Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Dragones de Hielo: Parte V"

Ajustes
Grishu caminó en calma levantando con su andar cargado de su poder esos pocos copos de nieve que se colaban en la cueva, su cresta brilló al detenerse mirando al tragaluz natural en la cima de ese lugar hueco, el sol ya estaba abriéndose paso desplazando a la luna de su lugar. Las nubes se veían grises, había más ceniza en el ambiente. —“Esta tierra, esta nieve, el hielo y el mar congelado es NUESTRO hogar”— el Soberano del Hielo habló en la mente de cada uno de esos dragones bajando su mirada a ellos— “Nosotros forjamos este suelo con sangre y sacrificios de generaciones pasadas, es por derecho para los dragones de Hielo. Y ahora, las grietas han regresado a causa de la magia de este mundo que no ha podido quedarse en su límite, no es culpa de nadie, pero si nos quedamos sin hacer nada perderemos aquello que hemos atesorado por generaciones” Caminó trazando un semicírculo por el suelo con la cabeza bien en alto sin miedo a la situación actual. —“Tenemos miedo. Miedo de no regresar a casa, miedo de perder nuestras vidas, miedo…”— se detuvo a mirar a su compañera, quien endureció su expresión al compartir esa mirada de dolor con él— “Miedo de perder a nuestros hijos” Lainsh cerró su ala un poco más pegando de forma inconsciente a Yngri a su costado, el pequeño dragón se metió entre sus patas con un temblor en sus alas. —“¡Pero si no actuamos ahora! Si les dejamos tomar lo que quieran a esos invasores, a esos Innsárher, lo perderemos todo”— Grishu alzó la voz con un golpe de guerra de su cola en el suelo— “¡Somos dragones, somos los dueños de nuestra libertad y no viviremos bajo el miedo por lo extraño! En nuestros cuerpos fluye el frío de los océanos árticos, el poder de controlar Hielo a nuestra voluntad, somos una fuerza de la naturaleza ¡Somos. El. Corazón. De esta tundra.!” Sus últimas palabras fueron acompañadas por un rugido bajo que removió a los demás dragones en sus lugares. Ancianos, adultos, jóvenes, incluso las crías chillaban contagiadas de esa inquebrantable voluntad de su Soberano. —“¡Debemos pelear por lo que es nuestro, NADIE nos va a arrebatar nuestras vidas sin luchar hasta el final con garras y dientes! Hasta nuestro último aliento hemos de hacer guerra”— Grishu se paró en sus patas traseras dejando sus patas membranosas colgando a sus costados— “¡Mis hermanos, mis iguales, únanse a mí para expulsar a estos invasores de nuestro hogar, DE NUESTRA TUNDRA!” El imponente Soberano del Hielo juntó su poder helado haciéndole brillar su cuerpo completo como un hermoso cristal natural proyectando la luz más encandilante de la noche, como un faro de aliento bélico. Un rayo de aliento helado fue lanzado hacia el cielo pasando a través del tragaluz en el alto techo de la cueva, los demás dragones rugieron con él lanzando sus propios alientos a ese rayo creando un rugido de guerra. Los invasores les declararon la guerra a los dragones de Hielo trayendo su fuego mágico, y ahora ellos habían aceptado esa declaración con gusto.  

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  El impulso a entrar en una guerra por su supervivencia se volvió más ardiente con el pasar de los días, con los hermanos, madres e hijos caídos en el campo de batalla tan cruel como silencioso que los mismos dragones habían creado para los invasores. Esos bípedos tenían la delantera por tener en sus manos la capacidad de crear fuego eterno, pero los dragones seguían siendo más grandes con envergaduras impresionantes, los dos bandos estaban por igual. Grishu llevaba en sus hombros la cantidad de hermano dragones caídos en batalla, aunque Lainsh había prometido quedarse junto a otras doce hembras entre jóvenes y ancianas para cuidar a las crías, a veces el Soberano no podía controlar los ánimos de Storar y Elst de querer participar para defender su mundo de hielo y nieve. Lainsh ya los había regañado fuertemente a esos dos cuando se salían del refugio bajo tierra a escondidas a luchar en el perímetro cercano a la madriguera, pero ellos no se rendían en salir de nuevo una y otra vez a luchar para proteger a su familia. Snjóblóm se la pasaba más tiempo distrayendo a Yngri con juegos inocentes junto a otras cuatro crías del Sur, se distraían lo suficiente para darle tiempo a ella de practicar su aliento helado por si un día debía proteger ella a su hermano menor y las demás dragonas de esa madriguera. La defensa de los dragones alrededor de la zona era buena, pero dos o tres veces habían tenido infiltración de seres bípedos por túneles tan pequeños creados por ellos mismos para raptar a las crías. Snjóblóm era la primera en dar la alarma antes de despedazar a algunos. El sabor de la sangre carmesí de esos seres era dulce con un toque a metal, no era secreto que algunos dragones hermanos de Hielo se comían los cadáveres, aunque hubiera más opciones de caza, ellos devoraban la carne extraña.   Grishu se asomó por el hueco de la madriguera encontrándose de frente a una dragona anciana, por el susto de la inesperada visita dio un rugido agudo la pobre antes de regañar al Soberano. —“Por el amor al hielo, has ruido cuando vayas a entrar”“Pensé en hacerlo, pero si los cachorros estaban dormidos iba a despertarlos” El Soberano inclinó su cabeza pidiendo perdón antes de ser tacleado por dos masas igual de fuertes entre ambas, una de ellas era su hija mayor que chilló alegre y la segunda era su cuarto hijo, ese día se encontraba ahí sin intenciones de escabullirse a pelear con su hermano Elst. —“¡Padre, estás bien! No te habíamos visto en una semana”“Perdón, perdón, estuve haciendo planes de estrategia con los ancianos del Norte. De hecho, necesito hablar con tu madre ¿Dónde está?”“En la madriguera más profunda, Yngri dijo que no podía dormir y ella se lo llevó para acurrucarse juntos” Storar parpadeó dos veces antes de morderle un ala a Snjóblóm, ella chilló en queja dándole un zarpazo sin garras en la cabeza quitándolo de su lado. Grishu les mordió a ambos el hocico sacudiéndolos a los lados sin intenciones de lastimar, cuando se los quitó de encima les lamió sus frentes. —“Bien, ustedes dos sigan ayudando a proteger el lugar, no hagan nada estúpido” Los dos asintieron antes de saltar a un lado para empezar a jugar con mordidas y aletazos, la dragona anciana solo rodó los ojos con un suspiro mental antes de echarse para seguir custodiando la entrada. Grishu reptó agazapado por el túnel saludando a los demás dragones que se encontraba en el camino, riendo un poco cuando las crías que no eran suyas le saludaban con familiaridad de igual forma. Les siseaba suave para verlos correr fingiendo estar asustados, siguió su camino hasta la madriguera más profunda. Su cresta se atoró en la inclinación sacándole un quejido de molestia, acomodó mejor su cabeza antes de entrar bien casi cayéndole encima a su compañera. —“¡Grishu!”“Perdón, perdón, se me atoró la cabeza y empuje sin medir mi fuerza” Los dos dragones se vieron en esa calmada oscuridad solo iluminada por la cresta de él y los ojos de ambos, ella suavizó su mirada alzando su hocico para encontrar el de su compañero, él cerró los ojos restregándose en su costado como hacían cuando necesitaban la calma del otro. Con cuidado, Grishu se acostó sobre ella enroscando su cola también alrededor del dormido Yngri, el pequeño dormía tan placido que si su cresta no resonara con la de su padre ni se vería su figura. —“¿Cuánto tiempo lleva dormido?” La voz profunda llena de dulzura de él le dio un escalofrío a ella, solo resopló bajando su cabeza a donde estaba dormido su pequeño. —“Tal vez un rato largo, entramos aquí cuando el sol apenas estaba un cuarto en el cielo ¿Dónde va actualmente?”“Esta sobre nuestras cabezas ahora”“Ah, entonces si es un rato largo” Ambos se rieron en sus cabezas, sin ninguna intención diferente él restregó su cabeza en el cuello de ella antes de acostarse. Aprovechando la posición, Lainsh apoyó su cabeza sobre la de él sin sentirse incomoda por la cresta, ya tenía unos cuantos siglos de práctica. El silencio se instaló en ese hueco de tierra solo siendo roto por las respiraciones de esos tres dragones, hasta que Grishu sintió que Lainsh se iba a quedar dormida habló de nuevo. —“Mañana iré a las Monatñas Levitantes, a hablar con mis hermanos Soberanos”“¿Hmm?”“Pediré ayuda, hemos acabado con la mayoría de los invasores, pero también hemos perdido a muchos de nuestro lado. No debería haber tanta muerte bajo la nieve de nuestro hogar”“Y estoy de acuerdo, aunque ¿Qué se supone que haga si en el viaje algo te sucede?”“No me pasará nada, lo prometo ¿Mm?” Lainsh abrió los ojos sin quitarse de encima de la cabeza de su compañero de vida, exhaló profundo al tomar una decisión ella sola y cerrar los ojos. —“Confío en ti”“Lo sé, y lo aprecio mucho”“Ahora quédate aquí solo un poco, por favor, tampoco he podido dormir bien. Sabiendo que estas allá afuera luchando con los demás, me duele no saber si regresarás a vernos o no, así que solo por un momento. Quédate”“Siempre voy a quedarme, Lainsh, te lo prometí cuando fusionamos nuestras almas en una sola. Siempre voy a estar aquí, contigo y con ellos” Con esa promesa aun latente entre esos dos dragones, la angustia y la incertidumbre del día se aplacó lo suficiente para dejarlos dormir solo un poco.  

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  Las Montañas Levitantes se veían más solitarias que otros días, el Soberano del Hielo aterrizó con gracia en la entrada caminando a andar veloz, cruzando el velo de agua alrededor de la plataforma donde se solían hacer Discusiones, miró a los nueve Tronos encontrando solo a dos dragones que hablaban entre sí en un espacio alejado por detrás de los tronos del Agua y Flora. —“Hermanos” Grishu llamó viendo como esos dos dragones de siluetas borrosas por el velo de agua se giraron a verlo, un siseo salió de uno antes de que el segundo asomara la cabeza cortando el fluir del agua.   Oush.   El Soberano de la Oscuridad bufó en jubilo pasando su cuerpo por el velo hasta quedar frente al Soberano del Hielo, sus ojos afilados brillaron de forma extraña antes de hablar con esa educación falsa de siempre. —“Ah ¿Grishu? Hermano de Hielo, que sorpresa verte aquí ¿No se supone que la Tundra estaba bajo ataque? ¿Dejaste solos a tus hermanos para venir acá? Que despiadado de alguien que se hace llamar correcto”“No te confundas”— el wyvern se le acercó con un bufido firme seguido de un gruñido bajo— “Vine aquí a pedir ayuda de las otras razas, mi pueblo está siendo masacrado por Innsárher capaces de controlar fuego eterno, no podemos nosotros solos contra eso”“Que noticia tan desalentadora”— Oush siseó agudo extendiendo sus alas unos segundos antes de retraerlas para escurrirse a un lado cual serpiente— “Y más la que te diré. Ustedes no son los únicos afectados por los invasores que, en realidad, ya les pusimos un nombre aquí en la Sala de Tronos gracias a la memoria de nuestro querido hermano Thud” Miró hacia el velo de agua donde la cabeza del Soberano del Trueno cortó el flujo de la corriente con más elegancia, se sacudió el exceso de agua antes de resoplar, aventándole gotas de agua a Grishu con superioridad. —“Es comprensible que ustedes los dragones de Hielo les tengan un nombre a esos seres, nunca salen de sus tierras y cuando lo hacen no llegan más allá de la cordillera noreste, pero esas criaturas son nada más ni nada menos que ‘Humanos’ seres que destruyen y aniquilan cualquier ser viviente a su paso que no sea como ellos” Thud caminó sin detenerse a explicar o ver más de la cuenta al dragón de Hielo, incluso al pasar a su costado lo hizo a un lado con un aventón de sus alas, como una simple basura insignificante para el dragón aciano del Trueno. Grishu gruñó amenazante a Thud dispuesto a morderle la cola cuando Oush se puso en su campo de visión enseñándole los colmillos en una sonrisa no tan amigable. —“Así que, es una pena, pero cada uno está luchando por sus iguales en estos momentos”— se enderezó con un resoplo satisfecho y una risilla mental al girarse para seguir a Thud sin ningún remordimiento en su lenguaje corporal—“Los dragones de Hielo se jactan de su sangre pura y fuerza para soportar temperaturas bajas ¿No? ¡Entonces arréglenselas con eso!” La risa se volvió más escandalosa antes de irse mitigando, Oush alzó vuelo dejando a Grishu solo en la plataforma con el corazón ardiendo de impotencia y decepción, la sensación de ser desplazado por su propia especie caló hondo en su corazón.   Por primera vez, realmente estaban solos.  

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  Lainsh había cedido a la petición de su hijo menor Yngri de salir unos momentos de la madriguera a cazar peces en el arroyo ladera abajo, ella no se sentía muy a gusto de alejarse tanto de la seguridad de esa zona de túneles subterráneos, pero su hijo era más insistente cada segundo. Con Elst a su lado al menos la sensación de sentirse insuficiente se amenguaba, los dos dragones vigilaban al pequeño que saltaba en al agua atrapando peces pequeños para llevárselos a su madre y hermano mayor como regalos por dejarlo salir un rato. —“Otro para mamá” Yngri dijo dejando un pez café con cabeza gris cerca de las patas delanteras de su madre. —“Oh, que amable dragoncito, gracias” Lainsh se lo comió de un bocado antes de respirar más calmada, siguió con la mirada al pequeño hasta verlo jugar de nuevo. Su serenidad acabó al ver a su hijo mayor levantándose de golpe con sus alas extendiéndose poco a poco, su cola meneándose lentamente de lado a lado en el aire, ella llamó a Yngri al segundo levantándose de igual forma para tomarlo con sus colmillos y trotar en dirección a la madriguera. Elst se quedó atrás antes de dar un gruñido más fuerte, el ruido de su aliento congelado siendo disparado hizo correr a Lainsh con su pequeño cachorro en sus dientes. Podía pelear, proteger a su otro hijo, pero antes debía llevar a terreno seguro a Yngri y esa seguridad era la madriguera. Apenas derrapó en la entrada asustando a un dragón joven de no más de mil años, le dio a su hijo con extremo cuidado usando su hocico, dándole un empujón en la parte trasera a Yngri. —“¡Llévalo adentro, ya!” Lainsh no esperó a ver entrar a Yngri, se giró sobre sus patas alzando vuelo para regresar más rápido al arroyo y poder visualizar cuantos invasores eran. Con un vistazo veloz a los alrededores contó a ocho, siete ahora, Elst los retenía suficiente lanzando hielo a sus costados creando barreras resistentes para que las lenguas de fuego no le atacaran por sus puntos ciegos. Ella aterrizó creando un surco profundo en la tierra tomando con sus colmillos a dos de esos seres, con sus garras los tomo de sus partes inferiores tirando al otro extremo, la lluvia de ese líquido carmesí bañó a otros que gritaron en ese idioma extraño. Lainsh rugió enrabiada a uno que amenazaba con lanzarle fuego en el hocico, de un soplo una ráfaga de hielo aniquiló a cuatro dejando solo uno. Ese emprendió la huida sin llegar tan lejos, Elst dio un giro alzando su cola para dar el golpe a la nieve, el cuerpo del bípedo quedó aplastado como una hormiga bajo la pata de un lince. Elst respiró profundo al no escuchar más ruidos de pisadas, pero el ruido de gruñidos y garras marcando surcos en la nieve le hizo girar, su madre tenía el cadáver de uno de esos seres entre sus garras rasgando su carne en pedazos sin piedad. Incluso los órganos que estaban en la nieve fueron magullados con cólera hasta ser solo bultos molidos de algo rojo. La aberración en los movimientos de Lainsh le revolvió el estómago a Elst, su madre estaba fuera de sí despedazando lo más pequeño que no había sido destrozado ya. —“Madre, ya basta” El hijo mayor se acercó con cuidado a ella, la agarró de su tórax con una pata para quitarla de esa escena de manchas carmesís, cuerpos a medio triturar y nieve mezclada en un color anaranjado con leves zonas oscuras de rojo. —“Mamá. Ya” Elst sintió como la voz mental se le quebraba al mirar a los ojos encendidos por el rencor tan inmensurable de Lainsh hacia los invasores, él podía comprenderla. Habían asesinado a dos de sus hermanos, pero el suplicio de ver a su pequeña torcida y la idea de no volver a ver a su otro hijo era más grande en el espíritu de Lainsh. —“…Mamá” Ella parpadeó varias veces, se giró a ver a su hijo mayor encontrando ese miedo por lo que ella se estaba convirtiendo a causa de l duelo no hecho. Se relajó al pegar su cabeza en el costado de él. —“Discúlpame, por favor discúlpame”“Está bien, mamá. Está bien” Los dos se quedaron quietos en esa disculpa de una madre a su amado hijo, cerraron los ojos solo un momento para sentir el calor del otro regulando las emociones ajenas. Al abrir los ojos, Lainsh acicaló la frente de Elst con un suspiro mental más centrado por la ayuda. —“Regresemos” Él asintió seguro moviéndose detrás de ella, el silbido de algo que venía a toda velocidad lo hizo ponerse en alerta. No había tiempo, con el corazón en los colmillos empujó a Lainsh al frente recibiendo de lleno el impacto de un gran palo de metal en su costado justo a la altura del tórax. Como si el tiempo se hubiera ralentizado, Lainsh vio en horror el cuerpo de Elst cayendo al arroyo chapoteando a todos lados el agua que comenzaba a mancharse de azul. Los ojos llenos de ese sentimiento de protección, amor, cuidado y preocupación hacia ella se apagaron hasta ser solo dos pupilas dilatadas sin movimiento. Un golpe certero al tórax atravesando los órganos importantes junto al corazón, una muerte rápida sin tanto dolor para su hijo.   Otra estaca clavada en el alma para Lainsh.   —“¡EEEELST, NO!” La dragona vio más de esos palos largos de metal volando por los aires en su dirección, en la parte superior de donde empezaba el arroyo venían esos seres bípedos montando equinos a galope con sus palos de madera encendidos. Iban a por ella, pero si ellos estaban ahí significaba que habían encontrado la madriguera.   Lainsh no tuvo tiempo de tener su duelo, se levantó de un salto tropezando en su carrera levantando nieve con tierra en su prisa por regresar. Sus otros bebés estaban en peligro.  

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  Minutos antes del ataque.   —“No me voy a tardar tanto, solo voy a ir a buscar bayas y ya” Storar ya se lo había explicado unas mil veces a su hermana mayor sus intenciones del día aprovechando quesu madre de ellos no estaba ahí, Snjóblóm se le puso en el camino con su bufido firme sin espacio a discusión. —“No, Storar, mamá dijo que debíamos quedarnos aquí hasta que ella, Elst e Yngri regresaran, entonces si querías salir sería acompañado de Elst ¿O tu cerebro no da para pensar más allá de tu hambre?”“Ay que dramática, seré rápido, lo juro” Y sin dejarle responder a su hermana le pasó por encima riéndose al llegar a la salida de la madriguera alzando vuelo apenas llegó a la zona despejada, Snjóblóm solo rugió en regaño antes de resoplar resignada con el ceño fruncido. —“Es un idiota de los más grandes” La hija mayor se regresó a la cámara más grande de la madriguera tirándose boca abajo en un resoplo de escarcha, manchando las alitas de una cría que estaba jugando a hacer huecos en la tierra húmeda. El chillido del bebé dragón la hizo sonreír lanzando más escarcha a las alitas revoloteantes. Las vibraciones en el techo de la madriguera se hicieron más continúas anunciando la cercanía de algo, con un empujón de su cabeza le dio la señal a la cría de ir a otra de las cámaras para esconderse. La tierra desprendió el fino polvo sobre el cuerpo de la hija mayor haciéndola resoplar en estornudos, ella era la más grande para luchar en ese momento. Los jóvenes habían salido justamente a sus rondas de patrullaje y su madre estaba fuera con Elst, los ancianos en los túneles no podían seguirle al ritmo a los invasores y mandarlos sería condenarlos a muerte. Se quedó lo más quieta posible con los temblores crecientes en sus patas, cerró los ojos para calmar su ritmo cardíaco hasta dejar de oír cosas pesadas pasando por las cercanías de las entradas a la madriguera. Cuando se detuvieron escuchó ruido en la entrada, se asomó lo necesario para ver la silueta camuflajeada de uno de los dragones jóvenes que regresaba de su patrullaje también atento a los ruidos de los alrededores. El suelo volvió a temblar ahora por un peso diferente, la imagen de Lainsh corriendo con Yngri en su hocico le hizo sacar un resoplo de pánico a Snjóblóm, ella le dijo algo al dragón joven que pensaba entrar antes de dar media vuelta y alzar vuelo su madre. Snjóblóm salió después de verla desaparecer para jalar a Yngri al interior de la madriguera, su cuerpecito tembloroso contra los colmillos de ella le hizo dar a su corazón un vuelco. —“Yngri ¿Qué sucedió?”“Elst se puso de pie… y mamá me tomó para regresar… tengo miedo”“Lo sé cachorro, lo sé, debemos ir a la madriguera profunda ahora” El techo de la madriguera se abrió de golpe como las costillas de un venado siendo devorado por un oso, la luz ajena a la oscuridad de ese lugar encandiló a las crías curiosas que habían salido a ver y al otro dragón joven que rugió de forma bélica al ver ese brillo del fuego. Con un salto salió a darles tiempo a los ancianos y crías de huir, pero desde otros puntos de la madriguera comenzaba a salir humo, había fuego dentro de los túneles. Igual a las ratas. Crías, jóvenes más pequeños y ancianos salieron de la madriguera por los conductos principales o creando nuevos debido a la histeria de ser consumidos por las llamas. Snjóblóm no soltó en ningún momento a Yngri, corrió sin mirar atrás con el corazón martilleando en su cabeza y tórax, no podía volar por el humo concentrado en las alturas. La idea de volar al ras de las copas de los árboles fue descartada cuando un palo enorme de metal cayó a pocos centímetros enfrente de ella haciéndola derrapar, por accidente mordió de más a Yngri causándole un chillido. —“¡Perdón, bebé, perdón!”“¡Corre, Snjó!” Yngri miró al cielo viendo la lluvia de diferentes tamaños de palos de metal volando a cualquier dirección, por el pánico de ambos no supo Snjóblóm cuando soltó a su hermano menor, ni Yngri supo cuando comenzó a correr por su cuenta dando aletazos. Se dieron cuenta que el otro se había alejado cuando el sonido de las llamaradas hizo tronar la madera del bosque nevado. Yngri salió a un glaciar enorme en la costa, el inmenso cuerpo de agua helada lo hizo detenerse en su carrera rompiendo la orilla del hielo, los pedazos cayeron a más de cincuenta metros de altura. El pequeño dragón respiró agitado con sus ojos bien abiertos, gritos a lo lejos le hicieron mirar encontrando a esos bípedos montados en equinos señalándolo. Yngri corrió como pudo dando saltos entre empujones de sus patas traseras, si volaba uno de esos palos de metal enormes lo pincharía a la mitad, no quería morir. Debido al peso de los equinos en el glaciar y el temblor por los rugidos de los dragones de Hielo luchando en el bosque que se incendiaba sin tregua, el hielo también tembló formando fisuras con peligro de desprenderse. Yngri siguió entre corriendo y deslizándose por la superficie helada con la respiración más rápida a cada segundo, una sacudida lo hizo tropezar mirando como los equinos se alzaban en sus patas traseras antes de ver el hielo quebrándose en grandes bloques.   El glaciar se estaba desprendiendo.   Yngri chilló agudo regresando a su carrera por su vida, los bloques de hielo crearon un terreno irregular donde a veces el pequeño dragón quedaba arriba y otras muy abajo. Aleteó varias veces sin querer mirar atrás por si esos seres estaban cerca, su carrera fue interrumpida al oír un rugido conocido en la distancia. Alzó su cabecita viendo entre el humo y el fuego la inmensa silueta de su padre, lanzando hielo junto a otros dragones que vaciaban agua helada al fuego apagándolo solo con eso. Yngri rugió lo más fuerte que sus fauces le permitieron siendo más un sonido chillón corto que una señal de auxilio, aun así, uno de los dragones cercanos viró en su dirección hacia donde él estaba sobre un bloque de hielo sin desprenderse. —“¡Aquí, estoy aquí!” El dragón adulto extendió sus garras para atraparlo, pero el bloque de hielo se desprendió segundos antes lanzando a Yngri a un lado resbalando por una gruta. Un último vistazo al cielo de cenizas y alas fue su regalo de parte de la tundra, cayó a la oscuridad entre las paredes de hielo golpeándose el pequeño cuerpo varias veces. Se intentó agarrar de alguna saliente con sus colmillos o una pata sin éxito, de repente las paredes de hielo desaparecieron para darle paso al agua helada. Yngri sintió la tensión de la superficie romperse bajo su peso salpicando primero y creando ondas después, el cachorro de dragón giró sobre su peso para orientarse y dar saltos cortos aleteando sin poder subir más de dos metros. El chapoteo constante fue cesando conforme las fuerzas del cachorro se acabaron, en un último intento sacó su cabeza del agua mirando a esa delgada luz lejana. —“Ayuda… papá… mamá…”   Su cuerpo se hundió en las aguas heladas de la indómita tundra.
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