Capítulo 6
28 de junio de 2026, 13:48
—¿Qué es eso? —se preguntó mirando hacia la ventana—. Parece el grito de un hombre.
Draco se estremeció debajo de las sábanas sin abrir los ojos, sintiendo que el pánico y la intranquilidad crecían en su cuerpo.
—Yo no escuché nada —mintió para no preocuparlo.
Harry había percibido el miedo en la voz de su amado; se le heló el corazón y prefirió no moverse de la cama. Sin embargo, una inquietud surgió de repente al volver a mirar la ventana: era el sufrimiento que alguien podría estar viviendo afuera, y lo impulsaba internamente a levantarse, algo propio de su naturaleza; después de todo, era un auror entrenado para ayudar y auxiliar. Aunque no iba a abandonar a su familia en ese momento, no podía hacerlo ahora.
—Siento que pasa algo afuera —susurró.
—No, Harry, no hay nada —dijo Draco, sintiendo crecer su miedo—. No te levantes.
Suspiró y se cubrió mejor en la cama. Y de repente, el aullido volvió a escucharse desde la oscuridad reinante afuera.
—¡Ahí está de nuevo! —exclamó Draco, asustado—. ¡Oh, Harry!
Sintiendo su angustia, Harry se giró y cubrió a Draco y a James con su brazo para que no tuvieran miedo. Sentía la respiración agitada del rubio y también los latidos acelerados de su corazón.
Una sensación de angustia le creció al instante; ese presentimiento de que algo grave podía ocurrir durante toda la noche comenzaba a perturbarlo, igual que la incertidumbre sobre lo que estaría pasando en el exterior.
Y lo más difícil de la situación era que, si salía a ver, estaría solo, sin tener a nadie más de compañía, y tampoco quería poner en riesgo a Draco. Por eso, lo mejor era quedarse dentro.
Ninguno de los dos podía dormir. Harry se levantó de la cama y se acercó despacio a la ventana, sin dejar de sentir esa mezcla de inquietud y curiosidad. Al rozar un poco la madera, escuchó el zumbido de las polillas nocturnas, que seguían revoloteando con ese sonido misterioso y escalofriante después de la experiencia que habían vivido. No se oía nada más que eso. Entonces, quizás los gritos solo habían sido una confusión lejana.
—¿Siguen ahí todavía? —preguntó Draco desde la cama.
—Sí, ahí están —respondió, tratando de distinguir algún otro sonido.
—¿Crees que esa criatura esté también?
—No lo sé. Y tampoco es recomendable averiguarlo.
Draco se incorporó en la cama, dejando el pecho descubierto fuera de las sábanas.
—No hace frío —dijo Harry—. Aquí dentro se está bien, pero afuera se siente muy distinto; por eso no abriremos las ventanas.
—¡Ni en tus sueños, Harry! —exclamó, mirándolo con intensidad desde sus ojos grises—. No quiero volver a ver esa cosa nunca más.
—Fue muy extraño; nunca en mi vida había visto algo así —comentó Harry, todavía impresionado—. Aunque ni siquiera estoy seguro de lo que vi.
—Por favor, Harry, yo también lo vi —le aclaró Draco—. Era una mariposa gigante con cabeza en forma de calavera humana.
—Si vimos eso y era real, entonces es probable que tenga alguna explicación.
—¿Cómo cuál?
—Criaturas extrañas que habitan en el bosque, monstruos antiguos…
—No lo sé, Harry; no creo que sea algo creado por alguna sociedad secreta escondida entre los árboles —replicó Draco, estremeciéndose.
—¿Qué otra explicación puede haber? Seres vivientes que viven alejados de otras criaturas.
—Eso parecía más bien algo salido del infierno.
—Yo tampoco recuerdo haber visto algo así antes.
—Tengo miedo, Harry —expresó el rubio, deseando estar en cualquier otro lugar menos allí.
—Podemos aparecernos en otro sitio, volver a casa… ¿pero y si esa cosa nos sigue? Podría detectar nuestra magia y la forma en que nos movemos a través del espacio y el tiempo…
—¡Sí, Harry! —lo interrumpió Draco, muy asustado—. Mejor nos quedamos aquí; si esa cosa nos sigue, no nos dejará en paz.
—Draco, yo los voy a cuidar —dijo Harry, mirándolo con total sinceridad—. No los voy a abandonar.
—Mi amor…
Draco se levantó de la cama.
—Por favor —pidió Harry, levantando una mano—, vuelve a acostarte. —Lo dijo al verlo acercarse desesperado y, sobre todo, desnudo—. No quiero que te caigas; camina despacio, pero lo mejor es que regreses.
Draco caminó hacia él y miró fijamente la ventana cerrada.
—Tenemos que comprobar si sigue ahí afuera —dijo, muy nervioso—. Así podremos dormir tranquilos.
—No, no, mi amor; puede ser peligroso —respondió, aunque en el fondo también tenía ganas de abrir para asegurarse de que esa cosa, fuera lo que fuera, ya no estuviera.
—Lo entiendo, pero tengo miedo.
—Ya lo sé. La casa está cerrada; no te preocupes.
Y de repente, se volvió a escuchar ese aullido sepulcral que dejó a los dos sin aliento, con la mirada clavada en la ventana.
—¡Harry! —gritó Draco, llorando y corriendo hacia sus brazos.
Harry, que estaba en tensión, sintió el calor del cuerpo de Draco y notó cómo reaccionaba su propio ser, tanto físico como emocionalmente.
—Ya está, mi amor, ya está —lo abrazó, comprendiendo y compartiendo su angustia—. Yo te voy a cuidar; tengo la varita aquí cerca.
—Esa cosa no se fue…
—Es verdad —le dijo con suavidad, hablándole al oído—. Con solo escuchar ese maldito aullido tan extraño, se nota que sigue ahí afuera. Mejor volvamos a la cama… pero antes toma un poco de agua.
Harry tomó la jarra que estaba sobre la mesa y le sirvió un vaso.
Draco, sin dejar de temblar, bebió mientras se limpiaba las lágrimas de la cara y miraba con expresión de alerta hacia la ventana.
—Preparé estos sándwiches antes de acostarnos. Come un poco.
Se sentaron juntos en la cama, cerca de James, y mientras comían miraban la ventana, sin entender nada de lo que estaba pasando.
—Que llegue pronto el día —pidió Draco.
Harry observó cómo le temblaban las manos al llevarse el sándwich a la boca.
—Sí, que salga pronto el sol; así esas mariposas se irán, porque no pueden volar con luz solar.
—Ya no quiero volver a este lugar —dijo Draco—. Nunca pensé que nos pasaría algo así aquí; no lo esperaba ni me lo imaginaba.
—¡Por Merlín! No lo entiendo… ¿qué es esa cosa? —se preguntó Harry.
No obtuvo respuesta por parte del rubio, que tampoco sabía nada y no tenía explicación.
—Como te dije, mi amor, esa criatura ha salido de las profundidades del infierno.
—Es imposible que sea alguien disfrazado. Esa mariposa no tenía el tamaño de un ser humano —reflexionó—… bueno, casi.
—Claro que podía tenerlo, Harry. Quizás sea alguien que quiere gastarnos una broma pesada- expresó contrariado y más nervioso todavía que su mente no pensaba con claridad.
—A estas alturas ya nadie lo sabe… Pero, ¿y si no es verdad? —preguntó, mirándolo a los ojos.
—Por eso te lo dije antes: vino del…
—Sí, mi amor, está bien que lo pienses así, pero mejor no pronuncies esa palabra.
—Está bien —aseguró, mientras seguía comiendo—. No volveré a decir esa palabra tan terrible.
—Sea lo que sea, yo no voy a salir —aclaró Harry con antelación—. Soy auror, pero mi prioridad está aquí con ustedes. Además, fuera lo que fuera, no valdría la pena arriesgarme estando solo afuera.
—Gracias, cariño —expresó Draco desde lo más profundo de su corazón, mientras le tomaba la mano con ternura.
Cuando terminaron de comer, se acostaron nuevamente, sin dejar de sentir ese miedo que parecía tan frío y escalofriante como la noche misma. No iban a poder dormir, y menos con ese zumbido incesante. Entonces, para no poner más nervioso a Draco, Harry pronunció un hechizo silenciador sobre el exterior, de modo que no se oyera absolutamente nada. Con eso, el ambiente se volvió más tranquilo y relajado para ambos, y lograron conciliar el sueño.
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Al día siguiente, Draco se despertó primero al escuchar el canto de los pájaros; supuso entonces que el sol había salido, pero decidió no levantarse, porque le gustaba aquel abrazo que le daba su amado, quien los cubría a ambos con su brazo. Se sentía muy reconfortado.
También se preguntaba por aquella monstruosa criatura que habían visto en la madrugada: si seguía ahí o si ya se había ido. Pero era evidente que solo obtendría esa respuesta cuando abrieran la ventana.
Sacó la mano de debajo de las sábanas y le tocó la nariz a Harry; sintió su respiración cálida, igual que el calor de su rostro. Después acarició la cabeza de su hijo James. Todavía estaba algo asustado por lo sucedido; esa preocupación había regresado, aunque ya no era tan intensa como antes.
Se levantó con mucho cuidado para no despertarlo, fue al baño y, tras hacer sus necesidades, salió con la intención de preparar el desayuno. No sin antes detenerse frente a la ventana cerrada, con muchas ganas de abrirla; sin embargo, su instinto le decía que era mejor esperar a Harry y hacerlo con él.
Miró el reloj: eran las siete de la mañana. Quizás ya hubiera salido el sol, o tal vez el cielo nocturno todavía se mantuviera intacto mientras el amanecer se acercaba desde lejos. No lo sabía, así que prefirió esperar a que Harry despertara para abrirla.
Caminó hacia la puerta, pero antes de abrirla se detuvo: todavía sentía miedo en su interior. Harry y James dormían, y no quería bajar solo hasta la cocina, así que regresó a la cama para esperar.
Treinta minutos después, Harry despertó, con la sensación de que Draco ya estaba despierto. Al mirar, vio al rubio sentado, con la vista fija en la ventana.
—¿Desde qué hora estás despierto? —preguntó en voz baja.
—Me levanté hace un momento, no te preocupes —respondió sin mirarlo, dejando notar claramente esa pequeña inquietud en su voz.
—Draco…
—Estoy bien… es solo que…
—¿Qué pasa?
—Esa cosa, Harry… no fue un sueño.
—Claro que no lo fue —confirmó Harry mientras entrecerraba los ojos—. Lo vimos los dos; era real.
—No quiero abrir la ventana…
—Entonces es mejor dejarla cerrada. No la vamos a abrir.
—Está bien —aceptó Draco, aunque seguía intranquilo por tener que asumir que aquello, fuera lo que fuera, había sido real.
—Quiero que te tranquilices. Todavía no sabemos de dónde salió ese ser —dijo, tomó su varita y deshizo el hechizo silenciador; al instante pudieron comprobar que ya no se escuchaba el zumbido de las mariposas—. Ya no hay nada afuera.
—Bueno, entonces iré a preparar el desayuno —lo miró y le dedicó una sonrisa—. ¿Quieres que te haga algo en especial?
—Dale, y yo prepararé la leche para James.
—Gracias.
—Baja con cuidado.
Sin embargo, Draco no quiso bajar solo a la cocina; necesitaba que Harry lo acompañara, porque le daba miedo estar en su propia casa y encontrarse con algo extraño o aterrador fuera de la habitación. Sabía que tal vez estaba exagerando, pero no podía evitar sentirlo así.
Bajaron juntos: Harry preparó la leche para James y Draco se ocupó del desayuno. En un silencio tranquilo, Harry le daba la mamadera a su hijo mientras le cantaba una canción de cuna, y Draco disfrutaba de esa voz suave mientras ponía los huevos en el plato, donde ya había acomodado los tomates fritos.
—Nos iremos pronto a casa —dijo Draco mientras sacaba las tostadas de la estufa.
Harry lo miró al escuchar esa decisión, y entendió perfectamente por qué quería marcharse.
—Es lo mejor que podemos hacer.
—Sí, porque después de todo, es la primera vez que vemos algo así en nuestro patio; llevamos viviendo aquí mucho tiempo y, sinceramente, no lo entiendo.
—Sé que nunca nos había pasado algo así —agregó Harry, mientras lo veía servir jugo de naranja en dos vasos—, pero seguro tiene una explicación lógica —supuso, acariciando con suavidad la cabeza de su hijo—. Tal vez solo era un loco suelto disfrazado de mariposa gigante.
Esa teoría no convenció a Draco; negó con la cabeza y le alcanzó el plato con su desayuno listo. Después se sentó, cortó la tostada por la mitad y la mojó en la yema del huevo. Miró cómo Harry seguía dándole de comer a James, que parecía quedarse dormido plácidamente entre sus brazos.
Cuando terminó, Harry lo acomodó en su cuna grande y le dejó un juguete seguro, sin riesgos. Luego se sentó a la mesa para empezar a desayunar.
—Ojalá pudiera pensar lo mismo —admitió Draco—; así me sentiría mucho más tranquilo.
Harry sintió una punzada de pena al verlo tan preocupado.
—Lo siento, mi amor. Me duele verte así, y ojalá todo hubiera sido solo una pesadilla.
Draco asintió y tomó un sorbo de jugo.
—Bueno, en cuanto nos vayamos, no volveremos nunca más a este lugar.
—Como tú digas.
—Iremos directamente a mi mansión. Después de lo que pasó, tengo que hablar con Gregory para explicarle todo. Me costará mucho enfrentarlo y mirarlo a la cara, pero me tengo que preparar. No te preocupes, ya estoy decidido: voy a terminar definitivamente con él.
—Te entiendo.
—De hecho, lo dejé claro desde que te traje aquí, así que ya no hay dudas al respecto.
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Después del desayuno, prepararon lo que debían llevar de regreso; redujeron de tamaño la gran cuna, pero no se apresuraron, aunque sentían la urgencia de irse de allí. Solo pensar que la noche podría volver pronto les hacía estremecer el corazón.
Se transportaron mediante la Red Flu, y Draco suspiró aliviado en cuanto pisó suelo firme.
—¡Amo! —saludó el elfo que apareció ante ellos.
—Ya llegamos, Ruty.
—Bienvenidos sean.
El elfo tomó las maletas y, junto con otro compañero, llevaron la cuna hasta la habitación de James.
Harry también sintió un gran alivio por haber vuelto a casa; estaba muy contento de estar con su familia, esta vez todos juntos.
Draco se acercó a la ventana y la abrió, contemplando el amplio paisaje que tenía ante sí. El día estaba tan soleado que parecía borrar por completo aquella noche de terror que había vivido junto a su esposo, aunque aún sentía un nudo en la garganta con solo recordar lo ocurrido.
Cuando Harry bajó por la escalera, tras dejar a James en su cuna, encontró a Draco mirando hacia afuera con una expresión muy profunda.
—¿Qué pasa? —le preguntó.
—Nada… solo estoy pensando en lo que vivimos.
—Amor, por favor, no te preocupes más. Ya estamos lejos de allí y no volveremos nunca —le dijo, acercando su rostro al suyo y acariciando su hermoso cabello.
—Lo sé, mi amor, lo sé. Pero es que ambos conocemos casi todas las criaturas mágicas que existen en este mundo; lo aprendimos en Hogwarts y podemos identificarlas. Sin embargo, esto… esto no parecía pertenecer a nuestro mundo.
Harry notaba el temor en la voz de su amado y también podía verlo reflejado en sus ojos grises; cuanto más lo miraba, más sentía que ese sentimiento se le contagiaba a él también.
—Draco, no sigamos pensando en eso. Tenemos a nuestro hijo aquí con nosotros. No sabés lo feliz que me hace tenerlos a los dos —le respondió, besándolo con intensidad en los labios—. Te amo muchísimo.
Al escuchar esas palabras, la tranquilidad y la felicidad volvieron a su ser; después de tanto miedo, parecía que todo quedaba atrás. Lo amaba tanto que le costaba creer que la paz por fin se apoderaba de su corazón.
Al llegar la noche, Draco ya había dejado atrás esa sensación de inquietud que lo había acompañado durante el día; todo lo ocurrido parecía ya algo lejano y borroso.
Se recostó entre los brazos de Harry, quien miraba el techo pensativo pero en calma.
—Qué raro… no ha venido Gregory —comentó Draco.
—Ajá. ¿Lo estabas esperando?
—Sí, quería hablar con él.
—Entiendo. Quizás venga mañana.
—Tenés un olor muy rico —dijo Draco, acariciando su cabello y aspirando el aroma de su pecho.
—No me puse ninguna loción.
—Me encanta igual —sonrió, besándolo en el pecho y acomodándose encima de él—. Me fascina tu olor natural.
Harry se mordió los labios, sonriendo también, mientras sentía el peso del cuerpo de Draco sobre el suyo.
—Cosita rica…
—Solo tuya.
—Solo tuyo.
Se besaron con pasión; Harry lo acunó entre sus manos y lo giró con suavidad sobre las sábanas, quedando él encima para recorrer con besos ardientes el cuello de su amado.
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Harry abrió las ventanas para disfrutar de aquel hermoso día; el sol entraba con fuerza, iluminando con claridad la hierba y el lago donde paseaban los pavos reales de plumaje blanco. Miró hacia la cama y vio a Draco durmiendo profundamente. Contemplando esa imagen con agrado, se acercó con mucho cuidado y le dio un beso en la espalda, respirando su aroma con suavidad.
Salió de la habitación y se dirigió a preparar el desayuno. Draco bajó quince minutos después.
—Dormí muy bien.
—Me alegro. ¿Ya te sentís mejor? —le preguntó mientras servía jugo de pomelo en un vaso.
—Sí, muchísimo —respondió estirando los brazos con comodidad.
Cuando terminaron de desayunar, acomodaron a James en su cuna grande para que pudiera jugar con un oso de peluche.
—La mañana está preciosa —comentó Harry, dándole una palmadita cariñosa en la espalda a Draco.
—Ya lo veo —respondió este último con una sonrisa.
Harry se sentó en el sillón y comenzó a leer el diario. Draco decidió hacer lo mismo frente a él, para estirar un poco las piernas.
Pasaron unos diez minutos.
—¡Amo Draco!
Ruty había aparecido de repente ante ellos.
—¿Qué pasa, Ruty?
—Barron, el esposo de la tarotista Ely, ha llegado. Quiere hablar con usted.
Harry miró a Draco con expresión de sorpresa, ya que aquel hombre nunca había visitado su mansión.
—¿Barron? ¿Así se llama el esposo de la tarotista? —preguntó Harry.
—Sí. Es un mago proveniente de Estados Unidos; se casó con ella hace dos años.
Bajaron los tres al salón, y lo primero que vio Draco fue al hombre: muy alto, de cabello castaño claro y ojos celestes; tenía marcadas ojeras y una mirada llena de preocupación.
—Señor Barron.
Draco y Harry se acercaron para saludarlo. El joven extendió la mano, dejando ver claramente la gran angustia que lo embargaba.
—Buenos días —dijo con voz temblorosa.
Se sentaron y el elfo desapareció en silencio.
—Barron, ¿en qué puedo ayudarte?
El joven se estremeció antes de responder; estaba tan angustiado que su cuerpo parecía transmitir solo inquietud. Dejó pasar un minuto entero antes de poder hablar.
—Se trata de mi Ely…
Ambos se dispusieron a escucharlo con atención.
—Hace tres días, dos jóvenes se le acercaron mientras ella compraba hierbas esotéricas en la tienda. Le preguntaron por ti. Uno se llamaba Gregory… y el otro, Tony.
Draco abrió mucho los ojos, sorprendido.
—Querían saber dónde te encontrabas —continuó, pero se detuvo de golpe, incapaz de seguir, mientras un nudo en la garganta le impedía hablar.
—Lo siento, Barron —dijo Draco, mirando primero a Harry y luego al joven, que cerraba los ojos y se llevaba las manos a la boca para intentar calmarse—. Respira profundo. Sinceramente, no me lo esperaba.
—Sé que no lo sabias.
—No tenía ni la menor idea, es la verdad.
—Esos dos jóvenes te buscaban.
—¿Y se lo preguntaron directamente a ella?
—Así es. Creo que tú le hablaste de ella a uno de ellos en alguna ocasión.
—Es posible, sí, a Gregory.
—Es muy probable que también hayan ido a buscar información a casa de los Malfoy, pero no lo sé con seguridad.
—Mis padres no saben dónde estuve estos días; yo así lo quise. Lo siento, Barron, pero era un asunto personal.
—No, no te culpo. El caso es que se acercaron a ella porque querían saber tu paradero. Gregory te buscaba con insistencia.
—Ya entiendo —respondió Draco, asintiendo con gravedad.
—Le preguntaron si sabía dónde te encontrabas.
—Continúa, por favor.
—Ella les dijo que una vez le hablaste de un chalet que tenías en medio del bosque, aunque no conocía su ubicación exacta.
—Es cierto, tengo una propiedad en el bosque de Dean, pero está protegida con el encantamiento Fidelio y requiere una contraseña; no se puede obtener información sobre ella tan fácilmente.
—Eso mismo les explicó mi Ely. Dijo que no sabía nada más: ni el lugar ni la forma de entrar.
—Es verdad, Barron. Aunque me llevo bien con ella, nunca le daría datos de ese tipo —afirmó Draco con sinceridad.
—Lo sé, lo sé. Aun así, ella decidió ayudarlos a encontrarte. Se fueron con ellos… y no han regresado —se quebró de golpe y comenzó a llorar.
Harry y Draco quedaron estupefactos ante aquella noticia terrible y espeluznante; se miraron entre sí, llenos de inquietud. Solo se escuchaban los sollozos del joven, que sacó un pañuelo para secarse las lágrimas.
—No sé a dónde fueron. Ya hace dos días que no vuelve.
—¡Por Merlín! —exclamó Harry, recordando de pronto aquel grito desgarrador que habían escuchado la noche anterior.
—Ely me dijo que si no regresaba en un plazo de veinticuatro horas, saldría a buscarla sin demora. Y aquí estoy.
—¿Creés que esto tiene relación con lo que vimos y oímos la noche pasada? —le preguntó Draco a Harry, cuando se apartaron un poco para hablar en privado.
—No lo sé, corazón, de verdad que no. Pero ya estoy empezando a sentir una gran preocupación y miedo.
—Tal vez ella esté corriendo un peligro mortal.
—Y también Gregory y ese tal Tony. Tenemos que actuar. Yo soy auror; si hacemos la denuncia oficial, los equipos de búsqueda se pondrán en marcha de inmediato.
—¡Por Merlín, Harry, esto me da mucho miedo! —expresó Draco, con la voz quebrada.
Ambos sabían que habían estado en el mismo lugar al que aquellos tres habían ido.
Volvieron al salón. Barron guardaba el pañuelo en el bolsillo, pero las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas.
—Barron, ¿ya presentaste la denuncia de desaparición?
—Todavía no. Vine primero aquí, por si acaso ella te había encontrado o hablado contigo.
—No, Barron, lo siento mucho —le respondió Draco con pesar—. Estuve en el chalet junto a Harry, pero nadie se acercó hasta allí.
—¡Mi Ely…! —jadeó con dolor, sintiendo que el temor lo invadía por completo.
—Solo estuvimos nosotros tres: Draco, nuestro hijo y yo. Ely no apareció en ningún momento.
—Además, habría sido imposible que encontraran el lugar. Si hubiéramos salido a caminar por el bosque, quizás…
Barron se levantó de golpe y se dirigió hacia la puerta.
—Tenemos que ayudarlo, Harry.
—Quiero hacerlo, pero cada vez que ocurren estas cosas, siento que el corazón se me aprieta…
—Sin embargo, debemos esperar a que presente la denuncia oficial. Mientras tanto, ellos seguirán buscando.
—¿Y si volvemos al chalet ? —preguntó Harry, viendo cómo Barron se marchaba acompañado por Ruty hasta la salida.
—¡No, no! —respondió Draco de inmediato—. Ni lo sueñes. No voy a volver jamás. Con solo recordar ese lugar, me entra un terror inmenso.
—Está bien, está bien, te entiendo perfectamente. Dejaremos pasar un día y veremos qué pasa. Si no hay novedades, iré a la oficina de aurores. Además, mis días de descanso se están terminando.
—De acuerdo, mi amor.
Subieron de nuevo las escaleras para ver cómo estaba James.
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James estaba bien; al menos él era el único que no sentía ninguna angustia dentro de aquella casa. Habían pasado dos días desde que Barron los visitó y, tal como Harry había supuesto, las noticias sobre la desaparición de aquellas tres personas ya aparecían en las revistas y periódicos. Ahora más que nunca, la situación resultaba muy preocupante: Ely, Gregory y Tony habían desaparecido en el bosque después de buscar a Draco y hallar la ubicación de su chalet
Tanto Harry como Draco, convencidos de que Barron decía la verdad, no dejaban de preguntarse qué habría ocurrido con ellos. Aquella noche espeluznante volvía a sus mentes una y otra vez, como un fantasma que gritaba a los cuatro vientos. Era realmente aterrador.
—Si tan solo hubiéramos salido esa noche… —dijo Draco, mirando una edición del Profeta donde aparecían separadas las fotografías de los tres—. Quizás nada de esto habría sucedido.
—¿Cómo podríamos haberlo sabido? —respondió Harry a su lado, sosteniendo una taza con infusión de limón y miel—. No era posible; estábamos solos y hacía un frío terrible.
—Pero escuchamos esos gritos justo después de ver esa cosa en nuestra ventana. Tú también lo oíste. La primera vez mentí cuando dije que no escuchaba nada, pero sí fue así.
Harry se quedó pensativo, recordando aquella aparición extraña que parecía surgida de las mismas tinieblas. Los dos la habían visto; no había sido una alucinación, todo había sido real.
—No sé si esa criatura tiene alguna relación con ellos —comentó, con la mirada perdida y concentrada en el recuerdo.
—Esa mariposa gigante con la cabeza en forma de calavera no se fue de ahí cuando cerramos la ventana. Al contrario, se quedó y los mató en cuanto los vio.
—No lo sé… —tembló Harry, inquieto y muy preocupado.
Evitaba mirar a su esposo, sabiendo que sus propias dudas se reflejarían en sus ojos verdes, y no quería aumentar la angustia de Draco.
—Es posible, Harry… es muy posible —dijo este último, mirando hacia la ventana. El sol entraba con mucha fuerza, iluminando todo el salón. Durante el día se sentía más tranquilo, pero al llegar la noche volvía a sentir ese escalofrío. Ahora, además, le nacía un fuerte sentimiento de culpa—. Claro que es posible. Es un monstruo maligno que hace daño, y no pudimos impedirlo.
—Quizás solo se perdieron y siguen vagando por el bosque.
—No sé por qué, pero tengo la sensación de que ya no están con vida.
Ambos se miraron fijamente; se conocían tan bien que se entendían sin necesidad de palabras. A pesar de todo, se tenían el uno al otro. Harry tomó su mano con cariño, buscando alejar el miedo y dar calor a esa piel tan blanca por naturaleza.
—Amor, intentemos ser positivos y pensar que simplemente se han extraviado.
—Siento una culpa inmensa, Harry. Me duele mucho por Gregory —se lamentó con voz quebrada—. Fui un tonto al querer tener una relación con él cuando en el fondo sabía que todavía te amaba. Si no hubiera tenido esa intención, él seguiría a salvo. Me siento terriblemente responsable.
Harry no supo de inmediato qué responder. La voz del rubio sonaba tan delicada y frágil, como una gota de agua que se seca sobre la tierra caliente. Prefirió guardar silencio para dejarlo hablar, escuchando sus palabras como si fuera el sonido de una lluvia suave.
—Debí haber hablado con él y aclarar todo antes de que saliera a buscarme. Pero estaba tan desesperado por recuperarte, que no supe actuar con prudencia.
—Draco…
—Pero también tenía la responsabilidad de recuperar a mi familia. Quería volver a tenerte a mi lado… Espero que puedas entenderme; nunca quise que pasara nada de esto.
—Ay, Draco, mi amor —le respondió con ternura—. Te conozco mejor que nadie y sé exactamente cómo sos. Nunca tuviste la intención de hacerle daño a nadie; estabas muy dolido y agobiado por lo que yo te hice. Querías sanar, empezar de nuevo y alejarte de alguien tan insensato. Tenías todo el derecho de recomenzar, de salir adelante. Si hay alguien culpable de todo esto, soy yo —dijo, soltando un suspiro profundo y doloroso, mientras sentía cómo se le apretaba el pecho.
—No —negó Draco con la cabeza, sintiendo que se le partía el corazón al ver las lágrimas en los ojos de Harry. Su amor parecía tan vulnerable en su tristeza que solo despertaba en él un deseo inmenso de protegerlo—. Mi amor, si yo no hubiera puesto tantas trabas…
—No se trata de que debiera ser fácil después de lo que pasamos. Tú estabas herido y enfadado conmigo —le aclaró enseguida, besando sus manos con mucha ternura—. Tenías todo el derecho de tomarte tu tiempo y mantener distancia. No es tu culpa, mi amor. Y además, creo que ahora no es el momento de hablar de culpas. Esperemos a ver qué pasa, y cuando estemos más tranquilos, retomaremos el tema. No quiero que te deprimas.
Lo miró a los ojos grises, ahora nublados por las lágrimas, que parecían dos mares en plena tormenta. Conmovido, Harry lo besó con intensidad, sin importarle que sus mejillas se mojaran con las lágrimas que corrían por el rostro de Draco. Lo abrazó con fuerza, atrayéndolo hacia sí y cubriéndolo con sus brazos como si temiera que alguien pudiera arrebatárselo en cualquier instante.
—Ya hablaremos más adelante, te lo prometo. No te pongas triste, por favor —le suplicó, apoyando su frente contra la de él y mirándolo profundamente, mientras sus respiraciones se mezclaban en un soplo cálido y tranquilo.
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