Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Perca Rosa"

Ajustes
Los días pasaban rodeados de nieve con la extraña compañía del wyvern, Neuvillette salía a cazar por si solo con la sensación de alguien vigilándolo sin amenaza en sus intenciones, cada que se giraba para ver por entre la nieve solo veía una silueta borrosa en el aire aullante. Sin peligro, sin la necesidad de defenderse. Ese día se aventuró a acercarse a la silueta desde un punto ciego, de un salto le cayó encima al dragón de Hielo con un rugido agudo en juego. El otro dragón se hizo a un lado para hacer rodar al leviatán consiguiendo someterlo bajo una garra membranosa, con un giro experto después de practicar varias veces por sí solo, el leviatán se zafó del agarre mordiéndole el hocico al wyvern. —“Te atrap锓Aun no, cuidado atrás” Con un coletazo en su costado el leviatán salió disparado a un lado, así el dragón de Hielo se posó sobre el otro sujetándole del hocico, regresando su atrevimiento. —“Gané” Neuvillette rio en su mente antes de darle un zarpazo sin garras en la cabeza al otro, ya libre del peso ajeno encima suyo se sacudió desde la cabeza hasta su cola, se giró con el hocico entreabierto en una sonrisa algo sutil debido a su aspecto. —“Así que, el tan solitario dragón de Hielo me estuvo espiando estos cinco días mientras cazaba por mi cuenta”— se sentó erguido con su hocico levantado— “¿Me estabas cuidando?”“¿Crees que tengo tiempo para cuidarte?”— el wyvern le dio una mirada de reojo al ladear su cabeza a la derecha— “Vigilaba que no fueras a alterar la fauna de la tundra con tu caza indiscriminada, que para tu información los osos polares no se cazan, solo los herbívoros”“Oh, lo siento, no sabía eso. Mis disculpas”“Está bien, a los cachorros se les perdona la primera vez sus errores, ahora ya lo sabes”— la risa mental apareció dos segundos después a causa del resoplo indignado del leviatán. —“Ya dejé de ser un cachorro ¿No crees? Sé cazar, puedo nadar en aguas frías, sé flotar. Bueno solo unos metros. Entonces, soy ya un adulto ¿No?”“En realidad… no”— el wyvern miró al leviatán, empujándolo con una de sus garras para tirarlo boca arriba y reír— “Dominas lo básico aún, si eso fuera lo más difícil para un dragón según tú, hasta un ave podría ser un dragón” Sin decir una palabra más al otro, los pasos pesados del wyvern se alejaron en la seguridad de que sería seguido por el dragón de Agua, y así fue. En saltos jubilosos sintiéndose más cerca al huraño dragón de Hielo, a veces le daba empujones en el costado siendo regañado sin tanta fuerza como al inicio, también porque los empujones no eran tan brutos como antes.   Los fiordos se veían igual de esplendidos como aquel día, a diferencia del peligro probable de ser devorado por un pulpo gigante de río, el wyvern llevó a una laguna más cerca del centro de los fiordos al leviatán. Una donde se podían ver túneles subterráneos en el fondo gracias al agua tan cristalina que reposaba en ese sitio. Con un siseo amigable, el dragón de Hielo se echó cerca de la orilla cual depredador vigilante de su familia, el movimiento de cabeza fue sutil. —“¿Otra lección para soportar el frío de la tundra?”“Exacto, aquí el agua es un poco más fría que la de hace unos días, estas lecciones no son solo de un día y ya”“Quiero quejarme de forma oficial”“No, ya toleré tus empujones en el camino, ahora tu aguantarás mis lecciones. Anda” Neuvillette rasguño la arenisca antes de girarse para rugirle en desacuerdo al wyvern, el otro solo se le quedó viendo con los ojos entrecerrados antes de rodarlos, acostando su cabeza a un costado. El leviatán estaba muy consciente que si ese dragón en realidad fuera a actuar en represalia por su rugido no seguiría ahí acostado sin ninguna preocupación. Con un resoplo resignado movió su cuerpo serpentario al agua, sin pensar unos segundos antes en entrar paso por paso, lo pensó ya al estar en el agua fría calándole las aletas recién cambiadas. Ese dragón tenía razón, la temperatura era diferente a la de hace unos días, con un siseo en pánico salió del agua dando saltos sin cambiar sus aletas, solo se mentalizó el nivel de temperatura del agua antes de regresar a ella. En un salto lleno de terquedad cayó en el centro de la laguna, salpicando agua en dirección a la cabeza del wyvern dormido, que se despertó en seguida acompañado de un siseo quejoso. El leviatán solo rugió en burla en una orquesta de siseos y gorgoteos agudos más limpios y claros, ya con su temperatura adecuada al frío del agua. —“Eres un miserable… ¡Ven aquí!” Neuvillette gritó en su mente al hundirse por completo en el lago en una nueva lección no planeada ese día. Escapar con éxito. El wyvern se sumergió en el agua con agilidad inesperada para un ser tan inmenso, su cola de caimán aplanada lo impulsó cual proyectil hasta el dragón de Agua. En un atajo espontaneo, Neuvillette entró a uno de los túneles enroscándose sobre sí, con una risa tan socarrona en la mente de ambos cuando la cabeza del wyvern se atascó por un instante en el agujero del túnel por culpa de esa cresta de hielos templados. Con el empujón de sus patas traseras zafó su cabeza en un gruñido mental, mirando al leviatán con los colmillos fuera antes de relajarse abriendo los ojos por completo, su atención se desvió a un lado del otro dragón. —“No te muevas, tienes una de las mejores presas a tu derecha” Neuvillette entornó los ojos a su costado sin mover mucho su cabeza, casi sin respirar por sus branquias para no crear burbujas. Sin esperar a verificar de qué clase de presa hablaba el wyvern, apenas estuvo en su radar tiró la mordida sintiendo la carne de algo entre sus colmillos. Sus antenas brillaron en alegría al encontrarse con la mirada azul profundo del otro reptil, en movimientos de zigzag salió de su escondite hasta la superficie, nadando orgulloso a la orilla para dejar lo que sostenía en sus colmillos. Un pescado rosa con manchas rosas más fuertes en el vientre cayó a la arenisca, no se movía por el inmenso agujero en su cuerpo por uno de los colmillos de Neuvillette. —“Ya había visto esta clase de pez antes” Buscó al otro dragón con la mirada para esperar su respuesta sobre ese deja-vú algo borroso, el wyvern salió del agua sacudiendo su cuerpo sin tantas quejas por el cambio de ambiente. —“Se llama ‘Perca Rosa’ y su sabor es de los más sabrosos en la cocina, a diferencia de la perca normal, esta es tan dulce que debe acompañarse con otros sabores para no empalagar”“¡Ah, ya la recuerdo! La cazaste en la tundra, si, cuando estabas en el lago congelado”“Es un pez con gran adaptabilidad, leviatán. Puede vivir en aguas cálidas y frías, esta variante soporta el frío de la misma tundra incluso cuando es invierno, el problema es que vive en cavernas subterráneas y no cualquier dragón logra llegar tan al fondo” Neuvillette estaba más emocionado al tener el sabor dulce de la perca en su lengua bífida que no notó ese cambio de nombre de parte del wyvern, ni siquiera le pidió repetirlo cuando agarró al pescado en la arenisca dándole una mordida. El dulzor sin ese sabor asfixiante a pescado golpeó las papilas gustativas del dragón de Agua, masticó varias veces la carne magra hasta recordar que los peces tienen espinas, detuvo sus movimientos para mirar al otro dragón con cara de pánico infantil. —“Tiene espinas…”“Todos los peces tienen espinas, bruto. Incluso los más pequeños, pero eres un dragón y no van a clavarse en tu lengua, no seas cría”“¿Seguro? He escuchado de muertes por espinas de pescado” Si fuera capaz de rodarle los ojos con los labios hechos en una delgada línea, lo habría hecho el wyvern, pero solo pudo resoplar con cansancio. —“No seas dramático y termina ese pescado” Neuvillette agarró en cámara lenta el resto del pescado, pero en vez de tragarlo como esperaba el otro, lo lanzó al agua antes de correr despavorido, el wyvern le rugió en regaño por desperdiciar comida de esa forma. —“¡Regresa acá y comete ese pescado!”“¡No moriré por una espina clavada en mi garganta!”“¡Eres un exagerado, pescado terrestre delicado!”  

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  La corrida les había pasado factura después de quince minutos, más al leviatán quien se sentía tembloroso por el frío en sus patas mojadas anteriormente. La nieve se le había pegado por debajo de sus garras, congelándole los nervios de sus patas. El wyvern solo estaba cansado con su hocico entreabierto mirando a un costado entre la capa blanca y el aire alborotado por la nieve, como corrieron sin una dirección en especial regresaron a la tundra un poco después hasta detenerse en una de las zonas en tormenta. —“Ven, aún queda una lección el día de hoy antes de llevarte a otro lado” Un aletazo en la nieve de parte del wyvern llamó la atención del dragón de Agua, quien gruñó de molestia por sus patas entumidas, culpa de su imprudencia al correr de regreso a la nieve y el hielo. No pudo quejarse mucho, retomó el ritmo al ver alejarse al dragón de Hielo sin pedir permiso al otro, con unos saltos aquí y allá para despertar sus patas del congelamiento alcanzó a su compañero. Ambos no se lo habían dicho de forma directa en sus momentos juntos, pero la familiaridad se volvía más real conforme pasaban los días encontrándose en los paisajes de la tundra, haciendo lecciones más para el beneficio de Neuvillette que otra cosa. Se podían llamar amigos o conocidos, eso sí el dragón de Hielo no se sentía cómodo diciendo adjetivos tan personales de un gran peso, pero el hecho de que el leviatán pudiera hacer reír más fácil al wyvern decía mucho sobre la confianza entre los dos. Eran tiempos compartidos apacibles, tanto que el dragón de Agua no mantenía en mente la verdadera razón de haber ido a la tundra en primera instancia. No era su hábitat normal ni como dragón ni humano, eso era un hecho, pero en esos días el frío se sentía como hogar. El frío nunca había sido su mayor fuerte de ese Juez que antes se identificaba más como un humano, ahora era un abrazo silencioso para caminar en su verdadera piel.   Un dragón. Y gracias a ese wyvern helado tan huraño al inicio de sus encuentros, ahora se había vuelto su primer pensamiento cuando se trataba de sentirse uno de su especie.   Los pasos de las grandes patas de ambos reptiles formaron un curioso camino de huellas, unas más pequeñas a las otras, una muestra clara de la diferencia de tamaño de Neuvillette y el wyvern. El leviatán podía ser un dragón más largo por su aspecto serpentario con aletas, cresta y una cola de pez casi como la de un pez beta, pero al erguirse no alcanzaba más de los doce metros de altura, sin contar sus antenas que funcionaban como orejas. En cambio, el wyvern al ponerse totalmente erguido sin alzar su cabeza por completo ya alcanzaba los catorce metros, era uno de los dragones más altos que Neuvillette haya visto. Aunque no había medido bien la estatura de los demás Soberanos mientras estuvo en esa sala de las montañas, ninguno debía ser tan alto como él. Si lo eran debía ser una diferencia corta. Su musculatura también era otra cosa, aun siendo un dragón se le notaban los músculos en sus patas membranosas y sus patas traseras, su cuello corto le daba ese aire intimidante que las primeras veces le daba escalofríos al leviatán. El hocico chato podría ser una debilidad para defenderse si ese dragón no supiera como romper huesos en una vuelta cual caimán. Era sorprendente en muchos aspectos. —“…y de ahí regresaremos al camino principal ¿Quedó claro?” Neuvillette parpadeó varias veces, no por culpa de la nieve en sus parpados, sino porque se mantuvo concentrado en apreciar la figura del wyvern este camino sin prestarle atención a las palabras del otro. Se apresuró un poco en su andar llegando a estar hombro con hombro y asentir, sin saber con exactitud a que acababa de darle permiso. Y no quería preguntar por la explicación completa, en otra situación con otra persona o criatura le habría pedido disculpas seguido de preguntar de forma amable si podían repetirle lo dicho, pero con el wyvern se mordió la lengua bífida para comerse la vergüenza. —“Si, sí, me gusta esa idea”“¿Seguro? ¿No vas a arrepentirte a la mitad del plan?” Neuvillette solo rogó al cielo que no acabará de darle permiso de torturarlo por el resto del día. —“Si, confío en ti, así que no tengo problema” Le dio una sonrisa algo nerviosa, o una sonrisa algo figurativa, sus músculos faciales no le ayudaban mucho a sonreír como quería. Los dos caminaron por el sendero nevado rodeados de la tormenta nevada a paso calmo, para el alivio temporal del leviatán, al menos estaban sin prisa para ir a su primer destino.  

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  A la próxima pediría repetir la información sin importar si se moría de vergüenza por dentro, esto era un martirio en el significado completo de la palabra. Neuvillette colapsó sobre la nieve por tercera vez en menos de dos horas o algo parecido, había perdido la cuenta de los minutos después de sentir la nieve golpear su cara la primera vez. El wyvern lo había llevado a un claro en medio de pura nueve, sin montañas a la vista o el océano, suficiente espacio para que dos dragones pudieran batirse a duelo amistoso sin causar alteraciones al terreno, o lastimar a algún animal indefenso que se cruzara en la línea de fuego. —“Por favor, te lo imploro, ya no aguanto más”“Levántate, aún no hemos terminado” Con un coletazo en la nieve, el wyvern se impulsó hacia adelante tomando de la pata al leviatán, jalándolo unos metros hasta ponerlo de pie en contra de su voluntad. Se alejó la distancia necesaria para darle espacio con intención de que se recompusiera de la caída anterior. La lección era de combate entre dragones, ya que el dragón de Hielo había recordado la primera vez cuando ambos se conocieron y Neuvillette estaba a punto de ser asesinado por dos dragones abusivos, desconocía la razón de ese intento de asesinato, pero si no pudo hacer nada significaba que ese leviatán tenía una habilidad nula de combate contra otro de su especie. Y era cierto. Neuvillette podía combatir en su forma humana usando su poder sobre el dominio del agua, abatir al Narval Devoraestrellas dimensional, aplacar el poder emergente de un Heraldo Fatui y crear sellos poderosos para retener al mismo Mar Primigenio. No eran seres tan fuertes como otro dragón, tal vez el Narval se le comparaba al poder de un dragón, pero lo había vencido usando su forma humana, no como uno de su especie. Esa era la diferencia. —“Aquí eres el depredador ápice, los únicos capaces de derribarte es otro de nosotros, y no todos son amables al momento de combatir, ni te pedirán permiso para usar sus poderes contra ti” A diferencia del tono de voz comprensivo de antes, la voz mental actual del wyvern sonaba con un gruñido entre líneas casi como un regaño fuerte. No era con intenciones de hacerle sentir menos o pequeño a Neuvillette. No, era para hacerle entender que la diplomacia en estas tierras era lo último en las opciones para un dragón, la primera siempre sería un combate para marcar su dominio por sobre otros. —“Así que anda, atácame con tu poder y tu fuerza máxima”“No quiero hacerte daño” Los ojos violetas del leviatán buscaron los azules profundos del wyvern, ambos se miraron en silencio antes de que el dragón de Hielo hiciera una arremetida falsa, derrapando a centímetros del otro dragón con su hocico entreabierto por encima de su cabeza. —“Hazlo, o muere” Neuvillette rugió en queja con los ojos suplicando, no quería causarle una herida de gravedad al otro, pero si era necesario para terminar esa lección por ese día lo haría a regañadientes y con un gran pesar en su pecho. Alzó su garra empujando la cabeza del otro para darle espacio a levantarse, así ya parado sobre sus cuatro patas el leviatán saltó al frente con los colmillos de fuera, listo para clavarlos en el cuello del wyvern, su imprudencia le costó el ataque. Fue bloqueado por un coletazo en su pata trasera haciéndolo derrapar. El dragón de Hielo lo sometió con facilidad agarrándolo con su pata membranosa por una de las antenas, causándole un aullido agudo al leviatán, con un agarre firme por la base de su mandíbula, el wyvern lo alzó estampándolo contra el hielo. Neuvillette gruñó agudo acompañado de un siseo, empujando con sus patas delanteras el hocico bien afianzado en su cráneo. —“¡Lucha más, usa tu cuerpo como fuerza principal!” El leviatán rugió en coraje al empujarse con sus patas traseras a un lado, clavando sus garras en la nieve, en un esfuerzo titánico se zafó del agarre para girar sobre sí mismo y saltarle en el lomo al otro recordando lo que hizo aquella vez. En un movimiento rápido sin darle tiempo a pensar al otro dragón, se enroscó alrededor suyo sin asfixiarlo, solo sometiéndolo en su lugar agarrándose de sus patas traseras con las suyas y su mandíbula atorada por debajo de su cresta. Sin poder quitárselo de encima, el wyvern se acostó en la nieve con un suspiro orgulloso mental. —“Bien hecho, y como toque final en caso de emergencia gira tu cabeza a un lado para romperle la columna al contrincante”“¿Cómo? ¿Así?”“¡No te atrevas, pescado terrestre!” Neuvillette se rio en su mente, resonando sus risas suaves en la mente del otro. De forma inconsciente durante su risa, le soltó del agarre pegando su cabeza con el costado de la del contrario.   El wyvern no se movió para quitárselo de encima.
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