Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"De regreso a casa"

Ajustes
Los dos dragones surcaban el cielo despejado en dirección al bosque, aquel donde Neuvillette y los demás había llegado la primera vez a tierra firme hace casi cinco meses atrás, se sentía tan diferente ahora, no solo por respirar mejor el aire limpio del lugar tan idílico que era. También por la compañía. —¡Oye, Kalaham! — Wriothesley alzó la voz lo más fuerte para atraer la atención del wyvern— ¡¿Qué sucedió con ese tal Oush al final?! ¡No lo vi cuando estabas hablando con Luz antes de partir del cañón! —“Ah, eso”— Kalaham siguió con la vista al frente, pero atento a las palabras de los humanos— “Luz dijo que Oush logró escapar de la prisión lumínica, pensó que Sorish había ayudado a su padre a huir, pero Grour le dijo que el joven estuvo a su lado mirando el Duelo” —¡¿Eso no sería un problema a largo plazo?! —“No, bueno no lo saben exactamente, pero dudan vaya a poder hacer algo contra los demás Soberanos” Neuvillette miró de reojo a su wyvern, con un chillido agudo le pidió conectarse a una mente colmena para hablar también. —“¿Thud tendrá algún castigo por confabular con Oush y Goosh? No recuerdo ver a alguien moviéndolo y  todavía respiraba cuando nos fuimos de la arena”“Desconozco, si por mi fuera lo degollaría sin pensar”“Kalaham” El dragón de Hielo miró con un siseo alegre al dragón de Agua, recibiendo una mordida al aire cerca de su hocico, los dos se rieron en la mente del otro de esa forma ya tan cotidiana para ese par. —¡Son un par de idiotas enamorados! ¡¿Lo sabían?! Furina soltó una carcajada melódica a su estilo tan actoral cuando los dos dragones le miraron de perfil entrecerrando los ojos, Clorinde sujeto a la chica para que no se cayera del lomo del leviatán cuando el dragón en venganza hizo una leve onda con su cuerpo en el aire. —¡Neuvillette! —Navia habló con calma aún con la voz alzada— ¡¿Cuándo regresemos a Teyvat, a Fontaine, debemos volver a hablarte como “Su Señoría” o podemos llamarte solo Neuvillette?! —“Estando en público llámenme como solían hacerlo, estando en privado pueden llamarme sin honorifico alguno”“Que forma tan elegante de hablar, su Señoría” El tono burlón de Kalaham le hizo sentir mariposas en el vientre al leviatán, las cuales después se volvieron la sensación de vergüenza cubriéndole la cara, para su suerte como dragón no se le vería el sonrojo. —“¡Tú me hables así! Tú dime Neuvillette, o Neuv, no me llames de esa forma”“¿Por qué no? Si voy a ir a tu mundo debo acostumbrarme a los modismos de ahí ¿No es así?”“No, porque ya somos compañeros de vida, y tienes prohibido decirme de esa forma. Si lo haces serás sancionado” —¡Hazle caso, Kalaham, una vez me sancionó por llamarlo “Querido Juez” en horario laboral! —“¡Por Celestia!” Neuvillette rugió chillón aún más apenado al no haber cortado la comunicación colectiva con los cuatro, habían escuchado como le decía con tanta seriedad el término de “compañeros de vida” al wyvern y ahora no iban a dejarlo en paz en un millón de años por eso. Quería sacudirse la vergüenza, pero si lo hacía mandaría a volar al grupo, aunque eso no sonaba tan mal, y menos al oír las risas en conjunto sobre su lomo. —“Ya, ya, pongan atención. Ahí está” Kalaham habló señalando a lo lejos el bosque donde comenzaba el mar negro, en un ascenso controlado subieron por encima de las nubes para buscar con mayor claridad el tornado de colores pastel, así como habían llegado regresarían. O eso dijo Luz cuando el leviatán preguntó cómo volverían a su mundo. En el vuelo silencioso, o para la mente de Neuvillette al no recibir la voz de su wyvern ni oír su nombre mencionado en la plática de los cuatro sobre su lomo, el recuerdo de algo le vino a la memoria. Esa voz extraña en los primeros días en aparecer el tótem le llamaba con insistencia, no era la de Luz, su tono mental si era como el de una madre solo un poco más firme en su expresión. El de aquella voz era dulce, una voz pidiéndole regresar a esta tierra ¿Por qué? No lo sabía, habían pasado casi cinco meses y hasta ahora lo recordó. ¿Quién le habló en ese entonces? La tierra tiene magia, eso era un hecho, después de todo los dragones usaban magia para canalizar sus alientos. Entonces ¿La misma tierra le habló? Si así era, una razón estaba detrás de eso. —Eh… Neuvillette. Susurró en apuro Navia al tocar varias veces la base del lomo, el leviatán no reaccionó hasta ver en su vista panorámica el ala blanca traslucida de un ser. Observó entre las nubes divisando la sombra de otro dragón, algo desdibujada por el viento, pero suficiente nítida para ver sus escamas albinas y ojos nevados. Esa sensación cálida recorrió al leviatán una vez más, ella era la dueña de esa voz ¿Cierto? Debía serlo.  

“Gracias, por no dejar solo a mi Yngri”

 

Igual a un fantasma de medianoche, la figura se volvió polvo al cruzar por una nube esponjosa. La voz había sonado en la cabeza de los cuatro humanos también, así que Neuvillette no podía llamarse loco. Ni era una psicosis en grupo, el leviatán tardó unos momentos en relacionar cosas hasta tener una idea de quien había sido ella. Solo resopló en tranquilidad. —¿Qué era esa cosa? —“Un recuerdo, solo eso” Neuvillette sonrió en su mente al escuchar la voz confundida de Furina, el leviatán miró a su izquierda encontrando al wyvern en su propio mundo vigilando al frente para divisar el tornado. No la había visto, seguramente si lo hubiera hecho se sentiría igual de ligero que él ahora. Volaron unos minutos más en silencio total sin sentirse incomodos por eso, era más como esa calma antes de la tempestad. En este caso si sería algo similar, iban a entrar a un tornado para regresar a su mundo en cualquier momento, debían ir mentalizados con eso para no entrar en pánico antes de llegar. Clorinde se levantó al mirar el cumulo de nubes grises en espiral un tanto lejos de ellos, apuntó con su espada sin amenaza real. —¡Allá, es esa de allá! —¿De verdad no había una forma más sencilla de regresar? Como una puerta o cruzando un místico arco de madera torcida. —No, Navia, me temo que no. —Ouh… —“Preparense, debemos entrar al ojo del tornado para atravesar la grieta” Kalaham rugió al cielo acelerando la velocidad de su vuelo, su inmensa figura subió más y más con Neuvillette siguiendo su rastro, el grupo de cuatro se sujetó como pudo al lomo del leviatán pidiendo no caer en el proceso. Después de todo la grieta estaba en un mundo de dragones, era lógico que solo ellos pudieran atravesar sin problemas. Los vientos salvajes que hacían girar las nubes en espiral jalaban con fuerza las alas del wyvern, tambaleándolo en su camino unas cuantas veces causándole chillidos de angustia al leviatán, si el dragón de Hielo se tropezaba en su vuelo caería en picada al agua. Conforme más se acercaban a las corrientes indomables, más difícil era mantener un rumbo recto, Neuvillette no supo cuando pasó, solo sintió su cuerpo ser jalado por el mismo aire junto a los cuatro humanos en su lomo. Los gritos inconfundibles de Furina fueron seguidos por el llamado de auxilio de Navia, una maldición salió de la boca de Wriothesley mientras Clorinde intentaba no salir de las corrientes para ser absorbida por el núcleo. Neuvillette rugió agudo al no tener visión clara de la ubicación de su wyvern, el dragón de Hielo había desaparecido de su vista entre tanta nube grisácea, disparándole la preocupación y ansiedad mezcladas. Un rugido profundo le respondió unos metros arriba de su cabeza, Kalaham estaba en el mismo problema siendo jalado por la corriente ascendente, se veía bien, solo algo impotente por la sensación de no controlar su vuelo. —¡Veo la luz! —¡Navia! —¡¿Qué?! ¡Hablo en serio, mira allá, Furina! La chica como pudo alzó la mirada a la luz de colores pastel en la cima de la columna de aire, esa era la grieta. —¡La veo también! Neuvillette rugió decisivo, volvió a levitar lo mejor posible para ir subiendo en la dirección de las ráfagas del viento, tomó con cada una de sus garras a cada uno de sus amigos antes de llegar hasta Kalaham poniéndolo sobre su lomo. Con un impulso de patada al aire entraron a la luz, siendo aducidos por esta.  

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  —…Su Señoría…. —¡Enhorabuena… Su Señoría…! —¡Señorita Navia…! —¡Duque Wriothesley… señorita Clorinde! —¡Miss Furina… que alegría! Neuvillette sintió como su cabeza le daba vueltas, un quejido salió de su boca al sentarse sin poder tolerar la luz del sol, se sentía como si un enorme navío le hubiera pasado por encima cinco veces su peso. Se talló los ojos cuando vio caras conocidas ayudándolo a levantarse, sintió sus piernas y brazos, estaba en su forma humana sin haberlo hecho con consciencia. Los miembros de la Guardia gritaron algo sobre traerle comida y agua del lago, lo sentaron sobre una piedra cercana para revisarlo con detalle. Un médico se acercó a él después de revisar a una desorientada Navia y un morete en el brazo del Duque Wriothesley, dio un diagnostico bueno diciendo que su Señoría Neuvillette solo necesitaba reposo por unos cuantos días para volver a compensarse por el desmayo. Cuando la claridad le vino de regreso a la cabeza, Neuvillette miró a los Guardias. —… ¿Qué sucedió aquí? —Estuvieron desaparecidos usted el Juez Supremo, el Duque Wriothesley, la Señorita Navia, la Señorita Clorinde y la Señorita Furina por cuatro horas. Las palabras no entraron en la mente de Neuvillette hasta repetirlas unas cuantas veces más, el tiempo, la miembro de la Guardia acababa de decir que se ausentaron por cuatro horas. Era imposible. Ellos habían cruzado el tótem y se mantuvieron en esa tierra de dragones por al menos cuatro meses y medio, los días más o menos en esa cuenta no era relevantes ¿Cómo era posible? Un pensamiento atacó el raciocinio del Juez. Si solo fueron cuatro horas ¿Había sido un sueño? No, imposible, no podía serlo. Neuvillette miró a su alrededor con frenesí, estaban ahí los otros cuatro ya siendo revisados por los otros médicos a excepción de Clorinde quien ya estaba de pie escuchando el reporte de su equipo sobre la situación, la ausencia de alguien le dio un fuerte mareo al Juez. Su wyvern ¿Dónde estaba Kalaham? Se giró sobre sí mismo ignorando que casi se iba de lado al voltear con rapidez a los costados, buscando a ese hombre piel canela de ojos azules profundo por las cercanías.   No estaba.   Al igual que el tótem, no estaba el pilar de piedra en donde recordaba que estaba antes de ser absorbidos. No podía ser una alucinación, la psicosis no podía ser compartida ni imaginar lo mismo cinco mentes diferentes. La ansiedad reptó de nuevo por sus piernas hasta su corazón, levantándolo como un resorte de donde se encontraba sentado. —Busquen en los alrededores si hay alguna persona desorientada o algo inusual en el terreno— Neuvillette miró a la Guardia sin dar explicaciones usando por accidente un tono demasiado severo. —Su Señoría ¿Sucede algo? — un joven de la Guardia retrocedió un paso por inercia al verlo tan alterado al Juez Supremo— Debe ser por el desmayo, solo respire profundo. —¡No, no es por el desmayo! Es una orden, vayan. Neuvillette sintió su corazón en la boca cuando él mismo se movió de su lugar buscando también como podía, la Guardia ya se estaba moviendo a diferentes direcciones con la vaga orden de buscar a una persona desorientada o alguna alteración sospechosa en la zona. El Juez Supremo se sentó en un tronco al sentir las náuseas causadas por su angustia, no estaba loco, sentía ese lazo de dos corazones juntos en su pecho ¿O era un intento de infarto? Se tomó la cabeza mirando al pasto comenzando a hiperventilar. Era como caminar sobre un castillo de arena, no quería quedarse solo de nuevo, necesitaba a ese dragón que entendía su sentir. Si Kalaham no era real sino solo una creación de su mente ¿Por qué se sentían tan reales sus memorias con él? Sus brazos se movieron a su abdomen en un abrazo para sí mismo. Iba a vomitar, sentía ya la bilis en la garganta. Las voces de los chicos llamándole se escuchaban borrosas, negó varias veces con los parpados apretados en esa lucha interna por saber qué era real y qué no. —Él si existe, él si existe… él si existe. Una sensación de caída libre lo tambaleó en su lugar, aún con los ojos cerrados su cuerpo se ladeó como si fuera a acostarse sobre el tronco caído. —Neuv… Esa voz que fue un bálsamo en su propio juego mental, una mano grande lo sostuvo de su brazo con delicadeza abriéndole los ojos de golpe, ahí a su lado con una mirada preocupado estaban esos ojos azul profundo, atentos y cálidos. —Kal… Kalaham. Las etiquetas y protocolos fueron solo palabras en un papel, de un salto se aferró al cuello ajeno sin importar si se abrazaba a esa figura con brazos y piernas. Recibiendo en respuesta esos brazos fornidos alrededor suyo dándole la seguridad que necesitaba para no caer en la locura, claro que él existía, estaba ahí abrazándolo con fuerza medida pegando de nuevo su corazón caído y el alma agrietada por la confusión. Navia se detuvo en su andar al ver la escena del reencuentro, Furina solo respiró profundo calmando su propia ansiedad creciente a causa del casi colapso mental del Juez, Wriothesley se cruzó de brazos exhalando lento con una sonrisa feliz. Clorinde se acercó con más calma a paso suave hasta quedar a un lado de Neuvillette que seguía con su rostro enterrado en el cabello ondulado de Kalaham. —Neuvillette, hay personas viendo. —No me importa. Por un segundo sentía mi mundo quebrarse… en este momento no me importa. Clorinde hizo una leve mueca antes de ver a Kalaham, él solo le devolvió la mirada con una sonrisa pidiendo comprensión, junto a un momento a solas para calmar al aterrado Neuvillette. Ella asintió confiando en el hombre. Se alejó a una distancia considerable, así Kalaham se enfocó de nuevo en el tembloroso Juez, sobando su espalda desde sus hombros hasta su espalda baja sin ninguna otra intención que serenar sus temblores ansiosos. —Oye ¿Qué pasó? De repente sentí tanta angustia de tu parte que pensé que ibas a colapsar. —No te vi por ningún lado, y dijeron que nos fuimos solo cuatro horas— la voz amortiguada de Neuvillette sonó frágil cual vidrio fino— Y el tótem no estaba…pensé que yo había alucinado todo… y me dio tanto pavor… que no fueras real sino… un producto de mi cabeza por tantos siglos solo. Kalaham sobó con un poco más de firmeza la espalda del Juez cuando lo sintió temblar de nuevo, un leve apretón a la cabeza de Neuvillette usando su mejilla para presionarla contra su hombro fue suficiente para sacarle ese suspiro tembloroso de los labios al Juez. —Ay Neuv, no estás loco— el hombre fornido se rió un poco recibiendo un pellizco en su cuello en queja del otro— ¡Ah! Lo que sucedió fue otra cosa. —¿Qué cosa? Neuvillette respondió enojado por la risa hacia su estado actual, aunque en realidad no estaba TAN enojado como su voz apretada sonó. —Tu cuerpo está acostumbrado a tu mundo, adoptó tu forma humana apenas entraste, pero para mí es la primera vez aquí— Kalaham se movió un poco para poder ver a los ojos violetas con suavidad tersa— Entré como dragón, y dudo fuera prudente quedarme aquí cuando llegaran más personas por ustedes, me alejé lo suficiente para cambiar de forma. Que, por cierto. El hombre piel canela se giró con todo y el Juez en brazos, ya no tan escondido en el cabello azul azabache, pero con su barbilla pegada a la frente de su Kalaham. —¡¿Por qué hay tantas colinas?! Me perdí dos veces rodeando una colina, y me topé con unas cosas de colores morados que sacaban chispas de unas antenas, eran como bolas que saltaban. —Se llaman Slimes Electro, y no sé sobre lo primero— Neuvillette se relajó en los brazos de su compañero de vida apoyando ahora su mejilla sobre la frente de Kalaham con los labios en puchero cual niño— ¡¿Por qué no dijiste nada en mi mente cuando hiciste eso?! ¡Me estuvo a punto de dar un infarto! El Juez se enderezó solo para jalarle la oreja al otro seguido de manotazos en sus hombros y brazo derecho, Kalaham solo giró su rostro a un lado para no recibir un manotazo en la cara entre risas y quejas de dolor cada que Neuvillette se ensañaba dándole golpes en un solo lugar.   Una escena digna de foto.   La Guardia regresó para dar el informe de no haber encontrado ni personas extraviadas ni alteraciones en la zona, cada uno de ellos se detuvo en seco al ver al tan pulcro y comportado Juez Supremo en brazos de un hombre extraño de fisonomía intimidante de forma indecorosa dándole manotazos mientras le regañaba cual madre a su niño en plena plaza. Wriothesley se puso en medio del camino cuando uno de los Guardias iba a ir a interrumpir la escena. —Solo ignórenlos por unos segundos, se calmarán cuando el coraje desmedido de nuestro oh gran Juez Supremo se apacigüe. El Duque no pudo evitar usar su tono de sorna ahora que Neuvillette no estaba escuchando, una oportunidad aprovechada sin pensarlo. —Ese hombre ¿Lo conoce su Señoría? —Por supuesto, y… —¡No es su asunto! Ya, ya, muévanse de aquí y ayuden a recoger las cosas tiradas. Rápido, rápido. Furina ahuyentó a los demás ajenos a esa dinámica entre el wyvern humano y el leviatán conocido como Neuvillette, la chica empujó incluso a una chica que alzó su mano para opinar cortando de tajo su comentario innecesario y no solicitado. Navia se cubrió sus labios reprimiendo una risa por la segunda escena de Furina regañando a los fisgones, digna de una directora poniendo orden en el set, aunque este no era un set y la escena de Neuvillette y Kalaham no era actuada. La chica rubia buscó entre sus cosas llamando la atención de Clorinde, Navia se veía muy perspicaz buscando en su bolsa materializada. —¿Qué estás buscando exactamente, Navia? —Estoy buscando… mi daguerrotipo, yo lo deje aquí. —¿A qué le piensas tomar foto exactamente? — el ceño fruncido de la verduga del justiciazgo era más de consternación que regaño. —A Kalaham y Neuvillette, no como foto para el Pájaro de Vapor, sino como una foto de los dos juntos aquí ¡Sería su primera foto juntos en Fontaine! —Claro, era más que obvio. —¡Aquí está! Navia saco el artefacto con una sonrisa, no perdió tiempo en ir hasta la pareja que ya hablaba de forma civilizada con Neuvillette de pie frente al hombre de casi dos metros. Tal como se esperaba, Navia solo aviso con una sonrisa sobre la foto sacando una primera con la cara in fraganti de los dos involucrados, una segunda con la ceja alzada de parte de Kalaham y una mirada divertida observando la expresión de parte de Neuvillette hacia él. La tercera fue la vencida y la más bonita. Neuvillette apoyado en el costado de Kalaham con su cabeza sobre su costado y el hombre de piel canela posando su mejilla sobre la cabeza del Juez en una sonrisa sutil.   Una buena foto para enmarcar.
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