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Neuvillette abrió los ojos con pesadez extraña sintiendo incluso sus labios algo resecos, parpadeó varias veces encontrándose con el otro lado de la cama de pieles solo y la luz del amanecer colándose por las costuras de la tienda. Pensó en apoyar su codo con intenciones de levantarse, le dolió cada musculo en el proceso sintiéndose miles de toneladas pesado, decidió mover su mano a su cabello quitándose los mechones de la cara dejando sus ojos entrecerrados por la confusión actual. ¿Cuánto tiempo había dormido? Se sentó entre quejas acompañado de sus huesos tronando por el movimiento, al estar erguido sobre sí mismo miró a cada lado de la tienda con su cabello alisado de un lado y del otro en una maraña tiesa de cabello aplastado. Entrecerró los ojos frunciendo el ceño, su garganta estaba seca a niveles exagerados y sus fosas nasales le dolían respirar el aire frío de la mañana. De hecho, tenía frío. Gracias a las cobijas de pieles el calor se había guardado en una efectiva forma, así cuando él se removió hasta sentarse ese calor se escapó dejándole paso al frío del ambiente. —Ah, despertaste también. Sus cinco sentidos estaban adormilados, escuchó la voz provenir de algún lado de la tienda antes de enfocar a la silueta de casi dos metros entrando. La risa profunda sin malicia retumbó en sus tímpanos causándole cerrar los ojos un poco más. —¿Cuánto… dormí? Pequeñas astillas imaginarias le rasgaron la garganta con esas simples dos palabras dichas. —Cinco días, nos quedamos dormidos tan profundo que puedo decirte felicidades. Fue tu primera hibernación. El rostro de facciones varoniles apareció en su campo de visión segundos después cuando entreabrió los ojos, el aroma a hojas secas con roble le despertó el sentido del olfato. Kalaham. —¿Me drogaste…? —No, es algo propio de los dragones— Kalaham se rio al agarrar un cepillo de madera del baúl, con sumo cuidado giró a Neuvillette dejándolo de espaldas a él— Cuando nos sentimos a salvo y cómodos en un ambiente dormimos un tiempo prolongado para recargar fuerza y poder, no es peligroso, mientras no haya carroñeros cerca. Su mano grande se volvió suave al pasar por las hebras albinas con mechones azules, cuidando de no cepillar las antenas azules algo dobladas por el sueño indefinido. Le deshizo nudos gruesos con una paciencia inesperada, Neuvillette se sonrojó de nuevo sin quitar la sonrisa medio dormida de la cara. —Se siente como si me estuvieras acicalando la cabeza. —Es similar, a diferencia de no usar mi lengua sino un cepillo de madera. —Hmm…se siente bien. Gracias. —Es un placer. El suspiro cómodo de Kalaham se quedó unos segundos más en la consciencia de Neuvillette, el cepillado se detuvo cambiando a maniobrar el cabello albino transformando su lacio cabello a uno trenzado. Colocando el moño negro en la punta de la trenza para sujetarla en su lugar fue el toque final. —Ahora vístete, vas a acompañarme a hacer mis tareas matutinas como apoyo moral. —¿Iremos a pasear después? Neuvillette se giró con un pequeño brinco infantil de emoción y una sonrisa esperanzada en su cara, la idea de pasar el inicio del día con Kalaham le hizo llenarse de energía. —Llámalo así, iremos a seguirte enseñando a volar y nadar en aguas congeladas. —¿Hablas de hacer eso cómo dragones? El de estatura baja abrió los ojos como platos entre la sorpresa y el leve pánico de volver a tratar con las aguas frías de la tundra, se removió inquieto en su lugar antes de levantarse para buscar su ropa de exterior. —Si ¿Cómo más? No porque hayas sido aceptado en esta aldea como humano significa que te dejaré pasar las lecciones pendientes ¿O te habías olvidado de ellas? La sonrisa burlona en la cara del hombre piel canela le hizo sonreír de igual forma al otro, quien no perdió su oportunidad lanzándole un abrigo a la cabeza entre risas sinceras algo melódicas. —No, solo que es raro volver a tomar forma de dragón estando los dos, bueno. Así. —Te acostumbras después, ahora ven. En su andar tranquilo sin presiones sobre sus hombros por quien ser y quien no serlo, los dos caminaron por el sendero principal del asentamiento hasta salir de ahí, la nieve se volvió hielo bajo sus pies seguido de un mar inmenso con témpanos flotando. La estructura natural del mar “quebrado” iluminado por los pocos rayos de sol le hizo sonreír de forma inconsciente a Neuvillette. El bote de madera se meció bajo el peso de ambos hombres, el dragón de Agua se sujetó sin dudar de los bordes del transporte mientras el dragón de Hielo se sentó con reverenda calma y practicidad. Para su inmenso tamaño y peso se movió de forma fluida al tomar el remo, avanzaron en silencio escuchando la música de los glaciares abandonando la costa en cada remada. Cuando los bloques de hielo se disolvieron en agua fue momento donde Kalaham se levantó sin miedo en el piso del bote, agarró una de las redes detrás de la caña de pescar algo oxidada. —¿Nos quedaremos aquí a esperar hasta que las redes estén llenas de peces? —No, yo solamente las lanzo y les amarro un bloque de madera con cristal incrustado, así cuando el sol está sobre nosotros los rayos reflejaran un haz de luz… Kalaham explicó con calma la forma sencilla de como ese cristal marcaría las zonas donde él aventó las redes, para cuando los hombres encargados de la aldea fueran a levantar las redes no dejaran una sin recoger. El hombre se veía concentrando señalando y explicando ese invento de hace siglos, enseñándole de su mundo al leviatán, quien le miraba con esa atención en respuesta y una sonrisa dibujada en sus labios. Ya había lanzado tres de las cuatro redes, se detuvo al ver los ojos expectantes de Neuvillette pidiendo permiso en silencio de probar para lanzar una de las redes él mismo. Kalaham lo hacía ver divertido y sencillo, por eso el leviatán se preguntó si él también podía hacerlo. —¿Quieres hacerlo? Tienes esa mirada de “Quiero preguntar, pero no sé si sería propio” —Si, por favor. Neuvillette se levantó de un salto tambaleándose en el proceso, extendió sus manos buscando algo estable de donde sujetarse. Kalaham le extendió su brazo por reflejo ignorando la sensación de tener dos manos de dedos delgados y pequeñas para él sobre sí. Resopló en una sonrisa ladina antes de ver al otro moverse con cuidado para no voltear el bote ni caer él mismo al agua helada. —Muy bien ¿Cómo se hace? —Agárralo de ambos extremos, así— Kalaham agarró con calma ambos extremos de la red doblada— Y con fuerza vas a lanzarla lo más lejos posible soltando primero este extremo— Señaló la parte abierta de la red— Seguido casi al instante del otro. Neuvillette asintió repasando las indicaciones en su cabeza varias veces, se concentró al pararse de costado imitando los movimientos posteriores que había hecho el hombre de casi dos metros, apoyó un pie en el borde del bote lanzando con fuerza la red tal como se lo explicaron. No se desdobló completa. Neuvillette paso de una sonrisa expectante a una apenada, incluso el leve sonrojo en sus mejillas debido a la emoción de la idea de desdoblar una red se extendió a sus orejas por la pena. Kalaham solo rio profundo sin malicia encontrando linda la cara apenada del otro, con respeto tomó la soga de la red de las manos del leviatán para enrollar de nuevo la soga. —No pasa nada, tranquilo. No es algo que salga al primer intento, prueba de nuevo, los peces no van a irse. En un movimiento respetuoso devolvió la red envuelta a las manos de Neuvillette, algo mojada por el agua helada del océano, pero él no le dio importancia. Respiró profundo enfocándose en sentir el peso de la red sobre sus manos, la fuerza necesaria para aventarla y el momento exacto para soltarla. Lo intentó una, dos, tres, hasta cuatro veces. A la quinta vez la maraña de sogas cruzadas se desdobló ligeramente bien, un poco contraída de un lado. Fue suficiente para hacerle sonreír de nuevo al leviatán mostrando solo sus dientes superiores. —Y ahora solo le pondremos esto— Kalaham mantuvo en sus manos la parte de la soga sin amarradera, con un quejido al hincase en el bote puso el bloque de madera con el cristal— Listo. Terminado. —Fue algo divertido, es la primera vez que desdoblo una red sin usar algún mecanismo de ayuda. Bueno, en realidad es la primera vez que uso una red de pesca en sí. —Si lo noté, parecía que te ibas a caer al agua en cualquier momento— el hombre de ojos azul profundo no pudo contener su carcajada creciente— Me imaginé a ti cayendo por la borda al agua en pánico…— se rio más fuerte. —Que maleducado eres. Neuvillette le dio un empujón en el pecho al otro, Kalaham se sujetó del borde del bote con los ojos bien abiertos mirando al leviatán por haberlo empujado, un toque medido en el hombro hizo entrar en un vaivén a Neuvillette amenazando con tumbarlo. Lo agarró con fuerza del antebrazo en un baile tambaleante por miedo a voltear el bote, se quedaron quietos los dos con una mano extendida al costado y la otra sujetándose del otro. Cuando el agua dejo de chapotear se rieron poco a poco hasta ser una risa sincera de parte de ambos, Neuvillette se inclinó hacia Kalaham en medio de risas pegando su frente a su hombro. Fue el primer ataque de risa del corazón de parte de Neuvillette.⸻ৎ୭⸻
Una pequeña excusa al Jefe de la aldea bastó para darle tiempo a los dos de convertirse en dragones una vez más, se alejaron de la zona despejada a una planicie sin tantos árboles. En el acantilado nevado al fondo del terreno una corriente de viento natural subía con fuerza, un viento capaz de mantener a un dragón planeando sin miedo a caer. —“Este lugar lo usaban las crías para dar sus primeros intentos de vuelo, con supervisión de un adulto, es obvio” El wyvern se acercó al acantilado mirando la altura colina abajo, eran al menos unos veinte metros con un colchón de nieve de ocho metros. Si el leviatán perdía el impulso o si la corriente se debilitaba no moriría por la caída. Eso esperaba el dragón de Hielo. —“¿Y se supone que el adulto aquí eres tú?”— Neuvillette dijo sin pensar riéndose en su mente cuando el otro dragón se giró dándole una mirada acusadora. —“Que burlón estás hoy ¿Sabías? Hasta parece que comiste hongo de la risa” —“¿Qué es eso? ¿Es alguna seta con efectos para producir dopamina?” —“No, es venenoso, solo tiene ese nombre por generar alucinaciones”— el wyvern de Hielo se acercó con paso calmo hasta quedar detrás del leviatán— “Jamás lo vayas a comer. Volviendo al tema importante, comienza a volar y yo te empujo” —“¿Y si mejor lo probamos en tierra y después me subo a la corriente de aire?” —“Que no, Neuvillette. Tienes que aprender a volar hasta las nubes y más alto, ya te dije antes”— Kalaham separó las patas traseras y sonrió en su mente— “Si caes, yo te atrapo.” Y sin más, el wyvern empujó al leviatán a la corriente de aire ignorando las suplicas de tiempo y el grito final. Neuvillette cerró los ojos volviendo su cuerpo ligero de golpe motivado por el miedo a morir, aun con la cama de nieve abajo temía morir por gravedad. Esperó el golpe de la nieve o algo sólido bajo su cuerpo, no llegó en ningún momento. Con una mirada escéptica abrió sus ojos encontrándose levitando por muchos metros por sobre el nivel del suelo, tal como había dicho en su momento Kalaham. Conforme más subía, más sencillo sería conglomerar las gotas de humedad a su alrededor para “nadar en el aire” sin tener agua como un océano. Dio zarpazos al aire notando un deslizamiento natural de su cuerpo serpentario, era igual a nadar. Rugió emocionado antes de impulsar su cuerpo al frente simulando un nado en el agua, su cuerpo ascendió por sobre la tormenta de nieve sin problema dando más rugidos eufóricos. La tormenta se despejó, y por primera vez vio un hermoso cielo despejado. Las nubes blancas le dieron la bienvenida. El leviatán se maravilló por la vista quedándose estático en su lugar con una sonrisa abriendo sus fauces, el ruido de algo subiendo a gran velocidad lo desestabilizó un poco antes de ver la forma inmensa del wyvern. El dragón de Hielo giró sobre sí mismo antes de planear en un gran círculo mirando al frente, los rayos de sol matutinos hicieron brillar sus alas de un azul pastel tan delgado que se transparentaban, sus púas nevadas reflejaban luz cual cristal convirtiéndolas en pequeños cuarzos brillantes. Un rugido atronador salió del fondo de la garganta del wyvern, Neuvillette regresó el rugido con uno agudo, melodioso igual al ruido de la lluvia cayendo en una copa de cristal. Los dos volaron a donde estaba el otro pasando cerca del costado ajeno, la lección del día se volvió un juego de dos dragones dispuestos a ser ellos mismos sin miedo a ser juzgados por inmaduros o desobligados. Neuvillette giró dando una voltereta para acelerar su vuelo, sus antenas brillaron al igual que sus garras y cola. Igual a un hermoso cometa azul la figura elegante del leviatán cortó el viento, atravesando las nubes en un movimiento zigzagueante, rugiendo atronador lo más profundo posible. Una flauta dulce acompañada de un bello tintineo de campana. Eso era el rugido de Neuvillette. A diferencia del eco atronador del rugir de Kalaham que era la representación misma del hielo desprendiéndose de un glaciar, del hielo rompiéndose en avalancha mortal. Neuvillette era la calma después del deshielo, el sonido del agua regresando a su tranquilidad original. Los dos volaron sin orientación, solo brincando entre nubes con rugidos y gruñidos inofensivos. De repente, los dos dragones se volvieron dos cachorros libres en los cielos, descubriendo lo que se sentía estar con alguien capaz de entender la soledad del otro. Acompañándose mutuamente sin esperar algo a cambio.⸻ৎ୭⸻
Descendieron cuando el sol comenzó a elevarse más, no por falta de ideas para crear más juegos, sino por la petición de Neuvillette por miedo a causarle una insolación a Kalaham. Mientras más rayos de sol evaporaban las gotas de abajo la concentración de agua aumentaba, se concentraba el calor y eso no sería bueno para el dragón de Hielo. El descenso fue difícil para el mismo leviatán, con ayuda del wyvern pudo tocar tierra firme sin accidentes de por medio. La emoción de Neuvillette regresó al reconocer las montañas verdosas con un vasto río entre ellas. Los fiordos. —“¿Podemos pescar percas rosas? Y esta vez cocinarlas como humanos, no comerlas de inmediato como dragones” El wyvern de Hielo se rio con ligereza en su cabeza al ver la cara tan brillante del leviatán, iba a decirle que no, pero se convenció de mimar un poco al otro. —“Bien, bien, cacémoslas entonces” El dragón de Agua no esperó otro permiso para zambullirse en el agua apenas alterando la superficie, se deslizó con una agilidad increíble creando pequeñas olas en su entrada. Kalaham tuvo un escalofrío en su lomo, si no conociera ya al leviatán lo confundiría con una serpiente acuática demasiado inmensa. Eso sí le daría miedo. Entró al agua helada de los fiordos sin mucho espectáculo, sumergió primero su cabeza viendo a lo lejos a Neuvillette entrando a una de las cuevas subacuáticas en la parte ancha del río. Su cabeza no cabría en ese recoveco, su cresta de hielo temblado lo atascaría primero antes de entrar, con paciencia infinita se acostó en el fondo del río dándole mordiscos a los peces que pasaban lo suficiente cerca de su hocico. Atrapó unos cinco sin esfuerzo, se los comió de un bocado. No eran percas rosas, eso significaba que no estaban en el menú del día. —“Kalaham” La voz del leviatán lo hizo mirar a los agujeros en el suelo terroso, espero a ver el brillo de sus antenas antes de la cabeza. —“¡Kalaham!” El tono alegre le hizo reír en suavidad al nombrado, se quedó quieto al ver a Neuvillette nadando en círculos antes de decir igual de alegre. —“Atrapé unas pocas, solo ocho ¿Son suficientes?” —“Si fuéramos a comerlas como dragones, no. Como pediste comerlas como humanos, son suficientes y sobraran tres cuando mínimo” Neuvillette dio unas cuantas volteretas antes de afirmar, los dos dragones subieron a la superficie del río sin tanto problema. Con experiencia filosa, Kalaham preparó los pescados de piel rosa con manchas color berenjena. Neuvillette aún no podía procesar como ese dragón tan intimidante y salvaje se volvía un hombre centrado a la hora de cocinar pescados, les quitó las escamas en movimientos tan ridículamente perfectos sin perder tiempo, los limpió usando agua del río antes de ponerlos a asar en una fogata improvisada. Cuando la comió como dragón aquella vez no pudo identificar ese sabor dulce, solo sabía a algo suave sin tanto sabor a pescado. Ahora siendo asadas a base de manos expertas incluso el aroma que se desprendía de la carne blanca era dulce, el rugido de su estómago no sonó tan fuerte. Neuvillette no pudo evitar hacérsele agua a la boca por la sola idea de darles una mordida, se tomó la quijada en disimulo al ver a Kalaham girarse a checar los pescados ensartados en ramas. —Hmm, creo que esta ya está lista. Kalaham se levantó tomando de la parte templada la rama, se la acercó a Neuvillette con precaución, de los escenarios posibles no quería ver al leviatán humano con sus manos quemadas ni su lengua. —Deja que se enfríe un poco, no seas avorazado, nadie te lo va a quitar. —¿No puedes usar tu frío para enfriarla un poco? —Si lo hago la terminaría congelando, créeme. Lo intenté hace mucho también y no funcionó. —…Oh. Neuvillette se desanimó un poco, fue solo temporal antes de verlo soplando la carne magra asada en entusiasmo. Después de asegurarse que ese hombre de cabello albino no fuera a quemarse la boca, el wyvern humano regresó a checar las otras percas en la fogata. Solo asaría cuatro, dos para cada uno debía ser suficiente contemplando el hambre del leviatán y la falta de apetito de él mismo. La comida solo duró veinte minutos después de ser quitada del fuego. Neuvillette había olvidado las etiquetas en la mesa, le importó poco tener a alguien viéndolo mientras comía sin medir sus bocados, la carne sabía increíblemente dulce. Un descubrimiento revolucionario en la cocina, era de un dulzor especial sin crear nauseas por el contraste de ser un pez. Un gemido de saciedad abandonó los labios del leviatán al devorar el cuarto pescado sin ningún remordimiento por acabarse la pesca del día. —Esta carne… podría combinarse con aderezos frutales, o vegetales en aceite de olivo extra-virgen. Sería un delito comerla sin una bebida— Neuvillette comenzó a hablar solo con la rama en su mano— Agua de manantial, de la Aldea Chiaoying, sí. Sería el detalle perfecto. —¿Supongo no es necesario preguntar si te gusto? Neuvillette negó con el ceño fruncido mientras le quitaba la poca carne pegada a la cola del pescado asado. —Me fascina. Es una carne sin punto de comparación con otra que haya probado o se me haya servido en restaurantes, ni siquiera en el Bistró Debord hay un platillo igual. —… Sí, digamos que sí. —¿Cómo es que consigue este sabor la perca rosa? —¿Hablas de verse rosa y saber dulce? Kalaham apoyó su mejilla en su mano con su codo sobre su rodilla, ambos estaban sentados en un tronco, así que debía girarse un poco para ver de frente a Neuvillette. El leviatán asintió de forma corta con atención, ignorando como masticaba en bocados pequeños la poca carne sobrante en el esqueleto del pescado. —Bueno, hasta donde recuerdo— Kalaham miró a un lado recordando lo dicho una vez por su madre— La perca rosa vive en las cuevas subterráneas, se alimenta mayormente de camarones de río, por eso sabe dulce. —¿Hay camarones en los fiordos? —Sí, son difíciles de encontrar, pero ahí están— Kalaham señaló con su mano libre al río en general de forma burda— Nadando y dejándose llevar por la corriente. Neuvillette soltó una risotada seca tapándose la boca, un chillido de algo desinflándose le siguió antes de reírse bien con su mano aún sobre sus labios. Cerró los ojos para controlar sus risas antes de aclarar su garganta conservando su sonrisa, le miró de reojo al otro hombre antes de empujarlo del pecho moviéndolo un solo milímetro. —Por mi imagen regia y sobria fingiré no haber escuchado eso último para no entrar en histeria. —¡¿Cuál imagen?! Te acabas de carcajear como foca desinflándose. Los dos ser rieron a la par, cada uno a su forma única de crear un alboroto por sus carcajadas. Kalaham negó con la cabeza levantándose de su lugar para ir a apagar el fuego, la siguiente lección de Neuvillette era en la costa de la tundra y no podían irse de forma irresponsable. Neuvillette miró con detenimiento al otro hombre, una sonrisa tonta se le dibujó en la cara. Su corazón se sentía ligero a su lado. Le gustaba eso.