido para lo que no tengo nombre. Nadie había hecho una estupidez semejante en los Juegos. Amputarse una parte de uno mismo para salvar a otro... Se supone que todo es supervivencia, miedo y amor propio. Pero para Peeta Mellark esas reglas no existen; su cara lo gritaba mientras, con una fuerza que no sé de dónde diablos sacó, empezó a elevar a Katniss. ¿Y ahora qué van a hacer, perros del Capitolio? Ya no tienen nada. Perdieron. Él les ganó, los superó. Snow, Bran, Seneca. Se equivocaron, no pudieron romperlo a él. ~Y ahí la conocí, y ella se transformó en algo muy importante para mí desde entonces. Y créeme, Haymitch, yo estoy dispuesto a dar mi vida, a matar, para que ella gane y regrese a casa con su familia~ Sus palabras en el tren zumbaron en mis oídos como una bofetada. Chico… Sentí algo caliente recorriéndome la mejilla. (POV Peeta) Sentí el temblor en mi mano pegajosa cuando comencé a tirar de Katniss con toda la determinación que me quedaba. Solo un poco más. Lo veía todo rojo. Mi brazo izquierdo tronó con fuerza a la altura del codo en cuanto tiré con más desesperación. ~¡VAMOS, CHICO DE ORO! ¡¿ES TODO LO QUE PUEDES HACER?!~ Apreté los dientes ante el eco de las palabras de Vander. Con un rugido quebrado que se me escapó entre las encías, volví a tirar de ella. Golpeé mi frente contra el acero frío cuando mis dedos empezaron a abrirse, traicionándome lentamente. ¡No! Volví a cerrarlos al instante, pero era demasiado. La vista se me nublaba. Los espasmos sacudieron cada rincón de mi cuerpo. —"¡Peeta!"— Su voz me alcanzó justo cuando sus manos se enredaron en mi brazo. Simplemente, tiré de ella; la sentí pasar por un costado, pero ya no distinguía nada. Mis oídos se llenaron de un pitido agudo que apagó su voz. Sus manos me sostenían el rostro. Ese borrón que era ella se movía desesperado. Levanté mi mano y atrapé la suya contra mi mejilla, deteniendo su movimiento. —"Ve a casa"— dije, antes de presionar su palma contra mi pecho. Con el último aliento que me quedaba, me empujé con su propia mano hacia atrás. Se acabó. La visión se me aclaró por un segundo mientras sentía que empezaba a flotar. Vi su rostro bañado por ese naranja del amanecer. Y ahí vi a la niña debajo de aquel árbol...La piedra lanzada
30 de diciembre de 2025, 18:26