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Furina ya le había acomodado seis veces el cabello a Wriothesley con un suspiro de frustración, el Duque se despeinaba cada que la chica se giraba porque él decía que si se peinaba el cabello hacia atrás se veía extraño y muy formal. Iban a una reunión de amigos, no a un juicio en la Ópera de la Epíclesis. De igual forma la ex-Arconte lo detenía en su camino para peinarlo una y otra vez entre regaños, Navia y Clorinde se reían más adelante deteniéndose sin apuros para esperar a los otros dos. —Ya, Furina, déjalo así. Me veo bien de ambas formas. —¡Claro que no! Vamos a la casa de dos buenos amigos que acaban de obtener su primer hogar juntos, debes ir presentable para la ocasión… ¡Que no te muevas! —¿Y si le mojas el cabello para aplastarlo bien hacia atrás? —Miss Clorinde, no des ideas, por favor. La verduga del justiciazgo se río un poco por ello, Navia le pasó un cepillo a Furina para estilizar mejor el cabello azabache del Duque, al final entre una pelea de tres contra uno Wriothesley perdió de forma esplendorosa. Al subir las escaleras del pórtico fue Furina quien tocó a la puerta solo dos veces mirando de reojo con ojo crítico a Wriothesley que se removía como niño regañado por su cabello, Navia le dio palmadas en la espalda al Duque susurrando un “se ve bien, se ve bien” antes de recibir una leve llamada de atención de Clorinde por evitar que esos dos fueran a reírse o conspirar. El sonido de la puerta abriéndose los puso a los cuatro derechos, con una sonrisa fresca el Juez Supremo se veía más como un simple hombre feliz, su cabello recogido en media coleta con su moño negro a la altura de la parte superior le daba una imagen dulce sin querer. —¡Bienvenidos! Esperábamos su llegada, me alegra verlos a los cuatro. —Que formalidad la suya, su Señoría ¿Podemos pasar? —Por supuestos que sí, Duque Wriothesley, pasen. Neuvillette le devolvió su tono sarcástico al Duque con una risita final, para sorpresa de los cuatro, el Juez los recibió dentro de la casa con un abrazo rápido y lleno de sentimiento, cuando abrazó a Furina sonrió de oreja a oreja antes de soltarla. Al ver ya con más atención a Wriothesley lo vio diferente. Notó su peinado y se cubrió los labios suprimiendo una risa, se veía demasiado extraño con el cabello hacia atrás. —Te estas riendo de mi cabello ¿Verdad? — el Duque miró a Furina quien sonreía inocente— Te dije que me haría ver extraño. —Es una ocasión especial, da gracias que no me encargué de tu ropa, yo no te hubiera deja venir vestido con tu ropa de siempre ni en sueños. —Navia y Clorinde vienen con su ropa de siempre ¿Por qué yo soy la excepción? —Ya, ya, tranquilos— Neuvillette resopló con diversión real viendo a los cuatro, colocó sus manos sobre su pecho antes de hacer una leve inclinación— Es suficiente con saber que vinieron y están aquí, la etiqueta no es obligatoria en esta casa. —Cierto ¿Dónde está Kalaham? —Afuera, haremos el almuerzo en la mesa de jardín. Debe de estar acomodando los platos y los adornos aún, vamos. El leviatán casi se le olvidó controlar su impulso de salir primero al jardín trasero, abrió la puerta dejando pasar primero a los invitados. A diferencia de su ropa normal cuando era el Juez Supremo con la toga de juez, hombreras y mirada solemne, su atuendo era solo un pantalón de tela azul profundo con una camisa de vestir blanca y su chaleco de siempre. Sus botas habían desaparecido dejando paso a unos zapatos de charol azul profundo de piso, una imagen muy hogareña para alguien con un estatus tan alto en Fontaine, pero la imagen perfecta para darle esa sensación de libertad en su propia casa. Kalaham saludó a cada uno con un movimiento de cabeza y una sonrisa ladina, no amable ni tan indiferente como en la tundra, solo más acostumbrado a verlos. La mirada cauta de los cuatro cambió a una más asombrada por la cantidad de platillos dispuestos sobre la mesa cerca de la valla limitante, tanta variedad le hizo gruñir el estómago a Furina haciéndola sonrojar de la pena. Costillas a la barbacoa, baguette de ajo, pechuga de pato con salsa Bulle, lasaña y una deliciosa trucha Amandine, los olores combinados le hicieron agua a la boca a más de uno de los invitados. Neuvillette curvó sus labios hacia arriba al acomodarse al costado de su wyvern, apoyando su pecho sobre el torso ajeno sintiendo el brazo firme rodear su cintura, por inercia alzó su mano al pecho de Kalaham mientras su otra mano rodeaba la cintura ajena. —Sírvanse y coman sin apuro, para eso hay mucha comida. —¿Quién cocino? Huele asombroso— Navia agarró un pedazo de lasagna probándola con ansias, un chillido impresionado fue su respuesta— ¡Sabe muy rica! Me encanta como esta derretido el queso y la carne está bien especiada. —¿Eso significa que si puedo ser el encargado de cocinar en mi casa cada día? —¡¿Tu cocinaste, Kalaham?! Pensé que solo sabía cocinar carne y sopas. Kalaham se rió un poco dándole un beso en la frente a Neuvillette antes de recorrer la silla donde se iba a sentar el leviatán, en susurros se respondieron para saber de qué cosa iba a querer comer el Juez y cuanto. El wyvern asintió peinándole un mechón de su cabello albino detrás de la oreja de Neuvillette, quien sonrió inconsciente. —No, él es bueno en la cocina, solo que no había tantos ingredientes antes ni una estufa y hornos tan grandes para hacer varias cosas a la vez. —Neuvillette ¿No gustas prestarme a tu próximo esposo para que me haga de cocinar? —No, lo lamento, Furina. Las leves carcajadas sonaron alrededor de la mesa, cada quien se comió una porción generosa de los platillos, con movimientos dulces ajenos para alguien de su estatura, Kalaham le dejó dos platos con comida a Neuvillette quien agradeció con una mirada brillosa. La conversación entre bocados era ligera, era normal no hablar mientras se comía y el Juez se había acostumbrado al silencio durante las comidas, pero oír hablar al leviatán con soltura después de pasarse sus bocados aligeró aún más el ambiente. Después de unos minutos para acabarse la comida sin dejar una sola porción de sobra, Clorinde sacó los papeles del sobre con un movimiento dramático infectada por el ambiente burlón y cercano en esa mesa de jardín. Con una reverencia se los entregó a Neuvillette compartiendo risas con él, el Juez le dio las gracias con una inclinación muy formal en burla sana. —Solo nos falta un bolígrafo para firmar ¿Alguien tiene uno? —Aquí, aquí— Furina le pasó el bolígrafo que Wriothesley sacó de su abrigo— Su Señoría, Caballero, les doy con una gran emoción el bolígrafo mágico que casa personas enamoradas. —Que gran honor. Gracias. Kalaham lo tomó pasándoselo a Neuvillette, el hombre de piel canela le hizo espacio en la mesa al Juez recogiendo los platos sucios para dejarlos en donde estaban los demás trastos, al regresar afirmó estando listo para el momento. Navia se paró de golpe extendiendo sus manos. —¡Alto, alto! Necesita ser más emotivo ¡Vamos al muelle, al muelle! —Aquí está bien, Navia, el sol ya no cae sobre nosotros y… —No, Clorinde. Es cuestión de ¡Magia! Debe ser un momento mágico y lleno de amor en el aire ¡Al muelle! —Esta vez concuerdo con Navia, vamos al muelle. Wriothesley se levantó en segundo, Furina aplaudió varias veces motivando a los casi esposos que solo rieron a corazón abierto poniéndose de pie para seguir a la rubia que ya había corrido al borde del muelle. Clorinde negó sin molesta real al levantarse al último, con paso calmo se puso donde Furina le indicó para que fuera una boda rápida con testigos. —Y ustedes dos, pónganse acá— Furina acomodó de igual forma a Neuvillette y Kalaham haciendo que ambos se vieran de frente— ¡No se vayan a mover! Navia, tu eres la fotógrafa ¿Tienes tu daguerrotipo a mano? —¡Aquí, aquí! Ya está listo. —Perfecto, ahora nos falta, ah ya sé ¡Wriothesley! — Furina jaló del brazo al Duque poniéndolo como si fuera el sacerdote— Tú los vas a casar. —No sé si fue planeado o fue por mi autoridad de Duque. —¿Puedes casar a alguien, Wriothesley? El Duque miró a los dos enamorados con los labios fruncidos en una sonrisa vaga, asintió varias veces al poner sus manos juntas a su espalda y separando sus pies a la altura de sus hombros. —Técnicamente sí, soy un Duque y la mayor autoridad del Fuerte Meropide. Legalmente no es tanto peso, pero si puedo oficiar una boda. —¿Es cierto? —Sí, aunque estando fuera del Fuerte Meropide no sería posible, pero si puede decir ante el tribunal que esta fue una unión legal y abogar por ella— Neuvillette miró a Kalaham con calma hablando un poco en su tono de trabajo al explicar. —Clorinde serás la madrina del novio, yo seré la madrina de… del otro novio— Furina se puso del lado donde estaba el Juez después de poner a la verduga del justiciazgo en el lado del wyvern— ¡¿Listos?! Empiecen. Acción. Wriothesley respiró profundo mirando al cielo de tonalidades moradas y naranjadas, ya estaba empezando a caer el sol de esa forma lenta que pintaba las casas y los rostros de las personas de un bello tono cálido. —Muy bien— el Duque se aclaró la garganta mirando a los dos frente a él— ¡Estamos aquí reunidos! Para ver la unión de dos almas que se aman mucho y más cosas cursis, como que de seguro van a compartir las mismas camisas porque Neuvillette se las robará a Kalaham. —Cállate, Wriosthesley. —Eso es un sí— Wriothesley señaló al Juez causando una ronda de risas— Y que el amor que se tienen inició de forma algo rara, según recuerdo casi se matan, pero aquí están como dos enamorados para el fin de sus días. En las buenas y las malas, en la salud y la enfermedad, aunque dudo que un dragón se pueda enfermar, pero esos son detalles. Clorinde se rió de verdad soltando una risita con su mano sobre sus labios, Wriothesley la miró encogiéndose de hombros con una sonrisa ladina. —Ahora ¿Los dos involucrados tienen votos? O palabras del uno al otro, no es necesario un discurso de media hora. —Yo sí quiero— Neuvillette alzó su mano en una sonrisa tímida, el Duque asintió señalando a un lado para darle permiso— Kalaham. El mencionado alzó las cejas dándole una señal de que le escuchaba con claridad, Neuvillette sintió mariposas en su estómago causándole un sudor frío por los nervios. Siguió al respirar profundo. —No te puedo prometer que vaya a ser alguien perfecto, porque el agua cambia y yo con ella, pero si algo aprendí al estar contigo cazando y jugando a veces en la tundra fue…— Neuvillette se rió tímido mirando abajo, al alzar la vista de nuevo miro a esos brillantes iris azules profundos como sus sentimientos— Que la marea no debe contenerse ni forzarla a ser de una forma, debe fluir hacia donde desea. Me enseñaste que ser imparcial no siempre es bueno, que dejarme sentir alegría, frustración, enojo, tristeza y miedo no es ser débil, es la profundidad del alma. Dando un paso al frente, Neuvillette subió sus manos a las mejillas de ese hombre alto capaz de partir el mundo en dos con solo un golpe de su dedo, esa alma salvaje que aprendió a encontrar la calma en el agua sumergiéndose en ella sin miedo. —Hoy no te habló como Juez, ni como Soberano, te habló como yo. Neuvillette. Quien encontró en esa mirada un reflejo de mí mismo que no conocía, y ahora amo con cada parte de mí. Si me permites, quiero ser siempre tu lluvia de primavera, aunque esa lluvia a veces se vuelva un monzón o solo una llovizna. Tú te volviste mi refugio, y no pienso soltar eso ni ahora ni en mil millones de años. En un movimiento noble los dos juntaron sus frentes al cerrar los ojos, las manos de Kalaham subieron a las delicadas manos de Neuvillette tomándolas sin quitarlas de sus mejillas, entrelazando sus dedos con los de él. Olvidando por un momento el mundo, en la presencia de esos cuatro ahí, en los deberes y esa imagen de cada uno. Solo eran ellos. —Siento que se me está doblando el corazón con esto. Bien ahora ¿Kalaham? Wriothesley miró al susodicho, quien mantuvo la frente pegada a la de Neuvillette con sus ojos cerrados, asintió en un sutil movimiento al acariciar los nudillos del leviatán. —Gracias— Kalaham respiró profundo buscando las palabras, eran demasiadas cosas por expresar y dar gracias, como pudo organizó su sentir— Neuvillette. Yo no te prometo que siempre ser hielo en verano, cálido y transparente bajo los rayos del sol, a veces podré ser hielo en invierno para ayudarte a mantener los pies en la tierra. Ambos se alejaron solo un poco para verse a los ojos, ante la mirada de esa alma reparada con ayuda de la paciencia e insistencia de esos iris violetas, veía un inmenso mar de calma y entendimiento. —Había olvidado lo que era sentirse acompañado, amado, sentirse tan entregado a alguien. Tú me recordaste que no todos son enemigos, y aunque al inicio pensaba que eras un dragón muy molesto— Kalaham resopló burlón amoroso recibiendo un suave “oye” de Neuvillette que siguió sonriendo— Me alegra mucho haberle dado el mando a mi curiosidad ese día. te prometo que mientras esté vivo, mientras esté aquí, este enorme corazón es solo tuyo y te recordará cuando dejes de ser solo un Juez y seas un esposo. Un dragón libre de alma. Neuvillette asintió varias veces con sus ojos llorosos, le picaba la nariz y quería reír de nervios, de amor. Mantuvo su mirada en la de esos iris azules profundos que solo tenía ojos para él, desde el minuto cero cuando decidieron acercarse. —Siempre vas a tener esta versión de mí, mi mejor versión, seré tu nieve en otoño hasta donde tú me lo permitas. Hoy puedo decir que realmente entiendo mi sentir, y que te amo. Neuvillete, te amo. Kalaham se veía de repente tan transparente a los ojos de Neuvillette, como un gigante libro abierto listo para ser leído con la paciencia de un río que encontró su cauce después de tanto tiempo estancado en una presa. Ahí debía estar. Ahí QUERÍA estar, no en ningún otro lado. Wriothesley le pidió la botella de agua a Navia, la rubia solo le movió la mano en señal de reproche por ser un exagerado con la confesión de dos almas longevas encontrando su alma complementaria después de tanto tiempo. El Duque resopló divertido antes de estirar ambas manos a los lados. —Con esto, los declaro marido y… hombre, pueden firmar los papeles. Clorinde le extendió de nuevo el papel a Neuvillette, el Duque señaló uno de los soportes que sobresalían del muelle como mesa auxiliar para firmar, no era lo más romántico sino funcional. Neuvillette escribió de forma más casual su firma dejando plasmada esa elegancia natural en sus movimientos, pidió perdón por ese desliz poniendo demasiada seriedad a la firma recibiendo un apretón comprensivo de Kalaham en su cintura y una risa. El wyvern preguntó si era legal solo poner su nombre, por obvias razones no tenía firma registrada, y los cuatro se miraron diciendo en conjunto que no había problema. Así, Kalaham escribió su nombre con calma en letras un poco más rectas, fueron tan bien escritas que parecían haber impreso el nombre del hombre con una máquina de escribir. —¡Eh! Mi nombre se ve raro— Kalaham se rió al ver su escritura, la risa natural de Neuvillette resonó entre ellos— Se ve muy recto y extraño. —Se ve bien, se ve muy tú. —¡Ya dejen de escurrir miel, por favor! Ya bésense. Wriothesley se rió mirando a otro lado dándoles privacidad a la pareja recién casada, con los gritos de celebración de Furina de fondo y los aplausos de Clorinde, Navia alzó el daguerrotipo decidida a tomar fotos de cada momento. Kalaham alzando a Neuvillette en un abrazo tierno fue la primera foto, la segunda cuando ambos cerraron los ojos con Neuvillette sujetando las mejillas de Kalaham en un beso casto con el par de labios encontrados en una sonrisa. La tercera y final fueron los seis juntos con la pareja en medio mostrando sus manos con sus anillos de matrimonio en una pose natural, con la mano izquierda de Neuvillette sobre el pecho de su, ahora, marido. Kalaham rodeando con su brazo a la altura del hombro de su, ahora, esposo mostrando ese brillo del oro con el zafiro en total orgullo. Esa foto sería enmarcada también para exhibirla en la sala."La casa en la costa"
22 de febrero de 2026, 21:54
—Anda, abre la puerta. Dudo que vaya a caerse si la tocas.
Kalaham soltó la risa al ver dudoso al leviatán con su mano apenas tocando la perilla de la puerta principal, Neuvillette miró con impaciencia a su wyvern antes de abrir la puerta después de una inhalación profunda.
Su vista violeta vagó por la estancia principal, una sala de estar grande con sillones morados pálidos de cojines azules claro, una alfombra cuadrada bajo una mesa baja de centro de madera oscura y en el fondo una chimenea por si en algún momento la necesitaban. Las ventanas al frente de la casa y en un costado le daban iluminación cálida casi etérea a la habitación. Neuvillette sonrió de forma inconsciente. La sala de estar estaba pegada a la cocina abierta conectada con una isla de madera con cajones, la cocina en U de encimeras relucientes bajo la madera y aleación de cristal grueso, una ventana sobre el lavabo de la cocina. A un lado de esa encimera estaba la puerta doble de mosquitero y madera que daba al jardín y el muelle, eso sería al final.
Al fondo del pasillo por donde estaban las escaleras para el segundo piso había dos cuartos, el de la derecha un estudio privado para el Juez, por si debía revisar casos y estar en casa al mismo tiempo. A la izquierda la habitación principal con una cama amplia, un ropero enorme del tamaño de toda la pared, una puerta que daba al baño de la habitación.
Un baño amplio con espejo, lavabo de torre, retrete blanco y una exquisita bañera de dos metros por un metro. Se notaba que esa bañera había sido hecha en la construcción y no comprada, era perfecta.
Neuvillette salió para ver la parte de arriba con la emoción de un niño, los muebles para la segunda sala de estar estaban ya en su lugar. Un sillón cama en el fondo, una mesa de noche entre ese sillón y otro normal bajo la ventana dejando entrar la luz natural a la habitación. La risa de Neuvillette resonó en las cuatro paredes extendiendo sus brazos a los lados dando una vuelta, sus labios curvados hacia arriba no bajaron, ni cuando él mismo bajó al primer piso a ir a ver el jardín trasero.
Kalaham estaba tranquilo en la entrada, rió cuando vio a su leviatán bajar en saltitos la escalera, con un beso al aire siguió con la vista al leviatán hasta seguirlo hacia el patio trasero. Neuvillette estaba encantado, la valla impediría el paso de Cangrejos Acorazados y Slimes a la casa. El muelle de madera clara conducía a un área abierta lo suficiente profunda de la orilla del lago por si un día Neuvillette quería nadar, podía hacerlo.
—¡Kalaham!
Neuvillette se giró pensando que su marido aún no registrado de forma legal estaba dentro de la casa, al encontrarlo a centímetros de él gritó por la sorpresa seguido de una risa nerviosa encantadora, lo abrazó por la cintura apoyando su frente entre sus pectorales.
—Kal…mi nieve… me encanta esta casa.
—¿Sí? Se notó cuando reíste en el segundo piso, entraste emocionado a la habitación, y ahora cuando corriste hacía el muelle.
—Es hermosa, no te burles de mí.
Los dos sonrieron contra él otro, Kalaham con su rostro sobre la cabeza de su leviatán y Neuvillette apretándose contra el cuerpo de su wyvern enterrando su rostro aún más en el pecho de ese hombre. Sus manos subieron de su espalda a sus omóplatos, de ahí a sus hombros poniéndose de puntitas para sentir la barbilla del otro sobre su frente, Neuvillette cerró los ojos gozando de esa cercanía.
—Y tengo una sorpresa. Clorinde me entregó una cajita algo curiosa en la mañana, y adivina que venía.
—No me digas que es…
Kalaham soltó de sus brazos a Neuvillette para crear un poco de espacio entre ambos, con la pose ensayada que la verduga del justiciazgo le enseñó al wyvern para ese momento, Kalaham apoyó una rodilla sobre la madera y en la otra apoyó su codo. Sacó la caja de terciopelo negro con cuidado de no tirarla al agua por accidente, Clorinde le había dicho que se sentiría nervioso en ese momento, así que debía estar bien apoyado sujetando la caja. Kalaham le dijo que eran exageraciones de ella, pero en ese momento sus piernas le tambalearon mucho, una risa se le escapó al abrir la caja mostrando ese exquisito anillo de flor con diamantes y topacio azul claro.
Neuvillette se cubrió media cara con una enorme sonrisa detrás de sus manos, la emoción burbujeante en su pecho se volvió un huracán de risas descontroladas mezcladas con lágrimas de alegría, sus ojos entrecerrados le enseñaron una sonrisa a Kalaham.
—Sé que ya somos compañeros de vida en la ley de los dragones, y yo soy feliz así, pero como sabía que esta forma también es importante para ti. Quería hacerlo bien.
Kalaham se aclaró la garganta intentando no reír de los nervios al ver de nuevo la cara sonrojada de ojitos brillosos del otro.
—¿Quieres ser mi es…?
—¡Sí! Sí quiero.
Neuvillette estalló en risas hincándose sin pensar, tomó entre sus manos las manos del wyvern dándole permiso de ponerle el anillo en su dedo anular izquierdo, pero lo detuvo al ver que traía sus guantes puestos.
—Perdón, perdón. Se me olvido quitármelos.
—Estamos los dos solos riéndonos como enamorados, no me molesta esperar a que te quites los guantes.
—…Querías decir “idiotas”, yo lo sé.
—Sí, pero es un momento muy bonito para decir eso, e iba a arruinar el momento.
—¡Que tonto eres! Por Celestia, Kalaham.
Los dos estallaron en risa una vez más, con cuidado entre temblores el wyvern le puso el anillo al leviatán antes de ser tacleado, Neuvillette no le importó quedarse abrazado encima de su compañero. La frente de ambos apoyadas en el del otro y los ojos entrecerrados de pura ternura, el leviatán apoyó sus codos a los costados de la cabeza del wyvern separándose un poco para verlo bien a los ojos.
—Ahora eres MÍ compañero y esposo, bueno legalmente no, solo de forma subjetiva hasta tener los papeles para firmarlos.
—¿Te digo una sorpresa más?
—… ¡No te atrevas a decirlo, Yngri!
Neuvillette se sentó sobre Kalaham olvidando la posición y donde sus manos quedaron apoyadas, la sonrisa llena de incredulidad de ese hermoso leviatán se le contagió al imponente wyvern, quien asintió sin despegar su mirada de los iris violetas.
Escuchar su nombre dicho por esos labios le dio mariposas en su estómago, Kalaham echó su cabeza hacia atrás entre risas encantadas por ese hombre sentado sobre su abdomen.
—Sí, Clorinde me dijo que llegaron los papeles y los traerá a la hora del almuerzo. En una reunión o algo así dijo, amenazó con que iban a venir todos.
—¿Reunión? ¿Aquí en la casa? A la hora del almuerzo, eso es…— Neuvillette miró al cielo notando que el sol ya estaba cerca de su punto más alto— ¡Es en menos de dos horas! Rápido, levántate, Kal. Necesitamos hacer la comida y arreglar la casa con decoraciones.
Neuvillette se levantó de un salto de encima de su próximo marido legal, con una risa el hombre de casi dos metros se levantó para caminar de regreso a la casa viendo la silueta apurada del Juez acomodándose el cabello mientras se reía de expectación.
Kalaham se encargó de la comida con excelencia aprendida en su tiempo conviviendo en la aldea de su mundo, aunque había varios ingredientes nuevos a su alcance siguió al pie de la letra las recetas en el libro de cocina. Un detalle de Navia por la inauguración de la casa.
Neuvillette iba de un lado a otro buscando decoraciones o haciéndolas él mismo, la sonrisa del corazón no se le iba en ningún segundo en el trascurso en que sus manos se ocupaban de trenzar la tela para hacer flores artificiales. Usando un poco de su poder Hydro creó figuritas de copos de nieve pidiéndole al wyvern que si podía congelarlos para hacerlos más duraderos.
Se veían adorables los dos dragones ocupados en cada tarea personal, más cuando el leviatán se tomaba el tiempo para ir a abrazar a su alto wyvern, recibiendo besos de mariposa en la cabeza en cada una de las veces.