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Furina y el resto de los chicos fingieron no poner atención a las sonrisas bobas que Neuvillette ponía cuando Kalaham se le acercaba a preguntarle algo, cualquier cosa de cualquier tipo, tampoco de ese brillo en sus pupilas al inclinarse de forma inconsciente hacia el hombre de casi dos metros piel canela. El Juez ya no era más esa imagen de Juez Supremo, solo era un hombre enamorado de la persona que le correspondía de igual forma. Eso hacía suspirar feliz a Navia, le ponía una sonrisa de suficiencia a Clorinde, hacía sentirse orgulloso a Wriothesley y hacerle sonreír a Furina con sus manos en sus mejillas disfrutando de ver ese lado suelto de ese dragón. Aquel ser privado por su propia mano de interactuar más de la cuenta con otros, ahora liberándose de sus cadenas y restricciones de forma tan poética. Era un nuevo Neuvillette, uno más real. A la hora de la cena, el leviatán humano se sentó con el grupo de cuatro a paso apresurado para fingir normalidad al llegar al espacio vacío a un lado de Clorinde, Neuvillette se echó su cabello trenzado hacia atrás con delicadeza. —¡Ay Neuvillette! Traes cara de embobado las veinticuatro horas ahora. —¿Mm? ¿Qué pasó, Navia? Los cuatro se rieron en coro al ver tan distraído al susodicho, y hablando tan informal. Era una obra de arte. —Nada, Neuvillette, nada. Que comas antes de que se enfríe tu estofado. El leviatán humano se sonrojó por dejarse ver tan distraído, pidió disculpas en tono más formal antes de iniciar su cena con una sonrisa implícita en su cara. La conversación se dio natural entre los cinco de otras cosas, sobre las tareas del día siguiente y el clima tan acogedor de la tundra siendo una zona tan salvaje. Neuvillette recordó algo y con su espalda recta, aclarando su garganta le pidió a Wriothesley separarse un momento de la conversación. Caminaron los dos a una esquina donde el fuego de la hoguera les iluminaba solo su perfil. —¿Qué sucede, juez enamorado por primera vez? Wriothesley le sonrió burlón recibiendo una mirada tan familiar de regaño, un poco menos firme a las pasadas. —Es de mi mano informarte que le he confesado mis sentimientos a Kalaham, y él me ha correspondido de forma mutua. —Y me alegro mucho por eso… —Así que, por ende, tus sentimientos hacia él no entran en esta unión. —… ¿Cuáles sentimientos? — el Duque alzó una ceja en sincera confusión. —No me gusta lastimar a mis seres cercanos, pero debo ser firme con esto para que entiendas de una forma pacífica, si intentas ponerte en el camino me veré obligado a quitarte con rudeza. —Woah, woah, alto ahí, Neuvillette— Wriothesley alzó sus manos en señal de tregua con una risa atorada en su garganta— Ya lo había dicho, Kalaham no es mi tipo. El leviatán humano se detuvo en su discurso mirando al otro, parpadeó varias veces sintiendo ya la vergüenza trepando por sus piernas. —¿No lo decías por qué te daba pena admitirlo frente a nosotros? Te acercabas a él de forma constante y yo… —¡Lo hacía para hablarle bien de ti, Neuvillette! Vi a ambos enojados con el otro o apenados, no sé, y me propuse a hablarle bien de ti— el Duque se rio por fin tapándose la cara con una mano ignorando las orejas rojas de vergüenza del otro— Aunque estuviera “interesado” ni siquiera me habla, le estaba hablando de ti y no me estaba escuchando porque quien le hablaba era yo no tú. A mí me gustan diferentes, en el hipotético caso que me guste un hombre. —… Oh— Neuvillette no sabía en dónde esconderse, inhaló profundo antes de dar su mejor cara de restarle importancia— Bueno, entonces sigue así, de igual forma no te lo iba a ceder. Buenas noches. Se giró con una imagen tan irónica en su andar dejando atrás a un Wriothesley muerto de risa con una mano en su cara, Neuvillette soltó el aire apresurando el paso al ver a lo lejos la tienda del wyvern humano. Era nuevo en esto llamado “enamoramiento” con las emociones que conllevaban a eso, quería dormir en la misma tienda con él al mismo tiempo en que su raciocinio le decía sobre dejar eso de lado e irse a su propia tienda a dormir. Le ganó la impulsividad por primera vez. —Kalaham ¿Interrumpo? Se puso más apretada la capa alrededor suyo cubriendo sus brazos dándole una imagen de no tener pies, dio un leve brinco al ver la tela de la entrada moverse revelando un rostro familiar atento a su visita nocturna. —No ¿Qué sucede? Corto y conciso sin ser agresivo o distante, fueron solo tres palabras que sonaron como un párrafo de cosas dichas entre líneas. —Ehm, sé que apenas hoy nos dijimos al otro su sentir, y es muy bonito, pero me preguntaba si puedo…— Neuvillette miró a su alrededor pidiendo al cielo estar solo ellos dos, esa imagen de súplica en él se vería irrespetuosa— ¿Puedo dormir contigo? No de forma intima ni en otro tono, solo dormir en la misma tienda. —Lo entendí a la primera, no te preocupes tanto, entra. Kalaham se hizo a un lado dándole paso a Neuvillette, se escabulló dentro con paso rápido pareciendo un pingüino al apenas agacharse, el wyvern humano acomodó la tela detrás del visitante sin tanto problema. —Sé que suena muy empalagoso, tal vez desesperado, apresurado es decir o hasta exagerado hacer una clase de petición de este tipo a tales horas de la noche… —¿Por qué sería empalagoso, exagerado o apresurado? Ya nos conocemos desde hace dos meses, no en esta forma claro, yo lo veo normal. —Ah, cierto, discúlpame se me olvida que eres el mismo wyvern con el que conviví… perdón, esto es un poco… —¿Confuso? Pienso igual, pero no me molesta en lo absoluto. —¿Cómo lo haces? Kalaham dejó de acomodar algunas almohadas de piel extra en el nicho enorme nombrado cama, se giró a ver al otro sin malicia sino con mirada paciente esperando el resto de la pregunta. —¿Cómo haces para ser tan… tú? Eres un dragón de Hielo con responsabilidades que te piden ser más que solo un ser ancestral, tienes la autoridad de una nación en tus manos y no puedes dejarte ser vulnerable a los demás por… dejar de ser neutral, y con todo eso— Neuvillette no notó que esas palabras ya no eran para el hombre de ojos azul profundo— Ser tan comprensivo. El wyvern humano se levantó sin mucho espectáculo, solo se movió de forma natural hasta el leviatán pidiéndole permiso en una seña silenciosa para abrazarlo de nuevo. Neuvillette asintió siendo el primero en moverse para caer en los brazos abiertos de Kalaham, esta vez rodeándolo por su torso con sus manos sobre sus omóplatos. Con ese gesto tan inocente su ansiedad fue disminuyendo hasta ser una gota diminuta en medio de un océano de calma. —Siento que me estoy partiendo en dos. Lo que soy en mi mundo como un Juez Supremo incapaz de tener favoritismo para ejecutar la ley sin ser blanco o negro, sino gris— Neuvillette no pudo modular su tono para hacerlo más alto a un soplo— Y en lo que descubrí que puedo ser, un dragón libre de cualquier regla de igualdad, solo ser yo sin miedo. —Está bien sentirse así, Neuvillette, estás aprendiendo tu lugar en un nuevo mundo— Kalaham habló de forma tan dulce que su voz profunda se sintió igual a una caricia en los oídos del otro— Es lo que sucede cuando vives entre dos identidades, no estás mal ni eres anormal, tú mismo descubriste tu otro lado de la máscara que te auto-impusiste hace mucho tiempo. Ambas formas son las correctas. El hombre de casi dos metros soltó un poco su agarre para ver a los ojos violetas lleno de inseguridad por su futuro, en un gesto solemne agachó su cabeza hasta sentir su frente tocar la de Neuvillette. La sensación de bálsamo fue inmediata para el corazón abrumado por emociones reprimidas tan antiguas como él. —El agua no es siempre la misma, no importa si la congelas o la evaporas, sigue siendo moldeable— Kalaham sonrió con una nueva expresión en sus ojos. Ternura— Se adapta a su entorno sin perder su esencia. Las respiraciones de ambos fueron el único sonido dentro de esa tienda iluminada por una tenue vela sobre el baúl del fundo, las olas golpeando con fuerza sin piedad en la costa se volvieron un río suave de aguas dulces. El cauce desbocado de esa misma agua se pandeó sin miedo por lo desconocido, se integró a esas palabras sin juicio ni presión en su expresión. Neuvillette ya no sintió el pánico de perder su identidad que pensó ser su verdad, la dejó fluir dentro suyo. Cerró los ojos respirando profundo el aroma del hombre que lo mantenía sujeto sin algo a cambio, solo con ese aliento cálido sobre su cabeza serenando sin saber la esencia del agua dentro de la mente del leviatán. Las emociones eran algo inédito, sí, pero cuando sintió las gotas caer de sus ojos al abrigo del wyvern no se sintió apenado por dejarse ver en tal estado. —Gracias… en serio, gracias. —Sin problema. Kalaham resopló sonriente sin despegar sus labios del cabello albino, respiró profundo el sutil aroma dulce y fresco como agua de un lago. Eso era Neuvillette para él, un pequeño lago que se había mantenido intacto debido a las inalterables aguas de su alrededor, ahora el cauce de esas aguas había entrado como un desbocamiento de la presa emocional sin darle tiempo al lago de prepararse para la inundación. Necesitaba ayuda externa de otro tipo de elemento, uno capaz de darle ese tiempo sin dañar el interior del lago. Hielo. Las aguas se congelaron en un tiempo cuidadoso parando de forma temporal ese desborde, en ese tiempo el lago tendría la fuerza necesaria para controlar las nuevas aguas e integrarlas a su forma original sin alterarlas. Así debía ser."Un malentendido aclarado"
22 de febrero de 2026, 21:53
Habían pasado cuatro días desde el arribo de Neuvillette como humano a la aldea, él se quedaba cerca de Furina o Clorinde cuando en el transcurso del día no podía quedarse en la tienda. Ya tenía la suya enfrente de la de ellos, eso no le importaba, solo era un simbolismo de su estancia. Realmente se la pasaba en la tienda del grupo el mayor tiempo posible antes de salir para ir a dormir a la suya.
Del mismo modo en esos cuatro días estuvo “observando de forma meticulosa” los movimientos de Kalaham desde la distancia, Navia le había dicho a Neuvillette que dejara de espiar al wyvern y se le acercara, él negaba antes de darse por loco respondiendo un neutro “No espío a nadie” para irse de ahí a paso rápido. A los quince minutos ya estaba de nuevo buscando a ese hombre de piel canela con cabello azul azabache, aunque se desanimaba cuando lo encontraba hablando con otras personas sin saber si ignoraba con intención su presencia a la distancia o si de verdad no le sentía la mirada.
La tristeza se volvió molestia al verlo interactuar con Wriothesley en varias ocasiones, el Duque riéndose de algo que él mismo dijo y Kalaham solo asintiendo sin verle directo a la cara.
Para Neuvillette era una escena de coqueteo descarado hacia el wyvern de parte del Duque, pero en realidad era de todo menos eso. Wriothesley se había impuesto la tarea de “corregir” el malentendido entre el Juez y el hombre fornido de casi dos metros, contándole anécdotas graciosas de algunas situaciones del grupo o alguno de ellos con Neuvillette para que Kalaham tuviera esa motivación de ir a hablar con el susodicho.
Por eso se reía él solo mientras hablaba, y Kalaham solo asentía sin prestarle atención, en la cabeza del wyvern había solo tres cosas con la importancia necesaria para detenerse a escuchar. La primera acabar sus tareas lo más pronto posible, la segunda un pendiente personal que debía hacer antes de la comida de la tarde y la tercera la situación confusa con el leviatán. Necesitaba y quería aclarar el malentendido causado, no entendía si había sido él con sus acciones imprudentes o si algo que había dicho, recordaba haber dicho su nombre humano cuando Neuvillette cambió su actitud entera.
Su nombre, eso era. Si el leviatán conocía su nombre después de pasar tanto tiempo con él se había dado una imagen distinta a la que seguramente el grupo de cuatro le había dicho sobre su actitud, como una antorcha prendiéndose en plena noche sin luna la claridad le llegó.
Había tratado mal a los cuatro humanos nuevos en la aldea, por ello le habían contado cosas a Neuvillette sobre que él era una mala persona, mientras con Neuvillette él era paciente y amable generando incongruencia. Eso era, pensaba que era un hipócrita ¿No? Sí, eso debía ser.
—Tu— Kalaham se detuvo de reparar la canasta de pesca para mirar al Duque.
—¿Yo? — Wriothesley casi se atraganta con su saliva por el susto.
—Sí, tu ¿Qué cosas le dijeron de mí a Neuvillette?
El Duque paso del pánico a una cara de póker terminando con un rodar de ojos exasperado, no estaba escuchando ni una sola palabra anterior sobre la anécdota de cuando Neuvillette conoció a cierto viajero y no supo cómo seguir la conversación.
—Eh, sobre que nos evitabas al inicio y nos respondías con voz seca un “Que te importa” cuando preguntábamos algo.
De repente, Kalaham se levantó como un resorte dándole un susto de muerte al Duque, ya esperaba el golpe en la cara antes de ver como a paso veloz el hombre de ojos azul profundo regresó al sendero principal de la aldea desapareciendo entre las tiendas. Wriothesley solo maldijo de alivio antes de pensar en otra forma de ayudar a su amigo para darle una buena imagen a Kalaham de Neuvillette.
Kalaham ya estaba creando su discurso de disculpa en la cabeza a la misma velocidad en la que sus pies se movían por la nieve buscando la cabellera albina de mechones azules claro, había sido un espectáculo ver a Neuvillette tomar forma humana.
Kalaham estaba acostumbrado a ver el torbellino de nieve alrededor suyo antes de tomar su otra forma, pero cuando miró al leviatán volverse humano fue hermoso.
El cuerpo del dragón se volvió agua clara girando sobre sí misma antes de crear una figura más pequeña, delgada y de una hermosa piel nívea, vestido con ropas extrañas. Eso no le quitó la atención al wyvern cuando notó que incluso en su forma humana, Neuvillette poseía sus antenas azules bioluminiscentes intactas. Era unos centímetros bajo en comparación a los casi dos metros de él, media más alto del promedio capaz llegando al metro noventa, pero era la silueta más suave menos esperada.
Como un bello armiño, adorable en el significado completo de la palabra.
Su asombro y expectación se fueron abajo al ver esos ojos violetas brillantes apagados evadiendo su mirada, el escalofrío en su cuerpo se triplicó en un segundo.
El Jefe se lo había dicho desde el día uno cuando esos cuatro humanos se unieron a la aldea. Ser amable y brindarle la misma paciencia como él se las brindó a la gente, y no lo fue, ahora esas eran las consecuencias. Verse como un hipócrita.
Sintió el estómago revuelto al pensar en que esa era la imagen de él en la mente de Neuvillette, otro escalofrío petrificante le subió de pies a cabeza.
Como si la suerte estuviera de su lado después de tanto estrés, entró a la tienda donde estaba la cocina encontrándose con el leviatán hablando en comodidad con la chica llamada Navia. El ambiente alegre se apagó al entrar él, como al apagar una vela en un soplo, y eso le dio más nauseas al wyvern.
—Neuvillette ¿Podemos hablar? A solas.
Navia parpadeó varias veces mirando de reojo al Juez, él le devolvió la mirada con una leve afirmación. Ella suspiró poniendo en la mesa de madera el mazo para ablandar carne y salió por el costado de la tienda.
—Neuvillette, desconozco la razón de por qué te sientes mal…
—¿Te gusta Wriothesley?
—¿Quién?
Kalaham se mordió la lengua en medio de su disculpa, miró perplejo al otro que tenía una cara entre afligido y aguantando las lágrimas en sus nobles ojos violetas.
—Wriothesley, el hombre de cabello azabache de ojos azules. Que tiene una cicatriz bajo su ojo.
—¿…Quién?
El hombre de casi dos metros frunció el ceño al fruncir su nariz, un gesto tierno que Neuvillette no había visto antes, por un segundo su corazón se detuvo antes de enfocarse de nueva cuenta.
—¡Con el que estabas hablando hace un momento, Kalaham! Él se llama Wriothesley.
—¿Te refieres al hombre ruidoso?
—¿Qué?
—No entiendo nada. Una vez más, vamos al inicio— el hombre se aclaró la garganta juntando sus manos al frente en forma de flecha con el ceño fruncido— ¿Por qué dices que si me gusta él?
—Porque una vez Wriothesley dijo que te preguntó si estabas soltero y no le contestaste, pero él dijo que no eras su tipo cuando le preguntamos si estaba interesado en ti y yo…— Neuvillette respiró profundo presionándose a la altura de la boca del estómago en reflejo— Yo… no voy a intervenir en el sentimiento de ambos, aunque me duela en el proceso, si el sentimiento es mutuo yo acepto hacerme a un lado.
Kalaham ladeó la cabeza a un lado en lo que las palabras del otro se asentaban en su cerebro, cuando repitió las mismas palabras una por una entendió la confusión del leviatán humano. El malentendido que él pensaba era diferente, no era algo que él haya hecho sino por una suposición errónea no aclarada.
Una risa profunda nació desde el pecho del más alto, su mano se movió a su propia boca antes de calmar su risa para hablar. Esa sonrisa burlona se convirtió en una curvatura dulce, sus ojos azules comenzaron a reflejar un océano lleno de vida tan brillante como las estrellas. Sus cejas se alzaron en un pequeño desliz por la sensación tan cálida surgiendo en su corazón.
—¿Por qué miraría a alguien más cuando las aguas cristalinas enfrente de mí son tan hermosas?
Neuvillette se quedó callado, su cerebro dejo cada recoveco en blanco sin una sola palabra flotando. Sintió sus mejillas calentarse al mismo tiempo en que el sudor le brotaba de las manos enguantadas, sus iris de ese violeta tan único brillaron de nuevo cuales amatistas con tonos plateados. El corazón le martilleó en su pecho amenazando con romper las costillas de lo fuerte que se sentía, capaz de salirse de su lugar si seguía brincando así.
Sin intención, parpadeó varias veces comenzando a ver borroso por las lágrimas rebeldes bajando sin permiso por sus mejillas.
Reaccionó cuando su labio inferior tembló, se giró en un segundo para tallarse la cara quitándose las gotas de sus pómulos y aquellas que aún no caían, un huracán emergió de nuevo sin la intención de apaciguarse ahora.
Estaba sintiendo sus emociones. Alegría, sorpresa, entusiasmo tan inmenso dentro de su ser incapaz de ser contenido, se sentía tan extraño y feliz. Podría ponerse a reír ahí mismo sin razón alguna y no le molestaría ahora.
—¿Puedo?
Miró de reojo a Kalaham, cerca de él a unos pasos de distancia con un brazo abierto al costado. Un abrazo. Le ofrecía un abrazo inocente pidiendo permiso de tocarlo, sí, seguía siendo ese dragón tan respetuoso como el día en que ambos decidieron pasar tiempo juntos. Primero por supervivencia, después fue por mero gusto, por disfrutar de la compañía del otro.
—…Siempre.
Neuvillette rio fuerte copiando a Kalaham segundos atrás, su cuerpo se inclinó a él de forma natural buscando ese apretón firme a su alrededor. Entre risas de ambos, unas un poco más melodiosas a la del otro, se quedaron abrazados en comodidad. Kalaham con sus brazos bien afianzados alrededor de la delgada figura de Neuvillette, con su barbilla sobre la cabeza del otro dándole apretones con sus manos grandes en ambos antebrazos. Neuvillette se dejó enterrar en el cuerpo ajeno con su rostro oculto en las ropas del wyvern humano, cerca de su hombro y los ojos cerrados para saborear ese contacto tan íntimo.
Al inicio se sintió muy limitado en sus movimientos, conforme fue concentrando su atención en los latidos del hombre su tensión desapareció al ritmo del corazón. No sabía dónde poner sus manos, era la primera vez que alguien le abrazaba de forma tan entregada sin condición o por fuerza ajena, termino con sus manos echas puño colocadas entre el pecho suyo y el pecho amplio de Kalaham.
—Se siente… bien.
—Es la segunda vez que nos abrazamos, y la primera en forma humana.
—¿Segunda? ¿Cuándo fue la primera? — Neuvillette frunció el ceño más por curiosidad, alzó su rostro quedando media cara tapada por el abrigo del otro, sus ojitos violetas brillaron más.
Kalaham sintió un escalofrío subir y bajar por su espalda ante tal imagen, se controló para no hacer otra cosa.
—En el cementerio de hielo, cuando te dije que estabas temblando y te soltaste.
—Ah, cierto ¿Cuenta como un abrazo?
—Si, como dragones, pero prefiero los abrazos de esta forma.
Neuvillette sonrió con la mirada antes de enterrar su cara en el hombro del otro con una risa tonta, estaba flotando en las nubes como una hoja libre al viento, para su sorpresa no quería dejar de sentirse así.
—Hueles a hojas secas y madera de roble.
—Porque soy un dragón de Hielo que se la pasa mayormente en el bosque, supongo.
—…me gusta.
—Por favor, deja de ser halagador
Los dos volvieron a reírse como idiotas sin soltarse del abrazo, estaban tan metidos en ese mundo de miel escurriendo por cada dirección que no veían a los dos pares de ojos chismosos fuera de la tienda. Festejaron por ver a su amigo siendo correspondido por su interés amoroso, aunque él no lo admitiera por no saber qué era eso.