Capítulo 3
13 de septiembre de 2025, 20:58
Orm
—¡Bienvenida a casa cariño! —Me gritó Dom desde la cocina. —¿Qué tal el trabajo?
—¡Horrible!
—¿Ling de nuevo?
—¡¿Quién si no?! No la soporto, hoy nos dejó encerradas en el ascensor solo para intentar
intimidarme.
—¿Por qué no hablas con tu jefe y le explicas la situación?
—Sabes que no puedo hacer eso, quedaría como una niña.
Me dejé caer en una de las sillas mientras mi novio preparaba la mesa para comer. Éramos
del mismo pueblo pequeño, por lo que nos conocíamos de toda la vida. Al principio fuimos
amigos, pero antes de entrar en la universidad se me declaró y hemos estado juntos desde
entonces. Compartimos amistades y nuestras familias planean nuestra boda desde hace años,
pero por suerte Dom no parece tener intención de proponérmelo próximamente y yo no me
siento preparada para dar un paso tan grande.
—Pero lleva años amargándote el trabajo. Es sorprendente que fuerais amigas.
—Hoy me dio la impresión de que me culpaba de nuestra enemistad... Fue muy extraño, me
acusó de haberla apuñalado por la espalda.
—¿No fue ella la que cambió de un día para otro?
—¡Exacto! Entiendo que no le encantara que la hubiera encontrado en la situación en la que
estaba, pero fue un accidente y no pensaba contárselo a nadie.
—Quizás alguien más lo descubrió y cree que fue culpa tuya.
—Pues en ese caso, tenía que haber hablado conmigo en lugar de romperme el ordenador.
Aún no puedo creer que le creyeran cuando dijo que había sido un accidente. Estaba
mirándome literalmente a los ojos mientras dejaba caer el café sobre el portátil, hice horas
extras durante un mes entero para rehacer todo el trabajo que había perdido.
—Lo sé mi amor... Vamos a tener que creer en el karma, como diría Lisa. ¿Al final quedaste
con ella esta noche?
Dom había acordado salir con todos sus compañeros de boxeo para ir a tomar algo, y cuando
le propuse a Lisa hacer algo con intención de no pasar la noche sola en casa nuevamente, me
obligó amablemente a salir a tomar unas copas y bailar. Estaba en modo caza desde que había
superado que su ex la engañara con algunas de sus alumnas. Era monitor de zumba en un
gimnasio y al parecer le era muy difícil resistir a la tentación constante de estar rodeado de
mujeres.
—Por desgracia... Estoy demasiado cansada para lo que sé que me viene encima. Además,
seguro que tengo que coger sola el taxi de vuelta a casa. —Lisa era objetivamente una
belleza, y no dudaba de su capacidad para triunfar esta noche.
Dom se marchó de casa antes que yo. Lisa prefería venir a casa, prepararnos y beber alguna
copa antes de salir, para que el frío nos molestara menos y poder llevar lo que denominó
"outfits matadores".
—Amiga, estás prácticamente casada con el hombre perfecto, ¿por qué intentas que me
enamore de ti? —Bromeó Lisa al ver mi vestido negro ceñido a mis curvas.
—Eres imbécil... —Dije sin poder ocultar que una pequeña sonrisa se formara en la comisura
de mi boca.
—En serio, estás buenísima y esta noche vamos a arrasar.
No quería arrasar. Mi vida con Dom hacía tiempo que era relajada. Supongo que en cierto
modo sí éramos como un matrimonio. Habíamos empezado a caer en la rutina, cada uno tenía
sus aficiones y compartíamos poco tiempo juntos más allá de las comidas, las noches en las
que él no trabajaba y el tiempo en el que volvíamos al pueblo. ¡No teníamos sexo desde hacía
un mes! Pero me gustaba cómo funcionábamos. Me encantaba tener tiempo para mí misma y
al estar con él siempre me sentía en paz, era un hogar para mi. No solo era mi novio, era mi
mejor amigo.
Era el tercer bar al que entrábamos y llevábamos un par de copas encima. Bueno, alguna más
que otra. Lisa llevaba utilizándome como carabina para soportar a los amigos de todos los
chicos con los que hablaba, y después de desechar a cada uno de ellos se bebía una copa
prácticamente del tirón.
—Este es el definitivo amiga, lo prometo. —Me dijo con ambas manos en mis hombros.
—Último y no más alcohol. Si no hay suerte, nos vamos. Es tarde y suficientemente difícil va
a ser ya llevarte a casa...
Entramos y el golpe de calor me obligó a entrecerrar los ojos. El local estaba lleno de gente
bailando, la música estaba a todo volumen y Lisa tomó mi mano para guiarnos entre la
multitud.
—Dos gin tonics, por favor.
—¡¿En serio?! Acabamos de decir que nada de alcohol.
—Es la última, sería muy raro acercarme a alguien sin una copa en la mano. —La dejé, no
tenía ganas de discutir más con ella.
Cogimos nuestras copas y nos adentramos en la pista de baile. Me encantaba la canción que
estaba sonando, pero antes de empezar a movernos siquiera, alguien me abrazó por la
espalda. Me giré dispuesta a discutir, pero era Dom, sonrojado y brillante, sudando por el
calor, con algunos botones de su camiseta desabrochados y claramente contento a causa de la
gran cantidad de alcohol que llevaba encima.
—¡No me avisaste de que vendrías aquí! —Gritó por encima de la música.
—¡Tú tampoco!
—¡Dom, guapetón! ¿No estarás aquí con los perfectamente formados de tus amigos? —
Intervino Lisa inmediatamente. Dom rió.
—Vamos y os presento —Nos dijo. —Además, hace siglos que quiero que conozcas a "La
Jefa".
—¿Esa es la chica tan impresionante de la que es amiga? —Me preguntó Lisa al oído para
que Dom no nos escuchara.
—La misma... pero no me mires así, ya te dije que confío ciegamente en Dom.
—Solo te protejo, no quiero que te pase como a mi cariño. Pero conocerla es algo bueno, así
sabemos a lo que nos enfrentamos. —La miré con los ojos entornados. Estaba cansada de
repetir la misma conversación cada vez que la amiga de Dom entraba en juego.
Nos presentó a todos y pude ver como Lisa se interesaba más en uno de los chicos en
concreto. Si la cosa avanzaba tan bien como parecía, no tardaría mucho en volver a casa sola.
—¿Dónde está La Jefa?
Al principio se me hacía extraño llamarla así, pero Dom ni siquiera sabía su nombre real.
Todo el mundo la llamaba de esa manera cuando se unió al gimnasio y él simplemente siguió
el ejemplo. Habían encajado a la perfección y se habían vuelto muy buenos amigos con el
paso del tiempo, pero las relaciones entre hombres eran extrañas para mi, y por lo poco que
sabía, esa chica se mimetizaba bastante bien con ellos. No sabía nada personal sobre ella pero
sí que se había roto un brazo una vez que huyó de su casa por la ventana para ir a echar un
polvo.
—Fue a por otra copa para cada uno.
—¿Cuántas llevas? —Me crucé los brazos y lo miré con cara de diversión.
—No tantas, pero está claro que hacía mucho tiempo que no bebía.
—Bueno, yo no creo que me quede por mucho más tiempo. Parece que la cosa entre Lisa y tu
amigo marcha bien, así que controla para que me llegues a casa de una pieza. —Le estrujé la
cara con mi mano y lo atraje para darle un pequeño y casto beso en los labios.
Cuando nos separamos sonrió por encima de mi hombro.
—Ahí viene, esa es la jefa.
Me giré para verla acercarse. Iba vestida en traje y chaqueta negro. Los tacones que llevaba
hacían que su andar pareciera un desfile de modelo. Realzaban su delgada figura y suave
contoneo de cadera. La chaqueta estaba abierta y se podía ver un pequeño top que tapaba
justamente su pecho, dejando al descubierto un tonificado torso. Su pelo negro ondeaba a
cada paso y su mirada felina intimidaba. Ling estaba preciosa, pero era la última persona a la
que esperaba encontrarme. Miré mi gintonic y me lo bebí de golpe.