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Navia caminó entre las tiendas fingiendo estar en medio de una pequeña caminata nocturna, su cabello trenzado ondeaba en la punta por el viento helado de la noche, saludó a las otras personas que se le cruzaban en el camino antes de llegar a su destino. Una tienda más grande a las demás casi igual de ancha como la del jefe del pueblo, pero no tan llena de joyas como esa, algo más sobria en sus colores y adornos. Su plan era sencillo, entraría a la tienda sin hacer mucho ruido ni revolver tanto las cosas dentro, y si estaba ahí el dueño de la tienda solo hablaría con él sin necesidad de hacer un allanamiento. Se paró frente a la entrada de la tienda y con una bocanada previa para tomar aire se calmó los nervios, juntó sus manos sobre su abdomen y sonrió lo más amigable posible. —Señor Kalaham ¿Puedo hablar con usted? Su tono de voz fue en la décima perfecta para sonar suave quitando esas intenciones detrás de haber ido a investigar, esperó unos cinco segundos ahí de pie antes de suspirar rendida. Con una vista rápida a los alrededores asegurándose de no tener a alguien espiando, abrió la tela de la tienda encontrándose el lugar a oscuras sin alguien ahí dormido. Eso no fue lo decepcionante de la situación. Eso era la descripción exacta de minimalista en toda su expresión, solo había una cama grande de pieles y otras cosas, un baúl a un lado con ropa en su interior y nada más allá de cosas esenciales como cuchillos. Nada más. No había una mochila con cosas personales, o alguna foto desdibujada sobre el baúl, alguna pista del origen de ese hombre. Ni una sola pista. Navia removió con pena entre la ropa del baúl buscando incluso una libreta donde él escribiera anotaciones personales o de viaje, era solo ropa apilada sin mucho cuidado. Ella exhaló decepcionada en alguna forma por no haber conseguido ni un solo dato nuevo, se rascó la cabeza mirando a los lados en esa penumbra de la tienda como si en cualquier momento fuera a parecer un libro rodeado de luz donde le dijera cada detalle sobre ese sujeto llamado Kalaham. —Ahora me siento una delincuente por haber entrado. Susurró a sí misma al levantarse con los ánimos bajos dispuesta a salir de la tienda, los sonidos de dos pares de pasos la detuvieron en su lugar unos segundos antes de buscar en desesperación una ruta alterna de escape. La tienda no tenía un corte trasero como la de ella y los chicos, era una sola lona de pieles cosidas entre sí, no había otra opción. Igual a un zorro escapándose de un granero, se tiró al piso escarbando con rapidez hasta crear un hueco suficiente bajo para escurrirse por ahí dando patadas. Callando una queja, salió por la parte trasera de la tienda respirando profundo al sentir la adrenalina bajando por su cuerpo, pensó en irse a la tienda donde seguramente la estarían esperando los demás por noticias nuevas. Iba a ser una noticia, sí, pero no buena. Se detuvo en el acto al alcanzar a escuchar la plática de esas dos personas en la entrada de esa carpa. Una era él, Kalaham, lo reconocía por esa voz profunda entre rasposa y metálica. La otra sonaba apagada con un tono suave, como el de una mujer anciana hablándole a su nieto en una tarde tranquila de visita. Navia se quedó quieta escuchando la conversación en ese idioma que ya dominaba un poco más gracias a las lecciones de las personas tan pacientes. Distinguió algunas frases nada relevantes sobre tareas y si Kalaham podía salir el día de mañana a acompañar a un grupo a cazar más al norte, él respondía sobre organizar sus tiempos para hacer las otras tareas en el día, pero algo llamó la atención de Navia en una frase. La entendió a la mitad, aun así, fue suficiente para hacerla abrir los ojos en su totalidad, cubriéndose la boca para no soltar un suspiro de sorpresa, se movió en silencio ya decida a alejarse de la tienda cuidando de no hacer tanto ruido al pisar la nieve. Ya estando tres viviendas de distancia apuró el paso con el corazón latiéndole fuerte, debía decirle eso al grupo cuanto antes.⸻ৎ୭⸻
—¡Chicos, chicos! Navia entró gritando en un susurro a la tienda, quitándose en el proceso los zapatos y el abrigo aventándolos a un lado, miró a los presentes que solo eran tres. Bueno dos despiertos y una dormida, eso le confundió a la rubia porque esa noche se supone que era cuando Neuvillette los visitaba. —¿Neuvillette no vino hoy? —Ya vino, pero se fue hace unos minutos porque vinieron las cocineras a preguntar si mañana Clorinde podía ir con el grupo de caza. Wriothesley señaló a la verduga del justiciazgo dormida en su nicho de almohadas de pieles y cobijas del mismo material, Furina saludó con la mano a la rubia cuando volteó a verla de soslayo al mirar la tienda completa. —Descubrí algo importante, bueno más bien lo escuché porque en la tienda de Kalaham no hay muchas cosas para revisar. —¡¿Entraste a su tienda sin permiso, Navia?! —¡Ssh, Furina no grites! Navia susurró de nuevo con la cara sonrojada por la vergüenza de esa acusación, terminó asintiendo antes de poner su mano al frente al ver de reojo a Wriothesley levantándose con ese gesto cuando va a arrestar a alguien. Ella se giró diciendo un “nah ah, espera” antes de decir la información de golpe. —Como suponíamos, Kalaham no es humano, al parecer ha vivido siglos aquí en la tundra, no entendí muy bien lo segundo— Navia se hizo a un lado para tener a su izquierda a Wriothesley y a su derecha a Furina— Pero hablaron él y una de las ancianas sobre la fuerza de Kalaham y como él es “capaz de doblegar el terreno salvaje del hielo a su voluntad” supongo es básicamente que puede controlar la nieve y el hielo. —¿Y si no fue la primera vez que se abrió un portal hacia Teyvat? Furina se mantuvo sumida en sus pensamientos, ajena a las miradas de los otros dos presentes ante esa posibilidad dicha en voz alta, ella asintió varias veces a sus ideas antes de alzar la vista, cruzándose con el par de miradas. —¿Qué tal que Kalaham es alguien de Teyvat también? Puede manejar el hielo, eso lo haría un usuario de la Visión Cryo ¿No? Y lo de vivir por siglos podría ser que en Teyvat es de un tiempo antes y al llegar aquí dijo que venía de una era antigua dándole a entender a los demás que ha vivido siglos, pero solo es una mala traducción. —Y eso explicaría por qué habla nuestro idioma ¡Esta muy claro! —Corrección, no se emocionen— Wriothesley alzó una mano viendo a las dos chicas con las sonrisas en sus rostros— Yo también soy un usuario Cryo y el hielo de este lugar no resuena con mi Visión, no puedo manipularlo como “teóricamente” dicen lo hace Kalaham. —¿Entonces como explicarías que puede hablar nuestro idioma y esas cosas dichas por la anciana? —Furina, en esta tierra colisionan muchas dimensiones diferentes y nos lo dijeron los dragones esos enormes en la cámara de roca, él puede ser de alguna dimensión “similar” a la nuestra donde pueden manipular los elementos por igual. No es una afirmación esa teoría, es solo una suposición a base de hipótesis— el Duque señaló al aire como si ahí estuviera de pie el protagonista de la conversación— No hay nada confirmado hasta preguntarle a él directamente. —No podemos, él nos evade o no contesta nuestras dudas cuando le hablamos— Navia se cruzó de brazos hablando en queja por ese problema actual— Ayer cuando Clorinde intentó hablar con él se escapó poniendo de excusa sobre ir a explorar los alrededores en busca de depredadores o amenazas potenciales ¡¿Desde cuándo él está a cargo de eso?! —Es la mano derecha del Jefe de la aldea ¿No has visto? Casi siempre está hablando con ese hombre anciano sobre cosas de la seguridad, comida, caza o pesca organizando tiempos, tiene la libertad de salir de aquí sin sospecha alguna porque los demás le tienen respeto. —Y si lo llegamos a confrontar poniéndolo incomodo nos meteríamos en problemas con el Jefe ¿No es así? — Furina vio a ambos quienes suspiraron rendidos. Era verdad, desde que habían empezado a “seguir” a Kalaham para entablar cercanía con él, cada que él se veía incomodo o molesto por ello el resto de las personas en la aldea les miraba de diferente forma casi con esa misma molestia que él. Lo protegían entre todos y cada uno, incluso los niños, aunque ellos no se guardaban con discreción el enojo cuando veían a Kalaham irritado por alguna insistencia de esos cuatro previamente. Si un día llegaban a hacerlo enfadar de verdad, el Jefe podría expulsarlos de la aldea, regresándolos a la salvaje tundra de donde apenas tenían para comer y eso era más por la ayuda de Neuvillette en su forma de dragón de Agua. Debían ser cuidadosos sin presionar de más a ese hombre misterioso. Con un nuevo plan pequeño, los tres dieron por terminada la conversación de esa noche para apagar las luces en la tienda marcando la hora de dormir.⸻ৎ୭⸻
Esa tarde se sentía diferente a los días anteriores, más cuando Neuvillette se encontró al wyvern de pie mirando al horizonte con su cola quieta, sin moverse de un lado a otro como era casual, sus ojos no se desviaron del océano azul helado cuando el leviatán se acercó a su lado. —“¿Qué piensas, wyvern?” Por primera vez le llamó por un apodo, la conversación de la noche anterior con los chicos le hizo pensar en eso el resto de su descanso nocturno. Se sentía bien, se sentía cercano llamarle por un apodo referente a su forma física, así como él le decía a veces a Neuvillette por “leviatán” en diferentes tonos. —“En muchas cosas”— habló el dragón de Hielo después de un rato en silencio contemplativo— “No pensé en volver a tratar con un dragón mientras viviera, mi corazón no había cerrado la herida lo suficiente para volver a querer acercarme a uno de los míos, pero tu apareciste sin más y sin saber cómo, ayudaste a cerrarme esa herida abierta” Se movió a un lado el dragón de Agua sintiendo una sensación cálida en su pecho, por encima de su corazón, su cola se removió algo nerviosa antes de decidir acostarse al lado del otro ser. Pegando de forma inconsciente su cola con la de él. No fue alejado ni puso distancia entre ambos, solo se quedó ahí mirando al frente en esa forma extraña de calma. —“Tú también... eh”— Neuvillette raspó con sutileza la nieve bajo sus garras mirando al suelo— “Tú también fuiste, bueno eres, el primer dragón con el que he tratado por mucho tiempo” El sonido de la nieve crujiendo bajo el peso le hizo desviar la vista al dragón de Agua, no estaba listo para ver a los ojos al otro dragón, quien le miraba con leve sorpresa. —“Yo no soy de aquí” —“Eso es muy obvio, eres de Agua” —“No, me refiero a… aquí”— de reojo sus ojos violetas vieron a esos ojos azul profundo— “Pero no estamos hablando de mí, tú estabas contando sobre ti, continua” El wyvern resopló tranquilo con un movimiento de cabeza lento para regresar su vista al frente, el sol no se sentía tan cálido como otros días despejados, pero se sentía como un abrazo para calmar el corazón desbocado del leviatán y darle confianza al wyvern de seguir hablando sobre él por primera vez en mucho tiempo. —“Como te habrás dado cuenta desde un inicio, cuando entraste a esta tundra rodeada de tormenta nevada, no había más dragones ni indicios de que hubiera algunos rondando en las sombras” Poco a poco la mirada de Neuvillette se levantó hasta ver el perfil solemne de ese wyvern de Hielo, con una inhalación profunda siguió hablando. —“No es porque estén recluidos o escondidos, es porque ya no hay ningún otro dragón de Hielo en estas tierras aparte de mí” —“¿Qué les sucedió a los demás?” Por un segundo las miradas de ambos chocaron en una danza sutil de emociones. El leviatán, con ese corazón martillando en su pecho debido a la cercanía con el otro, escuchando sus pensamientos tan claros sobre esa emoción extraña que le invadió su cuerpo a los pocos días de tratar con ese ermitaño dragón de Hielo. El wyvern con su mente en calma observando cada facción de ese otro dragón a su izquierda, escamas blancas en la cabeza degradándose a un color azul tan profundo como el océano frente a ellos, hocico alargado de una hermosa figura como boca de caballito de mar, antenas bioluminiscentes que no ayudaban a ocultar los nervios de su dueño y esos ojos violetas llenos de curiosidad, vida, y ese calor extraño. El impulso fue fuerte al inicio, pero se contuvo el dragón de Hielo al inhalar profundo, girando su cabeza de nuevo al enorme cuerpo de agua fría. Cerró los ojos escuchando los gritos, el choque de armas y ese inmundo olor a sangre draconiana sobre la nieve. Una pesadilla recurrente que le quitaba noches de descanso para revivir esos horrores. Ese trauma tan profundo. —“Ven, te enseñaré la verdad de estas tierras, el dolor que inunda esta nieve que quedó atrapado en el hielo eterno” Decidido se levantó sin esperar al otro, sabía que ya estaba de pie por igual siguiéndole de cerca. El wyvern se levantó en sus patas traseras para alzar vuelo por encima de los arboles a una velocidad increíble, el leviatán rugió en leve pánico antes de recordar las lecciones sobre vuelo. Consiguió alzarse por sobre el suelo unos treinta metros sin esfuerzo, se deslizó por el aire entrando en la tormenta nevada consiguiendo más ayuda para subir gracias a la nieve en el aire, el wyvern se posó debajo de él como una sombra protectora en caso de que Neuvillette perdiera altura y cayera por cansancio. Los dos se deslizaron por el aire a su ritmo, la situación se sentía con una seriedad nueva entre ambos sin ser amenazante, sino con un peso importante en el aire. Neuvillette miró abajo a donde el wyvern volaba con calma, guiando al leviatán en su primer vuelo de más de treinta metros de distancia. Al mismo tiempo, cuidándole por cualquier indicio de titubeo en su vuelo, sin pensarlo mucho más como un impulso por esa sensación cálida en su corazón, agachó la cabeza dándole un golpe suave a su cresta. La mirada atenta del dragón de Hielo fue suficiente para hacerle sonreír inconscientemente al dragón de Agua, siguieron volando hasta llegar a un valle rodeado de tormenta, no estaba despejado como esperaba Neuvillette. —“Espera aquí” En un movimiento cuidadoso el wyvern dejó a un lado cerca de los arboles al otro dragón, se adentró a la tormenta desapareciendo de vista, confiando en ese reptil de maneras tan gentiles para tratar con el leviatán escuchó un rugido atronador. La onda expansiva de poder helado abarcó el valle completo antes de ver la nieve suspendida en el aire, como si hubieran parado el tiempo, también el aire aullador que la arremolinaba para cubrir la zona había desaparecido. Ahí en el centro estaba el wyvern con su cresta brillando. La nieve se alzó de golpe disolviéndose en gotas minúsculas de agua despejando el cielo, los rayos de sol fueron iluminando en pedazos el suelo nevado hasta revelar la zona en un parpadeo. Neuvillette se quedó mudo en su mente y en físico, esa zona la reconocía a la perfección. Había pasado a través de ella el primer día cuando él y el grupo llegaron a la tundra buscando a la “Sombra Blanca” conociendo con anterioridad el final de los dragones de ese territorio nevado. Era el valle con esqueletos de dragones y humanos hundidos en la nieve. El cementerio de hielo.