ID de la obra: 820

Drabbles Mystrade

Slash
R
Finalizada
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
35 páginas, 9.467 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
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Paraguas

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—No voy a dejar que te vayas con la lluvia que está cayendo —negó rotundo Mycroft, observando como las calles empapadas seguían tratando de hacer frente al gran torrencial que Londres estaba experimentando. —¿Y qué sugieres? —sonrió Lestrade. Se había resignado a llegar empapado a casa—. Tu mismo has dicho que Anthea no puede pasar a recogerme y ya es muy tarde. Mycroft miró el suelo. La lluvia golpeaba con fuerza el asfalto y el frío hacía que su aliento se convirtiera en vapor al contacto con el aire. La pareja se encontraba frente a un café, en el que habían intercambiado palabras y risas durante las dos últimas horas, hasta que llegó la hora de separarse.  Mantenían en secreto su relación, no porque se avergonzaran de ella, sino porque tan sólo llevaban unos meses juntos y estaban preparando como contárselo a Sherlock. La reacción del más pequeño de los Holmes preocupaba enormemente a ambos hombres pues sabían lo insoportable que podía ser si no aceptaba la situación.  Por lo mismo, y muy a su pesar, evitaban acompañarse o dirigirse juntos a los lugares. Y ahora que la lluvia suponía un gran problema, la partida hacia sus respectivas casas implicaba que el inspector, a falta de un paraguas o del coche de Mycroft, llegara totalmente empapado a la suya. —Ten. Lestrade miró a su pareja, que le presentaba su preciado paraguas apoyado sobre las palmas de sus manos. El inspector intercaló su mirada entre la cara de su pareja y aquel objeto por algunos momentos hasta que, finalmente, colocó su mano entre ambos, alejando el obsequio. —Sigue soñando —espetó, negando con la cabeza—. No voy a consentir que llegues a casa sin paraguas.  —No te preguntaba, Greg. —Yo tampoco lo he hecho.  —No me hagas arrodillarme para pedírtelo, sabes que lo haré —amenazó Mycroft, flexionando ya levemente sus rodillas. Lestrade se lanzó a sujetarle por el codo, evitando que continuara bajando su cuerpo. —¿Sabes qué? Al cuerno con Sherlock, te llevo a casa y me das el paraguas allí.  —¿Por qué no te acompaño yo? —Porque así tengo una excusa para verte antes —respondió divertido Greg—. Tengo que devolvértelo, ¿no? Mycroft sonrió.  —Al cuerno Sherlock —dijo, abriendo el paraguas.
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