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La corrida les había pasado factura después de quince minutos, más al leviatán quien se sentía tembloroso por el frío en sus patas mojadas anteriormente. La nieve se le había pegado por debajo de sus garras, congelándole los nervios de sus patas. El wyvern solo estaba cansado con su hocico entreabierto mirando a un costado entre la capa blanca y el aire alborotado por la nieve, como corrieron sin una dirección en especial regresaron a la tundra un poco después hasta detenerse en una de las zonas en tormenta. —“Ven, aún queda una lección el día de hoy antes de llevarte a otro lado” Un aletazo en la nieve de parte del wyvern llamó la atención del dragón de Agua, quien gruñó de molestia por sus patas entumidas, culpa de su imprudencia al correr de regreso a la nieve y el hielo. No pudo quejarse mucho, retomó el ritmo al ver alejarse al dragón de Hielo sin pedir permiso al otro, con unos saltos aquí y allá para despertar sus patas del congelamiento alcanzó a su compañero. Ambos no se lo habían dicho de forma directa en sus momentos juntos, pero la familiaridad se volvía más real conforme pasaban los días encontrándose en los paisajes de la tundra, haciendo lecciones más para el beneficio de Neuvillette que otra cosa. Se podían llamar amigos o conocidos, eso sí el dragón de Hielo no se sentía cómodo diciendo adjetivos tan personales de un gran peso, pero el hecho de que el leviatán pudiera hacer reír más fácil al wyvern decía mucho sobre la confianza entre los dos. Eran tiempos compartidos apacibles, tanto que el dragón de Agua no mantenía en mente la verdadera razón de haber ido a la tundra en primera instancia. No era su hábitat normal ni como dragón ni humano, eso era un hecho, pero en esos días el frío se sentía como hogar. El frío nunca había sido su mayor fuerte de ese Juez que antes se identificaba más como un humano, ahora era un abrazo silencioso para caminar en su verdadera piel. Un dragón. Y gracias a ese wyvern helado tan huraño al inicio de sus encuentros, ahora se había vuelto su primer pensamiento cuando se trataba de sentirse uno de su especie. Los pasos de las grandes patas de ambos reptiles formaron un curioso camino de huellas, unas más pequeñas a las otras, una muestra clara de la diferencia de tamaño de Neuvillette y el wyvern. El leviatán podía ser un dragón más largo por su aspecto serpentario con aletas, cresta y una cola de pez casi como la de un pez beta, pero al erguirse no alcanzaba más de los doce metros de altura, sin contar sus antenas que funcionaban como orejas. En cambio, el wyvern al ponerse totalmente erguido sin alzar su cabeza por completo ya alcanzaba los catorce metros, era uno de los dragones más altos que Neuvillette haya visto. Aunque no había medido bien la estatura de los demás Soberanos mientras estuvo en esa sala de las montañas, ninguno debía ser tan alto como él. Si lo eran debía ser una diferencia corta. Su musculatura también era otra cosa, aun siendo un dragón se le notaban los músculos en sus patas membranosas y sus patas traseras, su cuello corto le daba ese aire intimidante que las primeras veces le daba escalofríos al leviatán. El hocico chato podría ser una debilidad para defenderse si ese dragón no supiera como romper huesos en una vuelta cual caimán. Era sorprendente en muchos aspectos. —“…y de ahí regresaremos al camino principal ¿Quedó claro?” Neuvillette parpadeó varias veces, no por culpa de la nieve en sus parpados, sino porque se mantuvo concentrado en apreciar la figura del wyvern este camino sin prestarle atención a las palabras del otro. Se apresuró un poco en su andar llegando a estar hombro con hombro y asentir, sin saber con exactitud a que acababa de darle permiso. Y no quería preguntar por la explicación completa, en otra situación con otra persona o criatura le habría pedido disculpas seguido de preguntar de forma amable si podían repetirle lo dicho, pero con el wyvern se mordió la lengua bífida para comerse la vergüenza. —“Si, sí, me gusta esa idea” —“¿Seguro? ¿No vas a arrepentirte a la mitad del plan?” Neuvillette solo rogó al cielo que no acabará de darle permiso de torturarlo por el resto del día. —“Si, confío en ti, así que no tengo problema” Le dio una sonrisa algo nerviosa, o una sonrisa algo figurativa, sus músculos faciales no le ayudaban mucho a sonreír como quería. Los dos caminaron por el sendero nevado rodeados de la tormenta nevada a paso calmo, para el alivio temporal del leviatán, al menos estaban sin prisa para ir a su primer destino.⸻ৎ୭⸻
A la próxima pediría repetir la información sin importar si se moría de vergüenza por dentro, esto era un martirio en el significado completo de la palabra. Neuvillette colapsó sobre la nieve por tercera vez en menos de dos horas o algo parecido, había perdido la cuenta de los minutos después de sentir la nieve golpear su cara la primera vez. El wyvern lo había llevado a un claro en medio de pura nueve, sin montañas a la vista o el océano, suficiente espacio para que dos dragones pudieran batirse a duelo amistoso sin causar alteraciones al terreno, o lastimar a algún animal indefenso que se cruzara en la línea de fuego. —“Por favor, te lo imploro, ya no aguanto más” —“Levántate, aún no hemos terminado” Con un coletazo en la nieve, el wyvern se impulsó hacia adelante tomando de la pata al leviatán, jalándolo unos metros hasta ponerlo de pie en contra de su voluntad. Se alejó la distancia necesaria para darle espacio con intención de que se recompusiera de la caída anterior. La lección era de combate entre dragones, ya que el dragón de Hielo había recordado la primera vez cuando ambos se conocieron y Neuvillette estaba a punto de ser asesinado por dos dragones abusivos, desconocía la razón de ese intento de asesinato, pero si no pudo hacer nada significaba que ese leviatán tenía una habilidad nula de combate contra otro de su especie. Y era cierto. Neuvillette podía combatir en su forma humana usando su poder sobre el dominio del agua, abatir al Narval Devoraestrellas dimensional, aplacar el poder emergente de un Heraldo Fatui y crear sellos poderosos para retener al mismo Mar Primigenio. No eran seres tan fuertes como otro dragón, tal vez el Narval se le comparaba al poder de un dragón, pero lo había vencido usando su forma humana, no como uno de su especie. Esa era la diferencia. —“Aquí eres el depredador ápice, los únicos capaces de derribarte es otro de nosotros, y no todos son amables al momento de combatir, ni te pedirán permiso para usar sus poderes contra ti” A diferencia del tono de voz comprensivo de antes, la voz mental actual del wyvern sonaba con un gruñido entre líneas casi como un regaño fuerte. No era con intenciones de hacerle sentir menos o pequeño a Neuvillette. No, era para hacerle entender que la diplomacia en estas tierras era lo último en las opciones para un dragón, la primera siempre sería un combate para marcar su dominio por sobre otros. —“Así que anda, atácame con tu poder y tu fuerza máxima” —“No quiero hacerte daño” Los ojos violetas del leviatán buscaron los azules profundos del wyvern, ambos se miraron en silencio antes de que el dragón de Hielo hiciera una arremetida falsa, derrapando a centímetros del otro dragón con su hocico entreabierto por encima de su cabeza. —“Hazlo, o muere” Neuvillette rugió en queja con los ojos suplicando, no quería causarle una herida de gravedad al otro, pero si era necesario para terminar esa lección por ese día lo haría a regañadientes y con un gran pesar en su pecho. Alzó su garra empujando la cabeza del otro para darle espacio a levantarse, así ya parado sobre sus cuatro patas el leviatán saltó al frente con los colmillos de fuera, listo para clavarlos en el cuello del wyvern, su imprudencia le costó el ataque. Fue bloqueado por un coletazo en su pata trasera haciéndolo derrapar. El dragón de Hielo lo sometió con facilidad agarrándolo con su pata membranosa por una de las antenas, causándole un aullido agudo al leviatán, con un agarre firme por la base de su mandíbula, el wyvern lo alzó estampándolo contra el hielo. Neuvillette gruñó agudo acompañado de un siseo, empujando con sus patas delanteras el hocico bien afianzado en su cráneo. —“¡Lucha más, usa tu cuerpo como fuerza principal!” El leviatán rugió en coraje al empujarse con sus patas traseras a un lado, clavando sus garras en la nieve, en un esfuerzo titánico se zafó del agarre para girar sobre sí mismo y saltarle en el lomo al otro recordando lo que hizo aquella vez. En un movimiento rápido sin darle tiempo a pensar al otro dragón, se enroscó alrededor suyo sin asfixiarlo, solo sometiéndolo en su lugar agarrándose de sus patas traseras con las suyas y su mandíbula atorada por debajo de su cresta. Sin poder quitárselo de encima, el wyvern se acostó en la nieve con un suspiro orgulloso mental. —“Bien hecho, y como toque final en caso de emergencia gira tu cabeza a un lado para romperle la columna al contrincante” —“¿Cómo? ¿Así?” —“¡No te atrevas, pescado terrestre!” Neuvillette se rio en su mente, resonando sus risas suaves en la mente del otro. De forma inconsciente durante su risa, le soltó del agarre pegando su cabeza con el costado de la del contrario. El wyvern no se movió para quitárselo de encima.