Capítulo 8
29 de noviembre de 2025, 12:33
El sonido de golpes fue lo que despertó a Parker Robbins. Le dolía todo el cuerpo, sentía fiebre atroz y una jaqueca que prometía que lo mataría. Y aún así, los imbéciles de su grupo se atrevían a despertarlo con sus estupideces. Robbins les ordenó que se callasen pero ni siquiera el mismo escuchó su propia voz, se dió cuenta que su tinnitus había empeorado. Ya no escuchaba solo pitidos agudos, sino que escuchaba gruñidos como si bestias salvajes estuvieran a punto de arrancarle la cabeza. Robbins gruño y grito de puro instinto, había funcionado eso antes y volvió a funcionar en esta ocasión.
Su oído mejoro y ya podía ver más claramente su alrededor, reconoció el lugar de inmediato al ver los catres y cajas de suministros. Era el interior de la bodega donde guardaba sus cosas y su escondite de emergencia. Pudo deducir por los rostros de sorpresa que Slug, los gemelos Blood y Clown habían estado peleando mientras que Johnny los intentaba separar. Williams estaba en su mundo alterando la última armadura de Ironman que tenían en su poder. Intento decir algo pero su estómago se reveló. Vomitó a un lado de la cama mientras intentaba no manchar su capucha.
Inmediatamente Johnny le acercó una botella de agua recién destapada. Robbins le dedicó una sonrisa de agradecimiento mientras tomaba la botella y se volvía a poner la capucha sobre su cabeza, la luz de la lámpara lo molestaba.
-pudiste haber apuntado a la cubeta que estaba a lado de la cama.- mencionó Clown mientras se tapaba la nariz.
-lo sé. Lo hice a propósito.
Bebió un largo sorbo de agua ya que sentía que sus entrañas estaban en llamas, el agua lo aliviaba un poco, lo suficiente para seguir bebiendo.
-Mmmm… jefe…- slug sonaba indecisa. Cómo si tuviera miedo de hablar- los chicos están preocupados que…
-¿chicos? ¿Te refieres a Johnny?- ya había tenido una discusión sobre el uso de los pronombres de Slug y roz. Además le molestaba que ella meta a su primo por delante cuando él era el único en el que podía confiar en ese momento - si tienes algo que decir escupelo y ya.
Slug dudó si debía continuar, buscó apoyo en los compañeros con los que había estado peleando unos minutos atrás, no vio apoyo pero continuó- las chicas y yo estamos preocupadas de nuestro siguiente plan de acción.
La capucha de Robbins no ocultaba su sonrisa ante este comentario. ¿No sé daban cuenta que todo había acabado? Sus cuentas encriptadas debían estar congeladas para ese momento. Ironman conocía sus identidades. Sus inútiles vidas y sus estúpidos sueños se habían acabado. Lo único que les quedaba era como pasar sus últimos momentos de libertad. A ellos al menos. A Parker Robbins le esperaba un destino peor que la cárcel, lo sentía en su piel y sus entrañas; había abusado del poder de la capucha. Hizo un trato y en cualquier momento el dueño de la capucha vendría a cobrarle, pero de nada serviría explicarles eso a sus lacayos, solo ladrarian su inconformidad sin proponer nada en absoluto.
-por el momento nada. Nadie sabe que estamos aquí y seguramente nos estarán buscando. Esperaremos aquí hasta que la situación se calme.
-pero ¿qué comeremos? ¿Cómo nos vamos a asear o con que nos vamos a entretener?- Clown parecía un cachorro lamentándose. En ese momento de lucidez que el dolor le entregaba Robbins se dió cuenta que a pesar de que él y su primo solo robaban por el dinero, solo ellos dos habían recurrido al crimen por necesidad; los gemelos Blood solo buscaban saciar su sed de violencia, no les importaba el dinero. Slug tenía un buen trabajo como drag Queen, él no tenía la necesidad de estafar a los bajos mandos de madripoor, solo lo hizo por la emoción que eso le provocaba. Clown estaba loca, todos lo sabíamos, sólo sigue viva porque seguía sus órdenes, de otro modo ya habría muerto por alguno de sus juguetitos. Williams por otro lado había sido la persona más estúpida que había conocido, cegada por su arrogancia e intoxicada por su propia avaricia. A ella la odiaba más que a nadie.
-Hay agua en las cajas y unos cuantos MRE podemos sobrevivir por unos días así- se ahorró decir que era todo lo que les quedaba en ese momento. Todo el efectivo que tenía lo había usado para la pequeña celebración de la noche anterior.
El dolor de su cabeza volvió al escuchar las objeciones de Clown, Slug y los hermanos Blood al mismo tiempo. Él sabía que si no se callaban en ese momento él los terminaría asesinando con sus propias manos, solo para poder dejar de escucharlos. Fue riri la que les salvó la vida.
-¿saben? Yo no tengo récord criminal. Podría ir a mi casa a ver las noticias, saber si nos están persiguiendo y traer cosas para comer o asearse.
Los demás estuvieron encantados por la idea, le hicieron una lista y reunieron el dinero que tenían en sus bolsillos. Robbins por su parte solo estaba aliviado de que no tuviera que asesinarlos y lidiar con la limpieza después. Se recostó en su catre y se cobijo con su capucha, esto era lo único que lo reconfortaba en ese momento.
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500 dólares. Desde que se unió a la banda de hood había sido expuesta a intento de homicidio en múltiples ocasiones, desde su entrevista hasta la última misión en la mansión Stark. Había sido insultada, humillada y objetivo de sus crueles bromas. Y solo había obtenido los 500 dólares que había conseguido al engañarlos con esa pequeña mentira de traer comida. Era una lastima pero nunca los volvería a volver a ver. Debía de llamar a la policía, delatar su ubicación con una llamada anónima. Pero lo primero lo primero. Debía eliminar toda la evidencia que la lige a esa pandilla: registros de llamadas, envoltorios de la pizzería en su basura, o cualquier rastro de ADN que de alguna forma haya caído en su ropa como sangre, cabellos o escamas de piel. Debía quemar mucha ropa en las próximas horas.
Al entrar a su casa noto que había visitas. No importaba. Tenía que actuar rápido, incluso si tenía que ser grosera con su mamá y sus visitas.
Riri intentó escabullirse a su habitación para no tener que dar explicaciones pero el oído superhumano de su madre la descubrió.
-riri. Tienes visitas.- el tono de su madre era raro. No era el meloso tono que usaba para dirigirse a ella cuando sus amigas la visitaban. Tampoco era el tono más casual que su madre usaba entre familiares. Era un tono serio que usaba con visitas no deseadas.
-estoy ocupada- era verdad, aunque no podía evitar sentir curiosidad de quién se trataba.
-solo ven por un momento.
Riri entró a la sala y un dulce aroma la recibió. En la sala estaba sentada su madre en su silla favorita tirando dagas con la mirada a un chico que riri nunca había visto en su vida.
-tu amigo vino desde Massachusetts para devolverte una sudadera(hoodie).- lo decía como si no se creyera ni una sola palabra.
Riri se congeló. Eso era obviamente un código para referirse a the hood.
El chico en cuestión era delgado, blanco, rubio, ojos azules y bastante guapo. Sin duda era un par de años menor que ella.
-Hola riri. ¿Te acuerdas de mí? Soy ben Reilly.