ID de la obra: 1399

One-shots/Poppy x El Prototipo

Gen
NC-17
En progreso
2
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 72 páginas, 27.136 palabras, 12 capítulos
Descripción:
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Noche de película y reglas que nunca existieron

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La electricidad en aquel lugar se mantenía gracias a él. Un cable negro, grueso como un brazo, sale de la base de su columna vertebral, serpentea por el suelo y se conecta a la batería principal que él mismo soldó con sus propias manos.  Cuando su núcleo late más rápido (y esta noche late rápido), las luces ámbar de la sala parpadean un segundo, como si la fábrica entera respirara con él.  La estufa eléctrica ronronea en la esquina, la manta térmica está al máximo y el viejo proyector sigue funcionando sin un solo corte. La sala es un nido que construyeron juntos:  butacas destrozadas apartadas contra la pared, un mar de mantas rojas, negras y grises cubriendo el suelo, cojines rescatados de toda la fábrica, una nevera pequeña llena de cerveza y helado de fresa, una lámpara de pie que él reparó con cinta aislante y amor, y una sábana blanca estirada entre dos columnas oxidadas que hace de pantalla. En la pantalla corre una película de terror erótico de los 80: música sintética, gemidos exagerados, una rubia en camisón corriendo por pasillos oscuros mientras algo la persigue. Poppy está sentada entre sus piernas, de espaldas a su pecho, envuelta en una manta roja que huele a él.  Lleva solo una camiseta negra suya, enorme, que le llega a medio muslo y le deja los hombros al descubierto.  Nada debajo.  Sus pezones se marcan cada vez que respira fuerte, el pelo rojo cae en ondas desordenadas sobre la manta, y sus piernas desnudas brillan bajo la luz ámbar. Él, 2,18 m de músculo gris acero con cicatrices plateadas que parecen ríos de mercurio cuando la luz las toca, torso desnudo, pantalón de chándal negro colgando tan bajo que se ve la V perfecta de sus caderas.  Sus brazos la rodean por la cintura, las manos quietas sobre su vientre, la polla ya medio dura presionando contra su espalda baja. La protagonista de la película grita. Poppy gira la cabeza despacio, le muerde el lóbulo de la oreja y susurra contra su piel: —Esta película es una puta mierda.  Quiero jugar. Él le agarra el culo con una mano grande, apretando hasta que ella jadea. —¿Qué juego, pequeña? —Roles y reto —dice ella, rozándose despacio contra su erección—. Tú eres el monstruo que vive en esta fábrica abandonada.  Yo soy la chica que se coló buscando refugio porque llueve afuera.  Regla: no puedes usar las manos hasta que yo diga «por favor, monstruo». Él suelta una risa oscura que le vibra en la espalda. —¿Y si digo que no juego? Ella se gira del todo, se sube a horcajadas sobre sus muslos y le lame el cuello hasta el oído. —Entonces me voy a tocar sola aquí mismo y tú solo miras.  Y sé que odias perder. Él gruñe, la aprieta más contra él. —Juega, entonces.  Pero cuando digas «por favor», te follo hasta que supliques que pare… y no pararé. Poppy se levanta despacio, sin dejar de mirarlo.  Se coloca de pie frente a él, la luz ámbar bañándola entera como si estuviera hecha de fuego líquido. Se agarra de bajo de la camiseta con las dos manos y la sube centímetro a centímetro, hablando mientras lo hace el striptease más lento y sucio de su vida. —He estado pensando en ti todo el día…  En cómo me miras cuando crees que no me doy cuenta…  En cómo me follas en mi cabeza cada vez que cierro los ojos… La camiseta sube por su vientre, deja ver la curva de sus caderas, el ombligo, la parte baja de sus pechos. —He estado mojada desde las nueve de la mañana…  Imaginando tu boca en mi cuello… tus dedos dentro… tu polla abriéndome… Sube más, los pechos salen libres, pequeños, perfectos, los pezones duros como piedrecitas rosadas. —He tenido que cambiarme las bragas dos veces…  porque me corría solo de recordar cómo me miraste anoche cuando me corrí encima de ti…  cuando me dijiste que era tuya… La camiseta pasa por su cabeza, el pelo rojo cae en cascada, y la tira a un lado con un movimiento teatral. Queda completamente desnuda, la piel brillando, las piernas ligeramente abiertas, el coño reluciente, los labios hinchados, un hilo de humedad ya bajando por su muslo interno. —Y ahora estoy aquí…  Desnuda…  Empapada…  Y tuya. Él se levanta despacio, se baja los pantalones de un tirón y los patea lejos.  Su polla sale libre: larga, gruesa, gris, con vetas plateadas que parecen moverse cuando late, venosa, la punta goteando, pesada entre sus piernas. Se acerca sin tocarla, solo con el cuerpo, hasta que ella retrocede y cae sentada sobre las mantas. —Quédate en el papel —ordena él, voz ronca—. La chica perdida no habla tanto. Poppy sonríe, se muerde el labio. —Entonces castígame, monstruo. Él se arrodilla entre sus piernas abiertas. Baja la cabeza y la besa.  Es un beso que devora, que muerde, que reclama.  Le chupa la lengua, le muerde el labio hasta que sabe a sangre dulce. —Sabes a desesperación —gruñe él contra su boca—. Y todavía no te he tocado bien y ya estás temblando. Baja por el cuello, lamiendo, chupando, dejando marcas rojas que mañana serán moradas. Llega a sus pechos.  Sin manos, solo boca.  Chupa un pezón hasta que ella arquea la espalda y grita bajito.  Lo muerde suave, después fuerte, después lo suelta y pasa al otro. —Dime qué quieres —ordena. —Tu lengua… dentro… ahora —suplica ella. Él sonríe y baja más.  Lame su vientre, se detiene justo encima del clítoris. —¿Aquí? —pregunta, soplando aire caliente. —Joder, sí —gime ella. Un lametón largo, lento, desde la entrada hasta el clítoris.  Lo chupa fuerte, lo suelta, lo rodea con la lengua, mete dos dedos curvados y los mueve rápido mientras sigue lamiendo. Poppy grita, se agarra a las mantas, las piernas temblando. —Más rápido… por favor… Él acelera, la lengua implacable, los dedos golpeando su punto G sin piedad. Ella se corre la primera vez con un grito que retumba en toda la sala, chorros calientes que le salpican la cara, el pecho, la boca.  Él bebe todo, gime contra su coño como si fuera lo mejor que ha probado nunca. Cuando ella está temblando, al borde del llanto, él se aparta y la mira. —¿Por favor, monstruo? —susurra ella, voz rota, lágrimas en los ojos. Él se pone de pie, la levanta del suelo como si no pesara nada y la empala de una sola embestida brutal. Poppy grita, se aferra a su cuello, las uñas clavándose. —Así —gruñe él, follándola de pie, cada golpe profundo, sus caderas chocando contra ella con un sonido húmedo y obsceno—. Así te follo cuando dices por favor.  Así te rompo cuando me lo pides. Ella llora de placer, le muerde el hombro. —Más… más fuerte… Él la lleva sin salir de ella, la tira sobre las mantas. Le levanta las piernas hasta sus hombros y vuelve a entrar, más profundo, mirándola a los ojos. —Mírame —ordena—. Quiero verte cuando te corras otra vez. Ella lo mira, los ojos llenos de lágrimas y amor. —Te amo —susurra entre gemidos—. Te amo tanto que me duele. Él se detiene un segundo, la besa lento, profundo, con lágrimas en sus propios ojos. —Y yo a ti, pequeña.  Aunque me mates de ganas todos los días. Y sigue follándola, más rápido, más fuerte, hasta que los dos están al borde. —Quiero correrme contigo —jadea ella. —Entonces córrete —ordena él—. Ahora. Ella se corre con un grito que retumba en toda la sala, el coño apretándolo tan fuerte que él ruge y se derrama dentro en chorros largos y calientes, llenándola hasta que desborda, el semen le baja por las piernas y empapa las mantas. Él sigue moviéndose, prolongando el orgasmo de ambos, hasta que ella llora y él tiembla. Después se derrumban, sudorosos, jadeantes, abrazados. Él le acaricia el pelo, le besa la frente, las marcas, los labios. —¿Ganaste el juego? —pregunta ella, voz ronca. —No —responde él, sonriendo—. Tú siempre ganas. Poppy se ríe contra su pecho. —Mentirosillo. La película terminó hace rato.  La sala está en silencio, solo se oye sus respiraciones y el zumbido suave de su núcleo manteniendo la luz. Él la abraza más fuerte. —Quédate así —susurra—. Toda la noche. —Siempre —responde ella. Y se quedan así, desnudos, sudorosos, enamorados hasta los huesos,  en la fábrica abandonada que él mantiene viva solo para ella. Sin reglas.  Sin final.  Solo ellos.  Siempre ellos.
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