Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
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176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Sombra Blanca"

Ajustes
La sensación de sentirse observado no dejaba de darle escalofríos a Neuvillette en su lomo, cuando se adentraba a la tormenta nevada se deslizaba con prisas sin saber de donde era el origen de esas miradas vigilantes. Cuando veía una silueta entre la ventisca corría sin pensar con tal de llegar hasta ella, para cuando atrapaba la sombra en la nieve no era más que hielo cayendo de alguna montaña cercana o un árbol caído, la frustración se volvía coraje. Lanzaba chorros de agua a un lado para verla convertirse en hielo al instante gracias a las bajas temperaturas. Ese día fue diferente. Regresó a la zona despejada del valle sin acercarse tanto al asentamiento donde sus conocidos estaban ya adaptándose a las costumbres de esas personas, con unos cuantos días ya debían de haber aprendido a tejer o incluso despellejar zorros y conejos para hacerlos gorros. Se sacudió la poca nieve en su cabeza lamiendo como pudo sus antenas, el golpe sutil continuo de su cola era un tambor suave en el ambiente sereno de la tundra costera. No vio venir el ataque hasta tenerlos encima. Un zarpazo en su lomo le sacó un rugido adolorido antes de girarse con el hocico abierto, listo para arrancar carne, pero la imagen lo descolocó suficiente para darle tiempo a su atacante de morderle el cuello con fuerza. Otro dragón que no era de la tundra sus escamas estaban envueltas en una película de nubes grises con rayos en sus alas de membranas claras, sus ojos de pupilas platinados chispeaban con intenciones asesinas. —“El dragón con corazón humano ¡¿Pensaste que la tendrías fácil?!” El leviatán dio aletazos al hocico del otro dragón con apariencia de tormenta eléctrica, cuando el dolor de los colmillos se hizo más agudo se torció sobre sí mismo para sacarse de encima al reptil. Sin sentirse en duda, lanzó la mordida al ala desgarrándola en el proceso, sus únicas formas de defensa eran sus colmillos y cola, la falta de garras sle hacía sentir inútil. Neuvillette lo sabía demasiado bien ahora. —“No te atrevas a subestimarme” Respondió con furia el leviatán dando un coletazo fuerte a la cabeza del dragón, descolocándolo el tiempo necesario para agarrarlo del hocico listo para rodar, pero una segunda fuerza lo tacleó a un lado sacándole un gruñido adolorido. Se apoyó en sus aletas trastabillando al sentir el hielo bajo su peso, había sido lanzado a una zona de agua congelada, no era tierra firme sino un glaciar enorme. No podía agarrarse bien. —“Tu eres el estúpido por pensar que mi hermano era el único detrás de tu cabeza” El segundo dragón de tormenta se siseó de forma jugosa terminando en un gruñido perverso, al agazaparse pasó su lengua bífida por su hocico antes de correr sin miedo a romper el glaciar debajo de ellos por su peso. Neuvillette sacudió su cabeza para quitar la sensación de ligereza, la herida en su cuello sangraba de manera constante, debía cerrarla lo antes posible para no morir desangrado. El leviatán se agachó en el momento justo cuando el reptil saltó usando sus alas para levantarse unos metros, con la total intención de caerle encima a Neuvillette con su peso completo, así el leviatán abrió su hocico para tomar del vientre al dragón cerrando con fuerza sus mandíbulas. No consiguió arrancarle un pedazo como para dejarlo en las mismas condiciones, pero si para hacerlo derrapar en el hielo. La mordida en su lomo lo regresó a la realidad, había otro dragón en esa batalla ¿Cómo pudo olvidarlo? No solo por morderle el hocico iba a salir de esa pelea a muerte en una batalla dispareja de uno contra dos. El leviatán se giró para cerrar sus mandíbulas por el cuerno del dragón, tiró tan fuerte que su quijada dolió al partir en dos el hueso, no soltó el pedazo para agacharse y clavarlo en la quijada del dragón sin tanto éxito. De reojo vio al segundo dragón alzando vuelo con su hocico abierto juntando rayos en sus colmillos, el leviatán quitó de su camino al primer dragón con un coletazo en un intento desesperado de escapar. El jalón de la mordida en su cola lo detuvo en su lugar sin oportunidad de huida, no iba a salir vivo de ahí si no luchaba con todo su poder sin miedo a caer inconsciente. Justo cuando el dragón en el aire inclinó su cabeza hacia atrás para arremeter de lleno contra el cuerpo del leviatán, un pico enorme de hielo lo atravesó en su costado dejando una gran mancha de sangre caer al hielo. En aleteos moribundos el dragón cayó a la orilla del glaciar retorciéndose de dolor intentando sujetarse al hielo. Resbaló en el último segundo dejando como único testigo el ruido de salpicadura al caer al agua helada de la tundra y esos rastros de sangre desdibujados sobre el hielo. Otro pico atravesó al segundo dragón que había soltado a Neuvillette de la cola para defenderse, esta vez más abajo justo sobre su pata trasera sin matarlo aún. Como una bestia de la madre naturaleza, un inmenso dragón de dos patas descendió desde el cielo cual proyectil impactando contra el dragón de Tormenta con una fuerza brutal dejando oír como la columna del dragón se rompía por el golpe. Neuvillette se giró lo más ágil posible para mirar al cuarto integrante de la pelea, sus ojos se abrieron de golpe mirando como del hocico de ese dragón de dos patas salía hielo.   Un wyvern de Hielo. Salvaje y poderoso.   No dudaba, no pensaba dos veces como el leviatán cuando abría su hocico para desgarrar la carne de su adversario. Él la rompía como si fuera papel con sus colmillos o garras de sus patas delanteras convertidas en alas, incluso esas alas eran más útiles que las aletas de Neuvillette. En primera fila, el leviatán vio pávido como el wyvern le abría el hocico al dragón lleno de zarpazos y pedazos faltantes de su cuello para imbuir su aliento de hielo y lanzarlo al interior del dragón de Tormenta, cristalizando su interior con picos de hielo que desgarraron la piel desde el interior. Cuando los ojos del dragón dejaron de brillar el wyvern lo soltó agarrándolo de un ala, en un movimiento limpio lo lanzó a la orilla del glaciar para dejar caer ese segundo cuerpo al agua de la tundra, sin ningún remordimiento en la mirada fría del wyvern de Hielo. El leviatán se mantuvo en silencio antes de recibir la mirada del wyvern en él. —“No soy una amenaza, no lo soy”— Neuvillette retrocedió con un gruñido de dolor por sus heridas— “Gracias…por ayudarme”“Yo no lo hice por salvarte” La voz del wyvern retumbo en la mente del leviatán, omnipotente con profundidad en su tono. Un escalofrío bajó por la columna de Neuvillette, no había estado frente a un dragón tan imponente antes. Ni siquiera los demás Soberanos le hicieron sentir así al estar en la Sala de los Tronos en las Montañas Levitantes. —“Me da igual si mueres o vives, no eres peligroso”— el wyvern pasó a un lado del leviatán con una mirada arrogante— “Solo das lástima, leviatán” Lanzó una mordida a un lado en amenaza hacia Neuvillette, quien se hizo a un lado por inercia. Ese wyvern de Hielo tenía tres pares de cuernos de hielo puro en su cabeza creando una hermosa cresta cristalizada, púas nevadas desde la base de su hocico hasta el final de su lomo, daban esa imagen de tener escarcha encima con puntos en sus costados. Alas transparentes de un azul tan pastel como cristal templado en hielo que reflejaban la luz del sol, pero lo que más le llamó la atención a Neuvillette fue la cola. Similar a la de un caimán, estrecha en la base para terminar en una punta plana palmeada, las crestas a diferencia de un caimán eran de hielo por igual. Hielo blanco. Un contraste a sus demás escamas del cuerpo de un azul acero, y esos ojos azul helado de pupilas elípticas. Envergadura musculosa y prominente, debía tener la fuerza de un choque de planetas para someter a cualquier dragón en su camino. Así como apareció, así se fue. Dejando a Neuvillette confundido en su lugar, recordándole sus heridas cuando intento llamarle y su cuerpo se inclinó al frente de forma inconsciente.  

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Esperó a la noche para acercarse al asentamiento, para evitar llamar mucho la atención se transformó en algo más pequeño. Más humano. Así cuando se coló entre las telas exteriores de la tienda se aseguró de que fuera la correcta, aunque tuvo que taparle la boca a la chica cuando de repente vio entrar una figura alta en medio de la noche. —Miss Furina, Miss Furina soy yo, soy yo— Neuvillette le tapaba la boca con una mano para hacer la señal de silencio. Furina frunció el ceño entre su pánico antes de verle la cara a Neuvillette, le quitó su mano de un jalón seguido de casi gritar su nombre siendo interrumpidos por Wriothesley. Materializó sus guantes mecánicos de boxeo listo para atacar, al ver la figura de Neuvillette bajó la guardia. —¿Neuvillette? ¿Cómo entraste aquí? —Eso no es lo importante en un momento como este, Duque Wriothesley— el dragón humano miró a los lados buscando a las otras dos faltantes— ¿Dónde están la señorita Navia y la señorita Clorinde? —En sus tareas nocturnas o trabajos, no entiendo bien aún como funciona eso— Furina manoteó al aire antes de tomar aire en una inhalación profunda— ¿Tu qué haces aquí? ¿No estabas buscando a la “Sombra Blanca”? —Sí, sí, es justamente eso— Neuvillette miró a un lado como si fuera a ser arrestado en cualquier momento— Me encontré con la “Sombra Blanca” cuando me atacaron dos dragones. —¿Te salvó? ¿Así sin más? —No, bueno— el leviatán humano miró al Duque con una mueca ladina y el ceño fruncido— Algo así, fue más como una “ayuda por lástima” según sus palabras. —¿Perdón? El comentario en unísono de los dos dejó un poco estupefacto a Neuvillette, antes de tomar aire con sus manos alzadas a la altura de su pecho para quitarle importancia a eso. —No importa, el punto es que es un dragón de Hielo real, como dijeron los demás Soberanos cuando llegamos ahí a esa cavidad rocosa— miró a ambos con un brillo en los ojos aun con su rostro neutro— El problema es, no es alguien amigable, dudo mucho vaya a darme siquiera unos minutos para hablar con él de forma tranquila. —Tomando en cuenta que es el último de su especie, Neuvillette, sería un milagro si no quisiera arrancarte una antena solo por estar cerca de él. Furina alzó una ceja mirando a un Neuvillette que se vio desanimado al segundo, seguido de tomar esa expresión pensativa con su mano en su barbilla y los ojos entrecerrados. —Podría pedirle una audiencia, o preguntarle de forma cordial si está dispuesto a acompañarnos de regreso a esa montaña solo para mostrar su existencia y después podría regresar acá a su territorio sin problema. —Ay querido Juez Supremo, Neuvillette— Wriothesley se acercó poniéndole una mano en el hombro con una sonrisa cordial con ese dejo irónico— Olvidas que es un dragón salvaje, dudo que si quiera sepa el significado de “audiencia” —Wriothesley tiene razón— Furina se cruzó de brazos con una leve mueca— Estás pensando cómo el Juez Supremo aun, Neuvillette, en este lugar no eres un Juez. Eres un dragón, piensa como un dragón. —Es lo que menos quiero. —¿Por qué? —Mi pensamiento me pide ser cordial y amable— él miró a ambos con el ceño fruncido en ansiedad— Mi instinto me dice que vaya de frente a pelear si hace falta. —Tienes mucha razón— el Duque suspiró profundo con un leve movimiento de negación— Ocupamos a Miss Clorinde y Miss Navia para hablar sobre estrategias. El llamado de otro idioma a las afueras de la tienda les hizo dar un sobresalto a los tres, Neuvillette de forma rápida se despidió de los dos para salir por detrás de la tienda a paso apresurado. Lo más sigiloso para no hacer ruido al pisar la nieve, casi cayendo en el camino por el hielo sobre la colina. Al estar suficiente lejos regresó a su forma de leviatán con elegancia, ignorando el momento donde se fue de cara a la nieve, arrastrándose lo más grácil para adentrarse a la tormenta de nieve en dirección a la cueva donde dormía en estos días. Una semana y media buscando a la “Sombra Blanca”, ahora que lo había encontrado tenía un dilema más grande.  

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  Kalaham caminó por el sendero principal entre las tiendas a horas tempranas, el sol apenas estaba pintando el cielo de tonos lilas y rosados dándole paso al amanecer en ese paisaje de hielo. Al girarse con la intención de ir a la costa detrás del lugar del asentamiento una cabellera rubia se le puso en su vista panorámica deteniéndolo en su andar, fácilmente podía quitarla de su camino, pero el jefe le había pedido ser amable con los cuatro recién llegados a la aldea. —Kalaham ¿Verdad? —¿Necesitas? —Oh, nada más allá de hacer unas pequeñas preguntas y cómo eres el único aquí que habla nuestro idioma ¿Quién mejor para preguntarle? —Habla rápido, necesito ir de pesca para el desayuno y los peces no atrapan el anzuelo tan fácil. —Número uno, quiero saber cómo fue que ustedes llegaron a este claro— ella sonrió poniendo sus manos detrás de su espalda— y número dos, cómo fue que encontraron esta zona despejada. —Uno, por exploración como ustedes, dos por exploración nuestra. Fin de la conversación. Así Kalaham se dio la vuelta caminando a paso pesado por la nieve, su figura de alta estatura desapareció detrás de una formación rocosa con escarcha encima como una delgada cama. Navia solo suspiró con las mejillas infladas y brazos cruzados, era difícil mantener una conversación con ese hombre donde respondiera más allá de forma seca.   Después del desayuno, Kalaham se movió con dirección a la tienda donde se encontraban las lanzas, arcos y correas para tomar unas cuantas, una de sus tareas menos favoritas del día era ir a dejar el equipo a las zonas limitantes del área despejada para los centinelas en turno. La tarea se volvió más irritante al encontrarse de frente con la verduga del justiciazgo y su semblante controlado en una sonrisa ligera. —Kalaham. Un momento. —¿Qué sucede? —Quiero preguntarte por algo que me tiene intrigada en estos días estando con ustedes. —¿Y es? Ella mantuvo su semblante amigable ignorando las respuestas tan cortantes del hombre, ni siquiera los verdugos del justiciazgo más viejos hablaban así de directo. —He escuchado mucho dos palabras en especial entre las personas que las repiten al decírselas a los niños, si no pronuncio mal, dicen algo como “Hvítu Skuggi”— ella ladeó su cabeza a un lado en un gentil gesto de curiosidad— ¿Qué significan? Por primera vez Kalaham no respondió de inmediato, en su lugar miró a sus pies como si checara si la nieve seguía ahí sin derretirse mojando sus zapatos, respiró profundo con el ceño fruncido. —Significa “No seas chismosa”. Sin más se giró sobre sus talones llevando la bolsa de armas al hombro sin mirar a la confundida Clorinde detrás suyo, ella solo se puso las manos en su cintura con el ceño aún más fruncido en molestia por esa tajante respuesta.   A la hora de la comida después de ayudar a despellejar un venado grande cazado unas horas antes de tener el sol sobre sus cabezas, Kalaham llevaba la carne en la canasta hacia la tienda donde se encontraba la cocina de la gente. Al llegar saludo con su voz fría sin ser tan distante en el momento, solo concentrado en llevar la carne cruda a la mesa de madera. Se lavó las manos antes de tocar la carne colocándola a un lado, pasándola a las manos de las personas encargadas de cocinar, cerró los ojos con un respiro profundo al sentir la presencia pequeña de alguien a su derecha. —Tres. Susurró al girarse al ver a la chica de cabello blanco cubierto con un gorro y su cuerpo pequeño envuelto en tres abrigos de diferentes grosores. —Kalaham, al fin te encuentro, todo el día estuve buscándote para preguntar por unas cuantas cosas. —Ustedes son tan irritantes como una intoxicación alimenticia. —Eh, ignoraré eso— ella juntó sus manos enguantadas con una sonrisa más alegre casi de actuación— Quería saber si tú eres parte de estas personas, en el sentido de si eras parte de este grupo cuando se asentaron aquí o si también llegaste después como nosotros. —¿En qué te serviría que yo conteste eso? —En saber si las siguientes preguntas van a ser útiles o debería de modificarlas un poco. —Bien, aquí está mi respuesta— Kalaham se inclinó a un lado cuando dejo de haber carne en la cesta— No te incumbe. Con paso confiado pidiendo permiso a un grupo de mujeres jóvenes quienes entraban a la tienda con hierbas secas en sus canastas, dejando a Furina indignada detrás con su boca abierta en una “o” y su mano sobre su pecho. Un insulto salió de sus labios antes de ir a ayudar con la comida al ser su tarea asignada del día.   Justo después de comida cuando Kalaham tenía unas cuantas horas libres, al tener él la perspectiva del tiempo en horas, bajó por las colinas al lago congelado con la esperanza de quedarse dormido sobre la capa de hielo. La sensación de frío le traía paz en la mayoría de las situaciones estresantes, con esa confianza natural después de años de hacerlo solo, se acostó en ese silencio de voces con el sonido natural del viento aullando, al acostarse cerró los ojos sin pensarlo un solo segundo. Grave error. Las pisadas de alguien le hicieron fruncir el ceño más de lo normal, en ese día ya había tolerado demasiadas interacciones sociales que no quería tener. —Cuatro. —¡Kalaham! No pensé encontrarte aquí tirado sobre el hielo. El hombre no abrió los ojos para asegurarse de la identidad de esa persona, solo hizo falta oírlo acostarse a su lado con naturalidad amigable no necesitada para Kalaham. —Ya que llevamos un tiempo conociéndonos, tratando el uno con el otro… —Es la primera vez que hablamos fuera de las tareas, no eres conocido mío. —Como decía— el Duque sonrió dando un manotazo al aire, puso sus manos sobre su pecho segundos después— Ya nos conocemos un poco, entonces para conocernos mejor, pensaba en hablar de nosotros siendo yo el primero. —No es necesario, no me importa saber. —¡Pero a mi si me importa! Así que empecemos con cosas sencillas como, ah ya sé, colores ¿Cuál es tu color favorito? —Azul. —¿Comida favorita? —Pescado. —¿Arriba o abajo? —… arriba— Kalaham abrió los ojos con el ceño fruncido viendo de reojo al Duque. —¿Fuerza o belleza? —… ¿Fuerza? —¿Estas soltero? —Suficiente. Kalaham se levantó de un salto, caminando a paso rápido por el lago congelado con una precisión médica para alejarse lo más posible de Wriothesley, quien gritaba un débil “Espera” sin mucho éxito al resbalarse en el hielo tambaleándose a los lados. Terminó cayendo de trasero al hielo viendo al hombre ya en la orilla, caminando por otro lado del sendero nevado escondiéndose detrás de una colina.   Kalaham suspiró profundo en su tienda tallándose la cara con pereza, por primera vez en mucho tiempo había sentido la frustración en un nuevo nivel de necesidad por golpearse la cabeza contra el pilar de madera que sostenía la tienda. La frustración cambió a cansancio al pensar los días indefinidos, donde debía seguir tratando con esos cuatro, donde las chicas estaban demasiado enfocadas en saber sobre cómo había llegado a esa aldea y si era parte de las personas. Y el hombre parecía querer andar con él o algo así, no había entendido las preguntas ni la necedad de querer conocer cosas personales de sus gustos, cosas de humanos en momentos muy aleatorios de su vida al parecer. Se frotó las sienes en un intento de quitarse la incomodidad de encima después de ese día, negó con la cabeza al acostarse en la mullida cama de pieles y plumas, enterrando su cara en la almohada de piel de venado. Cerró los ojos, listo para descansar y despejar su mente.  

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  Neuvillette se deslizó por el hielo en el glaciar mirando las auroras en el cielo, las estrellas dibujaban bellas constelaciones en el firmamento nocturno. Por primera vez, el leviatán miraba el cielo con estrellas sin patrones repetitivos como en el cielo de Teyvat, aquí las estrellas danzaban de forma independiente como pájaros hermosos brillantes a miles y miles de kilómetros lejos de esa tierra. Tal vez eran esos dragones de Estrellas o del Cosmos haciendo su trabajo en decorar el cielo oscuro para darle una brújula natural a los dragones, maravillándolos. El crujido detrás suyo lo hizo alzar las antenas en señal de alerta, a lo lejos la figura de ese wyvern de Hielo se movía ajeno a la presencia del leviatán, o capaz ya lo había visto, pero no le hizo caso alguno. “No eres peligroso” volvió a resonar en la mente de Neuvillette, esa frase dicha con tanta severidad como si fuera una molestia tenerlo cerca, si no era una amenaza para ese salvaje dragón de Hielo ¿Por qué le molestaba tanto verlo ahí? No lo comprendía del todo. Con pasos suaves, o en realidad con sonidos suaves al arrastrarse en lentitud de foca hasta el wyvern, se detuvo a alzar su cabeza al cielo estrellado con auroras, se detuvo a unos metros de distancia viendo la parte trasera de la cabeza del dragón. —“Oye, es decir, disculpe señor”— Neuvillette habló cordialmente al dar una aclaración de garganta en su mente— “¿Puedo preguntarle algo?”“Cinco”— gruñó el dragón en su cabeza al girarse viendo a Neuvillette con los colmillos de fuera— “Cinco malditas criaturas en un solo día ¿Acaso nunca han oído algo llamado ‘espacio personal’? ¿Es tan difícil?”“Ah, disculpe, no le entiendo”“¿Qué vas a preguntarme? ¿Sobre quién soy y si voy a darte algo?”— el wyvern se giró completo acercándose al leviatán quien retrocedió como pudo— “¿Quieres conocerme? Bien, pues hagámoslo como es debido” Sin esperar a darle tiempo para prepararse o mentalizarse, el wyvern se le dejó ir al leviatán sin tregua en su mirada, fue trampa en toda la palabra. Neuvillette rugió dando siseos al retroceder como pudo antes de tropezarse con su propia cola quedando boca arriba, sus aletas no le sirvieron para quitar el hocico del wyvern hasta sentir la mordida en su cuello, el leviatán le tiró una mordida a la garra delantera del dragón jalando sin herir la membrana del ala. El wyvern dio un gruñido de queja soltando al otro dragón para cornearlo con su cresta y lanzarlo al aire lejos de él, sin darle tiempo de recuperarse aleteó quedando de nuevo encima de Neuvillette quien rugió en lapsos cual perro rabioso cuando el hocico del dragón de Hielo le quedó nuevamente cerca de la cara. El wyvern se detuvo al verle el pobre intento de cara amenazante del leviatán, que parecía más una cría fingiendo ser un adulto, sus colmillos de fuera de ambas encías sacando su lengua bífida para relamerse el hocico y los ojos bien abiertos. —“Ridículo”— el wyvern apoyó su garra delantera en el costado del cráneo del leviatán que dio quejidos medio amenazantes— “No sabes dar miedo, leviatán” Le empujó la cabeza con desdén, su cola dándole un golpe en la aleta trasera de Neuvillette dejándolo acostado de perfil. Él se levantó viendo al wyvern caminar en calma al lado contrario de donde estaban, por primera vez el leviatán tomó una decisión por impulso.   Atacar.   Se arrastró lo más veloz posible usando las irregularidades del terreno como un pingüino, así flaqueó al dragón de Hielo en su punto ciego tomándolo del cuello sin aviso. Su cuerpo era el de un leviatán con aletas inútiles en tierra, pero su fisonomía era larga como el de una serpiente marina, guiado por su instinto se enrolló alrededor del wyvern comenzando a estrecharse con intenciones de asfixiar. El dragón de Hielo forcejeó, mordió al aire e intentó rasguñar con sus dos patas o hasta sus garras de sus alas, fue inútil el esfuerzo consiguiendo solo perder más oxígeno. Antes de caer desmayado por la presión externa, Neuvillette le soltó empujándolo a un lado, regresándole ese mismo desdén con una ancha sonrisa y el pecho inflado de orgullo draconico. —“¿Quién es el ridículo ahora, eh? ¡Dímelo, anda! Gritó el leviatán con un tono tan alegre como victorioso, miró al wyvern tirado sobre la nieve y el hielo inhalando con dificultad, el dragón de Hielo sacudió su cabeza en decisión enseñando sus colmillos de nuevo. La sonrisa se le borró a Neuvillette. —“Alto, espera, no fue mi intención…”“Te voy… ¡A arrancar la tráquea, maldito pescado!”“¡No, espera, fue por impulso! ¡Oye, no!” Neuvillette se giró sobre su peso impulsándose con sus aletas delanteras por la nieve, los gruñidos desesperados se volvieron risas nerviosas cuando el wyvern corrió levantando hielo en su camino. El leviatán llegó a la orilla del glaciar anticipando girar sobre su eje para no caer al agua, pero no esperaba que los temblores creados por las pisadas del otro dragón debilitaran la unión del hielo. Neuvillette se intentó agarrar de los pedazos de hielo deformes de la orilla, sus aletas no sirvieron de mucho de nuevo, la sensación de caída fue larga hasta salpicar en el agua helada cayendo de lomo. Se giró buscando un tempano en alguna parte de ese desprendimiento de hielo, los pinchazos en el cuerpo fueron más profundos esta vez al inhalar el agua helada de la tundra, sacó su cabeza con urgencia respirando aire en bocanadas de ahogado. Nadó torpe mezclando siseos con gruñidos de dolor, su vista ya estaba nublándose debido al frío en su cuerpo, consiguió llegar a un tempano pequeño subiéndose con prisa sin mucho equilibrio. Volvió a caer al agua, revolviendo el agua en la superficie en desesperación. —“¡Ayuda…!”— su cuerpo se hundió gastando más energía— “¡Por favor!”“¿Qué no eres el Soberano del Agua, leviatán?”— la voz profunda del wyvern sonó lejos aun siendo mental— “Nada, no seas un cachorro”“No puedo… es demasiado… fría…”— Neuvillette sacudió su cabeza al buscar en las alturas al wyvern, pero su vista ya no era clara— “No puedo… yo…” El cuerpo se le entumió en su totalidad jalándolo al agua como peso muerto, su cabeza dejo de buscar en las alturas al tener los ojos entrecerrados sin energía para mirar o enfocar la vista. Sus pulmones acostumbrados al agua dolieron como fuego, su bioluminiscencia se apagó poco a poco conforme más iba cayendo a las profundidades del agua. Sin sensibilidad, con pinchazos constantes en sus aletas y cuerpo. No podía subir de nuevo ni buscar tierra firme. El ruido amortiguado de una masa enorme cayendo al agua fue lo único capaz de percibir Neuvillette en su estado de semi-inconsciencia, un jalón en su torso antes de algo sujetándolo del cuello y cintura llevándolo hacia arriba. El wyvern voló con experiencia apenas salió del agua helada sujetando firme al leviatán, el agua le resbaló por sus escamas, así como al leviatán cuando ambos llegaron de nuevo a la cima del glaciar en una zona más adentro, cercana a la tierra firme nevada. Dejó el cuerpo de Neuvillette sobre la nieve con un golpe sordo, ni siquiera se escuchó cuando la cabeza golpeó por accidente en un tronco haciendo que el wyvern dijera un “Oh, disculpa” algo burlón, pero mayormente sincero. —“Eres un dragón tan dramático, me causas tanta gracia”— el wyvern rio en su mente al empujar el cuerpo del leviatán con su garra delantera— “Pero ya fue suficiente actuación, ganaste. Ya levántate” Neuvillette seguía inconsciente tumbado en la nieve, respiraba tan sutil que si el wyvern no hubiera acercado su cabeza a su tórax lo hubiera pasado por muerto. —“Oye, leviatán, levántate”— le dio un golpe con su cola a la del otro— “Me estoy impacientando, ya” Le mordió una antena sin intención de arrancarla o desgarrarla, pero ni con eso Neuvillette alzó su cabeza. El enojo en el cuerpo del wyvern se volvió preocupación real. —“Leviatán, oye. Leviatán”— alzó su voz al dar un rugido en el oído del otro— “¡Leviatán!” El golpe de un zarpazo en el lomo de Neuvillette lo hizo reaccionar vomitando el agua helada de su cuerpo, retorciéndose en el proceso dando una imagen no tan digna de sí mismo. El wyvern solo retrocedió unos cuantos metros cuando el leviatán se enderezó sin mirarlo, sacudió su cabeza antes de bufar fuerte. Sin más, se deslizó exhausto por la nieve ignorando la presencia del otro dragón a su izquierda, Neuvillette ya no tenía energía para tratar con el wyvern el resto de la noche. Solo quería dormir. O eso esperaba. Debido a su cansancio no sintió al otro dragón caminando detrás suyo por el camino completo hasta la cueva, donde Neuvillette llegó a tumbarse literalmente sin acomodar su cuerpo en un nicho enroscándose en sí mismo, solo entró lo suficiente para dormir sin riesgo de congelarse. El wyvern se quedó afuera mirando al interior, miró a los lados buscando algo, aunque la tormenta de nieve no le daba tanta visibilidad como esperó. De igual forma algo llamó su atención dándole la motivación necesaria para ir, dejando la cueva atrás.
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