"Previo Acuerdo"
22 de enero de 2026, 15:38
Los confetis volando por toda la ciudad me traen viejos recuerdos. Aric extiende las manos a un papel que se nos acerca y yo lo ayudo a alcanzarlo.
Todo parece indicar que hay un festival en proceso.
—Ayúdenme a atracar —escucho a Ace ordenar a los muchachos.
—¡Sí señor!
—Faber, ¿puedes encargarte con Elijah de las velas?
—Claro que sí —hace una seña al muchacho—. Vamos.
—¿Cómo se llamaba la isla? —lo detengo antes de que vaya con Zena y Noel a preparar lo necesario para amarrar el barco. Estábamos a unos metros de llegar al puerto.
—Mérida —dice escapándose para atracar—. Tranquila, es una isla común. No tiene nada de peculiar.
No había escuchado de esta isla antes. Aric se remueve porque quiere que lo baje y lo ayudo con las manos a que se mantenga de pie. El viento lo golpea y él hace su esfuerzo de dar el primer paso. Me río de lo terco que es ante las cosas, no deja que nada lo detenga.
—¡Aloise! —escucho que grita Ace.
—¡Ya voy! —Alzo la voz. Aric levanta la vista para mirarme—. ¡Vamos! Papá nos llama.
Empieza a dar sus pasitos. Elijah pasa a nuestro lado rápidamente y aprovecha para sacudirle el cabello, él se detiene a mirarlo.
Veo a Ace acercarse al barandal cerca del timón —Mira Aric, Papá esta allá arriba.
Busca con la mirada a su padre y cuando lo encuentra comienza a caminar hacia él.
—¿Qué pasa? —digo acercándome poco a poco.
—Necesito que Ellie y tú revisen el inventario.
—¿No debería acompañarte? —Toma las cuerdas de amarre sin mirarme y el pequeño silencio hace que ya sospeche— No quieres que "registre" la isla ¿verdad? —sigue sin mirarme—Ace, sabes que no me puedes mantener en el barco.
—Sí, ya lo sé. Preferiría investigar un poco antes de llevarte con Aric por ahí.
—¿Por qué? —Aric levanta las manos para que lo cargue— ¿Crees que es peligroso?
—Sólo por precaución. Faber y Zena se quedarán con ustedes. Llevaré a Noel y Elijah conmigo.
—Pero...
—Te prometo que más tarde iremos juntos. Necesito que te quedes en el barco.
Mientras resoplo aprovecha para besarme la frente y la de Aric.
La gente del puerto nos ayuda a atracar rápidamente. Dan indicaciones a Ace y los demás y en cuestión de segundos está hecho. Veo que él me lanza una última mirada antes de darme la espalda mientras le siguen Elijah y Noel.
—¿Sucede algo? —la voz de Ellie me ayuda a respirar.
—Sólo estoy inquieta.
—¿Es por lo del periódico verdad?
Asiento. Las cosas están cambiando y, así como Ace no puede encerrarme en el barco para protegerme, yo no puedo obligarlo a estar todo el tiempo en mi visión.
Aric me aplasta con la palma de su mano el cachete para que lo mire y le tomo la manito.
.
.
.
Elijah no podía dejar de sorprenderse en cada paso que daba. Las calles estaban cubiertas de puestos de comida y sillas por todos lados, había bailarines y artistas callejeros con sus instrumentos cantándole a los transeúntes.
—No te distraigas Elijah —Noel lo mira de reojo.
—Estoy atento.
Para Noel era lo mismo. Trataba de seguir los pasos del señor Ace pero de vez en cuando sus ojos se desviaban a la comida o a los gritos de alegría que lo ponían en alerta a su alrededor.
—¿A dónde vamos? —le parecía que Ace iba con seguridad a alguna parte.
—Iremos al correo.
—¿Al correo? —Elijah trastabilló y se acercó más a él —¿Qué haremos ahí?
—Vamos a enviar una carta al señor Airton y al señor Julen.
Los dos arrugaron el rostro confundidos.
—¿Quiénes son ellos?
—Son de la isla de Ellie y Faber. Nos ayudaron en su momento.
—¿Y en qué nos van a ayudar? —volvió a preguntar Elijah.
—Necesitamos información y ambos tienen su red de contactos. Debemos crear un canal de comunicación con ellos para estar preparados.
¿Preparados para qué? Noel miró de reojo a Elijah que se había quedado pensando.
—¿Es por lo del periódico? —finalmente sale del trance.
Ace siguió caminando.
—Tu conociste a Shanks el pelirrojo. ¿No podemos preguntárselo a él? Con su red de contactos podríamos—
—No. Shanks el pelirrojo no debe saber sobre nosotros —lo interrumpió.
—¿Por qué no? Él te salvó.
"—Si no valorarás lo que ella tanto se esmeró por ti me la llevaré."
"—Me agrada. Podría ser una valiosa pirata para mi tripulación. Pienso que tiene muchas cualidades y su habilidad es bastante particular. Así que decídete. ¿Harás lo que se te plazca por tu cuenta o vivirás con el perfil bajo junto a ella?"
"—Entonces está decidido. Tienes que cuidar de ella Ace y ser precavido. No llames la atención innecesariamente."
"—...Porque su vida estará en peligro si cometes alguna estupidez. —se puso de pie. — Esto queda entre nosotros. Si me percato que estás de vuelta a la era pirata, me la llevaré y nunca la encontrarás."
No, no podía contar con él.
—Elijah —suspiró para calmarse. Se detuvo y se hicieron un lado del camino. Ambos se acercaron a él atentos a lo que diría—. Nadie puede saber sobre nosotros. Ya hemos hablado de esto.
—Pero él sabe que estás vivo. Podría ayudarnos.
Noel contemplaba todo esto en silencio. Ya se había percatado por sus conversaciones anteriores con Aloise que no parecía agradarle el pirata Shanks. No entendía la relación entre ellos y no estaba en posición de preguntar.
—¿No tienes a alguien más que sepa que puede ayudarnos? —se añadió a la conversación.
El rostro de Marco cruzó por su mente tan rápido que tuvo que parpadear de la impresión —Marco.
—¿Marco? ¿Quién es Marco? —observó a Noel y a Ace que se observaban en silencio —¿Tú lo conoces Noel?
—No.
—Primero tenemos que localizarlo —Ace se llevó la mano al rostro—Va a ser muy difícil.
—¿Y Shanks—
—Elijah, olvida a Shanks —le espeta Noel.
—No entiendo porqué hacernos la vida más difícil.
—Estás actuando como Zena ahora mismo.
—¿Qué?
Ace dejó que discutieran para no tener que abordar el tema de Shanks. Si no se equivocaba, Marco debería estar en el territorio del viejo custodiando. A pesar de que la Marina estaba detrás de él, esos imbéciles saben de la importancia del control que ejerce el primer comandante por esas islas.
Bien. Podría ser posible.
Podría contactar a Marco.
—Sigamos —sentenció Ace haciendo que los dos chicos callen y lo sigan.
—¿Y cómo contactaremos con Marco?
—Mediante el señor Julen y Airton. Ellos podrían localizarlo. Por eso debemos comunicarnos con ellos primero.
Habían un montón de preguntas que querían hacer los chicos y el hecho de llegar después de todas sus aventuras los hacía tener cuidado en preguntar. Muchas veces Ace había deliberadamente ignorado sus dudas o elegido cuidadosamente qué decirles.
¿Qué tanto les permitirían saber? ¿Qué preguntas eran indebidas?
A pesar de todo, el hecho de que los hubiera llevado con él los animó un poco. Esto implicaba que confiaba un poco más en ellos en asuntos delicados.
Luego de varios minutos finalmente llegan a la oficina de correos. Los chicos esperaron pacientes a un lado mientras él conversaba con el hombre en el mostrador.
—¿Por qué no podemos hablar con el Señor Shanks?
Noel le pone los ojos en blanco —¿No ves que no quiere? No sabemos qué pasó entre ellos.
—Le salvó la vida —levantó los manos perplejo—. No creo que odie a Ace. Además Aloise siempre habla bien de él.
—Será mejor que no nos metamos —se metió las manos en sus bolsillos incómodo—. Quizás es algo entre ellos dos.
Elijah se pasó la mano por el cabello. Odiaba no tener todas las respuestas.
—Sé que quieres mantener todo bajo control, pero hay cosas que escapan de nosotros.
—Ya sé —le responde—. Ya lo aprendí con Zena.
Noel suelta una risita. Sus ojos se cruzan con los de un hombre que tomaba asiento en una de las mesas de espera y otro con una máscara en una esquina.
No se había dado el tiempo de registrar el lugar. El sonido de Den Den Mushis resonaba en el lugar y los oficinistas no parecían quedarse ni un segundo en un lugar, excepto por el hombre que escuchaba a Ace atentamente. El murmullo era ensordecedor pero a nadie parecía molestarle.
Habían cabinas con personas adentro conversando por Den Den Mushis; otros que llegaban, retiraban cartas y al segundo salían despedidos para afuera. La gente parecía impaciente mientras esperaban ser llamados por el oficinista cerca de ellos.
Volvió a conectar miradas con el hombre sentado. Elijah lo nota, así que voltea sin disimular hacia donde está. En respuesta, el hombre se pone de pie y camina hacia su dirección.
—Hola chicos —se acerca animado con una sonrisa amable. El señor parecía rondar por los cincuenta años, ya con calvicie notable y un bigote característico en punta en las comisuras de los labios.
—Buenas tardes—responden con educación. Ace los observa de reojo mientras continúa hablando con el recepcionista.
—¿Son ustedes acaso los que acaban de llegar al puerto? Es un barco maravilloso el que tienen ahí.
Noel y Elijah se toman su tiempo mientras buscan alguna indicación de su encargado. Ace lo percibe enseguida.
—¿Necesita algo? —dice incorporándose a ellos.
—Oh, ¿vienen con usted? Quería preguntarle sobre su barco.
—Es mío.
—¿De verdad? —su sonrisa se engancha—. ¡Estupendo! Es que no todos los días se ve una nave así atracando en Mérida. Tiene... carácter. Si alguna vez considerara desprenderse de él—
—Lo siento señor, pero no está a la venta —declaró al instante.
—Por favor, piénselo un poco. Estoy dispuesto a pagar una buena suma por él.
—No está a la venta. Es nuestro hogar y nuestro medio de transporte—
—Puedo ofrecerle otro si así lo desea. Verá, soy un coleccionista de barcos y tengo algunos que estoy dispuesto a negociar por el suyo. ¡De grandes leyendas piratas! De viejos Yonkous: Big Mom, Barbablanca, el Pelirrojo Shanks y ¡hasta del Rey de los Piratas! Tengo mi colección atracada a unos kilometros de aquí.
—Alec—
—Elijah —lo tranquilizó Ace—. Lo siento pero no pienso venderlo. Tiene un valor emocional que no me lo permite.
El señor se removió nervioso —Bueno, de igual manera si le interesa más adelante puede contactarme aquí —le dio una tarjeta y le tendió la mano—. Voy a estar esperándolo.
Sin dejar que dijera una palabra más, se retiró de la oficina de correos dejando a los tres estupefactos.
—Vaya, qué insistente —comentó Noel mientras se cruzó de brazos.
Ace miró la tarjeta y la espalda del hombre que se alejaba —Vámonos. Ya terminamos aquí.
El hombre enmascarado permanecía en una esquina, apoyado contra la pared. La máscara cubría todo su rostro, pero no podía ocultar la tensión en su postura. Sus ojos se clavaban en la figura del hombre que acababa de salir de la oficina de correos.
Reconoció inmediatamente al pirata. Ese paso seguro, la forma en que se movía con autoridad sin levantar sospechas... el mundo podía verlo como un hombre más, pero él sabía quién era realmente. Tanto tiempo siguiendo sus pasos le parecía imposible equivocarse.
No hizo un sonido, no movió un dedo. Solo observó cómo los niños lo seguían en silencio.
Se había decidido. Observaría desde lejos para comprender mejor la situación de su excapitán.
.
.
.
Escuché que abrían la puerta y descubrí a Ace entrando en silencio.
—Regresaste.
—Sí —cierra la puerta detrás de él— ¿Y Aric?
—Esta durmiendo —tomé las mantas que había sobre nuestra cama y comencé a doblarlas—. ¿Y? ¿Qué tal?
Caminó hacia mí y se sentó en un espacio que había liberado sin decir nada. Le doy el tiempo para que organice lo que tiene que decirme.
—Fui a la oficina de correos —me detengo para mirarle—. Mandé una carta al Señor Airton y al Señor Jules —finalmente me mira a los ojos—. Necesitamos formar una red de información Aloise.
Ahogo la angustia que me causa porque tiene razón. Necesitamos estar al tanto del mundo pirata para estar a salvo.
—No me lo comentaste.
—Lo sé, no quería preocuparte más.
—Entiendo —digo tragando nerviosa—. Está bien.
—Y quería preguntarte qué pensabas de contactar a Marco.
¿Cómo? —¿Marco?
—Sí. Contactarnos con él puede ayudarnos a tener información más certera—
—Como ponernos en una situación a que nos descubran.
Me toma de las manos y me atrae a él—Lo sé cariño pero Marco es el único activo de nuestros contactos.
—Shanks—
—Shanks no puede ser.
—¿Por qué no? Es un Yonko. Tiene una red muchísimo mayor que cualquiera.
—Marco es como un hermano, también tiene la red de papá que nos puede ayudar.
De vuelta la negativa. ¿Qué es lo que pasó entre los dos? ¿Por qué le molesta y lo evita tanto?
—Shanks dijo que podíamos pedirle ayuda si lo necesitábamos. Es sólo pedirle información—
—Sí, bueno —dijo con una sonrisa sarcástica.
—¿Sí bueno qué? ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué te molesta tanto acudir a él? —no me está mirando—. Mírame Ace cuando te hablo —Me mira a regañadientes—. ¿Vas a decirme qué es lo que pasa o no?
—Es algo entre él y yo.
Entonces sí hay algo. —¿Qué es? Ya estamos casados y tenemos un hijo. Todo lo que te concierne a ti me concierne a mí y si es importante para nuestro futuro necesito saberlo —le acaricio el cabello—. Vamos Ace, déjame ayudarte. Solucionémoslo juntos.
Que esté callado pensando sólo me da la razón así que espero. No sé de qué podrían haber hablado estos dos—
—Shanks me advirtió... —se detuvo un segundo—de que si yo volvía a la era pirata te llevaría con él para protegerte. Ya que yo no iba a apreciar el esfuerzo que hiciste para salvarme —me mira fijamente—. Y no iba a encontrarte nunca más. Que le agradaría tenerte en su tripulación.
Ah, bueno. Se me remueve incómodo el pecho.
Así que así fue la conversación entre los dos. Bueno me dijo que se encargaría pero no pensé que...
Me sentí coihiba de repente.
—¿Así que por mí decidiste quedarte en la isla?
Me mira confundido —Por supuesto. Creo que eso ya está bastante claro.
—Sí, es que... —me senté a su lado—me sorprende que eso hizo que te quedaras. Es decir, que por mí no te hayas ido.
—Aloise —voltea a mirarme—. Después de todo lo que pasó en Marineford con papá y Luffy, y verte a ti en todo ese caos... No podía perderte. Ya lo supe en Impel Down. No quería que me apartaran de ti.
Ay mi Ace. Mi hermoso Ace.
Mis manos van a su rostro y le acaricio las mejillas.
—Gracias por elegirme —no podría no besarlo. Este hombre tiene mi corazón por completo.
—Cuando te enojaste conmigo y no me hablabas, temía que escribieras a Shanks —me susurra sobre mis labios. Mirandome con esos ojos que amo tanto—. Con que le dijeras que querías ir con él o mencionabas algo de nosotros te iba a perder para siempre. Porque puede hacerlo ¿entiendes? Puede esconderte de mí si se lo propusiera.
—No iba a escribirle Ace.
—Pero podías y esa posibilidad me mataba. No quiero que sepa que estamos navegando. Puede que no seamos pirata, pero nos estamos poniendo en riesgo de igual manera y sé que es mi culpa. Sé que soy yo y mis ganas de seguir en movimiento—
—Antes que nada Ace —lo interrumpí. Alejándome para que entendiera que hablaba en serio— nadie va a obligarme a hacer algo que yo no quiera. Que ustedes dos estén tomando decisiones por sobre mí me parece completamente absurdo. Ni tú ni él pueden hacer algo respecto a lo que yo desee hacer.
—Aloise.
—Así que si él se percata que estamos navegando yo lidiaré con él —Ah, creo que estoy diciendo algo muy fuerte. Siento que empiezan a sudarme las manos—. De alguna manera. Yo accedí a esto.
—Y él también. Su palabra y reputación están en juego —él ahora me toma de las mejillas mientras me acerca un poco más—. Tenemos que jugar bien nuestras cartas amor.
Maldición. Todo esto sólo se complica más.
—Vamos a la manera —le tomo de las manos—. Podemos llegar a un acuerdo con él, y esta vez tú y yo estamos juntos en esto.
—Y Aric.
—Por supuesto, y Aric. No somos piratas. Somos una familia navegando nada más.
Asentimos los dos. Ace me besa la cabeza y yo aprovecho para besarle el hombro.
No tenía idea de que debía preocuparme por Shanks también. Esto cambia las cosas.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Tenía temor de que te ayude a considerar la idea.
Me río ligeramente —Tonterías —se inclina y me besa suavemente. Lo abrazo del cuello mientras me lo quedo mirando—. No voy a dejarte Ace, ya estamos en un punto sin retorno—miro hacia la pequeña criatura durmiendo en una camita cerca a la nuestra— y no quisiera vivir nada de esto con alguien más.
Sus brazos me rodean la cintura mientras reposa su cabeza en mi hombro. Mis dedos le peinan el cabello mientras lo siento respirar profundo.
—No quiero que por mí—
Le estiro el cabello molesta sabiendo hacia dónde va —No vuelvas a decir cosas así —Se aleja a mirarme herido pero no me dice nada—. No estoy jugando Ace. Todos los que estamos aquí decidimos estar contigo porque te queremos por quién eres. Nadie nunca jamás decide quién tiene derecho a vivir y quién no, ¿de acuerdo? Tu padre fue el Rey de los Piratas ¿y? ¿Qué tiene que ver eso contigo? Ni siquiera lo conociste. ¿Y esa gente quiere castigarte a ti también a por qué motivo? —me toma de ambas mejillas y sé que hace para calmarme—. Es que ya no les soporto—
—Ya, Aloise ya. Lo siento. No volveré a decirlo.
—No quiero que pienses mal de ti ¿okay? No puedo soportarlo. Eres el hombre más maravilloso de mi vida y no tendría mucho sentido sin ti. Si te arruinas a ti mismo me arruinas a mí.
—Está bien. De acuerdo.
—Tampoco te estoy censurando eh. Puedes sentirte así a veces pero no creerlo realmente ¿está bien?
Por primera vez sonríe y eso me tranquiliza.
—Okay. Gracias.
Asiento, inclinándome a su pecho para que me abrace. Lo cual lo hace con gusto.
—Gracias Aloise.
—Nosotros contra el mundo.
Su mano arreglándome el cabello hace que suspire. No quería que se sintiera mal, espero no haber sido muy dura con él.
—Estaba pensando...
—¿Qué cosa? —me preparo para lo que vaya a decir.
—¿Quieres salir conmigo más tarde? — no puedo evitar sorprenderme— Hay un bar tranquilo al que podemos ir. Dejamos a los chicos y vamos juntos.
Le acaricio las mejillas —¿De verdad?
Asiente con sus ojos clavados a los míos, perdidos en ellos y en mis labios. Mi pecho se alborota ante la imagen y trago tratando de soportarlo.
—Sí quiero, me encantaría —le susurro emocionada y se inclina a besarme lentamente.
Dios, Ace podría tomar todo de mí y buscaría más qué ofrecerle. Le muerdo el labio inferior y su respiración se vuelve pesada, segundos después sus manos ya se encuentran en mis caderas. Mi lengua busca la suya que la encuentra al instante.
—Ace.
—¿Sí?
—Te quiero.
Su sonrisa hace que quiera devorarlo por completo —¿Me quieres o me amas?
Le tiro del cabello juguetonamente —Ambas cosas.
—Pues yo te deseo —me acerca a él apretándome el trasero—Te deseo mi amor. Me merezco un poco de ti, Aric ya te tuvo mucho tiempo.
Me río de él y lo abrazo del cuello. Volteamos hacia el niño durmiendo tranquilamente. Me besa la sien mientras sus manos recorren mis piernas.
—Es igual a ti —poso mi cabeza por la suya.
—¿Por qué lo dices? Aun es muy pequeño.
—Quizás no te das cuenta pero está adquiriendo mucho de tus hábitos.
—¿Sí? —dice emocionado abrazándome— Mi pequeño terremoto.
—Te lo juro.
—Veremos cuándo le hacemos otro hermano.
—Por Dios —este hombre de verdad...
—Puede ser muy pronto.
Le volteo a mirar y su sonrisa radiante me hace negar.