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Kalaham escaló la ladera con ayuda de Neuvillette, aunque el segundo también estaba al pendiente de los cuatro humanos en su lomo, empujaba al wyvern de Hielo cuando se resbalaba en las rocas. Como si supieran la lucha en la que iban, varios escalones de piedra emergieron con dirección hacía la cima, el leviatán les dio el visto bueno a los escalones ayudando a su wyvern a subir. Arriba se encontraron con Grour y Luz. —“No estaba en las condiciones matar a Goosh”— Luz dijo mirando a Kalaham, antes de relajar su postura— “Pero como fuiste tú quien lo hizo, y no Neuvillette, entra en las reglas de los Duelos” —“De igual forma no iba a pedir perdón por eso” El leviatán le mordió un ala al wyvern sacándole un chillido, el dragón de Agua le miró con regaño para que se comportara, recibiendo un resoplo resignado de parte del dragón de Hielo. —“Ahora, son libres de hacer o ir a donde quieran, esta tierra ya no necesita nada de ustedes ni ustedes de ella” Grour miró a los dos dragones y a los humanos en el lomo de Neuvillette, quienes sonrieron agradecidos por ser libres de irse de ahí ya. El Soberano de la Tierra ladeó la cabeza al ver la duda en la mirada del leviatán. —“¿Neuvillette?” —“Yo… quería decirlo antes, pero no pude”— el leviatán se giró un poco sobre sí mismo para ver a los cuatro en su lomo— “Quiero quedarme aquí, en esta tierra” —¿Disculpa? No, alto, creo que no oí bien porque me martillean los oídos por tantos rugidos— Furina se rió antes de ver la seriedad en la mirada del dragón de Agua— Neuvillette, eres el dragón Soberano Hydro en Teyvat, básicamente, no sé, eh…— se levantó apuntándole con el índice— ¡Eres el que mantiene en orden las líneas ley de Fontaine, sin ti el equilibrio en nuestra nación se desbarata como una hoja en el agua! ¡¿Cómo que quieres quedarte?! —Mira, entiendo tu emoción de que aquí no tienes un cargo ni una imagen por cuidar porque eres un dragón— Wriothesley juntó sus manos con una sonrisa, antes de quitarla— Si tú te vas de Fontaine no habrá ni orden ni paz. —“Ya sé, ya sé, pero…” Los cuatro humanos se pusieron a debatir con el dragón de Agua, Kalaham solo se les quedó viendo antes de tener una idea en su cabeza, sería algo loca y poco prudente. De igual forma, podía funcionar. Puso su atención en Luz, hablándole solo a ella para evitar un enrollo de voces si hacia una mente colectiva. —“Si yo salgo de estas tierras ¿Podría regresar? Desconozco como sea la temperatura en el mundo de mi compañero, pero si algún día necesito regresar o él quiere venir ¿Hay manera?” La dragona de Luz se quedó en silencio unos segundos mirando al leviatán que le dio un gruñido de queja, casi berrinche, a la chica de cabello blanco con mechones azules. La dragona tomó aire al regresar su vista a los ojos de cachorro del wyvern, esos dos dragones eran tal para cual. Se rió sin querer. —“Si, la grieta que se abrió en el mundo de ellos seguirá en pie, no será tan tangible como en un inicio, pero tú y Neuvillette podrán verla en caso de tener la necesidad de regresar aquí” La dragona de escamas brillantes apoyó su cabeza sobre la del wyvern en un gesto maternal, un gorgoteo cálido resonó en la cresta del dragón de Hielo. —“Esta es la tierra de ambos, por derecho, nunca podrían ser expulsados de ella” Con esa resolución, el dragón de Hielo dio unos pasos atrás con los ojos brillando de emoción. Subió y bajó su cabeza dando siseos alegres antes de girarse para estar hombro con hombro con su leviatán, le acicaló una antena atrayendo su atención. —“No es necesario que dejes tantos pendientes en tu tierra, yo iré con ustedes” Tanto Neuvillette como los cuatro le miraron, parpadearon casi igual antes de hablar cada uno su propio tema entre dudas de si era buena idea y júbilo por no perder al Juez Supremo. —“Pero… este es tu hogar, tu perteneces a la tundra, si sales de ella…” —“Neuv, Neuv”— Kalaham le acicaló el hocico para callarlo, aunque en realidad hablaba por la mente— “Si, pertenezco a la tundra, pero soy capaz de adaptarme a otros biomas. Tampoco voy a derretirme como helado, y no me ata algo más a esta tierra, puedo irme contigo”— juntó su frente con la de él para mantenerlo en silencio, aún no acababa— “Si tú te quedas aquí tendrás muchos problemas después en tu mundo, si yo me voy contigo no hay ningún impedimento” —“Aquí están tus raíces, tus antepasados ¿Dejarías eso atrás?” —“Si es para seguir a mi nueva familia, a mi futuro, lo haría sin pensarlo” Neuvillette solo rió."Diluvies Gelida"
22 de febrero de 2026, 21:53
Kalaham no podía seguir evadiendo ataques ni curarse al mismo tiempo, varias de sus escamas estaban al rojo vivo por debajo de los parches de hielo. Le dolía mover su cuerpo, se arrastró a un lado dejándose caer con la cabeza cerca de la lava. El calor le daba igual, iba a morir de todas formas, si moría por su tórax quebrado o por el fuego le daba igual ya.
Goosh azotó su cola contra la piedra dejando huellas de lava en su camino, al llegar al dragón de Hielo moribundo solo le miró con asco. Sería rápido, su juguete ya no era tan divertido como al comienzo, de hecho, había sido un Duelo tan aburrido y eterno que al fin poder darle fin al lastimero aspecto de ese dragón se sentía liberador.
—“Te hubieras quedado escondido en esa tundra por el resto de tu vida, wyvern. Es una pena”
Alzó su garra goteante de lava, Kalaham cerró los ojos dejándose a la merced del otro dragón, de repente su corazón le dolió de una forma inexplicable.
Con un temblor en su mirada recordó, no estaba solo, había alguien que le esperaba después del Duelo. Le había hecho una promesa vacía solo para calmarlo, no podía morir de esa forma frente a sus ojos, no sin luchar hasta su último aliento.
Interceptó la garra usando su propia pata trasera, le quemó como el metal caliente, pero se afianzó a ella alejándola de su cara con los colmillos al aire en un inútil esfuerzo por retrasar lo inevitable.
—“No… me niego a morir así… si debo morir… será a mi manera”
Con eso consiguió reunir la fuerza bruta para aventar unos metros lejos al dragón de Magma, sin esperar que esa fuera la oportunidad perfecta para el tercer combatiente de lanzarle chorros de agua a las placas tectónicas, apagándolas entre chillidos del propio dueño y de la lava.
La silueta de Neuvillette apareció en el campo de visión del wyvern, usando su poder sobre el agua, el leviatán apagó el aro de fuego mientras seguía lanzando chorros de ese mismo liquido contra el dragón de Magma indefenso. El hielo podía derretirlo sin molestia alguna, pero el agua era lo que la lava para el dragón de Hielo, lo estaba sofocando conforme más agua recibía en su cuerpo y hocico entreabierto.
El leviatán se puso enfrente del wyvern, con cuidado se colocó encima de él protegiéndolo con sus garras y aliento. Cortó el agua para poder rugir en un estruendo melódico lleno de adrenalina en su sangre, bufó amenazante sin moverse un ápice de su lugar.
—“Neuvillette… no debiste… interrumpir el Duelo… vas a ser castigado por eso”
—“Luz me dio permiso, Oush estuvo controlando tu sombra para dejarte inmóvil el tiempo necesario, así Goosh pudo debilitarte hasta este punto”— el leviatán posó su cabeza sobre la del adolorido wyvern— “No te dejaré morir aquí, no si yo puedo hacer algo al respecto”
—“Eres imprudente…”— Kalaham se rió con dificultad en la mente de ambos, su mirada se desvió a su costado al ver un brillo extraño— “¡Neuvillette, agáchate!”
El wyvern envolvió con su pata membranosa al otro consiguiendo esquivar el relámpago que estampó contra la ladera enfrente de ellos, a lo lejos se veía la silueta del Soberano del Trueno acercándose a gran velocidad.
—“¡Yo me ocupo de él, tu ocúpate del de magma!”
Kalaham se separó de Neuvillette corriendo lo mejor posible hacía el dragón de Trueno, así Neuvillette corría hacia el dragón de Magma que intentaba avivar el fuego del aro de lava. En un ataque sincronizado cada uno lanzó sus alientos, Goosh salió disparado a un lado por el torrente de agua en diluvio mientras Thud rodó de frente al tener una pata congelada al piso.
Kalaham saltó sobre el Soberano del Trueno agarrándolo por el lomo para usar su peso en contra girándolo al lado, los dos quedaron de frente al otro, el wyvern lanzó hielo al hocico contrario sellándolo por un momento para morderle con fuerza abrumadora por el cuello. Thud lo empujó fuera de él con sus patas delanteras, juntando relámpagos en sus colmillos congelados partió en pedazos el hielo, con sus fauces libres un poderoso relámpago emergió.
Neuvillette tomó por el cuello a Goosh haciéndolo girar, el Soberano del Magma abrió su hocico lanzando lava al vientre del leviatán, él esquivó por centímetros disparando más torrentes de agua. Era una pelea desigual, así como fue cuando el dragón de Magma estaba en duelo contra el dragón de Hielo, ahora el dragón de Agua le regresaría ese favor al Soberano y con creces. Un potente coletazo le golpeó el costado a Neuvillette marcándole una gruesa raya negruzca por las escamas quemadas, el leviatán se miró sin chillar, con un rugido atronador tan agudo se agazapó lanzándose en embestida bruta. Los dos dragones rodaron por la roca caliza dejada atrás después de que la lava fue apagada, el leviatán tomó con sus colmillos una de las placas tectónicas ignorando el calor golpeando su hocico. Empujó fuerte usando sus patas traseras para anclarse al suelo y las delanteras empujaron, se escuchó como si estuviera arrancando un pedazo de madera del tronco. Cayó de espaldas con una lluvia de magma volando en su camino, escupió la placa a un lado mostrando sus colmillos, Goosh rugió en dolor punzante mirando como el magma caía a la piedra sin poder detenerlo.
Los dos se rugieron ya encaminándose al encuentro del otro.
Un relámpago perdido los detuvo en seco, el cuerpo del wyvern aterrizó golpeando al dragón de Magma haciéndolo retroceder unos metros, Neuvillette zigzagueó por la superficie esquivando rayos dirigidos hacia él.
—“¡Yo mismo mataré a la paria, Goosh! ¡ES MÍO!”
Thud rugió en la mente del nombrado mientras corría detrás del dragón de Agua, alzó vuelo para acortar distancia cayéndole en el lomo al leviatán. Lo sometió usando su peso enseñando los colmillos bien abiertos para darle a quemarropa un relámpago, Neuvillette no podría soportar una descarga así de cerca.
Un cañonazo hizo tambalear a Thud.
Y otro más, seguido de otro y un cuarto. Una lluvia de meteoritos golpeó diferentes partes del Soberano del Trueno, seguidos de una ráfaga de hielo que lo quitó de encima del leviatán dándole la oportunidad de escape.
Neuvillette retrocedió lanzándole chorros de agua a Thud que se congelaron gracias a las constantes ráfagas de hielo, el leviatán cambió de objetivo al ver demasiado cerca a Goosh de Kalaham, juntó el agua sobre las rocas para crear un látigo que mantuvo a raya al dragón del Magma antes de recibir otro torrente de agua justo en la parte del hombro donde la faltaba una placa tectónica.
Neuvillette llegó con su wyvern observando a Furina y Clorinde ya atendiendo las heridas del dragón de Hielo.
—¡Nosotras lo cuidamos, tu ocúpate de lo demás, Neuvillette!
Furina le sonrió con seguridad al leviatán, él les regresó esa confianza en una afirmación de cabeza.
—“¿Qué sucederá con Wriothesley y Navia?”
—Ellos pueden con Thud, confía en ellos.
Neuvillette no lo pensó mucho, no había tiempo para malgastar en su ansiedad por esos dos, le dio una afirmación a Clorinde antes de seguir ocupándose del dragón de Magma. Goosh le rugió mientras retrocedía buscando alguna pendiente para salir de ahí con vida, no podía hacerle frente a Neuvillette, no cuando el leviatán estaba ahí no como humano, sino como dragón protegiendo a su compañero de vida.
A aquel que le dio tiempo de entenderse, de amarse y de complementarse. Donde ese río violento se volvió un cauce sereno, encontrando un descanso en la orilla.
Neuvillette no iba a perderlo, no bajo injusticias de quienes pensó que seguirían las leyes impuestas por ellos mismo. Era un Juez, un Soberano, un Dragón libre de las cadenas auto-impuestas siglos atrás para sentirse imparcial hacia los demás y no manchar la mano con la que impartía justicia. Aquel que le enseñó más colores que solo gris, blanco y negro. No. No lo iba a dejar morir mientras estuviera de pie, hasta el final de sus días lo iba a proteger del mundo si era necesario y justo. Esa sería su nueva justicia.
Wriothesley y Navia eran diminutos para poder dispararles con certeza, los relámpagos de Thud no podían seguirles el ritmo ni encontrarlos entre tanta piedra levantada, hielo haciendo escombros a los lados y los constantes cañonazos sobre su cabeza que venían de la nada. O eso pensaba, en realidad Navia había desplegado un dispositivo combinado con su visión Geo creando constantes bolas del mismo elemento, una habilitad de ella que no era conocida en ese mundo. Ni por los dragones.
—Debemos darle justo en el hocico, le congelaré su aliento y cuando eso pase lanza un cañonazo desde abajo.
Wriothesley le susurró a la rubia, los dos escondidos detrás de una gran roca se volvieron invisibles para el Soberano, y con la caída de meteoritos no podía concentrarse en buscarlos. Así Navia corrió a un lado cuando el Duque pasó por sobre la roca con un salto, Thud los vio enseguida apuntando hacía Wriothesley para freírlo ahí mismo. Con los reflejos de un gato, el Duque esquivó los dos primeros golpes usando una escalinata de hielo dando un salto final poderoso, quedó justo a la altura del hocico abierto del Soberano.
—¡Cuidado con lo que comes!
Gritó con una sonrisa socarrona el Duque al imbuir sus guantes mecánicos con Cryo, una ráfaga potente salió de su puño congelándole hasta la garganta al dragón de Trueno. Thud chilló de molestia intentando cerrar sus fauces para romper el hielo cuando miró abajo suyo, Navia le apuntaba con su paraguas convertido en un inmenso cañón mecánico con la punta brillando cuál estrella.
—¡Cortesía de Spina di Rosula! ¡FUEGO!
Y con eso un destello deslumbrante salió disparado del paraguas llegando a la quijada del Soberano en un respiro, el golpe fue como recibir miles de coletazos del mazo de Grour a la vez con una potencia mil veces multiplicada. Thud se levantó del suelo quedando inconsciente al siguiente segundo, cayó sobre su lomo primero antes de caer de costado. Los relámpagos que se movían como gusanos alrededor de sus escamas se disiparon dejando solo un cuerpo de reptil morado apagado, sus ojos eléctricos se rodaron en blanco mostrando dos iris azules metálico desmayados. Incluso sus pupilas se dilataron al no recibir señal del cerebro.
Los dos se rieron victoriosos al estar hombro con hombro, chocaron los cinco con esa sonrisa temporal en sus rostros. Solo ellos cuatro lo sabrían, pero ya podían poner en su curriculum y reportes que habían noqueado a un Soberano de milenios de edad saliendo solo con moretes y algunos rasguños.
Neuvillette se había terminado el agua de reserva dentro de su cuerpo, le dolía la mandíbula de mantenerla abierta tanto tiempo lanzando torrentes de agua a presión, pero no estaba en peligro. Goosh estaba empapado en su totalidad sin oportunidad de retomar la pelea, derribado con su cabeza entre sus patas y la herida en su costado supurando magma lo tenían agotado.
Kalaham se levantó cuando se sintió mejor dándole las gracias a Furina por cubrirlo de agua usando a sus amigos, Clorinde bajó la guardia al ver a Thud desplomado a lo lejos mientras Navia y Wriothesley venían caminando sin preocupaciones.
—“Ya estamos a salvo”
Neuvillette dijo en la mente de los cinco, pero el wyvern no se detuvo a su lado, siguió caminando hasta llegar al Soberano abatido y ahogado. Con los ojos entrecerrados, Kalaham le gruñó.
—“Ahora dime ¿Quién está a punto de ser ejecutado?”
—“Kalaham, no. El Duelo terminó y no es necesario”
—“¿Eso crees? Ya te dije, no soy rencoroso, pero este hijo de perra es diferente”— Kalaham acercó su hocico a los ojos del dragón exhausto— “No me mató hoy, pero lo hará en un futuro cuando tenga la oportunidad una vez más”
—“Adelante… hazlo… tu no me das miedo”— Goosh se rió en la mente de los dos dragones— “Eres igual de sentimentalista… que tu padre”
Kalaham abrió los ojos sintiendo la cólera aparecer una vez más en sus venas, la piedra bajo sus garras se congelo, del mismo modo el cuerpo empapado y apagado del dragón de Magma se congeló de forma lenta desde fuera hacia adentro.
—“Mi padre fue un buen Soberano”— el wyvern sintió un rugido creciente desde lo profundo de su estómago— “Murió por los suyos, los protegió hasta el final muriendo a manos de los invasores. Y su nombre… ¡Es Grishu, Soberano del Hielo y mi padre!”
Lo tomó por el cuello alzando el cuerpo semi-congelado del dragón, le abrió el hocico con sus garras membranosas y expulsó tanto aliento helado como sus pulmones lastimados le dejaron. Cuando las placas tectónicas se volvieron hielo, el magma dejó de correr y los ojos del dragón se pusieron blancos, Kalaham se detuvo. Lo tomó por la cola congelada con sus patas traseras, dio una vuelta al alzar vuelo estampando el cuerpo inerte contra la piedra reventándolo en pedazos de carne congelada.
La cabeza rodó a los pies de Neuvillette, él la miró unos segundos cerrando los ojos después de memorizar esos ojos blancos.
Kalaham le había mentido, le dijo que no sabía cómo murieron los demás integrantes de su familia, pero claro que lo supo.
El agua tiene memoria.
Kalaham, no, Yngri estuvo sumergido en el agua helada de la tundra por muchos siglos. Antes de caer en hibernación escuchó como el hielo, el agua, le transmitía las imágenes de su familia en sus momentos finales. Como una película maldita en su cabeza sin ser capaz de detenerla o borrarla, las vio en modo espectador.
Neuvillette abrió los ojos ignorando eso por el momento, no estaba enojado con ese wyvern que miraba al cielo haciendo sonar un rugido ensordecedor en nombre de los suyos. Por un segundo, no estaba Kalaham rugiendo, sino Yngri sacando su dolor y duelo al fin después de tanto tiempo reteniéndolo en lo profundo de su ser.
Los dragones en los agujeros de las laderas lanzaron sus propios rugidos uniéndose a ese aullido en duelo de una raza, de un dragón que había sobrevivido para ver un día más. El último dragón de Hielo entre ellos, pero no estaría solo.