Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Dragones de Hielo: Parte III"

Ajustes
En la mañana. Después de llevar a Fioril con Hvítaugu e Yngri   Lainsh había acompañado a Elst a su tarea de la mañana, se ocuparon de las especies invasoras con calma disfrutando el momento de “hijo y madre” en esas horas tempranas, Snjóblóm y Storar llegaron después a pedir permiso para ir a los fiordos en los límites nortes de la tundra. Lainsh no le vio problema al inicio, solo pidiendo que regresarán a la hora de la comida en el atardecer sin un solo retraso como la vez pasada. El paso de las horas con Elst se sintió rápido debido a las tareas de su hijo mayor como sucesor al Trono de Hielo, su compañero de vida Grishu insistió a su hijo mayor de tomarse las cosas con calma para aprender cómo era debido a su tiempo cada una de esas responsabilidades. Elst no quería, igual de terco que su padre. Lainsh caminaba al lado de su hijo sin prisa alguna, saludando con una inclinación de cabeza a los otros dragones de Hielo que estaban en ese arroyo descansando de sus trabajos o disfrutando de sus días serenos en la tundra. Al echarse en la orilla del arroyo con sus patas dentro del agua helada miró a su hijo mayor de esa forma que ya les decía a sus hijos que sabía la verdad de algo. —“Eres increíble, mentiste para que Hvítaugu se llevara a Fiorildahali e Yngri a los lagos congelados. Que bajo has caído, Elst”“¿Puedes culparme? Yngri ha estado estos días con el humor decaído por no ser más fuerte y grande para aguantar los juegos de Fioril, deberías de regañar mejor a tu hijo Storar por enseñarle a tu hija menor a jugar con colmillos y zarpazos”“Suenas como tu padre” El tono dulce maternal de Lainsh le hizo agachar la mirada a Elst en algo de orgullo mezclado con pena por haber encubierto a Hvítaugu, exhaló profundo quitándose esa carga de encima para ver a su madre a los ojos. —“Mamá, eso es trampa, me haces sentir como un mentiroso”“¿Entonces si me dijiste una mentira para traerme contigo?”“Ay, mamá, no hagas eso”“¿Hacer qué, hijo?”— los dos se rieron mentalmente antes de que Lainsh acicalara el costado de la cabeza de su hijo mayor— “Solo estamos hablando, e hice una pregunta inofensiva”“Mentira, me estás haciendo bajar las defensas para contestar a ESA pregunta, es diferente”“¿Es un sí?”“¡Suficiente, ya!” Elst se rio con fuerza casi en una carcajada al mirar a otro lado, su madre le jaló su hocico con sus colmillos en una mordida inofensiva, los dos se volvieron a ver. —“Prometieron volver antes del atardecer, cuando el sol estuviera a la altura más alta en el cielo, puedes regañarlos después de eso”“Muy bien, gracias por tu sinceridad, jovencito bonito” Lainsh le lamió el hocico con cariño a su hijo mayor, así con mayor calma se acostó sobre su costado en la nieve importándole poco que la corriente del arroyo le mojara un costado de su cabeza creando un pequeño obstáculo en el agua, Elst solo inhaló profundo enroscándose sobre sí para descansar a un lado de su madre en ese rato de serenidad compartida.  

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  Grishu apenas había salido de las Montañas Levitantes sintiendo el cuerpo exhausto desde su esqueleto hasta sus alas, había peleado con los otros Soberanos por crear una alianza con las razas de Agua y Flora para poder expandir la sangre del Hielo, algo que solo Grishu había tratado sin decirle a alguien más por las opiniones de los ancianos. Como siempre, Oush y Thud le decían sobre esa barbarie de “condenar” a seres inocentes con esas mezclas anormales de Hielo, sí los dragones de Hielo se jactaban de ser una raza pura sin ninguna alteración en su genética tan milenaria. Por falta del Soberano del Agua las decisiones democráticas no resultaban tan democráticas, y eso le tenía estresado al Soberano del Hielo la mayoría de sus días. No quería que su raza se extinguiera por esa mentalidad cerrada de no querer mezclar sus genes con otros dragones, los dragones de Oro y Ácido llevaban el mismo problema solo que los primeros por su orgullo y los segundos por no poder tocar a algún dragón sin lastimarlos. Sacudió su cabeza con un gruñido molesto liberando ese estrés del día, seguiría intentando crear una alianza con otras razas por el bien de su especie. De sus hijos. —“Necesito decirle esto a alguien antes de explotar en pedacitos de nieve un día de estos” Su vuelo aceleró un poco al divisar en el horizonte ese paisaje nevado tan blancuzco como la pureza de sus habitantes, un brillo verduzco con tonos pastel de azul y rosa llamó su atención, al oeste de la tundra algo se abrió rasgando el aire en estelas de luces fuera de este mundo. Una grieta. El cuerpo del inmenso Soberano Grishu se sacudió en el aire por los recuerdos de antiguas grietas donde sus visitantes no siempre eran criaturas dispuestas a convivir en armonía como esperaban los dragones, y esta grieta se había abierto en la tundra. Si otras más habían aparecido solo significaba una cosa. El nivel de magia de la tierra había alcanzado su máximo y necesitaba depurar ese poder a otros lados, de otra forma.  

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  Lainsh volaba sin tanta calma como aparentaba, sus tres hijos no habían regresado como Elst le aseguró unas horas atrás, ya era el atardecer con el sol comenzando a pintar las nubes de bellos tonos cálidos y violáceos. Sobrevoló por las zonas cercanas a los lagos sin encontrar pista de sus tres crías, al regresar a la cueva principal en la montaña nevada subió por el túnel, viendo a sus otros tres hijos ahí reunidos ya. —“No están en los lagos congelados, debieron irse más lejos de nuevo”— Lainsh gruñó a un lado comenzando a dar vueltas angustiadas ignorando a sus otros hijos— “Si se fueron a una zona muy salvaje podrían estar en peligro, Yngri es solo un cachorro y Fioril es demasiado hiperactiva, Hvítaugu no podría con ambos él solo”“Mamá, mamá, tranquila. Seguramente fueron a pescar y ya están de camino hacia acá ¿No?”— Snjóblóm se puso en el camino de su madre para darle un golpecito en su hocico con el suyo— “Está bien, no te preocupes tanto. Hvítaugu no es idiota, traerá de regreso a nuestros hermanos” Justo cuando el corazón de la dragona madre se calmó lo necesario para dejar de dar vueltas en círculos, una sacudida los hizo dar siseos de sorpresa a los cuatro. Con los ojos bien abiertos Lainsh trepó por la pared de piedra para llegar a una de las aberturas en la cima de esa montaña desde su interior, la tierra dejó de temblar al llegar ella a ese lugar. A lo lejos varias vetas se alzaban al cielo de diferentes colores predominando el verde y azul, ella lo sabía, lo había vivido dos veces. La tierra había alcanzado su límite para soportar la magia de los dragones, las grietas estaban apareciendo. Los otros tres dragones subieron un poco después mirando las mismas vetas de colores, el escalofrío en cada uno fue diferente en fuerza, pero con el mismo sentimiento. Miedo. —“Debo ir por mis bebés, mis bebés” Lainsh bajó de un salto por el túnel aterrizando en la cámara principal de la cueva, al trotar hacia la bajada para ir a la salida más amplia de esa cavidad se topó de frente con su compañero de vida. Grishu la agarró con sus patas membranosas poniéndose en su camino cuando la madre dragona forcejeó, su instinto maternal estaba activado y ni siquiera el gran Soberano del Hielo la iba a sacar de ese impulso. —“¡Grishu, suéltame ya, mis hijos, debo ir por mis hijos!”“Lainsh, reacciona, no puedo dejar que vayas tu sola”“¡No me importa, debo ir por mis bebés, quítate o yo misma te haré a un lado!”“¡Lainsh, suficiente!” Los dos dragones se vieron cara a cara, ella gruñendo con la autoridad de una madre preocupada por sus crías y él siseando sin amenaza seria con la autoridad de un amante angustiado por perder su mayor luz cálida de su vida entera. Se callaron al escuchar los pasos de los otros tres hijos acercándose a donde estaban ellos dos, con un coletazo al suelo de parte de Lainsh fue que Grishu respiró profundo, pensando en una solución para ir a buscar a sus hijos perdidos y mantener en calma a su compañera al mismo tiempo. Abrió los ojos al alzar su cabeza, ella ya estaba lista para luchar si él osaba ordenarle algo poniendo su poder por sobre su lazo, pero él solo apoyó su cabeza sobre la de ella gruñendo suave casi como un ronroneo. —“Yo iré por ellos y te los traeré, mientras tanto, necesito que tú y nuestros otros tres hijos se vayan a las tierras del Este donde viven tus padres y tu gente, necesito saber que ustedes están a salvo mientras yo busco a nuestros tres hijos” Ella cerró los ojos con fuerza relajando sus músculos con una exhalación profunda, podía confiar en su compañero, lo había hecho desde el momento en que ambos hicieron el ritual de vuelo para juntar sus almas en una unión eterna. Aun con esa confianza ciega se sentía intranquila, pero confiaría de nuevo.   Él siempre cumplía.   Lainsh asintió al quitar su cabeza de debajo de la de él, restregró su costado con el de Grishu dándole esa promesa por cumplida, ignorando su corazón palpitando como loco por la angustia de una madre. Le miró por sobre su ala al hacer el movimiento de cabeza para llamar a los tres hijos mayores, quienes caminaron a prisa detrás de su madre. —“Por favor, vuelve con ellos” Alzó vuelo usando fuerza extra para sacudirse los escalofríos en su lomo, viró en el aire con dirección a las tierras del Este guiando al pequeño grupo de cuatro dragones incluyéndola a ella, sin saber que entre sus hijos el mayor sentía un miedo frío escalando por su cuerpo debido a la culpa. Si él no hubiera instigado a su hermano menor a llevarse a los dos más pequeños estarían todos juntos en ese momento, se habrían ido juntos con su padre a las tierras del Este sin el corazón en los colmillos a punto de sangrar.   Apenas se habían alejado unas millas manteniendo el ritmo constante sin ponerle importancia al cambio de aire frío, la montaña donde anidaban era tan fría como las profundidades del océano, pero conforme más se alejaban el frío se volvía normal. Soportable, pero eso no congelaba la ansiedad instalada con una firmeza increíble en el tórax de Lainsh. Le costaba respirar durante el vuelo, no podía más, su mente no dejaba de crear escenarios donde sus pequeñas crías y su segundo hijo caían en alguna situación donde les arrebataban sus vidas de la forma más cruel posible. Rugió agudo al dar un giro brusco agarrándose a la copa de uno de los pinos más altos y robustos, mantuvo sus alas medio desplegadas con sus ojos cerrados respirando ahogado, su cabeza cayó un poco buscando estabilidad en la sensación de las ramas de ese pino tallando su mejilla. No podía, necesitaba ir ella misma a buscarlos. Alzó la cabeza escuchando como sus tres hijos aleteaban cerca de ella, en las miradas de esos tres la misma expresión se les notaba a leguas. Preocupación por lo que fuera a hacer ella después, sobretodo en la expresión de Elst. Al ser el primer hijo, el primogénito, él mismo se había impuesto una carga más grande de lo que sus alas podían cargar, y la madre dragona lo sabía desde hace mucho tiempo. —“No puedo…”— susurró con voz tambaleante en la cabeza de sus tres hijos— “Ustedes vayan a las tierras del Este, busquen a sus abuelos y quédense con ellos, yo debo regresar”“Mamá, debes venir con nosotros”— Storar fue el primero en hablar con nervios en su voz— “Fue una orden de papá, debes venir con nosotros… por favor, mamᔓPadre dijo que traería a nuestros hermanos a salvo, confía en él, mamá y vámonos juntos”— Snjóblóm rogó sin pena alguna en su voz al inclinarse hacia su madre. —“No, ustedes váyanse”— Lainsh se levantó con una decisión firme en su mente— “Elst llévatelos, anda ¡Váyanse ya! Regresaré junto a su padre y sus hermanos ¡Ahora!” La dragona de escamas albinas alzó vuelo con una poderosa ráfaga de viento detrás suyo volando de nuevo por el camino que ya habían recorrido antes, Storar y Snjóblóm la miraron irse antes de rugir pidiendo que regresara, Elst sintió la sangre de sus alas enfriándose más de lo normal. Volteó a ver a sus hermanos y con esa misma seguridad les habló. —“Iré por ella, ustedes quédense aquí y no se muevan ¡No hagan ruido ni se muevan de aquí!”“¡Elst, no!”— Storar gritó aterrado al ver a su hermano mayor alzando vuelo siguiendo el camino por donde se había ido Lainsh— “¡ELST NO NOS DEJES AQUÍ, POR FAVOR!” Storar rugió más desafinado con el horror pintado en su mirada, en medio de la penumbra con solo su hermana mayor ahí, el cuarto hijo se sintió tan indefenso y frágil como un copo de nieve. Snjóblóm pensó rápido una solución jalando a su hermano menor al suelo para buscar un refugio en tierra, sea lo que fuera que había entrado a su amado territorio nevado no sería bueno si los encontraban en una situación vulnerable arriba de los pinos como ardillas inmensas aferradas a las ramas.   Lainsh volaba a una velocidad anormal para ser una dragona de catorce metros de altura y dieciocho de largo, su cola había crecido al usar su aliento de hielo creando una punta fina de látigo para usar en caso de cualquier peligro en su camino, no esperaba ver a Elst alcanzándola tan rápido de igual forma esquivando los arboles más altos y las estructuras rocosas en columnas de la zona donde pasaba ella. —“¡Elst-Sonur, te di una orden!”“¡Lo sé, pero si algo te pasa no podré estar tranquilo, y menos si soy yo quien deba darle esa noticia a mi padre después!”— Elst se colocó por encima de ella sin invadir su espacio necesario para virar y aletear. —“¡Eres tan obstinado como yo, debí de saberlo cuando me di la vuelta!”“Saqué lo mejor de ti y de mi padre ¿No?” Elst resopló en alegría en la mente de su madre, ella solo le amenazó con darle un latigazo con su cola forrada de hielo antes de seguir volando en dirección recta rasgando la noche con su figura blanca. Sus ojos acostumbrados a la oscuridad de la tundra buscaron movimiento entre los árboles o los senderos anchos, alguna figura lo suficiente grande para ser un dragón joven o una cría, ni una sola. Rodearon a ritmo lento la montaña que era su hogar, buscando indicios de movimiento en alguna de sus entradas por donde si cabían sus hijos de Lainsh, un destello luminoso en el costado la hizo detenerse a una distancia considerable para no llamar la atención, con Elst a su lado enfocando la vista de igual manera. Esa luz no era luna ni el reflejo de sus rayos, era anaranjada.   Fuego.   El corazón de la madre dragona se encogió de horror, los dragones de Hielo podrían soportar el clima templado de un bosque o volar por sobre las nubes sin miedo a morir sofocados por el calor, pero si se les atacaba con fuego directo era una sentencia de muerte segura. Una cría no tendría poder en el aliento para apagar ese fuego, y un dragón joven entraba en el alcance de las llamas para ser envuelto por las lenguas ígneas. —“Bípedos, con cosas extrañas encima y el fuego lo llevan en palos largos con metal en sus puntas”“Debemos quitarlos de ahí” Lainsh no esperó a escuchar si su hijo primogénito estaba de acuerdo o no con el plan, dio un aletazo fuerte ganando velocidad de nuevo, con sus cuatro patas a la delantera el aire aulló con ella al cortar el viento con sus alas bien desplegadas. Abrió el hocico con los colmillos a la vista estampándose contra la ladera de la montaña, agarró a uno de esos seis seres bípedos con sus garras y partiendo a la mitad a otro con sus colmillos, lanzó una ráfaga de aliento helado congelando a otros dos. El que tenía el fuego en ese largo palo con metal lanzó una lengua de fuego a la cara de la dragona, con un movimiento ágil al agacharse en el momento justo evadió las llamaradas para tomar a ese ser bípedo despedazándolo en el aire con una garra y su hocico tirando al otro lado con sus colmillos bien afianzados en el cuerpo. Elst cubrió el punto ciego de su madre al agarrar con sus colmillos al último de esos seres bípedos, lanzándolo montaña abajo con un rugido de guerra, escondió sus colmillos al ver a su madre trepando por la roca hasta un hueco suficiente grande para entrar al interior de su nido. La siguió sin pensar dos veces, Lainsh movió rocas de su camino y abrió una nueva entrada al lanzar su aliento de hielo seguido de un embiste poderoso rompiendo la pared de piedra. El estruendo sacudió la montaña entera causando unos derrumbes más abajo en la base del lugar, de igual forma Lainsh descendió por los túneles hasta la cámara principal olfateando el aire en busca de la esencia de sus hijos. Un muy sutil aroma de flores silvestres les llegó a sus fosas nasales, el aroma favorito de Fioril cuando jugaba en los valles colina abajo al acercarse la primavera en la tundra. Sus bebés habían estado ahí recientemente, si no es que muy probable solo unos instantes antes de que ella y Elst entraran a la cueva. —“Estuvieron aquí, mis bebés estaban aqu픓Si salimos ahora podremos alcanzarlos ¡Vamos, mamá!” Elst tomó la delantera bajando de un salto por el desnivel a la entrada del agujero principal con Lainsh detrás suyo, los dos dragones corrieron hasta llegar a la planicie a los pies de la montaña, los dos comenzaron a olfatear el aire buscando de nuevo ese rastro de flores silvestres tan característico de Fioril. No estaba, el aroma se mezclaba con la nieve junto a un creciente y alarmante olor a cenizas de la madera quemada a las orillas de la tundra. Un siseo agudo seguido de coletazos furiosos a la nieve fue la respuesta frustrada de Lainsh cuando su hijo primogénito pregunto si ella había conseguido encontrar el rastro una vez más. —“¡Maldita sea! Mis bebés, debemos seguir buscando. Elst ve a…” Y en medio de ese silencio tenebroso en las tierras nevadas un grito resonó en la mente de esos dos dragones, tan claro como un hielo bajo la luz del sol en verano. Lainsh rugió con la ferocidad de una madre a punto de mover el mundo entero para ir por su cría con su primer hijo como guardián y protector detrás suyo.   Su cría más pequeña estaba cerca.   Y estaba en peligro.
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