Capítulo 29: Mentas y rosas
(POV Katniss) ~Algún día conocerás a alguien que te saque de esa piel dura que tienes y cuando eso pase te diré 'te lo dije'~ Prim… ~Solo, piénsalo cariño, pero te aseguro que cuando ese momento llegue y te atrape, pelearás con todas tus fuerzas porque eres como tu padre… como yo~ Mamá… Sus voces se repetían una y otra vez en mi cabeza mientras el sol del amanecer me golpeaba la cara. Y yo solo podía mirar a Peeta caer hacia una muerte segura. Sentí un golpe seco en el pecho. Algo se rompió por dentro. Y se murió. Entonces él sonrió, y mi mente se llenó de él en el tren, su amabilidad, sus historias, sus bromas, su risa. Recordé a ese Peeta que sonreía de lado justo antes de decir algo que me aceleraba el pulso. No sabía que algo así pudiera doler tanto. No. No voy a dejar que te vayas. Me lancé tras él. Mi mano seguía estirada, intentando agarrarlo una vez más. Las risas de esos animales desaparecieron de mis oídos. Lo único que veía era su cuerpo cayendo. Escuché el golpe seco de su espalda contra el suelo y, un segundo después, el impacto de mis propios brazos contra la tierra. Cerré los ojos fuertemente. Intenté cubrir su cuerpo con el mío, protegiéndolo como pude. Esperaba sentir el dolor, oír las risas o encontrar la muerte. Pero no hubo nada. Solo un silencio total mientras apretaba mi cara contra su pecho. —"¡DAMAS Y CABALLEROS, LES PRESENTAMOS A LOS PRIMEROS CAMPEONES DOBLES EN LA HISTORIA DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE EN ESTA EDICIÓN ESPECIAL NÚMERO 75!"— La voz de Templesmith resonó con tanta fuerza que me hizo temblar. —"¡KATNISS EVERDEEN Y PEETA MELLARK!"— Solté un jadeo y levanté la cabeza. Los animales, hace un momento sedientos de sangre, ahora estaban sentados alrededor, mirándonos fijamente. ¿Qué? ¿Qué demonios acaba de decir? Negué con la cabeza y me quité la chaqueta para empezar a destrozarla. Apliqué un torniquete rápido en lo que quedaba del brazo de Peeta. —"Vas a estar bien, Peeta. Aguanta, la ayuda viene en camino. Solo no—" El dolor de cabeza volvió. Me pasé la mano por la frente y la saqué manchada de sangre. La visión se me volvió borrosa. Estiré la mano y la apoyé sobre su pecho en un intento de ganarle la pelea a la inconsciencia. —"Peeta no me dejes"— susurré. Solo no… (POV Haymitch) Por primera vez en años, estando en esta maldita sala, sentí que la suerte estaba de mi lado. Que realmente podía hacer algo más que ser el bufón borracho del Distrito 12. A mi alrededor, los estúpidos capitolinos saltaban, aullaban y festejaban con incredulidad el anuncio de Templesmith. Pero mi atención estaba clavada en la chica. Se veía desesperada intentando frenar la hemorragia de Peeta, hasta que la sangre de su propia cabeza, por el golpe de hace un momento, le pasó factura. La vi balbucear algo antes de desplomarse otra vez sobre el pecho del chico. Ravencourt salió disparado, gritando como un demente. Me giré hacia Effie; seguía llorando a moco tendido, pero la sonrisa que tenía en la cara no tenía precio. —"Lo lograste"— sollozó mientras se pasaba la mano por la mejilla, mandando su preciado maquillaje al carajo. Estiré el brazo por puro instinto y la jalé hacia mí para estrujarla en un abrazo. La apreté como nunca. —"No, lo logramos"— le corregí. Lo habíamos logrado todos. Sentí sus manos aferrarse a mí con la misma fuerza. Sabía que esto tenía truco, que no era más que otro juego retorcido de Snow. Pero en este momento, eso me importaba una soberana mierda. Fuera lo que fuera, esos dos estaban vivos. El estruendo del deslizador en la pantalla me obligó a soltar a Effie. Fue un recordatorio de que el chico todavía tenía un pie en la tumba. En la pantalla, los médicos del Capitolio ya estaban encima de él, aplicando sus trucos para evitar que se les muriera el juguete nuevo antes de la entrevista. Agarré a Effie de la mano y empezamos a avanzar a toda prisa hacia los ascensores. Teníamos que llegar a la sala médica de urgencia antes de que el caos se volviera inmanejable. Vamos, aguanta, chico. No te mueras ahora. Mis dedos temblaban mientras aporreaba el botón del ascensor una y otra vez, como si eso fuera a hacer que la maldita caja de metal bajara más rápido. El rugido de los fuegos artificiales retumbaba en las paredes, filtrándose por todas partes. Imbéciles. Entré al ascensor y me giré para encarar la dichosa “fiesta” mientras las puertas se cerraban. Lo último que vi fue a Ravencourt rodeado de sus “amigos”, bebiendo como si no hubiera un mañana mientras celebraban su “victoria”. Pedazo de mier— El apretón de Effie en mi mano me cortó el insulto a mitad de camino. Me dedicó una sonrisa forzada antes de sacar su teléfono. Vi cómo buscaba entre sus contactos hasta dar con Cinna y marcar su número. (POV Prim) Tragué saliva, con un nudo apretándome la garganta, mientras veía a mi hermana desplomarse sobre el pecho de Mellark. Él tenía los ojos cerrados, como si aceptara su destino con una paz que me asustaba, aunque en realidad había perdido el conocimiento mucho antes de tocar el suelo. A mi lado, mamá tenía el rostro roto; era una mueca desencajada que se perdía entre el brillo constante de sus lágrimas. Todo era demasiado para nosotras: el anuncio, el miedo y Katniss arriesgándolo todo por el prisionero del Capitolio. Pero ganó... ambos ganaron. Eso significa que… La imagen cambió de golpe cuando el aerodeslizador se reveló, mostrando a un Caesar Flickerman que nos miraba desde la pantalla con los ojos abiertos de par en par. Lo vi parpadear varias veces, desconcertado, antes de recobrar la compostura y empezar a alinear sus papeles contra el escritorio mientras se aclaraba la garganta, intentando recuperar su papel. —"Esto, sin duda..."— comenzó a decir, y se le notaba la voz un poco quebrada, menos brillante que de costumbre. —"Es algo con lo que no contábamos. Estoy tan impactado como todos ustedes. Es la primera vez en todos mis años ofreciendo este hermoso servicio a mi nación que me encuentro con una sorpresa así"— continuó, forzando una sonrisa que no terminaba de llegarle a los ojos. —"Pero, sin duda, es una sorpresa bienvenida. Tener dos campeones significa..."— dijo de prisa, señalando la pantalla ahora con su sonrisa deslumbrante de siempre. Sentí que las palmas de mis manos me sudaban todavía más, si es que eso era posible después de tanta angustia acumulada. —"¡Que hay doble fiesta, doble alegría! Y el hecho de que sean la "Chica en Llamas" y el "Hijo Pródigo" hace que esta emoción sea todavía más grande"— exclamó con voz cantarina, como si mi hermana no hubiera estado a un segundo de morir de verdad. Como si todo el dolor que pasaron no fuera más que un simple espectáculo. Cerré el puño con fuerza. Podía sentir el rastro de las lágrimas secándose en mis mejillas mientras bajaba la vista hacia mis rodillas. Sentí la mano de mamá en mi hombro y, al mirarla, vi que todavía parecía perdida en su propia confusión, como si no terminara de creer lo que veía. —"Lo importante es que volverá a casa"— me susurró, estrechándome contra ella. Al fundirme en su abrazo, las lágrimas que creía agotadas volvieron a brotar. Sí, lo sé, pero... regresará con él. Entonces escuché los golpes desesperados en la puerta, seguidos de las voces de Daisy y Gale llamándonos a gritos desde afuera. (POV Haymitch) Mis piernas no dejaban de vibrar, un tic nervioso que me ponía de malas mientras esperaba con Effie en esos ridículos sillones de la sala de emergencias. Había pasado una hora desde que terminó el maldito espectáculo. Sabía perfectamente que el mundo allá afuera debía ser un basurero de caos por la dichosa victoria doble. Festejos estúpidos, por un lado, y sospechas venenosas en los Distritos perdedores por el otro. Esto no tenía precedentes. Había algo podrido moviéndose entre las sombras de este resultado; lo sabía, aunque el cerebro me funcionara a medias. Como advirtió Effie, están jugando a un nivel que no se supone que entendamos. Algo buscas, Snow. Un movimiento así solo podía venir de tu cabeza retorcida. No hay más, te huelo desde aquí. ¿Pero qué demonios quieres ahora, viejo de mierda? El siseo de las puertas automáticas me hizo saltar de mi sitio, esperando ver a algún médico. En su lugar, aparecieron Cinna y Portia; se veían como si hubieran corrido un maratón por todo el Capitolio solo para llegar aquí. —"¿Qué les han dicho?"— Soltó Cinna de inmediato, mandando al diablo cualquier saludo y avanzando hacia nosotros con una urgencia que casi me hace respetarlo. —"Katniss está bien, solo es una contusión leve por el golpe en la cabeza. Ahora duerme; le están pasando soluciones para compensar la desnutrición"— respondió Effie de un tirón, tratando de no perder los papeles. Cinna cerró los ojos, soltando todo el aire que parecía tener contenido en los pulmones. Portia le puso una mano en el hombro con una pequeña sonrisa. —"Pero no sabemos un carajo de Peeta. No han dicho nada"— añadí con voz ronca. Noté cómo se tensaba la mandíbula de Effie mientras desviaba la mirada, como si buscara algo. Cinna y Portia se quedaron ahí, tiesos, sin saber muy bien cómo procesar eso. Fue entonces cuando recordé, con una amargura que casi me arranca una carcajada burlona, que ellos todavía no confiaban del todo en el chico. Si tan solo supieran. La puerta volvió a abrirse. Esta vez apareció el doctor, cubierto de sangre y sudor hasta las cejas. El hombre canoso nos clavó la vista de una forma que me hizo sentir un escalofrío recorriéndome la espalda de arriba abajo. (POV Prim) La casa estaba sumida en un silencio absoluto; en la pantalla del televisor solo se repetían escenas "emocionantes" de los Juegos, que no eran más que imágenes de Mellark acabando con otros tributos. Por eso, no me extrañó cuando mamá simplemente la apagó, incapaz de seguir mirando. A pesar de la presencia de los Hawthorne, la casa se sentía extrañamente vacía. Nadie había dicho una sola palabra en horas; nos limitamos a ver a Caesar hablar interminablemente sobre lo "impresionante" que había sido esta edición especial. Sabíamos que Katniss estaba viva, pero no habían dicho nada sobre su estado real. Me quedé mirando a Vick un momento, sintiendo una punzada de vergüenza por las cosas que le había dicho anteayer en la plaza. Aunque, en el fondo, sé que tenía razón. Ese pensamiento solo consiguió enojarme más. Él simplemente no entiende lo que esto significa; no siente lo mismo que yo, que todos nosotros. Mellark es una amenaza. El hecho de que fuera capaz de matar a su propia familia deja muy claro qué clase de persona es. No lo quiero cerca de Katniss… Ella ya ha perdido demasiado como para cargar con él. —"¿Entonces vamos a seguir así, en silencio? ¿Como si no fuera a pasar nada?"— Escupió Gale de repente, rompiendo la calma y haciendo que todos lo miráramos. —"Gale—" —"No, madre. Esto simplemente no está bien y todos lo sabemos. Es solo otra manera que tienen de lastimarnos… de lastimarla a ella"— la interrumpió Gale, aunque esto último lo dijo casi en un susurro amargo. Él tiene razón; solo le traerá más dolor a mi hermana. —"Ese maldito es solo otro circo de su parte, y ahora tendremos que aguantarlo aquí, con nosotros. ¿Qué demonios se piensan los del Capitolio que somos?"— Volvió a atacar Gale. Sentí cómo el aire en la habitación se volvía pesado por las verdades tan incómodas que soltaba. Vi a Daisy bajar la mirada, pensativa, mientras Rory asentía a lo que decía Gale. En cambio, Vick frunció el ceño, como si todavía no terminara de entender a qué se refería exactamente. —"Aún no sabemos qué pasará cuando lleguen"— le respondió mamá, y todavía se podía ver el rastro rojo del llanto en sus ojos. —"Pero lo que sí sé es que Katniss podrá salir de esta. Solo está esperando a que termine el espectáculo"— dijo finalmente. Me mordí la lengua para no soltar que se lanzó por él, que incluso lo protegió con su cuerpo. ¿Qué se supone que significa eso? ¿Era un "plan"? ¿Pero qué clase de plan es ese? ¿Morir? Alejé esas preguntas de mi cabeza y me concentré en que mi hermana regresaría, tal como me lo prometió. Mi mirada se posó en el paraguas que colgaba de la pared y, sin dudarlo, lo tomé entre mis manos. —"¿Acaso importa?"— Pregunté, girándome para encararlos a todos, apretando el mango con firmeza. —"Ella va a regresar. Confío en que sabrá qué hacer para dejar a Mellark atrás"— sentencié, bajando la vista hacia el viejo, pero bien cuidado, paraguas rojo. —"Prim tiene razón. Lo único que importa ahora es que ella regrese"— me apoyó Daisy, recorriendo a todos con la mirada. Ya quiero verte, Katniss. (POV Katniss) ~Ve a casa~ Esas palabras golpearon mi cerebro justo cuando abrí los ojos. Tuve que cerrarlos de inmediato; la luz blanca del techo me apuñalaba la vista. ¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando? ¿Peeta? —"Katniss, tranquila"— dijo una voz femenina a mi lado. Seguía sin ver nada; la claridad me cegaba. —"Apaga eso, la está encandilando"— ordenó una voz ronca y pastosa. Haymitch. La luz se fue. Abrí los ojos poco a poco hasta toparme con una peluca verde limón y, debajo de ella, la sonrisa de Effie. Se me encogió el estómago; me alivió verla. A su lado estaban Haymitch y Cinna. Portia estaba detrás, con la mano todavía en el interruptor. Todos se veían agotados, pero sonreían. —"Oh, cariño, por fin despiertas. Casi nos matas del susto"— dijo Effie antes de acercarse. Me tomó la mano; apenas sentí el roce de sus dedos sobre mi piel. —"¿Dónde estoy?"— Pregunté. Me ardía la garganta; la sentía como papel de lija. —"En el hospital de los vencedores"— respondió Cinna, acercándose con una sonrisa breve. Gané... Realmente gané. No. Ganamos. —"¿Dónde está él?"— Pregunté. Nadie respondió. El silencio se volvió pesado, solo roto por el pitido rítmico del monitor junto a mi cama. Effie abrió la boca varias veces, pero no le salieron las palabras. Portia y Cinna bajaron la vista. Clavé la mirada en el único que sabía que no me mentiría: Haymitch. El pitido empeoró. El sonido empezó a acelerarse. —"Chica, tienes que tranquili—" —"¡¿DÓNDE ESTÁ, HAYMITCH?!"— Mi grito tapó por completo el ruido de la máquina. —"Está vivo. Está bien…"— me soltó por fin. Apreté la mano de Effie y sentí cómo mi pecho se relajaba. El ritmo del monitor volvió a la normalidad. —"Necesito verlo"— dije antes de intentar incorporarme para salir de esta maldita cama. Pero al instante todos se abalanzaron sobre mí para evitar que me levantara. Effie soltó mi mano mientras me hacía un gesto desesperado para que me quedara quieta. —"Tienes que esperar a que el médico te revise primero"— noté que mentía por la forma en que le tembló la voz y por esa sonrisa forzada en su rostro. Algo está mal. Mi instinto me lo gritó de inmediato y la mirada de Haymitch solo lo confirmó. Volví a observar a todos en la habitación; el ambiente era extraño, pesado. Mi vista se clavó de nuevo en Haymitch. —"Haymitch"— pronuncié su nombre sin apartar los ojos de los suyos. Necesitaba la verdad, fuera la que fuera. Si se trataba de su brazo, de un daño en su ojo o en su pierna, tenía que saberlo. Él soltó un suspiro, como si después de tanto tiempo realmente se sintiera superado. Me miró fijamente, con una expresión en la que no había espacio para sentimentalismos. —"Está en coma…"— las palabras que siguieron se convirtieron en un pitido lejano en mis oídos. Coma… Mi mente repitió la palabra, pero no lograba comprender el significado ni encontrarle un lugar en mi cabeza. No. —"¿Cuánto?"— Solté, interrumpiendo lo que sea que Haymitch explicaba sobre la pérdida de sangre. Logré enfocarlo nuevamente mientras apretaba la mandíbula. —"No lo saben. Dicen que tal vez—" —"¡Cómo demonios no lo van a saber si son el Capitolio!"— Recriminé, jadeando. Tenían la tecnología, podían crear cosas asombrosas. ¿Cómo era posible que no supieran qué le pasaba o cómo despertarlo? —"Katniss, tienes que entender que hay cosas que ni siquiera el Capitolio puede lograr"— respondió esta vez Effie, al borde de las lágrimas. —"No salí de esa maldita arena con él para que ahora me digan que no saben cómo curarlo"— escuché mi propio quejido mientras mi mano se movía para arrancarme la aguja del brazo. Sentí el pinchazo y el tirón, y luego la sangre corriendo por el brazo. No me importó. Effie intentó sujetarme, pero la alejé de un golpe. Sentía un calor en el pecho a punto de estallar. Abrí la boca para exigir respuestas otra vez. —"¿Crees que despertará?"— La voz tranquila de Cinna, que me observaba con las cejas levantadas, me detuvo en seco. —"¿Qué?"— Le respondí, confundida por su extraña pregunta. —"¿Que si crees que despertará?"— Repitió con calma. —"Claro que sí"— respondí sin dudarlo, sintiendo que mi pulso se estabilizaba. —"Entonces no tienes nada que temer; él regresará contigo"— dijo acercándose y desplazando a Effie, quien dio un paso a un lado. —"Pienso que, si él pudo hacer todo lo que hizo en esa arena, podrá salir de esto por ti"— terminó de decir antes de tomar mi mano con suavidad. El calor de mi pecho desapareció, dejando un frío doloroso. —"Pero yo—" no pude terminar la oración porque sentí que los ojos me ardían. —"Lo necesitas. Lo entiendo"— me dijo con esos ojos castaños que parecían leer mi mente. Bajé la cabeza cuando la visión se me volvió borrosa. Asentí levemente y fue entonces cuando sentí sus brazos rodearme y la mano de Effie sobre la mía otra vez. No sé cómo voy a hacer esto sin ti. (POV Haymitch) Abrí la puerta dejando atrás la habitación de Katniss. Tras el golpe de realidad y la ayuda de Cinna para calmarla —algo que, a mi pesar, agradecía profundamente—, todo se hundió en el silencio. Poco después apareció una enfermera; volvió a conectar la aguja en su brazo e inyectó algo en el suero para que durmiera un rato más. Era lo mejor para todos. Nos quedamos ahí, callados. Por la ventana se veían los estúpidos fuegos artificiales de la fiesta que se celebraba en el centro. Las horas pasaron hasta que el doctor nos informó que Peeta seguía en coma y que debían aprovechar el tiempo para operar lo que quedaba de su brazo. Apoyé la cabeza contra la pared blanca, intentando enfriar mis pensamientos. Había estado esperando la maldita visita de Snow a su nueva vencedora, pero el viejo no aparecía. ¿Qué demonios está tramando? Snow no suele perder el tiempo y no me gusta la idea de que la chica tenga que enfrentarlo sola. No después de todo lo que Peeta sacrificó por ella. Necesito un trago... una botella entera, mejor. La puerta se abrió y por un segundo me golpeó un olor a sangre que me congeló los nervios. Pero cuando giré la cabeza, solo era el médico de antes. —"Señor Abernathy"— se anunció, ganándose apenas un leve gesto de mi parte. —"Peeta Mellark ya está en su habitación, en la planta superior. Puede pasar a verlo si lo desea"— dijo con esa cortesía barata del Capitolio antes de entrar a ver a Katniss. Escuché la voz de Effie saludando alegremente al médico; Cinna y Portia se unieron a ella con la misma cortesía. Katniss estará bien por ahora. Mi mirada se cruzó con la de Effie un segundo antes de que la puerta se cerrara. Me di la vuelta, pasé de largo por donde salió el médico y caminé directo hacia el ascensor. Mientras subía, mi cabeza no paraba; necesitaba saber qué buscaba Snow o si todo esto era obra de Bran. Incluso si el idiota de Seneca había tenido algo que ver con el final. Nada tenía sentido. Snow perdonó a Peeta para que fuera posible ganar los Juegos y así no manchar la reputación del Capitolio —su reputación—, logrando que los distritos vieran al presidente como alguien capaz de ser misericordioso. Nuestro plan había funcionado a la perfección; hasta las entrevistas fueron el romance que todos esperaban. Ese por el cual gente como Ravencourt chillaba y celebraba como una animadora. Se lo habían tragado por completo. Y que al final resultara ser real solo le dio un impulso todavía mayor. Pero empezaron a modificarlo todo durante los Juegos: las transmisiones, los comentarios de Caesar y Claudius. Incluso la familia de Katniss dando por hecho que Peeta la traicionaría. Todo por esa grabación de audio, cortesía del malnacido de Bran. Hasta ahí entendía la jugada. Pero esto, ¿por qué carajos dejarlos ganar a ambos? ¿Cuál era el motivo? ¿Qué demonios vio Snow que yo no alcancé a ver? ¿Qué es? Las puertas deslizándose me sacaron de mis pensamientos. Caminé hacia la única habitación con la cabeza todavía dándome vueltas, en un intento por descifrar qué estaba pasando. Mi mano se posó en el botón para abrir la puerta y me quedé paralizado. Hice una mueca cuando el olor a menta inundó mi nariz. Menta… ¿Dónde— Mis ojos se abrieron de par en par y entré de golpe con el pulso acelerado. Me quedé inmóvil en el momento en que mi mirada se cruzó con esos ojos azules. Bran Mellark me miraba de pie, con una ceja levantada y una estúpida sonrisa en la cara. Su mano descansaba en la cama donde Peeta, con un tubo en la boca y cables sobre el pecho y la cabeza, se interponía entre él y yo. —"Oh, Haymitch, como siempre es un placer verte"— mi nombre en su boca sonó como si lo estuviera masticando, seguido de esa dulzura falsa. La sonrisa en su rostro se ensanchó. Sentí un vuelco de malestar en el estómago. —"¿Qué mierda hace—" —"Haymitch Abernathy, no sabía que tus modales necesitaran una mejora"— una voz a mi derecha me silenció en el acto. Fue entonces cuando el olor a menta fue sustituido por el de rosas y sangre, algo que me heló la sangre por completo. Mi mirada viajó durante lo que sentí como una eternidad hasta encontrarme con el hombre canoso de ojos azules y fríos. Snow. Estaba de pie con ese traje negro impecable y la rosa roja en la solapa. Cerré el puño al instante mientras tragaba saliva. —"Ja, ja, ja, Cornelius, no seas tan duro con el hombre"— soltó Bran, obligándome a mirarlo de nuevo. Él solo miró a Peeta una vez más antes de alejarse de la cama. Esa sonrisa que tanto me incomodaba no desapareció de su rostro ni un segundo. Se metió ambas manos en los bolsillos. —"Después de todo, está muy contento porque fue parte "fundamental" en esta victoria doble"— expresó con sarcasmo antes de sacar las manos para aplaudirme levemente. —"Felicidades"— agregó antes de sonreír otra vez. Las ganas de golpearlo regresaron con tanta fuerza que sentí cómo se me marcaban las venas del cuello. Me mordí la lengua con tal dureza que percibí el sabor metálico de la sangre. Él se me acercó y el olor a menta me revolvió el estómago todavía más. Me golpeó el hombro con suavidad antes de señalarme con el dedo. —"Sigo creyendo que deberíamos cenar en algún momento; podrías invitar a la señorita Trinket. Conozco un restaurante maravilloso con tarta de coco"— dijo en tono amigable, y a mi mente volvió de inmediato nuestro primer encuentro. —"Bueno, Cornelius, me retiro"— habló él, ignorándome como si nunca me hubiera dirigido la palabra, para dirigirse a Snow. El presidente solo asintió tranquilamente. Lo seguí con la vista hasta que desapareció por la puerta. Me quedé clavado en el sitio. Ese bastardo hijo de p— —"La juventud a veces es difícil de controlar, ¿no lo crees, Haymitch?"— Esa maldita voz calmada de Snow me obligó a soltar mis pensamientos para centrarme por completo en él. Abrí la boca para contestar, pero no me dejó. —"Y más cuando son varios. Como en tu caso. Por eso espero tu total cooperación para entrenar a tus dos nuevos vencedores. Aunque…"— añadió, dejándome con las palabras en la boca. Lo vi acercarse lentamente a Peeta e, instintivamente, yo también acorté la distancia. El viejo lo observó fijamente durante un segundo. —"Aunque este tributo es muy especial y sé por experiencia que no podrás controlarlo. Pero tienes algo que sí puede hacerlo. Así que úsalo"— sentenció finalmente mientras caminaba hacia la puerta, deteniéndose a mi lado, hombro con hombro. Sus ojos me taladraron con una frialdad que me recorrió la espalda. —"No quiero errores, Haymitch"— soltó finalmente. Solo pude asentir, tragándome la rabia. Y simplemente se marchó. En cuanto la puerta se cerró, dejé caer ambas manos sobre la cama de Peeta. Agaché la cabeza, intentando recuperar el aliento y recomponerme. Después de unos segundos, levanté la mirada hacia el chico, que solo respiraba gracias a las máquinas. Entonces, mi atención se clavó en su lado derecho. ¿Pero qué demonios…?Mentas y rosas
12 de enero de 2026, 23:54