9 - "El corazón de Luffy"
22 de enero de 2026, 15:39
Esto es lo que yo quería.
Lo que siempre quise.
Quizás no como pirata... o quizás sí. Quizás quería ser parte de algo y los Sombreros de Paja siempre me deslumbraron. Brillaban para mi en el cielo cuando miraba las estrellas... admiraba su libertad y la valentía de tomar sus vidas con sus manos y moldearlas. Esos ojos llenos de vigor en las fotos, en las transmisiones... yo también lo quería.
Yo también deseo sentirme viva.
—Tengan cuidado. Desde que se repartieron los periódicos la isla está en completo frenesí buscándolos —dice mirando la calle antes de salir en camino hacia el vallado.
—Estaremos bien, ¿verdad Edina?
—Sí —porque haremos que así sea—. Podremos manejarlo.
Su sonrisa se engancha al escucharme y suelta una risita.
Yo también quiero ser libre como él. Quizás no tenga algo particular como los demás que resalte, pero algo hay en mi y Luffy lo vio.
Sólo no sé qué. Sin embargo confiaré en él.
—Hagan lo que hagan, eviten tocar a sus dobles. Si los tocan, serán absorbidos. El Haki de Armadura te servirá para tratar con ellos.
—Okay —asiente Luffy.
Avanzamos por las calles, ya que hemos decidido acercarnos hacia otro punto del vallado y cada esquina parecía más cargada de frenesí que la anterior. No era solo paranoia: los murmullos, las miradas furtivas, los pasos que se detenían cuando nosotros pasábamos. La isla sabía que estábamos aquí y estaban desesperados por encontrarnos.
Igual con todo el disfraz puesto me sentía completamente expuesta ante cualquiera que cruzara miradas conmigo.
Leonard caminaba unos pasos adelante, más tenso que nunca. Podía ver cómo evaluaba cada salida, cada sombra. La cantidad de guardias había aumentado que recorrían los alrededores observando y controlando, registrando a cualquiera que se veía sospechoso.
El aplastante ambiente dificultaba caminar con normalidad, pero con Luffy a mi lado el valor iba aumentando en mi pecho. Así que intento mantener la frente en alto orgullosa a su lado, ya que no tengo nada de que temer.
¿Cómo hacen los demás mugiwaras? Es sorprendente cómo pueden manejar este nivel de estrés. Las manos me sudan y tengo que limpiarlas por mis pantalones.
—Deténganse —dice un guardia de repente y paro al acto junto con los demás. Miro de reojo y la gente murmulla mientras nos observa.
—¿Sucede algo oficial? —pregunta Leonard.
—No pueden cruzar más allá de este punto. —el Pirá es enorme que doy dos pasos atrás para poder verlo mejor. Estoy segura que pasa los dos metros.
—¿Por qué no? —pregunto.
—Se está realizando un replanteo para extender el perímetro de las rejas.
—¿La van a extender? —trago al verlo a Leonard alarmado— Ya es lo suficientemente amplio.
—Órdenes del primer ministro. —dijo tajante.
Veo más allá de él y hay hombres junto a otros Pirá observando planos y señalando a su alrededor. De pie cerca de las rejas los dobles observaban curiosos lo que sucedía.
Tenemos que hacernos camino.
—¿Hay algo que podamos hacer para ayudarlos? —Leonard y Luffy voltean a mirarme curiosos.
—No. Por favor, retírense.
—Sólo queremos colaborar de alguna manera. Deben estar agotados lidiando con todo —digo buscando sonar lo más dulce e inocente que puedo—. ¿Necesitan alimentos? ¿Bebidas? Sería una donación nuestra.
El guardia me escudriña fríamente.
Lo está considerando.
—Se apreciaría su donación si así lo desea.
¡Bien! —Gracias —sonrío emocionada. Volteo hacia los otros dos bien confundidos—. Vayamos por ellos.
—Señorita —comienza Leonard anonadado.
—Un poco de sacrificio para un bien mayor, ¿no crees?
Leonard abre la boca y luego la cierra —Sí, supongo que sí —afirmó dirigiéndose a su restaurante resignado.
—¡Buen trabajo Edina! —su mano cae en mi hombro.
—¡Gracias! Así podremos acercarnos a la valla mientras repartimos los alimentos.
Él asiente y voltea para atrás a observar lo que nos espera acomodándose el sombrero—Esto será sencillo.
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.
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No puedo creer que estoy de vuelta frente a estas rejas. No hay señales del doble de Luffy por ninguna parte.
Estoy empezando a creer que estamos siendo precipitados. Tan sólo fue ayer que Luffy vio a su doble ¿y ya tiene que enfrentarse a él? Entiendo que sea peligroso que se fortalezca, pero no ayudará que Luffy caiga ante una lucha tan fuerte emocional como psicológica.
—Quisiera uno por favor —dice un Pirá acercándose tímidamente.
—Aquí tienes —meto la mano en mi bolso para entregarle una botella, al menos estaba ayudando a la gente de aquí—. Gracias por tu trabajo.
—Gracias a ti —la recibe. Lo mira fijamente en sus manos.
Volteo a mirar a Luffy que sonríe a las personas y bromea mientras entrega su porción. La gente se reune a su alrededor para conversar con él.
Debería de ceñirse al plan, pero era mucho pedir con su actitud tan amistosa.
—Disculpe...
—¿Sí? Dime—es el mismo Pirá hablándome.
—¿Cómo te llamas?
Eh... —Edina.
—Oh, Edina. Es un gusto, mi nombre es Kevan.
—Un gusto también para mí —Otro Pirá se acerca pedirme una botella.
—Quería agradecerte por este lindo detalle.
—No hay de qué. Sólo queremos ayudar.
Asiente y me sonríe dulcemente —¿Puedo hacerte una pregunta?
—Adelante.
—Eh... ¿cómo te sucedieron esas cicatrices?
—Pues... —regreso a mirar a Luffy y lo veo observándome atento mientras conversa. Lo saludo con la mano— Un accidente en la cocina.
—Oh, ya veo. ¿Fue hace mucho tiempo?
—Sí... ya hace bastante.
—¿Has probado la crema cicatrizante de la tienda Amir? Dicen que es muy buena —se cruza de brazos y por un momento me quedo colgada viendo sus ojos negros—. Aunque si es hace bastante tiempo no se si sea muy efectivo.
—No estaría de más probar, gracias por la sugerencia.
—¡Oh! ¡Espero no haber sido impertinente! —dice apenado.
—No... claro que no.
Observo que se remueve nervioso e incómodo. Es sorprendente, es decir, cómo somos tan diferentes físicamente pero tan iguales en el interior. Este Pirá también es alto y tiene un color azulado suave, la armonía de su rostro le da un aire de bondad y no me causa temor.
—Gracias por animarte a decírmelo. Por preocuparte por mi.
—¡Ah! No es nada. Sólo quería ayudarte de alguna manera —suspira aliviado—. Me alegra habértelo dicho entonces.
—¿Todo bien? —dice Luffy acercándose a nosotros sonriendo.
—Sí, Kevan estaba recomendándome una crema para las quemaduras. No estaría mal probarlas —si llegamos a tener tiempo de ir.
—Ya veo. Iremos por eso más tarde.
Asiento sin hacerme muchas ilusiones. Ha pasado bastante, no creo que sea posible que lo borre de mi piel.
—De nuevo, gracias por la ayuda —dice Kevan inclinándose ligeramente hacia Luffy.
—Todo fue idea de Edina. Es a ella a quien debes agradecer.
Kevan asiente y vuelve a inclinarse. Me da un poco de timidez así que evito mirarlo. Luffy ríe por nuestro intercambio.
Al reincorporarse intenta abrir la botella pero veo que está cerrada muy fuerte. —Deja que te ayudemos.
Luffy extiende la mano para sujetarlo y a Kevan se le resbala. Por lo que Luffy...
Ay no.
—¿Eh? —dice Kevan sin entender la posición antinatural de la mano de Luffy y un Pirá alejado de nosotros salta de la impresión.
—¡Se le extendió el brazo!
Luffy lo recoge volviendo a su estado normal y voltea hacia mi —¡Ups!
El aire se volvió pesado al instante. Como si ese pequeño momento en el que lo estiró, apenas un segundo, hubiera quebrado el frágil disfraz que llevábamos puesto.
—¿Qué fue eso? —preguntó alguien cerca, con tono agudo.
Un murmullo incómodo empezó a crecer. Los ojos de los presentes se clavaron en nosotros como cuchillos. Percibí el sudor correrme por la espalda.
Nos van a descubrir.
Leonard reaccionó de inmediato.
—¡¿Alguien más quiere ramen?! —levantó la voz, dándole un golpe teatral a la mesa más próxima—. ¡Aun tenemos bastante para repartir!
Los guardias no parecían caer en la distracción de Leonard. Uno en particular frunció el ceño y avanzó entre la multitud, directo hacia nosotros.
—¿Quién eres tú? —le pregunta el guardia que nos dejó pasar.
—¡Es un compañero de trabajo! —me adelanto a Luffy antes que responda posicionándome frente a él como para ocultarlo.
—¡Muestrame tu rostro!
Mierda.
Nos miraban fijo, con ojos que parecían reconocerlo. Reconocerlo a él.
—Se parece a Monkey D. Luffy —murmura alguien y el guardia frente a nosotros entorna los ojos.
—Por favor —digo juntando el coraje de donde sea para sonar segura—, ¿acaso creen que el pirata Monkey D. Luffy estaría perdiendo el tiempo repartiendo comida—
—Hey, lo hice en Wano ¿sabes?
No es momento de—
—¡¿Monkey D. Luffy?! —exclama angustiado ante la revelación frente a él.
—¿Estás lista? —me pregunta a mi lado. Busco a Leonard y lo veo de pie a una distancia de nosotros.
—Pero Leonard...
—¡Vayan! —grita Leonard, toma un tridente de un guardia distraído y empieza a blandir contra ellos.
Luffy me sujeta de la muñeca y me pone detrás de él —¡Súbete!
Me lanzo a su espalda y lo abrazo del cuello envolviendo mis piernas en su cadera. Se agacha un momento.
El guardia completamente estupefacto observa la situación inmóvil—¡Monkey D. Luffy no puedes estar aquí—exclama y, antes de que saltemos como un resorte es lanzado por un puño de color metálico lejos de nosotros.
¿Eso era el famoso Haki?
Saltamos bien alto que en la caída mi corazón parece quedarse fuera de mi cuerpo sin acompañarme. Caemos al otro lado de la valla y, los Pirá que nos estaban observando se acercan contra la reja.
El aire del otro lado era distinto. Más denso, más pesado... como si respirar aquí costara el doble.
Me descolgué de la espalda de Luffy y mis piernas temblaban ligeramente todavía por la caída. Él, en cambio, estaba contento como si hubiéramos saltado una simple cerca de jardín.
—¡Eso estuvo genial! —se ríe, como si yo no estuviera tratando de recuperar la compostura. Es la segunda vez que vivo la emoción de seguirle el ritmo. No pude evitar reír un poco también. Era imposible no contagiarse de él.
Pero entonces lo sentí.
Miradas. Docenas de miradas fijas sobre nosotros.
Volteé y los vi. Los dobles. Algunos estables, idénticos a los habitantes de afuera. Otros deformes, con gestos desfigurados, como espejos rotos que intentaban imitar un reflejo humano y fracasaban.
No se movían, pero nos observaban con una intensidad que me heló la sangre.
—¡Regresa aquí! —nos ruega otro guardia que se pega a las rejas desesperado —¡Estás cometiendo un gran error! ¡Vas a destruir nuestro hogar! Ustedes —giro hacia otros guardias Pirá que estaban observando asustados—, informen de esto al comandante. Tenemos que ir tras de ellos. Monkey D. Luffy y su compañera, declárenlos fugitivos.
—¡Sí señor! —observo a los cadetes alejarse ingresando al centro de la ciudad.
Ya no soy una espectadora. He cruzado el umbral finalmente y soy parte de ellos. Ya no hay vuelta atrás.
No quiero volver atrás.
"—¡Edina! ¿Cómo es que puedes ser así? Concentrate ¿quieres? Vive en el tiempo presente. ¡El mundo no es tan sencillo como crees!"
No, no lo es. Ya sé que no.
Estoy en el mundo de los piratas, en el terreno donde ellos caminan. Y si quiero quedarme... si quiero seguirles debo demostrar que pertenezco aquí. Que puedo sobrevivir aquí.
Apreté los puños.
Y eso es lo que haré.
—Luffy...
Él me miró, todavía con esa chispa de emoción en los ojos.
—Vamos a buscarnos —dijo, como si fuera lo más simple del mundo.
Y dimos el primer paso hacia el interior de la zona de dobles. El lugar estaba desecho, las calles abandonadas llenas de maleza que crecían y la mugre que caía sobre las paredes que seguían humedad daban un olor muy fuerte que debía taparme la nariz en algunos momentos.
Los dobles que nos vieron cruzar se nos quedan mirando curiosos, si no supiera que crucé la valla pensaría que son personas normales.
Los demás que no nos vieron cruzar caminan ignorándonos por completo, parecen no tener rumbo fijo y están murmurando cosas todo el tiempo mientras miran a la nada.
Me acerco a la fuente que habíamos visto ayer y observo dentro de ella, hay un montón de renacuajos criandose en él.
—El lugar está deplorable —digo observando a los alrededores.
—Sigamos —dice Luffy permitiéndome caminar frente a él.
—¿Crees que tu doble esté cerca?
—No lo sé —se detiene—. Pero podríamos llamarlo.
—¿Qué? ¡No!
—Así sería más rápido.
—No es necesario hacerlo rápido.
—Pero ya me está dando hambre.
—No.
Hace pucheros mientras sigue caminando conmigo. Más adentro... ya comienzo a tener miedo debido a la baja visibilidad por la niebla. Los dobles caminan extraño y la mayoría ha perdido su forma humana, algunos actuan como si estuvieran sufriendo un ataque epiléptico, otros corren y saltan mientras gritan palabras sueltas y unos pocos se quedan de pie observando el suelo.
Aquellos que actúan frenéticos me aceleran el corazón. Según Leonard, los dobles que no son tuyos no están interesados en ti pero verlos correr hacia mí y por ultimo evitarme no hace que pueda sentirme segura para nada.
—Woah, este lugar está peor —Luffy observa indiferente el lugar mientras yo me acerco lo más que puedo sin molestarlo. Se detiene y se cruza de brazos a pensar.
No veo a mi doble por ninguna parte también. Me da un poco de ansiedad lo que puede hacer o decirme cuando—
—¡Oye! —doy un salto del susto al escucharlo gritar —¡Aparece!
—¡Luffy! —me acerco aterrada a él—¿En qué quedamos?
—Es una zona grande Edina —se queja—No vamos a terminar nunca. ¡Oye! ¡Aparece! ¡Aquí estoy!
Siento la calma antes de la tormenta. El silencio que se instala es falso, pues podría asegurar que pronto será roto. Pasan unos minutos en el que con mis manos protejo mi alma mientras marchamos más adentro hasta que escucho pasos sonoros contra el pavimento.
Veo una sombra acercase desde la ligera niebla que cubre nuestro camino. De los que van acercándose, uno de ellos avanzaba con paso decidido y me heló la sangre al instante: vestía lo mismo que Luffy, la misma vieja camisa, la misma sonrisa que conocía ya bastante bien y esos ojos llenos de... resentimiento. Se detuvo y clavó los ojos en mi capitán.
—Hola pequeño idiota ingenuo.
Jadeo al escuchar su saludo tan grosero. Luffy jamás diría eso. El ambiente se siente más tenso y, con tan solo ver a la copia viva imagen del capitán sonreír burlón soberbio me causaba un mareo e inestabilidad tratando de comprender el fenómeno. Si yo me sentía así por estar cerca, Luffy que tiene más conexión con él...
Él lo observa en silencio seriamente erguido desafiándolo con la mirada.
—¿Qué? ¿No tienes nada que decir? —lo alienta el Luffy extraño.
Luffy levanta el brazo y apunta con el dedo indice a su doble —¡Luffy B!
—¿Qué dices? —le responde el otro.
—Eres Luffy B. Yo soy Luffy A.
¿Qué está haciendo...?
—Ya estás con tus tonterías de vuelta —sus ojos caen en mí y me mira en silencio—. Edina —Trago saliva al oír mi nombre en sus labios— ¿De verdad seguirás a este idiota?
Sabe quien soy. Lo ha asimilado por completo en tan poco tiempo.
Luffy baja el brazo sin inmutarse. El Luffy B ríe seco ante mi silencio.
—No pudiste ni salvar a tu hermano ¿y quieres cargar con ella? ¿Con toda tu tripulación?
¿Se refiere a...?
Luffy se mantiene en silencio sin demostrar ninguna emoción. Tiene el rostro indescifrable.
—¿Rey de los Piratas? Es una completa tontería —levanta la mano hacia el cielo—. ¿Ir contra el Gobierno Mundial? ¿Contra la Marina? ¿Poner el cuello de todos en juego por un sueño infantil?
—Te equivocas —le responde seco.
—¿Hmm? ¿En qué me equivoco? —se cruza de brazos con un rostro gélido— ¿Crees que porque ya llegaste hasta aquí es posible que se te cumpla el sueño? ¿Crees que eres fuerte? ¿Cuanto tiempo hasta que otra persona muera por tus fantasiosos sueños?
—Nadie morirá.
La carcajada que suelta hace que se me erice la piel. Desprende control y soberbia, completamente seguro de sí mismo. Se para con un porte diferente, actuando como un Dios burlándose de nosotros.
—¿De verdad crees eso? —le agita el dedo indice molesto—. Fue por esa actitud, por tu ingenuidad que Ace murió. Eres débil, te pones al frente de batalla y no eres capaz de soportarlo.
—No.
—Si tan sólo te lo hubieras tomado en serio—
—¡Lo hice! En ese entonces no estaba listo. Pero ahora lo estoy. Ahora puedo proteger a mis amigos.
—Ace está muerto por tu culpa.
El aire se vuelve insoportable.
Luffy no responde de inmediato. Sus labios tiemblan, y yo casi siento que ha perdido la voz. Un silencio pesado cae sobre todos nosotros.
Entonces, con una fuerza que me sacude el corazón, grita —¡Ace decidió salvarme!
—¡Se sacrificó para salvarnos!
—¡Cállate! —se puso en posición para pelear—. No tienes idea de lo que dices.
—Ah, no... —su sonrisa cínica me hace retroceder hacia Luffy— Te equivocas. La tengo muy clara como tú. Ace murió —se me forma un nudo en la garganta—Mi hermano, el que prometió que viviría... que estaría siempre para mi... —su rostro se decompone, las lágrimas aparecen en sus ojos— Se ha ido. Estoy solo y todo porque soy débil.
—¡Luffy! No lo hagas. No pelees.
—¿Lo extrañas? Qué irónico. Fuiste tú quien decidió no salvarlo —inhaló sonoramente y transformó su rostro —"Ace tiene sus propias aventuras y yo tengo las mías" —me quedo muda ante su imitación— Ya lo sabías.
—Cállate.
—¡Sabías que estaba en peligro y lo ignoraste! —gritó con la voz quebrada.
Una onda de presión estalla alrededor. Los dobles cercanos retroceden como hojas arrastradas por el viento. Siento la fuerza vibrar en mis huesos, me cuesta respirar.
—¡Cierra la boca! —su puño se envuelve en Haki de la Armadura.
¡No! Está consiguiendo provocarlo—¡Luffy no!
Doy unos pasos hacia atrás de él horrorizada cuando veo la perfecta y similar sonrisa que era mi favorita en el rostro de esa cosa.
Sus brazos se estiran al mismo tiempo.
—¡Gomu Gomu no... Pistol!
El aire explota cuando sus puños chocan. Yo siento cómo la vibración recorre mi pecho, como si me hubieran golpeado a mí también. Ambos retroceden un paso, idénticos, mirándose con la misma rabia.
Era la primera vez que lo veía luchar, tiene una fuerza descomunal que me deja completamente helada y estática en mi lugar.
—¡No eres yo! —gruñe furioso.
—Soy todo lo que niegas. Soy lo que te niegas a mirar. ¿El vacío? ¿La muerte? ¿Tienes miedo de perder a alguien más? ¡Pues eres tu mismo el que los está arrastrando a una muerte segura!
El Luffy falso lo bombardea con una fuerza devastadora, los puños cayendo como lluvia. Luffy responde igual con el Gomu Gomu no Gatling, y el intercambio de golpes es tan brutal que el suelo se abre en grietas, la tierra misma protestando por ese choque imposible.
Yo apenas puedo seguirlos con la vista. Mis ojos ven dos Sombreros de Paja idénticos, moviéndose con la misma furia, con el mismo sueño... pero rotos y me espanta pensar que uno de ellos ni siquiera es real.
Se separan unos cuantos metros observándose y analizándose.
—¡Luffy, no puedes solucionarlo de esta manera! ¡Debemos detenernos y pensar!
—Lo siento Edina, pero él no lo entiende...
—Eres tú mismo Luffy —digo con el corazón en la garganta. No es facil para él oír de él mismo esos pensamientos.
—No... Le haré entender. ¡Mantente alejada!
—Sé lo que vas a hacer —ríe el otro.
—¡Second Gear! —Luffy acelera, vapor saliendo de su piel. Me alejo rápidamente del campo de batalla sin dejar de asombrarme ante la energía proveniente de ambos. Esto no puede ser real.
Su cuerpo se vuelve un rayo. El Luffy B sonríe, confiado, y hace lo mismo. El aire estalla en destellos rojos cada vez que se cruzan, como si se partiera el cielo.
—¡Jet Bazooka!
—¡Jet Bazooka!
Ambos salen disparados en direcciones contrarias tras el impacto, levantando polvo. Me tapo la cara para no tragar tierra.
Pero él no se detiene.
Esto es un caos. Debo pensar en cómo ayudarlo.
Debe haber una manera de poder controlarlo y debo lograrlo antes de que—
—¡Third Gear! —sopla su brazo y lo hincha como un globo colosal.
No está siendo racional. Se está sobre esforzando.
¡No! ¡Detente!
El golpe es titánico, pero el doble lo imita. Dos colosos se enfrentan con una fuerza que destroza árboles, rocas y todo lo que esté alrededor.
Mi corazón late desbocado. Esto se está saliendo de control.
Entonces Luffy se endereza, jadeando, y sonríe. Esa sonrisa que es solo suya, radiante y terca.
—Me volveré más fuerte y con esa fuerza protegeré a mis seres queridos. Sí, puede que muchas veces no sea fuerte ¡pero mis amigos estarán ahí!
—¿Dependerás de otras personas? ¿Es así como quieres ser Rey?
—¡No puedo ser perfecto! Por eso... Por eso los tengo a mi lado. Ellos cubrirán mis errores y juntos ¡encontraremos el One Piece! ¡Yo seré el Rey de los Piratas!
—¡Serás el Rey de los Perdedores! ¡¿Repetirás lo que sucedió en Sabaody?! ¿Crees que tendrás tanta suerte otra vez?
—Te equivocas. Ahora es diferente.
—¿Por qué quieres arriesgarlo todo por un futuro incierto? ¿Tan dispuesto estás de perderlo todo?
Su cuerpo vibra, la piel se estira, el cabello ondea como si fuera luz viva.
—¡Gear Fifth!
Su cuerpo vibra. La piel se estira, los latidos retumban como tambores gigantes.
El mundo cambia de golpe. Los colores se deforman, el suelo se dobla como si fuera de goma, el aire se llena de un sonido extraño, como campanas distorsionadas.
Luffy ríe. Pero no es solo risa: es un eco que rebota por todas partes, como si la realidad misma se burlara.
Yo retrocedo, aterrada. Esa no es solo una transformación. Es como si hubiera despertado algo que nunca debió existir.
¿Qué es esa transformación? Un momento... es igual a la foto de su "Se Busca".
En comparación con Luffy... este otro está inmóvil de pie frente a él. Levantó ambos brazos y apretó los puños, cerrando los ojos completamente extasiado del poder.
Sólo había oído rumores de esta transformación pero verla y sentirla frente a mi... la piel se me eriza mientras busco un lugar seguro para no interferir en la pelea.
El Luffy B entrecierra los ojos, molesto, como si la luz proveniente del otro lo hiriera.
—Entonces... tomaré toda esta fuerza para mí.
Antes de que pueda reaccionar, su brazo se oscurece, cubierto de una sombra viscosa, y se clava directo contra el pecho de mi capitán.
No...
—¡Luffy!
Él no retrocede. Ríe.
—No entiendes nada ahora mismo. ¡Pero lo harás!
El aire parece quebrarse a mi alrededor. Algo más grande, más oscuro, está empezando.
Desata una serie de ataques al brazo incrustado en su pecho, pero este no se corta ni muestra ninguna señal de debilitarse.
—¡Idiota! ¡Eres tú el que no entiende nada! —jala a Luffy hacia él mediante la liga entre ellos. En cuanto lo tiene cerca lo sujeta con una mano la barbilla— ¡Siempre lanzándote al peligro sin medir las consecuencias y con ello lastimas a tus compañeros!
—¡No es así!
—¿No? —abro la boca estupefacta al verlo voltear hacia mí —¿Crees que en un momento así no puede salir lastimada?
La mano libre cubierta de Haki apunta hacia mi dirección y yo me encojo del horror.
—¡No te atrevas!
—¿Por qué no? Es una molestia. ¿Qué hace alguien como ella en la tripulación? Zoro... Sanji... Jinbe... gente fuerte es la que necesitamos.
—¡Silencio! ¡No lo escuches Edina! —se remueve tratando de soltarse de su agarre.
No es cierto. Luffy no piensa de esa manera. Aprieto los puños de la impotencia.
El doble frunce el ceño ante mi semblante desafiante y lanza el puño contra mí. Crucé los brazos para recibir de lleno pero veo que Luffy lo golpea desviando la trayectoria haciendo que se estampe a un lado.
—¡Ya basta! —exclama el doble y el brazo viscoso aumenta su tamaño cubriendo sus brazos.
—¡Luffy!
¡Maldición! ¡No tengo forma de ayudarlo!
—¡Qué persistente!
Veo como mi capitán levanta con dificultad la cabeza para enfrentarlo de cara—No vas... a absorberme.
—Ya lo estoy haciendo. Tómalo como algo positivo: Al menos el mundo verá un verdadero pirata y no un farsante como tu.
El brazo viscoso seguía hundido en su pecho como una raíz negra absorbiéndolo todo. Veía cómo la piel de Luffy palidecía, cómo sus venas latían con fuerza contra lo imposible.
—¡Detente! —grité, pero mi voz se quebró contra el vacío.
El doble me miró con veneno, con esa soberbia que tanto odiaba. —Ya casi... pronto no quedará nada de él y yo... abandonaré este lugar.
Luffy apenas levantó la cabeza, su sonrisa aún ahí, terca, desafiante, incluso cuando el dolor lo estaba destrozando.
—No... —jadeó— no me... quitarás a mis amigos... ni mi sueño.
—¡Luffy! —noté el ardor en mis ojos.
Mis piernas se movieron solas. Corrí hacia ellos aunque todo en mi cuerpo gritaba que retrocediera. No sé qué pensaba hacer, no tenía fuerza para separarlos... pero si iba a verlo desaparecer frente a mí, no iba a quedarme quieta.
Entonces lo vi: el vínculo oscuro del Luffy B se estremeció como si mi presencia lo incomodara. Como si no pudiera absorber algo ajeno a ellos.
Él frunció el ceño. —¿Qué estás haciendo? —grita el doble.
Observo mi muñeca quemada con aceite unos segundos... ¿qué me importaría quemarme más por mi capitán? Con orgullo llevaría estas quemaduras.
Llevo las manos al enlace negro tratando de apartarlo, y siento el cosquilleo familiar de mi piel siendo abrasada mientras lo sujeto con todas mis fuerzas.
—¡Idiota! ¡No puedes hacer nada al respecto!
Siento el estirón y la vibración en mis brazos...¿Acaso estaba intentando absorberme?
—Edina... Suéltalo...
—¡No lo haré! ¡No te dejaré solo!
—Maldición, ¡apartate! —el doble me golpea el pecho con tanta fuerza que el aire escapa de mis pulmones mientras me estrello contra la fuente a metros de ellos.
Luffy aprovechó el instante, apretó los dientes y con una rabia que hizo vibrar el aire rugió.
El enlace oscuro seguía hundiéndose en su pecho. Sentía cómo la sombra tiraba de él hacia la nada.
Observé mis manos rosadas y rojas, palpitando del ardor y dolor de lo que había hecho.
—¿Ahora por fin lo ves? Es lo mismo ahora—rió el doble, su voz impregnada de veneno—. Nunca fuiste suficiente porque siempre fuiste un niño jugando a ser pirata. Perdimos a Ace porque eramos débiles y ahora perderemos a nuestros amigos. No soporto la idea así que... Voy a matarlos uno por uno.
Eso no tiene ningún sentido.
—¡¿Qué—! —quise lanzarme, pero trastabillé ante el dolor que me inmovilizó.
Luffy respiraba con dificultad, sudor frío bajando por su frente. Aun así, levantó la vista, y esa sonrisa tozuda volvió a aparecer.
—Sí, cometimos errores —murmuró con voz ronca—. Sí, perdimos a Ace.
El doble sonrió con crueldad, pero el dolor emanaba de sus ojos. —Al fin lo admites.
Pero entonces Luffy volvió a apretar los dientes, y sus palabras salieron como un rugido que me erizó la piel.
—¡Y lo extraño cada día! ¡Claro que duele! ¡Pero él... me dio otra oportunidad de vivir! ¡Me dijo que siguiera adelante!
El aire vibró. Su haki estalló como una onda invisible que hizo tambalear a todos. Su voz quebrada me arrebató el aliento.
—¡Yo acepté su muerte! —con la voz ahogada—. No porque no me importe... sino porque lo llevo conmigo, en cada paso. ¡Ace no murió para que yo me quedara atado al pasado!
El brazo oscuro empezó a temblar. Por primera vez, el Luffy B retrocedió un poco, como si algo en sus palabras lo estuviera devorando.
—¿Qué...? —masculló, la sombra contrayéndose.
Los ojos de Luffy brillaban, lágrimas apenas contenidas, mientras empujaba hacia adelante, absorbiendo la oscuridad en lugar de ser consumido.
—¡Tú no lo entiendes! —espetó acercándose a él —¡Tengo a mis amigos! ¡Por ellos sigo de pie! ¡Y con ellos cumpliré mi sueño de ser el Rey de los Piratas! ¡Y ellos llegaran conmigo hasta el final!
Presionó su frente descubierta contra la del doble y lo hizo retroceder. El doble lo miró consternado.
—¿Que tú eres yo? Puede ser... Quizás sí me siento así en parte.. Pero... —sus brazos lucharon contra lo que lo mantenía cautivo. Sus manos cayeron en los brazos del otro Luffy— Ya no. No estoy solo y mientras no esté solo puedo llegar más lejos. No estamos solos.
—¡Vives y mueres solo! Ellos no te seguirán en la muerte.
—No, no lo harán. Y cuando llegue ese día el recuerdo de nuestras aventuras y nuestra amistad me acompañarán al más allá. ¡Justo como Ace que me acompaña siempre!
Con un grito de guerra el vínculo de ellos se invirtió, siendo Luffy el que absorbiera al doble.
—No puedes ganar a la muerte —estaba aterrado al verse desvanecerse contra él—. ¡Nunca superas una muerte!
—No, no lo supero. ¡Lo acepto!
—¡Deténganlo!
De pronto, un eco sacudió el campo de batalla. Una voz grave, profunda, resonó desde la nada, cargada de ira y desesperación.
El aire se volvió asfixiante, como si un gigante invisible hubiera puesto su mano sobre todos nosotros.
Yo tragué saliva, helada de pies a cabeza. Esa voz... no era de Luffy, ni del doble. Era algo más.
Busqué por todos lados y no podía ver a nadie más que los dobles curiosos observándonos desde lejos.
—Prométeme que los protegerás —El Luffy B comenzó a llorar mientras se asimilaba al cuerpo del original—. Prométeme que pondrás la vida de ellos sobre la tuya.
—Ya sabes la respuesta.
Luffy hizo un ultimo esfuerzo absorbiendo por completo al doble. El choque de energías causó una explosión en todas direcciones. Sentí que el suelo temblaba, que mi cuerpo era arrastrado por esa fuerza imposible. El Gear Fifth brilló más fuerte que nunca, desafiando la sombra que lo intentaba devorar.
—¡Demonios!
Giro hacia la voz, que se encontraba alejada muy por detrás de la fuente. Era un Pirá de piel verdosa y manchas negras, con vestimenta del ejercito.
Al ponerme de pie por el movimiento ligero de cabeza sé que está observándome, ya que sus ojos son completamente negros y no puedo distinguirlo.
Veo otro Pirá corriendo hacia él y se detiene a su lado. Lo saluda de forma militar —¿Qué hacemos ahora general?
—Capturen a Monkey D. Luffy. Crearemos otro clon.