Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Dragones de hielo: Parte I"

Ajustes
Hace 1,500 años atrás aproximadamente.   La tundra rebosaba de vida, no solo había animales invernales disfrutando del ambiente controlado de la zona, sino que había dragones. Los dueños de la nieve y el hielo de tantas formas distintas en sus aspectos y cuerpos, pero una cosa se manifestaba en cada uno de ellos, llevando esa tan distinguida marca de un dragón de Hielo. Sus crestas de hielo templado, a veces eran coronas de picos creando una crin de hielo puro, otras veces eran solo dos cuernos torcidos a los costados de la cabeza, y la más hermosa expresión de esa herencia glacial eran los abanicos de pilares de hielo alrededor de los cráneos de los jóvenes. Sus nidos se encontraban en las cuevas subterráneas de las montañas al suroeste de la tundra donde el hielo era más denso y el frío a casi -50°C donde solo una criatura creada del mismo era capaz de subsistir sin miedo a morir congelado, una sociedad abandonada por el resto de las razas por la envidia de ser los únicos capaces de tener un territorio tan extenso, sin la necesidad irritante de compartirlo con otras razas ni mezclar sus genes con otros. Manteniendo su pureza sanguínea desde tiempos inmemorables, cada Soberano del Hielo se escogía después de mil años de gobernar el Trono, a diferencia de las creencias sobre ellos, se les conocía por ser los dragones más conscientes de su poderío respetando la jerarquía de la cadena alimenticia sin abusar de sus poderes. Como era de esperar, el Soberano actual encontró a su pareja de vida en una joven dragona del clan del norte, ambos tuvieron seis hijos por encima de la cantidad promedio de descendientes para una pareja de dragones. Cada uno con una diferente cresta de hielos alrededor de sus cabezas, del mismo modo cada uno con un nombre digno de su sangre. Grishu, el Soberano del Hielo con sus alas inmensas transparentes cual hielo en primavera, de una cresta desde la frente hasta el final de su cola, en la tierra su figura era signo de respeto y sabiduría fría sin ponerse del lado de nadie. Buscando el acuerdo mutuo para beneficiar a ambas partes. Su forma de wyvern azul profundo como las aguas invernales solía sobrevolar por las montañas del norte, sur y este asegurándose de mantener la paz entre los cuatro clanes. Su compañera de vida, Lainsh, de escamas blancas con una cresta en picos de hielo sobre su lomo y garras de hielo templado, sus ojos blancos perlado eran la característica más rápida para reconocerla entre los demás dragones, además de su etérea forma de dragona delgada de cuatro patas y alas de escarcha. Una distinción heredada a dos de sus seis hijos. El primero de ellos fue llamado Elst-Sonur conocido por seguir los pasos de su padre convirtiéndose en un digno sucesor del Trono de Hielo, en unos pocos años se sentaría en aquel lugar en la Sala de los Tronos en el centro de aquellas Montañas Levitantes tan majestuosas y llenas de orgullo draconico, como tantas veces les contaba Grishu a sus hijos. El segundo fue llamado por Hvítaugu por tener esa bella genética de su madre. Ojos blancos metálicos, con un cuerpo similar al de su padre a diferencia de sus alas de escarcha, el más juguetón de los seis al siempre llevar a sus dos hermanos menores a jugar en las zonas con mayor concentración de nieve para sumergirse en ella y saltar como zorros. El tercero fue una hembra, una hermosa dragona de escamas azul profundo como su padre, pero con la peculiaridad de sus alas y lomo manchado de motas blancas y un hocico albino, sus ojos azul rey contrastaban con ese aspecto fantasmal recibiendo el nombre de Snjóblóm. Recta y justa con esa alma bondadosa, una mezcla perfecta entre los genes de la madre y el padre. El cuarto se le dio el nombre de Storar-Tennur, cuando era una cría recién salida del huevo no se le notó ese rasgo singular hasta que tenía un año de edad. Dos colmillos grandes que sobresalían de su hocico similar al diente de sable, aun con esa distinción tan intimidante, su personalidad era la de un alma joven dispuesto a explorar y ayudar a los demás en lo posible. La quinta fue una hembra también con una deformidad en su cola que más allá de impedirle volar o crearle una dificultad en su andar, le dio ese extra para hacerla capaz de dar vueltas cerradas y volar tan rápido como un halcón peregrino en plena cacería. Llamada Fiorildahali por su cola con dos pares de alas extras. Como una bella cola de mariposa azul. Siendo una joven cría, era la dragona más rápida y audaz de la tundra entera. El sexto y último hijo de mirada llorosa aun dependiente de sus hermanos mayores y padres, se le consideraba el pequeño de la familia de titanes nevados con esa forma de wyvern. La cresta de hielo temblado apenas se le veía junto a sus curiosas púas desde su frente por delante de su cresta bajando por su crin y lomo hasta la base de su cola pintánda de blanco. Yngri, por ser el más joven de los seis. Cada uno de ellos vivían en la cueva principal dentro de la montaña nevada, los dos mayores tenían la edad de buscar sus propios nidos, pero el calor familiar los mantenía juntos en esa enorme familia de dragones. Ese día, en una mañana clara sin tantas nubes de tormenta rodeando la cima del lugar, el Soberano del Hielo salió a ver la luz del sol de verano con un gruñido similar a un bostezo draconico. Estiró sus alas de forma perezosa antes de sacudirse, despertándose por completo, giró sobre su peso al sentir la presencia de su compañera detrás suyo en su andar elegante con sus alas replegadas a los costados. Ambos chocaron sus hocicos de forma suave en ese saludo intimo entre amantes, Grishu siseó alegre al restregarse por debajo del hocico de Lainsh fingiendo ser un felino contento. —“Tienes que ir a patrullar, anciano”“¿Anciano yo? Tu eres mayor por doscientos diez años, la anciana es otra” Una mordida en su cuello le hizo gruñir agudo al imponente dragón de Hielo, levantó su cabeza para acicalar la frente de su compañera. Ella solo cerró los ojos en gusto por ese gesto mañanero tan sincero. —“Iré a ver a los demás, si Hví se lleva de nuevo a nuestras dos pequeñas crías dile que no vaya hasta el mar de témpanos, no quiero volver a hacer un rescate de emergencia con el corazón en mis colmillos a punto de estallar”“Sabes que ese hijo nuestro disfruta de llevar a explorar a Fioril e Yngri, no puedo detenerlo atándole la cola a las estalactitas”“Entonces que lleven el cristal de guía, que no sean imprudentes” Lainsh le miró con los ojos entrecerrados gruñendo de forma quedita a su compañero de vida con esa autoridad maternal, suficiente para hacer que Grishu dejara de hablar tan rudo. El Soberano de Hielo era conocido por ser objetivo en cada una de sus decisiones, de mano firme al hacer un plan, pero cuando se trataba de ella era el primero en agachar la cabeza. Los dos se habían elegido por amor verdadero, atracción real, no para preservar la fuerza de su sangre ni por lazos estratégicos entre los dos clanes de la tundra. Era respeto, entrega y devoción verdadera. —“Perdóname”“Siempre, ahora vete antes de que te arranque un pedazo de hielo de tu cabeza” Las risas mentales de ambos resonaron en sus cabezas, con un fuerte batir de alas el Soberano emprendió vuelo con dirección a las zonas alejadas del este de la tundra, antes de irse giró sobre su eje para darle un rugido amoroso a su compañera. La inmensa figura del dragón desapareció entre la niebla matutina gracias a la densa concentración de nieve a esas alturas, solo entonces Lainsh volteó a ver a sus hijos dormidos, unos sobre otros en una montaña de colas, patas, alas y hocicos entreabiertos. Chasqueando sus dientes acompañados de siseos bajos, la madre dragona de esas seis crías los levantó uno a uno con empujones de su cabeza para hacerlos rodar a un lado intentando desenredar esa maraña de extremidades. —“Arriba, arriba, ya salió el sol mis pequeños bebés”“Mamáaa no quiero” La vocecilla aguda de Storar fue la primera en salir de esa montaña de gruñidos y chillidos, también el primero en alzar su cabeza parpadeando lento seguido de un bostezo. Elst se desperezó con una sacudida de su cuerpo batiendo sus alas dentro de la cueva, empujando de paso a Fiorildahali que le gruñó agudo abriendo su hocico mostrando sus pequeños dientes afilados. Hvítaugu al levantarse viendo a su segunda hermana menor panza arriba se le encimó, poniendo una pata sobre ella dándole golpes inofensivos causando más gruñidos agudos de su parte, Snjóblóm lo quitó con un empujón en su costado protegiendo a su hermana menor. —“Uno, dos tres… cuatro, cinco”— Lainsh enumeró a cada uno de sus hijos, le faltaba uno de ellos— “¿Dónde está Yngri?” Los cinco miraron debajo de sus patas, colas alzadas para no llegar a lastimar al menor de los seis por si estaba cerca, en una pequeña grieta en el suelo una cabecita se asomó con un chillido agudo de juego antes de saltar fuera. —“¡Gané, gané!” Yngri saltó en círculos con más chirridos victoriosos, Lainsh negó con su cabeza segundos antes de caminar hasta su cría más pequeña de apenas dos siglos y medio, lo tomó en extremo cuidado por su cuerpo usando sus colmillos. Hvítaugu alzó su cabeza intentando quitarle el cachorro a su madre recibiendo un rugido firme de Elst, la familia de seis hijos y la madre salieron de la cueva en dirección a la planicie nevada al pie de la montaña, la mañana era joven para empezar el día con peleas entre hermanos y Lainsh necesitaba antes comer algo para no gruñirle a sus demás crías cuando comenzaran a hacer sus desastres.  

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  Fioril e Yngri se correteaban entre la nieve dando saltos y gruñidos inofensivos cuando uno atrapaba al otro, aunque Yngri apenas midiera un metro y medio de altura y Fioril midiera ya el metro y ochenta, los dos se llevaban bien como para morderse sin intenciones de dañar. De cualquier, modo Elst los vigilaba de cerca interviniendo cuando Fioril no soltaba a Yngri con sus chillidos agudos pidiendo tregua. —“Oye, oye. Suéltalo ya” La voz juvenil autoritaria del mayor de los seis fue seguida de un jalón indoloro en el ala de la segunda hija, ella soltó del lomo al menor para girarse a soltar la mordida recibiendo un siseo de Elst en advertencia. —“No seas bruta, apenas es un cachorro, si quieres jugar a tirones de cola y sacudidas con mordidas juega con Storar entonces”“¡No me gusta! Él juega muy brusco, una vez me torció mi pata cuando le dije que no quería jugar más”“Entonces compórtate y mide tu fuerza” Elst la empujó a un lado usando su hocico, Fioril gruñó enojada alejándose con saltos hacia donde Lainsh descansaba sobre su cama de nieve, yendo a molestar ahora a su madre. Elst giró su atención hacia Yngri encontrándolo acostado boca abajo con su cabecita entre sus patas membranosas. Apenado. —“Es mi culpa por ser muy débil ¿Verdad?”“¿De qué hablas, enano?”“Fioril no tiene con quien jugar aparte de mí, y yo no soy tan fuerte para jugar como ella quiere”“¿Qué estás diciendo? Ella es una cría también, pero aprendió de las malas formas de Storar para jugar con otros, un cachorro normal juega como tú”— Elst se acostó juntando sus patas para darle un golpecito al cuerpecito de su hermano más pequeño— “Eres fuerte para tu edad, el más rápido y astuto, puedes hacer grandes cosas con ese tamaño que tienes”“No es cierto”— Yngri chilló en vergüenza mirando a otro lado antes de ser tomado por los colmillos de Elst— “Suéltame”“No, vamos a ir con Hví para decirle que si te lleva a pasear a los lagos congelados. Te llevaría yo, pero debo ir a los límites de nuestro territorio a ayudar con el problema de especies invasoras”“Mamá dijo que hoy no íbamos a ir Fioril o yo con Hví a explorar”“Iremos a escondidas a buscarlo, no le digas a mamá después” Las risas cómplices de los dos hermanos sonaron unos segundos antes de ser Elst quien apurara el paso, trotando entre los arboles del bosque frondoso lleno de escarcha en sus ramas, cuidando de no golpear por accidente a Yngri en el camino. El paisaje boscoso fue reemplazado por un gran río muy ancho sin congelar, sus aguas cristalinas estaban turbias debido a los saltos de cierto dragón que intentaba cazar truchas árticas en su cauce. Se detuvo en sus saltos cuando vio la figura esbelta de su hermano mayor dejando con cuidado al menor de los seis cerca de la orilla del río. Yngri chilló alegre al adentrarse al agua helada, chapoteando feliz fingiendo poder atrapar los peces. —“Elst, que sorpresa ¿No que no te gustaban esta clases de juegos inmaduros para alguien como tú?”“No seas tan entusiasta, vine a decirte que lleves a Yngri a los lagos congelados a cazar unas cuantas percas y si tienen suerte, percas rosas”“Eh, lamento mucho matarte la ilusión”— Hvítaugu hizo una reverencia exagerada al inclinar la cabeza— “Recuerda que mamá ya me tiene amenazado con que, si me llevaba hoy a Yngri, Fioril o a los dos juntos a una exploración me iba a congelar las alas y patas. Y muchas gracias por los buenos deseos, pero hoy seré un buen hijo”“¿No te cansas de decir idioteces? Los dos sabemos que aun así vas a hacer lo que quieras y sacarles escamas verdes del coraje a nuestra madre y padre” Los dos hermanos mayores se quedaron viendo unos segundos antes de ser Hvítaugu quien soltó la carcajada mental con chirridos graves, en realidad lo conocía demasiado bien Elst, tarde o temprano ese trío se iba a ir de ahí a buscar alguna aventura. —“Bien, solo porque soy tan buen hermano lo haré, solo si me traes a Fioril en lo que termino de contar cien”“¿Me acabas de condicionar, Hví?”“Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…”— el segundo dragón joven abrió su hocico con chillidos agudos de júbilo moviendo su cola en el aire de un lado a otro— “Nuevediezoncedocetrececatorce”“¡Ya cállate, cállate ya! Iré, solo cállate” Hvítaugu rugió en sorna mirando a Elst irse volando por sobre los árboles para buscar más rápido a Fioril, lo más seguro es que el hermano mayor debería de inventar una excusa para separar a la mimada hija menor de Lainsh sin sospecha. En lo que él regresaba, Hvítaugu se giró con esa mirada amorosa emocionada hacia Yngri quien estaba dando esos sonidos adorables de gruñidos agudos, luchando contra un pez que media dos tercios de su cuerpo, cuando logró matarlo entre sacudidas de su pequeña cabecita, el dragón más alto se agachó juntando sus patas delanteras y encorvado en pleno momento de adoración profunda. —“¡Yngriiiii~! Ay te ves tan bonito ¡Estás tan pequeño aún, ah!” Lamió el costado de su hermano menor en su máxima expresión de ternura, el cachorro solo gruñó agudo dándole zarpazos al aire en queja. —“¡Déjame! Me llenas de baba y hueles feo”“¡Claro que no huelo feo! Y no es mi culpa, eres tan tierno así todo pequeño y precioso, mi hermanito menor, podría comerte de una mordida” Hvítaugu fingió dar una mordida feroz al aire asustando al cachorro que cayó de espaldas al agua dando aletazos, sacudió su cabeza agachándose como si fuera a cornear a su gigante hermano mayor de casi ocho metros de alto y él ni llegaba a los dos metros. —“¡Ah, así estamos! ¿Piensas chocar crestas conmigo? ¡Adelante, bebé menor, hazlo!” Yngri gruñó con decisión cargando al frente con su cabeza agachada para golpear su cráneo con el de su hermano, para el pequeño fue un gran golpe que lo dejó tumbado a un lado unos segundos, para el mayor fue como si le hubiera golpeado una hoja en su dedo de la pata. Una carcajada sonora resonó en la mente de los dos cuando Hvítaugu se tiró de espaldas en el río revolcándose de risa enternecida. —“¡Eres tan pequeño, que lindo es mi hermanito bebé!”“¡No es justo!” Yngri dio patadas al agua dando saltos de coraje pequeño en las rocas sobresalientes del río helado, se detuvo unos segundos para pensar en algo, con una seguridad férrea abrió su diminuto hocico y lanzó aire helado lo más fuerte posible. Solo fue una ráfaga tan débil comparada a la de su hermana mayor Fioril, pero alcanzó a llenar de escarcha la punta del hocico de su hermano mayor presente, sacándole un chillido enternecido más fuerte. —“Un día moriré por un infarto de tanta ternura que me das, lo juro” Un aleteo fuerte sacudió las copas de los arboles seguido de la figura imponente de Elst bajando a tierra acompañado de Fioril detrás, la dragona menor fue hasta Yngri para echársele encima y acicalarlo en señal de disculpa por lo sucedido minutos atrás cuando no había medido su fuerza en el juego. —“Solo tienen hasta que el sol este sobre nuestras cabezas, no antes y no después ¿Entendiste, Hví?”“No prometo nada, y menos si encontramos focas en el camino”“¡Focas!” Los dos cachorros chillaron juntos con sus alas ya moviéndose en el aire, Hvítaugu dio chirridos cómplices con los dos pequeños cerrando los ojos y abriendo su hocico en alegría, Elst solo rodó los ojos mirando a los tres hermanos menores irse volando. Aunque debido a que Yngri era pequeño, Hvítaugu prefirió llevarlo en el hocico para no cansarlo por el camino tan largo a recorrer, el cielo despejado sin amenaza de tormenta le dio una buena espina a Elst. Una última mirada les dio desde lejos rugiendo con fuerza para despedir al trío, se dio media vuelta encaminándose hacia sus tareas matutinas sin ningún pendiente en su cabeza.   Sin saber que las cosas pueden cambiar en solo un día.
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