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Navia sonreía con la visión de la casa en plena construcción, con ayuda de sus hombres de Spina di Rosula ya tenía los cimientos hechos de la casa, ella estaba cómodamente sentada en un mantel de picnic cerca del camino bajo la sombra de una enorme sombrilla traída por ella desde Poisson. A un lado Kalaham comiendo macarons de diferentes sabores y colores, mantenía su ceño fruncido mientras comía, se veía adorable ese gigante. —A este paso la casa estará lista en tres días, o menos, solo faltaran los muebles. —¿Esos también los harán tus hombres o se compran? —Los puedes mandar pedir o darle algún plano a un artesano para mandarlos hacer. —Me gustaría… mandar los planos a algún artesano, pero que sean diseños elegidos por Neuv, para que se sienta cómodo y pueda sentirse en un hogar no solo en una casa. —¡Ay, Kalaham! Eso fue lo más romántico que he escuchado— Navia se llevó sus manos a su pecho con una sonrisa enternecida, antes de reír cuando el hombre de piel canela le miró con no tan disimulado hastío— ¿Solo aceptas cumplidos y halagos de tu compañero entonces? —Es natural ¿No? Solo me gusta cuando él me dice cosas así. Navia soltó una leve carcajada ya más elegante a su estilo, cerró los ojos al sonreír agarrando uno de sus macarons. Los gritos a lo lejos de alguien pidiendo paciencia seguidos de un regaño en tono paternal firme detuvieron a los trabajadores unos segundos antes de retomar sus tareas, el bote aparcó a un lado dejando ver a un hombre saltando con papeles en manos y otro riéndose de nervios al no poder detener al primero a tiempo. La chica rubia volteó a ver a Kalaham para informarle sobre el arribo de Neuvillette, el hombre de ojos azules profundo ya no estaba ahí sentado, Navia miró de nuevo hacia donde venía el Juez viendo la figura de Kalaham ir a paso rápido con los brazos extendidos a los lados. —Mi lluvia de primavera— susurró Kalaham al abrazarse al Juez con ese apretón medido como si estuviera abrazando un delgado peluche. —Mi nieve en otoño— Neuvillette respondió el abrazo de forma natural apretándose un poco contra su compañero, enterrando su nariz en su hombro antes de hablar— ¿Por qué no me hablaste de esto? Están construyendo la casa donde vamos a vivir ¿Y no me dijiste nada? —Pensaba que podía ser una sorpresa, así cuando supieras de la casa solo faltaría comprar los muebles y esas cosas ¿O es un crimen aquí no decirle eso a tu compañero? Neuvillette miró a los iris azul profundo con una sonrisa creciendo en sus labios, resopló sonrojado al ver esa mirada entre regañado por ser atrapado en el momento y pensar en haber enojado al Juez. Neuvillette solo dio una risita enterrando su cara en el bícep del otro, se enderezó al recordar que había gente viendo sin quitar esa curvatura en sus labios. —No, no es ilegal. Bueno, no es ilegal en las leyes de esta nación— el Juez agarró la mano de Kalaham enredando sus dedos con los de él— Pero, en las leyes maritales sí, porque me hubiera encantado elegir el diseño contigo. —¡Aún puedes! No de la casa en sí, pero si puedes modificar algo del segundo piso. Ven. —¿Segundo piso? Neuvillette caminó hombro con hombro a un lado de Kalaham sin soltar su mano, los dos dragones miraron el plano de la casa en lo que el wyvern le explicaba a su leviatán sobre cómo había pedido un segundo piso para poner unos tres cuartos y un balcón dando al lago. El arquitecto se acercó con una sonrisa a la pareja para explicar los detalles de la construcción, aclarando dudas de parte del Juez. Navia caminó hasta Wriothesley, ambos mirando a la pareja con diferentes emociones. Felicidad y ternura de ver tan expresivo a Neuvillette. —Se ve feliz ¿Lo ves? Se ve más real ahora. —Siempre lo fue, Navia, solo no sabía cómo expresarse antes, ahora ya tiene a alguien que le saca risas involuntarias. —¿No has escuchado como Kalaham se refiere a Neuvillette? Los dos son demasiado poéticos, y románticos, buscando la comodidad del otro para vivir en paz juntos. —Me dan diabetes ¿En cuánto tiempo se va a completar la construcción? Navia soltó una risa nasal desde el corazón empujando a Wriothesley antes de verlo con su mano en su mejilla, su otro brazo siendo de apoyo para su codo. —Dices eso ahora, querido Duque, ya quiero ver cuando tu encuentres a alguien y estés peor todo embelesado con ella. —No creo, si me enamoro de alguien no seré tan filosófico— Wriothesley se puso la mano en su pecho inclinándose un poco al frente— Seré peor, seguramente, ahora ¿Cuánto tiempo? —Estiman al menos unos tres días, tal vez cuatro si llueve en estos días, y si añadimos el tiempo para comprar los muebles… una semana. El Duque asintió mirando a un lado al vacío, su mano sobre su barbilla pensando en una alternativa de apresurar el proceso para no tener tan separados a los dos dragones. Ya había visto cómo se ponían el leviatán y el wyvern cuando se sentían ansiosos o enojados, aquí en Fontaine eso sería peligroso. —¡Wriothesley! Neuvillette alzó la mano antes de hacer la seña universal para pedirle que lo acompañe, el Duque asintió despidiéndose rápido de Navia y de Kalaham al pasar a un lado de él, trotó cuando el leviatán ya estaba sobre el bote de nuevo pidiéndole al encargado del mismo zarpar. —¿Qué sucede? —Vamos a ir a comprar muebles, los pediré desde ahora para guardarlos en el Palacio Mermoria en lo que la casa se termina de construir. —¿No estarán los pobres funcionarios apretados en sus oficinas? ¿O vas a guardarlos en tu oficina? —Será en la mía los más pequeños y los otros en la bodega, los más grandes se irán a la bodega… Wriothesley alzó las cejas al oír el resto de la planificación de Neuvillette sobre los muebles, después de cómo iba a pedirle a Kalaham de ir a comprar los anillos de matrimonio y firmar en el registro para estar oficial y legalmente casados. El Duque dio las gracias de no ser parte de esa organización, ya podía escuchar en unos días a los funcionarios en pánico por tener bajo sus manos la tarea de procesar la unión del matrimonio de la imagen más importante de Fontaine con un colosal y temible dragón de Hielo recién llegado.⸻ৎ୭⸻
Los días pasaron en un ritmo normal como cualquier otro, para la falta de tiempo de Neuvillette eran pocas horas para organizar la documentación. Le faltaba el acta de nacimiento de Kalaham, la había mandado escribir desde hace dos días poniendo una fecha no tan exacta de su nacimiento debido a las diferencias de tiempo de su mundo al de Teyvat, y le habían dicho que él no podía redactar el acta de matrimonio al ser uno de los casados. Por eso otro juez debía hacerlo, y ese mismo juez se había resfriado ese día, retrasando el envío de la documentación. El modelo del anillo que Kalaham y él pidieron era un hermoso diseño creado por ambos, después de tantas ideas en la mente de los dos para crear el boceto y mandarlo a hacer, se había retrasado por falta de material para el segundo anillo. El anillo que llevaría Neuvillette sería de oro con una piedra central de topacio azul en corte de rombo, rodeada por una “corona” de diamantes blancos de distintos tamaños para simular una flor de cristal en plena floración. Con grabados de enredaderas en el centro del resto del aro y cuatro palabras en cursiva grabadas en la parte interna, las cuales eran ese apodo cariñoso por el cual Kalaham le decía. “Mi lluvia de primavera” tan corto y con un significado hermoso. El anillo que sería de Kalaham era más sobrio y ancho del mismo material de oro, con una línea echa de zafiro que cruzaba por el centro, la textura reflejaría la superficie del agua en una tarde tranquila con algunas partes más claras. De igual forma tendría grabados de enredaderas en la parte dorada con un grabado al interior del aro. “Mi nieve de otoño”, un apodo hermoso dado por el alma más hermosa a los ojos del wyvern. Y no iban a estar para el día de mañana. Se rascó la frente pasando sus manos por su cabello, al menos la casa y los muebles ya estaban en donde debían, en esos días Kalaham se mantenía en una casa temporal en Poisson sin ver tan frecuente a Neuvillette por lo casos en pausa que mantenían ocupado al Juez. El wyvern se mantenía ansioso en ese pequeño lugar a veces dando vueltas varias veces alrededor de la cueva sin un rumbo fijo, otras explorando alrededor con cautela. Ese mundo seguía siendo nuevo con personas y criaturas ajenas al conocimiento del wyvern, como los Slimes gigantes y los Cangrejos Acorazados, pero una vez se encontró de frente con un grupo de Fatuis. Kalaham solo les miró de arriba abajo barriéndolos con la mirada sin darles tanta importancia, uno de los Fatui le amenazó en que si no se iba de ahí le enseñarían a no estar de curioso. El wyvern solo frunció el ceño con sus labios torcidos en fastidio, no fue su culpa lo que sucedió después. La ansiedad los comía a ambos al final del día cuando se encontraban en la entrada a la cueva por donde pasaba la Acualínea Clementine, el Juez era quien se bajaba del ferribús para irse a la cima de la montaña con el wyvern. Sentados viendo al cielo estrellado tan simétrico para el gusto de Kalaham, era diferente a las auroras boreales de su tierra, esos momentos eran los favoritos de los dos, se sentían cerca el uno de otro tanto física como emocionalmente. La ansiedad cambiaba a calma, la frustración por las cosas atrasadas se disipaba, los dos corazones bajan sus ritmos, capaz de dormirse ahí mismo en la naturaleza. Al aire libre, ignorando los peligros y la vida silvestre. Con un enorme dragón de Hielo de casi dos metros de altura, músculos fuertes capaces de partir un árbol con las manos desnudas y la devoción férrea de proteger lo suyo. Neuvillette se dormía sin pensarlo, ajeno a la palabra miedo de su vocabulario. Estaba seguro, si Kalaham estaba ahí no le pasaría nada.
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La mañana se sentía floja y poco esperanzada, ya era una semana después de cada cosa importante retrasada en la lista de principales pendientes. Neuvillette salió del elevador con una sonrisa no tan real en su rostro, saludó a las personas en su camino antes de abrir la puerta del Palacio Mermoria encontrándose a Clorinde de frente. Ella si sonreía de forma sincera. —Enhorabuena, su Señoría. Han llegado varios paquetes hoy a su oficina. Neuvillette apuró el paso sintiendo el corazón acelerado de emoción.