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Uno de los internos entregó el papeleo de esa mañana al despacho vacío de su Señoría, antes él habría recibido los papeles y documentos engrapados ahí mismo con una de sus sonrisas solemnes sin darle tantas gracias a los demás saliendo de lo cordial. Ahora era extraño entrar a la oficina para dejar las cosas en la bandeja sobre el escritorio a esperar que regresara, o llegara, porque había pasado dos días que el Juez no se presentaba a trabajar por cuestiones “personales”. Neuvillette entró dos horas después de la hora de entrada habitual, con una sonrisa cálida saludo a cada uno de los internos antes de saludar a Sedenné con una sonrisa más sincera mostrando sus dientes superiores en el proceso. —Buenos días, señorita Sedenné. —Monseur Neuvillette, hoy se ve igual de radiante a ayer y el día de antier— la melusina rió por lo bajo siguiendo al Juez hasta el interior de la oficina— ¡Y también tiene el cabello peinado hoy! Las trenzas le ayudan a verse más alto y con un brillo singular ¿Ese caballero le ayuda a peinarse? —¿Caballero? Ah, ya entendí— Neuvillette sintió un calor en su pecho al recordar a su marido, incluso un sonrojo sutil le adornó las mejillas— Mi Kalaham, sí, él me peina en las mañanas mientras desayuno. También me pregunta si quiero algún peinado en particular, es muy tierno. —¡Oh que alegría y que bonito! Se nota que ambos se quieren mucho, no como dicen los rumores de los periódicos. —¿Cuáles rumores? Neuvillette alzó las cejas girándose con una incógnita un tanto molesta en el rostro, no hacia Sedenné, sino hacia la idea de que la gente estaba esparciendo rumores de su marido. Sabía que él no era muy sociable con las personas, o bueno, no sociable hablando en lo socialmente establecido para las personas de Fontaine. Conocía el corazón de los humanos, ante algo desconocido sacaban hipótesis precipitadas que se volvían rumores y después les colocaban esas etiquetas falsas a las personas. Frunció el ceño de nuevo al mirar a un lado antes de suavizar los ojos al ver de nuevo a la melusina. —Oh ¿No ha leído los titulares de estos días? Dicen que el caballero llamado Kalaham es uno de los Once, o que es alguna criatura del Abismo que intenta engañarle a usted para tomar Fontaine. Personalmente pienso que eso es exageración, y falso. Sedenné movió sus manos mientras hablaba sobre las noticias del día, además de que las melusinas ya sabían la verdad sobre ese hombre de casi dos metros. Neuvillette mismo se loa explicó cuando Elphane le comentó sobre su peinado de chongo alto con su típico moño negro, así las demás no tardaron en saber la identidad de ese nuevo residente. Y que era un dragón como Neuvillette. —Tal vez deba de darle una entrevista a algún reportero ¡Oh! podría ir a ver si la señorita Charlotte del Pájaro de Vapor puede ser quien tenga la exclusiva para explicarlo cuanto antes. El Juez consideró la idea mientras revisaba los casos pendientes y algunas solicitudes de ciudadanía, investigaciones o permisos. Entre esas solicitudes vio una en particular, con una sonrisa se giró a ver a Sedenné extendiéndole la hoja para que la melusina pudiera leer el contenido. —Parece que la búsqueda de la verdad de los reporteros del Pájaro de Vapor ya va dos pasos por delante a nosotros, señorita Sedenné. —¡Que emoción! Si es ella la noticia no será controversial ni como una nota amarillista ¿Piensa mandarle su respuesta esta misma tarde? —Cuanto antes, quiero limpiar las habladurías de las personas sobre la identidad de mi marido. No quiero que se sienta excluido o desplazado por el miedo de las personas hacía él. —Monseur Neuvillette, se ha sonrojado. El Juez se tocó su mejilla con la mano enguantada, aún por sobre la tela sintió el calor de su piel sacándole una sonrisa dulce al recordar a su gigante oso musculoso que lo esperaba en casa. Su corazón dio un vuelco más grande por la sola idea de ir a abrazarlo en ese momento, contuvo su impulso por el bien de su equilibrio entre vida y trabajo. Ya después del almuerzo podría llevar el resto de sus pendientes laborales a casa para estar cerca de Kalaham. —Es solo que… al recordarlo me hace saltar el corazón— Neuvillette llevó una mano a su pecho cerrando sus dedos en un puño no tan apretado para controlar a su desbordado palpitar. —¡Esa imagen es la que deben ver de usted y el señor Kalaham! Desde que se casó, se le ve con más brillo y el agua en usted se mueve con más libertad. Usted jamás se casaría con alguien malvado ni que pondría a Fontaine en peligro, incluso cuando viene por las mañanas un aroma a escarcha dulce viene con usted. —¿Escarcha dulce? ¿Y cómo es ese olor? —A alegría, amor devoto, dulzura matutina y confianza mutua. Neuvillette dio una risita cubriendo sus labios, se abrazó a sí mismo de forma lenta hasta sentir su brazo sobre su abdomen y su barbilla apoyada en su mano. Se soltó un poco sin verse apenado, no cuando la única presente en esa oficina era Sedenné. —Sí, supongo así se siente tener un lugar seguro donde no ser solo un Juez. —¡Entonces, con una sonrisa! Le dejo a solas para redactar su respuesta para la petición del Pájaro de Vapor, si necesita algo su Señoría hágamelo saber. Neuvillette asintió dejando sus brazos sobre su abdomen, definiendo su figura delgada aún por debajo de su toga de juez y las hombreras, se giró con calma para ir a su silla acojinada tomando el bolígrafo y un papel en blanco. Con su puño y letra comenzó a redactar la respuesta.⸻ৎ୭⸻
La mañana de ese día era brillante de rayos suaves cayendo sobre las casas del Condado de la Corte de Fontaine, los adoquines y fuentes eran de colores brillantes dándole un toque pastel a la imagen de la ciudad. Charlotte caminó sin titubeos al salir del elevador, saludó con cortesía a los Guardias y los internistas cruzando la alfombra en calma. A diferencia de su emoción interna por tener una entrevista exclusiva con su Señoría en la misma oficina del Juez. Saludó a Sedenné quien la acompañó hasta las puertas dobles dando dos toques sutiles a la madera para anunciar a la invitada recién llegada, antes de dejarla entrar, la melusina se volteó a ver a la reportera. —Señorita Charlotte, tenga cuidado al entrar. Cuando su Señoría Neuvillette habla sobre su marido se sonroja y ríe solo, pero no es de temer o avergonzarse, solo está feliz de poder hablar sobre el señor Kalaham con alguien. Y si escribe usted con el corazón, podrá ver que ellos solo son dos corazones que se quieren mucho. —Oh, muchas gracias por el consejo, señorita Sedenné. Lo tendré en cuenta al momento de la entrevista. Se escuchó la voz firme del Juez del otro lado dando permiso de entrar a su oficina, así Charlotte se despidió de la melusina con una sonrisa sacudiendo su mano. Al entrar a la oficina saludó con una inclinación a Neuvillette antes de estrechar su mano sintiendo una calidez singular en ese apretón, el Juez señaló uno de los sillones y los aperitivos en la mesa de centro. El té en la taza humeaba apacible. —Muchas gracias su Señoría Neuvillette por concederme esta entrevista. —Es un placer, me alegra saber que hay alguien tan diligente en la búsqueda de la verdad, por detrás de tantas historias que surgen por las suposiciones. —Es mi deber como reportera sacar la historia real por sobre las especulaciones de la gente— Charlotte sonrió inclinando la cabeza antes de sacar su grabadora y libreta donde venían la serie de preguntas— ¿Se vería un poco abusivo si hago una docena de preguntas? —Para nada, adelante. La curvatura en los labios del Juez le dio ese empujoncito necesario para darle inicio a la entrevista, Charlotte no pidió detalles ni información personal sobre Kalaham pues podía ser una reportera quisquillosa con la información que buscaba, pero no abusaría de la confianza en la oficina. Pidió saber desde las palabras del Juez como veía a su marido, las emociones nuevas que le surgían al verlo, cada cuanto el señor Kalaham solía peinarle su cabello y en un caso hipotético donde Kalaham aceptara una entrevista como contestaría a las mismas preguntas hechas para Neuvillette. Al final solo faltaban las dos preguntas más importantes desde el punto de vista de los lectores. —Y dígame, su Señoría ¿Cómo fue la primera vez que usted y el señor Kalaham se encontraron? Neuvillette iba a responder de golpe que el wyvern lo llamó insignificante seguido de pelearse casi a muerte la segunda vez, no podía decir eso. Mentiría, solo un poco. —Bien. Hablamos un poco y… decidimos seguir conociéndonos hasta que nos familiarizamos. Después decidimos unirnos. —¿Puede dar un poco de detalles? No es necesario ser tan personal en eso, si no gusta serlo. —Oh, si es el caso— Neuvillette pensó un poco buscando como describir el momento sin revelar la parte negativa— La primera vez que vi a mi marido fue… mágico, apareció como una fuerza salvaje de la naturaleza capaz de hacer girar el mundo si él quería… Las mejillas del Juez se sonrojaron de forma leve, su sonrisa ya no fue por cortesía sino por ese calor del corazón extendiéndose por su cuerpo. Su mirada brilló al bajar la mirada a sus manos. —Directo, de pocas palabras y mirada afilada, igual al hielo en el techo de una hermosa cueva de cuarzos. Y bajo esa capa de protección descubrí un corazón en proceso de sanación, tan fuerte como un glaciar, y cálido como la nieve…— se detuvo y rió tímido al agitar sus pestañas con un parpadeo medido— como la nieve en otoño. Y así decidí conocerlo, aunque me hizo sentí frustración un par de veces, pero nos conocimos en el hielo bajo una tormenta nevada. Y yo solo pude verlo a él. Charlotte asintió contagiándose de ese cariño tácito en las palabras del Juez, su mano se movió sola mientras anotaba algunos detalles importantes para poner al momento de transcribir la grabación. —Que lindas palabras, su Señoría. Ahora la última pregunta ¿Usted seguirá ejerciendo su puesto de Juez Supremo aún después de estar casado? —Sí— Neuvillette asintió sin dudarlo manteniendo esa sonrisa dulce en sus labios— Seguiré siendo el Juez Supremo de la Corte de Fontaine por mucho tiempo, aunque organizaré mi tiempo ahora para ser también un marido digno de mi esposo, y si es posible en un futuro tendré otras clases de responsabilidades. —Su Señoría ¿Eso es…? —No hemos hablado de ese tema tan abiertamente mi marido y yo, pero de mi parte si quisiera, solo debo saber si mi compañero piensa del mismo modo— Neuvillette se sonrojó de nuevo con esa sonrisa tímida— Sea posible o no de forma natural, si lo deseo.⸻ৎ୭⸻
Los titulares del periódico del Pájaro de Vapor de esa semana fueron llamativos sin sonar irrespetuosos, con una foto del Juez en su oficina deslumbrando con una sonrisa sutil enamorada y ese brillo en los iris violetas acompañado del sonrojo casi imperceptible en sus mejillas. En hoja color blanca y la nota bajo el nombre de Charlotte, los periódicos se vendieron a los cinco minutos de ser publicados agotando la existencia de cada ejemplar en menos de media hora.“Lluvia clara sobre la Corte de Fontaine: Un matrimonio grabado en Hielo Eterno”