ID de la obra: 812

Drabbles Johnlock

Slash
R
Finalizada
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
43 páginas, 10.817 palabras, 28 capítulos
Descripción:
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El Frío de Londres

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Número de palabras: 337 ------------------------------------------------------------------------------------------ La nieve y la niebla parecían haber engullido a Londres entre su espesa blancura. A pesar de la hermosura que podía contemplarse por la ventana de Baker Street, el frío que la acompañaba no era bien recibido por sus habitantes. Y no ayudaba en nada que fuera una de esas noches tan heladas que hacían pensar en el Infierno como un lugar agradable para trasladarse y que la calefacción se hubiera estropeado dos días atrás tras uno de los experimentos de Sherlock. John se encontraba sentado en la mesa del comedor, tecleando como podía con los dedos entumecidos y congelados para escribir en su blog sobre el último caso que había resuelto su pareja. Llevaba el horrible pijama de lana que le había regalado la señora Hudson aquellas Navidades pero no era suficiente para contrarrestar el terrible frío que estaba azotando la ciudad. —¿Qué haces? La voz curiosa y extrañada de Sherlock llegó como un soplo cálido hasta sus oídos. —Intentar no morir congelado mientras escribo —bromeó John, echándole un rápido vistazo al detective. Cuando éste no contestó, no le pareció extraño; era muy común en Sherlock iniciar una conversación para dejarla segundos después si no era de su interés. Siguió trabajando, tratando de terminar lo antes posible para obligar a su pareja a acompañarle hasta la cama. Pasaron apenas unos minutos hasta que sintió unos pasos rápidos acercándose a toda velocidad. Antes de que pudiera saltar de su asiento para comprobar quien se estaba acercando tan deprisa hacia él, una suave manta de algodón le cayó sobre sus hombros, acompañada por las fuertes manos de Sherlock. —¿Así estás mejor? —le preguntó, apoyando su mentón sobre la cabeza del médico mientras se apretujaba más contra su cuerpo. John pudo sentir como el calor de su parea lo envolvía, dejando fuera todo el frío que le había estado atormentando, y le encendía las mejillas con un rojo intenso. —Así estoy muchísimo mejor —respondió, acariciando con su mejilla la mano que aún reposaba sobre su brazo izquierdo, mientras sentía como su corazón se fundía lentamente en su pecho.
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