"Los buenos tiempos no son perfectos"
22 de febrero de 2026, 21:53
Navia suspiró profundo en queja, sus brazos no daban más para cargar las bolsas con huesos y conchas vacías. Wriothesley se había ido a ayudar a vigilar el perímetro con los hombres de musculatura notable, debido a que él también podía defender los alrededores usando su visión Cryo le habían llamado como a Kalaham. “Eilífur-Is” eso solo podía significar una cosa. Esa palabra no era un apellido para ellos sino un adjetivo o algún distintivo para diferenciar a otros, Furina les preguntó a los ancianos de la aldea que significaba esa palabra.
Hielo Eterno.
Por eso no solo Kalaham era llamado así, sino ahora también el Duque tendría ese adjetivo gracias a su control sobre el hielo, solo de otra forma.
Clorinde se rehusaba a usar su visión Electro por la cantidad de nieve en el ambiente, si llegaba a hacer contacto al usar su habilidad podría generar una reacción de Superconductor dañando a alguien inocente. De ahí en más los otros usaban sus visiones para ayudar con las tareas diarias bajo sus cargos, bueno, solo tres pues Furina llamaba a sus amigos para entretener a los niños en las mañanas cuando los adultos se iban a cocinar o cazar.
El señor Usher usaba sus ocho brazos para darles un pequeño show de magia a los más pequeños, la surintendente Chevalmarine lanzaba burbujas al aire mientras flotaba dando saltitos alegres con una hilera de niños un poco más grandes entre cinco y ocho años detrás. La querida mademoiselle Crabaletta le ayudaba a la misma Furina a pasarle algunas herramientas en bolsas y cajitas de madera que necesitaban las mujeres antes de hacer envueltos en hojas deshidratadas de alga verde.
Con ellos ocupándose de la aldea en compañía del Jefe, que supervisaba las tareas de esos cuatro junto a su pueblo, Neuvillette podía escaparse con Kalaham a explorar la tundra como dragones o solo como dos humanos resistentes al indómito hielo.
Neuvillette iba como leviatán terrestre saltando en la nieve creando surcos en imitación de un zorro, incluso gorgoteaba al hundir su cabeza en la nieve y sacarla con el hocico abierto en siseos agudos. Kalaham caminaba al frente fingiendo ser ajeno al comportamiento de su dragón de Agua, ya iban cinco veces que le pedía tener cuidado o podría atascarse entre la nieve si caía en una zona de cuneta.
—“Neuv, ya te dije que no hagas eso, te vas a atascar en un salto y me voy a reír”
—“Tengo los cálculos bajo control, Kal, si sucede no me asustaré y saldré por mi cuenta…”
En una parte de la nieve y el hielo, la nieve no estaba compactada cuando Neuvillette dio saltitos para acercarse a Kalaham quedando la mitad de su cuerpo enterrado y su cabeza demasiado alzada con el cuello estirado. Forcejeó con la nieve sintiendo el hueco debajo de sus garras, mantuvo la serenidad hasta sentir la nieve cayendo a un agujero debajo de su peso.
—“¡Kalaham, Kalaham, Kalaham!”
El mencionado tal cual su promesa comenzó a reírse a carcajadas antes de ir en ayuda del atrapado dragón de Agua, con cuidado lo tomó del lomo usando sus colmillos en un jalón amable. Neuvillette chilló agradecido usando sus garras como palanca saliendo del agujero, al pisar la superficie nevada se giró con el hocico abierto restregando su costado con el del wyvern. El dragón de Hielo le acicaló las antenas, el cuello hasta la base de su lomo antes de verificar que estuviera bien. Olfateó su cabeza y tórax en busca de rasguños o torceduras, al no oler sangre ni oír quejas sacudió su cabeza en afirmación.
—“Te lo dije y seguiste jugando, a la próxima te dejo ahí enterrado”
—“No lo harías y lo sabes”
—“Maldita sea”
Los dos se rieron en la mente del otro, Neuvillette dio un giro quedando al lado del otro para lanzarle mordidas inofensivas al hocico ajeno, Kalaham solo le gruñó sin enojo real dándole una mordida en su antena sin lastimarlo.
Como un susurro al viento, un llamado de la naturaleza en medio de un pacífico día de primavera, el aire se sintió ajeno a esos dos dragones. Un incendio se acercaba a ellos, olor a sangre sin derramar, pero lista para estarlo.
Kalaham alzó su cabeza de golpe, pupilas contraídas en una delgada línea al centro de sus iris azules profundos. Las púas se le crisparon comenzando a vibrar igual a la cola de una serpiente de cascabel en espera del ataque, por instinto protector se puso por delante del leviatán mirando a los cielos.
Algo venía.
—“Kalaham ¿Qué sucede?”
Neuvillette notó ese cambio sutil en la postura del wyvern, el sonido de chasquidos de las púas del dragón de Hielo le dieron escalofríos desde la punta de su hocico hasta su cola. Era la primera vez que veía de forma tan rígida la postura de Kalaham, se le revolvió el estómago haciendo subir una bola de algo caliente a su garganta.
—“Peligro”
El wyvern caminó unos pasos olfateando el aire en concentración absoluta, como una señal para confirmar sus sospechas y no ser tachado de loco, un rugido viajó por las corrientes de aire hasta ellos. Fue débil, apenas audible, pero suficiente para hacerle rugir en respuesta a Kalaham alzando vuelo sin pensar. Venía de la dirección por donde quedaba el asentamiento, el rugido había sido lo suficiente fuerte para ser de un animal colosal.
No un oso o un depredador de la tundra, sino de algo igual de poderoso a ellos dos.
Dragones.
Neuvillette corrió ganando impulso para dar el salto y juntar las partículas de agua en el ambiente, se deslizó por el aire a la velocidad de un misil alcanzando al otro dragón en cuestión de segundos. La tormenta se despejó de golpe dándole una vista clara a los dos del bosque y las colinas delante de ellos, la adrenalina subiendo por sus venas haciendo arder sus tórax en desenfreno.
No tardaron mucho en virar por la montaña para llegar a ese claro despejado donde metros más allá se encontraba la aldea, la imagen no fue la mejor.
Las nubes de tormenta eléctrica en el cielo era un fondo perfecto para la batalla desigual que ocurría en la nieve, humanos corriendo con sus niños en brazos o sus pertenencias personales siendo interceptados por relámpagos o fauces abiertas de dragones jóvenes. Los guerreros lanzaban flechas y lanzas hacia los reptiles más cerca de ellos sin causarles daño real, las manchas en la nieve con cuerpos despedazados seguían un rastro de líneas carmesí de garras rasgando el hielo.
Ahí la masacre daba inicio.
—“¡Mátenlos a todos, que no quede ni una sola alimaña!”
La voz rasposa fue acompañada de un rugido lanzando relámpagos desde el cielo, la electricidad corría con mayor facilidad gracias a la nieve chamuscando a seis humanos que corrían hacia la costa para esconderse en las grutas. Ese olor a carne quemada mezclada con cabello prendido en fuego sofocaba a los pocos sobrevivientes liderados por Wriothesley, el Duque había mandado a las chicas a guiar al grupo a las grutas mientras él lanzaba bloques de hielo a las fauces de dragones de Tormenta.
—“¡Una alimaña de las que venía con la paria tiene poderes!”
Gritó uno de los dragones de Tormenta al tener parte de ese hielo bloqueando su hocico, lanzó un rayo rompiéndolo en pedazos.
Un dragón joven de Trueno viró en el aire cayendo en picada a donde el Duque no estaba mirando, con sus colmillos abiertos a segundos de lanzarle un relámpago rugió atronador.
Su ataque no llegó.
Un pico enorme de hielo atravesó al dragón sacándole un aullido agonizante antes de caer muerto a la nieve rodando unos metros, los demás dragones jóvenes buscaron al culpable encontrándose con las fauces abiertas del colosal dragón de Hielo lanzando una lluvia de picos a cada uno de ellos. Voló por encima creando barreras de hielo entre dragones antes de aterrizar en un estruendo, no rugió ni se hizo presente como lo habría hecho en soberbia un dragón adulto. Kalaham no tenía tiempo para eso.
Tomó de la cabeza a uno girando sobre su peso arrancándole el cráneo al dragón de Tormenta, lanzó la cabeza a un lado para desgarrar con sus garras traseras el vientre de un dragón de Trueno, sujetándolo en una palanca por un ala el joven dragón que no pudo hacer nada.
Un dragón de Tormenta se zafó del hielo lanzado por el Duque en su cola para atacar al wyvern, un chorro de agua hirviendo impactó en su costado lanzándolo lejos, el leviatán aterrizó imbuyendo su cola con agua para formar un látigo. Entre vueltas y mordidas para nada amables derribó a dos dragones, uno de Trueno cayó desde el cielo estampando contra la nieve a Neuvillette que rugió apagado por la sacudida.
Lanzó zarpazos al hocico y ojos del dragón enemigo consiguiendo solo tiempo, el cuerpo del dragón se rodeó de relámpagos listos para descargarlos directo sobre la cabeza del leviatán.
—“¡Muere ya, maldita paria!”
Los colmillos de Kalaham agarraron por el cuello al dragón de Trueno, con sus garras membranosas le abrió el hocico sin piedad lanzando su aliento helado congelando por dentro al joven reptil que explotó por la sobrecarga de electricidad chocando con el frío del hielo. Neuvillette se sacudió buscando con la mirada a los cuatro chicos después de salir del aturdimiento por la onda de choque de la explosión.
—“¡Busca a tus amigos y protégelos, Neuvillette, yo me encargo!”
Kalaham rugió cuando desvió un relámpago al construir en un audaz reflejo un muro de hielo a su costado, se imbuyó en hielo formando un lomo de púas antes de saltar sobre un dragón joven clavándole los picos en el cuerpo atravesándolo.
Neuvillette se reusaba a dejar solo al wyvern, pero aceptó con un rugido agudo corriendo por la aldea destrozada, esquivando ataques y derribando a algunos dragones en su camino.
Al ver a Wriothesley en problemas por dos dragones de Tormenta, el leviatán llegó como tsunami lanzando chorros de agua y convirtiendo el agua helada de la costa en largos tentáculos que se llevaron a las profundidades a los dos dragones. El Duque se relajó solo lo suficiente para correr por lo largo del desnivel, saltó al lomo de Neuvillette al momento de verlo pasar.
—¡¿A dónde, Neuvillette?!
—“¡Hacia donde están las chicas!”
—¡Por allá, a tu derecha!
Wriothesley volteó a su espalda al oír el rugido de un dragón de Trueno saltando para taclear al leviatán, el Duque apretó sus guantes mecánicos antes de lanzar un gran pico de hielo que se clavó en el hocico abierto del reptil atravesando su cráneo clavandolo en el hielo cercano. Neuvillette no bajó su velocidad derrapando en la entrada de las grutas, los gritos en el interior aumentaron la adrenalina de ambos.
El leviatán se transformó en humano para correr detrás del Duque por el camino de hielo forjado por milenios, descendieron con prisa viendo como esa superficie azul se tornaba roja por huellas de manos ensangrentadas desdibujadas. El suelo manchado de sangre y pedazos de manos y piernas desmembradas en salvajismo, los gritos se fueron acabando dándole un escalofrío a los dos hombres.
En ese silencio un grito familiar rompió esa quietud.
—¡AYUDA, POR FAVOR, AYUDA!
—¡Furina!
Wriothesley giró por sobre sus talones entrando a un túnel que lo hizo deslizarse en un tobogán de hielo, el Duque rompió paredes con los guantes mecánicos sin importarle si se dañaban después. Neuvillette se adelantó convirtiendo su cuerpo en agua gracias a las habilidades aprendidas en la tundra, se materializó en el momento justo cuando Furina estaba en el piso del túnel con sus manos sobre ella protegiendo su torso.
Frente a ella un dragón de humo negro, un dragón de Sombra.
—Tu… conozco ese aroma.
Neuvillette se puso frente a Furina para lanzarle agua hirviendo a la criatura de humo negro, el dragón solo rio en la mente de los tres antes de desaparecer. El Duque alzó a la chica en brazos con prisa de salir de ese lugar.
—Esa sombra… los mató a todos… todos murieron.
Furina chilló entre temblores tapándose la cara con sus ojos bien abiertos mirando a la nada, se aferró al cuello de Wriothesley quien no se quejó de sentir el agarre firme de la chica. Eso le ayudó a moverse más rápido para salir de esos túneles de hielo.
—¿Dónde están Navia y Clorinde?
—Ellas… no entraron…
—Furina ¿Dónde están ellas?
El Duque la sacudió un poco sin bajarla, la hizo dar un rebote para subir por una escalinata de hielo. Neuvillette los cuidaba desde atrás por si ese dragón de Sombra regresaba, se mantendría en su forma humana hasta salir.
—¡No sé, Wriothesley, no lo sé!
Furina gritó en shock estallando en estrés con desesperación, lloró fuerte ahogando sus gemidos llorosos en sus manos presionando con fuerza sus palmas sobre su cara. Neuvillette le tomó del hombro al Duque para no presionar más a la chica, no si se trataba de Furina.
—Yo iré a buscarlas, tu mantén segura a Furina.
Al dar un paso fuera de la gruta las fauces electrificadas de un dragón les dieron la bienvenida, Neuvillette reaccionó a tiempo lanzando un chorro de agua desviando la explosión de electricidad a la pared de hielo. El grito aterrado de Furina reverberó en los oídos de ambos, fue la gota que derramó el vaso.
El leviatán ya estaba hasta el colmo.
Se transformó de nuevo en un Soberano enroscándose alrededor del dragón de Trueno con una ira ajena a su personalidad tan serena, se torció el mismo dejando oír como los huesos de ese dragón no resistían la fuerza en los músculos del ser serpentario. Neuvillette rugió de forma iracunda levantando olas gigantes que subieron al hielo, como lenguas de agua vivas chocaron contra algunos dragones en tierra y otros les lanzaron rayos solo dándoles más letalidad.
El leviatán tomó del cuello a un dragón de Tormenta lanzándolo contra una de las lenguas de agua que tomó forma de serpiente marina, ahogándolo en el proceso.
Wriothesley se alejó con Furina en brazos encontrándose del otro lado del campo de batalla, un destello morado rasgo el aire materializando a Clorinde con Navia en brazos. La rubia estaba herida en su costado, pero consciente aún.
—Tenemos que irnos de aquí.
Clorinde mantuvo en brazos a la chica viendo la expresión de horror en la mirada de Furina, necesitaban una salida de esa pesadilla.
—“¡YA FUE SUFICIENTE!”
Un gran relámpago del diámetro de una tienda hizo cimbrar en hielo partiendo en pedazos el suelo firme, Kalaham estaba en el aire logrando evadir el electroshock, pero Neuvillette apenas se había impulsado para flotar siendo alcanzado por la descarga.
—“¡Neuvillette!”
El wyvern aterrizó en caída derrapando por el desprendimiento de hielo, al llegar con su compañero se colocó sobre él con la intención de levantarlo en el aire. El silbido de algo inmenso cayendo desde el aire lo interrumpió, dos garras más grandes a las de ellos los agarraron sin cuidado clavándose en sus escamas.
—“No bajo mi presencia, wyvern”
Thud le gruñó cerca de su cresta al impotente dragón de Hielo, alzó vuelo el Soberano del Trueno con un rugido atronador para llamar a los suyos, no había más vida bajo sus alas.
—“¡Padre! Las cuatro alimañas están vivas ¿Qué hacemos con ellas?”
Thud detuvo su vuelo para mirar entre los témpanos de hielo que entraban al mar, ahí en uno de ellos estaban los cuatro chicos con el Duque en pie y sus guantes mecánicos alzados en caso de defender a las chicas. Clorinde desenvainó su espada poniéndose en guardia. Las otras dos se veían incapaces de luchar.
—“Se ven tan miserables. Tráiganlos, solo por lástima”
El Soberano del Trueno rugió dándole fin a esa conversación, dos dragones de Tormenta ascendieron hasta las nubes cayendo en picada haciendo silbar su vuelo, como halcones en pesca cada uno tomó a dos de los humanos en sus garras.
De la docena de dragones de Trueno y Tormenta que habían ido solo regresaban dos de Trueno y tres de Tormenta, con Thud liderándolos sin algún remordimiento por esa masacre indiscriminada a sus espaldas.
Eran dragones, y ellos humanos. Jamás habría paz.