ID de la obra: 961

Finjamos un "sí"

Het
R
En progreso
4
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 224 páginas, 111.980 palabras, 38 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
4 Me gusta 4 Comentarios 1 Para la colección Descargar

Capítulo 33

Ajustes de texto
Patrick ha dormido estos días conmigo. Creo que estamos considerando seriamente que se mude aquí. Su presencia se ha vuelto tan natural que, cuando no está, lo siento en cada rincón de la cama. Me gusta tenerlo cerca. Me gusta más de lo que me atrevo a admitir en voz alta. Esta mañana, algo me despierta. Son ruidos en el piso de abajo. Extiendo la mano por instinto, buscándolo en la cama, pero el lugar a su lado está vacío y frío. Frunzo el ceño. Miro el reloj: son apenas las seis de la mañana. Es temprano incluso para ir a la oficina… y demasiado temprano para tener visitas. Me levanto, tomo una bata ligera y abro la puerta. El sonido se intensifica: son voces. Dos para ser exacta. Reconozco una al instante: Patrick. La otra… me toma apenas unos segundos para identificarla. Jana. Mi cuerpo se tensa. No recuerdo que Patrick haya dicho que alguien vendría, mucho menos ella. Me acerco con cuidado a las escaleras. No quiero que me vean. No quiero interrumpir. No todavía. Pero lo que escucho me hace detenerme en seco. Hablan en un idioma que no entiendo del todo. Pero, aun así, hay algo en el tono de sus voces que me hiela la sangre. —Ydych chi wir yn meddwl ei bod hi'n dy garu di? —dice ella, con una voz afilada como cuchilla. (¿De verdad crees que ella te ama?) —Mae hi'n fy ngharu i, dwi'n gwybod hynny, — responde Patrick, firme. (Ella me ama. Lo sé.) Mi corazón se agita. Aunque no entienda las palabras exactas, entiendo el peso que llevan. Entiendo que están hablando de mí. Se que aunque no comprenda su idioma por completo puedo identificar algunas palabras. He estado practicando. —Mae hi'n gast sydd eisiau eich arian chi yn unig. (Es una zorra que solo quiere tu dinero.) Aprieto los dedos contra la baranda. Siento una punzada en el pecho. Tengo miedo. Se que lo que acaba de decir no fue algo bueno. —Quiero que te vayas —dice Patrick ahora en un idioma que puedo entender, con voz firme y dura—. Sofía está durmiendo arriba. No quiero que la despertemos. —SINCERAMENTE ME VALE QUE NOS ESCUCHE GRITAR.— dice tan fuerte que si hubiera estado dormida sin duda me hubiera despertado. El grito me sacude. El veneno con el que lo dice… me hace querer bajar de inmediato y gritarle que se largue de mi casa. Pero no me muevo. Me obligo a seguir escuchando. —Jana, por favor. No lo hagas más difícil. Entiendo que no es lo que tú querías. Y por primera vez… por primera vez en mi vida, estoy pensando en mí. —Su voz ahora es más baja, dolida. Real. Lo conozco tanto que sé que está luchando consigo mismo—. Te lo dije el otro día. Ten un poco de empatía... —Patrick, sabes que nosotros no hacemos esto porque queremos —responde ella ahora en un tono más suave, casi manipulador—. Lo hacemos porque tenemos que hacerlo. Igual que tú… hiciste esto. Una pausa tensa. —El contrato no incluía que te la cogieras. — escupe. —¡BASTA!— Patrick explota. La furia en su voz es como una ola que sube por las escaleras. Yo me quedo inmóvil, con los ojos abiertos, el corazón palpitando descontrolado. El silencio que sigue es tan tenso que casi puedo sentirlo pesando en mis costillas. Finalmente, ella rompe el silencio. —Te espero en Irlanda. No quiero excusas. —Sabes que no voy a estar ahí. Su voz es final. Firme. Y esa respuesta es como un faro que me guía entre toda la incertidumbre. No puedo ver su rostro desde aquí arriba, pero sé que la mirada que le dio a Jana fue suficiente para cortarle cualquier otra palabra. Me apoyo contra la pared, respiro hondo, y aprieto los labios. Patrick me eligió. Incluso si eso significa romper con todo lo que alguna vez pensó que debía hacer. Incluso si eso significa enfrentarse a su familia, a su pasado. Ahora sé, sin ninguna duda, que su amor por mí es real. Escucho pasos acercándose a la puerta. Me pego contra la pared del pasillo, deseando volverme invisible. No quiero que me vea. No quiero que sepa que escuché todo. Mi respiración es silenciosa, controlada. Pero por dentro… estoy temblando. —No me interesa si tengo que quitar personas de mi camino para lograrlo — espeta Jana, al lado de la puerta prinicpal, su voz ahora es tan fría como el hielo—. Tú vas a estar el próximo mes en Irlanda, sea como sea. La puerta se cierra de un portazo. El ruido me sacude entera. Pocos segundos después, el rugido de un motor rompe el silencio y por fin se va. Me quedo quieta, como estatua, en medio de las escaleras. No sé cuánto tiempo pasa hasta que escucho su voz: —Ya puedes bajar —dice Patrick, tranquilo, pero con ese tono que siempre tiene cuando sabe exactamente dónde estoy, incluso sin verme. Bajo lentamente, sin decir nada. Mis pies descalzos en los escalones suenan apenas. Lo veo recostado contra la isla de la cocina, los brazos cruzados, el ceño aún tenso. Pero al verme, relaja los hombros. Me mira como si acabara de encontrar algo que había perdido. Extiende una mano hacia mí. Camino hasta él, como si algo me jalara. Cuando tomo su mano, me jala hacia su pecho sin decir una palabra. Me envuelve en un abrazo tan firme, tan lleno de necesidad, que casi me deja sin aire. Nunca me había abrazado así. Como si se estuviera sosteniendo de mí para no derrumbarse. —Jana —murmuro contra su pecho, rodeándolo con mis brazos. Escucho su corazón, fuerte, rápido—. Aún insiste con que te vayas. —Sí —responde él, y siento cómo hunde su rostro en mi cabello, aspirando como si necesitara grabarse mi olor—. No quiero ir. No sé si lo haré. Probablemente no. Ya tengo la ciudadanía. No hay razón real para quedarme. Pero sobre todo… — hace una pausa, su voz baja— no puedo pasar ni cinco días sin ti. ¿Cómo se supone que voy a dejarte? Su confesión me deja sin aliento. Acaricio su espalda, y él se aferra a mí con más fuerza. —Quiero hacer que nuestro matrimonio sea real —dice con voz quebrada, la sinceridad en su tono me parte en dos—. Si tú también lo quieres, claro. No te presionaré. Pero tenía que decirlo… no quiero que esto sea solo un contrato. Ya no. Me separo apenas lo suficiente para poder mirarlo a los ojos. Tiene esa mirada… vulnerable, intensa, como si tuviera miedo de perder algo que finalmente se atrevió a desear. Sus ojos están llenos de amor, pero también de duda. —Y quiero que sepas algo más —añade—. Si tú no quieres seguir casada conmigo, lo entenderé. De verdad. No me enojaré. Pero… no podría casarme o estar con nadie más. No cuando mi corazón ya te pertenece. Nos quedamos en silencio. Mi barbilla aún apoyada en su pecho, nuestras respiraciones sincronizadas. Me mira como si me estuviera entregando su futuro en bandeja, y por primera vez veo ese miedo real en él… miedo de que le diga que no. Miedo de perderme. Mis manos suben lentamente hasta su rostro. Le acaricio la mejilla, su barba incipiente, su piel caliente. —Patrick… —susurro— yo también quiero que sea real. Porque ya lo es para mí. Hace mucho tiempo que dejé de fingir. Su rostro se ilumina. Se le escapa un suspiro profundo, como si lo hubieran liberado de una jaula. Su mano sube hasta mi mejilla, cálida y segura. Inclina el rostro hacia mí, y cuando su aliento roza mis labios, cierro los ojos. No es la primera vez que me besa… pero esta vez se siente distinto. Como una promesa. Como un comienzo. Sus labios tocan los míos con suavidad, primero con la ternura de quien cuida algo frágil, pero en segundos el beso se transforma. Su lengua roza la mía y el calor nos envuelve. Siento su deseo, su necesidad, y todo mi cuerpo responde. Me aprieta contra él, una de sus manos sube y baja lentamente por mi espalda, y de su garganta se escapa un gruñido bajo que me hace temblar. Lo quiero más cerca. Quiero que este momento no se acabe nunca. Que no sea una excepción, sino nuestra rutina. ...................................................................................................................................................................... Más tarde, en la oficina, llegamos juntos. En el mismo carro. Como nunca antes. Subimos en el ascensor tomados de la mano, sin esconder nada. Y justo cuando llega el momento de separarnos —él hacia su oficina de vidrio, yo hacia mi escritorio— Patrick no suelta mi mano. Me jala suavemente hacia él y, sin pensarlo dos veces, me besa. En plena oficina. Frente a todo el mundo. Y no es un beso cualquiera. Es uno de esos que dejan sin aliento, de los que hacen historia. Me olvido de dónde estoy, del sonido de las impresoras, de los pasos, de los murmullos. Solo estamos él y yo. Y este momento. Cuando por fin me suelta, respiro como si hubiera estado bajo el agua. —Que tengas un buen día — dice tranquilo. Asiento y camino tambaleante hacia mi escritorio y ahí está Karol, sentada con los ojos tan abiertos que parecen salirse de sus órbitas. —AMIGA —dice en un susurro gritado—. Ahora sí me tienes que contar todo. —Hola amiga, ¿cómo estás? ¿Yo bien, y tú? Bien, gracias —le respondo con sarcasmo, mientras dejo el bolso y me siento, aun intentando volver a la Tierra. —¡No me vengas con formalidades ahora! ¡Yo te vi! ¡TE VI! Ese beso me dejó sin oxígeno y eso que no iba para mí. ¿Dormiste con Patrick por fin? —¿Y ahora cómo llegas a esas conclusiones tan específicas? —le lanzo, fingiendo concentración mientras abro mi laptop. —Primero, se besaron de una manera tan apasionada que me robo la respiración a mí y todos los que estábamos comiéndonos el show, cuando nunca antes lo habían hecho y segundo, porque desde que te besó no ha dejado de verte. ¡mira! Volteamos ambas hacia su oficina. Y sí. Patrick está ahí, sentado, supuestamente trabajando… pero claramente con la mirada fija en mí, por encima de su monitor. Al vernos, se acomoda nervioso y desvía la mirada como si acabáramos de atraparlo viendo una escena prohibida. Levanto una ceja, lo saludo discretamente con la mano y agarro mi celular. Sofía : ¿No que ya habías dominado el arte de la distracción? – 8:15 a.m. Dejo el celular al lado, lista para comenzar el día… pero antes de que siquiera pueda abrir el archivo del informe mensual, escucho el ding de un mensaje entrante. Sonrío antes de verlo. Porque sé que es de él. Patrick: Es que nunca te había besado… ya no creo poder dominarlo. Creo que perdí la habilidad. – 8:15 a. m. No puedo evitar soltar una risa bajita. Levanto la vista y ahí está. Patrick, me mira desde su oficina como si yo fuera lo único importante esta mañana. Sofía : No me distraigas, tenemos que trabajar. Si no, nos van a regañar. – 8:16 a. m. Patrick: ¿Quién nos va a regañar? – 8:16 a. m. —Mira esa sonrisa —dice Karol sin previo aviso, sacándome de mi trance—. Te ves como una niña enamorada. Me vas a contar cómo te fue… ¿o qué? —Pero… —NO. Ni se te ocurra negármelo o salir con excusas baratas. ¿Me oíste? Suspiro, rindiéndome. No hay escapatoria posible con Karol. —Bueno… sí, pasó —digo en voz baja, muy nerviosa sin atreverme a mirarla directamente ni a voltear hacia donde está Patrick. Karol da un grito ahogado que hace que varios compañeros se giren a vernos. Yo quiero desaparecer. —¡Lo sabía! Desde que se fueron juntos después de la fiesta lo presentí. El matrimonio más extraño del mundo y boom, ahora sí pasó. Ay amiga, estoy feliz por ti. De verdad. ¡Y con Patrick! ¡Nada menos! ¿Y? ¿Cómo te fue? —Bien… supongo —contesto, sintiendo las mejillas calientes—. Fue muy cuidadoso… y me trató muy bien. La verdad, fue lindo. Karol suspira dramáticamente, llevándose las manos al pecho como si fuera parte de una telenovela. —Ay, suena como un maldito sueño. Pero ya sabes lo que viene ahora.¿Verdad? ¡Detalles! Y quiero los buenos, los sucios también. —¡No! Karol… —niego con la cabeza, muerta de risa—. No me voy a poner a contarte eso aquí. —¡Amiga! —¡NO! En ese momento suena otra vez mi celular. Lo reviso y veo la notificación de un nuevo mensaje. Es Patrick. Patrick: :( – 8:20 a. m. Karol se asoma sobre mi hombro para mirar la pantalla y suelta una carcajada que retumba en medio de la oficina, atrayendo miradas curiosas de nuestros compañeros. —Bueno, ya no necesito que me cuentes nada por ahora. Con esa carita triste ya me quedó claro que no te quiere ni dejar trabajar. ¡Lo tienes comiendo de tu mano! —¡Shhh! —le susurro, intentando contener la risa mientras lanzo una mirada rápida y disimulada hacia la oficina de Patrick. Lo encuentro ahí, recostado contra su silla, viéndome como si no existiera nada más importante en su día. Al notarme, se encoge de hombros, con esa sonrisa que dice “lo intento, pero no puedo evitarlo”. Como si incluso a través de emojis, necesitara seguir hablándome. Sofía : Ponte a trabajar. Ya casi sube recursos humanos a regañarnos. – 8:21 a. m. Patrick: Te amo <3 – 8:22 a. m. Sofía : También te amo. – 8:22 a. m. Y mientras dejo el celular a un lado, con el corazón latiendo todavía rápido, pienso en lo irreal que parece todo esto. Cómo se empieza así una semana. Cómo se empieza así… una nueva vida.
4 Me gusta 4 Comentarios 1 Para la colección Descargar
Comentarios (0)