⸻ৎ୭⸻
La cueva permanecía como lo había hecho durante siglos y siglos, no era nuevo para sus habitantes que tenían prohibido salir a la luz por antiguas reglas obsoletas. De entre ellos un dragón de escamas azabaches tornasol sonreía mientras hablaba con uno de piedra caliza y otro con relámpagos recorriéndole por sus escamas. —“¡Es una buena noticia! ¿No creen? Si esa paria murió en la tundra con sus pequeños amiguitos podemos seguir adelante sin más interrupciones” Oush rugió agudo sacudiendo su esqueleto y alas soltando nubes de penumbra a su alrededor, Goosh soltó solo un resoplo de aburrimiento mirando con una cara neutra la celebración del otro dragón. Thud fue quien dio un paso al frente en dirección al dragón de Oscuridad. —“¿Y qué harás si después de estos meses aparece con la ‘Sombra Blanca’ esa paria junto a sus alimañas? ¿El plan seguiría?” —“Si aparece por aquí haremos lo planificado, no hay cambios ni miedos claramente”— el Soberano de la Oscuridad se acercó de un salto al Soberano del Trueno— “Iba a morir si o si, solo nos dejó las manos limpias si de verdad murió en la tundra. Y sin motivación o excusa para mandar a algún vigía, Luz y los demás lo darán por muerto igual ¡Es brillante!” —“¿Regresamos a intentar convencer a los otros entonces?” —“Estaba pensando en suplantarlos, tener a tantos hermanos de nuestro lado podría generar sospecha y Luz no se quedará de garras quietas si se entera” Oush levantó su cola meneándola de lado a lado cuando vio entrar a sus dos “hijos” que había enviado hace unos meses detrás de los pasos del leviatán, con un tarareo los recibió moderando su alegría al abrir sus alas. —“Ah, mis queridos ‘hijos’ han regresado, denme noticias buenas”— el dragón de la Oscuridad se sentó juntando sus garras delanteras— “¿La paria y los humanos perecieron en la nieve antes de ser comidos por animales?” Los dos dragones hechos de humo negro se miraron con ansiedad, era algo mucho peor que eso. Y esos dos sabían perfectamente que su “padre” y los dos Soberanos estallarían de repulsión al segundo de decirlo. —“No, ‘padre’, es algo mucho peor”— Mashee se encogió un poco replegando sus alas por seguridad— “La ‘Sombra Blanca’ es un wyvern de Hielo, el último de su estirpe, y en vez de atacar a la paria y las alimañas por invadir su territorio, él los acogió. Le enseñó a la paria a sobrevivir en la tundra” Oush ensombreció su mirar clavando sus garras sobre la piedra sacando chispas, el rechinido de la acción puso las alas de punta de los dos dragones de Sombra. El gruñido creciente en el tórax de Goosh fue acompañado por rayos saliendo del cuerpo de Thud, la noticia no había llegado en el mejor momento. —“¡Eso no es lo peor, ‘padre’! Al parecer el wyvern protegió a un grupo de humanos de eras pasadas, han estado escondidos en la tundra siendo alimentados y protegidos por ese dragón de Hielo”— Azarh continuó de relatar el descubrimiento retrocediendo a tiempo cuando Thud lanzó un relámpago cerca suyo. —“¡PERO QUE ABERRACIÓN!” Los relámpagos rebotaron en las paredes de la caverna ahuyentando a algunos dragones de Sombra y Oscuridad a esconderse a rincones más profundos, Goosh se quedó quieto en su sitio antes de rugir de asombro por el casi impacto de un relámpago en su cola. Oush permaneció sentado en su lugar impávido de la amenaza. —“…Y al parecer, la paria piensa quedarse con el wyvern en la tundra, no regresará a la Sala de Tronos. No completará su prueba de valía.” —“Maldito… reptil mundano…” Oush cerró los ojos con fuerza enseñando sus colmillos, al abrirlos sus pupilas se expandieron cubriendo su ojo de forma absoluta, la niebla negruzca se apelmazó en el suelo creando dedos largos engullendo su alrededor desde las piedras hasta los dragones no tan afortunados. Thud y Goosh contrarrestaron la inminente oscuridad profunda usando sus alientos para crear un perímetro de iluminación, las sombras del vacío se retrajeron cuando cobró la vida de una docena de dragones del Sueño y Sombra, solo dos de Oscuridad consiguieron sobrevivir protegiéndose con sus propios alientos. Oush cerró los ojos para retraer su vacío, los dragones afectados por ser engullidos a la mitad o partes de sus extremidades por la sombra chillaron de dolor, se regeneraron con sus energías al tope desmayándose en algunas partes de la cueva. —“Bien, bien. No pasa nada”— el Soberano de la Oscuridad inhaló profundo relamiéndose los colmillos al abrir los ojos— “Las cosas saldrán bien, solo debo modificar un poco el CONDENADO plan. DESDE el comienzo” —“Aún hay algo más, ‘padre’…” El dragón de la Oscuridad tembló desde sus cuernos hasta la punta de su cola, el impacto de su cola golpeando el suelo agrietó una gran plataforma de piedra. Se volteó cual serpiente a punto de atrapar al ratón, sus garras enjaularon a uno de los jóvenes dragones de Sombra que rugió chillón en agonía. —“LES JURO QUE LES ARRANCARÉ LOS OJOS Y SE LOS HARÉ TRAGÁRSELOS…”— Oush transformó su voz en un eco de ultratumba con su hocico abierto, listo para degollar al dragón menor— “…Habla ya” Siseó esas dos palabras empapadas de mortalidad, no estaba feliz con esas noticias. Se notaba a leguas, y los otros dos Soberanos se mantenían al marguen mirando de lejos. —“Parece que… la paria y el wyvern… se están preparando… para volverse compañeros… de vida” —“¿Lo escuchaste o solo es una suposición tuya?” Goosh se atrevió a acercarse unos pasos quedando no tan lejos de donde Oush mantenía en el suelo al dragón de Sombra, con un resoplo imbuido en humo caliente hizo chillar más al dragón menor. Su cabeza le ardía. —“Lo vimos… Mashee y yo… está noche el wyvern… piensa hacer la… danza del aire… la unión con la paria…” —“¡Es cierto! Es cierto, el wyvern lo dijo al aire sobre pedirle el permiso a la paria de hacer un ‘pequeño ritual’ juntos. Se volverán compañeros de vida a través de las costumbres de los antiguos dragones de Hielo” Mashee se acercó agazapado hasta donde su gemelo estaba siendo sometido sin cuidado alguno, chilló en petición al sentir la vida de su gemelo escapándose segundo a segundo por la zarpa cerca del cuello. Oush siseó en furia cerca de la cabeza de Azarh antes de quitar su garra de encima dándole la libertad al menor de respirar de nuevo, Mashee jaló a su gemelo socorriéndolo como podía. —“Eso podría ser una ventaja” Thud relajó los relámpagos a su alrededor al abrir los ojos con una idea en mente, Goosh le secundó al afirmar a su lado mirando a los ojos de Oush. —“Tiene razón, escuché en su momento que ese ritual junta las almas de un dragón con otro de forma eterna, si uno muere el otro le seguirá a los días” —“…Como morir por corazón roto” Oush susurró en su mente antes de replegar sus alas, el entusiasmo regresó a su cuerpo con un nuevo plan en su cabeza. Solo necesitaba una cosa más. —“Tengo una idea”— el Soberano de la Oscuridad extendió sus alas antes de guardarlas de nuevo a sus costados— “Esto deben ser un secreto, aprovecharemos que Luz y los demás respetarán las leyes de los nuestros y no mandarán a verificar si la paria y las alimañas siguen vivas. Así dentro de dos días, Thud, irás con tus hermanos e hijos de Tormenta y Trueno a la tundra siendo liderados por Mashee y Azarh para encontrar ese nido de alimañas” El dragón de Oscuridad sonrió enseñando los colmillos sacando su lengua bífida en un gorgoteo eufórico. —“Despedacen el lugar. Sin testigos. Solo dejen vivos al wyvern y la paria, si los cuatro que vinieron con la paria sobreviven al ataque tráiganlos. Sino solo digan que murieron por el frío, así llevaran a esos dos traidores a las Montañas Levitantes para darle fin a la Prueba de Vvalía de la paria, pero…”— los ojos de los otros dos Soberanos se iluminaron al ver como el dragón de la Oscuridad caminaba en un círculo— “Usando las reglas de sucesión de trono, haremos que ese wyvern tenga un Duelo de Fuerza. Goosh se postulará como oponente, y entonces lo matarás” —“¿Y si el wyvern, en resentimiento por la masacre de las alimañas, dice que fue un ataque de parte nuestra? Luz le creerá más a él que a nosotros tres” Thud entrecerró los ojos con inseguridad por esa idea descabellada de parte del otro dragón de escamas azabaches, Oush rodó los ojos buscando paciencia al estar de espaldas a sus dos “hermanos” Soberanos. Se giró con buena cara. —“Ahí yo meteré mi parte del plan, será una sorpresa. Ustedes solo síganme la corriente cuando llegue el momento” Los tres dragones Soberanos chillaron en complicidad con gorgoteos alegres, Goosh fue el primer en irse antes de seguirle Thud detrás. Oush respiró en tiempos calmando su mente ruidosa para idear su siguiente paso, el chasquido de las garras de otro dragón de su estirpe le hizo alzar la mirada. —“Padre” A diferencia de las veces que los otros dragones le decían de esa forma por ser el Soberano de su raza, esta voz le hablaba con desprecio. Ira reprimida en lo más hondo de sus entrañas. Una imagen casi idéntica a la de Oush, pero sus ojos eran violetas tan hermosos como dos flores de lavanda alumbradas por la poca luz de luna que se colaba en esa cueva de cientos de túneles. —“Hijo” Oush le regresó con la misma frialdad, casi escupiendo las palabras de la forma más seca posible igual a los desiertos de los dragones de Tierra. —“No te comprendo ¿Por qué? He sido benevolente, paciente y usado hasta mi último gramo de comprensión. Sigo sin entenderte” —“Sorish, Sorish, Sorish”— Oush se relamió sus colmillos dando pasos medidos hasta su hijo sanguíneo— “¿Qué no entiendes?” —“¿Por qué insistes en matar a tus ‘hermanos’ si no te han hecho nada? Ellos no tienen la culpa de la bestia que eres” —“¡No me hables de esa forma!” Los dos dragones juntaron sus frentes en un choque de orgullos, rugiendo sin piedad con las alas abiertas empujándose con las patas traseras haciendo deslizarse el uno al otro. Oush empujó a su hijo amenazando con morderle el hocico. —“Tu no entiendes. No lo harías” —“¡Hazme entender entonces! Dime ¿Por qué?” Oush relajó su expresión poco a poco hasta voltear detrás suyo rodeando la poca iluminación que se colaba por el tragaluz en la cima de esa cámara rocosa. Siseó rencoroso a la luna. —“¿Recuerdas cuando tu papá Ushee te contaba sobre los tiempos cuando solo existían dos clases de dragones en estas tierras?” —“¡TÚ. NO. ERES. DIGNO. de decir su nombre!”— Sorish rugió con rabia dando un coletazo a la piedra— “Sí, las recuerdo” —“Era real”— Oush suavizó su voz mirando aún a esa esfera blanquecina del cielo— “Mi padre lo vivió, y el padre de su padre igual, antes solo existían dragones de Luz, Oscuridad, Agua, Fuego, Tierra y Aire. Los cuatro elementos junto a las dos energías originales, una utopía” Cerró los ojos recordando, imaginando, como se vería el mundo de aquellos seres inmensos rodeados de magia elemental sin reglas. Sin exclusiones. —“Éramos libres, capaces de mirar los bosques, los ríos, los vastos desiertos de arena y más allá ¡Andamos libres sin juicios ni sentirnos desplazados! Existíamos más allá de esta caverna de túneles infinitos, la noche era nuestra.” El Soberano dio vueltas con sus alas extendidas mirando a los ojos de los dragones de Sombra que sacaban sus cabezas de las paredes y sus esquinas oscuras, los dragones de Sueño salieron de sus agujeros con el hocico abierto en sonrisas tenebrosas. Sorish miró su alrededor con esa rudeza en su expresión. —“Entonces aparecieron más razas, más dragones. Oro, Flora, Ácido y Hielo, los dragones de Fuego evolucionaron a dragones de Magma. El orden se volvió un caos”— Oush bajó su vista a su hijo sanguíneo regresándole esa mirada fiera— “De ahí nacieron los Soberanos, los Tronos. Crearon leyes para mantener la armonía entre razas y las sub-razas creadas por la mezcla de elementos, de repente la utopía se volvió pequeña, de pequeña a diminuta y de diminuta a una caja. No había espacio suficiente” Sorish caminó en círculo sin despegar su vista de su padre, quien lo rodeaba por igual en ese andar lento y calculador. —“Vivíamos en armonía para aquellos que no eran Soberanos, para ellos eran peleas constantes en las Montañas Levitantes. Una tras otra. Hasta que un día alguien acuso a otro de ser agresivo, de causar miedo, el pánico se adueñó de ellos hasta recaer en una sola raza”— Oush se detuvo lanzando un gruñido— “Nosotros. La oscuridad siempre ha sido vista como un peligro, algo latente bajo la carne dispuesto a saltar encima para arrancarles la garganta mientras duermen. Maldad. Sin dejarnos opinar ni defendernos, de forma ‘democrática’ fuimos encerrados y limitados a esta cueva por el resto de nuestra existencia”. Los dragones de los alrededores rugieron agudo, con furia de siglos anteriores, chillidos y siseos de resentimiento en sus huesos. Oush se relamió sus colmillos con una sonrisa mortal, como si fuera a atacar a su propio hijo. —“Yo no lo creía, solo eran cuentos ¿No? Cuentos de una madre protegiendo a su cría del mundo. Así que, salí cuando apenas tenía un siglo de edad”— el Soberano se irguió alzando su hocico en arrogancia natural— “Inocente y frágil. No llegué ni siquiera al acantilado cuando un dragón de Arena me avistó, no pensó en que solo era una cría, me atacó con brutalidad bestial. Un ala rota, una herida profunda de su garra en su vientre y el trauma por el mundo, eso me dejó antes de ser interrumpido por otro dragón”— resopló manteniendo su imagen ególatra— “Pensé que, al regresar aquí a nuestro hogar impuesto por dragones ajenos a nuestra raza, mi madre me cuidaría las heridas y saldría a vengar a su cría” —“¿No lo hizo o sí?” —“Sí, lo hizo. Me sanó las heridas cuidándome del resto de dragones mayores, pero cuando el Soberano de ese entonces regresó de su reunión con los demás donde le dijeron del ‘ataque’ de un dragón de nuestra raza a otro”— desde el tórax de Oush emergió un rugido atorado de años atrás, que en su momento no pudo soltar— “¡Ese infeliz dragón de Arena! Era un vejete idiota tan malnacido, que dijo que YO ¿Te imaginas? Yo ¡Una puta cría de dragón de menos de un jodido siglo! Intentó sacarle los sesos ¡¿Pueden creerlo, hermanos míos?!” Oush giró sobre sus garras mirando a las paredes y agujeros de la caverna rocosa, rugidos de empatía y rabia siguieron a su pregunta llena de ira. Sorish miró perplejo como los demás se sentían en unión con su padre. —“Fue entonces cuando mi madre no pudo defenderme de él, de Hush, y recibí una lección por ‘desobedecer las leyes’ que nos rigen a nosotros los dragones de Oscuridad, Sombra y Sueño”— el Soberano cerró su hocico con un sonido seco, entrecerró los ojos con soberbia— “Por eso terminé asesinando a Hush siglos después, por vengar y tener el poder de hacer un cambio. Liberar a los dragones de Oscuridad de este ‘hogar’ irreal” —“¿Y eso en donde entra matar a los otros Soberanos? La venganza ya la cumpliste, ahora eres el Soberano. Tienes el poder” —“Eso pensé al inicio, era demasiado inocente como tú, hijo”— Oush le dio la espalda con un vaivén de su cola haciendo menos las palabras de Sorish— “Cuando le dije mi idea a Luz, ella me dijo que se lo diría a los demás en una ‘Discusión’ para aprobarla. No sucedió. Los cobardes e hipócritas de los Soberanos votaron en contra de mi idea de darle la libertad a los dragones de Oscuridad por la noche y en el día regresaríamos a esta cueva ¿Por qué no quisieron? Por ser unos ¡Malditos miedosos!” Sorish retrocedió por seguridad al tener en un parpadeo enfrente de él a su padre con el hocico abierto, chilló de forma inconsciente al sentirse acorralado. —“Solo dos votaron a favor, pero no era suficiente”— Oush bufó en irritación al caminar a un lado— “Thud lo convencí rápido diciéndole unas cuentas promesas torcidas y Goosh era imparcial, fue sencillo motivarlos a trabajar juntos a cambio de poder por sobre la decisión de los demás Tronos” —“Entonces… mientras menos Soberanos…” —“Menos obstáculos, sí, el problema es que sería sospechoso que una raza desapareciera de la noche a la mañana. Hasta que las grietas regresaron, y fue sencillo aniquilar a tres razas, o eso pensé con los de Hielo” Sorish entendía la motivación de su padre en su sermón retorcido por darle libertad a los suyos, difería de los métodos. Con esa seguridad en su alma caminó hasta quedar ala con ala con su padre viéndolo sin tanta frialdad, solo seriedad. —“Esas no son las formas, padre. Puedes hablar con ellos, convencerlos y llegar a un acuerdo, los tiempos cambiaron y los Soberanos también” —“¿Ah sí? Hablas desde la ignorancia, hijo ¿Si fueran diferentes sus mentalidades por qué seguimos aquí? Eso responde a tu propuesta” —“¿Qué harás cuando te descubran? ¿Solo vas a fingir demencia? ¿Decir que no estás involucrado?” —“¡Me ha funcionado estos años! ¿Por qué sería diferente ahora? A menos que tú vayas… y digas algo” Oush observó sus garras al abrir y cerrarlas en lapsos robóticos, alzó sus ojos mostrando sus colmillos al viento ya comenzando a crear un gruñido en lo profundo de su garganta. En una vuelta tan ágil como veloz tomó del cuello a su propio hijo, estampándolo contra la pared de roca haciendo vibrar la piedra. Sorish solo pudo ahogar un rugido quebrado dando zarpazos inútiles a la garra de su padre. —“Dime ¿Lo harás? Sino, tendré que enviarte a ese oscuro y solitario rincón en ese gran vacío para que le hagas compañía a tu papá” —“No… padre… no lo haré” —“Por tu bien, espero así sea… hijo” Envuelto en fuerza bruta arrojó a un costado al dragón joven, la cabeza del dragón de Oscuridad rebotó contra la piedra haciéndole ver las cosas dobles con algo caliente manchando el costado de su cabeza, las sombras de la cámara rocosa se alargaron a su vista nublando sus sentidos. Sin reunir la fuerza necesaria se dejó ahí, cayendo inconsciente.⸻ৎ୭⸻
Neuvillette y Kalaham seguían un antiguo sendero olvidado por el hielo y la nieve de la tormenta nevada, el wyvern de Hielo estaba nervioso. El leviatán le había dado su permiso sobre conocer ese ancestral ritual de unión, no solo por la curiosidad de saber un poco más sobre las costumbres perdidas de los dragones de Hielo, también por la idea de cómo era capaz de unir dos almas una ceremonia como esa. Los hermosos paisajes de valles y lagos fueron reemplazados por montañas escarpadas de nieve, las nubes de tormenta se disipaban al pasar del wyvern revelando la altura de esa sierra en la tundra. Se detuvieron en una zona irregular con picos rocosos, lugares adecuados para la anidación de aves rapaces. Unos metros abajo había un nido de águila real abandonado, los polluelos debieron de volverse adultos hace unos días y con ello la pareja de aves se habían aventurado a explorar la tundra en busca de comida. —“Muy bien, aquí estamos, los dos solos” —“¿Te está dando vergüenza mostrarme, Kalaham?” Nauvillette rio en su mente soltando gorgoteos mezclados con siseos burlones, el nombrado solo giró su cabeza al otro lado sintiéndose de repente cohibido de enseñarle eso al leviatán. Era un ritual íntimo, una danza de los cielos tan respetada por los suyos que se sentía indigno de hacerla. De enseñarla. Usualmente quienes les decían a los jóvenes como hacer las piruetas en al aire y los cantos eran los ancianos, pero no había ancianos aquí ni ahora, ni en mucho tiempo. —“Oye”— el leviatán se movió quedando un poco frente al wyvern con ojos cálidos, su voz tan suave como el arrullo de la nieve en primavera— “Ya acepté, te he dado mi permiso y entiendo el significado de este ritual. Siento lo mismo que tú, es algo mutuo. Podré no estar acostumbrado a ser un dragón y yo mismo sentirme ajeno a estas emociones, pero no al calor en mi corazón cuando me hablas. Cuando sonríes por algo y yo sonrío contigo, reír por algo tonto fingiendo que no has dicho algo ridículo. Me conozco en esa forma” Neuvillette pegó la punta de su hocico con el costado del hocico del otro dragón, solo entonces Kalaham tuvo la valentía de mirar a esa noble alma dispuesta a descubrir un nuevo mundo de emociones. En sus errores y entrega. Para ambos, para dos almas que se creyeron vagar en sus mundos en esa soledad indefinida. Iba a estar ahí, sin dudas. Una respiración profunda salió del interior del dragón de Hielo con un alivio mental, se sentía más confiado ahora. Neuvillette tenía esa facilidad de hacerle ver las cosas más ligeras a como se sentían en realidad. —“¿Te he dicho antes lo propio y elegante que hablas a veces?” —“¿Es un halago?” —“Podría decirse… sí, sí lo es” —“Entonces no, es la primera vez que me lo dices en ese tono terso que haces cuando algo te alivia” —“Cállate” Los dos se rieron en la mente del otro, Kalaham inhaló profundo al cerrar sus ojos para concentrar esa sensación de ligereza en su tórax y alas, estaba listo. —“Observa bien y cuando te hablé, únete al vuelo” El wyvern extendió sus alas cayendo en picada por la ladera de la montaña, abrió sus alas alzando vuelo en una pirueta refinada haciendo una bella ola con su cola. Rugió de forma pausada antes de hacer siseos agudos creando eco entre las rocas de las laderas, subió haciendo una pequeña espiral ante los ojos fascinados del leviatán, lo rodeó por unos metros lejos en pleno vuelo. Un baile de piruetas y rugidos siendo la expresión de la potencia dentro del cuerpo del dragón de Hielo, era solo la parte inicial de esa muestra privada. Una fuerza natural de aquellos dragones que lucharon hasta el final de sus días por esa tierra, por su hogar, siendo representada por ese valiente corazón. Uno que luchó contra su dolor para florecer como un retoño entre el hielo, resistente cual roble y gentil como la marea baja de las mañanas. Esa era la muestra de su alma. Comenzó a soltar nubes de escarcha creando figuras en el aire, una lluvia blanca adornó la cabeza de Neuvillette, el wyvern alzó vuelo dando vueltas en forma de ocho para caer en picada planeando entre las laderas. Alzó vuelo a pocos metros del suelo cubierto de nieve zigzagueando ágilmente entre pilares de rocas, arcos de piedra y una colina delgada. Voló como viento cortante directo a una roca gigante atrapada entre dos laderas, su voluntad no sería puesta en duda. Inhaló profundo atrayendo la nieve en el aire, convirtiéndola en hielo duro brillante, disparó hacia su objetivo haciéndolo estallar en miles de pedazos voladores pasando entre estos sin un solo rasguño. La muestra de fuerza draconica. Kalaham ascendió sin problema por un costado mirando boca abajo al leviatán en espera de la señal. —“Ahora, Neuv. Ven” El dragón de Agua saltó sin temor, controlando su vuelo con mayor seguridad gracias a las enseñanzas y paciencia del otro. Se deslizó hasta el wyvern volando a su lado sin duda, mirando como él se ponía sobre el leviatán cuidando de no entorpecer el vuelo del otro. Los dos giraron en el aire al verse de frente, una risa compartida surgió en sus mentes. —“Ascenderemos, ya arriba tomaré tus patas traseras” Neuvillette asintió subiendo a las nubes acompañado de su fiel dragón de Hielo, giraron alrededor del otro en piruetas inocentes casi juguetonas. Al llegar por sobre la conglomeración de nubes blancas, Kalaham extendió sus garras afianzándose con las patas traseras del leviatán. —“¿Y ahora?” —“Caemos en picada” El wyvern cerró sus alas llevándose consigo al leviatán cuando puso su peso en caída libre, Neuvillette soltó un rugido sorpresivo y un grito mental de pánico al sentir el viento pasar por sus escamas, dando vueltas sin dirección mientras Kalaham no se veía preocupado ni una pizca. —“¡Nos vamos a matar!” —“¡Es la prueba de confianza, confiarás en que te soltaré antes de llegar a tierra para volar de nuevo! ¡¿Confías en mí?!” Los dos dragones se miraron mientras las nubes quedaban atrás y la imagen de la cima de las montañas se iba haciendo más nítida, la presión de la altura fue descendiendo como ellos. —“¡Sí… siempre!” Aun con los nervios en sus garras, Neuvillette miró a Kalaham confiando en sentir sus patas libres al momento justo antes de morir por el golpe. Cerró los ojos concentrando su atención en el viento aullando en sus oídos, la saliva acumulándose en su hocico por la ansiedad siendo empujada por la adrenalina, el corazón palpitando fuerte contra sus costillas. Confianza. Esa era la tercera muestra y final del ritual. Kalaham contó hasta cinco cuando sus inmensos cuerpos pasaron la cima de una de las montañas más altas, en un segundo al sentir las copas de los árboles cerca de sus alas replegadas soltó a Neuvillette. Ambos alzándose en vuelo al instante levantando nieve, ramas rotas junto a una ráfaga creando remolinos en sus vuelos. El ritual había concluido. Ambos habían aceptado al otro y la confianza demostrada era fuerte, incapaz de ser rota. Ahora eran uno en alma.