Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Dragones de Hielo: Parte IV"

Ajustes
Yngri se retorció al regresar a la realidad en un pobre intento de quitar esa cosa extraña de su cuello, se puso en sus cuatro patas mirando a ese ser bípedo que le acercó el fuego a la cara aterrándolo más. El miedo duró poco, con un temblor de la tierra una masa enorme hizo desaparecer a ese ser bípedo despedazándolo con su peso al derrapar en un círculo, con sus garras arrancando la carne de los huesos manchando la nieve de colores rojos con ese olor a fierro, el rugido furioso casi territorial hacia los demás seres bípedos cerca del pequeño fue intimidante. Para Yngri fue la luz en medio de la oscuridad, ese sonido solo podía ser de un solo ser. Su mamá. —“¡Mamá!” En su radio de visión vio otra figura, igual de familiar a aquella que se encontraba lanzando hielo a los seres bípedos con rugidos amenazantes y despedazando a los más osados que intentaban acercarse más de lo permitido para la dragona. —“¡Yngri, no!”“¡Elst!” Con un movimiento sutil cuidando de no lastimar al pequeño dragón, el hijo primogénito tomó con sus colmillos al hijo menor mirando los arboles a su alrededor, verificando si había más de esos seres bípedos con fuego en sus manos. Debía encontrar a los otros dos hijos perdidos en lo que su madre los protegía a sus espaldas. —“Yngri ¿Dónde están Hvítaugu y Fiorildahali? Dime donde están” El pequeño dragón recordó esas imágenes de nuevo, su hermano mayor en la nieve con sus escamas calcinándose y su segunda hermana mayor en esas mandíbulas metálicas pidiéndole ayuda en su mente, su cresta volvió a brillar. —“Ellos… Hví… Fioril… no” Yngri chilló en agonía zafándose del hocico de su hermano mayor para trotar lejos, sin saber que de forma inconsciente llevaba a su hermano hasta donde se encontraba la respuesta a la pregunta de Elst. Con un salto medido consiguió ponerse frente a la cría impidiéndole huir más lejos, su cola tumbó algo creando un chirrido metálico que abrió las fauces de ese artefacto, en un movimiento lento sintiendo el miedo de saber que había tintineado se giró. Yngri se escondió debajo del ala de Elst para no volver a tener esa escena en su mente, pero cuando el mayor lo vio sintió su sangre bajar hasta sus garras. Las fauces metálicas se abrieron por el golpe accidental del choque, en una aterradora visión, el cuerpo atrapado en las mandíbulas metálicas se había caído en un golpe seco en la nieve con una pata colgando de su costado. La cabeza torcida en un ángulo extraño, un ala partida en dos y la otra desgarrada de la membrana, sus sesos esparcidos en la nieve desprendían un olor nauseabundo. Lo más horrorizante fue que Elst reconocía esa cola de dos pares de alas, era su hermana menor.   Fiorildahali.   Elst se giró en titubeos con los ojos bien abiertos sin un solo ruido en su cabeza ni una sola voz, el aire le faltó en los pulmones como si fuera más difícil respirar conforme su cabeza se agachaba dándole paso al dolor. Una respiración ahogada salió de su hocico antes de buscar frenético a Yngri, al encontrarlo de espalda a él mirando a una roca cercana cubierta de musgo con escarcha el dolor se volvió culpa. —“Yngri… debemos irnos de aqu픓¡Elst, Yngri, respóndame, por favor!” Los músculos del dragón mayor se tensaron al escuchar el ruido de los árboles siendo empujados, sin esperar a tener la imagen de su madre asomando primero su cabeza, se movió bloqueando la vista de ella, sujetándola con las garras delanteras para detenerla. Ella sabía que algo estaba mal, de igual forma quería verlo, quería saber la verdad. —“¡Madre, por favor no! Detente, hay que irnos de aquí, ya”“¡Sueltame, Elst, suéltame y déjame ver!” Yngri chilló con el shock en su cuerpo, con sus patas delanteras membranosas se cubrió los costados de su cabeza como si así fuera a dejar de escuchar la voz quebrada de su madre en su mente y las suplicas de su hermano mayor. Con un empujón medido, Lainsh quitó a su hijo dando un tropezón al frente quedando a centímetros del cuerpo despedazado de su hija menor, su mirada se enturbió al segundo mirando cada uno de los pedazos cortados y el cuerpo magullado por la posición antinatural en la que había quedado Fioril minutos atrás hasta perder su vida sin poder hacer algo para liberarse. El ardor asfixiante en su corazón se extendió hasta sus pulmones como una llama en un bosque, su alma se sintió llena de un coraje ajeno a su carácter sereno, sus alas temblaron de forma incontrolable ante esa vista tan abrumante de su pequeña. El fuego del dolor se convirtió en un rugido agudo atronador que incluso sacudió los arboles cercanos cimbrando la tierra misma, su poder no se quedó quieto. Bajo sus garras la nieve se compacto más hasta volverse hielo y como una bomba de tiempo solo pasaron segundos para crear una ráfaga de aire helado que congeló todo a su paso en kilómetros a la redonda elevándose a las nubes. Elst saltó para cubrir con su cuerpo a Yngri abrazándolo con sus alas, garras, enroscando su cola. Escondió su propia cabeza dentro de ese enredo de extremidades, sabía que él podría soportar el estallido de poder bruto de su propia madre. Yngri al ser el más pequeño de los seis moriría por la onda expansiva antes de si quiera ser congelado. El rugido fue solo la punta del iceberg. En sus mentes escuchaban el lamento desgarrado y roto de Lainsh gritando con toda su alma en desesperación, Yngri se agarró más fuerte su propia cabeza con sus alitas con sus ojos bien abiertos en trauma. Nunca había escuchado a su madre gritar y rugir de esa forma tan rota, tan visceral, llena de odio y una tristeza profunda. Era el grito de una madre viendo a uno de sus hijos inerte frente a ella, un alma rompiéndose. —“Piensa en otra cosa, Yngri” El susurró de Elst en la mente de Yngri fue apenas audible, con los gritos de furia desmedida y corazón roto de Lainsh resonando en la noche y las cabezas de ellos, la voz de su hermano apenas fue como el silbido de una hoja al viento. —“Piensa en… en la canción de cuna… ¿Si? ¿Cómo va la canción, Yngri?”“Los pájaros cantarán… cuando la luna se asome… por el horizonte… empezando la noche estrellada…” Los dos hermanos comenzaron a cantar en susurros sin dejar de oír los lamentos de Lainsh en sus cabezas, la presión ejercida en sus cráneos por el dolor proyectado de su madre les hacía difícil concentrarse en la canción. Poco a poco los llantos de la dragona se fueron, dejando solo la canción de cuna mal cantada que daba el alivio necesario para sobrevivir.  

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  Cerca de los lagos congelados, minutos después de salir de la montaña.   Grishu aterrizó de un salto deslizándose por la nieve antes de sacudirse, olfateó el ambiente detectando ceniza y un olor rancio en las cercanías, siguió el rastro teniendo cuidado de no llamar mucho la atención ni mover tanto los árboles a su paso, los lagos congelados se veían vacíos sin ninguna señal. No estaban ahí esos tres desde hace un tiempo, y con el sol ya escondido dándole paso a la luna las sombras de los árboles se alargaban mucho para ayudarle a divisar alguna silueta en específico. —“Seguro subieron a los glaciares, hay cuevas profundas y a esos dos pequeños les gusta jugar a las escondidas” Se dijo a sí mismo ya tomando dirección hacia ese lado con el mismo andar sigiloso, el aire seguía sintiéndose pesado, casi asfixiante. La ceniza volaba en el viento, a este paso con ayuda de las corrientes de aire, la ceniza podría propagarse por el resto de la tundra asfixiando a la fauna silvestre junto a los dragones de Hielo. Apuntó eso de forma rápida mientras saltaba una colina en su camino, serpenteó entre rocas y arboles llegando a una entrada de glaciar cercano a menos de un kilómetro de distancia entre los lagos y esa zona. No había rastro del trío, si habían estado ahí por los rasguños pequeños en el hielo seguramente por las garras de Fioril e Yngri, pero solo esas pistas estaban a la vista. Gritos en un idioma desconocido a lo lejos lo hicieron agacharse hasta caminar agazapado, eran esos invasores, Grishu tenía una vaga idea de qué clase de seres se trataba, pero debía verlo con sus propios ojos. Su padre hace mucho tiempo le había contado sobre una vez cuando él era joven y una grieta se había abierto, cruzó por ella en lugar de esperar a ver qué criaturas entraban a su mundo. Al otro lado de esa grieta había seres que caminaban en dos patas, con sus patas delanteras a sus costados, sin pelaje y miradas asesinas dispuestas a matar por encontrarse con algo nuevo. Algo más grande a ellos. Del grupo de jóvenes dragones que habían entrado a la grieta solo pudieron regresar cuatro de seis, esos seres les habían atacado sin piedad con cosas largas que explotaban antes de lanzar a gran velocidad metal en forma de tubos largos dolorosos, rasgando el tejido blando sin ningún problema. La grieta se cerró después de que el grupo pasó de nuevo a su mundo natal, dándole un nombre a esos seres llenos de instinto asesino.   Innrásarher.   Seres bípedos capaces de controlar el fuego y el metal al mismo tiempo, tan salvajes como los osos polares protegiendo a sus oseznos. Pero ellos no necesitaban algo para proteger, ya eran agresivos por naturaleza innata. Ahora estaban en su territorio con el poder ígneo en sus manos a disposición, dudaba mucho que vinieran a hablar en paz. El aroma a carne quemada le hizo sentir un escalofrío por su cuerpo completo que incluso su cresta vibró, se movió por la nieve entre los árboles con paso cauto, apuró el paso siendo un trote antes de comenzar a correr cuando el aroma nauseabundo se volvió más penetrante. Sus ojos cosquilleaban a causa de la ceniza en el aire y el picor de ese olor, derrapó cuando el escenario cambió de esa hermosa nieve pura cayendo del cielo a un cuerpo mediano con poca carne negruzca pegada al esqueleto. No necesitaba buscar alguna característica distintiva en ese cadáver chamuscado para reconocer el débil olor emergente del tejido carbonizado, el aroma a musgo mezclado al de pescado dulce.   Hvítaugu.   Grishu parpadeó varias veces de una forma tan dolorosamente lenta que el tiempo se detuvo como una cinemática trágica, su corazón se paró por igual al acercar su hocico a la cabeza calcinada de su segundo hijo, la carne se volvió ceniza apagada dejando un cráneo sucio por el carbón. Sus pulmones se tropezaron al inhalar aire exhalando en lapsos cortos como si estuviera cayendo a las profundidades de un vasto océano muerto, solo oscuridad, el cerebro no le daba para procesar más allá de esa imagen. No había llorado antes, y si lo hizo fue tal vez cuando era tan joven como lo fue su pequeño Hvítaugu, por algo idiota en su momento. Está vez no se sentía así. No podía ser verdad. —“Mi pequeño dragón de ojos nevados” Su voz fue un soplo débil en su cabeza, esta vez su segundo hijo no escucharía el sonido de esa voz quebrado en lamentos profundos, mirando a los lados de esa mancha negra sobre la superficie. El crujido de varios pasos en la nieve no lo sacó del trance auto-impuesto por el dolor de un padre observando el cadáver quemado de uno de sus hijos. Un pinchazo inofensivo lo hizo alzar la cabeza, hocico abierto ya conjurando su aliento helado sin una sola pizca de objetividad, no había raciocinio en ese momento. Solo ira. Olvidó las enseñanzas de su padre sobre no abusar del aire helado al lanzarlo en oleadas largas de ataque, congeló los arbustos, los robles, la misma nieve ya estacionada en el suelo y a aquellos que portaban el fuego en sus manos. Se habían enfrentado a otros dragones de Hielo en su camino seguramente, pero ahora no estaban frente a cualquier dragón, estaban frente al gran e impávido Soberano del Hielo. No había tregua ahí, ni la habría jamás.  

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  En las tierras el Este   La enredadera de túneles subterráneos en las tierras del Este era más extensa y difícil de aprender para los visitantes de los otros clanes, pero con la memoria de Lainsh los cinco llegaron al corazón de esos corredores de roca angostos. Primero paso Yngri seguido de Snjóblóm con Storar detrás, Elst le pidió a su madre subir primero el desnivel antes de saltar siendo recibidos por voces conocidas. —“Hija mía, mis amados pequeños” Una dragona casi igual de blanca y alta como Lainsh recibió a cada uno con un choque de cabezas sutil, acicaló la cabeza de su única hija antes de saludar a sus nietos. El rostro inexpresivo de la dragona madre sacó las alarmas en su padre, el dragón anciano se le acercó comprensivo recibiéndola en sus alas. —“Mi Lainsh, mi pequeña tormenta de nieve ¿Qué sucedió?” El dragón albino acunó a su hija cuando ella no pudo sostenerse más con sus propias patas, desplomándose en el suelo de la caverna a la vista de otros dragones que habían sido mandados al Este por los mensajeros de Grishu, cada uno de los dragones de Hielo debía estar en un mismo lugar para escuchar la situación actual de su amado hogar. Lainsh no le importó ser vista en debilidad, chilló agudo escondiendo la cabeza bajo la garra de su padre. —“Mi niña… mi bebé Fiorildahali… ya no está respirando… ya no ríe” Su voz sonó en la mente colmena dentro de ese hueco rocoso, los chillidos y gorgojeos ansiosos de los demás dragones viendo a la compañera de vida de su Soberano desplomándose así no les daba esa seguridad que esperaban. Yngri miró a cada rincón sintiéndose abrumado de golpe, el ruido de un peso inmenso aterrizando sobre una de las entradas lo sobresalto, el cuerpo de su padre se asomó por el escalón de piedra entrando en la cámara. Solo. —“Grishu…”— Lainsh se levantó en un instante mirando a los lados con el hocico entreabierto, el frío inicial en su garganta se fue al resto de su cuerpo al verlo solo— “Grishu… ¿Dónde está Hvítaugu?... ¿Dónde está mi otro bebé?” El tono quebrado junto a sus ojos cristalinos le rompió más el corazón al inmenso wyvern, el Soberano de Hielo bajó la mirada a sus garras membranosas antes de negar en lentitud. Cerró los ojos con fuerza frunciendo el ceño por el ardor creciente en su sangre, esa imagen no se iría nunca de su mente. Lainsh soltó otro rugido tan agudo capaz de romper el hielo colgante en el techo rocoso de la caverna, su cuerpo se movió por inercia buscando donde sujetarse para rejuntar los pedazos de su alma, Grishu se movió por reflejo colocándose debajo de ella para ser su roca donde apoyar su peso. Los padres de Lainsh se acercaron poniendo sus cabezas sobre la crin de ella cerrando los ojos por igual, en ese abrazo desconsolado, Yngri no podía escuchar en su cabeza por más tiempo los llantos de su madre. Gruñó sin tanta fuerza corriendo por una de las grutas que llevaban a las zonas más profundas de esa enredadera, Elst lo siguió con la mirada a punto de llamarlo, Snjóblóm lo detuvo extendiendo su ala a un lado de forma simbólica para detenerle. —“Yo iré por él, tú y Storar quédense aquí” La hija giró su cabeza a donde se fue el menor de ellos, en un ritmo algo apresurado, trotó rasguñando un poco la roca con sus garras en el proceso. Olfateó el aire siguiendo ese hilo con aroma a hojas secas y tierra mojada, dio varias vueltas en esquinas con dobles entradas perdiéndose en una de ellas para regresar por sobre sus pasos, el sonido de gimoteos dentro de una grieta estrecha la detuvo en su carrera. Su hocico no alcanzaba a pasar por la abertura, pegó su cabeza de costado solo dejando su ojo visible notando entre las sombras esa figurita de wyvern pequeño tembloroso. —“Yngri, cachorro ¿Puedes salir de ahí? Debemos regresar con los demás antes de asustar a mamá y papᔓNo quiero… no me gusta oír a mamá llorando”“Es solo que…”— Snjóblóm suspiró mirando a otro lado buscando las palabras adecuadas— “A ti te duele no volver a ver a Fioril y Hví ¿No es así?”“Si… fue mi culpa”“No, cachorro, no fue culpa tuya”— Snjóblóm suavizó su mirada acostándose en ese lugar cerca de la grieta— “¿Por qué dices eso?” Yngri gimoteó más fuerte al girarse dando un gruñido chillón al ver el ojo de su hermana mayor. —“¡Yo no fui lo suficiente fuerte para ayudarlos! Yo… soy pequeño… sí hubiera sido más grande… más fuerte como papá… ellos estarían aquí”— el pequeño dragón agitó sus alitas, impotente— “Sí pudiera lanzar hielo… sí volara sin ayuda… ¡Hvítaugu hubiera volado más rápido!... ¡Fioril no estaría torcida!”“Cachorro”— Snjóblóm suspiró profundo cruzando sus patas delanteras para apoyarse bien contra el muro— “Aún eres un bebé, uno muy pequeño, pero eres fuerte y muy talentoso. Tu tamaño no será así siempre, por ahora debes ser protegido y eso está bien, esa es la tarea de nosotros hacia ti, cuando seas tan grande como papá será tu turno de proteger a tus seres queridos“¿Crees que sea capaz de hacerlo, Snjó?” Yngri se acercó a la entrada de la grieta con su carita gimoteando en chillidos bajos, ella solo miró a la pequeña criatura temblorosa cual cachorro recién nacido. Se alejó un poco de la salida para darle espacio al pequeño de los seis de salir con pasos torpes, ya ambos frente a frente ella le acicaló la frente y las alitas bajando su temblor que le sacudía su cuerpecito completo. —“Sí, cachorro aventurero” Snjóblóm pegó su costado de la cabeza a la cabecita de su hermano menor en un bufido suave. —“Serás el dragón más poderoso e intimidante que jamás hayan visto los demás dragones. Promesa” Los dos chocaron las frentes entre risas mentales con sus ojos entrecerrados, un mordisco juguetón en el hocico de la hermana mayor la hizo dar un chillido alegre recibiendo Yngri una lamida en la mitad de su cabeza. Sacudieron su cuerpo ambos preparándose mentalmente para oír muchas voces en sus cabezas al regresar, seguramente entre ellas las de su papá y su mamá en pánico por la repentina desaparición. Y así sucedió. Yngri se pegó al costado de su madre quedando bajo su ala a su disposición por si necesitaba abrazarlo o sentirlo cerca, los ojos de Lainsh mostraban algo nuevo en su alma. Una necesidad de brutalidad contra esos seres bípedos para ajustar cuentas, más feroz en su mirar tan intimidante para cualquiera que le mirara fijamente. —“Escuchen todos, silencio por favor”— Grishu entonó con esa autoridad infundada por su papel de Soberano, caminó unos metros al centro de la cámara escuchando los gruñidos y mordidas al aire de los más adultos a los jóvenes para callarlos— “Silencio” Las crías rebeldes tan ruidosas como las aves en las mañanas llamando a sus iguales se callaron por el rugido del dragón más ancestro del lugar, el silencio se instaló con lentitud, así el dragón más ancestro le dio una afirmación al Soberano. Ya estaban poniendo atención cada uno de ellos. Grishu asintió para sí mismo antes de alzar la cabeza mirando a cada uno de esos dragones de Hielo bajo su cuidado.   Era hora.
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