Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Dragones de Hielo: Parte II"

Ajustes
Los lugares preferidos de ese trío de hermanos solo se limitaban a dos zonas algo apartadas del valle central: un bosque despejado donde los caribúes se arremolinaban para pastar cuando pensaban que tendrían paz y un lago congelado con algunas aberturas creadas por Hvítaugu para darle lecciones de pesca a sus hermanos menores y buceo. No pasaban hambre en ninguna de las dos zonas gracias a la protección y vigilancia algo responsable del hermano mayor. El cuerpo delgado de Hvítaugu zigzagueaba en el aire con familiaridad para las corrientes de aire helado, Fioril se alejaba a veces para jugar con las nubes pasando entre ellas o lanzándoles aire de escarcha en rugidos agudos de emoción. Yngri iba viendo el paisaje desde el hocico de su hermano mayor en calma y seguridad, mantenía sus patas delanteras con membrana pegados a sus costados para evitar que por accidente los colmillos de su hermano fueran a perforarle un ala. Eso no le impedía rugir agudo en euforia. —“¡Hví, Hví, allá está el lago!”“Si, bebé, si, ya lo vi Fioril” El dragón más alto descendió en picada sacándole un chillido agudo a Yngri antes de planear al ras del glaciar, bajó su hocico lo suficiente para dejarle a su hermanito menor tocar la superficie helada del hielo, dio el giro de noventa grados aterrizando de un salto a la orilla del lago buscando a Fioril primero. Al verla aterrizar cerca de uno de los agujeros en el lago congelado resoplo aliviado, abrió su hocico al acercarse al suelo nevado, riéndose cuando el cachorro de dragón rodó sobre la nieve. Ignorando ese momento, Yngri se fue saltando y corriendo hasta su segunda hermana mayor. —“No vayan a meterse al agua, no quiero asustarme porque de repente ya no los veo ¡¿Eh?!”“Si, Hví” Ambos dijeron al unísono mientras metían sus cabezas por el agujero sin sumergirse, mientras esos dos cachorros se asombraban por la fauna del lago congelado el otro se puso a abrir otro hueco para entrar él mismo al cuerpo de agua. Nadó por debajo de la superficie congelada antes de atrapar unos cuantos peces despistados, emergió rompiendo el hielo dándole un rugido atronador a los dos cachorros que gritaron en sus mentes por la sorpresa. Le rugieron en regreso antes de ponerse a jugar entre los tres, lanzando agua con sus aleteos incesantes y pequeñas nubes de escarcha, chillidos alegres y rugidos fingiendo ser atemorizantes hicieron eco en el lago congelado.  

⸻ৎ୭⸻

  Hvítaugu iba maldiciendo en su cabeza por no fijarse en el sol desde temprano, no había visto el camino de esa esfera gigante en el cielo hasta la falta de luz en el cañón glacial donde a Yngri y Fioril les gustaba esconderse entre las grutas de hielo, fuera del alcance de su hermano mayor en su juego de atrapadas. El dragón mayor rugió sin paciencia cuando esos dos demonios draconicos no le hacían caso para salir de ahí e irse de regreso a casa, diciendo que no iban a caer en su trampa. —“¡No sean tontos, mamá nos va a matar por llegar tarde! Bueno a mí por no obedecerla, pero ¡Es lo mismo!”“¡No es cierto, no es cierto! Mentiroso”“¡Si no salen de ahí usaré mi aliento para romper el hielo!”— Hvítaugu se paró en sus cuatro patas inhalando profundo ya con sus colmillos brillando por el aliento de hielo acumulándose— “¡Uno… dos… y…!” La tierra tembló con fuerza bajo sus pies, el dragón mayor detuvo su ataque mirando a los lados, después al glaciar que se cuarteó varias veces. Llamó con mayor desespero a los dos menores poniéndolos bajos sus alas apenas los vio salir despavoridos de la gruta principal. Enrolló su cola y su cuello para protegerlos con su cuerpo en caso de derrumbe, los temblores acabaron un minuto después sin alterar tanto el ecosistema, pero si dándole un susto de muerte a los tres. —“¿Qué… qué fue eso, Hví?”“No sé, vámonos a casa ya”— el dragón más alto tomó con gentileza a Yngri de nuevo con sus colmillos antes de empujar a Fioril con su cola alentándola a moverse— “Rápido, vamos” Alzaron vuelo sin pensar dos veces, apresuraron el vuelo cuando escucharon una parvada de pájaros a lo lejos alzar vuelo también en pánico conjunto. El aire se sentía diferente, no era un atardecer hermoso como solía ser en los días pasados, esta vez se sentía más tenebroso. Algo inusual que traía peligro en las sombras. Volaron por sobre las copas de los árboles para evitar las corrientes de bajas temperaturas por la falta de rayos solares, Hvítaugu podría ir volando sin problema por las corrientes, pero temía que Fioril cayera inconsciente en pleno vuelo por el esfuerzo mezclado al frío extremo. Por eso habían descendido. —“Oye, Hví ¿El temblor no fue similar a los que sucedieron hace mucho? Cuando llegaron eso animales extraños con cuernos”“¿Te refieres a ese mito de que se abren grietas cada mil años?”“¡Si! Tú ya estabas grande cuando había aparecido la grieta anterior ¿No?” Hvítaugu le dio una mirada de soslayo a su hermana menor en duda de si era prudente contarle sobre ese secreto bien guardado de los Soberanos, él lo sabía porque Grishu les había contado como “historias para dormir” a sus hijos cuando eran pequeños, Lainsh le prohibió a su compañero seguir haciendo eso cuando surgió una grieta años atrás. El ultimo el oír esas historias había sido Snjóblóm, los tres menores solo escuchaban rumores de esas historias porque el mismo hijo segundo se las decía como amenazas inocentes si no se portaban bien. —“Solo son leyendas, no son reales, Fioril”“¿Qué es una grieta?” Yngri habló con su voz aguda mirando a su hermano mayor con atención, él solo suspiró profundo por sus fosas nasales para no congelar por accidente a su hermano menor si suspiraba usando su garganta. —“Un mito, bebé menor, nada importante” El vuelo regresó a ser silencioso por unos segundos cuando un brillo extraño apareció en el horizonte, y no era el sol. —“¿Qué es eso?”“¡Hví, cuidado!” El dragón mayor apenas pudo esquivar algo enorme que iba hacia él a una extraña velocidad, una segunda cosa lo tumbó de su vuelo haciéndolo estampar contra los árboles rompiendo algunos en el proceso, en su derrape un surco profundo en la nieve dejó la señal por donde había caído, la tierra desplazando rocas en su paso con hielo. Rodó varias veces antes de detenerse, con una sacudida de su cabeza sintió el dolor en su cuello por la tremenda embestida de esa cosa que le atrapaba las alas y sus cuatro patas con algo poderoso en forma de membrana con huecos. —“¿Qué… sucedió?... Yngri”— abrió su hocico encontrando vacío sus colmillos, la ansiedad le removió las entrañas— “!Yngri, Yngri!” Pensó en la posibilidad de habérselo tragado, lo descartó en un segundo, se habría dado cuenta si algo le hubiera resbalado por la garganta dejando una sola opción. Lo soltó mientras caía en picada desgarrando la tierra con su peso, eso le hizo entrar en pánico, Yngri era muy pequeño para aguantar una caída tan alta y si a esa velocidad golpeaba un árbol moriría por el golpe. —“¡YNGRI, DI ALGO!”“… aquí” La débil voz en su cabeza lo hizo removerse entre las lianas de material extraño que le apresaban el cuerpo, el sonido de aleteos lo hicieron alzar la cabeza encontrando a Fioril cargando con sus garras jóvenes al pequeño de Yngri, se veía algo golpeado, pero vivo. Hvítaugu soltó un resoplo profundo cerrando sus ojos, al abrirlos acercó sus colmillos a esa membrana con huecos echa de algo extraño. La mordisqueó varias veces, la jaló también sin conseguir romperla. El rugido estresado que salió del hocico del dragón mayor se escuchó amenazante, no para los dos jóvenes que le ayudaron a morder también de igual forma sin conseguir algo. —“¡Maldita cosa con huecos! No puedo romperla”“¿Y si la congelamos para romperla más fácil?” Entre el movimiento de la nieve y los gruñidos de los dos cachorros, el crujido de ramas en la nieve con pasos pequeños removiendo los copos hizo alzar la cabeza de golpe a los tres dragones, Hvítaugu se removió enfocando la vista entre las sombras proyectadas de los árboles a causa del atardecer. —“Detrás de mí, ahora” Usando la parte libre de su cola escondió a los dos cachorros detrás de su silueta usando la nieve para apelmazarla en un muro pequeño de metro y medio, los crujidos se fueron acercando a ellos hasta ver entre los árboles de madera oscura seres bípedos, cubiertos de pelo en lo que supusieron el trío de dragones eran sus cabezas. Algunos de ellos estaban cubiertos de “escamas” raras porque colgaban de los costados y en sus “garras” había palos con cosas de metal incrustadas. Dos de ellos llevaban un palo más largo y curvo con una rama muy recta inclinada hacía el suelo. —“¿Qué son esas cosas, Hví?”“No lo sé, no salgan de ahí” Hvítaugu acercó su cabeza en movimientos lentos hasta uno de ellos olfateando el aire, olía a algo rancio, sucio y algo más, algo que le causaba cosquillas en sus fosas nasales. Estornudó a un lado antes de relamerse la nariz con su lengua bífida parpadeando lento hacia esos seres extraños, hablaban un dialecto extraño entre ellos con gritos y susurros. —“No se ven peligrosos, podemos saludarlos ¿No?”“Tengo miedo” Yngri vio a su hermana mayor con un chillido agudo de nervios retrocediendo hasta el ala de su hermano mayor, el ruido hizo que esos seres bípedos alzaran sus palos y palos largos curvos. —“¡Yngri! No. te. muevas”“Quiero irme, Hví, tengo miedo”“Lo sé, bebé menor, lo sé. Pero necesito que te mantengas quieto ahí atrás ¿Si?”— Hvítaugu miró a los seres bípedos con ojos atentos cuando se movieron rodeando al inmenso dragón— “Confía en mí” De repente dos seres bípedos encontraron a los cachorros diciendo algo en ese idioma extraño con tono agudo de celebración, se miraron los unos a otros antes de señalar al aire y después al trío causándole esos escalofríos en el lomo del mayor. —“No son inofensivos” Hvítaugu giró su cabeza al ver como esos seres bípedos le lanzaban una de esas ramas rectas al costado de Fioril, ella rugió de dolor por la punzada no tan profunda gracias a sus escamas, pero si tan afilada para hacerla sangrar llenando el aire a olor dulce por la sangre draconiana. —“¡Corran, ya, Fioril llévate a Yngri!” Más ramas volaron con la intención de clavarse en la cabeza de los dos cachorros, Fioril lanzaba zarpazos a los seres con golpes de su cola para quitarlos del camino, Hvítaugu rugió en batalla tomando a uno de esos seres bípedos con sus colmillos partiéndolo a la mitad dejando manchas de un líquido ferroso sobre la nieve. Lanzó esa mitad lejos mientras se removía para quitarse esa membrana con huecos de encima, de un tirón de su hocico la arrancó de encima suyo liberando sus garras y alas para darles una salida a sus hermanos menores. Su cola golpeó tan fuerte a uno que pedazos grumosos se le quedaron pegados entre las escamas a Hvítaugu, no le importó mucho cuando una de esas ramas recta le dio en su cuello, tomó aire exhalando hielo congelando a cinco de ellos de golpe. Fioril agarró con sus patas delanteras a Yngri al alzar vuelo para arrastrarlo con ella y forzarlo a volar, él no quería. Se retorció entre las patas de su hermana mayor. No iba a dejar ahí solo a su hermano mayor. —“¡No, no podemos dejarlo! Fioril ¡NO, SUÉLTAME!” De entre el olor a hierro, rugidos del dragón mayor, más olor dulce de la sangre del dragón apareció una llama resplandeciente en las manos de uno de esos seres bípedos.   Fuego.   Hvítaugu siguió la mirada de ese ser bípedo con algo sobre su melena grisácea, iba a lanzarle el fuego a los dos cachorros que luchaban entre ellos. Ella por querer huir ya mientras él se rehusaba a dejar abandonado a su hermano mayor. —“¡NO!” Sin pensarlo dos veces ni en las consecuencias de eso, el dragón se puso en la línea de fuego viendo como esas diminutas llamas se volvieron un aliento de gran tamaño envolviendo gran parte del cuerpo de Hvítaugu arrancándole aullidos de dolor. Sus escamas eran gruesas para aguantar ataques de otros dragones de su edad, pero el fuego era igual a miles de agujas clavándose en su cuerpo, devorando su carne blanda como termitas devorando la madera. Se arrastró por la nieve intentando apagar el fuego en su cuerpo, la nieve no fue suficiente para hacerlo, era una clase de fuego eterno, así como el hielo que solo los dragones de Hielo podían exhalar. Poco a poco el aroma de carne quemándose llegó a las fosas nasales de los dos cachorros, en horror vieron como el cuerpo de su hermano se derretía cual cera, con varios pedazos desprendiéndose de su cuerpo en cámara lenta crepitando sin césar sobre la nieve en una lucha por apagar el fuego. Se lanzó hielo a sí mismo sin poder apagarlo. Solo aguantó unos segundos antes de ver ese cuerpo vivaz lleno de alegría y ternura por sus hermanos caer en un sonido sordo a la nieve, la ceniza creada por su carne carbonizada flotó en el aire por el poco viento en el ambiente, su cuerpo inerte con el hocico entreabierto, una pata estirada buscando más nieve para apagar el fuego sobre su cuerpo. Esos ojos blancos tan hermosos se reventaron como burbujas en el agua bajo el incesante calor en su carne. —“No… Hví, no… NO, NO NO!”“¡Yngri, vámonos ya!” Fioril lo tomó del cuello jalándolo al fin para arrancarlo del lugar, alzaron vuelo entre chillidos agudos desgarradores, sus alas se batieron con fuerza intentando olvidar ese asqueante aroma a carne quemada. De esa última imagen de su hermano siendo alcanzado por las llamas, su cuerpo cayendo a la nieve sin vida. —“No es real, no es real, no es real” Yngri se repetía esas mismas tres palabras sin mirar a donde volaba, solo podía seguir a su hermana mayor que le guiaba desde enfrente,sus alas batiendo igual de rápido a las suyas. Eso no podía ser real, el día había empezado con risas y un poco de tristeza por no poder ser un dragón más grande, él no pensó en que eso pasaría, eso no podía pasar. Debía ser una pesadilla.   Una pesadilla horrible.  

⸻ৎ୭⸻

  Aterrizaron en la planicie a los pies de la montaña con la luna como testigo de su llegada, corrieron entre saltos a la cueva principal para escalar por las paredes de tierra esperando encontrar a los demás dragones del clan reunidos para hablar sobre el tema de esos seres bípedos agresivos, pero no había ni una sola alma en esos túneles. Ni crías ni ancianos, no había nadie. —“¿En dónde están todos? ¡¿Por qué no hay nadie aquí?!”“Quiero a mamá…”— Yngri chilló con ansiedad en un tono tan agudo que pudo ser confundido con un chillido de ratón— “¡Quiero a mamá! ¡Mamá! ¡MAMÁ!”“¡Aquí no hay nadie, Yngri, deja de gritar!” Fioril lo sujetó del cuello estampando a la cría en el suelo con los colmillos a la vista, el ruido de una roca cayendo en alguno de los túneles le hizo saltar a las dos crías en su lugar. Ella le soltó del cuello a su hermano menor, miró a cada recoveco del lugar antes de girarse a ver al pequeño, lo agarró con sus colmillos para arrastrarlo fuera de la cueva. Un mal presentimiento le subía desde su estómago hasta la garganta a Fioril. —“¡Vámonos de aquí, ya!” Los dos saltaron desde esa altura planeando para no caer de lleno en el suelo de la entrada rocosa, Fioril pudo correr con sus cuatro patas mientras Yngri torpemente corrió usando su cuerpo de wyvern como mejor podía, saltó varias veces aleteando para alcanzar a su hermana mayor en la nieve. Se adentraron al bosque circundante de la planicie sin una dirección en especial a la cual ir, solo querían encontrar a sus demás hermanos y sus padres para decirles sobre esos seres bípedos tan peligrosos que habían calcinado a Hvítaugu. Zigzaguearon entre las sombras del bosque nocturno olfateando el aire en busca de un rastro. Fioril no había conseguido encontrar a las presas cuando Grishu los ponía a rastrear, quien las encontraba en un tiempo récord era Storar y pocas veces Yngri. El pequeño chillaba más fuerte por la ansiedad combinada con el pánico creciente de sentirse desorientado, casi perdido en su propia tierra con el peligro en los rincones de esa tundra tan familiar que ahora se sentía ajena. Un crujido junto al destello lejano entre los árboles les hizo respingar a ambos cachorros, se escondieron enseguida entre los arbustos de escarcha caminando con cautela para no atraer la atención de esos seres bípedos de nuevo. Estaban solos esta vez, si los atrapaban para incinerarlos no tendrían oportunidad. —“No vayas a hacer mucho ruido, Yngri” La voz mental de Fioril sonó clara y fuerte en su mente. En solo un instante, se escuchó un tintineo a su derecha de Yngri seguido de un chasquido metálico amortiguado en un crujido sordo de algo, el pequeño miró a los lados buscando a su hermana hasta encontrarla. Su estómago se revolvió tanto que vomitó sin pensarlo. El cuerpo de Fioril había sido apresado por unas mandíbulas metálicas de dientes puntiagudos, su cuerpo torcido con su lomo pegado a su cuello, una pata colgando a la altura de sus alas y la otra pata trasera cercenada a un lado de esas mandíbulas. Su bella cola de mariposa se sacudía en movimientos involuntarios como las alas atrapadas, su cabeza estaba caída a un lado doblada de forma anormal. —“Yn… gri… a…ayuda…” El pequeño dragón sintió como el aire se le iba de los pulmones, su garganta cerrándose de golpe imposibilitando respirar profundo nublándole la vista a la vez, sus patas temblaron al retroceder cayendo a la nieve sin poder despegar con horror la vista del cuerpo delante suyo que iba perdiendo sangre. Escurriéndose la vida de esa alma joven llena de alegría y amor juguetón hasta ser solo un cascaron vacío. Yngri no pudo más, el dolor que se había clavado en su tórax desde esa imagen de Hvítaugu creció desbordándose de sus ojos, en un alarido de miedo y dolor su pequeña cresta de hielo templado brilló en la noche. Los pasos apresurados de esos seres bípedos a su ubicación quedaron en ruido blanco, él no quería estar ahí, quería despertar ya. Quería a sus padres. —“¡MAMÁAAAAAAAAAAAAA!” Algo lo sujetó del cuello tirando fuerte comenzando a arrastrarlo boca arriba varios metros. Sus ojos se volvieron blancos por el poder desnivelado a causa de su terror, pánico, ansiedad y horror que se encarnaba en su cuerpo. Un rugido atronador rompió la quietud del bosque.   Mamá había llegado.
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