Miss Me?
12 de septiembre de 2025, 21:03
Número de palabras: 373
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—¿Sherlock? ¿Qué ocurre?
El detective parecía no haber dormido en toda la noche y era evidente para su pareja, a pesar de encontrarse recién despierto, que aquello solo podía haber sido causado por una gran preocupación.
—Moriarty está vivo —dijo Sherlock, tendiéndole un papel pequeño y cuadrado.
John se acercó para tomarlo. En el centro, pintado con una tinta similar a la acuarela y en un tono rojizo, se podía leer la temible frase "Miss Me?".
—Podría tratarse de una broma —intentó tranquilizarle el médico—, todo Londres vió aquel mensaje en las pantallas.
—No, es su letra —negó Sherlock—. Cuando le conocimos como el novio de Molly escribió su numero de teléfono en un pequeño papel, tiene sus mismos patrones de escritura: tiene una caligrafía muy bien cuidada, digna de una persona educada, pero los trazos son rectos y puntiagudos. No, John, esta letra ha sido perfectamente estudiada para ser única, y es de Moriarty.
El silencio se instauró durante los siguientes minutos, permitiéndoles a ambos esconderse en sus pensamientos. Sherlock se apoyó contra el respaldo del sillón y juntó las yemas de sus dedos por debajo de su mentón.
—No lo voy a hacer —dijo de pronto John.
Sherlock le miró, visiblemente confundido.
—No voy a dejarte solo otra vez Sherlock, conozco esa expresión, es la misma que pusiste cuando estabas tratando de convencerme de que eras un impostor —aseveró con tono serio—. Te perdí por dos años, no pienso perderte ni uno más.
El corazón del detective se estrujó en su pecho al recordar aquella época. Había sentido tanto dolor abandonando a John..., pero lo había hecho para protegerle y nunca se arrepentiría de ello.
—Esta vez voy a estar contigo. No me pudiste engañar la primera vez, nunca creí que fueras un fraude —continuó hablando John, mientras se acercaba hasta el sillón—. Déjame pelear esta nueva batalla contigo, Sherlock.
John cayó de rodillas entre las piernas del detective y le tomó las manos entre las suyas en un gesto suplicante. Sherlock no pudo evitar sentir como su corazón se encogía más en su pecho.
Si John quería pelear aquella nueva guerra, ¿quién era él para oponerse?
—Nunca viene mal un médico en las trincheras, ¿no? —bromeó, esbozando una sonrisa triste.