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—No es el mejor plan y lo sabemos todos ¿No es así? — Furina extendió sus manos a los lados al ser el turno de ella de tener puesto el abrigo del Duque por cinco minutos— Ni siquiera sabemos si hablan nuestro idioma o si son hospitalarios ¿Qué hacemos si nos arrancan la cabeza? —Veamos el lado bueno— Navia tiritó de frío al hablar intentando ver de reojo a Furina— Si a-ahí no hay tormenta entonces no d-debe de hacer tanto frío. —Esperemos lo peor e idealicemos lo mejor— Clorinde alzó su pulgar en un intento de no querer meterse al abrigo con Furina. —¿No era al revés? Wriothesley trastabilló al dar un paso largo para sentir que así estaba más cerca de llegar a donde Neuvillette los estaba guiando con emoción contenida, cuando llegaron a la zona despejada entre escalofríos por el frío, el leviatán rodeo al grupo de cuatro con una sonrisa realizada. —Insisto, no es muy prudente hacerlo. Furina miró con los ojos entrecerrados colina abajo donde se veían algunas personas caminando entre las tiendas, la curiosidad se acabó cuando empezó a sonar un cuerno a lo lejos cerca de la costa helada. Como si fueran hormigas en busca de una avispa enemiga, salieron más personas con lanzas de las tiendas de alrededor, justo en dirección al grupo sobre la colina. —Ah ¿Nos movemos, nos acercamos, corremos por nuestra vida? Navia se cruzó de brazos girándose sobre sus talones para hacer una votación grupal, sin saber cuándo y cómo la inmensa figura del leviatán ya no estaba alrededor de ellos. En un solo respiro, Neuvillette logró irse sin llamar la atención. —¡¿Y Neuvillette?! —¿Cómo se nos perdió de vista un dragón enorme con brillos en sus aletas y antenas? — Wriothesley miró a su alrededor como si el leviatán fuera a regresar. Las personas con ropajes similares a las de los esquimales con gorros de piel los rodearon apuntando sus lanzas a ellos, gritaban en un idioma muy diferente al del grupo de cuatro. Clorinde movió la cabeza a un lado para darle la señal a los otros tres de alzar las manos en señal de tregua, aun así, los guerreros seguían hablando en un idioma extraño. —Si muero empalada quiero dejar en mi epitafio un insulto a este viaje en general. Furina frunció el ceño cuando una lanza se le acercó mucho a la nariz con la amenaza implícita de que si se movía un centímetro más se la clavarían. Como si la buena suerte estuviera de su lado, el que parecía el Jefe del pequeño asentamiento subió la colina hablando en ese idioma en tono de regaño. Al llegar con Wriothesley siendo el primero en su campo de visión y el único hombre del grupo de cuatro, le hizo una inclinación de cabeza con las manos juntas, suponiendo era una forma de disculpa. —Ah, sí bueno yo, no soy el líder, pero…—el Duque miró a las tres chicas, ellas solo asintieron de forma uniforme— Aceptamos sus disculpas, supongo es eso. Las lanzas se alejaron de sus rostros aun con miradas dudosas, pero el anciano jefe hizo el ademán de invitarlos a seguirlo. Con paso cauto los cuatro siguieron en fila al anciano por entre las tiendas, rostros de rasgos orientales les lanzaron miradas precavidas otras un tanto curiosas. Al llegar a la tienda más grande sintieron el calor abrazar sus cuerpos por primera vez en días, incluso de forma inconsciente Navia y Furina dieron un agradecimiento al cielo con un suspiro agudo. El anciano se quitó la capucha de cuero sentándose sobre una silla tapizada de piel de oso polar, se dejó caer sin tanta fanfarria con una sonrisa. Habló a uno de sus hombres, quien asintió llamando a otros tres quienes llamaron a cuatro mujeres que llevaban en sus manos tazones de comida caliente casi humeante, la dejaron frente a los cuatro con delicadeza. El anciano les movió la mano como diciendo “adelante” sin tantos tapujos, alcanzaron a dar gracias antes de comer a prisa los caldos calientes. El efecto fue casi instantáneo dándoles cosquillas el cuerpo de los cuatro en un grato escalofrío. El anciano volvió a hablar con tono calmo como lo haría un abuelo a sus nietos, los cuatro se voltearon a ver entre alzamiento de cejas y algunos encogiéndose de hombros. —Él pregunta que cuanto tiempo han estado vagando en la nieve— una voz profunda tan varonil sonó detrás del asiento del anciano. Con paso firme casi imponente sin intención una figura de tez canela se abrió paso entre las sombras proyectadas por los demás muebles, sus ojos azul profundo le daban esa ferocidad de alguien criado entre nieve y hielo. Incluso cuando se sentó con familiaridad en la alfombra, Wriothesley debía verle hacia arriba, si no estaba calculando mal el Duque en su cabeza, ese hombre debía medir casi dos metros de altura y puro musculo. Casi un coloso de cabello azul azabache hasta sus hombros con algunas trenzas tribales en su cráneo. Su belleza masculina le dio escalofríos incluso a Clorinde, era el hombre más atractivo aun con facciones marcadas. —A-Ah era eso— Navia se aclaró la garganta con una sonrisa nerviosa— Solo unos cinco o seis días, e-estuvimos cazando conejos y pequeñas aves. El hombre de altura increíble habló en ese idioma extraño en un susurro al anciano, entre los dos hablaron en voz baja señalando con sus cabezas al grupo de vez en cuando. Los dos asintieron después de fruncir las cejas en un acuerdo tácito. —El Jefe dice que pueden quedarse aquí el tiempo que necesiten, por sus ropas supone no son de aquí, así que se les dará una tienda a los cuatro con comida y tareas asignadas. —Muchas gracias, agradecemos su hospitalidad. Clorinde asintió con una mano sobre su pecho, dándole un codazo a Furina para también diera las gracias con una leve inclinación de cabeza, así Wriothesley y Navia imitaron el gesto con una sonrisa amigable. Cuando el hombre se levantó dando un bufido en el proceso, tal vez por el esfuerzo de levantar su musculoso cuerpo en un lugar tan reducido para él. —Oh, disculpa— Furina habló con tono elegante al coloso de piel canela— Supongo tú vas a ser el traductor mientras estemos nosotros aquí, así que para hablarnos con cordialidad ¿Cuál es tu nombre? Sus ojos de hielo brillaron de forma molesta por la pregunta, pero un ademán del anciano junto a un comentario en tono de regaño le hizo resoplar resignado. —Kalaham Eilífur-Ís. Sin dar más explicaciones o comentarios salió por detrás de la tienda a paso pesado, con el ceño igual de fruncido a como habló segundos atrás. Los cuatro se miraron de nueva cuenta con nerviosismo y confusión en sus miradas, si algo era claro en ese momento, era que ese hombre llamado Kalaham no se le podía considerar muy sociable como los otros.⸻ৎ୭⸻
Neuvillette había conseguido deslizarse lejos para cuando esas personas se acercaron al grupo, a una distancia segura para no ser notado por esas personas vigiló cada segundo. Al verlos seguros y a salvo un suspiro mental surgió en su cabeza, con ellos en un lugar seguro rodeados de otras personas podría comenzar a buscar a la “Sombra Blanca” sin preocuparse por las noches o ponerse nervioso cuando Clorinde y Furina insistían en ir con él a buscar en la tormenta de nieve en el día. Se sacudió la poca nieve sobre su hocico antes de girarse sobre su cuerpo para deslizarse por el valle, esa zona sin tormenta cerca de la costa se sentía más cálida sin importar que fuera parte de la tundra. Su atención se desvió a la costa glacial donde el océano índigo se extendía en un silencio helado, con la curiosidad empujando su cuerpo se deslizó a la orilla bajando con cuidado una de sus aletas a la superficie liquida. —“Soy el Soberano del Agua ¿No es así? El agua fría no debería de ser un impedimento” Un suspiro mental salió de nuevo de su cabeza, sumergió sin miedo la mitad de su aleta delantera arrepintiéndose al segundo de sentir los pinchazos en su membrana. Con un rugido agudo en queja, terminó retrocediendo dando bufidos incómodos, un golpe rencoroso de su cola dejó por finalizado ese experimento dejando para después hacer otro intento de tratar de dominar el agua helada de la tundra. Un crujido a lo lejos. Con la rapidez de una lechuza su cabeza giró solo cuarenta grados hacia el lugar donde se escuchó el eco del crujido en la nieve, sus antenas se alzaron de la base mostrando estar atento a su entorno para la bestia o criatura que estuviera observándolo a lo lejos, donde la nieve se confunde con el cielo. El gruñido bajo naciente en su tórax subió hasta su garganta de ahí a su lengua mezclándose con un siseo amenazante tan bajo como la temperatura a su alrededor, vista aguda y olfato aumentado. Algo en la colina se movió con rapidez dándole ese motivo al leviatán para lanzarse al frente empujándose con sus aletas delanteras y traseras a una velocidad que no pensó tener, en menos de dos minutos ya había cruzado la mitad del valle congelado envuelto en gruñidos depredadores. Saltó usando la velocidad a la que ya iba su cuerpo usando la colina donde subió para ganar impulso, con una mordida letal atrapó al dueño de esos pasos en la nieve rodando a un lado. El sabor a sangre le hizo abrir el hocico de inmediato con el escalofrío subiendo por su lomo ante la idea de haber asesinado a algún humano, el cuerpo inerte cayó a la nieve en un sonido sordo, no era para aliviarse por la muerte innecesaria, pero ver el cuerpo de un caribú le dio una fuerte oleada de calma a Neuvillette. —“Por el agua, me estoy volviendo paranoico” Giró sobre su eje para alejarse cuando el gruñido de su estómago lo hizo detenerse, un dragón podía pasar días sin comer sin perder fuerza en su poder o cuerpo, pero no sería así cuando el sabor de la carne inundaba sus papilas gustativas. Entonces el hambre se haría presente. Gruñó al aire por la sola idea, agitó la cabeza en negación a sí mismo con los ojos entrecerrados mirando de reojo a las manchas rojizas en la nieve junto al caribú inmóvil. —“No es digno de mi actuar así, no debería” Sus aletas vibraron en molestia antes de soltar un bufido en coraje, no dudó más, tomó en su hocico parte del caribú desgarrando la parte inferior dando bocados hambrientos al pedazo colgando en sus colmillos. Se relamió el hocico antes de tomar una de las patas sobrantes girando sobre su peso cual cocodrilo arrancando gran parte de los restos, los tragó sin pensar. No supo cuando acabó de comer su presa hasta dejar solo los restos de las astas con un poco del cráneo, sus antenas bajaron al sentirse sucio por comportarse como un bárbaro.⸻ৎ୭⸻
El anochecer en esa tierra blanca era más apacible a lo esperado, el frío se volvía una cobija para los acostumbrados a esas zonas tan desoladas para las almas coherentes. El paisaje helado podía ser retratado como un bello cuadro para una exposición de los lugares menos visitados, pero con una belleza natural indómita sin igual. O eso pensaría Furina si no tuviera tres abrigos encima, pantalones de piel de foca, zapatos de cuero con un pequeño cuenco de estofado de caribú en las manos. —¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? —Lo suficiente hasta ganarnos su confianza para preguntar por los rumores de la “Sombra Blanca”— Clorinde susurró con una voz tranquila como si hablara del clima, mirando de reojo a Navia y Wriothesley quienes le miraron como niños— No sé cuánto tiempo estaremos aquí, así que nos adecuaremos a las costumbres y tareas que vayan a darnos el día de mañana. —No me molestaría quedarme aquí por un año si quieres, el estofado sabe muy delicioso. Wriothesley sorbió rápido de su cuenco al sentir la patada de la verduga del justiciazgo en su espinilla, con un quejo de niño le miró mal a Clorinde antes de girarse al otro lado para seguir bebiendo de su estofado con recelo. —Podemos actuar normal sin dejar de tener en mente que solo estaremos aquí de forma temporal, así de forma casual en algún momento podemos sacar el tema con ellos— Navia sonrió al tener la atención de los otros tres, dando una cucharada del estofado a su propia boca— Como una conversación normal o algo similar. —Eh, Navia— Furina alzó su cabeza para ver a la rubia con su cara emocionada por su plan— Te recuerdo que nuestro traductor es una persona con cara de “Aléjate veinte metros de mí” y no lo hemos visto en todo el día después de esa introducción en la choza enorme. —Oh, cierto. —Entonces tendremos que caerle bien primero a ese sujeto que podría partirnos la cabeza como si fuera un melón maduro. Wriothesley alzó su pulgar viéndole el lado bueno a la situación actual del grupo, con esa misma forma despreocupada de calmar la conversación y sus problemas el Duque se levantó de su silla de tronco para ir por otra ronda de estofado, dando su mejor sonrisa a las dos mujeres cocineras frente a las ollas. —Ahora que lo pienso ¿No creen que ese hombre, Kalaham, es demasiado alto para ser real? —¿Alto? — Clorinde alzó una ceja al mirar a Navia para fruncir el ceño a los segundos después— Navia, el hombre tiene un cuerpo con musculatura inusual y habla nuestro idioma ¿Eso no es más sospechoso? Las tres chicas se miraron con los ojos entrecerrados ya pensando en muchas posibilidades para sus suposiciones, los pasos serenos del Duque en la nieve las distrajeron de sus confabulaciones. Por el momento dejarían de lado las teorías y las dudas, lo principal en este momento era ir a la tienda a dormir bien después de cinco días en una cueva fría sin una sola almohada o rama para reposar la cabeza en algo firme. Las noches en la tundra eran tan silenciosas, cálidas contra cualquier pensamiento natural al pensar en ella. Eran un bálsamo para el alma más conflictiva o perdida, la nieve no juzga ni aleja, sino que abraza en el frío de su corazón acogedor. Él lo sabía, por eso nunca dejó su lugar en ese mundo nevado después de sentirse solo en ese enorme mundo, compartiéndolo con los seres menos esperados para alguien de su pensar. Jurándose a sí mismo protegerlos como una alianza entre su pasado y el futuro, una forma de paz para ambas partes, donde si alguien intentaba disturbar esa serenidad no dudaría dos veces en partirlos por la mitad.