⸻ৎ୭⸻
Los paisajes idílicos del valle fueron cambiando conforme se adentraban al territorio desconocido. Pasaron por encima de bosques frondosos, pantanos tenebrosos con caminos muy anchos para dragones, montañas escarpadas donde las cabezas de otros dragones de diferentes razas miraban curiosos al grupo de dragones y humanos. Más a lo lejos se veían más ecosistemas de diferentes tipos, únicos en su mayoría, pero ninguno de los cuatro humanos esperaba ver que el nombre “Montañas Levitantes” era algo literal. Frente a ellos la tierra se acababa en un mar de nubes donde varias formaciones rocosas levitaban en formas de islas, cascadas caían al vacío de nubes con otras derramando magma caliente que se enfriaba en la caída pasando a ser polvo de alguna extraña forma. En el centro de ese cumulo de islas flotantes había una con mayor tamaño de donde salían dragones de una variedad de colores, elementos, tamaños e incluso formas. Con entradas en varios flancos de la isla donde cada una llevaba a la misma sala central con un tragaluz en la parte superior creada por los dragones seguramente en su momento, con caída de agua en algunas partes rodeando una plataforma sobre el agua cristalina. Detrás de la cortina irregular de agua estaban ahí estructuras similares a asientos de diferentes elementos, casi como nidos angostos. El grupo pudo distinguir cuatro elementos entre los seis que se veían: tierra, aire, agua y fuego, los elementos básicos de cualquier mundo. Los dragones posados de forma solemne en esos nidos eran aún más intimidantes. El sonido sordo del cuerpo del leviatán azotando contra la piedra resonó en las paredes, el dragón con relámpagos sacudió su cabeza en repulsión mientras caminaba hacia su nido cruzando entre la delgada cortina de agua, dando un salto para caer con gracia sobre la estructura con electricidad que relampagueó al ser tocada por él. Los otros cuatro dragones dejaron lo más sutil posible a los humanos cerca de Neuvillette, quien apenas salía de su estado desorientado acercando su cabeza al agua debajo de la plataforma para beber en grandes bocanadas. —“Se abre el dialogo” Una voz profunda con un dejo rasposo hizo acto de presencia en la mente del leviatán y del grupo de humanos, los demás dragones presentes se irguieron con naturalidad. —“Este individuo apareció en nuestra tierra, es uno de los nuestros, su apariencia y fuerza lo confirma.” Una voz suave como el canto de un cenzontle tomó la palabra, proveniente de un dragón de escamas verdes con musgo blanco como la de los dragones minutos atrás, a diferencia de la corona de flores en su cresta. Mariposas de alas de cristal revoloteando en su cuerpo le hacían ver más etéreo. —“Pero trae alimañas con él, una ofensa a nuestra raza y sangre, es un traidor a su origen ¡No es un dragón!” La voz llena de rabia fue un eco en las cabezas de los presentes, resonante aun sin sonar de forma verbal. El dragón propietario de esa enfurecida voz era como un volcán viviente, en lugar de escamas su piel era roca caliza con vetas de magma corriendo por su cuerpo, placas tectónicas en movimiento con cada sacudida de sus garras. No poseía alas, su cuerpo robusto era suficiente para imponer como su cresta babeante de magma. —“Ellos no son una amenaza, mis hijos me lo han dicho mientras venían para acá acompañados de Thud” En defensa del grupo y el leviatán, una voz calma que parecía silbar al hablar fue un bálsamo para las mentes de los demás. Cuerpo delgado alargado cual dragón chino, escamas azul cielo tan pálidas como un día despejado en una tarde de otoño, su melena de cabellos blancos ondulaba con corrientes de aire imaginarias, casi podía ser confundido con un bello espíritu de los cielos. —No es mi intención interrumpir— habló Wrothesley alzando sus manos al dar unos cuantos pasos al frente con una mirada precavida— Pero no se han presentado y no sabemos de qué cargos se nos acusan. —“El hijo de hombre tiene razón” La voz celestial de uno de ellos llamó la atención de la audiencia, con un aleteo de sus alas el agua se disipó deteniéndose en su lugar unos segundos para ser redirigida a otro lugar dejando al descubierto a los demás dragones sentados a su alrededor del grupo y el leviatán. Imponentes, gigantes y diferente variedad de dragones les miraban uno a uno con detenimiento. Los otros que no habían hablado se dignaban a solo observar, uno de ellos hecho de roca sin alas estaba sentado con su cola en mazo rodeando sus patas, otro de escamas azabaches como un agujero negro rodeado de humo oscuro dirigía su mirada solamente a Neuvillette con indiferencia, el ultimo quien había hablado era… un ángel. De escamas luminosas como la luz misma, adornado de tatuajes tribales dorados con una cresta en corona de oro con piedras que reflejaban la luz del mismo dragón le indicaba a los demás quien estaba a cargo de mantener el orden. Sus ojos platinados eran más cálidos comparados a los demás, iguales a los de una madre, como su voz. —“Me disculpo por no tener la cortesía de introducir a cada uno de los Soberanos de estas tierras, así como ustedes nos han tratado con cordialidad se debe de dar en igualdad” —Por Celestia— susurró Wriothesley lo más bajo posible a Clorinde y Furina quienes se inclinaron para oírla mejor— Su Señoría no es el único que habla de forma tan elegante. Clorinde solo suspiró profundo para darle un golpe en la cabeza al Duque, quien fingió solo estarse acomodando su corbata antes de mirar de nuevo al dragón luminoso. —“El Soberano del Trueno fue quien los trajo, su nombre es Thud”— el susodicho bufó sacando relámpagos de su cuerpo— “El Soberano del Magma se le llama por el nombre de Goosh”— aquel con cuerpo de magma solo afilo su mirada— “El Soberano del Aire le gusta ser llamado por el nombre de Siwch”— el nombrado lanzó una amigable ráfaga sutil de viento al grupo causando risas de Navia y Furina— “El Soberano de la Flora se le conoce por el nombre de Fluhur” —¿Fluhur? Que nombre tan curioso— Clorinde habló en voz alta con ese tono neutro elegante casual para no ser malentendida. —“Ah, es porque se asemeja al silbido de los pájaros”— explicó el mismo Fluhur causando que las mariposas de cristal revolotearan más rápido sobre su cabeza. —“El Soberano de la Tierra se auto-nombró como Grour”— prosiguió sin molestias el dragón luminario, mirando al dragón de piedra quien hizo un leve crujido al girar su cabeza para ver a los humanos— “El Soberano de la Oscuridad se le conoce como Oush”— el dragón de escamas azabaches exhaló con un dejo de altanería poniéndose más derecho en su postura sentada— “Y yo, soy la Soberana de la Luz, llámenme por Luz solamente” El grupo inclinó su cabeza al mismo tiempo hacia los dragones cuando acabó la presentación de cada uno, así de esa misma forma elegante Neuvillette alzó su cabeza con confianza sobria. —“Es un honor conocerle a cada uno, mi nombre es Neuvillette, ellos son mis conocidos”— Su mirada bajó hacia los cuatro quienes ya estaban bien derechos y sonriendo— “La señorita Navia, la señorita Furina, la señorita Clorinde y el Duque Wriothesley” Señaló a cada uno con su hocico antes de volver a hacer una inclinación de cabeza, el silencio respetuoso se rompió con un trueno de parte de Thud. —“Cordialidad le llaman, presentaciones innecesarias”— la voz atronadora cual castigo divino del Soberano del Trueno dio un golpe a la tierra relampagueante de su trono, causando chispas a su alrededor— “Aquí los humanos no tienen cavidad ni hoy ni nunca, solo destruyen, conquistan y masacran lo que no conocen pensando en ser los únicos reyes del universo. Tus nombres no me sirven ni me interesan” —“¡Thud! Controla tu lengua”— Grour golpeó la roca de su trono con su cola de mazo— “Estamos en terreno de paz, aquí el dialogo es un derecho para cualquiera que pise este suelo” —“Estoy de acuerdo con Thud, esto es una sesión de juicio, no de bienvenida”— el sonido de magma cayendo al agua alrededor de la plataforma le ayudó a Goosh a tener la atención de los demás— “Él podrá ser el Soberano del Agua, pero su nombre es humano, y su corazón también. Un dragón de cuerpo con corazón humano, es una deshonra a los Soberanos” —“¡Un dragón es un dragón! Regresó a nosotros como debía ser desde un inicio, no por ello le trataremos como una paria” Fluhur le siseó a Thud y Goosh cuando ambos le miraron con sus hocicos abiertos dispuestos a lanzar un ataque al Soberano de la Flora, Siwch se interpuso en medio para estar del lado de Fluhur. —¡Un momento! Un momento— Navia alzó su mano esperando a que la tensión se calmara lo suficiente para hablar— ¿A qué se refieren con que Neuvillette es un Soberano? —Oh…— Furina alzó la vista al leviatán quien le devolvió la mirada, a fin de cuenta, ese detalle solo lo conocía Furina— Eh, Navia. —¿Tu lo sabías? — la rubia se giró para apuntar con su dedo a la ex-Arconte quien sonrió algo apenada. —Señorita Navia, Miss Furina antes era la Arconte, si alguien sabía la verdad sobre la identidad de su Señoría Neuvillette seguramente era ella— Wriothesley explicó antes de que la misma Furina pudiera darse a explicar. Clorinde exhaló lento antes de girarse hacia Luz quien se puso atenta a las palabras que diría la verduga del justiciazgo. —¿A qué se refieren con que su Señoría Neuvillette ha regresado a donde debía desde un inicio? —“Es una larga historia, pero para darte un poco del conocimiento te lo resumiré”— su voz cálida salió en un arrullo de cuna al acercarse un poco al filo de su trono— “Esta tierra ha existido desde que los dragones de las estrellas y cosmos existen, una tierra sin contacto humano o criaturas de avaricia en sus almas. Solo dragones. Nosotros hemos vivido entre sus ríos, montañas, glaciares, valles, nubes, océanos, volcanes y tormentas. Pero hay un problema que siempre nos aqueja a los dragones cada mil años…” —“La magia que nuestra existencia exuda cada cierto tiempo”— Grour se levantó de su trono para caminar bajando a la plataforma con paso medido— “Los dragones somos mágicos, eso es un hecho, pero cada cierto tiempo la acumulación mágica en al aire excede los límites de esta tierra abriendo grietas en los velos cósmicos creando rutas bilaterales entre mundos” —¿O sea portales a otras dimensiones como en las novelas de ciencia ficción? Furina alzó una ceja antes de manotear al aire cuando recordó que seguramente los Soberano no sabían el significado de “novelas” o incluso de “ciencia ficción”, con una sonrisa apenada se aclaró la garganta. —Disculpa, prosigue. —“A veces esas grietas llegan a mundos donde hay diferentes clases de criaturas, algunas con cuernos, humanoides de pieles extrañas, de metal o incluso como nosotros, pero con mezclas humanas”— Fluhur se sentó en la orilla de su trono dando aleteos emocionados— “Aunque no siempre son amigables” —“Los humanos ya han venido a nuestras tierras, la primera vez nuestros antepasados quisieron entablar una alianza de paz y respeto mutuo entre razas, y como siempre, la avaricia por la riqueza de los recursos contamina a las almas más nobles”— Grour sacudió su cabeza de piedra desprendiendo unas cuantas rocas pequeñas que saltaron al suelo— “Entre esas batallas se han perdido hermanos, hermanas, padres, madres, hijo e hijas, pero por sobre todo también a Soberanos y razas completas” —“¿Quiénes han muerto?”— Neuvillette tomó la palabra esta vez mirando con algo de duda por conocer la respuesta a eso. —“Los dragones del Oro, del Ácido y del Hielo. Fueron unos inútiles para afrontar las invasiones humanas, recluidos en sus territorios creyéndose impunes. Ridículos” —“¡Es mentira! Los dragones de Hielo aún existen”— Siwch miró con recelo a Thud, quien solo hizo sonar un trueno en su trono por ser contradecido— “¡El trono de Hielo sigue en pie! ¿O es que tus ojos ya no miran más allá de ese hocico inmenso que tienes?” —“¡No se ha visto a un solo dragón de Hielo en más de un milenio!” —“¡Ahí tienes la prueba!”— Siwch apuntó con su hocico hacia el trono vacío de Hielo aun en pie, poderoso e imponente como los demás— “Los tronos de Oro y Ácido se desmoronaron por si solos cuando su raza murió, el de Hielo siguió en pie y sigue ahí” El grupo junto a Neuvillette miraron hacia ese lugar, el hielo se veía impávido destilando humo helado a su alrededor como una silenciosa neblina de un manto ajeno a la tensión del lugar. A su derecha había un espacio vacío donde seguramente estaban antes los otros dos tronos, si era cierto como decía Siwch, aún había dragones de Hielo vivos. O al menos uno de ellos. —“¡Nos desviamos del tema!”— Goosh lanzó magma cerca de los pies del leviatán y el grupo de humanos, ellos alcanzaron a quitarse cuando las gotas de magma se volvieron lava en reposo— “¡Tal vez el Soberano del Agua regresó, pero eso no lo hace digno de su poder! Su mentalidad y corazón están contaminados, no sabemos si su fuerza y poder está igual en decadencia.” —“Tengo una idea” De repente en el lugar la voz astuta con eco cual pesadilla en vida hizo poner a los dragones en silencio, Luz fue la única que se giró a ver al dueño de esa poco sutil voz. Con paso felino para un ser tan colosal como él, Oush bajó de su trono dejando una estela de niebla negra en su andar, rodeó al leviatán mirándole de forma fija cual depredador. Resopló en burla antes de mirar a su contraparte. —“Hagamos una prueba de valía, por su honor” —“¿Qué tienes en mente, Oush?” —“Si él, el que le llamaron Neuvillette es en realidad un Soberano del Agua no tendrá problema en completar una tarea sencilla de búsqueda” Neuvillette miró con los ojos entrecerrados al Soberano de la Oscuridad, quien volvió a caminar con paso grácil alrededor de él como si estuviera midiendo cuanta fuerza se necesitaría para arrancarle la garganta. —“Dicen los rumores...”— Oush prosiguió al tener la atención de los demás Soberanos en él junto a la atención del grupo de humanos—“…Que, en la tundra donde una misteriosa tormenta de nieve se alzó hace ochoscientos años, un lugar donde los dragones jóvenes más valientes van a probar su resistencia al frío extremo, han visto una figura similar a un dragón. Alto, robusto, con alas tan grandes como una montaña, cuernos de hielo eterno y aliento capaz de congelar océanos enteros, pero esas son exageraciones solamente.” —¿Un dragón de Hielo? — Clorinde susurró en incredulidad cuando el hocico alargado de Oush se acercó mucho causándole un respingo de sorpresa. —“Eso dicen los jóvenes”— el Soberano de la Oscuridad se enderezó con lentitud disfrutando del enojo en la mirada del leviatán—“Solo son rumores estúpidos, cuentos de niños, hasta que dragones adultos aseguran haberlo visto también. Aunque puede ser cualquier cosa en realidad. Un alce, un oso, un animal cualquiera que se confunde por la tormenta de nieve… o no” —“Es un reto justo” Thud alzó su hocico con orgullo en una mueca similar a una sonrisa cuando su mirada cruzó con la de Oush y Groosh, el trío casi se ríe al mismo tiempo sino fuera con el autocontrol de ellos. —“Tu prueba es traer a esa criatura apodada ‘Sombra Blanca’ ante nosotros, sea un animal o cualquier cosa, debes traerlo a las Montañas Levitantes. Solo entonces te consideraremos digno de tu título de Soberano del Agua” —“Eso… ¡Es una prueba fallida desde antes de comenzar!”— Fluhur chilló casi como un pájaro al dar un salto con aleteo, mirando a Luz buscando que desacreditara esa prueba o la cambiara. —Neuvillette no estás obligado a hacerlo— de inmediato Furina se dio la vuelta viendo al leviatán que agachó la cabeza para estar al nivel del grupo— ¿Qué importa si no te consideran un Soberano? Igual no resides aquí. —Solo hay que regresar a Teyvat y asunto arreglado, esto es una trampa— Wriothesley abrió la boca para decir algo sin hacerlo solo gesticulando, al hablar de nuevo midió sus palabras— Aunque consigas traer a esa cosa llamada “Sombra Blanca” no van a aceptarte, lo sabes. —Monseur. Pidió Navia al final en un hilo de voz, Clorinde solo miró a Neuvillette en una súplica de silencio cauto pidiéndole razonar la situación, pero el leviatán ya tenía la respuesta en la lengua. —“Es inútil persuadirlo”— siseó Oush con una risa mental en la cabeza del grupo— “Lo hará, por el orgullo de un dragón. No importa si su corazón es humano, su orgullo sigue siendo el de un dragón hecho y derecho”— acercó su cabeza a la de Neuvillette lanzando una mordida al aire con una sonrisa socarrona para ser un dragón— “¿No es así?... Neuvillette” Su nombre fue escupido en disgusto disimulado acompañado del andar del Soberano de la Oscuridad con dirección a su trono, su cola dando un latigazo al aire dejando bruma negra suspendida. Neuvillette cerró los ojos antes de girarse a ver a Luz, estaba decidido. —“Lo haré. Traeré a la Sombra Blanca”"Los nueve tronos"
22 de febrero de 2026, 21:52
Las presentaciones se cortaron de tajo cuando el cielo se nubló en segundos trayendo consigo relámpagos poderosos de una tormenta eléctrica, incluso los cuatro dragones dieron un brinco en sus lugares para dispersarse a los lados alejándose lo más posible del leviatán. Neuvillette miró entre las nubes grisáceas buscando al responsable del cambio climático, fue solo un destello efímero, pero tan nítido para él dándole solo unos segundos para actuar.
—“¡Aléjense!”
El leviatán se alejó del grupo de cuatro humanos para recibir él solo el impacto del rayo, la electricidad en su cuerpo viajó desde la punta de su hocico hasta su cola varias veces hasta dejarlo exhausto en el suelo. Solo pudo alzar la cabeza para observar otro rayo caer ahora a unos cuantos metros lejos, un ser casi igual de grande a él se materializó, un dragón electrificado de ojos blancos por los relámpagos que viajaban en su interior. Escamas violáceas oscuras con partes brillantes, su cresta era una corona de picos antes de dejar ver dos cuernos blancos brillantes con electricidad dentro, sus alas grandes donde sus membranas eran creaciones de electricidad pura.
Giró su cabeza hacia el leviatán, en tres pasos llegó hasta él para tomarlo del cuello con su hocico y su garra lo tomó de su lomo alzándolo sin tanto problema.
—“Traigan a las alimañas, todos irán a las Montañas Levitantes”
El dragón con relámpagos alzó vuelo sujetando a Neuvillette con sus garras delanteras mientras rugía con fuerza, su sonido igual al de un trueno en una noche silenciosa recorrió el cielo nublado. Los cuatro dragones pidieron perdón a los humanos con movimientos de cabeza antes de cargar cada uno a uno de ellos ahora de forma más amable, pero los gritos de sorpresa y pánico no se hicieron esperar cuando de repente la tierra firme quedó muy lejos de los pies del grupo.