Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Los dragones también son curiosos"

Ajustes
Neuvillette abrió los ojos con pesadez, el ceño fruncido al sentir como su cola golpeó algo ligeramente pesado en la entrada de la cueva. Se removió sobre sí mismo para girar y sacar primero la cabeza por el hueco, las tres sorpresas fueron al mismo tiempo al mirar fuera de donde había estado durmiendo estas casi dos semanas. La primera sorpresa, no había tormenta de nieve alrededor. La segunda sorpresa, una montaña mediana de presas ya matadas con anterioridad desde ciervos hasta un alce de astas doradas. La tercera sorpresa, el wyvern dormido enterrado en la nieve cerca de la entrada. Con el mayor sigilo digno de una bestia de su envergadura, el leviatán se acercó a la montaña de carne jalando el alce lo más suave posible sin derribar alguna otra presa en el proceso. Para su mala suerte uno de los conejos cayó a la nieve despertando de golpe al wyvern quien alzó la cabeza, justo viendo al origen del ruido encontrando la escena de Neuvillette jalando de una pata al alce más grande de la montaña. Las miradas de ambos chocaron en parpadeos lentos, cinco segundos para procesar la escena antes de iniciar el caos. Neuvillette tiró la mordida grande a la montaña jalando al menos seis presas con su hocico, mientras el wyvern rugía en indignación por ver desaparecer la mitad de la montaña o dos terceras partes de las presas. —“¡Es la mitad para cada uno, animal!”“No vi el letrero de explicación de las porciones en ningún lado” Neuvillette asomó la cabeza rugiendo posesivo de su comida cuando el otro dragón introdujo parcialmente su hocico a la cavidad rocosa, esquivó una mordida del leviatán al tomar una pata de uno de los venados. —“¡Yo no he comido en tres días! Tu comes cada día aqu픓¿No has comido diario? Eres un dragón, puedes cazar sin problema alguno”“Te recuerdo que no tengo patas, por ende, no tengo garras, así que solo dependo de mi hocico y no puedo quitarme la cabeza para lanzarla contra un venado o un caribú”“Había olvidado ese detalle, bien”— el wyvern sacudió su cabeza mirando la pequeña montaña restante que quedó para él— “Termina de comer tu desayuno, hoy voy a ayudarte con algunas cosas esenciales”“¿Por qué me ayudas? Ayer querías matarme”“¿Quieres una mentira piadosa o la verdad cruda?”“La verdad”“Me daría pena si te mueres en mi territorio, no soy caníbal así que no sabría donde enterrar tu cadáver si mueres de hambre” El leviatán dejó de comer su pedazo de venado soltando parte del cuerpo mordido al suelo de la cueva, se relamió el hocico con la mirada incomoda viendo a un lado. La risa atronadora del wyvern le sacó un gruñido a Neuvillette por la sorpresa, escuchar su risa en su mente tan de golpe fue como ser emboscado de nueva cuenta. —“¡Claro que no!”— el wyvern tragó un venado sin masticar— “Eres como una cría, das lástima y al mismo tiempo eres muy divertido por como actúas tan inocente, si te mueres sería una pérdida muy grande”“Eso suena mejor a tu primer intento de ‘halago’ como verdad”“Siéntete feliz, no te deseo el mal” Neuvillette entrecerró los ojos sin sentirse tan cómodo ni feliz como dijo el wyvern, en realidad se sentía ofendido por el primer comentario aun siendo una broma. Él salió de la cueva dejando la distancia necesaria para agarrarle uno de los cuernos de hielo al otro dragón y jalarlo a un costado, un rugido molesto acompañó al tirón. —“Eres un idiota, témpano con alas”“Me gusta ese apodo” Neuvillette gruñó más fuerte enseñando sus colmillos al otro, con su aleta delantera le golpeó la cabeza varias veces sin hacer daño real. Después de todo, sus aletas en el agua si podían ser pesadas como balas de cañón mientras en tierra era como sentir golpes de una gelatina muy blanda.  

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  La calma de esa zona despejada entre nieve y cielo nublado era el escenario perfecto para dar una clase rápida sobre poderes elementales sin dañar a otros seres o modificar el terreno con consecuencias, el claro nevado era suficiente amplio para albergar a dos dragones inmensos de sus respectivos tamaños. —“Bien, primero debes cambiar esas aletas por garras para tierra firme, sino tus lecciones de cacería no servirán de nada”— el wyvern estaba sentado frente a Neuvillette con su lomo erguido— “Eres un dragón de Agua, tienes la capacidad de cambiar de forma o tamaño, dependiendo del nivel de control que tienes sobre tu cuerpo”“¿Cómo sabes eso?”“Detalles innecesarios”— el wyvern sacudió su cabeza al dar un bufido suave— “Concentra tu poder en tu cuerpo, eres agua ¿No? A diferencia de otros elementos, tu forma es más fácil de moldear”“No entiendo bien esos fundamentos ni bases de tu pensamiento”“Hazme caso, pescado. Piensa en tu cuerpo desde la punta de tu hocico hasta la punta de tu aleta en tu cola, después piensa en cambiar tus aletas por algo más firme. Más afilado” Neuvillette frunció el ceño con su hocico abierto un poco, le miró de reojo al otro dragón antes de cerrar los ojos en un movimiento fluido de parpados, sin perder la elegancia de siempre. Su mente dejo de enfocarse en el frío rodeando su cuerpo, los ruidos de la naturaleza ártica curiosa en los límites del claro, sus antenas se relajaron al concentrarse en el agua. Su cuerpo de leviatán estaba conformado por ríos, lagos y océanos pacíficos que materializaba esa forma serpentaria de aletas brillosas de ese bello azul bioluminiscente, aunque fueran hermosas con esa elegancia acuática no le servirían aquí. Necesitaba garras, patas fuertes para sostener su alargado cuerpo, correr, atrapar y cazar sin problema. Sus aletas cosquillearon después de imaginar unas garras fuertes con ese mismo brillo que tenían sus aletas, al abrir sus ojos sintió más directo entre los dedos de sus garras la nieve. Sus uñas afiladas hicieron surcos delgados en la capa blancuzca, incluso sus aletas traseras también se convirtieron en garras. Con un salto corto sintió su peso ser sujetado por sus nuevas garras, dio un siseo alegre al trotar unos metros al costado. Igual a una cría recién nacida. El leviatán apuró el paso llegando a correr por el perímetro del claro nevado dando chillidos de júbilo. El wyvern solo resoplo en calma viendo a ese leviatán tan ajeno a su propia naturaleza descubriendo sus habilidades. Neuvillette regresó en carrera hasta el otro dragón casi estampándose contra su costado por no frenar a tiempo, resbalando en la nieve con un siseo agudo. El wyvern se levantó de un salto con un rugido bajo en señal de regaño, el leviatán agachó las antenas al alzar su hocico en disculpa. —“Ahora”— el wyvern se alejó del leviatán con pasos neutros dejando la línea de rastro de su cola de caimán en la nieve— “Vamos a la costa, vas a aprender a volar”“¿Volar? No tengo alas, y dudo pueda materializar unas como lo hice para cambiar mis aletas”“¿Tienes memoria a corto plazo? Eres Agua, pescado terrestre, no solo puedes cambiar de forma. Tienes más poder” Neuvillette ladeó la cabeza al trotar hacia el dragón de Hielo, quedando hombro con hombro de forma natural hasta que por accidente el leviatán golpeó al otro en su membrana de su ala izquierda, con un gruñido junto a una mordida al aire el wyvern le dio una advertencia pidiendo espacio personal.  

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  El aire salado mezclado con el frescor de las corrientes de la brisa les dio la bienvenida a los dos dragones, para acomodar a Neuvillette en su lugar donde probarían sus poderes de Soberano el dragón de Hielo le empujó con su cabeza, bufando el leviatán al recibir una mirada de enojo por ello. Sintiéndose un niño obligado a ir a donde no quiere, pero sin la opción de hacer un berrinche en contra. —“¿Exactamente cómo se supone que voy a volar?” El wyvern rodeó al otro en pasos lentos mirando al océano helado antes de girarse a ver al leviatán, con su ceño fruncido en molestia y un poco de confusión. —“¿En serio me vas a hacer explicar las bases del medio ambiente en la tundra?”“Tu eres el dragón de Hielo, no yo, así que explícate”“¿Ya no vas a llamarme por ‘usted’ como antes?”“No, perdiste ese derecho cuando me atacaste solo por acercarme a ti cuando iba con intenciones de paz” Un resoplo ofendido salió del hocico del wyvern con su ceño fruncido, sus ojos entrecerrados le miraron unos segundos antes de bufar resignado. —“Bien”— sin tanta emoción el dragón de Hielo se encorvó— “En la tundra no hay tanta humedad como se espera, pero en este lugar debido a la exposición del sol constante se evapora la nieve creando gas, pequeñas partículas de agua flotando en el aire” Sopló una nube de escarcha que se multiplicó por el aire helado, creando una cadena de nieve hasta desaparecer en una nube más esparcida. —“Para los dragones ajenos a estas tierras esa agua les afecta, por eso es fácil congelarse, en cambio para mi es mi hogar”— señaló con su cabeza al pecho del leviatán— “Para ti, es un océano en las nubes, usando esa humedad puedes volver tu cuerpo ligero para volar. En este caso mejor descrito, para flotar en el aire con ayuda de las partículas de gas”“Eso no suena para nada fácil, y tu lógica es absurda ¿Cómo volvería mi cuerpo en gas sin perder mi forma?”“¡Tu hazlo y ya, deja de buscarle coherencia a todo! Deja tu pensamiento lógico y sé más instintivo, eres un dragón. Piensa como uno, pescado terrestre” Neuvillette rugió en queja dándole un coletazo a la cola del otro en regaño, el wyvern le jaló una antena con un tirón de su hocico sin dañarlas. El leviatán solo empujó su cabeza del dragón de Hielo a un lado en necedad, así giró sobre sus patas para alejarse suficiente, con la absurda idea de flotar usando el gas del agua evaporada en el ambiente. Miró al cielo en busca de esas partículas de agua flotando sobre su cabeza, ni una sola, pero de igual forma se paró derecho cerrando los ojos sin tanta fe aún. —“No entiendo como esto se supone que me hará volar” Inhaló profundo despejando su mente de insultos hacia el wyvern y la imagen que seguramente tenía en ese momento si alguien más los llegaba a ver, su dignidad comprometida le dio un escalofrío en su lomo. Poco a poco su tensión abandonó su cuerpo sintiendo su peso volverse ligero como una pluma hasta sentirse lánguido, sin saber cuándo sus patas dejaron de tocar la nieve abrió los ojos en asombro, solo eran unos cinco metros arriba del nivel del suelo, pero se sentía increíble no estar apoyado en la superficie. Volaba de verdad. —“Esto es… estoy volando”— Neuvillette se giró abriendo su hocico en alegría acompañado de chillidos agudos para buscar al wyvern— “¡Estoy volan-…!” Su cuerpo cayó de nuevo a la superficie saludándolo con nieve en la cara, debido a que sus patas no estaban apoyadas para aterrizar en pie su cuerpo cayó en un sonido sordo amortiguado. El leviatán sacudió su cabeza en irritación con las risas sonoras en su mente, cortesía del otro dragón. Exhaló fuerte quitándose la nieve de su hocico. Se levantó con esa misma irritación creciente en su vientre subiendo por su toráx hasta sus antenas que brillaron con fuerza debido a las emociones, incluso el día soleado se convirtió en un día nublado con amenaza de lluvia en plena tundra. Eso fue suficiente para callar las carcajadas del wyvern, quien alzó la mirada en maravilla al notar como el leviatán era capaz de cambiar el clima en base a sus emociones. —“Eres más fascinante de lo que pens锓¿Disculpa?” El wyvern bajó su mirada chocando sus iris azul profundos con los violetas de Neuvillette, un brillo lleno de calidez extraña envolvió los ojos del dragón de Hielo pasando desapercibido por el leviatán, al estar tan molesto por la carcajada burlona de segundos atrás le gruñó en respuesta. Por eso él pensó que ese comentario era más en burla en vez de un comentario de diferente tono, dándole tiempo al wyvern de regresar a su fachada distante y formal de arrogancia. —“Nada, eres un idiota” Con el coraje hirviendo en su agua interior, Neuvillette le lanzó un chorro de agua al otro, lanzándolo a un costado dañando su ala sin tanta gravedad, pero si suficiente para dejarlo sin volar en al menos dos días enteros. —“Ya tuve suficiente de ti, mi paciencia se agotó” El wyvern gruñó lo suficiente fuerte en amenaza para alejar al leviatán, con pasos lentos se alejó una distancia prudente, trotó ágilmente al estar acostumbrado a ese estilo de movilidad. Sin sus alas no podría haberse ido con estilo cómo le gustaba, aun así, su figura se perdió entre los arboles nevados acompañado en un eco de rugido bajo.  

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  En esas casi dos semanas no habían conseguido más información los cuatro, solo las costumbres y los horarios en los que ese hombre llamado Kalaham salía a ayudar con las tareas en el límite del valle, por alguna razón ese día al regresar de una cacería que le llevó desde la mañana hasta la caída del sol venía con una cara de repulsión profunda que hasta el aire le molestaba. Los cuatro acordaron no molestarlo ese día por su seguridad, con esos músculos podría arrancarles la cabeza de una cachetada si era posible. Furina fue la primera en regresar a la tienda, Navia llegó con Wriothesley a su lado hablando sobre las nuevas palabras que habían aprendido de ese idioma extraño, Clorinde cerró la carpa de la tienda en un suspiro profundo con un solo objetivo en su mente. Irse a dormir. Solo acostarse en su pedazo de cama para tumbarse ahí hasta el día siguiente o dentro de una semana. —Miss Clorinde. La verduga del justiciazgo sacó su pistola Electro apuntando en seguida a su derecha, entre el pilar de madera con los abrigos y el baúl de sus pertenencias, bajó el cañón al ver la cara conocida de Neuvillette con una inusual expresión de molestia ligera en su entrecejo. Así una pequeña reunión inició en esa tienda. Para la sorpresa de los presentes quienes ya habían tenido más visitas secretas del Juez Supremo días anteriores, esta vez verlo tan expresivo con su enojo del día era nuevo. Más con sus comentarios en tono de berrinche, similares a cuando a Furina le servían una rebanada de otro pastel que no le gustaba cuando ella era la Arconte de Fontaine. Ahora sus dramas eran más sutiles por cuestiones más serias, pero las quejas de Neuvillette en ese tono estaban haciéndole competencia en ese momento. —…Es un idiota, no comprende nada sobre el respeto ni disimula cuando algo malo sucede, se ríe sin pena alguna de las desgracias de los demás— Neuvillette se cruzó de brazos viendo a un lado a ningún lugar en especial dentro de la tienda— Huraño y orgulloso, son los adjetivos perfectos para ese salvaje. —¿No dijiste que te ayudó? ¿Por qué tanto coraje si él te ayudó a dejar de moverte como una foca lisiada en la nieve? El Duque alzó una ceja con su mejilla apoyada en su mano al ver las mejillas infladas del Juez en su puchero. —Tal vez solo sea alguien muy cerrado a hacer amistades nuevas, después de todo estuvo solo mucho tiempo— Navia se encogió de hombros enseñando su sonrisa más comprensiva— Es normal que alguien no sepa cómo ser amable si no tenía a alguien con quien hablar. —Eso no le quita lo idiota. —¡Ay, Neuvillette! De nosotros cinco jamás esperé escucharte en pleno berrinche por no saber tratar a alguien— Furina se levantó de su asiento con un dedo acusando al hombre de cabello albino como ella— ¡Es un dragón también! Va a ser igual de orgulloso como tú, o más, necesitas darle tiempo para que baje sus defensas y ese muro de hielo dejará de ser un problema ¡Pero tu orgullo no ayuda! Uno de los dos debe ceder. —Neuvillette— Clorinde abrió los ojos con cansancio, a diferencia de como el nombrado esperaba escuchar el regaño de su parte, ella le miró en calma— Debes ganarte su confianza, tal vez te enseñó por lástima, o como quieras llamarle, aun con eso no significa que te considere una persona cercana. El puchero en las mejillas del Juez bajó con una nueva mirada, entendimiento, así como él cuando llegó por primera vez a Fontaine hace quinientos años y los humanos de ese entonces no confiaban en él al inicio. Tuvo que ganárselos, demostrar que no era una amenaza ni iba a imponerse por su poder, de esa misma forma y paciencia debía hacer lo mismo con ese wyvern. Lo olvidó, los dragones no eran tan comprensivos ni flexivos como él, necesitaba acercarse a pasos pequeños y cortos para ganarse su confianza. Un aroma distintivo le llegó a su nariz, desde que había comenzado a pasar más tiempo como dragón sus sentidos se habían agudizado en extremo hasta llegar a dolerle la cabeza por el olor penetrante de la orina de algunos animales en el bosque nevado. Ese aroma era carne, no cruda como comió en la mañana de ese día, sino un poco más espaciada. Su estómago gruño sin permiso, causándole un sonrojo completo en su rostro sumido en vergüenza, agachó la mirada llevando su mano a su boca para aclarar su garganta desviando la atención de la conversación que estaba a punto de surgir por ese ruido regresando al tema inicial. —En conclusión, debo de tratarlo como trataría a un noble de la Corte, con un pañuelo blanco sin presionar demasiado. —¡Como dragón, Neuvillette, como dragón! —Mis disculpas, es decir como un dragón. Él sonrió con dulzura al cerrar los ojos colocando sus manos sobre su pecho de manera solemne fingiendo inocencia, una risa grupal aligeró el ambiente. No lo dirían ellos en voz alta, tal vez por estar distraídos con las tareas asignadas en el pueblo o por ser uno de esos cambios ligeros que se notan cuando alguien externo los destaca. La cortesía formal se estaba convirtiendo en una cortesía de amistad, donde las risas ya no eran por compromisos ni los nombres se debían decir con honoríficos por el protocolo.  

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  A la mañana siguiente del día que Neuvillette se quejó con los cuatro, tomando en cuenta los consejos de tratar al wyvern con un pañuelo blanco sin hacerlo sentir idiota como le había insultado el día de ayer en coraje. Caminó por el terreno nevado despejado por la zona donde se solían encontrar los dos dragones en esos días, cerca al asentamiento humano solo un poco más al este por donde ocurrió el ataque de esos dragones de Tormenta al leviatán, pero cuando él llegó a las colinas blancuzcas no vio la silueta imponente de ese reptil de hielo. Una sensación de cosquilleo incomodo subió desde su boca del estómago hasta su garganta, se giró sobre sus patas buscando el rastro de huellas en la nieve, no había ni una sola huella extra aparte de las suyas. —“¿Realmente se habrá enojado demasiado ayer?” Su voz no fue escuchada por ninguna mente ajena, eso lo hizo tener un escalofrío trepando su lomo en una sacudida más incómoda aún. A paso rápido cruzó la zona despejada adentrándose a la tormenta nevada sin mucha dirección, el instinto lo movía a paso veloz ignorando los copos de nieve que comenzaban a pegarse a sus escamas y antenas. Vagó unos minutos o unas horas, sin la vista accesible hacia el cielo era difícil medir el tiempo con ayuda del sol, no pensó mucho al lanzar un rugido armónico al aire en un llamado gentil para localizarse, la respuesta silenciosa le dio más ansiedad. Usando de forma torpe su nueva habilidad de levitar por sobre el nivel del suelo unos cuantos metros, se movió con avidez entre árboles y colinas, pero debido a la concentración de nieve en el aire lo hizo chocar varias veces contra rocas o una pared de árboles demasiado juntos, sacándole gruñidos de molestia y dolor. Sacudía su cabeza en cada momento despejando su mente para seguir su búsqueda. Después de un rato largo encontró una nueva zona despejada donde en el centro estaba un enorme lago congelado con algunos agujeros en la superficie, en el más alejado a la derecha estaba el wyvern con la cabeza hundida en el agua helada, su cola se meneaba a los lados por segundos antes de agitarse cuando el cuerpo entero se sacudía con fuerza. Estaba cazando. Neuvillette esperó paciente unos metros de distancia a espaldas del dragón de Hielo, sentado con el lomo derecho, sus patas delanteras juntas rodeadas por su cola dándole una vuelta y media a su figura como un felino en espera. Sus antenas brillaron en alivio al ver al wyvern sacando su cabeza del agujero con una inmensa cantidad de peces en su hocico, tres cayeron a la superficie del lago congelado dando saltos para buscar el camino de regreso al agua. El dragón de Hielo abrió sus fauces a un lado para tomar esos tres peces con una extrema suavidad, impresionando al leviatán en el proceso, así cuando los acomodó en el montoncito de peces miró de reojo al dragón de Agua. —“Come, seguramente no has cazado nada aún”“¿Me esperabas?”“No realmente, pero estoy consciente que ayer fui agresivo de nuevo y esta es mi forma de pedir disculpas” El wyvern se hizo a un lado dándole espacio a Neuvillette de acercarse a la montaña de peces de diferentes colores y tamaños, había algunos cafés con cabezas blancas, otros de color rojo pálido y líneas verdes, pero los más llamativos eran unos rosas pastel con manchas magentas en sus vientres. El leviatán abrió su hocico deteniéndose unos segundos a ver al otro dragón, quien movió su cabeza para señalar a los peces en un bufido inofensivo. Con el permiso dado el dragón de Agua empezó a tomar bocados grandes controlando su necesidad de agarrar como desesperado al sentir un sabor dulce entre el sabor normal del pescado. —“Ahora, cuando termines de comer te seguiré enseñando más habilidades de tu índole”“Espera”— Neuvillette tragó un bocado de peces al alzar su cabeza— “Yo también quiero disculparme por ayer, actúe muy hostil hacia ti cuando estás tomándote el tiempo de enseñarme cosas útiles. Perdón por mi comportamiento pasado”“No es necesario, inicialmente fue mi culpa por burlarme, así que déjalo ya y come”“Que no”— el leviatán dio un golpe sordo con su cola en la superficie del lago sin romper el hielo— “Estabas siendo amable, y te reíste sin malas intenciones, el irrespetuoso fui yo. Déjame disculparme como se debe”“Que terco eres, bien”— el wyvern resopló fuerte sacando una nube blanca de sus fosas nasales— “Acepto tus disculpas ¿Tu aceptas las mías?”“No” Esta vez fue el turno de Neuvillette de reírse al tomar otro bocado de la montaña deshecha de peces, el wyvern rugió agudo en queja empujando con su ala el costado del leviatán, a lo que él le rugió agudo ambos quedando entre risas mentales. Con un ambiente más relajado después de la comida, los dos reptiles gigantes se hicieron a un lado abandonando la superficie del lago por el momento, a las orillas de este el wyvern inhaló profundo soltando el aire en un bufido. —“Intentarás de nuevo levitar, debes dominar bien eso para volar en cualquier situación y ambiente, no en todos lados habrá ríos u océanos para que puedas moverte”“Ya lo dominé, bueno algo similar a eso, la altura máxima que alcancé fueron siete metros” Los dos se miraron a los ojos, uno con expresión de orgullo por su pequeño logro independiente, a diferencia de la expresión del otro que pensaba que estaba viendo a una cría feliz solo por exhalar su poder cuando eso era algo natural. —“No es suficiente siete metros, debes ser capaz de llegar hasta por encima de las nubes sin miedo a caer”“Pero a mí me gusta estar cerca de la tierra”“¿Y si debes saltar un cañón como piensas hacerlo? ¿Bajando por la ladera y cruzando distancia innecesaria gastando tiempo valioso?” El leviatán bufó vencido por esa lógica, giró su cabeza a un lado para recuperar dignidad antes de levantarse de su postura sentada dando por implícito estar listo para la lección. —“Intenta sentir el agua evaporada en el aire, concentra las moléculas a tu alrededor y cuando puedas percibirlas sin necesidad de agruparlas convierte el peso de tu cuerpo en el de una pluma mezclándose con ellas”“¿Qué no era suficiente con convertir mi cuerpo en gas sin dispersarse? Eso dijiste ayer”“Si, pero mientras más subas al cielo habrá más moléculas de agua, y no vas a necesitar modificar tanto tu peso para deslizarte entre ellas”— el wyvern miró al cielo despejado— “Volver tu cuerpo tan ligero como gas es para ayudarte a ascender, ya lo suficiente alto podrás flotar más fácil sin enfocar tanto poder” Neuvillette entrecerró los ojos con molestia por la falta de información del día de ayer, pero se relajó al recordar sobre tratar con más amabilidad al dragón de Hielo. Cerró los ojos concentrándose en aligerar el peso de su alargado cuerpo serpentario, no le costó levitar siete metros por encima del suelo al inicio, pero cuando intentó ascender un poco más sintió cansancio mental y físico. El esfuerzo de concentrar tanto poder en un nivel más alto al normal era más desgastante a lo pensado. —“No puedo”— su voz mental salió en un pujido de cansancio. —“Si puedes, solo es cuestión de ir acostumbrando a tu cuerpo a la sensación de presión extra por usar tu poder de forma más concentrada”“Siento que… me voy a desmayar”“Sigue, si caes te atrapo” El leviatán apretó sus parpados con más fuerza al sentir su cuerpo ascender unos metros más, como si le hubieran cortado un cable en la cabeza, de repente su cuerpo se volvió más pesado cayendo cual peso muerto. Había alcanzado a subir quince metros antes de colapsar por el esfuerzo, el golpe no llegó al ser reemplazado por un cuerpo inmenso que lo colocó sobre su lomo a tiempo. El wyvern se alzó sin volar para atraparlo en el aire, su ala seguía lastimada por el chorro de agua lanzado el día de ayer, así que no fue un rescate tan glorioso como esperaba. —“No siento mi cuerpo”“Está bien, estás bien, fue suficiente practica por hoy”— el dragón de Hielo giró su cabeza para tirar sin fuerza una pata del otro dragón acomodándolo mejor sobre él— “En lo que te recuperas iremos a otro lugar para tu siguiente lección, no necesitas caminar, quédate ahí” En pasos cuidadosos el wyvern inició su andar con el leviatán sobre su lomo, con la cabeza agachada para servirle de soporte a la cansada cabeza de Neuvillette, dejando solo su cola arrastrarse al costado de la del wyvern. El camino fue silencioso con el ruido de las pisadas en la nieve como única compañía, por alguna razón la tormenta de nieve había quedado atrás dejando un paisaje nevado más amable para ellos. El leviatán tenía una sospecha sobre esa tormenta, pero era muy pronto para preguntar por eso, así que mejor se acomodó en el lomo del otro para preguntar otras cosas que le rondaban la cabeza desde hace días. —“¿Cómo sabes habilidades de mi elemento si eres de hielo?”“Son principios básicos de los elementos, además el hielo viene del agua y sus manejos no son tan diferentes entre s픓Pero, así como son lo mismo solo en diferentes estados, tú no puedes lanzar agua y yo no puedo congelar mi aliento ¿Entonces cómo?”“Tal vez tengas razón, tal vez no, la única verdad aquí es que gran parte de las enseñanzas que se le puede dar a un dragón de Hielo sirven para un dragón de Agua”— el wyvern guardó silencio unos segundos antes de decir en susurro nostálgico mental— “Eso me dijo mi madre una vez” El silencio siguiente no fue pesado ni incomodo después de ese oír comentario del pasado, incluso la respiración de Neuvillette se acompasó con la del wyvern, la sensación de no caminar una larga distancia le ayudó al leviatán a pensar más cosas, sobretodo de los conocimientos que se dragón le estaba enseñando sin pedir algo a cambio. Era extraño ¿Un dragón enseñándole a otro sin pedir algo en recompensa? Era algo muy altruista viniendo de una criatura conocida por su temperamento asesino, un ser que se le relacionaba de inmediato con la ira y a veces la avaricia. Al parecer Neuvillette no era el único raro de su raza.
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